(Por Atilio A. Boron *) El año que termina fue pródigo en acontecimientos que dejaron profundas huellas en el sistema internacional. A la hora de reseñarlos la mirada del analista siempre es situada; no existe una observación que pueda independizarse de los condicionamientos que la geografía y el tiempo histórico ejercen sobre el observador. Nuestra mirada, desde el “aquí y ahora” de Nuestra América, seguramente será diferente de la que pueda tener alguien situado en Europa, Asia o África.



     Hecha esta necesaria salvedad metodológica previa digamos que el acontecimiento más trascendente que marca con tristeza el año que finaliza fue la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías. El líder bolivariano fue una verdadera fuerza de la naturaleza: un huracán que con su fervor antiimperialista, su visión estratégica de la lucha que debía librarse contra el imperio y su incansable protagonismo reconfiguró decisivamente el mapa sociopolítico del área. Chávez fue el gran mariscal de la batalla del ALCA, derrotando al principal proyecto de Estados Unidos para completar el sometimiento de América Latina y el Caribe a sus intereses. Y fue también el hombre que llenó de propuestas lo que hasta su irrupción en la vida política de la región era una agradable pero inofensiva retórica latinoamericanista, huérfana de contenidos concretos. Para Chávez esta tenía que ser una convocatoria a la unidad de América Latina y el Caribe, unidad y no tan sólo integración; debía ser, tras las huellas de la Revolución Cubana, el ámbito de creación de un internacionalismo solidario que se traduciría en proyectos concretos como el Banco del Sur, Petrocaribe, TeleSUR, UNASUR y la CELAC, entre tantos otros. Su muerte, en circunstancias que aún no han sido aclaradas, llenó de júbilo al imperialismo y sus aliados, pensando que con ella se acabaría el chavismo. Sin embargo, y esta es una de las notas más positivas del año, la desaparición física de Chávez no impidió que el chavismo volviera a triunfar en las elecciones presidenciales del 14 de Abril -consagrando a Nicolás Maduro como presidente- y nuevamente, por una rotunda diferencia de más de un millón de votos, sobre la coalición opositora en las municipales del 8 de Diciembre. Parece que tendremos Chávez para rato.
     Otra noticia muy importante fue la sorpresiva elevación del Cardenal Jorge Bergoglio al papado. Personaje complejo, la consagración de este jesuita motivó un áspero debate que está lejos de apagarse en la Argentina. Jerarca de una iglesia que fue cómplice de todos los crímenes de la dictadura, hay quienes lo fustigan por sus actitudes tibias y ambivalentes, sobre todo si se las compara con las que tuvieron otros obispos como los monseñores Enrique Angelelli –que pagó con su vida su osadía-, Jaime de Nevares, Jorge Novak o Miguel Hesayne. Esta sinuosidad de su conducta, síntoma de lo que Antonio Gramsci definiera como “jesuitismo”, explica las razones por las que junto a sus críticos emergiera desde las filas de la izquierda, los derechos humanos y la teología de la liberación un fogoso contingente de defensores de Francisco prestos a señalar las formas sigilosas con las que el por entonces provincial de los jesuitas protegía a su rebaño. Más allá de este irresuelto debate, los temores que muchos tenían en el sentido de que Francisco pudiera convertirse en una ominosa re-encarnación de Juan Pablo II  (quien junto a Ronald Reagan y Margaret Thatcher conformara el más formidable tridente reaccionario del siglo veinte) hasta ahora han demostrado ser injustificados. Es más, cierto cambio en el léxico del Pontífice (como por ejemplo hablar de la “Patria Grande” en ocasión de la visita de Cristina Fernández de Kirchner al Vaticano) o su insistente “opción por los pobres” demuestran que ha percibido con fino olfato los datos de este “cambio de época” y que Venezuela no es Polonia, ni Ecuador Checoslovaquia. Si aquellos gobiernos de Europa Oriental sucumbieron ante la arremetida que convergía desde el Vaticano, Washington y Londres fue porque su déficit de legitimidad los tornaba altamente vulnerables. Bien distinta es la situación de los gobiernos de izquierda en Sudamérica, donde Bolivia, Ecuador y Venezuela cuentan con una legitimidad popular incomparablemente superior a la que jamás gozaron sus supuestas contrapartes europeas. En pocas palabras: el Vaticano no ignora que los cambios acaecidos en Latinoamérica y el Caribe desde los albores del siglo veintiuno ya no tienen vuelta atrás. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte Marx evoca la intervención del Cardenal Pierre d'Ailly en el Concilio de Constanza (1414-1418) cuando ante las quejas de los puritanos por la vida licenciosa de los papas respondiera con voz tonante “¡Cuando sólo el demonio en persona puede salvar a la Iglesia católica, vosotros pedís ángeles!” La situación actual de la Iglesia es mucho peor que la que tanto preocupara a d’Ailly: interminable hemorragia de la feligresía, escándalos por pederastia, millonarios juicios de las víctimas y bancarrota de las iglesias abrumadas por el pago de enormes indemnizaciones, manejos mafiosos del banco del Vaticano, el papel de la mujer en la Iglesia y el cuestionamiento cada vez más militante del celibato sacerdotal configuran una agenda que difícilmente le dejen tiempo a Francisco para organizar la dispersa y confusa derecha latinoamericana, suponiendo que quisiera hacerlo. Pero para eso está “la embajada.”
      Otro acontecimiento de gran trascendencia fue la re-emergencia de Rusia como un principal actor de la política mundial. La Unión Soviética lo había sido en el casi medio siglo transcurrido desde finales de la Segunda Guerra Mundial. El “orden bipolar” de la época le asignaba un protagonismo fundamental, pero cuando se produjo el hundimiento de la URSS en 1991-92 el estado sucesor, Rusia, quedó completamente marginado de los principales escenarios de la política internacional. Esto dio pie a que algunos publicistas del imperio se solazaran con la ilusión de que allí comenzaba el “nuevo siglo (norte)americano” y no ahorraron descalificaciones humillantes, incluso algunas de tono racista, en contra de los rusos, como Vladimir Putin se encarga de recordar una y otra vez. El sueño del “nuevo siglo americano” duró muy poco y con los atentados del 11-S se convirtió en una insoportable pesadilla. Rusia, que nunca había dejado de ser una potencia atómica –nimiedad olvidada por los apologistas del “nuevo orden mundial” alentado por George Bush padre- y que venía acumulando fuerzas desde comienzos del siglo, irrumpió abruptamente en el escenario mundial otorgándole asilo político nada menos que a Edward Snowden, el enemigo público número uno de Washington y, después, torciéndole el brazo a Barack Obama y su escudero, John Kerry, haciéndoles abortar sus planes de bombardear Siria. Por si lo anterior fuera poco, su claro apoyo a Teherán aventó también un desenlace bélico por la cuestión del programa nuclear iraní, en una crisis alentada hasta el paroxismo por el régimen israelí y sus impresentables compinches en el área, especialmente Arabia Saudita. Con tres gestos Moscú demostró que las bravuconadas de Washington carecían de sustancia real y podían ser neutralizadas en beneficio de la paz y el imperio del derecho internacional.
