Buenos Aires, 9 Noviembre 2015

(Por Atilio A. Boron) Quisiera decir algunas pocas palabras en torno al debate suscitado acerca de la conducta que la izquierda debe seguir ante el balotaje del 22-N. Los sectores identificados con las distintas variantes del trotskismo y algunos independientes se han manifestado de forma rotunda a favor del voto en blanco. Otros, que militamos en el amplio y heterogéneo campo de la izquierda, pensamos que en esta coyuntura concreta -alejada del terreno más confortable e indoloro de los discursos y los papers académicos-  el voto por Scioli es, desafortunadamente, el único instrumento con que contamos para impedir un resultado que sería catastrófico para nuestro país, para las perspectivas de la izquierda en la Argentina y para la continuidad de las luchas antiimperialistas en América Latina. Sería bueno que hubiese otro instrumento político para detener a Macri, pero no lo hay. El voto en blanco ciertamente no lo es.

Quienes postulan el “votoblanquismo” señalan que en el balotaje del 22-N se enfrentan dos candidatos de la burguesía que se mueven en la cancha de la derecha, como correctamente señala Eduardo Grüner en su respuesta a la intervención de Mabel Thwaites Rey que disparara este debate. Es cierto, pero eso no quita que aún así esa caracterización general sea de nula utilidad a la hora de hacer política. Porque, ¿no eran acaso políticos burgueses Raúl Alfonsín, Ítalo Luder y Herminio Iglesias? ¿Cómo ignorar las diferencias que existían entre ellos? Tomemos un ejemplo. En un caso, juicio y castigo a las Juntas Militares, con todas sus idas y venidas, y con las contradicciones propias de la política pequeño burguesa del partido Radical; en el otro, autoamnistía de los militares genocidas ratificada por ley del Congreso y desenfreno macarthista a cargo de Herminio y sus patotas, continuando con la siniestra obra de la Triple A. Obvio, ni Alfonsín ni Luder aspiraban a construir una sociedad socialista, o siquiera a iniciar una transición hacia el socialismo, como recordaba Salvador Allende. Pero, ¿no eran significativas esas diferencias para la izquierda, pese a que todos eran políticos burgueses? Me parece que sí. Ejemplos de este tipo abundan a lo largo de la historia, y sería un ejercicio ocioso traerlos ahora para ilustrar esta discusión. Perón también era un político burgués, al igual que José P. Tamborini, su contendor en la crucial elección presidencial de 1946. Ambos también se movían en el campo de la derecha, pero a pesar de ello había algunas diferencias, nada menores por cierto, que la historia posterior se encargó de demostrar de modo irrefutable.
En la coyuntura actual el indiscriminado repudio al binomio Macri-Scioli adolece de la misma falta de perspectiva histórica y de rigor analítico. Son, sin duda, dos políticos que juegan en la cancha del capitalismo. Uno, Macri, es un conservador duro y radical; el otro, Scioli, se inscribe en una tradición de conservadorismo popular de viejo arraigo en la Argentina. Macri llega a los umbrales de la Casa Rosada apoyado por una impresionante colección de fuerzas sociales y políticas del establishment capitalista local, sin ninguna organización popular que se haya manifestado en su apoyo. En otras palabras, como indica Gramsci, al identificar la naturaleza de una coalición política es preciso conocer, con la mayor precisión posible, la naturaleza de clase y la organicidad de sus apoyos. A Macri lo respaldan todas las cúpulas empresariales de la Argentina, comenzando por la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y siguiendo con casi todas las demás; lo apoyan las capas medias ganadas por un odio visceral hacia todo lo que huela a kirchnerismo, la oligarquía mediática, la Embajada de Estados Unidos y es él quien completa, desde esta parte del continente, el tridente reaccionario cuyas otras dos puntas son nada menos que Álvaro Uribe y José María Aznar. No es casual que su candidatura cuenta con el respaldo de las principales plumas de la derecha latinoamericana:  Mario Vargas Llosa, Carlos A. Montaner, Andrés Oppenheimer, Enrique Krauze y todo el mandarinato imperial. ¿Y Scioli? Su candidatura ha sido respaldada por los sectores empresariales menos concentrados, las pymes, sectores medios vagamente identificados con el “progresismo”, una multiplicidad de organizaciones y movimientos sociales –inconexos y heterogénos pero aún así arraigadas en el suelo popular- y estos apoyos hacen que suscite una cierta desconfianza de los poderes mediáticos y el bloque capitalista dominante porque es obvio que no podrá gobernar sin atender a los reclamos de su base social. Un dato que puede parecer una pequeña nota de color pero que no lo es: poco después de las PASO Scioli viaja a Cuba y se reúne durante cuatro horas y media con Raúl Castro; Macri, en cambio, llama por teléfono al Embajador de Estados Unidos, en línea con lo que Wikileaks demostrara que tantas veces hiciera en el pasado. Dirán los “votoblanquistas” que estas son meras anécdotas, pero se equivocan. Remiten a algo más de fondo. Sólo que hay que saber mirar.

