30 Julio 2018

Manifestación del sandinismo, en celebración del 39º aniversario del triunfo de la revolución


NICARAGUA: ESCLARECEDOR INFORME DE CAMPO
Comparto a continuación este impresionante informe recogido en el terreno por Dan Kovalik en su viaje a Nicaragua días pasados junto a Max Blumenthal y Thomas Hedges. Tomar nota de lo que a continuación se dice.
Abrazos,
Atilio
_________________________________
"Homenaje A Nicaragua"
Por Dan Kovalik
Publicado 27 de julio, 2018
Original (ingles): https://www.counterpunch.org/2018/07/27/homage-to-nicaragua/
Cuando se aclare el humo, si es que se aclara, la información sobre los recientes acontecimientos en Nicaragua posiblemente se miraran como la campaña de desinformación más efectiva y siniestra jamás librado sobre una nación. La buena noticia es que el pueblo Nicaragüense, aunque al inicio confundido por esa campaña, rápidamente ha comprendido lo que realmente está sucediendo. Esperemos que en el norte, se pongan al día pronto.
Max Blumenthal, Thomas Hedges y yo viajamos a Nicaragua durante la semana de la celebración anual del triunfo de la derrota de la dictadura Somoza respaldada por los EEUU el día 19 de Julio del 1979. Fuimos recordados que durante nuestra estancia en Managua, 50,000 Nicaragüenses (de una población total de 2.5 millones) murieron en la lucha para derrumbar a Somoza a fines de los años 1970. Sin embargo esto es de poca preocupación para los EEUU, o la OEA la cual los EEUU domina.
Entonces, 1978, mientras Somoza atacaba las ciudades importantes con armas avanzadas suministradas por los EEUU, Inglaterra, y Israel--armas como transportadoras de personal blindados, tanques de Sherman, transporte para tropas y helicópteros de observaciones ligeras equipados con metralletas, cuetes, varios cohetes de doble motor equipados con aeronaves CESSNAS, artillería, y un impresionante surtido de armas automáticas”—lo mas que pudo hacer la OEA fue acordar con la propuesta de los EEUU para hacer una mediación política con Nicaragua entre Somoza y la oposición los disque “moderados” (no-sandinistas).
Similarmente Noam Chomsky notó, bajo el brutal régimen de Somoza a Nicaragua se le garantizó poca cobertura por los medios convencionales. Él explica, “en los últimos 10 años antes de la derrota del dictador Anastasio Somoza en 1979, la televisión estadounidense—todas las cadenas de programación—dedicaron uno hora a Nicaragua y eso fue totalmente para el terremoto en Nicaragua, no es que no esté pasando nada pero lo que está pasando no fue importante para ellos. Nicaragua no fue una preocupación mientras que el tirano de Somoza no fuera desafiado.”
Todo esto cambio cuando los Sandinistas se hicieron a cargo del gobierno de Nicaragua y cuando los EEUU empezó a financiar a los Contras (mayormente ex defensores de Somoza) y su campaña de terror contra el pueblo de Nicaragua. Entonces los medios convencionales ampliaron sus esfuerzo para socavar la legitimidad de los Sandinistas y suavizar la naturaleza criminal de los Contras. De acuerdo con el análisis de la cobertura de los medios sobre la Guerra con los Contras el grupo Informando Justamente y con Exactitud (siglas en ingles FAIR):
En varios aspectos los medios han funcionado como un cedazo en lo que Abraham Brumber, ex-editor del USIA diario en “Problemas del Comunismo” describe como, una inundación de distorsiones, exageraciones y mentiras desnudas sobre los Sandinistas que avanzan los temas de la administración todo los días...
Desde el inicio, la administración busco enfocar la atención de los medios en todo aspecto (real o imaginado) pecados de los Sandinista mientras minimizando los registros horribles sobre los derechos humanos de otras naciones centroamericanas. Incluso, después de la firma del plan de paz regional, los medios siguieron reflejando la obsesión del enfoque de Reagan a Nicaragua…
Mientras, los abusos de la Contra fueron encalados por un bombardeo de propaganda que se mostró en los tres mas influyentes diarios…
En esos tiempos existió poca consterna sobre Nicaragua desde el final de la guerra Contra en 1990 en los medios, y poco ha reportado de los logros notables del gobierno Sandinista en el sistema de salud, reducción de pobreza, vigilancia comunitaria, desarrollo de la infraestructura y el crecimiento económico que desde la retoma del poder en 2007, ahora existe cobertura diario sobre Nicaragua. El interés actual de los medios ha sido activado por los prospectos que el gobierno Sandinista pueda ser derrumbado, y estos medios empeñados en asistir en este proceso con la cobertura más de lo que se le dio durante la guerra Contra.
Por su parte, la OEA, aun dominada por EEUU también ha sido híper activada prestando su ayuda al esfuerzo del cambio de régimen culpando al gobierno de Nicaragua por todo la violencia que vive Nicaragua mientras ignorando la violencia de la oposición. Mientras la OEA y también la prensa ignoran la violencia cometida por otros estados, clientes estadounidenses, como Colombia quien está desatando una masacre masiva de promotores de paz, líderes de derechos humanos, y activistas indígenas y afro-colombianos defensores de los derechos a los territorios. En esta manera, a uno les intentan dar la impresión que es el gobierno de Nicaragua que es un mal único en América Latina.
En muchos aspectos, el cuento avanzado por los medios convencionales y la OEA es precisamente lo opuesto de lo que realmente está sucediendo en Nicaragua. Lejos del cuento que un régimen brutal está atropellando manifestantes pacíficos, lo que oímos en nuestro viaje a Nicaragua resuena mas con el análisis de Atilio Boron, reconocido intelectual Argentino y ganador del Premio Internacional José Martí de UNESCO, quien explica, cuando ellos perciben debilidad en el gobierno Sandinista después del anuncio inicial de la media reforma al seguro social de Abril la ultra derecha, “se aventó con todo su arsenal hacia las calles para derrotar a Ortega. Ellos trasladaron a varios de los mercenarios quienes hacen los ‘guarimbas’ en Venezuela a Nicaragua y ahora están aplicando en Nicaragua la misma receta de violencia y muerte aprendida de la manuales de la CIA [para los Contras].”
Por cierto, conociendo que “Fundación Nacional para la Democracia” National Endowment for Democracy por sus siglas en ingles (NED) - los sucesores del cambio de régimen de la CIA operaban en el extranjero - han proveído millones de dólares a los grupos liderando las operaciones anti-gubernamentales en Nicaragua y han ciertamente admitido “de crear la fundación para la insurrección,” esto no es sorprendente.
El caso de Monimbo—un barrio histórico en el pueblo de Masaya, Nicaragua, y la última zona grande en donde se removieron barricadas (o tranques)—es algo muy instructivo. Mientras los medios convencionales han invariablemente mostrado a los tranques en esa región como manejados por la valiente juventud quienes estaban desesperadamente intentando proteger sus vecinos de los eminentes ataques policiacos, los residentes tienen otro punto de vista.
Estuvimos una hora una de los residentes de Monimbo, con un ex oficial Sandinista de la zona, quien acababa de llegar a Managua para la celebración del triunfo Sandinista del 1979. Nos pidió no nombrar a por temor a represalias por las fuerzas opositoras en su pueblo quienes han estado persiguiendo a fieles Sandinistas hostigándolos, asaltándolos y hasta asesinándolos. Esta señora, quien llamaremos María, lloraba incontrolablemente al contar como su barrio fue aterrorizado por los de los tranques, quienes paralizaron la economía local, previnieron el movimiento libre, quemaron edificios públicos, asaltaron a pequeños negocios, y destruyeron casa de residentes.