     La impetuosa re-emergencia de Rusia sumada a la ya consolidada gravitación de China en la economía y la política mundiales terminó por cristalizar significativas modificaciones en el gran tablero geopolítico internacional. Cambios éstos que favorecen los proyectos emancipatorios de Nuestra América porque el derrumbe del unipolarismo norteamericano y la acelerada –y por lo que parece, irreversible- edificación de una estructura multipolar de poder mundial abre nuevos e inéditos márgenes de maniobra para los países de América Latina y el Caribe, tradicionalmente sometidos al yugo estadounidense. Al evidente debilitamiento del poderío global de los Estados Unidos -reconocido nada menos que por el más significativo intelectual del imperio, Zbigniew Brzezinski- y del cual el cierre de sus oficinas gubernamentales por dos semanas es apenas uno de sus muchos síntomas se le suma el agotamiento del proyecto europeo, sacrificado en el altar de la banca alemana, todo lo cual hace del mundo un espacio mucho más abierto e indeterminado cuyos resquicios y contradicciones ofrecen una magnífica oportunidad para que los pueblos de Nuestra América avancen resueltamente hacia la conquista de su segunda y definitiva independencia.  
       Por supuesto, en el 2013 pasaron muchas otras cosas, imposibles de examinar en detalle aquí. Permítasenos simplemente mencionar la importancia de los diálogos de paz entre el gobierno de Juan M. Santos y las FARC, alentados por el clamor popular que en Colombia exige el fin del conflicto armado y las expectativas en torno a las elecciones presidenciales de Mayo del 2014; la crisis domínico-haitiana, desatada por las racistas  normas denegatorias de la nacionalidad a los hijos de haitianos nacidos en la República Dominicanael escandaloso fraude electoral perpetrado en Honduras, donde “la embajada” se convirtió en el tribunal electoral que decide quien gana y quien pierde; las elecciones del pasado 27 de Octubre en Argentina, sembrando de dudas la continuidad del proceso abierto en el 2003; el triunfo de Michelle Bachelet, regresando a la presidencia de un Chile desquiciado por el holocausto social del neoliberalismo; la persistencia y profundización de la crisis en México, a veinte años del “grito” de los  Zapatistas en Chiapas; la vigorosa e inesperada irrupción de grandes manifestaciones de masas en Brasil, a poco más de un año de las presidenciales de Octubre de 2014, conmoviendo la estolidez de un orden social profundamente injusto y rabiosamente oligárquico; la aplastante victoria de la Alianza País en las elecciones legislativas del Ecuador, que le permitieron a Rafael Correa obtener una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional; la lenta pero irreversible implementación de los nuevos “lineamientos” en la economía cubana, orientados a actualizar y fortalecer los fundamentos materiales de la Revolución; la consolidación del liderazgo de Evo Morales en Bolivia, de cara a las elecciones del próximo Octubre; la integración plena de Venezuela al Mercosur, ya con el voto favorable del Senado paraguayo, y la valerosa resistencia de los pueblos ante los estragos de la gran minería a cielo abierto, el “fracking” y el auge del agronegocio monoproductor (soja, caña de azúcar, palma africana, etcétera) son datos que también marcaron la agenda del año que finaliza y que merecerían un análisis detallado que no podemos hacer aquí. A lo anterior hay que agregar la continuación de la agresión imperialista y la guerra civil en Siria, donde Al Qaida, con la bendición y el apoyo de la Casa Blanca (perdón, ¿no había sido esta organización la que tramó y ejecutó el atentado del 11-S?) lucha codo a codo con los mercenarios sauditas, yemenitas e israelíes que procuran acabar con el régimen de Bashar al-Assad; tomar también nota del golpe militar pro-norteamericano en Egipto, en contra del gobierno de Mohammed Morsi y la Hermandad Musulmana, no suficientemente pro-norteamericano según el gusto de Washington; la intervención armada de tropas francesas en Mali para contener a los fundamentalistas islámicos aliados de Al Qaida (¡a la vez que París apoya a esta organización en Siria y François Hollande se ofrece impúdicamente a colaborar con Estados Unidos en el bombardeo de ese sufrido país!) y, finalmente, la muerte de Nelson Mandela, comunista de toda su vida que liquidó el “apartheid” sudafricano utilizando, según las circunstancias y el momento histórico, tácticas violentas y pacíficas, siendo por eso incorporado a una lista de “terroristas” por Estados Unidos hasta Julio del 2008. Después de su muerte Mandela tuvo que resistir una tremenda operación mediática que se quiso apropiar de su memoria y presentarlo como un ingenuo y conciliador pacifista, un “adorador de la legalidad” de un estado racista y ocultando groseramente los datos históricos que jalonan su impresionante biografía de lucha por todos los medios que fueran idóneos para el éxito de su empresa liberadora.
    Para concluir, hoy, ya en vísperas del 2014, debemos celebrar con inmensa alegría el 55º aniversario del triunfo de la Revolución Cubana -un acontecimiento “histórico-universal”, como seguramente lo hubiera caracterizado el viejo Hegel- que inauguró una nueva era en la lucha de los pueblos de América Latina y el Caribe, África y Asia por su definitiva emancipación. Una Cuba que resiste y resistirá cuanto bloqueos y sabotajes le aplique Estados Unidos, y que demuestra cada día, cada hora, que el imperialismo no es invencible y que puede ser derrotado. Por eso su papel en los procesos de liberación de los pueblos del tercer mundo coloca a la isla caribeña en un sitial semejante al que Francia supo ocupar, luego de la Revolución Francesa, como el faro orientador de quienes luchaban por sacudirse el yugo del absolutismo dinástico. Cuba es la Francia de nuestros días y tiene todo el derecho del mundo para celebrar con alegría un nuevo aniversario de la triunfal jornada del 1º de Enero de 1959. ¡Salud Cuba, y hasta la victoria siempre!

