(Por Atilio A. Boron)  Pocas veces se celebraron elecciones en un contexto tan signado por la violencia como las de este domingo pasado en Venezuela. Hay pocas experiencias similares en el Líbano, Siria e Irak. Tal vez en los Balcanes durante la desintegración de la ex Yugoslavia. Dudo que en algún país europeo o mismo en Estados Unidos se hubiera celebrado elección alguna en un contexto similar al venezolano. Por eso que algo más de ocho millones de personas hayan desafiado a la derecha terrorista con sus sicarios, pirómanos, saqueadores y francotiradores  y concurrido a emitir su voto demuestra el arraigo del chavismo en las clases populares y, además, un valor a toda prueba para luchar por la paz y repudiar la violencia. Y cuando el CNE dice que votaron 8.089.320 personas es así nomás, doblemente certificado por la cédula electoral y el control de las huellas dactilares de cada uno de los votantes. Ese material está allí, sujeto a verificación por parte de la oposición o de observadores independientes, contrariamente a lo ocurrido con la pantomima electoral de la MUD el 16 de Julio que en una hilarante innovación en el arte y la ciencia de la política procedió a admitir votantes con o sin documentos, sufragar cuantas veces lo quisiera para luego quemar todos los registros una vez terminado el relampagueante recuento de los 7 millones y medio de votos que mienten haber recibido.


Pese a estos antecedentes el resultado de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente fue tildado como fraudulento tanto por la derecha internacional, gubernamental o no, como por algunas sectas delirantes de la izquierda eternamente funcionales al imperialismo. Algunos ilustres gobiernos  de dentro y fuera de la región: México, Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos, Panamá, Colombia, Paraguay, Brasil, Canadá, España y Costa Rica se apresuraron a declarar al día siguiente de la elección que no reconocerían la ANC surgida del voto ciudadano en Venezuela algo que, sin dudas, le quita el sueño al gobierno bolivariano y a millones de venezolanos abatidos por tan degradante noticia. Se comprende que aquellos gobiernos no puedan hacerlo porque tienen demasiadas preocupaciones en casa como para perder un minuto en reconocer la lección de democracia que el bravo pueblo venezolano ofreciera el  domingo. México está azorado por el octavo periodista asesinado en lo que va del año, y sin nunca hallar al responsable amén de otras minucias como los 57 asesinatos por día registrados durante el 2016; el gobierno argentino por la muy probable derrota en el principal distrito electoral del país y una economía que no levanta vuelo; Chile, por la profunda deslegitimación de su sistema político y las protestas sociales que a diario conmueven las principales ciudades del país; Colombia, absorta en laatención de sus siete millones y medio de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico; Paraguay por la penetración del narco en los distintos niveles de la administración pública; Brasil por el estercolero en que se ha hundido el conjunto de su dirigencia, para ni hablar del caos en que se encuentra Estados Unidos con un jefe de estado impredecible y veleidoso como pocos y una pobre España sumida ella también en la corrupción de sus ricachones, la putrefacción de la monarquía y el irreparable desprestigio de su clase política.  Gobiernos excelsos que seguramente ignoran que el ex presidente de EEUU James Carter –no precisamente un chavista- aseguró que el sistema electoral de Venezuela era más confiable y transparente que el de Estados Unidos.


Pero, envalentonados por el apoyo de tan distinguidos gobiernos,  los críticos de la revolución bolivariana no se arredran y levantan su dedo acusador señalando que el grado de participación en la elección de la ANC, 42 % del padrón electoral, fue muy bajo y mal puede avalar las pretensiones del oficialismo de legitimar su instalación en los próximos días. La prensa canalla, cuya misión excluyente es mentir y manipular con absoluta inescrupulosidad la conciencia pública, nada dice de las condiciones bajo las cuales las venezolanas y los venezolanos salieron de sus casas a votar. Peor aún, en su absoluta descomposición moral al diario El País, nave insignia del terrorismo mediático, se le olvidó que el 21 de Febrero del 2005 tituló “Si  rotundo a la Constitución Europea con una participación del 42 %” de los españoles, resultado obtenido en medio de un clima de total tranquilidad, sin guarimbas ni sicarios sueltos por las calles. Pero doce años más tarde lo que en España permitía hablar de un “sí rotundo” se transmutaba en una crítica por la “violencia y la abstención en la Constituyente de Maduro”. Nada dijo ese “house organ” del capital que su tan admirada Michelle Bachelet obtuvo la presidencia en 2013 en elecciones que contaron con la participación del 41.9 % de los empadronados, y que en las municipales de Chile del año pasado la participación fue menor aún: 34.9 %. O que en Colombia Juan M. Santos fue elegido en un balotaje con 47 % de concurrencia de votantes y que en el Referendo por la Paz, de comienzos del  2016 la participación para decidir un asunto tan crucial como ese fue de sólo el 38 %; o que Bill Clinton fue reelecto en 1996 en comicios en los cuales tomó parte sólo el 49 % de los registrados para votar y su sucesor, George W. Bush, en otros en los cuales participó el 50.3 %. ¡Y eso que lo que estaba en juego era nada menos que la presidencia de Estados Unidos! 