De lo anterior se desprende que la consigna del voto en blanco es una forma de eludir las responsabilidades políticas de la izquierda en la hora actual. Cualquiera de los proponentes de esta opción sabe muy bien que con Macri lo que se viene es una política de ajuste y de violenta represión del movimiento popular (los incidentes del Borda o el violento desalojo del Parque Indoamericano son botones de muestra de ello), mientras que Scioli muy probablemente seguirá con la política kirchnerista de no reprimir la protesta social.  Y no me parece que para cualquier militante de izquierda esta sea una diferencia insignificante. Por otra parte, podría entenderse la razonabilidad de la consigna “votoblanquista” si, como ocurría con los radicales de finales del siglo diecinueve, cuando se rebelaban contra el fraude y proponían la abstención revolucionaria no votaban pero se alzaban en armas y seguían una estrategia insurreccional, como ocurriera en 1890, 1893 y 1905. O como hicieran los peronistas durante los años en que su partido fue proscripto, que propiciaban el voto en blanco pero en el marco de una estrategia que contemplaba múltiples formas de acción directa, desde sabotajes hasta atentados de diverso tipo. Los “votoblanquistas” de hoy, en cambio, no proponen otra cosa que el burgués repliegue hacia su intimidad y dejar que el resto de la ciudadanía resuelva el dilema político que nos hereda doce años de kirchnerismo. La consigna del voto en blanco es estéril, porque no va acompañada por alguna acción de masas de repudio a la trampa de Macri-Scioli: no hay convocatoria a ocupar fábricas, a cortar rutas, invadir campos, organizar acampes, bloquear puertos o algo por el estilo. Esto es política burguesa en toda su expresión: no me gusta, no me convence, no elijo nada, me retiro y luego veré que hacer. Me retiro del juego institucional y tampoco tengo una estrategia insurreccional de masas: es decir, nada de nada.
            ¿Será  posible construir una opción de izquierda a partir de esa actitud? ¡No, de ninguna manera! Entre otras cosas porque habría que discutir las razones por las cuales luego de más de treinta años de democracia burguesa las izquierdas no hemos todavía sido capaces de construir una sólida alternativa electoral.  ¿Cómo es posible que aún hoy estemos penando para superar el 2 o el 3 % de la votación nacional? ¿Por qué el Frente Amplio pudo llegar a la presidencia en el Uruguay, igual que el PT en Brasil, el MAS en Bolivia, el FMLN en El Salvador, mientras que en la Argentina nos debatimos todavía en la lucha para superar un dígito?  Aquí no hubo un Plan Jakarta, como el que en Indonesia exterminó en pocos meses a más de medio millón de comunistas; ni un baño de sangre         -hablamos siempre desde la reinstauración de la democracia burguesa en 1983, no antes- o una feroz persecución a la izquierda como la que todavía hoy martiriza a Colombia. Es cierto que el peronismo, en todas sus variantes, incluido el kirchnerismo, siempre trató de impedir el crecimiento de la izquierda, o en el mejor de los casos, acotarlo dentro de límites muy precisos. Pero no hubo en la Argentina posterior a 1983 nada similar a lo de Indonesia o Colombia.  Y sin embargo,  producto de nuestro sectarismo, nuestro ingenuo hegemonismo, de estériles personalismos y falta de unidad no tenemos gravitación en las grandes coyunturas en las que se define el destino de la nación. Creo que ha llegado el momento de avanzar en esa dirección y refundar una izquierda seria y plural, inmunizada contra el facilismo consignista que constantemente anuncia la inminencia de una revolución que nunca llega, con vocación de poder y voluntad de ser protagonista y no víctima de nuestra historia. Claro que si llegara a ganar Macri todo esto sería muchísimo más difícil de llevar a la práctica.
Una última reflexión, que no puedo acallar: estoy asombrado al comprobar como lúcidos pensadores del marxismo “votoblanquista” elaboran sesudos argumentos sin jamás haber pronunciado la palabra “imperialismo”.  Se habla de una elección crucial no sólo para la Argentina sino para toda América Latina y la palabrita no aparece. Tampoco se habla de Raúl, de Fidel, de Chávez, de Maduro, de Evo, de Correa, de Sánchez Cerén, de Daniel Ortega. No se habla de las ochenta bases militares que Estados Unidos tiene en la región o de la ofensiva restauradora lanzada por Washington para retrotraer la situación sociopolítica de América Latina al punto que se encontraba el 31 de Diciembre de 1958, en vísperas de la Revolución Cubana. ¿Qué clase de análisis de coyuntura es este que prescinde por completo de la dimensión internacional y que ignora olímpicamente al imperialismo? Todo parecería ser un ejercicio puramente académico, descomprometido de las urgencias reales del momento actual y por completo ajeno a lo que en el marxismo se entiende por análisis de la coyuntura. En cambio, la importancia continental de la elección de Macri no pasó desapercibida para un agudo observador de la política latinoamericana, y protagonista también de ella, como el ex presidente brasileño Fernando H. Cardoso, un ex marxista que se olvidó de muchas cosas