Estoy harto de sabiondos y oportunistas que quieren culpabilizar a Messi por las derrotas en tres finales. Primero, si llegamos a esas instancias fue en gran medida gracias a él. Segundo: en la final del domingo pasado Messi JUGÓ SÓLO, marcado siempre por tres chilenos. Ni Di María ni Higuaín, que son muy buenos jugadores, sin duda, estuvieron en el partido. Tampoco estufo fino el Kun Agüero. En el mediocampo Biglia estaba, como Di María, en una pierna y no era de gran auxilio para Lío. Banega se mató para cubrir ese sector, pese a que tampoco estaba diez puntos físicamente. O sea, Messi no tenía con quien descargar un pase o buscar una devoluciòn. Para mí el DT, Martino, se equivocó al enviar a la cancha a jugadores que no estaban físicamente preparados: caso Di María, Biglia o el mismo Higuaín. Y no hizo bien los cambios, ni los hizo a tiempo. Pero su error fundamental fue no haber llevado otros jugadores, sabiendo que muchos de los que venían de Europa no estaban para jugar una final. Si ayer hubieran estado Icardi o Dybala otro gallo habría cantado. Y si no los dejaban sus clubes europeos se hubiera llevado de aquí al "Laucha" Acosta, al Wanchope Abila, a Marcos Ruben y a Carlitos Tevez y el partido Messi lo habría liquidado con estos acompañantes en el primer tiempo. Como no estaban, y Di María y Gonzalo tampoco estaban sino como figuras espectrales, no pudo hacer casi nada. Menos mal que la defensa anduvo bastante bien, y que Masche sigue siendo Masche. Así y todo Messi se las ingenió para dejar a varios compañeros en inmejorables posiciones para marcar, y la mandaron a la tribuna, igual que en Chile el año pasado ¡y ni se diga en la final del mundial 2014!!! Y eso no es culpa de Messi. Agotado, desgastado, molido a patadas, ¡encima con una amarilla! y harto de no tener acompañamiento, llega abatido al penal y la cuelga. Es humano, no un robot. En fin, volvé Messi, que sin vos el fútbol nuestro se muere de tristeza. Y no les des bola a quienes un día te adulan y te ensalzan a las nubes porque son los mismos que al día siguiente te hunden en el barro. No los escuches. Seguinos deleitando con tus caños, sombreros, asistencias milimétricas, tiros libres maravillosos, paredes deslumbrantes en un metro, y dejá que los demás hablen. Pero quienes amamos al fútbol de verdad, y somos legión dentro y fuera de la Argentina, queremos seguir disfrutando de tu magia y que vuelvas a la selección. Eso sí, organizada en serio, no como ahora.
Londres fuera de la Unión Europea, no de la OTAN