Todos los días, mientras María, esposa y madre de dos niños pasaba por los tranques para seguir con su día, fue hostigada, intimidada y puesta en una situación de miedo por su vida y integridad física. Mientras nos explicaba “Yo no tenía miedo que me mataran. Yo no tengo miedo de morir pero temía ser violada” se refería a otros incidentes de violaciones que fueron perpetuadas por los que manejaban los tranques. Como el ejemplo que conocimos sobre una oficial policiaca que fue secuestrada y violada sobre un periodo de tres días por esas fuerzas.
María se refería a esos en los tranques como elementos criminales bien abastecidos de agua, comida, armamentos, y hasta drogas. Ella explicaba como lloraba lagrimas de alegría cuando el 17 de Julio vio fuerzas gubernamentales acercándose al vecindario para remover los tranques. Ella si se refirió a este acto como uno de “liberación” que finalmente trajo a su comunidad alivio después de tres meses de una prácticamente secuestración total.
Y, mucho lejos de temerle a la actividad de la policía en su comunidad, ella y su esposo (quien también desea no ser nombrado) sintieron frustración que la policía no actuó con más rapidez y resolutiva para quitar los tranques. Pero ellos explicaron que el presidente Ortega ordenó que la policía se mantuviera en sus cuarteles, y pidió que los residentes de no tomaran acción por su propia cuenta para evadir el derramamiento innecesario de sangre. Entonces por tres meses la policía estuvo resguardad en sus barricadas rodeada por las fuerzas de la oposición de la extrema derecha quienes previnieron que les llegara agua y comida. Entonces si, como María explicaba otra vez reteniéndose las lagrimas, fue la policía quienes estaban debajo un acoso, y no los manifestantes bien abastecidos.
Mientras María y muchos de sus amigos estaban preparados para pelear con los manifestantes quienes destruían a la comunidad, ellos tomaron en cuenta las órdenes de Ortega. Finalmente, ellos creyeron que Ortega tenía razón al pedir que la población ejerciera moderación, liderada por los disciplinados Sandinistas, quienes salvaron muchas vidas previniendo que las muertes de 300 fueran miles de muertos. Pero todo esto nunca se escuchara en la prensa convencional.
Del mismo modo, mientras la prensa convencional repite los reclamos vagas e insubstanciales sobre la censura a la prensa por el gobierno, la extrema oposición hace la censura por medio de violencia. Durante nuestra estancia en Managua, conocimos a trabajadores de RadioYa! una estación independiente izquierdista, la cual también es una de las estaciones de radio más popular en el país y la más popular estación izquierdista en Latinoamérica. Los trabajadores, ahora están trabajando desde un estudio improvisado, aun sorprendidos después de que su estación permanente fue quemada al suelo por la oposición de la extrema derecha. Peor, 22 trabajadores, incluyendo una señora embarazada, estaban en la estación de la radio cuando fue quemada. Tuvieron suerte de salir con vida, aunque siguen con el temor de represalias tanto que unos duermen en la estación por cuestiones de seguridad. Como nos recuentan los trabajadores, de otros medios de comunicación de izquierda, han sido similarmente atacados, y ningún medio de la oposición fueron atacados. Ellos explicaban que nosotros éramos los primeros reporteros de occidente que nos preocupamos en escuchar sus testimonios.
También visitamos lo que queda de una unión de crédito, llamada Che Guevara, la cual servía a los más pobres y al pueblo trabajador con servicios de pequeños prestamos y bancarios. Servicios que de otra manera la gente trabajadora no pudieran acceder por el reto de mantener un significado monto de fondos en sus cuentas. Esta unión de crédito también fue quemada por grupos de oposición de la extrema derecha con todo y computadoras y archivos adentro. Llegaron a destruir todos los vehículos en la propiedad. Fue típico de las instituciones destruidas por la oposición, instituciones que servían a los pobres, la clase trabajadora y las que proveían bienes sociales a la comunidad.
Como otro ejemplo, las fuerzas opositoras (muchos de ellos ni estudiantes) tomaron las universidades públicas, como la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en esta universidad la destrozaron y previnieron que se dieran clases. Aunque la oposición no atentó contra las universidad privadas.
Todo esto nunca discutido por los medios convencionales, demostrando la dinámica clasista de la oposición. Está alienada con la burguesía contra la clase trabajadora y han invertido tres meses en un asalto total a las instituciones de la clase trabajadora, a individuales fieles a la revolución sandinista y los símbolos sandinistas. En otras palabras, el levantamiento por la oposición no es una revolución, sino una contra-revolución apoyada por los EEUU, así como el movimiento Contra en los años 80 y los medios convencionales han pintado sobre la verdadera naturaleza de la oposición y sus tácticas brutales igual como encalaron la brutalidad de los Contras. Que muchos en los EEUU no vean lo que realmente está sucediendo es verdaderamente lamentable.
Las buenas noticas es que no se puede engañar al pueblo Nicaragüense. Después de una confusión inicial, ahora han manifestado en apoyo del gobierno Sandinista. Esto es evidenciado al ser testigos sobre las masas que llegaron el 19 de Julio con sus banderas rojas y negras Sandinistas para celebrar la victoria sobre Somoza en 1979.
Esto también fue evidenciado por el ubico tono de la nueva canción popular “Daniel Se Queda”, una canción escrita por campesinos Nicaragüenses y demandando que Daniel Ortega se mantenga presidente aunque lastimara los sentimientos de la oposición. “Aunque te duela! Aunque te duela! Mi comandante aquí se queda. Daniel, Daniel, el pueblo está con él.”
Nicaragua sin duda está en una situación mejor al quedarse con Daniel. Para la oposición, los dejo otra vez con las palabras poéticas de Atilio Boron:
Conclusión: El derrumbe del Sandinismo debilitara el ambiente geopolítico para la brutalmente atacada Venezuela y incrementara las posibilidades de violencia en toda la región.
Mientras en el foro de Sao Paulo que recientemente se llevo a cabo en Habana, pude encantarme con de la contemplación del Caribe. Allí vi a la distancia a un pequeño bote frágil. Manejado por un robusto marinero y al otro lado una chavala jovencita. El timonel se veía confundido y luchaba para mantener su curso en medio de la amenazante oleaje, y se me ocurrió que esta imagen elocuentemente representaba el proceso revolucionario en Nicaragua, en Venezuela, Bolivia, o donde sea.
La revolución es la joven, y el timonel es el gobierno revolucionario. No existe ningún trabajo humano a salvo de errores; errores que dejan al timonel al propenso a al oleaje lo cual también peligra la vida de la joven. Ante todo, no tan lejos la ominosa silueta de un barco de guerra estadounidense, cargado con armamento letal, escuadrones de muerte, y soldados mercenarios. ¿Como rescatar a la joven? El timonel pudiera arrogarse al mar pero enviaría a la joven a la multitud de delincuentes sedientos de sangre y preparados para saquear el país, saquear sus recursos, y violar y luego matar a la joven.
No vi eso como solución. Más productivo seria que otros botes en la zona se acercaran al que está en peligro y ayudaran a que el timonel se mantuviera en curso. Hundiéndose el bote que carga la joven de la revolución, o rindiéndolo al bote de guerra estadounidense, no se pudiera concebirse como una solución revolucionaria.


