La “cuestión haitiana” siempre fue un tema extraordinariamente delicado en la República Dominicana. Compartir una isla relativamente pequeña (76.500 km2) con otra nación, Haití, portadora de otra cultura, otra lengua, otra composición étnica y otra historia política (primera republica independiente al Sur del Río Bravo, primera en abolir la esclavitud, etcétera) ha sido desde siempre motivo de grave preocupación para la clase dominante dominicana y los sectores integrados a su hegemonía. Por eso, estimular el chauvinismo y agitar el fantasma del peligro de la “haitianización” del país fueron una constante histórica a lo largo de casi dos siglos. Hay quienes dicen también que este conflicto es más propio de las clases dominantes a ambos lados de la frontera que de los pueblos, cosa que a primera vista parece bastante razonable. Más allá de ello, lo cierto es que la RD es el único país de América Latina que celebra su independencia no de España o Portugal sino de Haití, que ocupó la parte oriental de la isla en 1822 y la mantuvo bajo su control hasta la derrota de las fuerzas haitianas en 1844. Dados estos antecedentes es comprensible que haya un legado de resentimientos y recelos de uno y otro lado, pero que claramente nunca se convirtieron en doctrina ni ideología hasta que dictadores y políticos de ambos lados de la frontera cayeron en la cuenta de lo rentable que era podía ser agitar el fantasma chauvinista. La xenofobia, el racismo y el clasismo coagulados en la nueva legislación dominicana no alcanzan para ocultar la también larga historia de solidaridad entre ambos pueblos en su común lucha contra las atroces dictaduras de Trujillo y Duvallier, en contra de la ocupación norteamericana y más recientemente, la demostrada en la República Dominicana con ocasión del devastador terremoto que asoló Haití en 2010.

En todo caso, duele comprobar como en fechas recientes el antihaitianismo se ha exacerbado peligrosamente, al punto tal que, como lo demuestra el esclarecedor artículo de Matías Bosch Carcuro que pegamos a continuación, el propio estado dominicano ha introducido en la Constitución aprobada en el 2010 una insólita cláusula por la cual priva de su nacionalidad a los nacidos en este país de padres haitianos. Súbitamente, y sin previa discusión democrática, el ius solis imperante desde siempre fue reemplazado por el ius sanguinis aplicado a los hijos de inmigrantes en situación irregular, en su abrumadora mayoría de origen haitiano. Para colmo de males, una resolución del Tribunal Constitucional del año 2013 acentuó el carácter discriminatorio de aquella norma retrotrayendo su eficacia a todos los nacidos con posterioridad al año 1929. Este verdadero mamarracho legal, que entre otras cosas lesiona el principio de la irretroactividad de la norma jurídica y arroja por la borda la igualdad ante la ley, fue apelado por varios miles de dominicanos, de padres haitianos. Al no ser escuchadas sus demandas elevaron el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la que comprensiblemente falló a favor de los demandantes. Pero, en un gesto de preocupante irresponsabilidad algunas autoridades dominicanas declararon desafiantes que no cejarían en sus esfuerzos por garantizar la “limpieza étnica” a la cual quieren someter al país (aunque, por supuesto, se abstengan de utilizar tan antipática expresión para caracterizar sus actuaciones) y haciendo caer a la RD en la categoría de un “estado fallido” que no sólo viola a conciencia la legalidad internacional y un fallo de la CIDH que debería ser vinculante para el país sino que, más encima, se ufana de ello. 



Tuve ocasión de conversar con varios jóvenes dominicanos afectados por esta situación, que de golpe se convierten en “apátridas” a pesar de haber nacido en el país y tener en regla los documentos pertinentes. Una situación insostenible que, tal vez, no sería raro ver que se potencie como producto de la inminencia de las elecciones presidenciales tanto en RD como en Haití (el 15 de Mayo del 2016 y el 25 de Octubre de este año, respectivamente), y donde agitar este tipo de iniciativas suele ser útil para encubrir temas que no quieren ser expuestos ante la opinión pública, o para distraer al electorado o para movilizarlo detrás de consignas chauvinistas que siempre tienen una cierta eficacia electorera en el corto plazo, aunque luego crean más problemas de los que intentan resolver. La privación de la nacionalidad no sólo es una tremenda injusticia sino también un crimen condenado por toda la legislación internacional. Sólo cabe esperar que las autoridades dominicanas sean capaces de reflexionar sobre los gravosos alcances de estas políticas en el plano doméstico y el costo que el aislamiento internacional resultante de aquellas tendría sobre este país y, en consecuencia, rectifiquen el rumbo antes de que sea demasiado tarde.

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"¿Y si Donald Trump impone en EE.UU. una sentencia como la 168-13 del T.C. dominicano?"
Por Matías Bosch Carcuro