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

  
28.12.2013

Mi querido amigo Luis Delgado, de la Universidade Católica de Brasilia, tuvo la gentileza de traducir al portugués mi nota sobre la desafortunada compra de aviones suecos realizada por Dilma Rousseff. La pongo a disposición para facilitar la lectura de los amigos brasileros y su circulación en las redes sociales de ese país. Aclaro, para quienes piensen que SAAB es una empresa inmaculada en el mar de la corruptela empresarial, que ya en el año 2007 un artículo del International Herald Tribune informaba que "el nuevo funcionario de la lucha anticorrupción del país, Christer van der Kwast, investigará esta semana las acusaciones de que Saab ofreció enormes "comisiones" secretas para promover la venta de su jet de combate Gripen a la República Checa y a Austria.". Esa nota fue reproducida en la Argentina en:  
http://www.lanacion.com.ar/908363-la-impecable-imagen-de-suecia-manchada-por-los-escandalos
No estoy insinuando que lo mismo haya ocurrido con las compras de los Gripen-NG por Brasil, pero es un dato que habría que habría que registrarlo porque sería estúpido ignorarlo. 


"Brasil: Um incrível (e enorme) erro geopolítico"

Por Atilio A. Boron

Uma das derivações mais inesperadas da crise nas relações entre o Brasil e os Estados Unidos, que deu origem ao duro discurso da presidente Dilma Rousseff na Assembleia Geral da ONU e o cancelamento da “visita de Estado” para Washington - prevista para outubro deste ano- teve um impacto direto sobre um tema que rondava nos despachos oficiais em Brasília desde 2005 e que até poucos dias atrás permaneciam sem solução: a controversa renovação da frota de 36 caças para o Brasil que precisa controlar o seu espaço aéreo e, especialmente, a da vasta bacia amazônica e sub- Amazônia.
De acordo com os especialistas brasileiros, a frota disponível atualmente no Brasil é obsoleto ou, na melhor das hipóteses, insuficiente, e da necessidade de renovação urgente não pode ser adiada. No entanto, depois de anos de estudos, relatórios e testes entre os atores envolvidos na decisão não chegam a um acordo. As propostas consideradas pelo concurso lançado em 2001 pelo governo brasileiro foram três: o Boeing F/A-18 E / F Super Hornet ( originalmente fabricado pela empresa americana McDonnell Douglas, posteriormente adquirida pela Boeing ), o Dassault Rafale de França e a sueca SAAB Gripen -NG . Uma alternativa, descartada ab initio por razões nunca esclarecidas, mas, sem dúvida, por razões politicas, foi o Sukhoi Su-35 de fabricação russa. Num primeiro momento a maioria do Alto Comando da Força Aérea Brasileira (FAB) e diferentes setores da burocracia política e diplomática de Brasília estavam inclinados a comprar novos equipamentos nos Estados Unidos, enquanto outros favoreciam os Rafale franceses e um setor francamente minoritário a os Gripen –NG suecos . A dissidência levou à paralisia e Lula, apesar de sua autoridade indiscutível, teve de resignar-se a deixar o cargo incapaz de resolver o impasse, apesar de ter sido conhecida por todos sua inclinação em favor do Rafale. A indecisão terminou há poucos dias com uma decisão muito desafortunada –a menos ruim, mas longe de ser a melhor- como será visto a seguir: comprar os Gripen -NG suecos.



Rachaduras em uma relação especial
A revelação surpreendente de espionagem conduzida por Washington sobre o governo e a liderança do Brasil -isto é, em um país que soube ser um dos seus mais fiéis aliados nas Américas- foi à gota d’agua para inclinar a balança contra o F -18. A incondicionalidade nos vínculos de sucessivos governos do Brasil com os Estados Unidos , descíamos, era mais que sabida, mas saltou para a luz com a desclassificação em agosto de 2009,  de um relatório da CIA, onde se dava conta da "construtiva" troca de ideias sustentadas em 1971entre os presidentes Emilio Garrastazu Médici e Richard Nixon a efeitos de explorar melhores métodos para desestabilizar governos de esquerda em Cuba e Chile. Este é um dos muitos exemplos de "colaboração" entre Brasília e Washington. Apenas lembrar a participação brasileira na Segunda Guerra Mundial, lutando lado a lado com a U. S. Army, ao que poderíamos acrescentar mais uma: em fevereiro de 1976 Henry Kissinger viajou ao Brasil para formalizar o que pretendia ser uma aliança forte e duradoura entre o gigante sul-americano e os Estados Unidos. A derrota humilhante no Vietnã exigiu o reforço das relações imediatas com a América Latina, que como Fidel e Che repetiam até o cansaço, é a retaguarda estratégica do império. Nada melhor do que começar pelo Brasil, em cuja capital Kissinger foi recebido como uma celebridade mundial e assinou um acordo histórico com o ditador brasileiro Ernesto Geisel. De acordo com o mesmo as duas grandes potências do Hemisfério Ocidental (para usar a linguagem da época) se comprometiam a realizar consultas regulares ao mais alto nível em matéria de política externa. Subjazia a este acordo o conhecido axioma de Kissinger dizendo que “para onde o Brasil se incline vai se inclinar a América Latina”. Acordo que morreu ao nascer, porque, como lembra permanentemente Noam Chomsky, Washington não permite qualquer restrição em suas decisões, tanto se brotam de um tratado bilateral ou de qualquer outra fonte de direito internacional. Se a Casa Branca quer consultar, o faz, mas não se sente obrigada a fazer, e muito menos submetida aos termos de um tratado ou convenção. Em qualquer caso o anterior revela a intenção de ambas as capitais para coordenar suas políticas. Neste contexto histórico a coordenação ocorreu no campo de atividades repressivas a serem desenvolvidas no Cone Sul , como amplamente foi demonstrado pelo sinistro Plano Condor. Em datas mais próximas, em 2007, Lula e George W. Bush assinaram um acordo para compartilhar tecnologia com o objetivo de promover a produção de agrocombustíveis -bom negócio para os EUA e depredação ecológica para o Brasil- fortalecendo novamente os tradicionais "laços de amizade e cooperação" entre Washington e Brasília.
Agora bem: a ilegal- além de ilegítima- interdição dos cabos, mensagens e telefonemas da presidente do Brasil (assim como muitos governantes e funcionários de outros países da região) teve, no caso do Brasil, um peso muito agravado porque Washington também cometeu outro ato grosseiro de delinquência comum: a espionagem industrial, praticado contra a Petrobras. Não era arriscado, por isso, prever que este conjunto de circunstâncias quase certamente precipitaria o resultado da indecisão prolongada em relação ao reequipamento da FAB. Depois do acontecido seria insensato para o Brasil decidir renovar seu material aéreo com aviões norte-americanos. Mas então, quais seriam as alternativas? Como substituir o que, obviamente, era o avião favorito da FAB?

Alternativas de reequipamento.
Um relatório secreto da própria FAB, de Janeiro de 2010, (mas que alguém se encarregou de vazar para a imprensa) e foi enviado para o Ministério da Defesa avaliando os três principais candidatos à renovação da frota de caças classificaba ao Gripen- NG claramente atrás do francês Rafale e o F-18 Super Hornet. De acordo com o relatório, as suas capacidades técnicas e militares eram inferiores aos dos seus congéneres franceses e americanos. É verdade que também era inferior seu preço, estimado em 70 milhões de dólares, enquanto o preço doF-18 girava em torno de 100 milhões de dólares e do Rafale, muito mais caro, é quase na ponta dos 140 milhões. Uma vez que o relatório foi divulgado, em seguida, o ministro da Defesa, Nelson Jobim, foi rápido para esclarecer duas coisas: primeiro, que a decisão final sobre a aquisição da aeronave seria tomada pelo Governo e não pela FAB; em segundo, em linha com as declarações de Lula que o preço da aeronave poderia tornar-se um fator determinante na decisão. A possibilidade insinuada na época por Nicolas Sarkozy de que o Brasil poderia receber tecnologia e fabricar o Rafale em suas próprias instalações industriais e, em seguida, vendê-las -embora apenas na América Latina- foi o que inclinou na balança de Lula em favor de Rafale. Mas a sua decisão não convenceu a liderança da FAB e de outros setores do governo, firmemente favoráveis a fechar o negócio com a Boeing . É claro que, ao contrário dos franceses, a construtora dos Super Hornet não parecia muito disposta a falar sobre a transferência de tecnologia, agregando o fato de que a história recente registrou um precedente inquietante: o "regime de Washington" habituado a proibir a venda de peças de reposição de aviões dos EUA para países classificados pelo Departamento de Estado como "hostil aos Estados Unidos" ou "não cooperativos" na nebulosa e vaga guerra contra o narcotráfico e o terrorismo internacionais. Ou seja, a países que tiverem audácia de fazer uma política de não alinhamento com os EUA. E este era um risco que não poderia ser subestimado pelos compradores.
Em outras palavras, enquanto os Super Hornet pareciam mais atraentes, tanto em termos económicos e por sua avançada tecnologia e da continuidade que ofereciam com parte da dotação atual das FAB, o fato é que o incidente diplomático da espionagem ligado ao risco de que, em caso de um conflito entre Brasília e Washington, este fizesse com Brasil, por exemplo, o que fez pouco mais de dez anos com a Venezuela Chavista contribuíram para enfraquecer o frente "pró- americano". Como se lembrará, nessa ocasião o presidente George W. Bush, impôs um embargo à venda de partes e repostos de peças e o mais importante, ao envio dos sistemas computadorizados de navegação e de combate que, tais como os software de computador, se renovam a cada poucos meses, e sem a versão mais recente do "hardware", neste caso, os aviões, param de fornecer os serviços que se espera deles . Bastaria, no caso, de uma disputa e a Casa Branca poderia decidir, ainda que seja temporariamente, o fornecimento de novas versões desses sistemas para que estes aviões ficassem inutilizados e a Amazônia desprotegida. Se o fez com Chávez, por que não haveria de reincidir nessa conduta no caso de um conflito de interesses com o Brasil?

