El día de hoy el pensamiento crítico perdió a uno de sus máximos exponentes. El deceso de Theotonio dos Santos ocurrido en el día de hoy, 27 de Febrero, nos deja en una situación de dolorosa orfandad. Partió no sólo un inquebrantable compañero de luchas antiimperialistas sino, por encima de eso, un ser humano poseedor de inusuales virtudes. Generoso con todo aquel que se acercara con cualquier inquietud; honesto y coherente en sus principios teóricos y en su práctica política y todo esto mezclado con una fina ironía y un incisivo sentido del humor que no se apagaba ni en los momentos más serios de un debate o una áspera polémica política.




Tuve la suerte de conocerlo en 1967, cuando los dos estábamos exiliados en Chile. Desde ese momento, más de medio siglo, jamás dejamos de encontrarnos. En esos momentos yo era un alumno de la FLACSO y estaba preocupado porque no teníamos un buen curso de economía en la Maestría. Me enteré en las interminables reuniones del exilio latinoamericano que en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile había un joven profesor brasileño que estaba dictando un curso sobre "Relaciones de dependencia en América Latina". Sin dudar ni un minuto me inscribí en el mismo y allí me encontré con Theotonio en el CESO, Centro de Estudios Socio-Económicos, a la cabeza de un notable equipo de jóvenes investigadores entre los cuales sobresalían Orlando Caputo, Sergio Ramos, Crisóstomo Pizarro y Graciela Galarce respaldados por un grupo de investigadores formados de la talla de Vania Bambirra, Marta Harnecker, Rui Mauro Marini y André Gunder Frank entre tantos otros. Es imposible calibrar el impacto que me produjo ese curso en mi formación teórica. Hasta ese momento mi aproximación al marxismo había transitado fundamentalmente por la vía de la teoría política y social. Theotonio estaba librando en aquellos años previos al triunfo de Salvador Allende una dura batalla contra el pensamiento conservador (convenientemente revestido por una ligera capa de progresismo decafeinado) que se había enquistado en la CEPAL y que hegemonizaba buena parte del discurso económico predominante en América Latina y el Caribe. Discurso en el cual, por supuesto, palabrotas como “imperialismo” o “dependencia” estaban excluídas, y expresiones como “lucha de clases” eran imperdonables pecados. Sus clases, siempre muy bien fundamentadas, en donde cada interpretación teórica tenía su corroboración en la historia, me abrieron un horizonte que me permitieron hacer una síntesis en donde economía, sociedad y política se articulaban nítidamente en el diagnóstico de las raíces del atraso y del subdesarrollo con que el capitalismo estaba condenando a Nuestra América. Sin las clases de Theo difícilmente habría llegado a esa conclusión.

Por eso hablar de él y de toda su obra posterior a aquellos años será tarea de muchos, porque su producción intelectual fue tan prolífica como original, abriendo nuevos campos de reflexión en la teoría económica marxista. Lo mismo recordar su ejemplar generosidad y su incomparable altruismo cuando la brutal tiranía se enseñeoró de Chile a partir del aciago 11 de Septiembre de 1973. Theo le salvó la vida a decenas de compañeros y camaradas, en silencio, sin aspavientos y sin esperar retribución alguna por tan noble como temerario gesto. Lo hacía a partir de su profundo compromiso militante, de su vocación revolucionaria, de su esperanza en el futuro del socialismo en la región por el cual el luchó sin desmayos ni flaquezas a lo largo de toda su vida. Cuando se observa la vergonzosa capitulación de muchos de quienes lo criticaron acerbamente, en Chile y despues, entregados pocos años más tarde a los brazos de un neoliberalismo criminal, su figura se eleva a la altura de otros grandes brasileños como Paulo Freire y Darcy Ribeiro, al lado de los cuales sus críticos de ayer y de hoy quedan reducidos a la condición de rabiosos pigmeos furiosos ante la sabiduría y el indeclinable compromiso con la revolución anticapitalista de Theotonio. Por eso lloramos su partida, pero su ejemplo nos aguijonea para que no abandonemos la lucha, como él lo hizo hasta el último aliento de su vida.

¡Hasta la victoria, siempre, maestro y amigo!