Chávez, un nuevo aniversario de su nacimiento

Chávez y Fidel, en la casa del Che en Alta Gracia,

(Por Atilio A. Boron) Un día como hoy, 28 de julio, pero de 1954 nacía en Sabaneta, Estado Barinas, Hugo Rafael Chávez Frías. Retomo algunas palabras pronunciadas hace un par de años pero que el paso del tiempo no hizo sino reafirmarlas. Chávez fue un líder enorme de la Patria Grande; un digno discípulo de Bolívar y por su capacidad didáctica aventajado alumno del gran educador del Libertador, Simón Rodríguez. Con Chávez la historia venezolana y de gran parte de Nuestra América abre un nuevo capítulo. La larga marcha iniciada casi exactamente un año antes del nacimiento de Chávez con el asalto al Moncada, el 26 de Julio de 1953, y que luego tuviera como sus hitos fundamentales la guerrilla de Sierra Maestra y el triunfo de la Revolución Cubana, esa marcha, decíamos, recibió un impulso decisivo cuando Chávez asumió la presidencia de Venezuela y se convirtió en el Gran Mariscal de Campo que, con su visión de águila, Fidel había descubierto cuando la izquierda latinoamericana no daba un cinco por el de Sabaneta. Y el Comandante, como estratega continental, acertó en su elección porque Chávez cumplió con creces esa función en la crucial batalla librada contra el ALCA en Mar del Plata, en Noviembre del 2005. Batalla que marcaría un hito en nuestra larga e inconclusa marcha por la Segunda y Definitiva Independencia de Nuestra América.
Tenemos una inmensa deuda con Chávez: haber reinstalado el tema de la actualidad del socialismo cuando el neoliberalismo campeaba sin contrapesos en Nuestra América; haber potenciado extraordinariamente el sentimiento antiimperialista dormido por siglos y que Cuba había despertado con su heroica revolución; haber rescatado la centralidad de la unidad de nuestros pueblos y plasmado en instituciones concretas el ideario nuestroamericano como el ALBA, la Unasur, la Celac, Petrocaribe, Telesur, el Banco del Sur, etc. Fue por eso que se convirtió en el enemigo público número uno del imperio, cosa que marca definitivamente la gravitación universal del bolivariano por contraposición a la absoluta indiferencia que Washington le concede a la inocua ultraizquierda vociferante de América Latina, esa que hizo de su visceral crítica y repudio a Chávez el leitmotiv de su existencia. Este pagó con su vida su audacia revolucionaria, su lucha cotidiana, alejada de la vacía retórica de sus desastrados críticos.




Por eso a Chávez lo mataron con un cáncer de laboratorio, como lo ha comprobado, definitivamente, el libro de Astolfo Sangronis Godoy, La Muerte de Hugo Chávez. La vida por su pueblo” . Washington, un contumaz asesino serial, también intentó hacerlo mismo con René Preval (Haití); Lula y Dilma Roussef (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay). El caso de  Cristina Fernández, de Argentina, no es exactamente igual pero el tumor que le afectó la tiroides despertó la suspicacia de muchos. En todo caso, que el cáncer se hubiera transformado en una “enfermedad contagiosa” que afecta sobre todo a los líderes antiimperialistas de la región alimenta todo tipo de sospechas sobre la inescrupulosidad de los recursos a los que apela el imperio para eliminar a quienes no están dispuestos a convertirse en ejecutores de sus designios en la región.


Por eso Chávez, como Bolívar, vivirá eternamente en el corazón de nuestros pueblos. Fue un líder extraordinario pero, por sobre todas las cosas, una buena persona, un hombre honrado, transparente y profundamente humano: inteligente como pocos, amigo fidelísimo, dotado de un fino sentido del humor; lector insaciable y apasionado al punto tal que sólo Fidel se le compara en este punto; dueño de una memoria fabulosa capaz de recitar poesías y cantar sin parar hasta el amanecer; hombre de pueblo, profundamente de pueblo y capaz como muy pocos de comunicarse con su gente y entender sus vivencias, sus emociones y sus necesidades. Por eso Chávez fue Chávez, y por eso Chávez es pueblo, en Venezuela y en toda América latina y el Caribe. En Nuestra América decir Chávez es decir pueblo. Su nombre ha entrado definitivamente por la puerta grande de la historia. Por eso recordamos hoy su natalicio y nos basta saludarlo con un ¡Hasta siempre, querido Comandante Eterno!



26 Julio 2018

(Por Atilio A. Boron) Hoy se cumplen 65 años del día en que un grupo de jóvenes cubanos, encabezados por Fidel Castro y secundado por Abel Santamaría, Raúl Castro, Ramiro Valdés y Juan Almeyda, entre otros, llevó a cabo el asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Fue una acción heroica repelida con sanguinaria brutalidad por las fuerzas militares del dictador Fulgencio Batista acantonadas en el Moncada. Las salvajes torturas y el asesinato a mansalva de prisioneros y heridos escribieron una de las páginas más infames de la historia cubana, denunciada con inigualable elocuencia en el célebre alegato de Fidel conocido como “La Historia me Absolverá”. La detención, tortura y ejecución de Abel Santamaría y otros compañeros fueron de una crueldad y malignidad espeluznantes. Melba Hernández y Haydée Santamaría sentaron un ejemplo de heroísmo militante que las inscribe en las más brillantes páginas de Nuestra América. La historia no sólo absolvió a Fidel sino a todos los moncadistas, quienes con su valerosa acción abrieron una nueva etapa en la incesante batalla por lograr la Segunda y Definitiva Independencia de los pueblos de América Latina y el Caribe. El triunfo de la Revolución Cubana el 1º de Enero de 1959 fue la culminación del asalto al Moncada -cuyo autor intelectual, según Fidel, no fue otro que José Martí- y el aldabonazo que, tiempo después, maduraría en la Venezuela Bolivariana para extenderse a comienzos de nuestro siglo por toda la dilatada geografía nuestroamericana. Chávez, Lula, Dilma, Kirchner, Cristina, Evo, Correa, Maduro, Tabaré, Lugo, Mujica, Zelaya, Ortega, Sánchez Cerén y, antes Allende, Juan J. Torres y Juan Velasco Alvarado no hubieran podido hacer lo que hicieron sin que los jóvenes moncadistas hicieran previamente saltar el cerrojo de la vieja historia que nos condenaba a la sumisión a los dictados del imperialismo. Por eso la gratitud de nuestros pueblos para con aquellos jóvenes es eterna e inconmensurable.