Lamentável ausência de uma reflexão geopolítica
A paralisia tanto tempo bloqueada da renovação de material aéreo da FAB se houvesse facilmente destravado se as pessoas envolvidas na tomada de decisão se tivessem feito esta simples pergunta: quantas bases militares na região têm cada um dos países que nos oferecem suas aeronaves para monitorar nosso território? Se eles a tivessem feito a resposta teria sido: Suécia não tem nenhuma; França tem uma base aeroespacial na Guiana Francesa, administrada em conjunto com a NATO e com a presença de militares norte-americanos; e os EUA têm, no entanto, 77 bases militares na região (última contagem, de dezembro de 2013), um punhado deles alugado ou coadministrado com terceiros países como o Reino Unido, França e Holanda. Algum burocrata do Itamaraty ou algum militar brasileiro treinado em West Point poderia argumentar que estas bases se encontram em países distantes, que estão no Caribe e cuja missão é monitorar a Venezuela bolivariana. Mas eles estão errados: a dura realidade é que, enquanto esta é cercada por 13 bases norte-americanas em seus países vizinhos, o Brasil está literalmente rodeado por 24, que passam a ser 26 se somarmos as duas bases britânicas de ultramar disponíveis para EUA -via NATO- no Atlântico equatorial e meridional, nas Ilhas Ascensión e Malvinas, respectivamente, e no meio de cuja linha imaginária se encontra nada menos que o grande campo petrolífero do Pré-Sal. E obvio que comprar armas a quem ameaça com tão formidável presença militar não parece ser um exemplo de sabedoria e astúcia na arte sofisticada de guerra.
Por outro lado, ao tomar uma decisão dessa magnitude deveria ter sido ponderado à probabilidade do surto de algum tipo de conflito aberto, inédito até agora na história das relações Brasil-Estados Unidos, mas certamente não é impossível. Probabilidade extremamente baixa, se não inexistente, se é a Rússia ou a China, mas aumenta no caso dos Estados Unidos ou qualquer um de seus “proxies” -talvez “lacaios" seria o termo mais apropriado- europeus iniciarem uma caça inescrupulosa cada vez mais violenta pelos recursos naturais. Portanto, a chance de que, ao longo dos próximos dez ou quinze anos, poderia surgir um sério confronto entre Brasília e Washington pela disputa de algumas das enormes riquezas alojados na Amazônia -água, minérios estratégicos, biodiversidade, etc.-, ou pela eventual recusa do Brasil a secundar a os Estados Unidos em uma aventura criminosa como a que planeja para a Síria ou o Irã, ou a que já fez na Líbia e no Iraque, não é nada marginal. Além disso, diríamos que os Estados Unidos, acossado pela desestabilização da ordem neocolonial imposta no Oriente Médio com a ajuda de aliados tão nefastos como Israel e Arábia Saudita e suas crescentes dificuldades na Ásia, colocam em questão o fornecimento de petróleo e de matérias-primas e minerais estratégicos demandados pela sua insaciável voracidade de consumo. Essa combinação de fatores faz com que seja altamente provável que, mais cedo ou mais tarde, se desencadeie um claro confronto entre Washington e Brasília. Se tal eventualidade fosse um mero jogo de imaginação e muito baixa, se não for zero, probabilidade de ocorrência, então não se entende as razões pelas quais os EUA implantou tal quantidade de bases circundando ferreamente ao Brasil por terra e mar. Se Washington fez não foi por acidente ou acaso, mas na expectativa de qualquer disputa que seus estrategistas acreditam que será difícil ou impossível de resolver por meio de canais diplomáticos. Se eles instalaram as bases é porque, sem a menor dúvida! O Pentágono contempla no horizonte uma hipótese de conflito com o Brasil. Caso contrário, tais implantações destas unidades de combate seria ridículo e completamente incompreensível.

A chantagem dos EUA sobre os aviões Europeus
Dado este fato inocultável da realidade uma parte crescente dos atores neste processo de decisão começaram a inclinar-se para o Rafale francês até que ... O presidente François Hollande jogou ao mar toda a tradição gaullista, declarando que seu governo estava disposto a secundar nada menos que o plano criminoso de Barack Obama  para bombardear a Síria! O anúncio foi feito depois que o Parlamento britânico recusou-se a acompanhar tão sinistra iniciativa, onde surgiu de imediato a seguinte questão: que garantias poderia ter o Brasil que, em uma disputa com os Estados Unidos, Paris não se curvaria solícito ante um pedido da Casa Branca para bloquear o envio de peças e software para os Rafales adquiridos pelo Brasil? Se apenas alguns meses atrás, Hollande  mostrou cumplicidade incondicional com um plano criminoso como o bombardeio indiscriminado da Síria, por que pensar, então, que agiria diferente em caso de um conflito aberto entre Brasília e Washington?. Nesse caso a Casa Branca iria recorrer a seu manual contendo os "procedimentos padronizados de operação "(SOP, por sua sigla em Inglês) e rapidamente denunciaria que Brasília "não colabora" na luta contra o terrorismo e o narcotráfico e torna-se assim uma ameaça à "segurança nacional" dos Estados Unidos e, se escondendo atrás de uma lei do Congresso, embargaria o envio de peças e software para o país sul-americano e solicitaria o mesmo pedido a seus aliados europeus. Poderia se confiar que a França ou a Suécia não se iriam dobrar as exigências dos EUA? De jeito nenhum! Consideremos o registro histórico: atualmente países como a Coréia do Norte, Cuba, Irã, Síria, Sudão e, para certos produtos, a República Popular da China, são vítimas de diversos tipos de embargos, e em todos os casos Washington tem a solidariedade de seus comparsas europeus. No caso Cubano, o mais radical de todos, mas que um embargo para certos tipos de produtos, é um bloqueio integral cujo custo é equivalente a dois Planos Marshall em contra! No que diz respeito aos fabricantes de aviões franceses e suecos os responsáveis brasileiros deveriam saber que proporção das partes e tecnologia estadunidense continham os Rafale e os Gripen -NG . Porque se eles tinham mais do que 10 por cento, e não de tudo o avião, mas cada uma de suas partes principais: aviónica, fuselagem, sistemas eletrônicos, informática, etc, seria o suficiente para que em caso de conflito com o Brasil, Washington exigisse a implementação de um embargo sem que os governos atuais (e os previsíveis) da França ou a Suécia pudessem recusar-se a obedecer, sob pena de violar a legislação destinada a assegurar nada menos que a segurança nacional dos Estados Unidos. Tome-se nota do seguinte: o motor que impulsiona o Gripen -NG é um desenvolvimento de uma turbina fabricada pela empresa dos EUA General Electric. Só isso já é o suficiente para que ante uma disputa entre Washington e Brasília, Suécia possa verse obrigada a parar o fornecimento de peças e software para as aeronaves vendidas ao Brasil, a menos que esteja disposta a arcar com os custos de um sério conflito com os Estados Unidos.