Acto Público en memoria de Augusto César Sandino, "general de hombres libres" y enorme luchador antiimperialista.


El homenaje es organizado por Juan Carlos Romero López y Centro de Estudios Sociales y Culturales Azucena Villaflor.

La cita es en San José 225, 19 horas. Los espero.

¡Todxs invitadxs!

Comparto una reflexión sobre un nuevo aniversario del asesinato de Augusto César Sandino:



En un día como hoy, 21 de Febrero de 1934, moría asesinado Augusto César Sandino, general de hombres libres y vencedor de las tropas invasoras de Estados Unidos en Nicaragua.

Sandino puso en fuga a los marines luego de una larga guerra de guerrillas que se extendió entre 1927 y 1933. Pero las fuerzas estadounidenses dejaron plantada la semilla del monstruo, creando la Guardia Nacional y poniendo a su frente a Anastasio “Tacho” Somoza, de quién Franklin D. Rooosevelt dijera, frente a la queja de unos representantes de su partido, el Demócrata, en el Congreso de Estados Unidos:  “si, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta”.

Traicionado por el gobierno nacional nicaraguense una vez que se produjera la partida de los invasores, la guardia capturó a Sandino y dos de sus generales del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y en un descampado en las afueras de Managua los fusiló al anochecer, Antes de ser enterrado, el cadáver de Sandino fue llevado ante Somoza para que éste certificara personalmente su asesinato.

A continuación, dos pensamientos de este gran patriota nuestroamericano:


“No abandonaré mis montañas mientras quede un gringo en Nicaragua. No abandonaré mi lucha mientras falte un derecho para enderezar. Mi causa es la causa de mi pueblo, la causa de América, la causa de todos los pueblos oprimidos.”


“Este movimiento es nacional y antiimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás en el terreno social, este movimiento es popular.”




(Por Atilio A. Boron) Días atrás el presidente Donald Trump dio a conocer su proyecto de presupuesto para 2019 que contempla un enorme déficit fiscal (que tratará de trasladarlo a los demás países, sobre todo a los de la periferia) y un presupuesto militar, eufemísticamente llamado de “defensa”,  de
(716.000 millones de dólares) según informa la cadena CNBC. (Ver: https://www.cnbc.com/2018/02/12/trumps-2019-defense-budget-request-seeks-more-troops-firepower.html). Este monto incluye 24.000 millones de dólares destinados a la modernización del programa nuclear que, en algunos comunicados aparecía desligado del gasto militar, como si se tratara de inversiones para la producción de centrales atómicas.



Gráfico del funcionamiento del Complejo Militar-Industrial-Financiero y su relación con la clase política


Estos datos son algunas de las “pos verdades” a los cuales nos tiene acostumbrados el imperialismo norteamericano. “Pos verdad” o fake news –como gusta decir a Donald Trump- porque se oculta la verdadera dimensión del gasto militar de Estados Unidos haciéndoselo  aparecer como menor de lo que realmente es en un intento por escamotear ante la vista de la opinión pública el desenfreno militarista de un imperio que debilitado en su hegemonía política, intelectual y moral, como diría Antonio Gramsci, se repliega en sobre sus capacidades destructivas para contener por la fuerza su inexorable declinación en un sistema internacional que ya ha asumido un formato definitivamente multipolar.   
  
Hace muchos años que el gasto militar se convirtió en el principal motor de la economía norteamericana y fuente de fabulosas superganancias para el complejo militar-industrial-financiero que gira en torno a la producción de armamentos. En una suerte de perversa “puerta giratoria” las ganancias de este complejo se transfieren, en una pequeña porción, a la clase política.  Sus empresas y lobbies son los indispensables financistas de las onerosas carreras políticas de representantes, senadores, gobernadores y presidentes, prostituyendo definitivamente el funcionamiento de la democracia en Estados Unidos y abriendo las puertas para la constitución de la corrupta plutocracia que hoy gobierna a ese país. Presidentes y legisladores, envueltos en un falso celo patriótico, retribuyen los favores recibidos concediendo jugosas contraprestaciones materiales a las empresas del sector, todo lo cual se traduce en una desorbitada, absurda e innecesaria escalada del gasto militar. Esta corruptela explica que más de la mitad de los miembros del Congreso de Estados Unidos sean millonarios, cuando la proporción de estos en la sociedad norteamericana es de apenas 1.4 %.   (http://cnnespanol.cnn.com/2014/01/10/la-mayoria-de-los-miembros-del-congreso-de-ee-uu-son-millonarios/ )
            