(Por Atilio A. Boron) El triunfo del Brexit en el referendo abre múltiples interrogantes. La mayoría de los analistas, sobre todo en la prensa hegemónica internacional, ha puesto el énfasis en el examen de sus consecuencias sobre los mercados, su exacerbada volatilidad y la cotización de las principales monedas. Sin restarle importancia a este asunto creemos que este énfasis economicista está lejos de apuntar a lo más significativo. Los mercados son entidades veleidosas, siempre sujetos a esa “exuberante irracionalidad” denunciada por Alan Greenspan, el ex jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos, de modo que pronosticar su derrotero una vez consumada la salida del Reino Unido de la UE es un ejercicio ocioso y condenado al fracaso, inclusive si las predicciones se hacen para el corto plazo. Mucho más importante es ponderar lo que la decisión del electorado británico significa en términos políticos: un golpe si no mortal pero sin duda muy duro a un proyecto comunitario que cuando adquirió una connotación social y política progresista fue secuestrado, tergiversado y prostituido por la oligarquía financiera europea. Con la deserción de Londres –un divorcio litigioso y no consentido, al decir de algunos- la UE pierde a la segunda economía y al segundo país en población, lo que debilita a una Europa que, con la estructuración supranacional pergeñada por Bruselas, trató de reposicionarse en términos más protagónicos en el turbulento tablero de la política internacional. Si con el Reino Unido en sus filas la UE no era más que un aburrido segundo violín en el concierto de naciones, con los británicos afuera su gravitación global disminuye aún más vis a vis China, Rusia y los nuevos centros de poder internacional.
No fue casualidad que haya sido Angela Merkel quien mostró la mayor preocupación por el éxodo británico al exhortar a los gobiernos europeos a “mantener la calma y la compostura” ante la mala noticia. Se comprende su actitud: la canciller alemana fue quien con más fuerza impulsó el avance por la senda autodestructiva seguida por la UE en los últimos años. Convirtió al acuerdo pan-europeo en un apéndice de la gran banca, sobre todo alemana; combatió con meticulosidad germana los resabios del proyecto original, que tenía como metas la construcción de una Europa Social y de Ciudadanos; fortaleció a la conservadora burocracia de la Comisión Europea e hizo del Banco Central Europeo (BCE) el perro guardián de la ortodoxia financiera impuesta sin miramientos sobre todos los gobiernos del área. Mientras el neoliberalismo se batía en retirada de América Latina y el Caribe en medio de las ruinas que había dejado a su paso fue la Merkel quien lo revivió en Europa, incorporando al Fondo Monetario Internacional como participante activo en la gestión macroeconómica de los estados y dando origen, junto a la Comisión Europea y el BCE a la infame troika que poco después, como insaciable  plutocracia, se convertiría en el verdadero gobierno de Europa arrojando por la borda cualquier contenido democrático. Los griegos, donde se inventó la democracia, pueden dar fe de la furia destructiva de la troika de la UE, que al caerse la hoja de parra de su hueca palabrería democrática puso en evidencia los alcances de la descomposición del viejo proyecto europeo, atado de pies y manos al servicio del capital.
          Esta Europa de las clases dominantes, burocrática y empresarial es la que recibió un mazazo brutal desde el Reino Unido y no hay razón alguna para lamentarse por ello. La UE que acompañó a Washington en todas sus tropelías y todos sus crímenes en el escenario internacional ahora recoge los amargos frutos de su complicidad con los que EEUU perpetrara en Oriente Medio. Era obvio que la destrucción causada en Irak, Libia y ahora Siria provocaría una incontenible marea de refugiados que tienen sólo un lugar adonde dirigirse: Europa. Washington puede alegremente incurrir en tales atrocidades porque está protegido por dos océanos que lo convierten en un destino inalcanzable para quienes huyen del infierno que desata con sus drones, misiles y unidades de combate. Pero Europa, en cambio, está ahí nomás. Y ese torrente humano activó y potenció los peores instintos xenofóbicos y racistas en buena parte de las poblaciones europeas que pretenden, vanamente, ponerse a salvo de las consecuencias de su pasado colonialista y su presente como compinches del imperialismo norteamericano. Por eso la xenofobia fue un componente decisivo del triunfo del Brexit, saludada con euforia por un racista probado y confeso como Donald Trump y los representantes de la derecha en casi toda Europa, con Marine Le Pen a la cabeza. No sería de extrañar que lo ocurrido en el Reino Unido precipitara un “efecto dominó” en donde diversos países tengan que someter su permanencia en la UE al veredicto popular. La derecha en Francia y en Holanda ya está hablando de ello, y en otros países ya hay quienes lo están pensando. La crisis puede inclusive tornar inevitable un nuevo plebiscito en Escocia para decidir sobre su permanencia en Gran Bretaña. Los escoceses quieren permanecer en Europa y votaron  en ese sentido en el referendo de días pasados. Uno de los coletazos del Brexit podría llegar a ser una Escocia independiente y la desaparición de la Gran Bretaña tal como hoy la conocemos.
Para concluir: lo bueno de esta situación es que el debilitamiento de la Unión Europea resta fuerzas al imperialismo norteamericano, del cual aquella es su aliada histórica fundamental. Y esta es una gran noticia para los pueblos del mundo que luchan para librarse del yugo de la dominación imperialista. Sin embargo no se debe olvidar que hoy por hoy el pacto atlantista europeo-norteamericano pasa menos por la UE que por la OTAN. Esto es así tanto en el terreno doméstico, habida cuenta de la creciente militarización en la represión de la protesta social en Europa; como en el ámbito internacional, donde el saqueo a otros pueblos reposa cada vez más en la eficacia disuasiva de las armas. Fue por eso que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, se apresuró a tranquilizar a sus socios diciendo que la salida británica de la UE no implicaba abandonar la OTAN, de lejos, la más importante expresión del crimen organizado a nivel mundial. Y en tiempos tan convulsionados como estos para la burguesía imperial eso es lo que cuenta. Que Londres pegue un portazo y se retire de la UE es un problema, porque ahora la armonización de políticas entre Estados Unidos y Europa se torna más complicada por la división entre el Reino Unido y los demás países europeos, y las heridas que deja este “divorcio no consentido” entre quienes antes formaban parte de una misma institución supranacional. Pero mucho más grave sería que el electorado británico decidiera salirse de la OTAN, lo que obligaría al imperio a repensar y redefinir su estrategia de guerra a espectro completo a escala global. Por ahora no hay peligro de que tal cosa vaya a ocurrir. Pero el mundo está cambiando muy rápidamente y las sólidas certezas de antaño parecen estar comenzando a volatilizarse.