O Sukhoi: a carta russa
Assim, a única coisa que poderia ter garantido a independência militar do Brasil teria sido adquirir seus aviões em países que, por seu poderio, por razões de sua própria inserção no sistema internacional e por sua estratégia diplomática, estivessem isentos do risco de se tornarem executores obedientes dos mandatos da Casa Branca. Há apenas dois países que possuem essas características e, por sua vez, têm a capacidade tecnológica para construir aviões de combate de última geração: Rússia e China, os fabricantes Sukhoi e Chengdu J -10, respectivamente.
Consequentemente, o debate sobre quem forneceria novas aeronaves que Brasil - e a os países com os quais compartilha a Bacia Amazônica!- necessitam, chegou abruptamente a um ponto completamente inesperado: descartados os F-18 e os Rafale, a opção mais razoável teria sido chamar a uma nova licitação e permitir a inscrição de aviões russos e chineses. Infelizmente, este não foi o caminho escolhido por Brasília. Alguém pode se perguntar o que há de errado com sueco Gripen -NG. Não apenas o que indica o relatório secreto que vazou para a imprensa e detalhado acima, mas também do ponto de vista político, não há garantia nenhuma de que Estocolmo- ou seja a Suécia de hoje, não a que existia na época de Olof Palme, que por algo foi assassinado- ele irá se comportar de forma diferente a uma requisitória de Washington para embargar a remessa de peças e software para os Gripen FAB -NG. Por isso, em 18 de dezembro de 2013 o Ministro da Defesa do Brasil , Celso Amorim, anunciou os resultados da licitação com a adjudicação dos mesmos para a empresa sueca SAAB, fabricantes de Gripen -NG. "A escolha foi baseada em critérios de desempenho, transferência de tecnologia e custo", disse ele na conferência de imprensa para esta finalidade.
Infelizmente, a eleição não considerou os critérios mais importantes em matéria que fazem a autodeterminação e de defesa nacional: a geopolítica. Como se poderia ignorar um relatório oficial do Parlamento Europeu del 14 de Fevereiro 2007 que estabeleceu que, após os atentados de 11 –S -entre os anos 2001-2005 - a CIA operou 1.245 voos ilegais no espaço aéreo europeu, transferindo "presos fantasmas" (“ghost detainees”) hacia centros de detenção e tortura na Europa (especialmente na Roménia e Polónia) e no Oriente Médio ? Entre os governos que se prestaram a tão sinistro tráfego se encontra o país onde vai se se fabricar  os aviões encargados de monitorar o espaço aéreo brasileiro, Suécia, que, apesar de que no relatório não é acusado de ter admitido o "interrogatório" no seu território, mas sim permitiram que esses "voos da morte" americanos reabasteceram e encontraram apoio e logística nos seus aeroportos. Sendo assim, como se pode confiar em um país que se prestou a uma manobra tão atrozmente viola tória dos direitos humanos poderia recusar a "cooperar" com Washington, no caso que este pedir parar de enviar suprimentos, peças e software para os Gripen FAB -NG?

Conclusão
Então nós dissemos antes e o afirmamos com mais força agora que a única opção verdadeiramente autônoma que a presidente Dilma Rousseff tinha era a de adquirir os Sukhoi russos, mesmo à custa de ter de suportar a crítica virulenta dentro e fora do Brasil. No interior, porque todos sabem de que existe setores internos que propõem  esquecer a América Latina e militam em favor de uma aliança incondicional com os Estados Unidos e Europa, e em que predomina a mentalidade da Guerra Fria, que os Estados Unidos tem se há esforçado para manter viva ao longo dos anos, embora com um pouco de maquiagem.
Por exemplo, já não falam de “ameaça soviética”, mas a "ameaça terrorista"; e Rússia, ao conceder asilo e proteção para o ex-agente da Agência de Segurança Nacional (NSA) Edward Snowden, confirma que não se encontra do lado da liberdade e da democracia, mas precisamente na calçada oposta. E críticas fora do Brasil, porque os EUA não só pressionou para abortar uma eventual decisão em favor do Sukhoi, mas, em caso de concretarse a adquisición, assediaria a Brasilia com condenações e sanções de todo tipo.
A ambição exorbitante do imperialismo e seus abusos sistemáticos do direito internacional e da soberania nacional brasileira não iria deixá-lo à presidente Dilma Rousseff qualquer alternativa. Sua única saída para garantir o controle da bacia amazônica, mais por necessidade do que por convicção, foram os Sukhoi. Quaisquer outras opções colocariam em grave risco a autodeterminação nacional. Infelizmente estas considerações geopolíticas não foram tidas em conta e se tomou uma má decisão - a menos ruim porque pior seria comprar o F-18 -mas ruim no final porque é antagônico ao interesse nacional brasileiro e, por extensão, para as aspirações de autodeterminação da América do Sul.
Com esta decisão, o Brasil vai monitorar e preservar a integridade da  ameaçada Amazônia até que haja uma disputa com os Estados Unidos ou qualquer um de seus comparsas, mas se um conflito se desatara Brasil seria praticamente desarmado e refém à chantagem e arrogância de Washington. O problema não era apenas com a aeronave Boeing, mas também com os de qualquer outro país que se espera venha a se curvar às requisições solícitos de Washington, como todos os europeus. Comprar aeronaves ao aliado que espiona as autoridades e as empresas brasileiras e aliado também de quem ameaça ao país com vinte e seis bases militares é um gesto de incrível insensatez política e revela um amadorismo imperdoável na arte da guerra, erros que vão custar muito caro para o Brasil e, por extensão, a toda a América do Sul.

Com a aquisição dos Gripen-NG se desperdiçou uma grande oportunidade de se mover em direção à autodeterminação militar, um pré-requisito para a independência econômica e política. Não só o Brasil tomou uma péssima decisão que prejudica sua soberania; também perdeu a Unasul porque com ela também se obstaculiza a clara percepção de quem é o verdadeiro inimigo ameaçando-nos com sua máquina de guerra infernal. Então, hoje é um dia muito triste para a nossa América. Como se costuma dizer no jargão de jogos de guerra, "game over", e, infelizmente, ganharam os vilões! Tomara que os movimentos sociais e as forças políticas patrióticas anti-imperialistas no Brasil tenham a capacidade de reverter uma decisão tão infeliz.
27.12.2013

Comparto el magnífico artículo de Ángel Guerra con una reflexión sobre el tremendo costo que ha debido pagar el pueblo cubano por la  insoportable osadía de ser dueño de su destino. Agrego a lo que dice el amigo Guerra lo siguiente: según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba el costo del bloqueo (que comenzó, si bien informalmente, desde el mismo triunfo de la Revolución) equivale a dos Planes Marshall pero en contra. Con uno se reconstruyó la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial. Pero dos, en contra, no alcanzaron para hundir a la Revolución Cubana. Por el contrario, los indicadores sociales siguen siendo notables y, en materia de mortalidad infantil, por ejemplo, colocan a la Isla por encima de Estados Unidos. Pero, ¡cuidado! El imperialismo no baja los brazos y prosigue con sus siniestros planes: lo que quiere ahora es, por la vía de la Alianza del Pacífico, retrotraer la situación latinoamericana al punto en que se encontraba la región en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana y, de ese modo, someter una vez más al continente entero. Pero no pasarán, porque nuestros pueblos no admitirán regresar a un pasado tan oprobioso como aquél.


Cuba y el precio de la independencia
Ángel Guerra

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/12/26/cuba-y-el-precio-de-la-independencia/
Cuba concluye 2013 con una mortalidad infantil de 4.2 por cada mil nacidos vivos, un índice que no alcanza ningún otro país de América Latina y el Caribe y ni siquiera muchos países desarrollados. Esa cifra la coloca en el selecto grupo de diez países con menor muerte infantil en el mundo precisamente en el momento en que en muchas otras naciones se reduce sustancialmente –como en la rica Europa– el gasto público destinado a educación, salud y al bienestar de la población.