Recientemente Donald Trump lanzó una propuesta que causó alarma en muchos sectores: nada más y nada menos que modificar la Constitución de Estados Unidos (Enmienda XIV) con el único objetivo de que los(as) hijos(as) de inmigrantes que no estén documentados no tengan derecho a ser estadounidenses por nacimiento. Su discurso agita el supuesto “peligro” de que el país se está llenando de inmigrantes, especialmente latinoamericanos, y que sus hijos tienen plenos e iguales derechos como cualquier otro nacido en Estados Unidos, de acuerdo a la Constitución. Actualmente se cuentan en ese país unos 11 millones de inmigrantes no autorizados.
Al hacer esa propuesta, Donald Trump tal vez se entere de que en su pequeña vecina República Dominicana tiene una formidable referencia para su nueva idea, e incluso llevarla a cabo con más fundamentalismo y extremismo en caso de ganar la presidencia.
Sí, porque en 2010 la nueva Constitución dominicana incorporó la misma cláusula que propone el multimillonario pre-candidato. Y hace exactamente dos años, Milton Ray Guevara y el Tribunal Constitucional dominicano fueron mucho más lejos. Violando la carta magna actual y las anteriores, produjeron la sentencia 168-13 que llevó la norma de 2010 81 años hacia atrás, decidiendo que todo dominicano hijo(a) de inmigrantes indocumentados y que haya nacido desde 1929 en adelante, DEJABA DE SER lo que era: DOMINICANO, tuviera o no papeles que así lo consignaran. Todo esto en aras de, supuestamente, “defender la nacionalidad” e impedir que la nación sea “fusionada”, “destruida” o “diluida”. Las consecuencias de esto en la vida de miles y miles de compatriotas son aún incalculables, y va quedando claro que la ley 169-14 creada para subsanarlo no ha logrado el efecto esperado.  
Hagamos un ejercicio de imaginación ¿Qué pasaría con nuestros hermanos dominicanos en Estados Unidos si Trump lograra ganar y seguirle la corriente a Milton Ray Guevara, el T.C. dominicano y los promotores quisqueyanos de la limpieza étnica-clasista, reproduciendo allá la estrambótica medida impuesta en R.D.?
Antes de dar una respuesta, ayudémonos de algunos datos:
  1. En 2009, el 73% de los dominicanos que vivían fuera del país estaba en Estados Unidos. En 2008, 851,754 eran dominicanos inmigrantes de primera generación (52%) y 616,787 (42%) de segunda generación, es decir nacidos en Estados Unidos. Valga decir que sin haber una frontera terrestre ni archi-desorganizada como la que hay entre R.D. y Haití, los inmigrantes dominicanos en EE.UU. duplican la cantidad de inmigrantes haitianos que se detectaron en R.D. en el Censo 2010 y la Encuesta Nacional de Inmigrantes de 2012. Asimismo, los hijos de dominicanos nacidos en Estados Unidos por lo menos triplican la cantidad de hijos de uno o de ambos padres haitianos que viven en República Dominicana.
  2. En el mismo 2009, la población dominicana en Estados Unidos llegó a ser una de las cinco más importantes entre la población hispano-latina en ese país, pasando de 1,041,190 integrantes (año 2000) a 1,468,542 (2008). Esto es un aumento espectacular de 41% en tan sólo ocho años. La edad promedio de los dominicanos era 29 años, tanto en Estados Unidos como en la ciudad de Nueva York, donde a la fecha vivía el 41% del total.
  3. Entre 1961 y 2009, las autoridades norteamericanas admitieron en su territorio a 1,095,976 dominicanos y dominicanas inmigrantes documentados, de los cuales la inmensa mayoría (854,549) llegó y fue aceptada entre 1981 y 2009. Es decir ha habido un éxodo masivo impresionante, que cubre tanto épocas de crisis como de supuesto auge económico en R.D.
  4. En 2005 el total de dominicanos de primera generación era 739,802 y el 45.7% de ellos se había naturalizado estadounidense, cambiando su nacionalidad dominicana por la de EE.UU., con iguales condiciones y privilegios que cualquier otro de “nacimiento”. Es decir, el éxodo masivo ha sido también una numerosa incorporación al estatus de estadounidense como opción de muchos dominicanos, más allá de la mera residencia permanente o temporal, y no han encontrado trabas de índole “anti-fusión”.
  5. Ese éxodo y asimilación a la sociedad norteamericana no ha sido idílico ni de cuentos de hadas. Entre 1983 y 2004, es decir en 21 años, la Guardia Costera de Estados Unidos reportó haber detenido 25,724 dominicanos intentando llegar por mar a Puerto Rico. Esto es, todos aquellos que no lograron llegar a Borinquen y no naufragaron ni desaparecieron en el mar, cuya cifra es absolutamente desconocida.
  6. En el mismo ámbito de la inmigración irregular, al contrastar los datos de las personas admitidas legalmente y los dominicanos inmigrantes contados en Estados Unidos hasta 2009, hay una diferencia de 224,221, que probablemente haya que reputar como inmigrantes no autorizados o indocumentados. Un levantamiento de información en 2013 estimó la población dominicana irregular en 194,156 compatriotas. Estamos diciendo que alrededor de un 25% de los dominicanos que residen en Estados Unidos han estado viviendo allí en condición de indocumentados. Al comparar, resulta que República Dominicana se ubica en el número 6 entre los 25 países con más población inmigrante indocumentada en Estados Unidos, por encima de Haití, Jamaica, Nicaragua, y países tan grandes como Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, por mencionar sólo países latinoamericanos.
  7. Esta inmigración masiva de dominicanos, incluyendo la de tipo irregular, tiene una naturaleza eminentemente económica y social. Los migrantes dominicanos han logrado cosas importantes para sus hijos. Apenas el 18.8% de los dominicanos de primera generación han alcanzado un grado universitario, el 41.9% no ha podido completar la secundaria y el 53% tiene un trabajo de salario bajo. Pero los hijos de dominicanos nacidos en Estados Unidos duplicaron el logro de sus padres, con un 36.5% que ha logrado la educación superior y un más bajo 29% que se ubica  en trabajos de salario bajo. No obstante lo anterior, los dominicanos vistos como conjunto (nacidos en República Dominicana o en Estados Unidos) viven en condiciones de desigualdad y pobreza. Mientras que el ingreso en los hogares dominicanos apenas superaba los 13 mil dólares per-cápita en 2005, el de los hogares de blancos no hispanos era de 28 mil dólares, y el promedio en la ciudad de Nueva York alcanzaba los 24,443 dólares. Casi el 60% de los dominicanos de 1era y 2da generación carecía de un seguro médico.
  8. La lucha de los inmigrantes no es sólo por su gente “allá”, sino también por la de “aquí”. En 2013, los dominicanos mandaron al país remesas por 4200 millones de dólares, de los cuales un 63% fue recibido desde Estados Unidos y Puerto Rico. Para comparar, en 2010 todos los haitianos que viven en el exterior mandaron a su país 1300 millones de dólares. Nuestros compatriotas en EE.UU. y Puerto Rico mandan cada año a sus familias en R.D. mucho más dinero que todo el 4% del PIB para la educación.
Miremos los datos antes mencionados. Ahora consideremos que un 25% de los inmigrantes llegados desde República Dominicana son indocumentados y –especulando un poco- supongamos que son padres de un 25% de los dominicanos nacidos en Estados Unidos, cuya nacionalidad estadounidense ha sido adquirida por nacimiento sin importar la condición migratoria de sus padres, tal y como dicta la Constitución de EE.UU. y dictaba la de R.D. antes de 2010, lo cual no debió ser violando por ningún tribunal ni activista de la limpieza étnica-clasista.
Supongamos ahora que Donald Trump logra ganar las elecciones y sigue el ejemplo de los supuestos nacionalistas dominicanos, esto es modificar la ley fundamental de Estados Unidos en cuanto a la nacionalidad y, además, hacerlo retroactivamente como la sentencia 168-13. Pues de un sopetón, 158,197 hijos de dominicanos hoy estadounidenses de pleno derecho, que estudian, trabajan, envían dinero a sus familiares, son menos pobres que sus padres y prosperan, serían  despojados de su nacionalidad, su identidad y su derecho a una vida digna. Tal y como ha pasado con miles y miles de dominicanos(as) víctimas de las medidas que se les vienen aplicando desde hace casi 20 años y la arbitraria sentencia 168-13.
Es duro imaginar esto y que, para rematar, Donald Trump, siguiendo la línea de su par dominicano don Milton Ray y demás fanáticos defensores de la desnacionalización en masa en R.D., diría a todos nuestros hermanos afectados por esa acción: “No se quejen y váyanse a reclamar a otro lado. Vayan a pedir auxilio donde nacieron sus padres. Eso es problema de ustedes. A nosotros nos da igual la Constitución, la irretroactividad de las leyes y los Derechos Humanos”. Imagino que Trump también diría muy orondo y orgulloso que está “defendiendo la nación”, impidiendo que los Estados Unidos se “dominicanicen”,  protegiendo al país de “invasores” dominicanos y que quien protesta lo hace porque es parte una “conspiración internacional”.