         Sirvan estas breves palabras como homenaje a esa extraordinaria gesta, que nos permitimos cerrar citando la exhortación final que hiciera Fidel en la noche previa a dar inicio al ataque. Decía el Comandante lo siguiente:



"Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertado o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad."





24 de Julio de 2018


(Atilio A. Boron) Nadie en su sano juicio, o actuando de buena fe, puede ignorar que la crisis en Nicaragua fue precipitada por múltiples factores. Varios de ellos endógenos; otro, exógeno pero crucial: el gobierno de Estados Unidos. Entre los primeros sobresalen la errónea lectura de la coyuntura local e internacional unida a graves  desaciertos prácticos del gobierno de Daniel Ortega. Esto culminó en una violenta represión ante las primeras protestas poniendo en marcha un espiral de confrontaciones cuyo destino final no es difícil de pronosticar. Si  fracasan los diálogos de paz esta crisis pudiera dar lugar a un “empate catastrófico” de fuerzas cuyo desenlace suele resolverse, como lo enseña la historia, mediante una guerra civil en la cual uno de los bandos impone su voluntad sobre el otro. Lo anterior resume el juego de agentes y procesos de naturaleza eminentemente doméstica en la crisis. Pero, como advertíamos al comienzo, tras el humo, la sangre y la confusión de las “trancas” y los enfrentamientos se mueve, sigilosa pero eficazmente, quien sin dudas es el principal actor de esta tragedia: la Casa Blanca.





En efecto, Washington se encuentra poseído por una irrefrenable ambición de someter al país centroamericano a sus designios, rubricando las numerosas iniciativas que desde mediados del siglo diecinueve y a lo largo de casi doscientos años tuvieron como único objetivo controlar el territorio nicaragüense. Vale recordar entre otras el accionar del aventurero yanqui William Walker que invadió Nicaragua con un ejército mercenario y se proclamó presidente en 1856; o la ocupación del país por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos entre 1912 y 1933, contra la cual luchó con simpar heroísmo y honor Augusto César Sandino. Negaría la evidencia histórica y los datos del momento quien desconociera o subestimara la importancia de la intervención estadounidense en la crisis actual. Sobre todo cuando se observa que la metodología de la insurgencia, el “guión” que organiza sus tácticas e instrumentos de combate y el carácter de sus principales actores replican lo que enseñan los manuales de desestabilización de las diversas agencias de la “comunidad de inteligencia” de Estados Unidos. No sólo eso: las violentas protestas de la oposición nicaragüense tienen un indudable “aire de familia” con las “guarimbas” en Venezuela en 2014 y 2017, la revuelta de los “combatientes de la libertad” contra Gadafi en Libia en 2011 y el accionar de las bandas neonazis en Ucrania en 2013. Al revés de lo que dicen los films de Hollywood, cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia porque se trata de la misma estrategia sólo que aplicada en diferentes locaciones.
        Al examinar las causas domésticas de la crisis observamos una situación paradojal: sin previo aviso se produjo el súbito deterioro de la situación política en un país cuyo ordenamiento social se comparaba ventajosamente con el de sus vecinos. A diferencia de casi todos los demás países del área el flagelo de las “maras” era desconocido en Nicaragua; la seguridad ciudadana era de las mejores de Latinoamérica y muy superior a la del resto de los países del istmo. En Nuestra América se encuentran los diez países con las mayores tasas de homicidio por 100.000 habitantes del mundo. Honduras, gobernada a control remoto desde 2009 por Washington ostenta el lúgubre honor de tener la mayor de todas: 85.7 homicidios por cada 100.000 habitantes. Le siguen El Salvador (63,2), Venezuela (51,7), Colombia (48,8), Belice (37,2), Guatemala (36,2), Jamaica (35,2), Trinidad y Tobago (32,8), Brasil (30,5) y República Dominicana (30,2). En el año 2017 la tasa nicaragüense llegó a 6 por 100.000, unas pocas décimas por encima de la Argentina que registró una del 5.2 y Estados Unidos con 4.9. En 2013, el índice de seguridad ciudadana –el “Índice de Ley y Orden de 2013" medido por la firma Gallup- caracterizó a Nicaragua como el país más seguro de Latinoamérica.[1] Otros indicadores sociales muestran un desempeño similar: en años recientes el siempre difícil combate a la pobreza arrojaba en Nicaragua resultados módicamente alentadores, poco frecuentes en la región si se tiene en cuenta que durante mucho tiempo este país fue, después de Haití, el más pobre del hemisferio. Pese a ello, cálculos del Banco Mundial, actualizados a Abril del 2018, aseguran que “entre el 2014 y 2016 la pobreza disminuyó del 29.6 al 24.9 por ciento” al paso que en los últimos años la tasa media de crecimiento del PBI oscilaba en torno al 4 %. Textualmente se dice que “(E)n 2011, el crecimiento alcanzó un récord del 5.1 por ciento, con una desaceleración al 4.7 y 4.5 en 2016 y 2017, respectivamente. Para este año, el pronóstico se sitúa en 4.4 por ciento, con lo que Nicaragua se coloca en el segundo lugar de crecimiento entre los países de Centroamérica, con perspectivas favorables para la inversión extranjera directa y el comercio.” [2] Según datos del Banco Centroamericano de Integración Económica el déficit fiscal de Nicaragua en el año 2017 fue del 2.5 %. En la Argentina en ese mismo año fue del 3.9 %.[3] En el terreno político en Noviembre del 2016 el actual presidente fue elegido por un 72 % de los votos, y si bien hubo algunas denuncias de fraude, poderosamente amplificadas por la cloaca mediática regional, ninguna adquirió la entidad suficiente como para seriamente impugnar el proceso electoral.
        Dados estos antecedentes, ¿cómo fue que se produjo el fulminante estallido de una crisis que hoy nos asombra y entristece? Como dijéramos en una nota anterior el gobierno cometió un grave error al responder con inusitada violencia ante una legítima protesta ocasionada por una regresiva reforma al régimen de la seguridad social.[4]  Protesta en la cual participaron no pocos simpatizantes y partidarios del sandinismo que ignoraban la iniciativa presidencial en ciernes. En efecto, el presidente Ortega hizo el sorpresivo anuncio de la reforma el 18 de Abril y cuatro días después, ante la contundencia y masividad del rechazo popular, procedió a revocarla. En circunstancias normales esto debería haber desactivado la bomba de tiempo que con su tic-tac resonaba en las calles de Managua. Pero los países de América Latina y el Caribe (y Nicaragua no es la excepción) no son “países normales” sino batalladores sobrevivientes en la periferia de un imperio que anhela su completa y definitiva subordinación. Precisamente a causa de esa “anormalidad” latinoamericana la violenta agitación callejera lejos de aplacarse con la marcha atrás ordenada por el gobierno se intensificó y extendió a otras ciudades del país. En cuestión de días una demanda puntual precipitó la rápida conformación de un amplio y sedicioso frente opositor reclamando la renuncia del presidente y el llamado a nuevas elecciones. ¿Cómo explicar tan perniciosa mutación?

