8.12.2017

¡Hola! Comparto dos notas que me parecen instructivas para entender la tragedia en curso en Yemen, a manos de una ccoalición reaccionaria dirigida por Arabia Saudita y acompañada por las principales "potencias democráticas" de Occidente.

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"¿Qué pasa en Yemen? El sangriento petróleo lo explica todo"

Se cumple un año de la ofensiva militar liderada por Arabia Saudí que ha devastado Yemen
Demasiados intereses ensombrecen el alto el fuego que la ONU ha anunciado para el 10 de abril
¿Por qué el mundo calla sobre la guerra de Yemen? Por el petróleo saudí

28/03/2016 - 

En la modalidad en auge de guerras por delegación en Oriente Medio, la de Yemen, que ya ha cumplido un año, resulta especialmente sucia. Es la guerra sobre la que a todo el mundo le conviene callar. El número de muertos, heridos y desplazados no alcanza cifras tan escandalosas como las de Siria o Irak para que se hagan eco los grandes medios de comunicación globales, y a remolque actúen los organismos internacionales. Los recursos energéticos o geoestratégicos de Yemen tampoco despiertan codicias tan abiertas como las norteamericanas o las rusas en Afganistán, o las de todos en Libia. Y su emplazamiento condena al país a ser el patio trasero del amigo saudí, para alivio de una Europa incapaz de gestionar las múltiples crisis que se le agolpan. Yemen, laArabia felix latina, es hoy uno de los lugares más lúgubres del planeta, cuatro años después de que un consenso sin precedentes de grupos políticos y sociedad civil forzara a Ali Abdalá Saleh, el dictador más longevo del mundo árabe tras Gaddafi, a abandonar el poder.
Pero Saleh se marchó delegando poderes en Abd Rabbuh Mansur Hadi, su vicepresidente, un militar sureño hábil en interpretar el aire de los tiempos. El traspaso fue negociado con el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), en un calculado intento de sus vecinos de poner coto a una revolución que podía “infiltrarse” por sus fronteras. Que ello implicara azuzar los enfrentamientos tribales, regionales y sectarios que históricamente han asolado el país y que la revolución yemení había conseguido aparcar, poco importaba. Más bien al contrario: la sectarización es el arma más efectiva que, de momento, han encontrado los Estados del Golfo en su particular batalla por el control de Oriente Medio y contra Irán.
El fracaso de la transición yemení emprendida en 2012 es el fracaso de un proyecto nacional que hubiera dotado al país de una independencia incompatible con los planes de sus poderosos vecinos. La ofensiva de los huzíes, un grupo tribal de observancia zaidí, históricamente relegado del poder, contra el Gobierno del presidente Hadi, el protegido del CCG, aceleró la descomposición del Estado en formación y propició la simplificación sectaria del enfrentamiento. Era algo que en un principio estaba lejos de la realidad, pero, al ser el zaidismo una hipotética rama del islam chií, la conexión iraní era un argumento fácil de esgrimir para aquellos interesados en reproducir la manida narrativa del enfrentamiento sunníes/chiíes. Una vez que esta lógica echó a rodar, la intervención saudí era cuestión de tiempo.

El amigo saudí se lanza a la guerra abierta
Con la subida al trono del rey Salmán en enero de 2015 y la concentración de poder en su hijo y ministro de Defensa, el príncipe Mohammed, la nueva política saudí de intervención militar abierta en los conflictos de la zona se inauguró en Yemen. Hace ahora un año se formalizó una coalición internacional liderada por Arabia Saudí, que comenzó una campaña de ataques aéreos, bloqueo naval y apoyo a las tropas leales al presidente Hadi que continúa a día de hoy y que ha ido recuperando territorio conquistado por los rebeldes huzíes, aunque en modo alguno la coalición pueda cantar victoria. Más bien al contrario: la prolongación de la guerra evidencia el fracaso de la estrategia saudí, que creía poder manejar los intereses de las partes en conflicto. En este contexto, ya nadie recuerda, como ha lamentado Jamal Benomar, el enviado especial de Naciones Unidas para Yemen, que el primer ataque saudí se produjo en vísperas de la firma de un acuerdo multilateral para que varios grupos políticos y tribales compartieran el poder durante un periodo transitorio.
El bombardeo sistemático de infraestructuras civiles y poblaciones por parte de las fuerzas armadas saudíes es tan cotidiano que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha llegado a decir que determinadas operaciones “podrían constituir un crimen de guerra”. Cuando ya se ha cumplido un año del inicio de la campaña, 14 millones de yemeníes viven por debajo del umbral de la pobreza; 3 millones de menores sufren malnutrición; y 20 millones de personas, el 80% de la población, no tienen acceso a agua potable. Los trabajadores de Naciones Unidas y las agencias humanitarias vienen denunciándolo.