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21.9.2015

Comparto este brillante artículo de mi amigo Manuel Monereo, notable porque es una clase de teoría política, explicando con claridad y precisión el concepto gramsciano de "transformismo", y por ser, a la vez, un acertado análisis de la coyuntura griega a partir de la cuidadosa aplicación de esa categoría. El artículo deja mucho material para discutir a la luz de las experiencias políticas en curso en América Latina.




21-09-2015

Grecia
Alexis Tsipras: el transformismo como instrumento para derrotar al sujeto popular



Ellos, los que mandan, nunca se equivocan. Aciertan casi siempre. Su especialidad es cooptar, integrar, domar a los rebeldes para asegurar que el poder de los que mandan de verdad y no se presentan a las elecciones se perpetúe y se reproduzca. El transformismo es eso: instrumento para ampliar la clase política dominante con los rebeldes, con los revolucionarios, asumiendo algunas de sus reivindicaciones a cambio de neutralizar y dividir a las clases subalternas. La clave es esta: para conseguir que el sujeto popular sea no sólo vencido sino derrotado, es necesario cooptar a sus jefes, a sus dirigentes. Con ello se bloquea la esperanza, se promueve el pesimismo y se demuestra que, al final, todos son iguales, todos tienen un precio y que no hay alternativa a lo existente. La organización planificada de la resignación. Con Alexis Tsipras no ha sido fácil. Era un reformista sincero y, además, un europeísta convencido, de los que pensaban que se podrían conseguir concesiones de los socios europeos; que a estos se les podría convencer de que las políticas de austeridad no solo eran injustas sino profundamente ineficaces y que para poder pagar la deuda se debería incentivar un conjunto de políticas diferentes que relanzaran la economía, que solucionaran la catástrofe humanitaria que vivía el país y que hicieran compatible la soberanía popular con la pertenencia a la UE. El ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis ha sido la cara y los ojos de esta estrategia negociadora que él, en algún momento, ha definido como kantiana, es decir, basada en la razón y en la búsqueda del interés común.La historia es conocida. Hoy sabemos que esa estrategia ha sido un rotundo fracaso: no se consiguió nunca dividir a los estados europeos más poderosos y el dominio alemán fue claro y definitorio desde el comienzo. Todo esto lo sabemos por el propio Varoufakis, que ha ido relatando este auténtico “vía crucis” que nunca implicó realmente una negociación y que, desde el primer momento, fue un chantaje en toda regla del tipo “lo tomas o lo dejas” y, mientras, la presión sostenida y permanente del Banco Central Europeo agotando la liquidez y las instituciones europeas negando los créditos.



Dieciocho contra uno. Así ha sido este proceso, que tenía tres objetivos fundamentales. El primero, combatir el malísimo precedente griego en un sentido claro y rotundo: los países endeudados del sur no pueden tener otras políticas económicas que las dictadas por la troika. En segundo lugar, apoyar firmemente a los gobiernos de la derecha y de la socialdemocracia que, de una u otra manera, en uno u otro momento, se plegaron a las políticas impuestas por el Estado alemán; estos partidos siguen siendo absolutamente necesarios para garantizar las políticas neoliberales dominantes y bajo ningún concepto se les puede dejar caer, máxime cuando emergen fuerzas alternativas, de eso que la UE y los gobiernos de turno llaman populismo. El tercero, el mensaje real que se manda a las poblaciones, sobre todo del sur, es que esta UE, sus políticas y sus relaciones reales de poder, no tienen alternativa. Lo que queda es la estrategia del miedo: o se aceptan estas políticas o se producirá el caos y la catástrofe económica y social de la salida del euro.
En muchos sentidos, el caso griego es bastante excepcional. Grecia es un viejo-joven país con una honda tradición política cultural, con una fuerte identidad como pueblo y con un gran sentido patriótico. Se había ido produciendo en estos años una simbiosis, una nueva relación entre la defensa de los derechos sociales, la independencia nacional y la unidad de una gran parte del pueblo en torno al apoyo a las clases trabajadoras, a los pobres y a los jóvenes que estaban viviendo una grave regresión en sus condiciones de vida y de trabajo. Todo esto terminó identificándose con dos nombres: Syriza y Tsipras. El ejemplo más claro de esto fue la victoria en el referéndum en un país, no se debería olvidar, que estaba viviendo un “corralito”, con amenazas constantes de las “autoridades europeas” y con unos medios de comunicación masivamente partidarios del Sí.
Que al final fuese Tsipras el eslabón más débil de la cadena obliga a pensar las cosas a fondo. Primero, la enorme capacidad de presión de la troika, en un sentido muy preciso y que se olvida con mucha frecuencia: lo que existe es una alianza estratégica entre las instituciones europeas y los poderes económicos dominantes de cada país que el Estado alemán garantiza. Para decirlo con mayor precisión: las clases económicamente dominantes están de acuerdo con esta Europa y con el papel que se asigna a sus países en la división del trabajo que se está definiendo en y desde la crisis. En segundo lugar, lo que Tsipras y la derecha de Syriza expresan es una posición ideológica que no siempre se consigue identificar y que, al final, se ha convertido en una enorme debilidad. Me refiero a eso que se ha llamado europeísmo. Reformismo socialdemócrata y europeísmo han estado íntimamente relacionados. Se podría decir que la bandera del europeísmo sirvió para camuflar la crisis del proyecto socialdemócrata sobre tres ideas básicas: que la UE era la única construcción posible de Europa; que la UE es un bien en sí, independientemente del conflicto social y de la distribución del poder entre estados y clases; y que el Estado-nación se había convertido en una antigualla que necesariamente había que superar en el proceso de integración europea.
Para Tsipras era inimaginable una Grecia fuera del euro, fuera de las instituciones de la UE, aunque eso significase la ruina económica de su país, continuar con la degradación de las condiciones sociales de la mayoría de la población y la aceptación de que el Estado griego es, de hecho, un protectorado de los países acreedores.
La troika ha conseguido claramente sus objetivos. Las políticas que han venido realizando Tsipras y su Gobierno tras su capitulación (así lo ha definido Varoufakis) nos impiden ser optimistas. La hoja de ruta aprobada por las instituciones europeas la está cumpliendo Tsipras a rajatabla, y a veces da la sensación de que se realiza con el “furor del converso”. Hay datos que nos llevan a pensar que el asunto irá a peor. Tsipras sabía mejor que nadie que no estaba garantizada su mayoría en el próximo congreso de Syriza. La convocatoria a nuevas elecciones que realizó no tiene nada de heroico. Sabedor de que las cosas en su partido estaban difíciles para él, las convocó para conseguir tres cosas a la vez: garantizarse las siglas, propiciar la ruptura de Syriza huyendo del debate democrático y del posible cuestionamiento de su liderazgo y, por último, buscar el respaldo popular antes de que se empiecen a notar los efectos económicos y sociales de las políticas de austeridad impuestas por la troika y aceptadas por la mayoría del Parlamento griego.
Seguramente Tsipras ganará [el domingo], pero su partido habrá ya cambiado de naturaleza y el movimiento popular y democrático se dividirá por mucho tiempo. Nada será igual. Reconstruir desde abajo la alternativa después de la derrota requerirá tiempo, inteligencia y un compromiso moral especialmente fuerte. Tsipras ahora se muestra como valiente, responsable y realista, y a los otros, sus amigos y camaradas de ayer, los presenta como populistas, maximalistas y euroescépticos. Los que mandan ganan una vez más. ¿Aprenderemos en cabeza ajena? La vida dirá.
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Monereo es militante de Izquierda Unida pero cercano al líder de Podemos, Pablo Iglesias. En las últimas semanas se ha distanciado de este último, por el apoyo que Iglesias ha dado en las elecciones griegas a Alexis Tsipras. 