        Para responder a esta pregunta es preciso examinar el decisivo papel del gobierno de Estados Unidos como amplificador e interesado beneficiario de la crisis. Tal como dijimos anteriormente Washington alberga una añeja obsesión con Nicaragua. Un elemento clave que ha perturbado hasta la actualidad el sueño de la dirigencia estadounidense ha sido, en el siglo diecinueve, su interés por la eventual construcción de un paso bioceánico a través de Nicaragua y el temor de que tal obra fuese encarada por una potencia europea, Francia, que tenía planeado abrir una ruta transoceánica en Panamá.  Frustrada esa iniciativa francesa y vez construido el Canal de Panamá por los estadounidenses la prioridad fue impedir la creación de una vía alternativa que compitiese con la panameña, controlada directa o indirectamente por Estados Unidos. Esa preocupación, que se mantuvo latente a lo largo del siglo veinte, se acrecentó hasta el paroxismo en fechas recientes ante los anuncios de un acuerdo para la apertura de un nuevo canal pasando por Nicaragua y, además, financiado por capitales chinos. Si Beijing conmovió el tablero geopolítico y geoeconómico mundial con la vertiginosa reconstrucción de la “ruta de la seda” que -trece mil kilómetros de vías férreas de alta velocidad mediante- atrae inexorablemente al Asia meridional y a toda Europa a su hegemonía económica, la construcción y posterior control de un nuevo y más expedito canal en Nicaragua alteraría radicalmente el equilibrio estratégico nada menos que en el Caribe, la tercera frontera imperial como decía el profesor Juan Bosch, y como lo ratifican los manuales del Pentágono al hablar del Caribe como el “Mare Nostrum” de los norteamericanos. Sería, además, el tiro de gracia para la Doctrina Monroe y su pretensión de que en este continente sólo se oiga la voz de Estados Unidos y que ninguna potencia extracontinental se inmiscuya en los asuntos hemisféricos. La presencia china en Centroamérica y el Caribe constituiría para Beijing un poderoso argumento para neutralizar -o tratar de equiparar- la presencia de Washington en el Asia Pacífico, hacia donde, desde la época de Barack Obama, Estados Unidos ha desplazado gran parte de su flota de mar con la indisimulada intención de contener la expansión comercial y política china. Para el Pentágono, y sobre todo para la Administración Trump, que hizo de Rusia y China sus enemigos, nada podría ser más amenazante que la presencia de los herederos de Mao en el área del Gran Caribe y que eventualmente podría convertir a la tierra de Sandino en una base de operaciones no sólo comerciales sino también de índole militar. De ahí que el protagonismo estadounidense en la crisis nicaragüense no tenga nada de anómalo o inesperado. Es la previsible respuesta a un desafío militar, y no sólo económico, de vastas proporciones ante los cuales sería absurdo pensar que el imperio permanecería de brazos cruzados.
        Por otra parte, a pesar que el gobierno sandinista parece haber archivado sus afanes revolucionarios, el sólo hecho de que mantenga relaciones de cooperación con países como Cuba, Venezuela y, en general, con los gobiernos del ALBA, es para Washington motivo más que suficiente para provocar un “cambio de régimen”, eufemismo para evitar hablar de golpes de estado y el subsecuente baño de sangre con que se escarmienta a los rebeldes del viejo orden. Es debido a ello que la Casa Blanca ha tratado, por todos los medios y sin pausas, de incidir en el proceso político nicaragüense y debilitar al gobierno de Daniel Ortega  financiando con largueza a los partidos de la oposición, a un variopinto enjambre de ONGs –la mayoría de ellas non sanctas, encubiertos tentáculos del gobierno estadounidense- así como a numerosas organizaciones de la sociedad civil y a la prensa opositora, procurando por todos los medios desacreditar al gobierno sandinista y estigmatizar a la pareja gobernante. Esta intensa campaña de propaganda tiene por objeto denunciar a Managua como el asiento de una brutal dictadura y preparar el clima de opinión para convalidar su violenta erradicación mediante una “invasión humanitaria” coordinada por el Comando Sur con la complicidad, entre otros, de los gobiernos que constituyen no el Grupo sino el “Cartel de Lima.”
        Es debido a ello que la crisis refleja con tanta nitidez el modus operandi recomendado por el manual de prácticas desestabilizadoras de la CIA, con sus paramilitares y mercenarios disfrazados de estudiantes universitarios o de jóvenes dispuestos a inmolarse por su adhesión a un puro ideal republicano aunque para ello deban matar, incendiar, secuestrar, destruir. Pero para que los planes del imperio tengan éxito y para que sus esbirros puedan mimetizarse con la población es preciso que haya quienes genuinamente salgan a protestar contra el gobierno. Sin ello la estrategia del imperio pierde toda eficacia. Y que en Nicaragua hayan salido a manifestarse no puede sorprender a nadie porque hay motivos para hacerlo. La corrupción es un problema muy grave, ya desde el primer gobierno sandinista cuando se hablaba de “la piñata”, aceptada con una mezcla de resignación e iracundia por parte del pueblo nicaragüense. Qué la revolución se desvió del camino es otro dato irrefutable, transando con sus enemigos históricos: el empresariado y la Iglesia Católica entre otros. Que el poder revolucionario se concentró extraordinariamente en las manos de la pareja presidencial y que una deriva autoritaria del gobierno irrumpe cada vez con más frecuencia también es verdad. No se puede entender lo que está ocurriendo en Nicaragua sin tener en cuenta los síntomas de esta involución del sandinismo y el desgaste de su filo revolucionario. Pero que sobre la protesta de algunos sectores de la oposición –en algunos casos multitudinarias- se montó, con relampagueante celeridad, todo el aparato de desestabilización del imperio es evidente hasta para un ciego. Y este no es un dato menor, sino que constituye “el dato” fundamental, la clave de bóveda para comprender el significado histórico de la crisis nicaragüense. La cloaca mediática latinoamericana y estadounidense descarga su artillería de “posverdades” y “plusmentiras” mientras denuncia a los gritos y con total impunidad los muertos causados por la represión del gobierno sandinista. Pero la verdad, cuidadosamente oculta, como antes se hiciera en el caso de la Venezuela Bolivariana, es que las víctimas se reparten casi por partes iguales entre ambos bandos.
Washington milita la contrarrevolución con una disciplina ejemplar y está siempre preparado para aprovechar cualquier oportunidad que se presente para desestabilizar a un gobierno poco propenso a obedecer a sus mandatos. Carece totalmente de escrúpulos morales y tiene fuerzas de despliegue rápido no sólo entre los militares sino en la cuantiosa masa de maniobra reclutada durante largos años y formada por una legión de paramilitares, mercenarios y ex presidiarios bajo parole dispuestos a lo que sea; también revistan en sus filas drogadictos desquiciados y contenidos por los estupefacientes suministrados por Washington en sociedad con los narcotraficantes; y tránsfugas de todo tipo, dispuestos a engrosar las filas del sicariato, a tomar iniciativas violentas entremezclándose en una marcha de novatos manifestantes que ignoran como se arma un cóctel molotov, o no se animan a incendiar vivo a un sujeto sospechoso, o a dotar de un “aire plebeyo” a las manifestaciones de la derecha contra cualquier gobierno de izquierda, o apenas progresista.