menos de lo que significa el papel del imperialismo y la correlación internacional de fuerzas. En una esclarecedora entrevista que le concediera al diario La Nación (Buenos Aires) el domingo 1° de Noviembre, decía que una derrota del kirchnerismo en la Argentina facilitaría la resolución de la crisis en Brasil; es decir, pavimentaría el camino para la destitución de Dilma Rousseff. Agregaba, además,  que “si una victoria de la oposición en la Argentina repercutiera además en las elecciones legislativas de Venezuela (el 6 de diciembre), sería una maravilla. Porque en Venezuela tampoco se puede seguir así" Precisamente, de lo que se trata es de evitar tan “maravilloso” resultado y para eso hay que impedir la victoria de Macri, apelando al único instrumento disponible para ello: el voto a Scioli. Sería mejor disponer de otro, pero es lo único que hay. Y votar en blanco contribuiría a lograr el “maravilloso” efecto anhelado por Cardoso.
La  existencia de una izquierda indiferente ante la presencia del imperialismo en la vida de nuestros pueblos es uno de los rasgos más asombrosos y deprimentes de la escena nacional. Esa izquierda debería tomar nota de lo que dice el ex presidente brasileño para caer en la cuenta del significado que tendría el triunfo de Macri el 22-N, mismo que trasciende con creces los límites de la política nacional. La propuesta del “votoblanquismo” revela una perniciosa mezcla de dogmatismo y de provincialismo que explica, al menos en parte, la crónica irrelevancia de la izquierda.  Esto no es nuevo: el trotskismo, en todas sus variantes, siempre manifestó un profundo rechazo hacia las “revoluciones realmente existentes”. Nunca aceptó a la Revolución Cubana y experiencias como las del chavismo, la boliviana o la ecuatoriana han sido permanente objeto de sus enojosas diatribas, sólo comparables a las que disparan los agentes de la derecha. Cultivan la malsana ficción de una revolución que sólo existe en su imaginación; una revolución tan clara y límpida, y ausente de toda contradicción, que más que un tumultuoso proceso histórico se parece a un teorema de la trigonometría. Por eso son implacables críticos de la Revolución Rusa, la China, la Vietnamita, la sandinista, aparte de las arriba mencionadas.  Su concepción de la revolución no es dialéctica ni histórica sino mecánica: la revolución es un acto, un acontecimiento, cuando en realidad es un proceso. Es el desenvolvimiento de la lucha de clases, en un trayecto erizado de violencia y signado por momentos de auge y estancamiento, de  avances y retrocesos. Celebran como una hazaña de la clase obrera la conquista de un centro de estudiantes y vomitan su odio contra las “revoluciones realmente existentes”, siempre procesos contradictorios, conflictivos y, según esta visión, invariablemente traicionados por sus líderes. Esta incomprensión, de la que jamás adoleció Trotsky, los convierte–y a pesar de sus protestas- en aliados del imperio, en su desesperado afán por acabar con gobiernos que Washington considera objetivamente antiimperialistas pero que nuestros “votoblanquistas” vituperan como una muestra de la traición a los ideales del socialismo. Y para el imperialismo y sus secuaces, para Álvaro Uribe –el gran socio de Macri- la victoria del PRO y Cambiemos significará un golpe durísimo, tal vez fatal, a los procesos emancipatorios en curso en la región. Debilitará a la UNASUR (que frustró dos golpes de Estado contra Evo y Correa) y la CELAC; hará del Mercosur un apéndice de los TLC y del Tratado TransPacífico;  incorporará a la Argentina a la Alianza del Pacífico (nuevo nombre del ALCA); congelará (o tal vez romperá) relaciones con Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador y, de acuerdo con Washington, apoyará a los grupos que pugnan por derribar a esos gobiernos;  y tratará de que la Argentina, como hizo recientemente Colombia, reingrese a la OTAN. Esto no es una suposición, no es algo que Macri podría eventualmente llegar a hacer sino un resumen de las declaraciones en las que anunció cuáles serían las líneas directrices de su política exterior. Aún cuando Scioli quisiera seguir por ese mismo camino, las fuerzas políticas y sociales que lo apoyan plantearían enormes obstáculos a su accionar, y no sólo en el terreno internacional sino también en la política económica. ¿Cómo puede un sector de la izquierda argentina ser indiferente ante esta fenomenal regresión política que el triunfo de Macri produciría en el tablero de la política internacional? ¿Qué quedó del internacionalismo proletario y de la solidaridad con la luchas de los pueblos hermanos? ¿Cómo se puede predicar la abstención o el voto en blanco frente a una situación como la que hemos descripto? Francamente, no lo entiendo. Ojalá que estas líneas sirvan para llamar a la reflexión a los compañeros que proponen el voto en blanco y a caer en la cuenta de todo lo que está en juego el 22-N, que trasciende de lejos la política nacional. Por eso ratificamos la validez del título de esta nota: votar en blanco es votar en línea con las políticas del imperialismo; es votar por el imperialismo y nadie en la izquierda puede actuar de esa manera.