Este artículo fue publicado en el blog del autor.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
19.9.2015

Hacía tiempo que no recibíamos una noticia tan importante,y positiva: el gobierno del Frente Amplio puso fin a las negociaciones iniciadas durante la gestión de José "Pepe" Mujica tendientes a firmar el malhadado acuerdo de liberalización en el comercio de servicios que, en la práctica, hubiera significado el fin de la educación pública en Uruguay.

Por eso pego a continuación dos artículos sobre el tema: uno, de Antonio Elías, a quien le cabe el inmenso honor de haber sido quien alertó sobre el peligro inminente y que con sus numerosos escritos, algunos de los cuales fueron citados en este blog, cumplió un papel decisivo en abrir una discusión que estaba absolutamente cerrada. El otro, es una nota de Raúl Zibechi en donde avanza en el análisis del tema. Les recomiendo una lectura muy cuidadosa de ambos.
En momentos en que la derecha pasa a la ofensiva en nuestro continente, la derrota del TISA es una gran noticia. Y dado que en casi todos nuestros países esa intención restauradora se hace sentir con fuerza, las conclusiones de ambos artículos llevan un mensaje de esperanza que quiero compartir con ustedes.

Dice Elías, al final de su nota que "la izquierda uruguaya ha ganado una batalla al rechazar un acuerdo como el TISA que es parte de la ofensiva del capital transnacional. Se derrotó, a su vez, una metodología de hacer política basada en el secretismo y en la soberbia de arrogarse el derecho de definir a espaldas de la sociedad y de su propia fuerza política cuales caminos de inserción internacional debe recorrer el país."

Y Zibechi anota que "esta sociedad no se deja llevar por delante con políticas autoritarias, ni en nombre del desarrollo, ni siquiera bajo un gobierno que dice ser de izquierda. La calle le puso límites al giro a la derecha."


Conclusión: precisamente de eso se trata: que la calle le ponga límites al giro a la derecha que ya se produjo en Brasil y Uruguay y que, casi con seguridad, se intentará en la Argentina, cualesquiera que sea el ganador de la próxima elección presidencial. Lo que ha demostrado el pueblo uruguayo es que una fuerte movilización política puede abortar esas tentativas restauradoras. ¡En buena hora!

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11-09-2015

Vida y muerte del TISA en Uruguay



La corta vida del TISA en nuestro país tuvo tres etapas: la primera, en secreto absoluto; la segunda, fue semipública, pero no hubo discusión; la tercera, fue pública, hubo discusión pero los documentos secretos no fueron entregados a la sociedad para su análisis.

Los génesis del TISA comienza en fecha indefinida en algunos escritorios donde trabajaba la gente del equipo económico, los ideólogos e impulsores de esta propuesta, al igual que lo fueron del TLC con los Estados Unidos; crece hasta oficializarse en la Comisión Interministerial para Asuntos de Comercio Exterior (CIACEX); supuestamente es avalada por el Gabinete Ministerial (hay ex ministros que lo niegan) y la solicitud de ingreso a las negociaciones fue hecha por cancillería en setiembre de 2013. Todo en el más absoluto secreto.

La segunda etapa comienza el 10 de julio de 2014 cuando en una nota publicada en “Voces” se informa que, la Agencia EFE el 2de mayo reproduce las siguientes declaraciones del comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht: "La Unión Europea celebra el interés de Uruguay por unirse a las negociaciones del TISA y respalda firmemente su participación de ahora en adelante" y que el Ministro uruguayo de Exteriores, Almagro Lemes, ha garantizado que su país "comparte los objetivos de las negociaciones del TISA" y que "respetará los resultados de la negociación logrados por otros participantes si se une" a ellas.

En esa primera nota se preguntaba: ¿Qué beneficios puede tener para el país este acuerdo? ¿En qué ámbito del Frente Amplio se resolvió la solicitud de integración al TISA? ¿Por qué este tema no es de conocimiento público?

El jueves 17 de julio se obtuvieron algunas respuestas a estos interrogantes, gracias a un artículo de Natalia Uval, publicado en “La Diaria”. En el mismo se presenta una entrevista al canciller Luis Almagro quién oficializa, reconoce y respalda lo actuado por el gobierno y lo fundamenta con las conclusiones de la CIACEX: “es oportuno y conveniente ingresar a la negociación, para poder asumir un papel más directo en ella, incidir en sus resultados y, de esa manera, posicionar los intereses de Uruguay de la mejor forma posible”.

Son consultados, también, los senadores frenteamplistas de la comisión de Asuntos Internacionales (Enrique Rubio, Eduardo Lorier y Alberto Couriel), y al asesor de la presidencia del Frente Amplio en política exterior (José Bayardi). Todos ellos se excusaron de opinar por no tener información.