            
 No es de extrañar, en consecuencia, que desde la Guerra de Corea en adelante Estados Unidos no haya conocido un solo año sin tener tropas combatiendo en el exterior. Tampoco lo es que, pese a los optimistas anuncios oficiales, el gasto militar haya aumentado aún luego de la desaparición de quien durante los largos años de la Guerra Fría fuera su enemigo fundamental: la Unión Soviética. En este sentido, la operación propagandística del imperio pregonando los supuestos “dividendos de la paz” como fuente de una renovada ayuda al desarrollo quedó rápidamente al desnudo. Ni se mejoró la asignación de recursos para reducir la pobreza dentro de Estados Unidos ni se los canalizó para facilitar el progreso económico y social de los países de la periferia. Todo lo contrario, la escalada sin techo del gasto militar prosiguió su curso inalterada.  


Sorprende entonces la aceptación sin beneficio de inventario de la cifra del presupuesto militar que la Administración Trump anunciara recientemente. Según los cálculos más rigurosos el gasto militar total de Estados Unidos ya traspasó el umbral considerado -hasta no hace mucho como absolutamente insuperable, como una frontera escalofriante- de un billón de dólares, es decir, un millón de millones de dólares, lo que equivale aproximadamente a la mitad del gasto militar mundial. Tradicionalmente la Casa Blanca ocultaba la verdadera dimensión de su exorbitante presupuesto militar y los medios de comunicación del imperio reproducían esa mentira.  En el caso actual aquel va mucho más allá de los 716.000 millones de dólares recientemente declarado por la Casa Blanca.  Esa cifra no incluye otros emolumentos derivados de la presencia bélica de EEUU en el mundo y que también deben ser considerados como parte del presupuesto militar del imperio.  Por ejemplo, la Administración Nacional de Veteranos (VET) que tiene a su cargo ofrecer atención médica a los heridos en combate hasta el fin de sus vidas y de asistir a quienes regresan del frente desquiciados psicológicamente tiene un presupuesto para el próximo año de 198.000  millones de dólares.  (https://www.militarytimes.com/veterans/2018/02/12/va-spending-up-again-in-trumps-fiscal-2019-budget-plan/) A esta descomunal cifra hay que agregarle otros dos ítems, con datos muy poco transparentes y disimulados en el presupuesto federal: los destinados a la contratación de “asesores” para misiones especiales (vulgo: mercenarios) y los “gastos de reconstrucción” para ocupar o transitar por áreas previamente destruidas por la aviación o los drones de EEUU. Si se suman todos estos componentes se llega a una cifra que supera el billón de dólares. Para comprobar la irracionalidad criminal de este presupuesto nótese que tan sólo el gasto de la VET equivale a poco menos que el gasto militar total de China, que asciende a 215.175 millones de dólares y que el segundo presupuesto militar del planeta.  O con el presupuesto de la Federación Rusa, que es casi tres veces inferior al de la VET: 70.345 millones de dólares; o con el del ultra-enemigo de EEUU, Irán 12.383millones de dólares.  ¿Cómo justificar tan fenomenal desproporción? Inventando enemigos, como el ISIS, o dando pie a delirantes conspiraciones acerca del peligro que Rusia, China, Irán o Corea del Norte representan para la seguridad nacional norteamericana. Pero la verdad es que el gasto militar ayuda a mover una economía de lento crecimiento y, sobre todo,alimenta al complejo armamentístico que financia a los políticos que convierte en millonarios.  Pese a eso la dirigencia estadounidense insiste en la vulnerabilidad de la seguridad nacional norteamericana y no cesa de mantener a su población sumida en el miedo, un efectivo dispositivo de dominación. Por último, con tal brutal desequilibrio de fuerzas en el plano militar Washington reafirma su vocación de seguir siendo el gigantesco gendarme mundial presto a actuar en cualquier lugar del planeta para poner al capitalismo a salvo de toda amenaza. En cualquier lugar pero sobre todo en Nuestra América, reserva estratégica de un imperio amenazado. La contraofensiva lanzada en los últimos años y la creciente belicosidad en contra de Cuba y Venezuela son pruebas harto elocuentes de esa enfermiza vocación por impedir que la tierra siga girando y congelar la historia en el punto en que se encontraba al anochecer del 31 de Diciembre de 1958, en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana. Todos estos esfuerzos serán en vano, pero mientras tanto están haciendo un daño enorme y hay que detenerlos antes de que sea demasiado tarde porque la humanidad está en peligro.