23.6.2016
Comienza el camino hacia la paz definitiva; paz con justicia social, sin la cual la primera es una ilusión. Ojalá que ahora se pueda avanzar a lo largo de esta ruta erizada de peligros y acechanzas de todo tipo. Porque son todavía muchos los que en Colombia, y en Estados Unidos (recordar las 7 bases concedidas por Uribe a las tropas del Pentágono) no quieren la paz, para quienes la guerra es un redituable negocio. Confío en que el pueblo colombiano logrará prevalecer sobre las minorías reaccionarias que viven del conflicto armado.


Y corresponde rendir este pequeño homenaje a dos figuras gigantescas, que fueron las que se empeñaron en la búsqueda de la paz cuando nadie la creía posible: Hugo Chávez y Piedad Córdoba. Esto que hoy se ha logrado se le debe en gran medida a que ellos descubrieron ese camino de la paz, a su incansable labor, contra viento y marea, enfrentando todo tipo de amenazas y presiones. Salud Piedad, un gran abrazo para tí !!!, y un postrero reconocimiento al comandante Hugo Chávez, porque este logro es una conquista histórica de muchos, pero sobre todo de ustedes dos, que creyeron que la paz era posible cuando casi nadie lo creía.
16.6.2016

¡Hola!  Comparto una entrevista que me hiciera la televisión cubana hace algunas semanas. Próximamente habrá una versión en Youtube con mejor definición. Mientras, les dejo esta.



http://www.cubatv.icrt.cu/video/5ac569b033e611e6b86e005056010940/entrevista-exclusiva-atilio-boron/



10.6.2016

Hoy se cumplen seis meses de gobierno de Mauricio Macri. Comparto una breve reflexión sobre el tema. 

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"Pocas veces se ha visto un gobierno que de forma tan rotunda ratificara la verdad contenida en algunas tesis medulares de la teoría política. Una, formulada por Agustín de Nipona en el siglo IV cuando se preguntaba:  “Sin justicia ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?” En línea con este razonamiento Tomás Moro, ya en los albores del siglo XVI decía en su célebre Utopía que al contemplar a las florecientes repúblicas de su tiempo no veía otra cosa que “una gran cuadrilla de gentes ricas y aprovechadas que a la sombra y en nombre de la república trafican en su propio provecho.” A mediados del siglo XIX Marx y Engels confirmarían la veracidad de aquellas premonitorias observaciones escribiendo que el “Estado es el comité que administra los asuntos comunes de la clase burguesa.” 