35 comentarios:

Anónimo dijo...

Claro. Si querés oponerte al imperialismo votalo a Scioli. Que seguro no va a ajustar, ni va a arreglar con los buitres como demanda el imperialismo, ni va a sostener todos los compromisos internacioanles con Washington, ni los beneficios a las multinacionales. Ni tampoco va a mandar a reprimir a los trabajadores que se enfrenten con patronales yanquis como los de Lear (o por caso Gestamp). Clarísimo, un voto a Scioli es un voto antiimperialista no? Sino preguntémosle a Montaner....

Martin Lemma dijo...

Me parece que "anónimo" no leyó bien la nota.

Gracias Atilio por esta claridad. Yo tampoco entiendo mucho el voto en blanco.

DARIVS dijo...

Solamente un "anonimo", puede comentar semejantes pelotudeces

Anónimo dijo...

no reprimir la protesta social de kirchner?????? en ke pais vive señor?

Anónimo dijo...

Después de 12 años de supuesta construcción resulta que hay que votar a Scioli y encima es lo presenta como anti imperialista. Mamita querida.

Anónimo dijo...

Aclarando desde el vamos que comparto la idea de que en general es desafortunado y escapista votar en blanco, sí quisiera abordar más críticamente algunas otras afirmaciones en esta nota.

Sobre todo quiero tratar de responder la pregunta que Atiio se hace: "… habría que discutir las razones por las cuales luego de más de treinta años de democracia burguesa las izquierdas no hemos todavía sido capaces de construir una sólida alternativa electoral. ¿Cómo es posible que aún hoy estemos penando para superar el 2 o el 3 % de la votación nacional?" La respuesta es obvia (si es una víbora, ¡te pica!): porque el electorado de la izquierda ha sido cooptado por el peronismo, antes y después de 1983 (las referencias a Indonesia y Colombia me parecen irrelevantes). Mientras los sindicatos, los habitantes de las villas, los pobres en general sean engatusados y cooptados una y otra vez por el peronismo, la izquierda no va a crecer. ¿Y por qué ocurre esto? Porque en realidad estos sectores y estas organizaciones no son independientes: son mimadas (= se dejan mimar), a veces incluso creadas por el gobierno (peronista) de turno, no porque a éste le interese tanto tener organizaciones sociales y sindicatos fuertes sino porque quiere un sindicato obsecuente que le sirva de maquinita electoral y de canal para que los obreros se traguen medidas antisociales. Ver lo ocurrido con la(s) CGT(s): si la frase “divide e impera” no existiera, el peronismo la habría inventado.

También señalo una inconsistencia. ¿Por qué está tan convencido Atilio de que el gobierno de Macri va a ser represor, cuando de los dos candidatos el que visitó a un represor (Castro) es Scioli? ¿A qué habrá ido, a aprender cómo meter poetas gay en cana?

Jur Schuurman
Amsterdam, Holanda
.

Bakunin dijo...

"EL VOTO EN BLANCO ES UN VOTO POR EL IMPERIALISMO" Sin duda. De hecho, el voto, es un voto por el imperialismo.

Julio Riveros dijo...

Me parece estéril discutir con cierta izquierda gorila y antiimperialista, Atilio. Son antirrevolucionarios convencidos, casi religiosos. jamás en la historia construyeron absolutamente nada. Creo que estos van a hacer la revolucion cuando Altamira o Del Ñoca vayan a laburar, o sea nunca.

Anónimo dijo...

Me parece impecable la nota, desde lo conceptual, desde lo procedimental y, sobre todo, desde el análisis político. Digno de la altura intelectual de Atilio Borón, lo cual no sorprende para nada.

Coincido totalmente en que puede no ser una opción para nosotros Daniel Scioli, que desconfiemos que apoye o defienda a los sectores populares, que nos ofrezca dudas de su manejo del Estado en mil cuestiones. Pero viendo quién se alegraría por una victoria de Macri, hace pensar en qué vereda pararse.

No es todo lo mismo, no da igual cualquier proyecto, aunque estén del otro lado. Lo que no es revolucionario no es homogéneo! ¡Vaya novedad! Porque tampoco los "revolucionarios" lo somos...
Pero no entender lo que pasa en un barrio humilde y en los sectores más postergados sobre todo, en caso de una alternativa u otra, es de una miopía sólo explicable por el vanguardismo más cerril o el individualismo más extremo. No, no es lo mismo que haya paritarias que lo maneje todo el mercado. ¡Claro que ambas cosas son burguesas!
Pero a las personas concretas de carne y hueso de nuestros pueblos no les da lo mismo.