Lo que quiere decir este dato es que en el año 55 del triunfo de su revolución, Cuba continúa abrazada a la utopía. En un mundo donde es tan frecuente inclinarse ante Estados Unidos, la Isla no cede un milímetro ante sus enormes presiones y amenazas. Nada de políticas de ajuste, nada de apertura indiscriminada al mercado, nada de privatizaciones, nada de ceder un ápice de soberanía sobre sus recursos naturales.

Cuando podría suponerse que décadas de lucha merman sus fuerzas, se empeña en identificar sus propios yerros e insuficiencias, que en algunos casos hunden sus raíces en los vicios generados por siglos de dominación colonial y neocolonial o se deben a la copia de esquemas del llamado socialismo real. Lo hace con el objetivo de “cambiar todo lo que deba ser cambiado” para hacer sostenible y próspero el socialismo cubano. Pese a los enormes obstáculos y eventuales retrocesos, en el saldo general avanza, aunque a veces no lo parezca y los problemas a enfrentar se antojen insuperables.
Todo esto en situación de permanente hostilidad y tenaz bloqueo económico, comercial y financiero de su poderoso vecino del norte, castigo no impuesto con ese rigir a ningún otro Estado en la época contemporánea. Es el precio que Washington le hace pagar por  atreverse a ser independiente y trazar su propio camino al futuro.
Quién lo hubiera imaginado en aquella América Latina de 1959, en plena guerra fría y delirante fobia anticomunista. Que un país de poco más de seis millones de habitantes, carente de recursos naturales estratégicos, un poco mayor en extensión territorial al estado mexicano de Durango y ubicado en las fauces del imperio más poderoso de la historia, pudiera conquistar y mantener tanto tiempo su independencia ante aquel y desarrollar un proyecto de trasformación social de tal magnitud, que ha sido estímulo y ejemplo para todos los pueblos de la Tierra.
Para entender el conflicto entre Cuba y Estados Unidos es necesario estudiar la historia latinoamericana. Ella demuestra que la superpotencia no ha tolerado nunca a nuestros países desarrollar una política interior o exterior que se aparte de sus dictados. Acaban de cumplirse cuarenta años del sangriento golpe de Estado ordenado por la Casa Blanca contra el gobierno constitucional de Salvador Allende y en la última década hemos visto el montaje de una contraofensiva estadunidense para arrasar con la Revolución Bolivariana y con todos los demás gobiernos independientes y fuerzas populares de nuestra región. Poco importa que esos gobiernos hayan sido electos según las normas más estrictas de la democracia representativa. Si a Washington le preocupara la democracia como afirma no habría auspiciado tantas dictaduras militares ni sería tan íntimo de los petrorreyezuelos del golfo Pérsico.

En el caso de Cuba, su vecino del norte la ha sometido a un virtual estado de guerra no declarada desde 1959 que dura hasta hoy. De modo que es en esas circunstancias que ha conseguido las extraordinarias conquistas en salud, educación y desarrollo humano en general, que la colocan en esos campos a la cabeza de América Latina y el Caribe. Y es también en ellas que se enfrenta a sus deficiencias.
Cuba está saliendo del gran cataclismo social originado por el derrumbe de la URSS, que hizo colapsar gran parte de su infraestructura económica. Pero además, afectó severamente la disciplina laboral y social, efectos que aún se hacen sentir y constituyen una traba fundamental al desarrollo económico y social y a la satisfacción de las necesidades del pueblo, como se evidenció en las intervenciones de los funcionarios y diputados en la sesión de la Asamblea Nacional de diciembre de este año. Allí Raúl Castro hizo esta puntualización al vecino del norte: Si realmente deseamos avanzar en las relaciones bilaterales, tendremos que aprender a respetar mutuamente nuestras diferencias y acostumbrarnos a convivir pacíficamente con ellas… de lo contrario, estamos dispuestos a soportar otros 55 años en la misma situación.





            Brasil: un increíble (y enorme) error geopolítico
Por Atilio A. Boron

Una de las derivaciones más inesperadas de la crisis en las relaciones entre Brasil y Estados Unidos, misma que diera origen al duro discurso de la presidenta Dilma Rousseff ante la Asamblea General de la ONU y la cancelación de la “visita de estado” a Washington -programada para Octubre de este año- repercutió directamente sobre un tema que rondaba en los despachos oficiales de Brasilia desde 2005 y que hasta hace pocos días permanecía irresuelto:  la muy controvertida renovación de la flota de 36 aviones caza que Brasil necesita para controlar su espacio aéreo y, principalmente, el de la enorme cuenca amazónica y sub-amazónica. 


En opinión de los expertos brasileños, la flota que dispone actualmente Brasil es obsoleta o, en el mejor de los casos, insuficiente  y la necesidad de su urgente renovación no podía ser demorada. Sin embargo, después de años de estudios, informes y pruebas no se llegaba a un acuerdo entre los actores involucrados en la decisión. Las propuestas consideradas por la licitación convocada en el 2001 por el gobierno brasileño eran tres: el Boeing F/A-18 E/F Super Hornet (originalmente fabricado por la firma norteamericana McDonnell Douglas, posteriormente adquirida por la Boeing); los Dassault Rafale de Francia y el SAAB Gripen-NG sueco. Una alternativa, descartada ab initio por razones nunca aclaradas pero indudablemente políticas, fue el Sukhoi Su-35, de fabricación rusa. Así las cosas en un primer momento una parte mayoritaria del alto mando de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) y diversos sectores de la burocracia política y diplomática de Brasilia se inclinaban por adquirir los nuevos equipos en Estados Unidos, mientras otros favorecían los Rafale franceses y  un sector francamente minoritario a los Gripen-NG suecos. El disenso condujo a la parálisis y Lula, pese a su indiscutible autoridad, tuvo que resignarse a terminar su mandato sin poder resolver el impasse, aunque era por todos conocidos que se inclinaba a favor de los Rafale. La indecisión terminó hace un par de días, con una decisión muy desafortunada -la menos mala pero muy lejos de ser la mejor- como se verá más adelante: adquirir los Gripen-NG suecos.   (clic en Más Información para continuar)


18.12.2013
Hola, comparto nota que, en forma abreviada, será publicada hoy en Página/12.

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(Por Atilio A. Boron)  Si hay algo que puede vaciar de contenido un proyecto democrático es la combinación entre abstencionismo electoral y el rechazo de los partidos políticos. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo en Chile a partir del triunfo de Michelle Bachelet en un comicio en el cual quien verdaderamente arrasó fue el abstencionismo, que arañó el 59 por ciento del padrón electoral, mientras que Bachelet apenas obtuvo el apoyo de un 25 por ciento del mismo. No hace falta ser un Premio Nobel de Ciencia Política (plaga por ahora inexistente) para  concluir que la democracia chilena enfrenta una grave crisis de legitimidad: la “antipolítica”, o sea, la indiferencia ciudadana ante el predominio indiscutido de los grandes intereses privados expresa, de manera categórica, el triunfo ideológico del neoliberalismo en un país en donde no sólo la economía tiene ese signo ideológico sino que también lo asume como su divisa una sociedad que lleva más de cuarenta años de indoctrinamiento en los valores más exacerbados del individualismo burgués.