En un continente infestado por la presencia de una derecha cada vez más inescrupulosa y voraz la gestión de Cambiemos al frente de la Casa Rosada sobresale por la radicalidad de su proyecto reaccionario. Un breve balance de sus primeros seis meses demuestra que su preocupación excluyente fue ejecutar una acelerada transferencia de ingresos y riquezas a favor de las clases dominantes, exacerbar la expoliación de trabajadores y consumidores, blindar mediáticamente al nuevo elenco gobernante (para que sus delitos, transgresiones, incompatibilidades y conflictos de intereses sean ocultados ante los ojos de  la opinión pública) y arrojar por la borda cualquier pretensión de autodeterminación nacional, atando la Argentina al carro del imperio y asumiendo con estúpido regocijo un nuevo status semicolonial. Pocas veces se ha visto un gobierno con tan poca sensibilidad social, incapaz de comprender que los brutales ajustes en las tarifas de los servicios públicos no tienen la menor posibilidad de ser abonados por los usuarios. Un gobierno de prepotentes oligarcas corporativos sin ningún contacto con la vida real, las privaciones, los sacrificios y los sufrimientos de la enorme mayoría de la población. Minoría opulenta y autoritaria que en los últimos años multiplicó de modo obsceno su riqueza y que, ya en el poder del Estado, se ensaña vengativamente con el resto de la sociedad a la cual culpan de haber sido el soporte material del “populismo” y a la cual, en ejemplar escarmiento, confiscan ahora sus miserables ingresos por la vía de las tarifas, y en poco tiempo arroja a la pobreza a más de un millón de personas. Un gobierno como este, que desprecia los más elementales preceptos de la justicia social y la equidad sería considerado por Agustín y Tomás (santificados a regañadientes por una Iglesia históricamente aliada al poder social) como una conspiración de ladrones. Y por Marx y Engels como una confabulación de los ricos para saquear a la sociedad en nombre de la república y la democracia, aún a riesgo de incendiar el país. ¿Suena exagerado? No, es apenas una sobria descripción del tipo de gobierno que hay en la Argentina. No estamos inventando nada. Simplemente haciendo una radiografía política, penosamente verdadera. Y la verdad siempre es revolucionaria."


5.6.2016
Comparto esta reflexión sobre la Argentina actual, la semi-democracia o el semi-autoritarismo y la semi-colonia

"Involuciones"