Luego continúa un largo silencio. Ninguno de los dirigentes entrevistados hicieron manifestaciones públicas sobre el tema, tampoco la dirección del FA y ningún ministro salió a desmentir su participación en el gabinete que aprobó la solicitud de ingreso.

Avalados por el silencio la CIACEX siguió coordinado a los ministerios involucrados, trabajando y negociando hasta que Uruguay ingresó a las negociaciones en los primeros días de febrero de 2015. La noticia del ingreso a las negociaciones no fue anunciada oficialmente.

Decimos que es semipública porque el ex canciller Almagro ha sostenido que mantuvo intercambio de información con el PIT CNT y REDES sobre los pasos que estaban dando para el ingreso al TISA. Lo que está comprobado por la publicación de un documento dirigido al canciller en febrero pasado, en el cual las dos organizaciones señaladas cuestionan el ingreso a las negociaciones.

En este período solamente se definieron públicamente contra el ingreso al TISA la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) en conjunto con la Confederación Latinoamericana de Trabajadores del Estado (CLATE) y la Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social (ATSS). Por su parte la Internacional de Servicios Públicos (ISP) desarrolla una campaña contra el TISA en varios continentes.

La tercera y última etapa comienza en marzo de 2015. Por nuestra parte publicamos una segunda denuncia en VOCES que comenzaba: “En febrero del 2015, en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá se publicó la siguiente noticia: “Nos complace anunciar que los países miembros del TISA han dado la bienvenida a Uruguay en las negociaciones.”

El PIT-CNT resolvió: “Rechazar el ingreso de nuestro país a estos tratados, ya que esto pondría en riesgo el patrimonio y la soberanía nacional, ya que la intención es de liberalizar y desregularizar los mercados”. A partir de ese momento el movimiento sindical tiene un papel fundamental en la campaña contra el TISA. En ese marco tiene una entrevista con el Dr. Tabaré Vázquez, el cual les informa que se enteró del tema por la prensa y que lo va a analizar en profundidad.

Posteriormente el presidente Vázquez resuelve solicitar la opinión de la fuerza política a la cual pertenece. Luego, durante varios meses, existen múltiples instancias de intercambio entre la dirección del Frente Amplio y ministros de gobierno, mientras simultáneamente se procesa la discusión y van definiendo sus posiciones las distintas organizaciones y los comités de base del FA,

El plenario, que representa a todos los frenteamplistas resolvió el 5 de setiembre, por 117 votos a 22, plantear que es inconveniente “seguir participando en las negociaciones del TISA”. Los 22 votos favorables a mantenerse en las negociaciones corresponden básicamente a al Frente Líber Seregni y sus aliados.

El presidente, en este caso, actuó como corresponde. “Mandar obedeciendo” como dicen los zapatistas y como debe ser. Ya había actuado Vázquez de similar manera cuando rechazó en 2007 continuar las negociaciones de un TLC con los Estados Unidos.

Los que apoyan esta negociación dentro del FA han manifestado de diverso modo su oposición a lo resuelto. Reclaman, entre otras cosas, porque los que votaron en contra no saben lo que dicen. Lo cual es una ofensa gratuita a quienes piensan diferente, ya que implica ignorar que los documentos secretos del TISA están, desde hace varios meses, a disposición de la sociedad en las páginas web de la REDIU (www.rediu.org) y de la SEPLA (www.sepla21.org). A su vez, se publicaron múltiples análisis críticos en diversos medios de prensa, entre otros, en “Voces”, “La Diaria”, “Brecha” y “Rompekbezas”. No puede desconocerse tampoco el papel de la Fundación “Vivian Trías” en el esclarecimiento de estos temas a través de un ciclo de debates donde participaron especialistas y dirigentes sociales al que estuvo convocado el gobierno. Ni tampoco, en el plano internacional los estudios que ha realizado la ISP.

A modo de conclusión cabe señalar que la izquierda uruguaya ha ganado una batalla al rechazar un acuerdo como el TISA que es parte de la ofensiva del capital transnacional. Se derrotó, a su vez, una metodología de hacer política basada en el secretismo y en la soberbia de arrogarse el derecho de definir a espaldas de la sociedad y de su propia fuerza política cuales caminos de inserción internacional debe recorrer el país.