No es el islam, es el maldito petróleo
La actual obsesión saudí con Yemen poco tiene que ver con el islam, sea sunní o chií. La obsesión saudí tiene que ver, evidentemente, con el petróleo. Yemen apenas lo tiene, pero su ubicación geográfica le confiere un valor estratégico primordial en la reordenación del tráfico mundial de crudo tras el levantamiento de las sanciones a Irán. Hace años que Arabia Saudí proyecta un nuevo oleoducto que, desde sus grandes yacimientos en el este del país y atravesando la región yemení de Hadramaut, desemboque directamente en Adén, esquivando así el actual paso de los cargueros por el estrecho de Ormuz, tutelado por Irán. El expresidente Saleh fue remiso a otorgar a los saudíes licencia abierta para ello, y lo utilizó como baza política siempre dúctil en sus negociaciones con los países del Golfo. El futuro del proyecto parece ahora expedito. El presidente Hadi le debe a Riad su supervivencia. En cuanto a las tribus del este yemení, cuya colaboración es imprescindible, los saudíes se han garantizado su beneplácito: controlada por al-Qaeda, la región se ha visto libre de los bombardeos de la aviación saudí.
Pero a corto plazo hay otro “logro” de la guerra en Yemen que va a determinar el futuro inmediato del comercio del petróleo. No es un secreto, pues la diplomacia saudí no es tan sutil. Los líderes europeos lo conocen bien, y por ello intentan acallar a los diplomáticos más críticos, como los alemanes, holandeses o suecos; o colaboran de forma subrepticia, como Cameron, que ha hecho que Reino Unido facilite la logística de las operaciones aéreas saudíes. Como explicó en su día Yves Lacoste, la geografía es un arma para la guerra. Y la del mar Rojo, del estrecho de Bab al-Mandeb al Canal de Suez, es un ejemplo de manual. Si culmina su campaña en Yemen, Arabia Saudí controlará el tráfico de la principal ruta de acceso del petróleo a Europa: en el sur, habrá sido precisa una intervención militar; en el norte, habrá bastado la intervención financiera, que sostiene al régimen del general Sisi. De momento no se sabe cuánto le costará a Europa este golpe de fuerza saudí. Los yemeníes ya están pagando el precio.

Sin embargo al mundo le conviene callar sobre Yemen: a Europa por cortedad de miras (“bastante tenemos con lo que tenemos”); a EEUU para compensar a Arabia Saudí por sus acuerdos con Irán; a Rusia para tener carta blanca en Siria; y a la Liga Árabe para que nadie se aperciba de su intrascendencia. El silencio se está tragando a Yemen.

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"5 claves para entender qué está pasando en Yemen, el país en guerra civil donde se enfrentan Arabia Saudita e Irán, las dos potencias de Medio Oriente"


Es uno de los países más pobres de Oriente Medio y allí han surgido alianzas que cambian de un segundo a otro, luchas tribales por el poder, grupos yihadistas que expanden su influencia y potencias regionales que libran una guerra subsidiaria y devastadora.

En el terreno, las fuerzas que se enfrentan en Yemen desde marzo de 2015 son las del presidente reconocido internacionalmente, Abd Rabbu Mansour Hadi, y los combatientes y aliados del movimiento rebelde de los hutíes.
Detrás está una coalición internacional dirigida por Arabia Saudita combatiendo a los rebeldes hutíes que considera están siendo apoyados con armas de Irán.
Este fin de semana, con la oferta del expresidente Ali Abdullah Saleh -quien era aliado de los hutíes y uno de los artífices del conflicto- para abrir un diálogo con la coalición saudita, surgieron nuevas esperanzas de encontrar una forma de poner fin a a la guerra.
Pero las esperanzas duraron poco. Este lunes murió Saleh en una feroz batalla con los que eran sus aliados, los hutíes, quienes lo acusaron de traidor.

En BBC Mundo te explicamos qué está pasando en Yemen y cómo se desató el devastador conflicto en el que han muerto más de 8.600 personas.
AFP via BBC

1. ¿Cómo comenzó la guerra?
El conflicto tiene sus orígenes en un levantamiento que siguió a la Primavera Árabe, en 2011, que forzó al entonces presidente Ali Abdullah Saleh, a entregar el poder al vicepresidente, Abd Rabbu Mansour Hadi.
La transición política, que se suponía iba a llevar estabilidad al país, fracasó y provocó una complicada lucha de poder entre los simpatizantes de Saleh, el movimiento rebelde de los hutíes, y las fuerzas de Hadi.
Saleh, que había gobernado Yemen durante más de 30 años, se unió a los hutíes para expulsar a Hadi de la capital, Saná.
Desde 2014, Saleh y los hutíes controlaban la capital. Pero a principios de diciembre esta alianza colapsó y culminó en la muerte de Saleh.

2. ¿Cuánto poder tienen los hutíes?
El movimiento hutí, que representa a la minoría musulmana zaidí chiita de Yemen, había combatido una serie de rebeliones contra el gobierno de Saleh durante los 2000.
Pero gran parte de estos enfrentamientos quedaron confinados a la empobrecida provincia de Saada en el norte del país.
Cuando los hutíes se unieron a las fuerzas leales a Saleh lograron tomar el control de la capital, Saná, en septiembre de 2014, y desde allí continuaron avanzando hacia la segunda ciudad más grande del país, Adén.
En 2015 Arabia Saudita, alarmada por el avance de los hutíes, un grupo que considera está apoyado militarmente por Irán, la potencia regional chiita y su feroz enemigo, lanzó una campaña militar aérea para restaurar al gobierno de Hadi.
La coalición saudita acusa a Irán de que, al aliarse con los hutíes, está tratando de expandir su influencia en los países árabes, incluido Yemen, que comparte una larga frontera con Arabia Saudita.