En conclusión: excelente nivel de participación dadas las circunstancias y fracaso total de la estrategia de la derecha para sabotear la ANC. Esto seguramente redoblará el accionar de la fracción terrorista de la oposición cuyo desprecio por las reglas democráticas es incurable. Y eso que hay elecciones de gobernadores pautadas para diciembre de este año, y que en el año próximo tendrán lugar las presidenciales. Pero a esa “elite de forajidos”, como el laborista británico Harold Laski llamaba a la dirigencia fascista europea cuya descendencia hoy devasta Venezuela, esto no les interesa en lo más mínimo. Quieren acabar con el chavismo ya, apremiados por sus amos y financistas del norte, y para ello están dispuestos a hacer cualquier cosa, a violar cualquier norma ética. Le tocará a un relegitimado gobierno de Nicolás Maduro acabar sin más demoras con el ala terrorista de la oposición y recomponer el orden público y la vida cotidiana, sin lo cual será imposible relanzar el proyecto bolivariano.







La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

Lo anterior viene a cuento de la negación sobre el papel de la CIA en la vida política de los países latinoamericanos, aunque no sólo en ellos. Su permanente activismo es insoslayable y no puede pasar desapercibido para una mirada mínimamente atenta. Peso a ello al hablarse de la crisis en Venezuela –para tomar el ejemplo que ahora nos preocupa- y las amenazas que se ciernen sobre ese país hermano a la “Agencia” nunca se la nombra, salvo pocas y aisladas excepciones. La confusión que con su opacidad y su fetichismo genera la sociedad capitalista se cobra nuevas víctimas en el campo de la izquierda. No debería sorprender que la derecha alentara ese encubrimiento de la CIA. La prensa hegemónica –en realidad, la prensa corrupta y canalla- jamás la menciona. Es un tema tabú para estos impostores seriales. Ni a ella, la CIA, ni a ninguna de las otras quince agencias que constituyen en conjunto lo que en Estados Unidos amablemente se denomina “comunidad de inteligencia”. Eufemismos aparte, es un temible conglomerado de dieciséis pandillas criminales financiadas con fondos del Congreso de Estados Unidos y cuya misión es doble: recoger y analizar información y, sobre todo, intervenir activamente en los diversos escenarios nacionales con un rango de acción que va desde el manejo y la manipulación de la información y el control de los medios de comunicación hasta la captación de líderes sociales, funcionarios y políticos, la creación de organizaciones de pantalla disimuladas como inocentes e insospechadas ONGs dedicadas a inobjetables causas humanitarias hasta el asesinato de líderes sociales y políticos molestos y la infiltración en - y destrucción de- toda clase de organizaciones populares. Varios arrepentidos y asqueados ex agentes de la CIA han descrito todo lo anterior en sumo detalle, con nombres y fechas, lo que me excusa de abundar sobre el tema. [1]

Logos de las 16 agencias que conforman la Comunidad de Inteligencia de EEUU

Que la derecha sea cómplice del encubrimiento del protagonismo de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos es comprensible. Son parte del mismo bando y protege con un muro de silencio a sus compinches y sicarios. Lo que es absolutamente incomprensible es que representantes de algunos sectores de la izquierda –notablemente el trotksismo-, el progresismo y cierta intelectualidad atrapada en los embriagantes vapores del posmodernismo se inscriban en este negacionismo donde no sólo la CIA desaparece del horizonte de visibilidad sino también el imperialismo. Estas dos palabras, CIA e imperialismo, ni por asomo irrumpen en los numerosos textos escritos por personeros de aquellas corrientes acerca del drama que hoy se desenvuelve en Venezuela y que, ante sus ojos, parece tener como único responsable al gobierno bolivariano. Quienes se inscriben en esa errónea - insanablemente errónea- perspectiva de interpretación se olvidan también de la lucha de clases, que brilla por su ausencia sobre todo en los análisis de supuestos marxistas que no son otra cosa que “marxólogos”, esto es, cultos doctores embriagados por las palabras, como a veces decía Trotsky, pero que no comprenden la teoría ni mucho menos la metodología del análisis marxista y por eso ante los ataques que sufre la revolución bolivariana exhiben una gélida indiferencia que, en los hechos, se convierte en complacencia con los reaccionarios planes del imperio.


