14.12.2018
Comparto nota aparecida en Página/12 de hoy.

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(Por Atilio A. Boron) Alemania y Japón tienen el dudoso honor de ser dos países en los que jamás triunfó una revolución. No por casualidad fueron también los que, precisamente a causa de ello, dieron nacimiento a  regímenes tan oprobiosos como el nazismo y el militarismo fascista japonés. Por contraposición la historia francesa está signada por recurrentes revoluciones y levantamientos populares. Aparte de la Gran Revolución de 1789 hubo estallidos revolucionarios en 1830, otro mucho más vigoroso en 1848 y la gloriosa Comuna de París de 1871, el primer gobierno de la clase obrera en la historia universal. Luego de su sangriento aplastamiento pareció que la rebeldía del pueblo francés se había apagado para siempre. Pero no fue así. Reapareció en la heroica  resistencia a la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial y luego, con una fuerza arrolladora, en el Mayo francés de 1968.

¿Es esto lo único que hace de Francia un país tan peculiar? No. Más importante que este incesante fermento insurreccional que históricamente distingue a las capas populares francesas es que sus luchas resuenan como ninguna otra en la escena mundial. Ya lo había advertido Karl Marx en 1848 cuando, observando la revolución en Francia, dijera que “el canto del gallo galo despertará una vez más a Europa”. Y la despertó, aunque esos sueños fueron aplastados a sangre y fuego. Miremos la historia: la Revolución Francesa retumbó en Europa y América, con fuerza atronadora; la Comuna se convirtió en una fuente de inspiración para el movimiento obrero mundial, sus enseñanzas reverberando inclusive en algunos rincones apartados de Asia. El Mayo francés se reproduciría, con las lógicas características nacionales, por todo el mundo. En otras palabras: Francia tiene esa única capacidad de convertir lo suyo en un acontecimiento histórico-universal, como gustaba decir a Hegel. Y esa es, precisamente, la inimitable peculiaridad de lo francés.

La rebelión de los “chalecos amarillos” que comenzó hace pocas semanas cuando dos camioneros y la dueña de un pequeño comercio -desconocidas entre sí y habitando en distintos lugares del interior de Francia- lanzaron a través de las redes sociales una convocatoria a protestar en las rotondas de entrada de sus pequeñas ciudades por el aumento del precio del combustible. A los pocos días una de ellas tenía casi un millón de seguidores en su cuenta de Facebook. Luego vino la convocatoria del 17 de Noviembre en París y, a partir de allí, la protesta adquiriría una dimensión fenomenal que puso al gobierno de Macron entre la espada y la pared. Lo que no habían podido hacer en tres meses los sindicatos del ferrocarril lo lograron los “chalecos amarillos” en pocas semanas. Y la cosa sigue, y el “contagio” del virus rebelde que llega desde Francia ya se vislumbra más allá de sus fronteras. Se ha insinuado en Bélgica, Holanda y ahora en Polonia, con ocasión de la Cumbre del Clima en Katowice. En Egipto el régimen de Al Sisi prohibió la venta de chalecos amarillos en todo el país como una medida precautoria para evitar que el ejemplo francés cunda en su país.



La revuelta, de final abierto, no es sólo por el precio del combustible. Es una protesta difusa pero generalizada y de composición social muy heterogénea contra la Francia de los ricos y que en cuya abigarrada agenda de reivindicaciones se perciben los contornos de un programa no sólo pos sino claramente anti-neoliberal. Pero hay también otros contenidos que remiten a una cosmovisión más tradicional de una  Francia blanca, cristiana y nacionalista. Ese heteróclito conjunto de reivindicaciones, inorgánicamente expresadas, alberga demandas múltiples y contradictorias aspiraciones producto de una súbita e inesperada eclosión de activismo espontaneísta, carente de dirección política. Esto es un grave problema porque toda esa enorme energía social liberada en las calles de Francia podría tanto dar lugar a conquistas revolucionarias como naufragar en un remate reaccionario. Sin embargo, más allá de la incertidumbre sobre el curso futuro de la movilización popular y la inevitable complejidad ideológica presente en todos los grandes movimientos espontáneos de masas no caben dudas de que su sola existencia ha socavado la continuidad de la hegemonía neoliberal en Francia y la estabilidad del gobierno de Emmanuel Macron.

Y en un mundo de superpoblado de esperpentos como los Trumps y los Bolsonaros, los Macris y los Macrones todo esto es una buena noticia porque el “canto del gallo galo” bien podría despertar la rebeldía dormida –o premeditadamente anestesiada- de los pueblos dentro y fuera de Europa y convertirse en la chispa que incendie la reseca llanura en que las políticas neoliberales han convertido a nuestras sociedades, víctimas de un silencioso pero mortífero holocausto social de inéditas proporciones. No es la primera vez que los franceses desempeñan esa función de vanguardia en la escena universal y su ardorosa lucha podría convertirse, sobre todo en los suburbios del imperio, en el disparador de una oleada de levantamientos populares –como ocurriera principalmente con la Revolución Francesa y el Mayo de 1968- en contra de un sistema, el capitalismo, y una política, el neoliberalismo, cuyos nefastos resultados son harto conocidos. No sabemos si tal cosa habrá de ocurrir, si el temido “contagio” finalmente se producirá, pero los indicios del generalizado repudio a gobiernos que sólo enriquecen a los ricos y expolian a los pobres son inocultables en todo el mundo. No habrá que esperar mucho tiempo pues pronto la historia dictará su inapelable veredicto.