(Por Atilio A. Boron) Con el cambio de gobierno la Argentina ha experimentado un doble tránsito involutivo. Por un lado, desde una democracia capitalista -con todas las insalvables limitaciones que el capitalismo impone a la democracia, sobre todo en la periferia del sistema- a un régimen semi-autoritario o, para decirlo con palabras un poco más amables, a una democracia de baja intensidad; por el otro, una transición desde un estado soberano a otro de carácter semi-colonial, presto a obedecer los mandatos emanados de Washington alineándose incondicionalmente con la política exterior de Estados Unidos.
En relación a la primera involución los gestos y las decisiones políticas adoptadas por la Casa Rosada han sido de una elocuencia ejemplar y sería ocioso enumerarlos en su totalidad. Baste en cambio señalar apenas los más importantes: la autocrática pretensión de designar por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del Poder Ejecutivo a dos jueces de la Corte Suprema; la aplicación de una brutal terapia de shock para “sincerar” la economía argentina, eufemismo acuñado para ocultar el saqueo del “tarifazo”, la caída del salario real, el aumento del desempleo, la disparada inflacionaria y el vertiginoso crecimiento de la pobreza; la escandalosa transferencia de ingresos realizada en los primeros meses del gobierno, calculada en poco más de 20.000 millones de dólares producto de la eliminación de las retenciones (impuesto a las exportaciones) del agronegocio, la minería y los hidrocarburos. En el terreno político se registra un debilitamiento del impulso democrático cuando se toman decisiones trascendentales sin un previo debate público y en función de criterios supuestamente técnicos. Un gobierno que se impuso en el balotaje con un exiguo 51.4 % de los votos y que actúa como si su legitimidad de origen reposara sobre un mandato popular conferido por el 70 % o más de los electores, sin reparar que se yergue sobre un país partido en dos y que la búsqueda del diálogo y el consenso tantas veces pregonado por los personeros de Cambiemos durante la campaña electoral es un imperativo categórico que fue velozmente archivado una vez que Mauricio Macri llegara a la Casa Rosada. El caso de los desorbitados aumentos en los precios de los servicios esenciales como el agua, la electricidad, el gas y el transporte impuestos sin las necesarias audiencias públicas previas que establece la legislación argentina ilustra con elocuencia lo que venimos diciendo. Es cierto que, en algunos casos, ante el descontento popular y los límites impuestos por fuerzas políticas de la oposición el gobierno se avino a revisar sus propuestas. Pero sus intenciones originales eran otras, y si aceptó la negociación democrática lo hizo a regañadientes y porque no tenía otra alternativa. Por otra parte, la misma composición del elenco gobernante con una significativa presencia de CEOs de grandes transnacionales echa luz sobre el carácter oligárquico del gobierno, que se ve ratificado no sólo por el origen social de los supuestos representantes de la voluntad popular encumbrados en las alturas del aparato estatal sino fundamentalmente por las políticas que promueven que, al menos hasta el momento, sólo han beneficiado a las clases dominantes y perjudicado a todas las demás. Involución autoritaria que se confirma también cuando se nota la asfixiante uniformidad comunicacional (salvo muy contadas excepciones) que hoy sufre la Argentina debido al DNU 267 de Macri que derogó parcialmente la Ley de Medios –manotazo presidencial lamentablemente convalidado después por la Cámara de Diputados- cuyo objetivo era precisamente la democratización de la esfera pública. Por eso episodios tan graves como los que revelaron los Panamá Papers, y que comprometen la propia figura presidencial, han sido meticulosamente blindados ante los ojos de la población por un sistema de medios cuya misión parece ser manipular o confundir a la opinión pública en lugar de informarla. La voluntad de imponer el “pensamiento único” amparado por el oficialismo se manifestó en la eliminación de la grilla de los canales de cable de la señal noticiosa internacional de TeleSUR, condenando a los argentinos a escuchar tan sólo lo que el imperio considera apropiado, coartando de raíz cualquier posibilidad de contraponer hechos e interpretaciones alternativas. Por comparación al pluralismo de voces y opiniones que hasta hace pocos meses existía en la Argentina, que sin dudas no era el ideal por el aplastante predominio que aún así conservaban los medios hegemónicos, la situación actual no puede sino calificarse como un lamentable retroceso que empobrece la conciencia de la ciudadanía y carcome la vitalidad de la democracia porque ésta adquiere una existencia meramente espectral cuando lo que predomina en el sistema de medios es una sofocante oligarquía comunicacional. En esta tendencia se inscribe la más reciente decisión del gobierno nacional derogando parcialmente, también por un DNU, un decreto del Presidente Raúl Alfonsín del año 1984 que consagraba el control civil de las fuerzas armadas. Según el mismo era el Ministerio de Defensa quien entendía y resolvía todo lo relativo a los ascensos, traslados, designaciones, premios y otras cuestiones relativas al funcionamiento de las instituciones militares. La supremacía civil sobre las fuerzas armadas es una de las señas distintivas de la democracia y lo que, hasta ahora, distinguía a la Argentina del resto de los países de la región. Lo que hace el DNU de Macri es debilitar esa supremacía y alentar la autonomía corporativa de los uniformados, lo que acercaría la Argentina a la triste situación imperante en países como Brasil y Chile, en donde las iniciativas de verdad, justicia y castigo a los responsables de los crímenes perpetrados por las dictaduras se estrellaron contra el veto del establecimiento militar.