Toda esta horrible confusión, estimulada como decíamos al comienzo por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, se disipa en cuanto se recuerda el sinfín de intervenciones criminales que la CIA llevó a cabo en América Latina (y en donde fuera necesario) para desestabilizar procesos reformistas o revolucionarios. Una somera enumeración a vuelo de pájaro, inevitablemente incompleta, subrayaría el siniestro papel desempeñado por “la Agencia” en Guatemala, en 1954, derrocando al gobierno de Jacobo Árbenz organizando una invasión dirigida por un coronel mercenario, Carlos Castillo Armas, quien luego de hacer lo que le fuera ordenado sería asesinado tres años después en el Palacio Presidencial. Sigamos: Haití, en 1959, sosteniendo al por entonces amenazado régimen de François Duvalier y garantizando la perpetuidad y el apoyo a esa criminal dinastía hasta 1986. Ni hablemos del intenso involucramiento de "la Agencia” en Cuba, desde los comienzos mismos de la Revolución Cubana, actividad que continúa hasta el día de hoy y que registra como uno de sus principales hitos la invasión de Playa Girón en 1961; o en Brasil, 1964, asumiendo un activísimo papel en el golpe militar que derribó al gobierno de Joao Goulart y sumió a ese país sudamericano en una brutal dictadura que perduró por dos décadas; en Santo Domingo, República Dominicana, en 1965, apoyando la intervención de los marines luchando contra los patriotas dirigidos por el Coronel Francisco Caamaño Deño; en Bolivia, en 1967, organizando la cacería del Che y ordenando su cobarde ejecución una vez que había caído herido y capturado en combate. La CIA permaneció en el terreno y ante la radicalización política que tenía lugar en Bolivia conspiró para derribar el gobierno popular de Juan J. Torres en 1971. En Uruguay, en 1969, cuando la CIA envió a Dan Mitrione, un especialista en técnicas de tortura, para entrenar a los militares y la policía para arrancar confesiones a los Tupamaros. Mitrione fue ajusticiado por estos en 1970, pero la dictadura instalada por “la embajada” desde 1969 perduró hasta 1985; en Chile, desde comienzos de los años sesenta e intensificando su acción con la complicidad del gobierno democristiano de Eduardo Frei. La misma noche en que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el presidente Richard Nixon convocó de urgencia al Consejo Nacional de Seguridad y ordenó a la CIA que impidiera por todos los medios la asunción del líder chileno y, en caso de tal cosa ser imposible, no ahorrar esfuerzos ni dinero para derrocarlo. “Ni un tornillo ni una tuerca para Chile” dijo ese patán que luego sería desalojado de la Casa Blanca por un juicio político. En Argentina, en 1976, la CIA y la embajada fueron activas colaboradoras de la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, contando inclusive con la desembozada ayuda y consejo del por entonces Secretario de Estado Henry Kissinger; en Nicaragua, sosteniendo contra viento y marea a la dictadura somocista y, a partir del triunfo del sandinismo, organizando a la “contra” apelando inclusive al tráfico ilegal de armas y drogas desde la misma Casa Blanca para lograr sus objetivos; en El Salvador, desde 1980, para contener el avance de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, involucrándose activamente durante los doce años que duró la guerra civil que dejó un saldo de más de 75.000 muertos. En Granada, liquidando al gobierno marxista de Maurice Bishop. En Panamá, 1989, invasión orquestada por la CIA para derrocar a Manuel Noriega, un ex agente que pensó que podía independizarse de sus jefes, ocasionando al menos 3.000 muertos en la población. En Perú, a partir de 1990, la CIA colaboró con el presidente Alberto Fujimori y su Jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para organizar fuerzas paramilitares para combatir a Sendero Luminoso y, de paso, cuando izquierdista se les pusiera a tiro, o dejando un saldo luctuoso que se mide en miles de víctimas. Dados estos antecedentes, ¿alguien podría pensar que la CIA ha permanecido de brazos cruzados ante la presencia de las FARC-EP y el ELN en Colombia, donde Estados Unidos cuenta con siete bases militares para el despliegue de sus fuerzas? ¿O que no actúa sistemáticamente para corroer las bases de sustentación de gobiernos como los de Evo Morales y, en su momento, de Rafael Correa y hoy Lenín Moreno? ¿O que se ha retirado a cuarteles de invierno y dejado de actuar en Argentina, Brasil, y en toda esta inmensa región constituida por América Latina y el Caribe, considerada con justa razón como la reserva estratégica del imperio? Sólo por un alarde de ignorancia o ingenuidad podría pensarse tal cosa.


¿Puede, por lo tanto, alguien sorprenderse del protagonismo que la CIA está teniendo hoy en Venezuela, el “punto caliente” del hemisferio occidental? ¿Puede la dirigencia norteamericana –la real, el “deep state” como dicen sus más lúcidos observadores, no los mascarones de proa que despachan desde la Casa Blanca- ser tan pero tan inepta como para desentenderse de la suerte que pueda correr la lucha planteada contra la Revolución Bolivariana en el país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo? Puede que para el trotskismo latinoamericano y otras corrientes igualmente extraviadas en la estratósfera política la MUD y el chavismo “sean lo mismo” y no provoque en esas corrientes otra cosa que una suicida indiferencia. Pero los administradores imperiales, que saben lo que está en juego, son conscientes de que la única opción que tienen para apoderarse del petróleo venezolano –objetivo no declarado pero excluyente de Washington- es acabar con el gobierno de Nicolás Maduro dejando de lado cualquier escrúpulo con tal de obtener ese resultado, desde quemar vivas a personas a incendiar hospitales y guarderías infantiles . Saben también que el “cambio de régimen” en Venezuela sería un triunfo extraordinario del imperialismo norteamericano porque, instalando en Caracas a sus peones y lacayos, los mismos que se enorgullecen de su condición de lamebotas del imperio, ese país se convertiría de facto en un protectorado norteamericano, montando una farsa pseudodemocrática –como la que ya hay en varios países de la región- que sólo una nueva oleada revolucionaria podría llegar a desbaratar. Y ante esa opción, imperio versus chavismo, no hay neutralidad que valga. No nos da lo mismo, ¡no puede darnos lo mismo una cosa o la otra! Porque por más defectos, errores y deformaciones que haya sufrido el proceso iniciado por Chávez en 1999; por más responsabilidad que tenga el presidente Nicolás Maduro en evitar la desestabilización de su gobierno, los aciertos históricos del chavismo superan ampliamente sus desaciertos y ponerlo a salvo de la agresión norteamericana y sus sirvientes es una obligación moral y política insoslayable para quienes dicen defender al socialismo, la autodeterminación nacional y la revolución anticapitalista. Y esto, nada menos que esto, es lo que está en juego los próximos días en la tierra de Bolívar y de Chávez, y en esta encrucijada nadie puede apelar a la neutralidad o la indiferencia. Sería bueno recordar la advertencia que Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad”. Tomar nota.