Y no porque estén cooptados, ni sean comprados ni nada por el estilo: simplemente las premuras de su realidad cotidiana les impide sentarse a rascarse la cabeza pensando en la revolución, necesitan cosas concretas hoy. Valga este atisbo de respuesta a algún comentario anterior que me parece extraviado en la plenitud de su heladera repleta.


Las revoluciones pensadas desde la heladera llena son las que nunca se hacen. Las revoluciones de los cambios cotidianos salvan vidas y mejoran las condiciones materiales de nuestros pueblos. Aunque el cambio no sea nuestro ideal. Porque no nos olvidemos que no logramos convencer a la mayoría de que semejante cambio total sea algo mejor. Tal vez tendríamos que humildemente meternos más en las dinámicas populares para percibirlo.

Mis respetos y mi saludo a Atilio Boron, como siempre.
Ladislao Fokas

Anónimo dijo...

Atilió Borón, ese impresentable buchón del estado que posa de izquierdista, escribe doscientos millones de renglones contra la izquierda que vota en blanco, sin hacer mención alguna a los argumentos esgrimidos por esta izquierda. Para él, nosotros llamamos a votar en blanco "porque Scioli y Macri son burgueses". No, imbécil, lo decimos en todas y cada una de nuestras intervenciones: son los candidatos del ajuste y la represión. Lo dicho por sus asesores económicos y la composición de sus futuros gabinetes hablan por sí sólos. Lo único que hace el Frente de Izquierda es poner esta realidad de manifiesto.
PD: en el caso del Partido Obrero, hemos apoyado a Chávez en su levantamiento de 1992 o en 2002 contra el golpe pro-yanqui, a Evo Morales en 2005, a Lula en 1989. Pero Atilio Borón esto lo ignora porque es un pelotudo, o bien lo ignora adrede porque es un completo forro

Anónimo dijo...

El argumento de no criminalización de la protesta social ya quedó, por propias palabras de Scioli, desautorizado, gracias a su trágico "tolerancia cero" a los cortes en la vía pública (por si cabían dudas en los "votoimperialistas-chinos" tras mencionarse como ministros a Granados y Berni).
Si votar a Scioli representa "votar en contra del imperialismo", habría que revisar el ideario izquierdista y contemplar mejor los acuerdos con China (para ser benévolos: un seudo imperio), dónde mucha tinta de los mismos es secreta (como secreta es también la letra de los acuerdos con la imperial Chevron).
También podría reflexionarse que, si el balotaje realmente fuera democrático, debería brindarse espacio publicitario para difundir el voto en blanco y así evitarse esta caza de brujas que nos brindan los compañeros kirchneristas que últimamente se vienen comiendo varios sapos (Randazzo, Anibal Fernández, etc.), a modo de contrapeso a tanto chamuyo de que los culpables de la derrota del "modelo" seremos los 6, 7, 8? que optemos por el "votoblanquismo".
Saludos Atilio!

Anónimo dijo...

Vuelvo y digo, como dice un amigo. Parece ser que algunos comentaristas les gusta más insultar como "imbécil" al autor que discutir de política. Es lógico, la orga en que se mueve, es evidente, es bien "revolucionaria", por eso no necesita hacer política, ni pisar territorio, eso evidentemente sería un contacto con la realidad que echaría por tierra sus elucubraciones.

Su """"explicación"""" de "izquierda" es que no es porque son burgueses sino que es porque "son los candidatos del ajuste y la represión". Ahora sí que me queda claro eh.

A veces pienso si alguna vez pisaron realmente el barro de los barrios... o si estuvieron 12 horas delante de un torno. O algún laburo en serio. Si sufrieron la realidad y se vieron forzados a mitigarla con cualquier herramienta a la mano en lugar de ideales inaccesibles pero bellos, y sobre todo viéndolos acá nomás posibles en lugar de una construcción de largo plazo, por su falta de contacto con la realidad.

Digo, para hablar que es exactamente igual el candidato del "ajuste" Macri que el candidato
del "ajuste" Scioli. No... pareciera trivial y hasta pueril explicarlo, casi una falta de respeto, casi como si al otro cuando se lo explico lo tratara de idiota, pero es evidente que es necesario hacerlo: no muchacho, no, no es lo mismo, no es ni el mismo ajuste ni la misma represión, no lo es por lo que dicen pero tampoco es por la práctica, y tampoco lo es por el colectivo que acompaña a cada uno de los candidatos. No lo es por los posicionamientos internacionales, no lo es por las implicancias concretas en el día a día de nuestros pueblos.

Colectivo... esa palabra que muy revolucionario que se sea en palabras en necesario construir con algo más que un centro de estudiantes, logrando empatía con el sector popular que se dice defender.

Pero no, parece que la única explicación es "que son igual de ajustadores y de represores".
Es demasiado lineal para llamar pensamiento a esa afirmación, y demasiado poco categorial y conceptual para llamarlo argumentación. Una afirmación... cerrada. Con un pensamiento cerrado. Y que yo sepa nunca un revolucionario puede pensar así.

