Quito, 31.3.2017
En las pocas horas que llevo en este país he podido comprobar los alcances de la “dictadura” de Rafael Correa, esa que denuncian incansablemente la plutocracia bancaria y sus voceros, los despistados líderes de algunos movimientos sociales y una izquierda extraviada que piensa que votando a un banquero ultraneoliberal que refugia sus ganancias en paraísos fiscales podrá dar el anhelado salto hacia la construcción del socialismo en el Ecuador. 

En efecto, en esta peculiar “dictadura”, como gustaba decir a Eduardo Galeano a propósito de las acusaciones en contra de Chávez, el bombardeo de los medios hegemónicos a través de la televisión, la radio y los periódicos en contra del presidente Correa es implacable e incesante. La población está sometida a un ininterrumpido ataque, en donde la manipulación informativa se ejerce sin restricciones. No hay límite ni escrúpulo alguno en las difamaciones e insultos al primer mandatario y, por extensión, a Lenin Moreno y Jorge Glas. La relación de fuerzas en el terreno mediático es de 9 a 1 a favor de la derecha, destilando sin pausa un veneno que pretende pasar por noticia o ejercicio periodístico.


Lo asombroso del caso es que en esta curiosa “dictadura” los medios pueden prostituir al periodismo, abrumar a la opinión pública con falsas informaciones y agraviar al presidente y sus colaboradores sin temer por ningún tipo de represalia. Desesperada, la derecha presiente que aún con esa fenomenal artillería mediática es poco probable que pueda ganar las elecciones del próximo domingo. Apela para ello a cualquier expediente. Las imágenes que acompañan esta nota son aleccionadoras. Están instaladas justo enfrente de las oficinas del Consejo Nacional Electoral, el organismo encargado de administrar los comicios. Como la candidatura del banquero Guillermo Lasso carece de una propuesta creíble a favor de las clases y capas populares ecuatorianas –son muchos los que aquí recuerdan lo ocurrido en la Argentina con las promesas de Mauricio Macri- recurren a la mentira y la difamación. Allí están Piedad Córdoba, Ernesto Samper, Tibisay Lucena y Sandra Oblitas exhibidos cual si fueran unos salvajes terroristas que con su accionar habrían asolado Venezuela y que amenazan con hacer lo mismo en el Ecuador en caso de que Lenin Moreno se alce con la victoria. Todas estas aberraciones son posibles bajo la “dictadura” del correísmo mientras sus mentores y ejecutores gozan de total libertad y piden ayuda internacional (verbigracia: injerencia norteamericana) para poner fin al "despotismo" que ahoga al Ecuador.




 

(Por Atilio A. Boron) En 1984 Bárbara W. Tuchman publicó un libro apasionante. Su título: “La marcha de la locura. La sinrazón desde Troya hasta Vietnam”. En él la autora pasa revista a una serie de situaciones que tienen un común denominador: gobiernos y pueblos actuando en contra de sus propios intereses. No pude dejar de pensar que la disyuntiva que se abre en el Ecuador el próximo domingo podría, según fuese el resultado de la elección presidencial. aportar un nuevo y triste ejemplo de esta serie de desatinos que causaron indecibles sufrimientos a sus protagonistas. Porque, al escuchar a encumbrados dirigentes de diversos movimientos sociales y autoproclamadas fuerzas de izquierda decir una y otra vez que preferían un banquero neoliberal a un dictador recordé inmediatamente el libro de Tuchman y sus valiosas enseñanzas. Que organizaciones supuestamente representativas de los intereses populares enuncien tesis políticas como esa y que se acuse al presidente Rafael Correa de dictador, de corrupto, de demagogo, ¡de neoliberal!, cosa que sus críticos hacen con total impunidad a través de la vasta red de medios de comunicación que controla la derecha no puede sino evidenciar la ominosa presencia de un “sentido común” completamente extraviado por el odio y el fanatismo, de una ceguera histórica que puede conducir a un pueblo a su suicidio. Porque basta con un pequeño soplo de sobriedad para caer en la cuenta del absurdo que encierra aquella tesis. Por más desaciertos que puedan atribuírsele al gobierno del presidente Correa y por más escozor que provoque su irascible personalidad, los aciertos de su gestión superan ampliamente sus errores, sus equívocos y hasta sus desplantes. 