Nota:
[1] Ver John Perkins, Confesiones de un gángster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005). Edición original: Título original: Confessions of an Economic Hit Man First published by Berrett-Koehler Publishers, Inc., San Francisco, CA, USA. Ver también el texto pionero de Philip Agee, de 1975, Inside the Company,y publicado en la Argentina bajo el título La CIA por dentro. Diario de un espía (Buenos Aires: Editorial Sudamericana 1987).


Bandera de Estados Unidos, según Mark Twain

No es una cuestión menor saber cuanto sabemos del imperialismo y sus crímenes. Por eso me permito reproducir un mensaje citando una especie de test elaborado por Alí Ramón Rojas Olaya, un educador venezolano residente en Caracas, para medir el grado de conocimiento que la población tiene en relación a los crímenes del imperialismo norteamericano. Me pareció estupendo, y colectivamente podríamos ampliarlo hasta incluir muchas más preguntas con el propósito de ayudar a forjar una conciencia antiimperialista. Porque, es obvio, sin ella, sin esa conciencia, no habrá lucha posible contra esa peste que todo lo destruye, desde la naturaleza hasta la sociedad. A continuación, el test:


"¿QUIÉN ES EL CULPABLE?"


Si usted fuese ciudadano sirio y estuviese en estos momentos en Alepo, ¿a quién culparía de la devastación en que se encuentra la antigua Mesopotamia y Persia, a Bashar al-Ásad o a Estados Unidos?


Si usted fuese ciudadano libio y estuviese en el año 2011 en Trípoli, ¿A quién culparía de las ruinas, al presidente Muamar el Gadafi o a Estados Unidos?
Gadaffi después de ser linchado por una turbamulta hábilmente  incentivada por agentes de la CIA


Si usted fuese ciudadano iraquí y viviese en Bagdad en 2006, ¿A quién culparía de los destrozos en que se encuentra el emporio cultural que legó a la humanidad “Las mil y una noches”, a Saddam Hussein o a Estados Unidos?

Saddab Hussein minutos antes de ser ahorcado


Si usted fuese palestino y viviese en el año 2004 en Gaza, ¿A quién culparía de las miles de muertes, al presidente Yasir Arafat o al Estado Sionista de Israel apoyado por Estados Unidos?


Si usted fuese haitiano y estuviese en 1994 en Puerto Príncipe, ¿A quién culparía de la crisis social, al presidente electo Jean Bertrand Aristide o a Estados Unidos?


Si usted fuese granadino y viviese en 1983 en Saint George, ¿A quién culparía del desabastecimiento, al presidente Maurice Bishop o a Estados Unidos?


Si usted fuese chileno y viviera en Santiago en 1973, ¿A quién culparía de hacer tantas colas para comprar comida, al presidente Salvador Allende o a Estados Unidos?

Bombardeo del Palacio de La Moneda, Santiago, 11 Septiembre 1973



Si usted fuese vietnamita y estuviese en 1968 en Saigón, ¿A quién culparía de las campesinas, campesinos, niñas y niños abrasados por napalm, al presidente Ho Chi Minh o a Estados Unidos?

"Daños colaterales": niños y civiles bombardeados con napalm en Vietnam


Si usted fuese indonesio y viviera en Yakarta en 1966 Sukarno, ¿A quién culparía de la crisis económica, al presidente de Indonesia Sukarno o a Holanda apoyada por Estados Unidos?


Si usted fuese dominicano y viviera en Santo Domingo en 1963, ¿A quién culparía de la inestabilidad política, al presidente Juan Bosch o a Estados Unidos?


Si usted fuese congolés y viviera en Kinshasa en 1960, ¿A quién culparía de la especulación y la campaña antiafricana, al Primer Ministro de la República Democrática del Congo Patrice Lumumba o al imperio belga apoyado por Estados Unidos?

Patrice Lumumba, minutos antes de ser brutalmente asesinado.


Si usted fuese guatemalteco y estuviese en la capital de esa nación centroamericana en 1954, ¿A quién culparía de la crisis económica, al presidente Jacobo Árbenz o a Estados Unidos?

Arbenz en calzoncillos, humillado en el aeropuerto de Ciudad de Guatemala luego del golpe


Acá va la décima pregunta (dos puntos cada una). Si usted es venezolano y vive en Caracas, Valencia, Maracay, San Fernando o Puerto Ayacucho u otro lugar, ¿Cree que el culpable de que hagamos cola para comprar comida, medicina o productos de aseo es el presidente Nicolás Maduro?

Joven quemado vivo por la"oposición pacífica" en Venezuela. Su delito: "portación de rostro chavista.