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19-09-2015

Diez días que sacudieron a Uruguay



Hasta los primeros días de agosto el gobierno uruguayo negociaba su participación en el TISA (Trade in Services Agreement) para desregular servicios y comercio, con fuerte respaldo de su ministro de Economía, Danilo Astori, y se disponía a aprobar el presupuesto quinquenal, pese a las resistencias de algunos sindicatos, en particular de la educación. El presidente Tabaré Vázquez ejercía un tipo de liderazgo casi monárquico, en la acertada expresión del historiador Gerardo Caetano (Brecha, 4/9/15).
Un mes después, el gobierno sufrió una derrota inapelable por parte de los sindicatos docentes, debió afrontar la mayor movilización social en años (y la más numerosa contra un gobierno de izquierda), el liderazgo de Vázquez fue confrontado en la calle, en su propio partido y en el movimiento sindical, y cerró la quincena con el anuncio del abandono de las negociaciones del TISA. De este modo, las aspiraciones de convertir a Uruguay en socio privilegiado de Estados Unidos en el Mercosur se vieron frustradas por la contundente movilización popular.
Lo sucedido tiene su historia. Los sindicatos de la educación enfrentan desde hace medio siglo el autoritarismo. Primero el del gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972), quien decretó la intervención de la enseñanza secundaria y técnica en el marco del estado de excepción para contener la protesta social. Con el retorno de la democracia en 1985, los sindicatos de docentes siguieron resistiendo las reformas neoliberales y protagonizaron importantes luchas en la década de 1990.
Desde hace una década y media demandan que 6 por ciento del presupuesto nacional se invierta en la educación. Luego de 11 años de gobierno del Frente Amplio, la inversión en educación sigue siendo uno de las principales deudas de la izquierda. Bajos salarios, locales en malas condiciones, déficit de docentes que impide que se cubran los cupos en todos los niveles educativos, y un desempeño general estancado con tendencia al retroceso, son tendencias de largo aliento que no han sido revertidas por los tres gobiernos de la izquierda.
El aspecto más llamativo son las malas relaciones que mantuvieron con los gremios docentes. El ex presidente José Mujica dijo al promediar su mandato: Hay que juntarse y hacer mierda a esos gremios, en referencia a los sindicatos de la educación (Brecha, 28/8/15). Sin embargo, nadie había llegado tan lejos como Vázquez, quien el lunes 24 de agosto decretó la esencialidad para quebrar la huelga docente con sumarios y destituciones masivas.
Fue la primera vez desde 1985 que se imponía semejante medida, a la que ni siquiera los gobiernos neoliberales apelaron. La respuesta fue drástica: miles de maestras se concentraron ante la sede sindical en clara señal de desacato al autoritarismo; la central sindical decidió un paro general y una marcha de 50 mil docentes y estudiantes gritó contra el decreto de Vázquez, mientras 50 centros de estudio eran ocupados. El Frente Amplio se dividió. Sólo la derecha respaldó al presidente.
En un clima de crispación entre gobierno y sindicatos, el Frente Amplio realizó un plenario el primer sábado de septiembre para discutir, luego de idas y venidas, la posición frente al TISA. La votación de los delegados de los sectores y de las bases mostró el aislamiento del gabinete: 117 votaron por retirarse de las negociaciones y sólo 22 respaldaron al Ejecutivo. El lunes 7 el gobierno anunció que Uruguay dejará de participar en las negociaciones.
El TISA también tiene su historia. Como destaca el economista Antonio Elías, a quien le cupo el mérito de destapar el secreto, hubo tres etapas: La primera, en secreto absoluto; la segunda, semipública, pero no hubo discusión; la tercera fue pública, hubo discusión, pero los documentos secretos no fueron entregados a la sociedad para su análisis (Voces, 10/9/15).
Durante casi un año, entre septiembre de 2013 y julio de 2014, cuando se publican los primeros datos, el gobierno de Mujica llevaba adelante negociaciones sin informar a la población, a su fuerza política ni al parlamento. El canciller Luis Almagro, premiado por Mujica con el máximo cargo en la OEA, debió reconocer que se estaba negociando y aseguró que es un tratado positivo para el país.
Las negociaciones oficiales comenzaron en febrero de 2015, sin anuncio oficial, en los últimos días del gobierno Mujica. Fue la página del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá la que informó del ingreso de Uruguay en las negociaciones, recuerda Elías. Sería bueno que alguien, en alguna parte del mundo donde se lo aclama, le preguntara al ex presidente sobre las razones de tan significativo silencio.
Lo importante es que apenas se rompió el silencio, la sociedad uruguaya rechazó contundentemente el TISA. Los medios de izquierda, que en este país siempre han jugado un papel decisivo; el movimiento sindical, organizaciones sociales y ambientalistas, grupos como la Red de Economistas de Izquierda (Rediu), académicos e intelectuales, modificaron la relación de fuerzas. La votación en el seno del Frente Amplio, donde quedaron aislados los partidarios de Astori y Vázquez, refleja el modo de pensar de la mayoría de los uruguayos.
En el desencadenamiento de los hechos se vivió la feliz coincidencia entre la lucha de los gremios docentes, que aún no ha finalizado, y la resistencia al TISA que es la continuación de la que en 2007 libró la izquierda social contra el TLC con Estados Unidos que pretendía firmar Vázquez en su primer gobierno. En ambos casos se quedó sólo con el apoyo de la derecha y el rechazo del movimiento popular.
La derrota de la esencialidad contra los docentes y la derrota del TISA tienen algo en común: esta sociedad no se deja llevar por delante con políticas autoritarias, ni en nombre del desarrollo, ni siquiera bajo un gobierno que dice ser de izquierda. La calle le puso límites al giro a la derecha.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203470



(Por Atilio A. Boron) La canalla mediática internacional se rasga las vestiduras y ensordece al mundo entero denunciando el atropello consumado por la justicia venezolana al haber condenado a Leopoldo López a una pena de 13 años, 9 meses, y 7 días y 12 horas de reclusión por “incitar a la protesta”, según nos (mal)informa el decano de los periódicos mentirosos del mundo hispanoparlante, El País. ¿Incitar a la protesta le llama este diario y sus lenguaraces en el resto de América Latina y el Caribe a una exhortación pública y violenta hecha por López para derrocar a las autoridades y a alterar el orden constitucional de Venezuela?  Esta derecha desesperada porque no puede derrotar por las vías institucionales a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región ya ha arrojado por la borda todos sus escrúpulos y ha hecho del mentir su segunda naturaleza. Lo de López no fue una travesura, una inocente chiquilinada sino algo que en cualquier país del mundo se llama sedición, y constituye, como en Estados Unidos, una ofensa criminal penada por largos años de cárcel e, inclusive, si fue cometido en concurso con otros actores y ocasionó la muerte de terceras personas, reclusión perpetua. Para los espíritus colonizados que asolan Latinoamérica lo que “allá” (léase Estados Unidos o Europa) constituye un crimen aquí, en los arrabales del capitalismo, es una inocente diablura,  y no importa si la “incitación” de López terminó con más de cuarenta muertos, la mayoría de ellos fuerzas de seguridad bolivarianas y gentes del común, en las guarimbas y por el fuego de francotiradores, amén de una enorme destrucción de edificios y propiedades gubernamentales y privadas. 



         El periódico español debería recordarle a sus lectores que en ese país el 23 de Febrero de 1981 el teniente coronel Antonio Tejero Molina quiso también él alterar el orden constitucional vigente tomando por asalto el Congreso de Diputados de España. Más allá de la incomodidad que le produjo a los diputados que estuvieron casi un día entero secuestrados Tejero no produjo ni una sola muerte ni hubo que lamentar pérdidas materiales de ningún tipo. Sin embargo, la justicia española lo sancionó con una pena mucho mayor que la recibida por López: 30 años de prisión, expulsión del Ejército, pérdida de su grado militar e inhabilitación durante el tiempo de su condena. Al cumplir la mitad de su pena le fue concedida la libertad condicional, pero los quince años de su condena los purgó en una cárcel militar. Propongo que El País y sus secuaces lancen una campaña de reivindicación del golpista español y que su caso sea revisado por la justicia venezolana, que seguramente le beneficiaría con una levísima sentencia y la plena recuperación de su buen nombre y honor. 


Santiago del Estero-Córdoba-Buenos Aires
Agenda a puro vértigo en los próximos días, pero altamente gratificante por el encuentro con gentes de todas partes y de toda condición social, conversando sobre temas acuciantes de la coyuntura actual y aprendiendo, cada vez más, de sus preguntas, inquietudes, reflexiones. Lejos de ir yo a "enseñar" cuando presento mis libros o hablo de algunos temas en realidad lo que hago es aportar algunos disparadores y luego aprender de lo que me dicen quienes asisten a estos eventos. Por eso mi gratitud no puede expresarse cabalmente con palabras ... El "muchas gracias" se queda corto.
Dicho esto, va la programación:

SANTIAGO DEL ESTERO (Capital)
JUEVES 10 de Septiembre, 20 hs
"Charla informal" en la Librería Dimensión.
VIERNES 11 de Septiembre, 19 hs
Conferencia en la Universidad Nacional de Santiago del Estero, auspiciada por la Cátedra Abierta "Pensar la Educación en Nuestra América" y la APDH de Santiago del Estero.
Tema: América Latina en la transición geopolítica y la doctrina estratégica de Estados Unidos."