Cómo se ve que no ven la diferencia de perspectiva concreta entre una opción y otra respecto al poder adquisitivo del salario. Y uno se pregunta cómo es posible que no lo vean o lo piensen. Debe ser por priorizar la "revolución"... mientras se olvidan de las personas concretas. Debe ser por el "cuanto peor, mejor"... mientras se olvidan de quiénes pierden más en ese "cuanto peor".

Generando esa empatía con las masas populares que dicen defender, se ve cómo les va: porcentaje nimio de respuesta. O será que no lograron empatía con lo popular. En cualquier caso, un pequeño gesto de humildad no vendría nada mal para hacer crecer un movimiento de izquierda en serio no?

Digo, tal vez un análisis político un poco más elaborado. Probablemente algo como el texto de Atilio Boron, que creo que ayuda en ese sentido.

no sea cosa que por muy revolú nos convirtamos en más rebolú. Parece también que más de uno no sólo vive de pan, sino de principios inalterables y sin dialéctica. Bueno, ellos pueden. El resto del pueblo necesita del pan y otras cosas.

Saludos
Ladislao Fokas



Anónimo dijo...

para los del FIT y oros ,todos son iguales.su análisis seda de la mano con los de la derecha.Si todo te da igual es porque estas aciendo mal las cosas

Jorge Guevara dijo...

Atilio me queda la duda del temor del cambio radical en política internacional porque en ese plano si o si, quien gane,necesita contar con el acuerdo del Congreso y en la composición que surge de las elecciones pasadas el FPV y sus aliados en Diputados es primera minoría y en el Senado tiene quorum propio, por lo tanto de ganar Macri estaría en una situación desfavorable para poder hacer lo que quiera con la política internacional, ubicar a Argentina en cualquier escenario, si no es contando con el voto favorable del FPV. En ese último argumento tuyo me parece que adolece de consistencia.
Por esto no entiendo como se puede inferir que el voto en Blanco sea un voto al imperialismo y si me parece más una perspectiva de amenaza poco sólida.
Por el contrario la supuesta preeminencia del FPV en el congreso no es fuerza necesaria y suficiente para aplicar las políticas de macroeconomía, cuyos instrumentos están todos en poder del PEN, y es en ese plano donde ninguno de los candidatos se diferencia a la hora de seguir con el "modelo" o producir un cambio, la perspectiva de uno es un ajuste con anestesia y la del otro un ajuste salvaje; pero sin lugar a dudas ambos van camino al ajuste y para eso tenemos que prepararnos. En este plano, que es el nacional, no encuentro válido tener que votar a Scioli por ser el mal menor. Será que ya vote en contra de Menem y tuve a De La Rua y así nos fue.

Mariano Arrigoni dijo...

En líneas generales adhiero a lo que plantea el artículo.

Pero insisto que ahora todas las "charlas" que desde la izquierda hagamos, serán en estos días que transcurren puro bla bla, habladurías.
Luego del 22 o Scioli o Macri gobernará. Y nos da la cabeza para entender, sin la teoría dogmática sobre un escritorio, que no son exactamente lo mismo.
El incendio que acontece nos tiene que permitir actuar con urgencia para luego planear mejor las resistencias.

Aportaría que creo que la derecha ha avanzado reactivamente por si sola, quizá por primera vez, ante los avances continentales y locales de las izquierdas. He ahí un gran componente que podría explicar cierta "derechización" y no solo ciertas pocas luces del kirchnerismo, ni la inoperancia de las izquierdas en general y la operancia, por momentos funcional, de las izquierdas partidarias.
Y la derecha ha avanzado porque también (y determinantemente) tiene a su favor el control de la hegemonía de generación de sentido social. Y así, derechiza al mundo, a la vida. Colonizando saberes y pensares. Haciéndolos pasar como propios de quienes los piensan. Incluso para tantos de izquierdas que para colmo creen creer que sus pensares son inmunes.
Estas izquierdas que yo denomino mezquinas socialmente tienen miradas atomizantes sobre las realidades sociales, miradas que aíslan cada proceso social. Lo aíslan sincrónicamente cuando no sitúan a los países en constante relación dentro de un sistema mundo (el capitalismo es lo que es ahora por esa variable sistémica) y lo aíslan diacrónicamente cuando no tienen en cuenta procesos históricos complejos y contradictorios.
El "votar en blanco" es síntoma de estas miradas atomizantes, descontextualizadas en tanto tiempo sociohistórico y interrelaciones sociaopolíticas de escala continental y mundial.

¿Cuán pedante serán las izquierdas mezquinas que se autoexcluyen del conjunto social?. Las izquierdas mezquinas no creen entonces ser parte de las sociedades que se derechizan. Son activos y orbitantes actores colectivos sociales solo si la izquierda avanza pero no si la derecha avanza.
Todos y todas hagámonos cargo de lo completo social que acontece, porque si observamos nuestro contexto social con mezquindad solo avanzarán los que realmente atentan en mayor escala contra la integridad humana tras la manipulación marionetezca de las derechas políticas.
Eso está aconteciendo ahora mismo caramba.
Todos somos en conjunto responsables de los avances de las izquierdas como de las derechas así como de sus retrocesos. Interpelemos nuestros roles de actores sociales, individual y colectivamente. Mantengamos constante la actividad sensible y cerebral reflexiva para estar lúcidos y alertas ante el embate de la colonización de nuestras cosmovisiones.