 (Por Atilio A. Boron) Dando una vez más cumplimiento a su funesta misión Estados Unidos acaba de sabotear un acuerdo laboriosamente alcanzado entre el gobierno y la oposición venezolana en los diálogos de Santo Domingo.  La carta que el 7 de Febrero hizo pública el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero revela su sorpresa -y, de modo más sutil, su indignación- ante la "inesperada" renuncia por parte de los representantes de la oposición a suscribir el  acuerdo cuando estaba todo listo para la ceremonia protocolar en la cual se anunciaría públicamente la buena nueva . Como revela en dicha carta RZ dice que luego de dos años de diálogos y discusiones se había llegado a un acuerdo para poner en marcha "un proceso electoral con garantías y consenso en la fecha de los comicios, la posición sobre las sanciones contra Venezuela, las condiciones de la Comisión de la Verdad, la cooperación ante los desafíos sociales y económicos, el compromiso por una normalización institucional y las garantías para el cumplimiento del acuerdo, y el compromiso para un funcionamiento  y desarrollo plenamente normalizado de la política democrática." (https://www.aporrea.org/oposicion/n320777.html)

Ramos Allup, Julio Borges, Rodríguez Zapatero en Santo Domingo, 


Este acuerdo, de haber sido firmado por la oposición, ponía fin a la crisis política que, con sus repercusiones económicas y sociales, había desatado una de las más graves crisis de Venezuela en su historia. Era también un paso gigantesco hacia la normalización de una situación regional cada vez más crispada por las resonancias del conflicto venezolano. El pretexto sorpresivamente utilizado por la avergonzada oposición fue la renovada exigencia de que las elecciones presidenciales fuesen monitoreadas por el Grupo de Lima, una colección de países (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guayana,  Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía) cuyos gobiernos compiten para ver quien hace gala del mayor servilismo a la hora de obedecer las órdenes emitidas por la Casa Blanca para atacar a Venezuela. El Grupo de Lima no es una institución como la UNASUR, la OEA u otras por el estilo. El documento elaborado en la República Dominicana ponía en manos de la Secretaría General de la ONU organizar la fiscalización del comicio presidencial, una institución infinitamente más seria y prestigiada que el Grupo limeño en donde abundan los narcopresidentes,  los golpistas bendecidos por Estados Unidos como los mandatarios de Brasil y Honduras , gobiernos como el de México que hicieron del fraude electoral un arte de incomparable eficacia, o el de Chile, cuyo mayor logro democrático es haber decepcionado tanto a su pueblo que menos de la mitad del electorado concurrió a votar en las últimas elecciones presidenciales. Sin embargo, la exigencia de que este impresentable grupo de gobiernos fuese el encargado de garantizar la "transparencia y honestidad" de las elecciones presidenciales en Venezuela fue el pretexto utilizado para boicotear un acuerdo que tanto trabajo había costado sellar. ¿Cómo explicar este súbito e inesperado cambio en la opinión de la oposición venezolana?