      La apatía ciudadana no es un capricho. Se explica por un hecho bien sencillo: una democracia que durante más de veinte años se desinteresó por la suerte de la ciudadanía (al paso que se desvivía por asegurar las ganancias de los capitalistas) al cabo de un cierto tiempo sólo podía cosechar apatía, desinterés y, en algunos casos, el abierto repudio de amplios sectores de la sociedad.  No sorprende que la última encuesta de Latinobarómetro haya certificado que, interrogada sobre cuál es la forma preferible de gobierno, casi un tercio de la muestra entrevistada en Chile, exactamente el 31 por ciento, declarase preferir un gobierno autoritario o que “le da lo mismo” cualquier clase de régimen político.  En Venezuela, en cambio, para tomar el caso de un gobierno ferozmente atacado por la prensa hegemónica en la región a causa de sus supuestos “déficits democráticos”, quienes contestan de la misma manera constituyen apenas el 11 por ciento de los entrevistados. Y como asegura la teoría política, la calidad de una democracia se mide, entre otras cosas, por las creencias políticas de sus ciudadanos. No es este el único indicador en el cual la Venezuela bolivariana supera a casi todos los países de la región, comenzando por Chile.
El triunfo del neoliberalismo y la exaltación de los valores mercantiles se traduce naturalmente en la derrota de la política a manos del mercado; del espacio público subyugado por la esfera de lo privado, dominada por las grandes empresas. A lo anterior súmesele la preocupante declaración que hiciera Bachelet al día siguiente de su victoria cuando dijera (tal como lo reprodujera Página/12 en su edición del 17 de Diciembre) que “las decisiones las voy a tomar yo, no sólo del gabinete. La coalición que me apoya es una cosa, la constitución del gobierno yo la voy a decidir.”  En otras palabras el peor de los mundos: apatía ciudadana combinada con la desmovilización, o marginación de los partidos políticos y, por añadidura, de movimientos sociales u otras formas de organización, que son la expresión de las aspiraciones, expectativas e intereses de las clases y capas sociales que componen la sociedad chilena. ¿Creerá acaso la futura presidenta que de ese modo podrá avanzar en la reforma de la antidemocrática constitución pinochetista, el regresivo régimen tributario y la educación convertida en un negocio que ofrece pingües ganancias a los empresarios que lucran con ella, para ni hablar de derogar la decimonónica y reaccionaria  legislación laboral que todavía subsiste en Chile? Sin una población re-politizada (como supo ser la del Chile de Salvador Allende) y sin partidos políticos y movimientos sociales que canalicen y potencien las aspiraciones populares la democracia chilena continuará siendo fácil presa de las clases dominantes, de los grandes empresarios que desde dentro y fuera de Chile han venido controlando el estado y los sucesivos gobiernos desde el golpe del 11 de Septiembre de 1973.
      Convendría que, habida cuenta de lo anterior, Bachelet reflexionara sobre lo que más de una vez sentenciara George Soros: “los ciudadanos votan cada dos años, los mercados votan todos los días.”  Controlar ese nefasto influjo cotidiano de los mercados –eufemismo para no designar por su nombre al gran capital- será una misión imposible sin sortear la trampa de la “antipolítica” y sin garantizar que los partidos, sobre todos los de izquierda, jueguen un papel protagónico en su gobierno. De lo contrario, el tránsito desde esa frágil democracia sin ciudadanos hacia una plutocracia desenfrenada será tan acelerado como inevitable.
"IMPERIALISMO, INTEGRACIÓN SUBORDINADA Y MILITARIZACIÓN DE LAS RELACIONES ESTADOS UNIDOS / AMÉRICA LATINA!" 



Ya está disponible el video de la mesa redonda que sostuvimos en el CEFMA Telma LUZZANI, Silvina Romano y yo. Pueden encontrar ese video, (en dos partes), en:

http://www.youtube.com/watch?v=YJHRWvjQFMA … 

La segunda parte en:

http://www.youtube.com/watch?v=RdkoDKOM3jA …
10 Diciembre 2013

Comparto dos excelentes notas de Narciso Isa Conde y Alfredo Serrano Mancilla sobre las recientes elecciones municipales de Venezuela.  Los resultados son un baño de agua muy fría, y un llamado a la sobriedad, para quienes decían -y soñaban- que el chavismo no sobreviviría a la muerte de Chávez.
(En la infografía que se pega a continuación pueden observarse los principales resultados de las elecciones)


Fuente: http://www.ciudadccs.info/wp-content/uploads/Resultados-elecciones.jpg


VENEZUELA: DOBLE VICTORIA

                                                                Por Narciso Isa Conde
  

Ganar en grande la mayoría de las Alcaldías y sacar la mayoría de votos a nivel nacional con un buen margen por encima de las derechas, es una doble victoria del PSUV, el POLO PATRIOTICO y el pueblo chavista.

Hacerlo en medio de una guerra económica y un intenso plan de desestabilización, tiene todavía un valor mayor y de triple impacto.

-Valor para el proceso bolivariano en Venezuela, que precisa ser defendido y profundizado, obteniendo nuevos logros.

-Valor para la oleada continental por la nueva independencia y la emancipación de nuestros pueblos, que tiene en Venezuela un gran puntal y fuerte aliento.

-Valor para la necesaria redención de la humanidad sometida en la actualidad a los efectos destructivos y degradantes de la multi-crisis capitalista.

Doble victoria demostrativa de que la baja relativa en las pasadas elecciones presidenciales, afectadas por el entonces muy reciente fallecimiento del comandante Chávez y por cierta tendencia al declive electoral progresivo, podía y debía ser revertida.

·  La clave del reciente triunfo.

La clave de este doble triunfo electoral –y más que electoral-, con triple impacto positivo, a mi entender estuvo en la radicalización de la respuesta a la guerra económica montada por la gran burguesía transnacional y local, instrumentada por las derechas políticas con el propósito de restarle base social al proceso hacia la revolución.

Erosionarle popularidad al proceso, descontrolarlo, caotizarlo y traspasar el desgaste al escenario propiamente electoral, con precisos planes desestabilizadores.

La radicalización en está ocasión consistió en enfocar los problemas y accionar desde el Estado y desde las fuerzas políticas y los movimientos sociales patrióticos y de izquierda, de tal manera que una parte el pueblo humilde y sectores medios de bajos ingresos pudieran identificar muy bien a las derechas políticas y a la gran burguesía como causantes de la especulación, los desabastecimientos, la devaluación del bolívar y la crisis de divisas.

Esto, a su vez, implicó cortar conexiones sensibles del gran capital con determinados enclaves de la burocracia contrarrevolucionaria, corrompida o tránsfuga; procediendo puntualmente a atacar o amenazar determinados focos y formas de corrupción relacionadas con esas malas prácticas.

Incluyó a la vez la aprobación de la ley habilitante y el uso de los poderes concentrados derivados de la misma, para establecer controles en materia de precios, asignación y uso de divisas, comercio exterior y comercialización interna; así como ágiles mecanismos de abastecimiento e intervenciones drásticas del Estado que garantizaran suministros fluidos de alimentos y artículos de alto consumo popular y aseguraran el control de la carestía desatada con fines políticos, al tiempo de desnudar con más precisión y contundencia a  una parte de los agentes culpables.

·  Efectos positivos en la subjetividad chavista y en el pueblo pobre.

Esto elevó la moral de la rebelde pobrecía venezolana, la acercó más al gobierno y a los/as candidatos/as del PSUV y el Polo Patriótico, potenció el chavismo y atrajo sectores confundidos o desalentados, convirtiendo el torneo electoral en una confrontación política y de clase mucho más clara y precisa.