3. ¿Quién forma parte de la coalición dirigida por Arabia Saudita?
La coalición, cuyo objetivo es derrotar a los hutíes en Yemen, se formó principalmente por Estados árabes sunitas, incluidos Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Egipto y Jordania. También están Marruecos, Sudán y Senegal.
Algunos de estos Estados sólo participaron en incursiones aéreas, pero otros también enviaron tropas a Yemen para combatir en el terreno.
La coalición de Arabia Saudita recibió apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.
El gobierno de Estados Unidos llevó a cabo también incursiones aéreas regulares contra posiciones de al Qaeda y del autodenominado Estado Islámico en Yemen.
A principios de este año, el gobierno estadounidense admitió que había desplegado un número pequeño de fuerzas especiales en Yemen.
También se informó que otras potencias occidentales, incluidas Reino Unido y Francia, habían abastecido con armas e inteligencia a la coalición de Arabia Saudita.
Irán, por su parte, ha negado que esté armando a los rebeldes hutíes. Pero en 2016, el Ejército estadounidense informó que había interceptado, por tercera vez en dos meses, armamentos de Irán dirigidos a Yemen.
También ha habido informes de que Irán ha enviado a asesores militares a Yemen para apoyar a los rebeldes hutíes.




4. ¿Qué ha ocurrido desde entonces?
En enero de 2015, los hutíes reforzaron su control en Saná, rodearon el palacio presidencial y otros puntos clave de la ciudad y colocaron a Hadi bajo arresto domiciliario.
Un mes después, el presidente escapó a la ciudad de Adén y los hutíes y las fuerzas de Saleh continuaron sus intentos de tomar el control de todo el país. Hadi huyó del país en 2015.
Con la intervención militar de Arabia Saudita comenzaron dos años y medio de devastadores enfrentamientos en los que ambas partes continuaron afianzándose.
Mientras tanto, Naciones Unidas ha tratado de encabezar los esfuerzos internacionales para negociar la paz. Pero todos los intentos han fracasado.
En meses recientes, las fuerzas leales a Hadi, junto con combatientes tribales y separatistas sunitas del sur del país, lograron detener el avance de los rebeldes hutíes en Adén.

En agosto las tropas de la coalición de Arabia Saudita tomaron control de Adén expulsado a los hutíes y sus aliados de gran parte del sur del país.
Hadi estableció su gobierno de forma temporal en Adén, aunque la mayoría de los miembros de su gabinete continúan en el exilio.
Mientras tanto los militantes yihadistas de al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) y sus rivales del autodenominado Estado Islámico se han aprovechado del caos en el país, han tomado control de territorio en el sur y han continuado sus ataques letales principalmente contra el gobierno de Hadi en Adén.
Los hutíes, por su parte, continuaron controlando la capital, Saná, y la ciudad sureña de Taiz desde donde lanzan proyectiles y misiles a través de la frontera de Arabia Saudita.

5. ¿Cómo surgió la división entre Saleh y los hutíes?


Durante meses habían surgido informes de divisiones en la delicada alianza entre los hutíes y los simpatizantes de Saleh.
A principios de diciembre estallaron enfrentamientos en Saná entre los que habían sido aliados con ambos bandos responsabilizando al otro de iniciar el conflicto.
El 2 de diciembre, Saleh apareció en televisión para anunciar a la coalición saudita que estaba dispuesto para "pasar a una nueva página" en las relaciones entre ambos e iniciar un diálogo.
La oferta fue recibida positivamente por los sauditas, pero no por los rebeldes hutíes, quienes acusaron a Saleh de traición y prometieron seguir su lucha contra la coalición dirigida por Arabia Saudita.
"Esto no sorprende, considerando que Saleh ha sido históricamente un político extremadamente pragmático que no ha tenido problemas en cambiar de una alianza a otra en segundos dependiendo de los intereses de por medio", explica Edgard Jallad, periodista del Servicio Árabe de la BBC.
"Desde un principio la alianza de Saleh y los hutíes fue muy frágil, considerando que éstos combatieron contra Saleh y que Saleh fue en el pasado amigo de los sauditas", agrega.
Con la muerte de Saleh, augura el periodista, es probable que se intensifiquen las tensiones en la región y se reduzcan las posibilidades de encontrar una solución para la devastadora guerra.
Los mayores perdedores en este conflicto han sido los civiles. Los bombardeos aéreos letales y continuos han causado más de 8.600 muertos, una hambruna inminente, brotes de enfermedades mortales y una de las crisis humanitarias más graves de años recientes.


1 comentarios:

FOLLADORDEPROSTIS dijo...

La monarquia saudita es peor que la teocracia iraní,aunque las potencias tienen mucha culpa de las guerras en Medio Oriente tb es cierto que los musulmanes c llevan odiando entre ellos desde hace siglos.

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