Rex Tillerson y Mauricio Macri en Buenos Aires


Para responder a esta interrogante hay que viajar a Washington. Tal como era previsible para la Casa Blanca la única solución aceptable pasa por la destitución de Nicolás Maduro y un "cambio de régimen", aún si esta opción entraña el peligro de una guerra civil e ingentes costos humanos y económicos. En otras palabras, el modelo es Libia, o Irak, y de ninguna manera una transición pactada entre el gobierno y la oposición, o menos todavía, aceptar la supervivencia del gobierno bolivariano a cambio de algunos gestos de moderación por parte de Caracas. Desde la perspectiva geopolítica que informa todas las acciones de la Casa Blanca ningún escrúpulo moral puede interferir en el proyecto de someter Venezuela al yugo estadounidense, esa enfermiza obsesión del imperio para convertir en un protectorado norteamericano a un país que cuenta con las mayores reservas petroleras del planeta y un territorio dotado de inmensos recursos naturales. Para los halcones de Washington cualquier opción distinta a esa es pura sensiblería, y si los políticos de la oposición venezolana creyeron que estas negociaciones serían si no avaladas al menos toleradas por la Casa Blanca cayeron en una infantil ilusión: creer que a Estados Unidos le importa la democracia, o lo que ellos llaman "crisis humanitaria", o la vigencia del Estado de Derecho en Venezuela.  Al imperio estas cuestiones le son completamente irrelevantes cuando se habla de la inmensa mayoría de los "países de mierda" que constituyen la periferia del sistema capitalista mundial. Por eso no fue casual que la orden de abstenerse de firmar los acuerdos coincidiera con la visita de Rex Tillerson a Colombia, y que fuese el presidente Juan M. Santos quien tuviera la deshonrosa tarea de transmitir el úkase imperial a los representantes de la oposición reunidos en Santo Domingo. 

Juan M. Santos y Rex Tillerson en Bogotá


¿Cómo seguirá esta historia? Washington está tensando la cuerda para tornar inevitable una "solución militar" en Venezuela. Fue por eso que  Tillerson recorrió 5 países latinoamericanos y caribeños, en un esfuerzo para coordinar a nivel continental las acciones de lo que bien podría ser el comienzo de un asalto final contra la patria de Bolívar y Chávez. El Comando Sur está alistando personal de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Panamá sin otro verosímil propósito que el de atacar a Venezuela. Mientras, la ofensiva diplomática y mediática se extiende por todo el mundo. El Parlamento Europeo ha dado nuevas muestras de su  proceso de putrefacción y redobla las sanciones contra Venezuela, al paso que los sirvientes latinoamericanos y caribeños de Washington se pliegan oprobiosamente a la agresión. Este 8 de Febrero el gobierno de Chile anunció la suspensión de manera indefinida de su participación en el diálogo venezolano porque, según La Moneda, "no se han acordado condiciones mínimas para una elección presidencial democrática y una normalización institucional." Parece que, como una vez dijera José Martí, en Venezuela está llegando "la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz."     


(Atilio A. Boron) Era previsible que el bloque de la derecha que gobierna el Ecuador se saliera con la suya. Ganaron una importante batalla para reinstalar al decrépito e injusto orden social del pasado con plenos poderes en el Palacio de Carondelet. Pero, ¿cómo fue que ganaron? y, además, ¿ganaron efectivamente la guerra?


Ganaron violando la normativa vigente que exigía que la Corte Constitucional certificase que la consulta se atenía a los preceptos establecidos por la Constitución de Montecristi. El Presidente Lenín Moreno, poseído por una harto sospechosa urgencia, no quiso esperar los tiempos constitucionales y, así, manu militari, convocó a una consulta ilegal e inconstitucional  que, además, nunca estuvo entre sus planes. Durante su campaña presidencial de Febrero del 2017 y en el balotaje del 2 de Abril Moreno jamás mencionó la necesidad de convocar a esta consulta, ni manifestó interés alguno en profundizar en algunos de los temas que ayer fueron motivo de consulta. Por lo tanto hay una ilegitimidad de origen que será fuente de duras disputas en los años por venir.
Pero además el bloque de la derecha, al cual se ha plegado Moreno vaya uno a saber a cambio de qué, atentó contra las condiciones más elementales que requiere una elección democrática. Durante el mes de campaña el ex presidente Correa no fue invitado a ningún programa de la televisión privada o pública, ni a una radio de alcance nacional ni entrevistado por periódico alguno. El del gobierno nacional, El Telégrafo, lo excluyó por completo en un alarde de irrespetuosidad quien hasta hacía menos de un año había sido presidente de la república. Sí le hizo lugar en sus columnas al corrupto usurpador de la presidencia brasileña, Michel Temer. No es un misterio para nadie que sin democracia en el espacio público, en especial en los medios de comunicación, no puede haber democracia electoral. Bajo esas condiciones lo que hay es un simulacro de democracia pero nada más. Y eso es lo que hubo ayer en Ecuador, pese a que el gobierno apela al pomposo título de “consulta ciudadana”. Si Correa fue escondido por todos los medios nacionales era casi un milagro que pudiera revertir esa situación en el plano electoral. No sólo eso: la oligarquía mediática y la derecha no ahorraron palabras para difamar la figura del ex presidente, privándolo del derecho a réplica. De hecho, la opinión pública fue bombardeada con toda clase de calumnias e infamias contra Correa, para complacencia del gobierno y sus mandantes.