Por eso decíamos en nuestra nota anterior que la revolución nicaragüense es como la niña que navega en un bote en un mar embravecido y con un timonel que -lo digo con respeto pero también con esperanza- ha perdido el rumbo. Pero aun bajo estas circunstancias, sería absurdo entregar a la niña a sus verdugos o hundir el bote y arrojarla al mar. Ya sabemos lo que ocurrió cuando gobiernos progresistas o de izquierda cayeron a causa de la conspiración imperial. Basta mirar lo acontecido en Honduras, Paraguay o Brasil para vislumbrar lo que podría ocurrir en Nicaragua si la ofensiva destituyente en curso fuese coronada con la victoria. No hay razones para suponer que el gobierno de Daniel Ortega es absolutamente incapaz de ejercer una revolucionaria autocrítica, revisar lo actuado y enmendar sus errores. Es fundamental salir de esta crisis por izquierda, fiel al ideario del sandinismo. Para ello será necesario corregir el rumbo que ha seguido el gobierno en fechas recientes. Esto exige sacar de su letargo al FSLN y resucitarlo como fuerza política activa, potenciar su protagonismo en la gestión gubernativa y movilizar, reorganizar y concientizar a su base social para producir una radical redemocratización del proceso revolucionario. En pocas palabras, provocar una revolución en la revolución. El ensimismamiento del gobierno y su aislamiento en relación al pueblo sandinista y al propio partido de gobierno es vox populi en Managua, y de perpetuarse esta situación será inevitable incurrir en nuevos desaciertos que serían fatal para el gobierno de Daniel Ortega. El enemigo imperialista está al acecho, le tiende muchas trampas y la soledad del poder es muy mala consejera. Si el FSLN como fuerza política no recupera su protagonismo colectivo y se adueña del destino de la revolución, mucho me temo que estén contados los días de este bello sueño construido sobre la gesta épica de la prolongada lucha contra la dictadura de Somoza. Sería una derrota tremenda para un noble y valiente pueblo que luchó con un heroísmo ejemplar para hacer realidad su fidelidad al legado de Sandino, el “general de hombres libres.” Será también un golpe brutal a las esperanzas de los pueblos de Nuestra América, y la pérdida de una oportunidad que Nicaragua tardará mucho tiempo en reencontrar. Dixit et salvavi animan mea.








[1] Según datos de la Organización Mundial de la Salud. Ver “Latinoamérica tiene la más alta tasa de homicidios del mundo, revela la OMS”, Cable de la Agencia EFE, 17 mayo 2017. Los datos de Nicaragua 2017 también los revela la Agencia EFE en https://www.efe.com/efe/america/sociedad/la-tasa-de-homicidios-en-nicaragua-baja-8-a-6-por-cada-100-000-habitantes/20000013-3376263  Los datos de la Argentina fueron publicado por Infobae en  https://www.infobae.com/politica/2018/06/19/el-gobierno-anuncio-una-baja-en-la-tasa-de-homicidios-y-robos/

[3] https://www.lanacion.com.ar/2101437-el-deficit-fiscal-fue-del-39-en-2017-y-el-gobierno-sobrecumplio-la-meta
[4] Cf. “La niña en el bote”, en Página/12, 18 Julio 2018, https://www.pagina12.com.ar/129111-la-nina-en-el-bote




Nicaragua, la revolución y la niña en el bote
(Por Atilio A. Boron) La dolorosa coyuntura actual en Nicaragua ha precipitado un verdadero aluvión de críticas. La derecha imperial y sus epígonos en América Latina y el Caribe redoblaron su ofensiva con un único y excluyente objetivo: crear el clima de opinión que permita derrocar sin protestas internacionales al gobierno de Daniel Ortega, elegido hace menos de dos años (noviembre del 2016) con el 72 por ciento de los sufragios. Esto era previsible; lo que no lo era fue que en esa arremetida participaran con singular entusiasmo algunos políticos e intelectuales progresistas y de izquierda que unieron sus voces a la de los lenguaraces del imperio. Un notable revolucionario chileno, Manuel Cabieses Donoso, de cuya amistad me honro, escribió en su flamígera crítica al gobierno sandinista que “la reacción internacional, el ‘sicario’ general de la OEA, los medios de desinformación, el empresariado y la Iglesia Católica se han adueñado de la crisis social y política que gatillaron los errores del gobierno. Los reaccionarios se han montado en la ola de la protesta popular.”  Descripción correcta de Cabieses Donoso de la cual, sin embargo, se extraen conclusiones equivocadas. Correcta porque es cierto que el gobierno de Daniel Ortega cometió un gravísimo error al sellar pactos "tácticos" con enemigos históricos del FSLN y, más recientemente, tratar de imponer una reforma previsional sin consulta alguna con las bases sandinistas o actuar con incomprensible desaprensión ante la crisis ecológica en la Reserva Biológica Indio-Maíz. Correcta también cuando dice que la derecha vernácula y sus amos extranjeros se adueñaron de la crisis social y política, dato éste de trascendental importancia que no puede ser soslayado o subestimado. Pero radicalmente incorrecta es su conclusión, como son las de Boaventura de Sousa Santos, la del entrañable y enorme poeta Ernesto Cardenal, y Carlos Mejía Godoy, amén de toda una plétora de luchadores sociales que en sus numerosas denuncias y escritos exigen –algunos abiertamente, otros de modo más sutil- la destitución del presidente nicaragüense sin siquiera esbozar una reflexión o arriesgar una conjetura acerca de lo que vendría después. Conocidos los baños de sangre que asolaron Honduras siguiendo la destitución de “Mel” Zelaya; los que hubo en Paraguay luego del derrocamiento “express” de Fernando Lugo en 2012, y antes lo que sucediera en Chile en 1973 y en Guatemala en 1954; o lo que hicieron los golpistas venezolanos después del golpe del 11 de Abril en el interludio de Carmona Estanga “el breve”, o lo que está ocurriendo ahora en Brasil y los centenares de miles de asesinatos que hizo la derecha durante las décadas del “cogobierno FMI-PRIAN” en México, o el genocidio de los pobres practicado por Macri en la Argentina. ¿Alguien en su sano juicio puede suponer que la destitución del gobierno de Daniel Ortega instauraría en Nicaragua una democracia escandinava?
        