Por esto que trato de plantear comprendo el inverosímil planteo de ciertas izquierdas partidarias mezquinas de votar en blanco. Lo entiendo desde esa actitud que constantemente tienen de ser antisociales, es decir excluidos (ficticiamente) del todo social que integran. No son parte de lo que si todos somos parte y a todos nos atraviesa y afecta.
Corren con la vana argumentación del "mal menor". Pues bien, diganmé ¿Dónde está el bien mejor?. Insisto en que "en blanco" no gobernará. Es más fácil resistir socialmente contra paritarias empobrecidas que contra desocupaciones masivas. Un pueblo hambreado no hace revoluciones.


Y para colmo, literalmente hablando, aberrante y patético es que, además de la irresponsabilidad social del voto en blanco en esta coyuntura, salgan a militar por el voto en blanco y que presenten recursos a la justicia para que les permitan fiscalizar el voto en blanco.

Anónimo dijo...

Es verdaderamente triste el papel de quienes integran la izquierda trotskista, que viven adormecidos en un mundo de ideales impólutos y luchas radicales, cuando no son más que un actor político funcional a la derecha en este país. Su pobre lectura de la realidad, omitiendo la inminente posibilidad de un avance imperialista, es indigna de cualquier organización que se identifique como marxista.

Anónimo dijo...

Qué antidemocráticos que están algunos con el 5% que votará en blanco!
Se nota que les duele que algunos tengamos "ideales impolutos" y elijamos una "tercera posición" (ni macristas ni peronistas).
Se nota también que les duele que su "movimiento nac&pop" haya sido cooptado (o travestido) por los poderes concentrados que les vomitaron a un empresario, pro-imperios yanqui y chino, que promete la "revolución productiva" de las "3 T" (cuando queda demostrado, salvo para los miopes de siempre, lo que fueron las "3 T" durante sus 8 años de gobernador!).
Igual... relajen un poco viejo... gana Scioli! (todo este montaje no es más que parte del pacto Pro-K... "Buenos Aires para el PRO, el país para Scioli"


Simón Uachiturro

Anónimo dijo...

Qué lamentable, Borón. Es coherente con tu ideología de izquierda quebrada que al principio del kirchnerismo hayas capitulado a las ilusiones nac&pop y que ahora al final del kirchnerismo te corran con el mal menor. Pero vos no tenés ninguna altura moral ni de militancia ni de nada para decirle a la izquierda que tiene compañeros asesinados, procesados y golpeados que si no vota a uno de sus verdugos entonces vota por el imperialismo.

Pero bueno, ponele que odiás a la izquierda trokista. ¿Le dirías a un docente de la provincia de Buenos Aires que si vota en blanco vota por el imperialismo? ¿Serías tan caradura?

Carolina Gliozzi dijo...

permiso,creo que llamar a votar en blanco es,sin duda,responder al imperialismo! como todo cero a la izquierda,no vale nada.Res non verba (hechos,no palabras),eterno dilema de los burgueses intelectuales,"desafortunadamente..."

Anónimo dijo...

Recorrer las posiciones del trostkismo a lo largo de las luchas electorales o armadas en el mundo desde la creacion de la IV es un viaje al horror. Problemas teoricos insolubles? sectarismo suicida? creacion del imperio? Y quede claro que no hablo de Trotsky sino del trostkismo, sus interpretes putativos ...
La brigada Simon Bolivar en Nicaragua, las posturas del POUM en la guerra civil española son solo muestras de que el "cuanto peor mejor" no es una simplificacion inventada por el antitrostkismo sino una conducta de los trostkistas insensibles porque en le medio hay gente que sufre, que se muere...

Anónimo dijo...

"el trotskismo, ...Nunca aceptó ...experiencias como las del chavismo, la boliviana o la ecuatoriana".
Borón sí, por eso defiende respectivamente el golpe de estado militar, el trabjo infantil y la feudalización dolarizada hacia la transnacional bananera de Carolina del Sur.

Anónimo dijo...

" ¿no eran acaso políticos burgueses Raúl Alfonsín, Ítalo Luder y Herminio Iglesias? ¿Cómo ignorar las diferencias que existían entre ellos? "
claro, será por eso q uds los estalinistas llamaron a votar x Herminio; x la trata de blancas q tanto le interesa al "filósofo" feinmann

Anónimo dijo...

"por último, reducirá a un mínimo, o cortará, las relaciones con Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, en línea con los planes imperiales de aislar y luego liquidar esas experiencias promoviendo un “cambio de régimen” en todas ellas".