¿Qué tan sólido es el triunfo de la derecha? Y decimos la derecha porque todo el aparato propagandístico de la reacción le atribuirá el triunfo a los enemigos de Correa, a quienes éste derrotara constantemente a lo largo de diez años, y no a Moreno, relegado a un merecido segundo plano y a quien  difícilmente le dejen subirse al podio de los vencedores. Se le encargó una tarea sucia, la hizo pero de ninguna manera esto lo convertirá en el líder del bloque restaurador. Si se hace un ejercicio aritmético muy simple, por ejemplo en la crucial pregunta dos -que impide la re-elección más de una vez- y se restan a los votos por el NO (65 %, con casi la mitad de los votos escrutados al cerrar esta nota) el porcentaje obtenido por Guillermo Lasso, el candidato de la derecha en el balotaje de Abril (49 %), el resultado es que el NO de Moreno apenas alcanza a un 16 % contra el 35 % del SI de Correa. Por eso la derecha reclamará de modo intransigente que la del referendo fue su victoria y no la del gobierno.

Dicho todo esto, ¿se encaminará Ecuador hacia el “pos-correísmo”? Difícil de pronosticar, pero la historia reciente de ese país nos recuerda que los diez años de estabilidad política y social de época de Correa fueron un intervalo virtuoso en una historia reciente signada por más de una década de insurgencias plebeyas e insurrecciones populares. Impedir que el ex presidente pueda ejercer su derecho ciudadano a presentarse como candidato a elecciones puede ser el detonante de nuevas conmociones. Porque no sólo se condena al ostracismo a una figura de dimensiones continentales como Correa sino que se proscribe, indirectamente, a una fuerza política que individualmente considerada es mayoritaria pues controla en soledad por lo menos un tercio de los votos válidos, lo cual arroja serias dudas acerca de futura estabilidad del sistema político. Cumplida su labor Moreno, que no cuenta con una mayoría parlamentaria, quedará prisionero del chantaje de la derecha. Los banqueros, la oligarquía empresarial, la “embajada” y el corrupto poder mediático impondrán su programa restaurador y contra-reformista a sangre y fuego, y el actual presidente podría correr la suerte de Jamil Mahuad que por aplicar el programa de los banqueros tuvo que huir raudamente de Carondelet y buscar refugio en la embajada de Estados Unidos. En suma, Moreno y sus patrones han decidido jugar con fuego. Ganaron una batalla pero no hace falta ser muy perspicaz para ver que un pueblo que en un plazo de diez años tumbó a tres presidentes y provocó el derrocamiento de otros más podría llegar a recordar sus hazañas de antaño y, ante la salvajada que se avecina: una dictadura desembozada del capital, decidir que una vez más tiene que tomar el destino en sus manos y sacudirse de encima el yugo de sus opresores y de los que traicionaron al proyecto emancipatorio de la Revolución Ciudadana.