Una debilidad común a todos los críticos es que en ningún momento hacen alusión al marco geopolítico en el que se desenvuelve la crisis. ¿Cómo olvidar que México y Centroamérica es una región de principalísima importancia estratégica para la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos? Toda la historia del siglo veinte está marcada por esta obsesiva preocupación de Washington para someter al rebelde pueblo nicaragüense. A cualquier precio. Si para ello fue necesario instaurar la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza a la Casa Blanca no le tembló el pulso y actuó en consecuencia. Criticado por algunos representantes Demócratas en el Congreso de Estados Unidos por el respaldo que Franklin D. Roosevelt le otorgaba al dictador, éste se limitó a responder que “sí, es un hijo de puta pero es NUESTRO hijo de puta.” Y las cosas no cambiaron desde entonces. Cuando el 19 de Julio de 1979 el Frente Sandinista derrotó al régimen somocista, el presidente Ronald Reagan no titubeó un minuto en organizar una operación mafiosa de tráfico ilegal de drogas y armas a los efectos de poder financiar, más allá de lo que autorizaba el Congreso de Estados Unidos, a la “contra” nicaragüense. Se conoció todo esto bajo el nombre de “Operación Irán-Contras”. ¿Podemos ser hoy tan ingenuos para obviar estos antecedentes, o para pensar que esas políticas intervencionistas y criminales son cosas del pasado? Un país, además, que en tiempos recientes ha planeado la construcción de un canal interoceánico –financiado por enigmáticos capitales chinos-que competiría con el de Panamá, controlado de hecho, si no de derecho, por Estados Unidos. Estos no son datos anecdóticos sino de fondo, indispensables para calibrar con precisión el marco geopolítico en que se desenvuelven los trágicos acontecimientos de Nicaragua.

Todo lo anterior no significa obviar los graves errores del gobierno de Daniel Ortega y el enorme precio pagado por un pragmatismo que si estabilizó la situación económica del país y mejoró las condiciones de vida de la población hipotecó la tradición revolucionaria del sandinismo. Pero el pacto con los enemigos siempre es volátil y transitorio. Y ante la menor muestra de debilidad del gobierno, y ante un grosero error basado en el desprecio por la opinión de la base sandinista, aquellos se lanzaron con todo su arsenal a la calle para voltear a Ortega. Trasladaron buena parte de los mercenarios que protagonizaron las “guarimbas” en Venezuela a Nicaragua y están aplicando ahora en Nicaragua la misma receta de violencia y muerte que se enseña en los manuales de la CIA. Conclusión: la caída del sandinismo debilitaría el entorno geopolítico de la brutalmente agredida Venezuela, y aumentaría las chances para la generalización de la violencia en toda la región.
Estando en el Foro de Sao Paulo que tiene lugar en La Habana pude deleitarme en la contemplación del Caribe. Allí divisé, a lo lejos un frágil botecito. Lo manejaba un robusto marinero y, en el otro extremo se encontraba una joven muchachita. El timonel parecía confundido y se esforzaba para mantener el rumbo en medio de una amenazante marejada. Y se me ocurrió pensar que esa imagen podía representar con elocuencia al proceso revolucionario, y no sólo en Nicaragua sino también en Venezuela, Bolivia, donde sea. La revolución es como aquella niña, y el timonel es el gobierno revolucionario. Este se puede equivocar, porque no hay obra humana a salvo del error; y cometer errores que lo dejen a merced del oleaje y pongan en peligro la vida de la niña. Para colmo, no muy lejos se dibujaba la ominosa silueta de una nave de guerra de Estados Unidos, cargada de armas letales, escuadrones de la muerte y soldados mercenarios. ¿Cómo salvar a la niña? ¿Botando el timonel al mar y dejando que se hunda el bote, y con él la niña? ¿Entregándola a la turba de criminales que se agolpan, sedientos de sangre y prestos para saquear el país, robarle sus recursos y violar y luego matar a la jovencita? No veo que eso sea la solución. Más productivo sería que algunos de los otros botes que se encuentren en la zona se acerquen al que está en peligro y hagan que el desastrado timonel enderece el rumbo. Hundir al que lleva a la niña de la revolución, o entregarla al navío norteamericano difícilmente podrían ser consideradas soluciones revolucionarias. 

5.7.2018

COLOMBIA, el interminable asesinato de líderes y lideresas sociales. (¡Y el señor Luis Almagro no dice ni pío el muy canalla!)
Comparto brillante y conmovedora nota de PIEDAD CÓRDOBA.

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"No, no es normal esta muerte"
Piedad Córdoba Ruíz