Si obtuvo 20 puntos lo felicitamos. De no ser así usted debe cambiar la forma en que obtiene información, porque si usted no sabe quién le aplicó un bloqueo comercial, económico y financiero a Cuba en 1960; si usted fuese japonés y no sabe quién lanzó una bomba atómica sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945 y otra tres días después sobre Nagasaki; 


si usted no sabe quién asesinó al presidente nicaragüense Augusto César Sandino en 1934 quien trazó el Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar; si usted ignora que California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, gran parte de Colorado y Kansas eran de México hasta 1848; si usted ignora quién destruyó los asentamientos argentinos en las Islas Malvinas apresando a la mayoría de los habitantes de Puerto Soledad en 1831; si usted desconoce quién planificó asesinar al presidente Simón Bolívar en 1828 y desmembrar nuestra República de Colombia en 1829; entonces, usted no está estudiando bien.

*Lea la definición que del capitalismo hace Simón Rodríguez: enfermedad producida por una “sed insaciable de riqueza”. Hágale caso cuando él nos invita a abrir la historia, así forjamos la conciencia y podremos saber siempre quién es el culpable.


Ha muerto Fidel Angel Castro Meudan 
 
Preso de la dictadura cívico-militar argentina

Estando en un seminario internacional en Costa Rica recibí la pésima noticia del fallecimiento de Fidel, mi gran amigo y editor en Córdoba. Casi veinte años de amistad y de trabajo conjunto, recorriendo distintas provincias para sembrar ideas revolucionarias, divulgar el pensamiento crítico y denunciar los horrores del capitalismo. Tres de mis libros fueron publicados por Editorial Espartaco, el sello que Fidel fundó y dirigió. El último, Aristóteles en Macondo, se volvió a reeditar el año pasado conjuntamente con Ediciones Luxemburg. Con su muerte se nos fue un hombre excepcional, un comunista de pura cepa, que no flaqueó ni cuando venían degollando. Allí lo ven como un presidiario, "gozando de un sabático" de cinco años y del cual sobrevivió por su garra, su temple, su inteligencia. Se bancó toda clase de torturas e hizo de su celda una pequeña escuela de cuadros, a los cuales acudían los presos políticos de distintas organizaciones para educarse con su sabiduría, su enorme experiencia práctica en las luchas populares, su temple que le hizo sobrevivir en una época en donde los que no se "quebraban" eran asesinados y desaparecidos. Resistió hasta el final y al salir en libertad puso en marcha su librería, en el centro de Córdoba y poco después su editorial. Al rato, era uno de los principales animadores de la Feria del Libro que cada Septiembre se realiza en la capital cordobesa. Fueron muchas las veces en que accedí a participar de ese evento pura y exclusivamente porque me invitaba Fidel. A él no le podía decir que no.


Gran amigo de Cuba y de todos los procesos revolucionarios en curso en América Latina. Tenía la grandeza de saber que la lucha antiimperialista no es, tal como lo advirtiera Lenin, un tránsito sereno en un tren alemán o suizo que nos hace llegar confortablemente a la estación final de la revolución social ni tampoco una línea recta que asciende ininterrumpidamente hacia el cielo de la sociedad comunista. Por eso apoyó a Evo, a Correa, a Chávez, a Maduro, por supuesto a la Revolución Cubana porque sabía que en todos estos procesos más allá de los inevitables errores y defectos inherentes a toda obra humana, sus aciertos históricos eran -y son- superiores a sus eventuales desaciertos. Hace pocos años se dio tremendo gustazo en el juicio contra el genocida general Menéndez, amo y señor del campo de exterminio de La Perla, en Córdoba. Allí fue testigo de cargo y pudo señalarlo con el dedo, frente a frente, en su propia cara, diciendo "ese señor estaba allí cuando me torturaban". Fue una victoria postrera y extraordinaria en contra del represor, un premio a su tesón, a su inclaudicable lucha. Como recordaba Bertolt Brecht, este Fidel, nuestro Fidel cordobés, pertenecía a la selecta estirpe de los "imprescindibles": aquellos que luchan todos los días, los que nunca se pasan de bando, hundidos por su desilusión o tentados por la maquinaria propagandística, las prebendas o el dinero que el imperio reserva a los renegados. Se mantuvo firme como un roble, pero desgraciadamente partió antes de tiempo. Perdimos un guerrero excepcional y un organizador cultural en la crucial batalla de ideas. Pero su ejemplo vivirá para siempre y las semillas que sembró ya están dando sus frutos. Seguiremos en la lucha Fidel porque, como dijo, Chávez, ¡aquí no se rinde nadie!



Vaya toda mi solidaridad y mi acompañamiento para su familia: para Ana, su compañera de siempre, y para sus hijos.