(Por Atilio A. Boron) He leído con atención la respuesta que en nombre de una arrogada representación de la izquierda ecuatoriana realiza el Presidente del Partido Socialista Ecuatoriano, Patricio Zambrano Restrepo, a mi artículo sobre la coyuntura política en Ecuador.1 Ciertamente no podría decirse que se trata de un debate amigable porque mi crítico parece estar sumamente enojado y recurre a una serie de descalificaciones personales que para nada ayudan a la comprensión de la deplorable situación del Ecuador actual. Juzga mis (supuestas) intenciones en lugar de examinar mis argumentos; apela a caracterizaciones descalificatorias de mi persona (“estalinista”); me acusa de usar y abusar de un “izquierdómetro”; de convertir la ideología en religión; de ignorar los fundamentos de la política comparada y, entre otros desatinos, de utilizar categorías morales para explicar una situación política. Obviamente que mi crítico debe sentir alergia por ese tipo de categorías porque, me parece, su inserción en la política se basa en un absoluto pragmatismo y por lo tanto cualquier consideración de tipo ética o moral no tiene lugar en su escala de valores ni en sus capacidades analíticas. Su discurso refleja el decadente saber convencional de la ciencia política norteamericana en donde la política se concibe como un saber y una actividad meramente técnicas y las categorías morales del bien y del mal, de la honestidad y de la traición, no ocupan lugar alguno. Pero las grandes cabezas de la ciencia política jamás incurrirían en semejante barbarie. Y como lo aseguran los grandes estudiosos del pensamiento de Nicolás Maquiavelo, mal aludido por mi crítico, éste jamás dijo que lo malo era bueno y lo bueno malo. Quienes así piensan son tributarios de la codificación conservadora, en clave tecnocrática, del pensador florentino. Creo que mi crítico se mueve en ese cenagoso pantano, de ahí el tono y el confuso contenido de su respuesta.

Jorge Glas,vicepresidente de Lenin Moreno, en otros tiempos

Yendo al fondo de la cuestión quiero decir, en relación a las tres tesis centrales de mi artículo que, en primer lugar, la preocupante situación del Ecuador actual (avasallamiento del Estado de Derecho, incumplimiento del debido proceso apelando, como en la Argentina de Macri, a la “prisión preventiva” sin existencia de condena, exclusión de toda opinión divergente de los medios de comunicación públicos tanto como de los privados, agresión consentida por parte de las autoridades al ex presidente Correa a la salida de una radio provincial, sospechoso atentado contra un puesto policial, fundadas conjeturas acerca de una firma de un TLC con Estados Unidos, cesión a la banca privada del control de la moneda virtual y muchos etcéteras) no puede ser sólo explicada por la traición de Lenín Moreno. Afirmar tal cosa no sólo es un insulto a mi módica inteligencia sino también a la de los lectores. Pero el hecho que la traición no explique todo no significa que aquella no se haya consumado o, como dice en su artículo, sea un “delirio” que ha enturbiado mis sentidos y me hace ver lo que no existe. Ecuador marchaba por un rumbo y ahora claramente se encamina en dirección contraria, si bien esto –por ahora- no se ha manifestado en plenitud. Pero las señales son claras: el acercamiento con Washington se hace evidente en la invitación al FBI a colaborar en la investigación sobre el atentado en San Lorenzo, en las declaraciones del Ministro Campana sobre la búsqueda de un TLC con Estados Unidos, en la presencia del Embajador de ese país en los medios públicos y en la retirada del Ecuador del espacio progresista latinoamericano. La agenda de la derecha ha sido, paulatinamente, asumida por el gobierno de Moreno. Sus medios no dejan de apoyarlo, al revés de lo que hacían con su predecesor, y la complacencia de la Casa Blanca con el nuevo gobernante es ostensible. En poco tiempo más este cambio de rumbo que hoy se insinúa con claridad se verá rotundamente confirmado por los hechos. La capitulación es indiscutible. ¿Que era indispensable una autocrítica? Seguro, ningún gobierno es perfecto y todos deberían cultivar el arte de la autocrítica. Pero eso es una cosa y otra muy distinta desatar una persecución despiadada a todo lo que huela a correísmo. Una cosa es que al ex presidente no se lo entreviste ni se le permita escribir en El Telégrafo, el periódico oficial del gobierno ecuatoriano, y otra que quién sí lo haga sea el ultracorrupto usurpador de la presidencia del Brasil, Michel Temer. Además, basta seguir los discursos de Moreno para ver que palabras como imperialismo, dependencia, emancipación, autodeterminación, Patria Grande, Nuestra América y socialismo ni por asomo afloran en sus labios. Ergo, estamos en presencia de otro discurso, otra política y otra dirección histórica. Y todo esto es traición, ¿está claro señor Ministro?