No es normal que en más de un mes (entre el 1 de junio y el 3 de julio) hayan asesinado a 19 líderes sociales en este país y tampoco es normal que millones de colombianos continúen por ahí sin ni siquiera saberlo o sorprenderse por saberlo. ¿Culpa de quién? ¿A quiénes señalamos por los asesinatos y a quiénes condenamos por el silencio? los usuarios de las redes sociales indignados no paran de postear con cruentas imágenes de los asesinados que el fútbol nos encegueció como sociedad, otros cantaron los goles y al tiempo de la derrota del equipo nacional en Rusia no pararon sus estados de tristeza equiparándolos con el dolor de los lideres asesinados. los asesinatos sistemáticos no empezaron con el mundial de fútbol, se vienen presentando hace años, siempre nos toca ponerles periodos, georreferenciarlos con algún acontecimiento, pero paradójicamente el antecedente de este luctuoso mes es la firma de Acuerdo de “paz” pactado por la guerrilla más vieja del continente y el gobierno Santos. Desde el año 2016 no paramos de contar los muertos a diario, de alertar de miles maneras al gobierno nacional y a sus instituciones que si no se demostraba voluntad para evitar más muertes de líderes sociales este flagelo se agudizaría y al día de hoy (4 de julio) son más de 300 los asesinados.
Al revisar detalladamente el cubrimiento diario de los medios de comunicación sobre los asesinatos selectivos indigna y entristece los pocos minutos y las maneras como los periodistas emiten la noticia, no se les ve en ninguna mueca la rabia y la impotencia que expresaban cuando hablaban de la dictadura en Venezuela, no alertan a esa masa de autómatas que los escuchan, que les creen todo, que este país mata a sus campesinos, a sus jóvenes y mujeres, que se está asesinando a quienes pacíficamente defienden sus tierras y sus derechos o lo que es peor, que en Colombia se amenaza y se asesina a quienes participaron en campañas electorales diferentes a las del candidato ganador.
Para hacer cubrimiento de lo que les conviene a los medios, hacen trasladado de equipos periodísticos, entrevistan vía llamadas telefónicas a los directos afectados, durante las noticias de la mañana, medio día y noche martillan en los cerebros los hechos, acuden morbosamente a historias y personajes para “sensibilizar” a los televidentes y radioescuchas, dedican primeras planas de los periódicos con imágenes impactantes, así meten miedos y chips como el de la “ideología de género” y “nos vamos a volver como Venezuela”. Entonces es ahí donde no entiendo ¿por qué de manera igualitaria no tratan un tema tan grave como los asesinatos selectivos de líderes sociales, lo que está sucediendo en el país y la gravedad de la reconfiguración de la guerra? Y planteo esto no para generar odios en los colombianos sino solidaridad, reclamos de justicia a nuestros gobernantes o al menos que se le hagan exigencias, así como se las hacen a Pékerman o a cualquier jugador de fútbol.


Ni un solo medio de comunicación habló sobre quién era Felicinda Santamaría, no se trasladaron equipos periodísticos para entrevistar a vecinos o a sus familiares, tampoco la radio llamó ni se habló sobre su labor comunal en el barrio Virgen del Carmen del Chocó, ningún medio nacional ha documentado un solo caso de los líderes que han sido asesinados, solo reportan números, ni una sola historia de vida, o algo que reivindiqué lo que realizaban hombres y mujeres; líderes comunales, indígenas, campesinos que ayudaban a sus comunidades y a su gente y ahora en medio de la muerte queda solo la desolación y la indiferencia.


Por lo anterior, mi reclamo no es al fútbol, es al gobierno nacional (al que se va y al que llega) y a los medios de comunicación porque lastimosamente estos últimos “educan” más que la escuela, ellos han ganado, su triunfo es la normalización de la muerte, el regreso de la guerra, el odio a quien piensa diferente, a las mujeres a los jóvenes a los gays, etc. Nunca la historia que nos cuentan a diario estos medios es la nuestra, ese relato único nos somete al pasado y abre de nuevo el capítulo del conflicto interno Colombia Vs Colombia.
La pulsación que me lleva a escribir esto nos es de rabia sino de una tristeza honda por la muerte, pero también por la naturalidad con la que los colombianos asumimos esas muertes, me pregunto si de verdad es que no le interesa a la sociedad o si los medios de comunicación han impuesto una matriz de opinión para que eso no importe y continuemos con la vida como si solo hubiera pasado la derrota del fútbol cuando a lo que asistimos es a la derrota de la vida y la esperanza.
4 de julio de 2018

Ahora López Obrador

(Por Atilio A. Boron) Salvo un escandaloso atraco electoral, todo indica que López Obrador será el futuro presidente de México. Ratificada ampliamente en las urnas su ventaja sobre los otros candidatos (confirmada por todos los “boca de urna”) quedan aún dos incógnitas para dilucidar. Una, si la maquinaria del PRI enquistada en el estado mexicano le permitirá asumir la presidencia o si, como ya lo hicieran con él -y antes con Cuauhtémoc Cárdenas- se le privará de asumir la primera magistratura del país perpetrando un gigantesco fraude en el conteo de los votos o en las posteriores instancias de validación de las actas comiciales. Segundo, la posibilidad de que, ante su indiscutible victoria hubiera algún atentado criminal contra su persona. Afortunadamente ambas eventualidades son poco probables pero no deben ser desechadas. El PRI termina esta elección en el tercer lugar, algo inédito en toda su historia,  reflejo del inmenso desprestigio de esa fuerza política y del presidente Peña Nieto. Difícilmente podría montarse un despojo otorgándole la victoria no al segundo, el candidato del PAN, sino al tercero, que sería el del PRI. Así todo sería temerario descartar una nueva estafa electoral.



   La apelación al magnicidio, por otra parte, tampoco puede ser rechazada. Figura en el manual de las SOP (“standard operating procedures”) de la CIA y sería insensato pensar que la agencia ha abandonado esos viejos hábitos en un momento tan complicado como el de la actual coyuntura internacional y nada menos que cuando se trata de la presidencia de México, para la Casa Blanca y el Pentágono el país más importante del mundo. Rusia puede ser un problema, Irán lo mismo, Corea del Norte igual, la China también, pero ninguno de ellos comparte una extensa frontera terrestre  (3.185 kilómetros) con Estados Unidos. Las fricciones y conflictos con aquellos países pueden ser graves pero circunstanciales, aunque perduren por décadas, pues tarde o temprano los diferendos serán superados. Pero México es el vecino intratable, inasimilable, turbulento y que por una maldición geográfica siempre estará allí, con sus gentes y su cultura del otro lado del río Bravo. Cuba también, pero no hay contigüidad territorial con la Isla rebelde. Para la clase dominante imperial México en cambio es un problema que tiene la insoportable permanencia de la geografía y su pegajosa cercanía. Rusia, Irán, Corea del Norte y China pueden plantear desafíos y amenazas, pero están muy lejos y separados de EEUU por dos océanos. Por eso es que México es un caso especialísimo y no está sometido a la jurisdicción del Comando Sur sino que es el único país del hemisferio cuyo monitoreo y control militar está en manos del Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Pensar que a Washington le resulta indiferente una victoria de AMLO es una imperdonable ingenuidad. Por algo desde el momento en que comenzó a recorrer el país, mucho antes de que se proclamara su candidatura, recibió un torrente de ataques del gobierno estadounidense y sus lenguaraces, capitaneados por el inefable Mario Vargas Llosa y sus acólitos en toda la región. Y el imperio no se equivoca al elegir a sus enemigos. Lo que está en juego es mucho, más allá que la propuesta de AMLO carezca de estridencias radicales. Pero la lucha contra el narco, la corrupción y las políticas neoliberales, y un México que vuelva a mirar al Sur y tome una cierta distancia de Estados Unidos traería una brisa fresca y esperanzadora sobre Nuestra América. Razones más que suficientes para impedir la llegada de AMLO a la presidencia. Apelando a cualquier recurso. Habrá que estar muy atentos.


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