¡Hasta la victoria siempre, Fidel



(Atilio A. Boron) Sólo espíritus ingenuos pueden desconocer que la oposición venezolana está instrumentando una estrategia a dos puntas para derrocar al presidente constitucional de ese país. Un sector optó por desatar la violencia en sus variantes más aberrantes como forma de instalar la imagen de una “crisis humanitaria” -producto del desabastecimiento planificado de productos de primera necesidad y la orgía de ataques, saqueos, “guarimbas”, incendios a personas vivas y atentados con “bombas molotov” a escuelas y hospitales- que sirva como preludio a una invasión no menos “humanitaria” del Comando Sur y, aplicando la receta utilizada en Libia para derrocar y linchar a Gadafi, producir el ansiado “cambio de régimen” en Venezuela. Hay un sector de la oposición que no concuerda con esa metodología porque barrunta que el final puede ser una guerra civil en donde las masas chavistas, quietas por ahora, salgan a dar batalla y pongan fin al enfrentamiento infligiendo una aplastante derrota a los golpistas. Pero esta ala de la oposición, llamémosla institucional o dialoguista (aunque en realidad no sea ni lo uno ni lo otro) estuvo durante estos meses sometida a la intimidación o lisa y llana extorsión de la fracción violentista que juzgaba como una incalificable traición el sólo hecho de sentarse a negociar con el gobierno una salida no violenta a la crisis.

              
          Pero ahora las cosas parecen cambiar, y para mal. ¿Por qué? Porque al parecer las estrategias de ambas fracciones se han unificado bajo la batuta que desde Estados Unidos lleva el Comando Sur (el binomio terrorista formado por el Almirante Kurt Tidd y la ex embajadora en Paraguay y Brasil en tiempos de golpe de estado Liliana Ayalde). Debido a ello los sectores “dialoguista” han convocado, para este próximo domingo 16 de Julio, a un plebiscito o "consulta soberana" que no es otra cosa que la antesala de un golpe de estado porque en dicho ejercicio se le preguntará a la ciudadanía si quiere o no un cambio total e inmediato de gobierno y, simultáneamente, decretar la ilegitimidad de la legal y legítima convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente programada para el día 30 de Julio y que ha registrado ya más de cincuenta y cinco mil candidaturas en todo el país. Pero la oposición no quiere esperar todo ese tiempo y mucho menos competir en una elección con todas las reglas. Por eso montó este ejercicio absolutamente informal, sin ningún tipo de garantías ni registros; ni padrones electorales ni normas de recuento y fiscalización pública, en un país en donde, según lo asegurara el ex presidente James Carter, el sistema electoral es más transparente y confiable que el de Estados Unidos. Es más, según lo afirmara Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, una vez que las improvisadas mesas receptoras de votos  terminaran su recuento y se proclamara el resultado del plebiscito –que obviamente darían el triunfo a quienes votaron derogar de inmediato al gobierno de Maduro - las actas serían quemadas para evitar futuras represalias del chavismo y, de paso, cualquier tipo de verificación independiente. Además, dijo que “el único requisito para poder emitir su opinión en la consulta popular es presentar su cédula de identidad, vencida o no, en cualquiera de los puntos soberanos” y, sin decirlo, dejó entrever que los ciudadanos podrán votar cuántas veces quieran y donde deseen.[1] Va de suyo que el gobierno bolivariano, como cualquier otro, desconocerá esta patética pantomima lo cual provocará la furiosa protesta de los antichavistas que, atizados por la propaganda de la derecha golpista, se sentirán estafados en su voluntad escalando a nuevos niveles de violencia la confrontación que ya azota al país.[2] Los autoproclamados defensores de la democracia y la república en nuestros países (así como el impresentable Secretario General de la OEA) han expresado su simpatía ante este estallido anómico que celebran como si fuera un venturoso florecimiento del protagonismo de la sociedad civil en Venezuela siendo que no es más que una siniestra maniobra para desatar una crisis que abra la puerta a una invasión del Comando Sur, eventualidad que es reconocida explícitamente por algunos personajes más moderados de la MUD, como el ya mencionado Ochoa Antich. Habrá que ver qué sucede este próximo domingo en Venezuela, y también cuál podría ser la repercusión en nuestros países. 

Julio Borges reunido con el Almirante Kurt Tidd para solicitar la intervención
Comando Sur para "solucionar" la crisis en Venezuela

           Quienes han manifestado su complacencia con esta iniciativa golpista de la oposición antichavista –políticos del establishment latinoamericano y la “prensa corrupta”, como la designara el ex presidente Rafael Correa- harían bien en pensarlo dos veces. No vaya a ser que aparezcan quienes, inspirados en el ejemplo venezolano, decidan también ellos convocar a una “consulta soberana” para preguntarle a la ciudadanía, ante la grave crisis que afecta a nuestros países, si Mauricio Macri, Michel Temer o Enrique Peña Nieto deben o no continuar ejerciendo la presidencia. Si los sempiternos custodios de la democracia y las instituciones republicanas en Argentina, Brasil o México convalidan –sea abiertamente o con su silencio cómplice- la payasada que se escenificará este próximo domingo en Venezuela no deberían sorprenderse si al cabo de un tiempo una iniciativa similar fuese propuesta para ser llevada a la práctica en estos países. Para nadie es un misterio que la legitimidad de sus gobiernos está profundamente cuestionada –la estafa post electoral del macrismo, el golpe de la cleptocracia en el Brasil, la abismal crisis política y social en México- y que la crisis económica y las políticas de ajuste han intensificado a tal extremo la explotación y los padecimientos de las masas populares que sería temerario descartar una violenta irrupción de rebeldía plebeya, misma que encontraría en una “consulta soberana” como la que próximamente se realizará en Venezuela, el pretexto ideal para tratar de poner fin, antes de tiempo, a gobiernos repudiados por la gran mayoría de sus ciudadanos.