Más allá de sus efectos globales la brisa que viene de Francia es oportuna y estimulante en momentos en que tantos intelectuales y publicistas de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos se regodean hablando del “fin del ciclo progresista” en Nuestra América, que supuestamente sería seguido por el comienzo de otro de signo “neoliberal” o conservador que sólo lo pronostican quienes quieren convencer a los pueblos que no hay alternativas de recambio y que es esto, el capitalismo, o el caos, ocultando con malicia que el capitalismo es el caos en su máxima expresión. Por eso los acontecimientos en Francia ofrecen un baño de sobriedad a tanta mentira que pretende pasar por  riguroso análisis económico o sociopolítico y nos demuestran que muchas veces la historia puede tomar un giro inesperado, y que lo que aparecía como un orden económico y político inmutable e inexpugnable se puede venir abajo en menos de lo que canta un gallo … francés.


12 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen artículo sr Boron.Muy saludable la actitud del pueblo francés para salir a las calles a expresarse contra el neoliberalismo de Macron.Un ejemplo que debería ser imitado en Argentina donde el gobierno de Macri vive tomando medidas antipopulares sin que nadie diga absolutamente nada.

Jose dijo...

Ya en Latinoamérica ha habido sublevaciones significativas en Nicaragua y Venezuela pero claro, algunos intelectuales "de izquierda", los gobiernos neofascistas mal llamados "progresistas" y algunos comentaristas "Anónimos" los llaman "golpistas"

Anónimo dijo...

Josecito ,las protestas en Francia son espontáneas, en Nicaragua y Venezuela estuvieron dirigidas, en gran parte desde afuera, mas precisamente desde un país del Norte experto en dar golpes a gobiernos que se nieguen a acatar sus órdenes. Esa es la gran diferencia entre los Chalecos Amarillos y los golpistas latinoamericanos al servicio de potencias extranjeras.

Jose dijo...

Para Anónimo: Y si los del "Norte" son expertos en "golpes", por qué no tuvieron éxito??? No señor "anónimo", todas esas protestas son espontaneas.

Anónimo dijo...

Protestas espontáneas jaja. Josecito deje de leer Clarín y mirar CNN. Usted solo repite lo que dicen esos medios, igual que el personaje misógino que habitualmente comenta en éste blog y que además comparte con ud las mismas ideas neoliberales.

FOLLADORDEPROSTIS dijo...

A diferencia d las protestas de mayo del 68 ,no todos chalecos amarillos que protestan son de izquierda ,seguro tampoco lograran tumbar a Macron así como las protestas de mayo del 68 no lograron tumbar a Charles De Gaulle ,sin embargo ya Macron detuvo el aumento d los combustibles y decreto una reducción d impuestos , asi que c puede decir que ya los chalecos amarillos lograron algo, Atilio dice que "capitalismo es el caos en su máxima expresión", pero eso es algo muy relativo, x ejemplo Haiti y Honduras son capitalistas y son países caóticos , sin embargo Alemania y Japón son capitalistas sin ser caóticos , incluso no hace falta capitalismo pa que haya caos, como lo demuestra la Venezuela madurista que Atilio y sus dogmáticos seguidores como anónimo tanto defienden , anónimo mas bien tu deja d creer todo lo que dice pagina 12, granma, juventud rebelde ,tele sur ,que ellos son igual d sesgados y desinformadores como los medios derechistas , si quieres hablar de misóginos habla de Daniel Ortega que es acusado x su hijastra Zoilaamerica de violin .

Anónimo dijo...

Prostifollado, parece que te olvidas, como gran consumidor que sos de la basura mediática que te venden esas corporaciones, que el caos en Venezuela es producido ,en gran medida, por la guerra económica desatada desde los grandes centros del capitalismo mundial.

José dijo...

Para "Anónimo": Ud. solo repite los viejos argumentos de la dictadura narco-fascista de Venezuela que se puede resumir en el tema de un viejo libro: "la culpa es de la vaca".

Come piedra dijo...

Para el Prostifollon, las chaquetas amarillas no lograron nada a la fecha. NADA. Solo a tragarse lacrimogenos y a refriarse el culo en las carreteras de Francia. Claro q no son todos de izquierda o de derecha y claro q dentro de ellos hay unos desgraciados racistas q le temen a los fenómenos migratorios de estos últimos años. ESO ES LO Q HACE LA FUERZA DEL MOVIMIENTO Francés, representa el pueblo y este pueblo rechaza a toda representación política. Por eso en si los chalecos amarillos son una REVOLUCIÓN. Crees q en 68 eran todos de izquierdo???? Weon... levantarse contra un gobierno neoliberal dictador esta reservado a la sola gente de izquierda???? En America Latin, asi tratan a la gente q no se la chupa al gobierno, y a cada vez que pueden mandan a estos “ comunistas culiados” al estadio con un tiro en la cabeza. Por ignorancia y por el clasicismo heredado de la madre patria España que envena todo el continente.

FOLLADORDEPROSTIS dijo...

Anonimo y tu repites como loro cualquier dogma d ultra izquierda , seguro tb dirás que los alemanes que derribaron el muro d Berlin en 1989 fueron entrenados x la CIA ,ya te dije que los medios d izquierda son igual d sesgados como los d izquierda, acaso los medios d izquierda como pagina 12,granma, son "independientes" ?? "la guerra económica desatada desde los grandes centros del capitalismo mundial," jajajaj es la excusa que nadie le cree al inútil d pajarito Maduro ,cuando Venezuela tiene casi toda su economía estatizada ,culpar al "capitalismo mundial" es 1 chiste , Venezuela no tiene 1 embargo como Cuba, mas bien las empresas petroleras yanquis siguen comprando el petróleo venezolano !!! ,come piedra que c haya frenado el aumento del combustible y decretado una reducción d impuestos no c debio acaso a las protestas d los chalecos amarillos ??? eso es lograr nada pa ti ??

Gevaa dijo...

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Anónimo dijo...

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