Guillermo Lasso, el banquero preferible al "dictador" Correa


Y si ese hálito de sobriedad no está presente los críticos del correísmo deberían mirar a su alrededor y tomar nota del holocausto que los amigos y cofrades de Guillermo Lasso están haciendo en Argentina y Brasil, países cuyos gobiernos están llevando a la práctica una lúgubre eutanasia de los pobres, de los ancianos y de los niños, despojando a sus pueblos de derechos conquistados mediante arduas luchas a lo largo de varias décadas. Todo eso fue barrido por un vendaval político, si bien apelando a distintos instrumentos. En el caso argentino, apelando a un “empresario exitoso” que hizo una campaña demagógica prometiendo conservar los avances registrados en la década kirchnerista. Bastó con que Mauricio Macri pusiera un pie en la Casa Rosada para que comenzara a demoler, sistemáticamente, las conquistas sociales de la década anterior y promover un ajuste salvaje que en menos de un año acrecentó en un millón y medio el número de pobres en la Argentina. La derecha miente, se viste con piel de cordero pero es un lobo feroz que actúa con mucha astucia: primero engaña, con cantos de sirena como los que hoy entona Lasso en el Ecuador. Pero una vez en el gobierno arrojan por la borda todas sus promesas y, fieles a sus intereses de clase, proceden metódicamente a subyugar a los pueblos y a favorecer descaradamente a las grandes fortunas, dando origen a una regresión social que, a partir de un enjundioso análisis del caso español Arantxa Tirado Sánchez y Ricardo Romero Laullén, no han titubeado en caracterizar como una “neoesclavitud” en un libro de reciente aparición. Y lo mismo vale decir del gobierno de Michel Temer en Brasil, causante de una restauración oligárquica que en algunos aspectos hace retroceder a ese país medio siglo. Desgraciadamente los pueblos, y los gobiernos pueden suicidarse, y hay sectores en la sociedad ecuatoriana que, enceguecidos por sus pasiones, parecen dispuestos a hacerlo, sumiendo al país en una catástrofe que demoraría décadas en ser reparada. Que esto no suceda dependerá de la sensatez con la cual el pueblo ecuatoriano se maneje, de su capacidad para reflexionar, discernir y anticipar las consecuencias de sus actos. De la consciencia que tengan de lo fácil y rápido que es desandar el camino y revertir los logros, pocos o muchos, conseguidos en la década correísta. Y de percibir con nitidez que un banquero, por más que se disfrace de demócrata y que pronuncie frases bonitas, siempre será el fiel ejecutor de la lógica despótica del capital. Y en esa lógica, las clases populares están irremisiblemente condenadas. Serán llevadas al cadalso por un verdugo que, obedeciendo a las reglas del “coaching” político, se presentará como un personaje bonachón y sonriente pero que, llegado el momento, no vacilará un segundo en ejecutar sin piedad a quienes confiaron en sus promesas. Si tal cosa ocurriera tarde aprenderían la diferencia existente entre un banquero neoliberal y un “dictador” como Rafael Correa. Ojalá que el noble pueblo ecuatoriano sea librado de tan infausto destino. 
Comparto: estupenda carta de Julian Assange en solidaridad con la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, reunida en Caracas entre el 6 y 7 de Febrero del 2017








Amigos de la red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales por la Humanidad reunidos en Caracas.

En el libro de Proverbios dice que /una casa se construye con sabiduría, y se establece por medio de entendimiento.
 
Sus cuartos se llenan de hermosos tesoros a través del conocimiento/
. Pero hay algo más en todo esto. 
El siguiente verso es “Los sabios son más poderosos que los fuertes" El conocimiento es poder.

Tengo el gran honor de dirigirme a Ustedes en este aniversario por la muerte de un hombre que ha luchado amplia y aguerridamente contra el imperialismo, el neocolonialismo y otras formas de opresión a los pueblos, especialmente en América Latina.
 
Chavez tuvo el papel más importante en el escenario global con sus incansables esfuerzos para seguir avanzando en la integración y cooperación regional y construir un mundo multipolar.
 
Denunció las injusticias tal y como él las veía y en el 2001 fue el único líder que denunció el asesinato cometido por los EEUU de civiles inocentes en Afganistán, indicando “Ustedes no pueden pelear el terrorismo con terrorismo”. Poco después de 6 meses los EEUU apoyaron un golpe de estado en su contra que fue revertido cuando cientos de miles de venezolanos tomaron las calles, muchos de ellos con la constitución en sus manos.
 