[1] Ver las declaraciones de Borges en http://www.notiminuto.com/noticia/cuadernos-electorales-seran-quemados/#
[2] Esto motivó la reacción de un dirigente de la MUD, Enrique Ochoa Antich, quien hizo pública su negativa a participar de la consulta porque, según sus palabras, desencadenaría “más fractura y más violencia, incluso una guerra civil, financiada desde el exterior e incluso con una intervención extranjera.” Ver su reveladora nota titulada “Por qué no votaré el 16” en http://puntodecorte.com/no-votare-16/  
13.7.2017

Hoy le hice una larga entrevista a su amigo de la infancia y toda la vida, y compañero de su segundo viaje: Carlos "Calica" Ferrer. Saldrá por Florealweb.tv, la señal del Centro Cultural de la Cooperación. 
Con Calica y tan entrañables objetos. Entre ellos, su libro: De Ernesto al Che.

Uno de los momentos más emocionantes fue cuando "Calica" puso sobre la mesa una edición facsimilar del Diario del Che en Bolivia (la original está guardada en la bóveda del Banco Central de ese país) y ojear sus páginas y leer la diminuta pero prolija letra del Che, ¡casi sin tachaduras a pesar de ser escrita en las peores condiciones imaginables!
En la página correspondiente al 26 de Julio de 1967 el Che anota que "esa noche dí una pequeña charla sobre el significado del 26 de Julio; rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios". El Che y Fidel hicieron trizas ese marxismo anquilosado que decía que ninguna revolución podía triunfar en la periferia del sistema, y menos en América Latina. Ya Mao había demolido ese dogma con su gran victoria en China en 1949, y Fidel y el Che lo reiterarían en Cuba diez años más tarde.


Todavía hoy ese "marxismo dogmático" que tanto combatieron Fidel y el Che sigue haciendo estragos entre algunos "marxólogos", que no marxistas, que se rasgan las vestiduras ante la "dictadura" de Maduro y actitudes por el estilo en relación a Evo, Correa, mismo Cuba. (más sobre este verdadero escándalo en próximos posteos).



En las fotos: la página de la agenda correspondiente al 26 de Julio; la del 7 de Octubre, la última que pudo escribir antes del combate en que caería herido; la del 8, en blanco. Arriba: con Calica, su libro, el Diario del Che y otros objetos del "Guerrillero Heroico"

Niños mapuche reprimidos por Carabineros en Chile

 ¿Qué son estas imágenes? ¿Denuncian la feroz represión del “tirano” Maduro? No. Es la que se ejerce en el Chile democrático –aquella tan publicitada “feliz copia” del Pacto de la Moncloa– contra manifestantes pacíficos que no levantan barricadas o guarimbas, no queman vivas a personas rociándolas con gasolina y prendiéndoles fuego, no arrojan bombas incendiarias contra jardines infantiles y hospitales, no destruyen autobuses por centenares, no saquean comercios ni depósitos de alimentos ni fabrican obuses caseros para atacar a las fuerzas del orden, ni disponen de francotiradores para escarmentar a quien intente atravesar la guarimba u oponerse a sus tropelías. Son gentes que salen a la calle a protestar, sin ningún tipo de armamento; en muchos casos niños mapuche y en otros estudiantes y mujeres reprimidos –con la brutalidad que demuestran las imágenes que acompañan esta nota– por los Carabineros que, a diferencia de la Policía Nacional Bolivariana, no tienen prohibición para llevar armas de fuego. Son imágenes estremecedoras que hablan de los límites a que llega la violencia represiva en un país cuyo gobierno se permite dar lecciones de democracia y derechos humanos a Caracas.

Construyendo ciudadanía en la democracia chilena

Con perversión, la canalla mediática oculta esta realidad y pone el grito en el cielo y vomita una catarata de insultos cuando el autor de estas líneas le dice al gobierno del presidente Nicolás Maduro que debe intervenir con todo el rigor de la ley para evitar la metástasis de la violencia. Esta es concienzudamente ejecutada por la fracción terrorista de la oposición en cumplimiento del programa elaborado por el Comando Sur para derrocar a Maduro y sintetizado en un documento cuyo título lo dice todo: “US Southcom Operation “Venezuela Freedom”, American Strategy to Overthrow the Maduro Government”. [1] Pese a ser minoritaria aquella fracción, apoyada sin reservas por el Comando Sur y su jefa civil, Liliana Ayalde (la tenebrosa ex embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil cuando se perpetraron ambos golpes de estado), tiene intimidados e inmovilizados con sus sicarios a los sectores de la oposición conscientes del catastrófico desenlace que puede tener la crisis y proclives a buscar una salida política a la misma. Pero estos se ven imposibilitados de hacerlo porque serían considerados traidores por los violentos que han dado muestras de estar dispuestos a hacer cualquier cosa, inclusive matar a opositores renuentes a acompañarlos en su orgía de sangre y destrucción.