En su nota fustiga lo que sería una segunda tesis de mi artículo: que el Presidente Moreno ha venido adoptando la agenda de la restauración conservadora. Mi benévolo crítico dice que esta tesis está “llena de imprecisiones y algunas falsedades.” Es una pena que no se hubiera esforzado más para aclarar unas y otras, o que no se hubiera puesto a pensar que lo que califica como mis “especulaciones” son datos duros que lo condenan tener que recurrir a descalificaciones personales. Lo único que dice es que la derecha “ha sido espectadora más que protagonista.” Y muy probablemente tenga razón porque cuando el gobierno le entrega el control del sistema bancario, la totalidad de los medios de comunicación, encarcela a uno de los abanderados del gobierno anterior, ordena al Fiscal que cite a declaración indagatoria sobre el caso Petrochina a Rafael Correa para el día lunes 5 de febrero, después de la elección, a las 9:30 de la mañana, lo cual puede terminar en otra prisión preventiva (y podríamos seguir con ejemplos similares) es indudable que la derecha es ya, si bien tras bambalinas, una protagonista principal en el ejercicio del gobierno. Si algo caracteriza a la derecha en América Latina es no ser idiota, y si un gobierno hace todo lo que ella considera fundamental en este momento qué sentido tiene aspirar a un protagonismo que pudiera suscitarle el temido odium plebis. Mejor que quien se incinere políticamente sea el gobierno de Alianza País y ya vendrán luego ellos a culminar la tarea iniciada por el desleal sucesor de Correa.

La tercera tesis, rechazada por mi contendor, es la que sostiene la ilegalidad e inconstitucionalidad del referendo y la consulta. Ha sido tan abrumador y coincidente el diagnóstico de los expertos en la materia que no creo necesario perder tiempo en ratificar lo evidente. Una consulta mañosa, que junta temas dispersos y sin mayor conexión entre sí, con preguntas que insultan a la ciudadanía ecuatoriana al solicitarle que se expida si hay que proteger a la niñez o castigar a los corruptos con la inhabilitación para desempeñarse en la vida política del país; preguntas, en suma, tendenciosamente orientadas a que la gente diga que sí y que en el fárrago no discrimine ni actúe a conciencia en las preguntas cruciales del referendo, sobre todo la que tiene por objetivo sentenciar a Correa al ostracismo. Pero además, ¿por qué no se siguió el precepto constitucional y se esperó a que la Corte Constitucional aprobara el referendo y sus contenidos? Eso se llama decisionismo exacerbado o, en lenguaje más llano, despotismo presidencial, otra mancha más en la averiada calidad institucional del nuevo gobierno.

Zambrano Restrepo termina su feble apología del gobierno de Moreno exaltando las virtudes de la unidad. Suena increíble que a estas alturas de la historia un político que es nada menos que presidente de un Partido Socialista crea en esas fábulas. ¿Unidad entre los banqueros que saquearon al país y lo dejaron sin moneda propia y quienes pugnan por una república democrática, justa y soberana? ¿Unidad con los medios de 

comunicación que durante diez años no dejaron de mentir, difamar, agredir al gobierno de Correa y a las fuerzas populares y que ahora muestran su complacencia con el de Lenín Moreno? ¿Unidad con el imperialismo que ha sido mentor y baluarte del accionar de la derecha ecuatoriana y sus planes destituyentes y desestabilizadores? Jamás había yo pensado que un dirigente de un partido socialista podría haberse olvidado de cosas tan elementales como éstas: que la lucha de clases existe, que el imperialismo es un protagonista de primer orden en toda Nuestra América y que el Ecuador no es una excepción, que no existe democracia posible cuando los medios de comunicación están controlados por un oligopolio sin fisuras en donde es imposible filtrar una voz disidente y que si Rafael Correa fue combatido sin piedad por la derecha vernácula y el imperialismo fue porque algo serio estaba haciendo para poner fin a una larga historia de injusticia, despotismo y exclusión social en el Ecuador. Y que si desde Washington ahora llegan sonrisas y palmaditas en la espalda esto es señal inequívoca de que se ha extraviado el camino y que se está poniendo en marcha una dolorosa contrarreforma que el pueblo ecuatoriano sufrirá en carne propia. Como le ocurrió en el pasado, en los infaustos noventas.
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