La segunda involución es la que se produjo cuando el gobierno abandonó cualquier pretensión de autonomía en materia de política exterior haciendo suya la agenda, las prioridades (¡y los conflictos!) de los Estados Unidos. La Argentina ya intentó probar las virtudes de la sumisión neocolonial en los nefastos años noventas, durante la presidencia de Carlos S. Menem y así nos fue. Sin recibir nada a cambio, ningún beneficio especial como recompensa a tanta obsecuencia oficial, se pagó un precio atroz por tanta obsecuencia: 106 personas perdieron la vida en los dos atentados en contra de la Embajada de Israel y la AMIA, en represalia por la participación argentina en la Primera Guerra del Golfo. ¿Por qué la historia habría de ser diferente esta vez? La vociferante ofensiva en contra de una política exterior latinoamericanista -la única sensata en un sistema internacional atravesado por amenazantes turbulencias- que se expresa en la deserción del macrismo frente a proyectos como los de la UNASUR y la CELAC nada bueno presagia para el tan cacareado como enigmático “regreso al mundo” de la Argentina. Precisamente, una inserción fecunda en él sólo será posible desde una postura de autonomía -por supuesto que siempre relativa- que preserve los intereses nacionales y no desde una condición de sumiso peón en un peligroso tablero mundial cuyas fichas el emperador mueve a su antojo, y solamente atendiendo a sus propios intereses y no a los de sus serviles vasallos. En las últimas semanas esta actitud ha sido atemperada, por razones oportunistas, debido a que la postulación de la actual canciller Susana Malcorra a la Secretaría General de la ONU requiere un cierto consenso entre los países del área y otros del Tercer Mundo, algo imposible de lograr si con tono desafiante se exaltan las virtudes del alineamiento automático con Estados Unidos. Pese a la mayor cautela en la retórica primermundista las incorrectas decisiones de fondo del gobierno de Macri siguen en pie. La adhesión a la Alianza del Pacífico sólo puede traer renovadas dificultades para la Argentina, lo mismo que el eventual ingreso al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés), habida cuenta de que ambas iniciativas fueron diseñadas por Washington con un claro propósito geopolítico: contener y, de ser posible, revertir la creciente gravitación de China en la economía y la escena internacionales. Pero el gigante asiático es uno de los dos principales socios comerciales y financieros de la Argentina, por lo cual asociar este país a acuerdos concebidos con tal objetivo difícilmente puede servir para mejorar los vínculos entre Beijing y Buenos Aires. Tampoco servirá para robustecer las relaciones con Rusia, un importante foco de poder en el cambiante sistema internacional. Por otra parte, a nadie se le escapa que el TPP, que es el proyecto más ambicioso, ha despertado crecientes resistencias en buena parte del mundo. Y que la Alianza del Pacífico es una inverosímil creación estadounidense que congrega a cuatro países: México, Colombia, Perú y Chile que mantienen tenues vínculos comerciales entre sí, con lo cual sus motivaciones geopolíticas “anti-chinas” afloran con inusitada transparencia y no han pasado desapercibidas para los gobernantes de la China. Países, además, en donde dos de ellos, México y Colombia, han sido devastados por el narcotráfico que ha infestado todos los estamentos de la vida estatal. No parece una buena opción para la Argentina subirse a un vehículo tripulado por semejantes actores. Pese a estos antecedentes, subsiste en el gobierno la ilusoria y suicida creencia de que con la sumisión al imperio este país se verá favorecido por una lluvia de inversiones externas. El abandono de una política exterior independiente -que por serlo ha generado la permanente animosidad de los Estados Unidos desde la época del Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826- sólo puede traer nuevos infortunios a la Argentina. Para los muchos y muy diversos enemigos que Washington tiene en los cinco continentes el nuevo e indefenso aliado sudamericano será un blanco fácil de atacar, mientras que la burguesía imperial jamás estará dispuesta a recompensar a su voluntario peón con la magnanimidad que el ocupante de la Casa Rosada imagina. No lo hizo con México ni con los otros integrantes de la Alianza del Pacífico, y menos lo hará con la lejana e impredecible Argentina. Para concluir, este doble tránsito hacia el semi-autoritarismo y la semi-colonia nada bueno augura para el futuro de este país.



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