A diferencia de la Policía Nacional Bolivariana, Carabineros salea la calle con armas de fuego

Con su interminable cadena de “posverdades” y “plusmentiras”, como acertadamente lo señalara Fernando Buen Abad, los medios de comunicación hegemónicos se convirtieron en cómplices y, en cierto sentido, autores intelectuales de la destrucción y las muertes que ha provocado la ofensiva de los vándalos, presentados ante el público como la valiente y pacífica oposición democrática enfrentada a la cruel tiranía de Maduro. Nada nuevo: repiten la operación que hicieran, por ejemplo, en Nicaragua cuando los mercenarios que atacaban al recién instalado gobierno sandinista fueron glorificados como virtuosos “combatientes por la libertad”. Lo mismo en Libia, con los mercenarios implantados en Bengasi para dar inicio a la demolición de ese país. Medios que aplauden o exigen la “mano dura” contra la protesta social en Chile, o en Argentina o Brasil, pero que con infinita inmoralidad califican de “brutal represión” a la prudente y cuidadosa contención que con gases lacrimógenos y cañones de agua hace el gobierno bolivariano para controlar a quienes saquean, destruyen y matan. Exigen, y esto también está en el Plan del Comando Sur, que el estado desentienda de su obligación de preservar el orden público y deje a la sociedad, indefensa e inerme, a merced de terroristas y sicarios.

Como decía Mafalda, ese garrote lo usan para abollar ideologías
Totalmente subordinados a las ambiciones imperiales lo que estos medios buscan con su escandalosa manipulación (des)informativa es sembrar el caos y la anarquía, provocar una crisis humanitaria y la disolución de toda la trama social, instalando en Venezuela una suerte de bárbaro “estado de naturaleza” hobbesiano en donde el hombre sea el lobo del hombre. Acuciada por el malhumor social que provoca el desabastecimiento programado de bienes esenciales (igual que en el Chile de Allende) y el terror de la violencia ciega, la sociedad se desintegra y se repliega sobre un feroz individualismo tipo “sálvese quien pueda”. Destruido o paralizado el estado y, por consiguiente, desaparecida la institución que salvaguarda el orden público, nada podría ya frustrar la obsesión norteamericana de apoderarse, para siempre, del petróleo venezolano. Este es el plan, un plan concebido a escala planetaria para dejar a los pueblos indefensos ante la voracidad imperial que se arroja sobre ellos para despojarlos de sus riquezas. Es lo que Washington hizo en Libia e Irak, y lo que ahora quiere hacer en Venezuela, sede de la mayor reserva petrolera del planeta. Por eso la oposición cipaya y sus peones mediáticos alientan la violencia y procuran inmovilizar con sus chantajes al gobierno de Maduro, para que finalmente reine el caos. En los papeles, el plan parece perfecto. Pero en la patria de Bolívar, Zamora y Chávez, el imperialismo y sus compinches se encontrarán con la horma de sus zapatos. Chávez no pasó en vano y el bravo pueblo chavista y su gobierno sabrán, con ejemplar heroísmo, triunfar en esta batalla decisiva para su futuro como nación independiente y soberana.

Hombres, mujeres, niños: todos son víctimas de la brutalidad represiva de la democracia en Chile




[1] Ver http://www.globalresearch.ca/us-southcom-operation-venezuela-freedom-american-strategy-to-overthrow-the-maduro-government/5530383 . Según el New York Times el Comando Sur ha negado la autenticidad de este documento, que establece doce pasos para derrocar a Maduro, mismos que se han venido cumpliendo meticulosamente. Es una arraigada costumbre norteamericana que cada vez que se filtra un documento de este tipo sea inmediatamente descalificado por la agencia en cuestión. Pasó en los años setenta cuando Daniel Ellsberg entregó al New York Times documentos secretos del Pentágono en relación con la Guerra de Vietnam. Poco después se reconoció su carácter genuino y fueron publicados con gran éxito editorial en todo el mundo. Lo mismo hicieron las autoridades norteamericanas con los Wikileaks. Hace más de un año que el periodista argentino Héctor Bernardo dio la voz de alarma en relación con los planes del Comando Sur en Venezuela. Ver http://www.diariocontexto.com.ar/2016/04/29/operacion-venezuela-doce-pasos-para-un-golpe/.


Hace cinco años, en el 2012, con ocasión del día de la Independencia de Venezuela, pude escuchar el último discurso del Comandante Hugo Chávez Frías ante la Asamblea Nacional. Con su habitual bonhomía al llegar al recinto saludó a casi todos los allí presentes. La foto registra el momento en que estamos a punto de darnos un abrazo. Detrás se advierte la presencia del actual presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, Piedad Córdoba, Ignacio Ramonet. Fue la última vez que estuve así con él, frente a frente. Luego lo ví un par de ocasiones más, y en marzo moría, a causa de un asesinato científicamente elaborado y ejecutado del cual vamos a saber más en los próximos años. El imperio sabía que matar a Chávez sería un golpe durísimo para las luchas antiimperialistas en la región. Pero subestimaron la importancia y profundidad de su legado. Creyeron que "muerto el perro, muerta la rabia." Y se equivocaron. Por eso Venezuela resiste a pie firme la brutal agresión del imperio y sus peones locales. Y por eso la figura de Chávez se agiganta cada día, especialmente cuando se lo compara con las "eminentes mediocridades" que hoy gobiernan algunos de nuestros países,y no sólo los de aquí: Macri, Temer, Cartes, Kuckzinsky, Santos, Peña Nieto, Rajoy, Macron,Trump ....
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