CÓRDOBA
SÁBADO 12 de Septiembre, 19 hs.
Feria del Libro - Córdoba
Presentación de la nueva edición de
"Aristóteles en Macondo. Notas sobre democracia, poder y revolución en América Latina"
Lugar: Patio mayor del Cabildo Historico de la ciudad de Cordoba
Presenta: Mariano Saravia
Organiza:Editorial-Libreria Espartaco Cordoba


BUENOS AIRES
LUNES 14 de Septiembre, 19 hs
Presentación de la nueva edición de
"Aristóteles en Macondo. Notas sobre democracia, poder y revolución en América Latina"
Lugar: Badaraco Libros
Entre Ríos 932, Buenos Aires
Todas las actividades son con entrada libre y gratuita.



(Por Atilio A. Boron) Ante la intensificación de la mal llamada “crisis migratoria” surgieron voces de gobernantes, políticos y supuestos expertos en el tema asegurando que este no era un problema europeo sino africano o, en todo caso del Medio Oriente. La estremecedora imagen del niño kurdosirio yaciendo inerte en una playa de Turquía luego de que naufragara la barcaza en que junto con su familia intentaba llegar hasta la isla de Kos, en Grecia, conmovió a la opinión pública mundial y puso de relieve el inmenso drama humanitario que se está desenvolviendo en el Mediterráneo. No fue el primero que paga con su vida la crisis desatada por la desestabilización de un país, Siria, desgraciadamente convertido en el blanco de siniestros cálculos geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados que destruyeron uno de los países más prósperos y estables de la región. En esa misma barcaza murieron otros cinco, uno de ellos su hermanito de cinco años, aparte de su madre y un número todavía indeterminado de adultos. Si ampliamos el foco del análisis para abarcar con la mirada el torrente humano procedente del África Subsahariana el número de víctimas infantiles sería abrumador, aunque no haya registro fotográfico de ello. Queda en pie la pregunta: ¿por qué se produce la crisis, qué es lo que la dispara?

            Por empezar se impone una clarificación, porque la disputa por el sentido es crucial para plantear correctamente los términos del problema. Suele hablarse, indistintamente, de una “crisis migratoria” como si esta fuera un transitorio desequilibrio en el flujo poblacional entre el África Subsahariana, Medio Oriente y Europa. Pero, ¿son migrantes o refugiados? En el caso de los sirios que huyen de la devastación sembrada en su país no existe la menor duda de que se trata de lo segundo, y lo mismo cabe decir de los libios, que dejan sus hogares luego de la tragedia desatada por la criminal decisión de Washington y Bruselas de auspiciar un “cambio de régimen” en Libia. El caso del África Subsahariana es más complejo, porque allí se entremezclan migrantes impulsados por el hambre y la pobreza inescapable con sectores, minoritarios, que abandonan sus países por razones políticas.


            
              Ahora bien: ¿por qué el infortunado niño de la minoría kurda en Siria tuvo que dejar su país? Porque, como decíamos más arriba, el diseño estratégico de Washington en Medio Oriente tenía como objetivo fundamental -¡pero ya no más, porque ahora la Casa Blanca tiene otras prioridades en el área!- provocar la caída de la República Islámica en Irán, para lo cual había que destruir los apoyos con que contaba Teherán en su entorno inmediato y entre los cuales sobresalía Siria por su locación geográfica, su condición de país limítrofe con Israel y Turquía, su población, su economía y la prolongada estabilidad política del régimen imperante. En consecuencia, la “guerra civil” en Siria no es tal, pues se trata de una agresión pergeñada desde afuera por Estados Unidos y sus compinches europeos (al igual que hicieran con Libia pocos años antes) y en donde bandas de atroces mercenarios son exaltados como heroicos “combatientes por la libertad” y respaldados política y diplomáticamente mientras cometen toda clase de desmanes. De esta madriguera creada por las democracias occidentales y sus reaccionarios socios en la región brotó, incontrolable, el Estado Islámico, con luz verde para perpetrar horrendos crímenes.[1] El resultado ha sido la entronización de esa banda terrorista en algunas regiones de Siria e Irak, con su interminable secuela de decapitaciones, degüellos y destrucción de venerables reliquias históricas, consumidas en las llamas del fundamentalismo yihadista.  Aylan Kurdi, tal es el nombre del niño ahogado, pereció porque tuvo que huir del infierno en que Washington y los gobiernos europeos convirtieron a su patria, pese a la heroica resistencia del pueblo kurdo que supo poner freno a la expansión militar del EI en sus territorios. Y murió también porque las autoridades del Canadá le negaron tres veces a su familia el permiso para asilarse en ese país. El Primer Ministro británico, David Cameron, acaba de acusar a Bashar Al Assad y al Estado Islámico por su muerte. Miente, porque sabe muy bien que el holocausto social de Siria no es un asunto doméstico sino responsabilidad directa y criminal de los gobiernos que conforman el condominio imperial, que en su afán por posicionarse más favorablemente en el tablero geopolítico mundial no dudan un instante en adoptar políticas que desquician sociedades y provocan destrucción y muerte a su paso, precipitando así la avalancha de refugiados que huyen para salvar sus vidas y la de sus familiares, con las consecuencias que todos se lamentan.

            Tanto en el caso de Libia como en el más actual de Siria la intervención imperialista estuvo precedida por una cobertura mediática falaz que demonizó las figuras de Muammar El Gadafi y Bashar al-Asad y tergiversó  la información originada en el terreno para justificar ex ante las cruentas tácticas de desestabilización y caos social, económico y político requeridas para hacer posible el “cambio de régimen”, frase amable que sustituye la más brutal de “subversión del orden constitucional vigente”. Mentiras que, en los casos de Libia y Siria, son análogas a las proferidas cuando antes de la invasión y destrucción de Irak desde Washington, Londres o París se denunciaba la existencia de armas de destrucción masiva en ese desdichado país, cuando todos sabían que no las había y que el único que sí las tenía en esa parte del mundo era Israel.