A que no, Atilio. A que no pasará nada de esto. ¿Qué querés apostar? Yo acepto lo que quieras.

Tiago Obligado dijo...

Es un problema clásico de Internet, que cualquier papanatas anónimo puede discutirle física a Hawking
Che, anónimo! ¿Leiste el artículo? ¿Lo entendiste?

FOLLADORDEPROSTIS dijo...

"Cortará, las relaciones con Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador"??? acaso ,Santos,Peña Nieto y otros presidentes derechistas cortaron relaciones con Cuba?? al contrario,tienen buenas relaciones con Cuba incluso la han visitado!!! y hace unos días Raul Castro fue recibido con honores en Mexico x el derechista Peña Nieto !! quien gano las ultimas elecciones en El Salvador,Uruguay,Bolivia,Ecuador y Brasil?? acaso no fue la izquierda??? así que Atilio deje de vender humo de que la victoria de Macri seria el fin de la izquierda en la region, cuanto saco la izquierda con Nicolas Del Caño?? pues 3 %!!!! la izquierda argentina es como la selección peruana de futbol,no le ganan a nadie!!! xq no menciona las razones xq mucha gente en Argentina no quiere votar al menemista-kichenrista Scioli ?? pues esta podridos de la inflación,delincuencia,corrupción que a florecido durante el kichnerismo, pero Atilio es tan sectario ,dogmático,sesgado que para el los que votan a Macri son "peones del imperialismo" ,quienes quieran votar en blanco o viciado tienen el derecho de hacerlo,ningún zurdo utópico tienen el derecho de prohibirle a la gente su opción,el mundo no es blanco y negro.

Anónimo dijo...

Los trotkistas dicen que la pelea entre Diego Rivera y Trotsky fué debida a infidelidades de la esposa del pintor.Pero fue una cuestión politica y más profunda:Trotsky no podía actuar en politica en Mejico, pero llamó a los mejicanos trotkistas a votar a favor de Lazaro Cárdenas el presidente que nacionalizó el petroleo y los ferrocarriles,hizo una reforma agraria y ayodó a la república española entre muchas cosas.En cambio Rivera junto con el PC mejicano apoyaron a Almazán un corrupto militar que se enrriqueció como funcionario y con frecuencia coqueteaba con los yanquis. La diferencia entre los troskistas y Trtsky es como la diferencia entre Cristo y muchos cristianos.

FOLLADORDEPROSTIS dijo...

Una de las mejores cosas que podría hacer Macri de ser elegido presidente es hacer lo mismo que hizo Peña Nieto y Santos ,visitar Cuba o recibir con honores a Raul como hizo Peña Nieto hace unas semanas !! Xq Atilio no habla de los escándalos de corrupción del kirchnerismo?? tan corrupto como el menemismo de los 90's,acaso Atilio no entiende que muchos de los que votan a Macri lo hacen como voto castigo x la inmensa corrupción del kichnerismo ,la alta inflación y delincuencia ?? tilda de sectarios y dogmáticos a los que votan en blanco cuando el 1er dogmático es el!!

Anónimo dijo...

El que vota en blanco por que es de izquierda no puede estar nunca haciendole el juego al imperialismo y a quien convence lo convence por izquierda. El voto en blanco de derecha es un voto perdido por macri. Es reaccionaria tu posicion, atilio, fanatismo burocratico. Todas tus opciones estan en los escritorios de la rosada. Scioli en la rosada no es una oportunidad para los trabajadores. Igual vos no te dirigis a los trabajadores, sino a la izquierda, y scioli no va a tratar a la izquierda mejor que macri. O te olvidas de mariano ferreyra? el proyecto x? vos queres convencer a la izquierda de que vote por sergio berni? en honor a empédocles! La izquierda vota en blanco porque vota lucha. Vos no vas a luchar consta scioli porque llamaste a votarlo.
"Debo dejar la casa y el sillon..."

Anónimo dijo...

Atilio, ademas de ser un chanta y no dar clases nunca, cursé con vos y nos dabas dar los textos y no diste una sola clase, te comiste el verso del PC: te copó el mal menor de Videla en la dictadura del 76, transar con la union democrática, descontando tus transas para ser vicedecano en los noventa, etc.

En fin, a chamuyo limpio y volve a harvard

Anónimo dijo...

Acabo de ganar un voto (el tercero) en blanco que iba para macri (y eso q no milito hace 4 años). decime cuantos votos le sacaste a macri llamando a votar por scioli, atilio. todos los que hable me dicen q el voto blanco no sirve, por eso votan a macri. el q habla en contra del voto blanco le hace el favor al regimen politico proempresarial burocratico, q le tiene mas terror al voto blanco que a cualquier otro. porq el voto blanco no es un voto a favor de alguien sino un voto contra todos. manga de corruptos despiadados y perversos. "yo no los vote"

Anónimo dijo...

acabo de ganar otro voto para blanco que era de macri. no haberme puesto a hacerlo antes.

Xiaozhengm 520 dijo...

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