Como todos nosotros, él no estaba libre de pecado, pero sus virtudes sacudieron la tierra.



Como director de Wikileaks sacamos a la luz los secretos de los poderosos y además construimos una Biblioteca distinta y poderosa, una biblioteca que contiene la información sobre cómo realmente funciona nuestro mundo y sus instituciones, que contiene información que por siglos ha estado solamente en manos de las élites y que ahora -no sin correr riesgos y persecuciones- hemos democratizado y puesto a disposición del pueblo, sin distinción de orientación política o credo.
Es para todos y todas, para que la sociedad del todo mundo abra los ojos, y con datos irrefutables en la mano, confronte a los poderosos y saque sus propias conclusiones, sin filtros mediáticos, sobre los eventos y decisiones políticas que afectan sus vidas.

El objetivo de Wikileaks, de buscar la verdad en nombre de la humanidad, es hoy más importante que nunca, un objetivo que seguimos buscando a pesar del alto precio que pagamos por ello.

El costo, en mi caso, ha sido alto. He estado perseguido judicialmente y detenido por casi siete años, sin que pese cargo alguno en mi contra. La persecución se ha extendido a mi familia, a mis hijos, a quienes no he podido ver durante todo este tiempo.
Tanto Naciones Unidas, como numerosas organizaciones de Derechos Humanos y personalidades a nivel mundial han hecho un llamado a Suecia y al Reino Unido para que respeten sus obligaciones internacionales, para que respeten y reconozcan la soberanía del Estado de Ecuador y por tanto reconozcan mi asilo y dejen de bloquear el ejercicio de este derecho humano. Es inconcebible que la actitud imperialista de Reino Unido y de Suecia, en pleno siglo 21, les permita, con total impunidad, ignorar un acto soberano de un país independiente, Ecuador.
 
Recuerdo a los presentes que Ecuador pagó y sigue pagando un alto precio al otorgarme el asilo para protegerme de la persecución política por haber expuesto los secretos del imperio. Su Embajada en Londres sufrió amenazas de ataque por la policía británica y hasta el día de hoy, es sujeta de niveles de vigilancia que no tienen comparación alguna.

Denegar el salvoconducto para que yo pueda ir a Latinoamérica es un acto de imperialismo puro, de países que ocupan altos cargos en Naciones Unidas, y, sin embargo, se rehúsan a reconocer y habilitar el ejercicio de un derecho universal, y lo hacen en total impunidad, burlándose, además, de la soberanía de un país del Sur y de toda la región Latinoamericana que respaldó unánimemente mi asilo, constituyendo un grave insulto a la dignidad de nuestros pueblos y al mismo sistema de Naciones Unidas. Hacer esto por años muestra el deterioro y grave retroceso del sistema internacional de protección de derechos humanos para todos.
Ni hablar de mi país, Australia, un sirviente más de los intereses imperialistas, que en siete años no ha abogado por mí ni una sola vez y que además busca criminalizarme para que yo no pueda volver a casa. A pesar de una Resolución firme de la más alta autoridad en temas de Detención Arbitrarias que despues de analizar detenidamente mi caso, estableció que mi detención ha sido arbitraria e ilegal y el deber de dejarme en libertad de inmediato e indemnizarme, tanto Suecia como el Reino Unido la ignoran por completo.

Pero a pesar de todo, el imperio no ha logrado silenciarme. Soy libre simplemente porque soy libre de expresarme. Y disfruto de esta libertad gracias al coraje de Ecuador y otros Estados, entre ellos Venezuela, que se han unido para apoyarme. Mi lucha puede convertirse en una historia exitosa para la libertad de expresión y los derechos humanos.
Por lo tanto la concesión de un salvoconducto sería un acto de justicia y dignidad para la región.


Permaneceremos fieles a la promesa de publicar la verdad sin miedo o negociaciones bajo la mesa. Seguiremos esforzándonos en nuestro compromiso con la verdad y la justicia social.

La liberación de los pueblos depende de la liberación de la mente de los pueblos. Para ello, necesitamos que esfuerzos revolucionarios pacíficos como el de Wikileaks, florezcan alrededor del mundo. Por esta razón necesitamos detener la persecucion contra WikiLeaks y su gente.

Hagámoslo juntos hoy. Mañana puede ser tarde.


Julian Assange

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