Ahora el problema de los refugiados en Europa ha adquirido proporciones inéditas desde fines de la Segunda Guerra Mundial, e indigna comprobar la indiferencia de algunos  gobiernos europeos ante esa crisis, o la estupidez de las políticas con las que se pretende enfrentar la situación. Por ejemplo establecer ridículos cupos migratorios ante el desastre generado en Siria e Irak, para mencionar apenas los más directamente involucrados en la situación actual, que tienen una población conjunta de unos 55 millones de habitantes.  O el cinismo de la Administración Obama, que acentúa las políticas de desestabilización inherentes al “imperio del caos”, según la feliz expresión de Pepe Escobar, porque, total, los refugiados no podrán cruzar el Atlántico en sus frágiles barcazas y el problema lo deberá padecer Europa. Actitud semejante adopta al atizar la guerra civil en Ucrania: en última instancia, la batalla se librará, como las dos guerras mundiales en el escenario europeo y la destrucción resultante será beneficiosa para apuntalar la primacía global de Estados Unidos al debilitar, gracias a la guerra, a sus principales competidores.

            Ante las ridículas tentativas de los países europeos, o de la Unión Europea, para “regular” el tsunami de los refugiados y los migrantes, sobre todo del África Subsahariana, conviene recordar las clarividentes palabras de José Saramago: “El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias.”

La responsabilidad de Europa es mucho mayor, más visible e inocultable en el caso del África Subsahariana. Porque, ¿quién ocupó, colonizó y saqueó por siglos al mal llamado “Continente Negro” si no las potencias coloniales europeas? ¿Quién organizó el tráfico de esclavos a través del Atlántico si no los gobiernos y las clases dominantes de Europa? No fueron los africanos quienes se abalanzaron sobre esta para saquear sus riquezas y esclavizar a sus poblaciones, sino que ocurrió exactamente lo contrario. ¿Quiénes impusieron sus intereses, perpetraron un cruel etnocidio y arrasaron con formas tradicionales de organización económica, social y política en África? ¿No fueron acaso los colonialistas europeos los que se repartieron ese continente, practicando un sistemático pillaje y redibujaron el mapa político para inventar fronteras artificiales que dividían viejas sociedades y ancestrales etnias y naciones, convertidas en fragmentos destrozados, ahora caprichosamente  repartidos en diferentes “países” y sembrando las bases de una rivalidad que perdura hasta nuestros días? ¿No fueron ellos los que impusieron el inglés, el francés, el portugués, y otras lenguas europeas como las oficiales de aquellas arbitrarias creaturas políticas? ¿Dónde más podrían ir esos antiguos súbditos europeos que a sus metrópolis de otrora, cuando la crisis deja sin futuro a millones de africanos? ¿O es que los colonialistas de hoy creen que podrán salirse con la suya y no pagar la cuenta de los crímenes y fechorías cometidas por sus antepasados? ¿Reclaman acaso impunidad, o fingen desconocer su responsabilidad histórica? Para colmo de males, una vez obtenida la independencia los tentáculos del neocolonialismo –reforzado ahora por el protagonismo de Estados Unidos- se hundieron todavía con más fuerza, acelerando la descomposición económica, social y política de las situaciones poscoloniales. De nuevo: ¿adónde sino a Europa podrían ir para buscar un alivio a sus interminables padecimientos? ¿Cómo podrían los gobiernos europeos y sus mandantes decir que la crisis migratoria que tantas muertes ha causado es “un problema africano” cuando no es otra cosa que el inexorable y demorado resultado de su pasada  expansión colonial?



            ¿Cómo evolucionará esta situación? No es exagerado afirmar que el torrente de refugiados ha desbordado todas las previsiones y nada autoriza a pensar que la situación irá a mejorar porque ni Washington ni Bruselas han archivado sus planes de derrocar al gobierno sirio, acabar con Hezbollah el vecino Líbano y cerrar el círculo en torno a Irán. El resultado de esta macabra iniciativa sólo puede ser más destrucción y muerte, y renovados contingentes de refugiados golpeando a las puertas de la opulenta Europa. Estados Unidos está casi por completo aislado de esas dolorosas corrientes de seres humanos en búsqueda de una vida mínimamente digna, así como la Unión Europea lo está en relación al flujo migratorio que desde México, Centroamérica y el Caribe se amontona en las puertas del imperio. La “solución” por la que se ha venido inclinando la política de Estados Unidos pasa por el reforzamiento de los controles fronterizos, las deportaciones y la construcción del muro en la frontera con México. Los países europeos no gozan de las ventajas estadounidenses por la porosidad de sus fronteras, su heterogeneidad estatal y la proximidad de los países originarios de los migrantes. Si Occidente creyera firmemente en su tan pregonada doctrina de los derechos humanos tendría que modificar radicalmente su política migratoria y hacerse cargo de su responsabilidad en la crisis actual. Pero ni Estados Unidos ni la Unión Europea han dado muestras de tomarse en serio los derechos humanos, por lo que lo único que aparece en el horizonte europeo es una política de mayor control migratorio, cierre de fronteras, expulsión y deportación de migrantes ilegales. Lo ocurrido con los camiones cargados de africanos muertos hallados en Austria o la odisea de los que intentan cruzar el Mediterráneo demuestran los límites morales y prácticos de tales políticas. Como lo recordaba José Saramago, el proyecto de parar esta avalancha humana construyendo la “Fortaleza Europa” ( o la “Fortaleza Americana”) está condenado al fracaso y no pondrá fin a un éxodo cada vez mayor, alimentado por las inequidades del capitalismo contemporáneo en su proyección global y por las estrategias norteamericanas de producir un “cambio de régimen”, por vías violentas como las evidenciadas en Siria y Libia, en Medio Oriente, y también, no lo olvidemos, en algunos países latinoamericanos. Ante este cuadro, lo único sensato sería construir un nuevo orden económico internacional que haga posible el bienestar de esos pueblos y que les permita acceder a  una vida digna dentro de sus respectivos países. Pero el capitalismo es un sistema esencial e incorregiblemente irracional y además nada indica que la sensatez sea un atributo de sus círculos dirigentes a ambos lados del Atlántico. Lo que hicieron con Grecia es una prueba rotunda de que lo único que les importa es garantizar la tasa de ganancia de sus transnacionales. Así las cosas lo único que cabe esperar es la intensificación de las migraciones subsaharianas, el éxodo sirio y nuevas tragedias como la del niño Aylan.   





[1] Sobre la relación entre los gobiernos occidentales y el Estado Islámico ver ”El Mosad creó el Estado Islámico”, en Rebelión, 19 Agosto 2014,  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188610
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