Ese oportuno giro le permitió al Presidente Maduro, a su equipo de gobierno y a la dirección política del proceso, pasar claramente a la ofensiva y sacudir por el cuello a la derecha y ultraderecha social y política; contribuyendo así a elevar la subjetividad chavista y la confianza en la victoria, desatando más entusiasmo y mayor disposición al combate.

Tales pasos potenciaron en lo inmediato el perfil de la lucha de clase en la competencia política y recuperaron en mayor grado el legado combativo de Chávez.

Así las cosas -aunque todavía en escala limitada- el proceso hacia la revolución se defendió profundizándose; yendo más allá de la competencia electoralista, de las prácticas clientelistas, del despliegue de colores, la propaganda masiva, las diferencias históricas y la polarización tradicional. Comenzó a golpear parcialmente en ciertos puntos neurálgicos al viejo orden que todavía pervive y obstruye en grande, generando peligrosos desgastes, que es preciso revertir definitivamente.

·  Significado de esta doble victoria.

Esto muestra todo el potencial que encierra profundizar, radicalizar y expandir las transformaciones anticapitalistas en Venezuela, que más allá de esos controles recientes –no totalmente invulnerables por la dinámica capitalista, algunos incluso montados sobre una lógica estrictamente consumista- implicaría expropiar y socializar progresivamente la gran propiedad capitalista y subvertir su lógica todavía preeminente..

Me refiero al cambio que implicaría socializar en forma ascendente lo privado y lo estatal, atacar la corrupción sistémica, subvertir la cultura rentista-consumista y  desburocratizar los centros estatales de dirección en el marco de una compleja transición donde lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no termina de crecer en grande y desarrollarse. Y en el que para avanzar sustancialmente, el Estado actual deberá ser desmontado para darle paso al poder de la sociedad, tal y como apuntó Chávez en su Aló Presidente Autocrítico (“Golpe de Timón”).

Estoy seguro, que asumidas con vigor la vía anticapitalista y la expansión del poder popular y la democracia directa, éstas erosionarían en mucho mayor grado la base político-electoral de las derechas, que todavía supera el 40% de los votantes y que incluso –aun en medio de esta declinación- logró mantener el control municipal en importantes ciudades venezolanas y conserva una fuerte influencia cultural.

Los resultados de esta significativa experiencia y de esta obligada  radicalización del proceso en medio de las elecciones recientes, indican que en lo adelante es perfectamente posible reducir al mínimo la fuerza política de la contrarrevolución y erosionarle en mayor escala su actual peso electoral e institucional; impulsando la socialización de la economía y del poder, expandiendo las comunas en todos los niveles, traspasando más poder al pueblo, asumiendo a profundidad el GOLPE DE TIMÓN planteado por el comandante Chávez y ejecutando consecuentemente el Programa de la Patria, felizmente convertido en ley.

La fuerza electoral de la contrarrevolución, debilitada en cierta medida en estos comicios municipales, radica todavía en la fuerza económica del gran capital privado local y transnacional, en su poder mediático, en su hegemonía cultural nutrida por esos medios y en sus fábricas de ideología capitalista, en sus propiedades y operaciones financieras, industriales y comerciales, en el poder reversible que conserva en áreas de servicios, colegios y universidades, en la corrupción burocrática, en el capitalismo de Estado…

Y esa correlación cambiaría radicalmente en favor de la revolución con una reconfiguración de las fuerzas de vanguardia y un impulso categórico a la socialización (que no es igual a estatización), bien pensado, paulatino, sostenido, firme y ascendente; acompañado del estímulo sostenido a los cambios revolucionarios a nivel continental y mundial.

No de hay de otra. Revolución que se estanca y aísla, se debilita, retrocede y sucumbe. Revolución que avanza, profundizándose, radicalizándose a su interior y más allá, resulta muy difícil de derrotar.

El proceso hacia la revolución en Venezuela, con todo lo que significa para nuestra America y el mundo, tiene un nuevo periodo favorable para impulsar su calado en profundidad y su despliegue ascendente. Una nueva oportunidad.

Los momentos peores del pasado reciente han sido remontados, sin que esto implique el cese del accionar contrarrevolucionario de EU y sus fuerzas aliadas y el fin de los riesgos de reversibilidad.

Lindo fin de año abrazados/as a los ejemplos de Chávez y de Mandela.

¡Felicitémonos todos/as! Y aprovechemos al máximo esta nueva fase.

10-12-2013, Santo Domingo, RD.

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El chavismo vence a la guerra económica
Descripción: http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Alfredo Serrano Mancilla *
La oposición venezolana se queda definitivamente sin táctica ni estrategia para vencer al chavismo en una contienda electoral. Se intentó con la clásica estructura de partidos tradicionales y no pudo ser. Se creó un todos contra Chávez mediante una Mesa de Unidad Democrática y fracasaron. Se corrieron hipócritamente hacia un nuevo eje político, aparentemente al nuevo centro socioliberal, con un trastrocado Capriles que defendía las Misiones y la Constitución como si fueran obra suya. Pero tampoco les funcionó. En el siguiente intento, en el pasado 14 de abril, eligieron el nombre de Simón Bolívar para su comando de campaña y regalaron piropos a Chávez para granjear votos en un momento de duelo con máxima emotividad política. De nuevo, medalla de plata en una carrera en la que solamente competían dos modelos de país. Sin embargo, el manual de la derecha latinoamericana es bien extenso. Si por la vía electoral no fue posible, entonces la arremetida debía venir por el flanco económico. Desde ese momento, la oposición política usó su músculo económico para de-sestabilizar mediante técnicas –de golpe a cámara lenta– de una burguesía importadora, rentista y especuladora. La guerra económica había sido diseñada con precisión milimétrica en una estrategia presumiblemente infalible: desabastecimiento, inflación inducida, fuga de capitales y mercado ilegal de dólares. Todo ello presentado en una planificada campaña de comunicación, nacional e internacional, que azuzaba leña al fuego para crear las condiciones objetivas y subjetivas para golpear al chavismo en una nueva disputa electoral. En una operación cada vez más común desde la oposición, las elecciones que realmente elegían alcaldes eran (mal)utilizadas para un nuevo juicio final del chavismo. Esta vez, el presidente Maduro era el objetivo de este propagado plebiscito. Según sus planes, la idea era hacer la suma de votos municipales en el plano nacional para comenzar la siguiente etapa: un revocatorio anticipado.
No obstante, ese libreto derrocador no contempla algunos aspectos del nuevo cambio de época que vive América latina y, muy particularmente, la Venezuela de Chávez. La guerra económica –en este año– no pudo vencer a la democratización económica real llevada a cabo por el chavismo durante su década ganada. El pueblo politizado tiene memoria y no olvida a la ligera ese tránsito chavista a favor de la erradicación de la deuda social, de redistribución de riqueza social, de mejoras sociales, de soberanía en sectores estratégicos, de creación de empleo, de un crecimiento distribuidor, de cambio del patrón de acumulación. Es cierto que el chavismo tiene todavía grandes desafíos estructurales en materia económica, pero esto no debe –ni puede– eclipsar los logros alcanzados que permiten preocuparse por el largo plazo gracias a haber resuelto muy satisfactoriamente las urgencias sociales y económicas del corto plazo. Además, el intento de traer paz económica siempre es más grato que aquellos que ejercen la guerra económica. Las acciones tomadas por el chavismo desde la ley habilitante han convencido de nuevo a la mayoría. Esta vez, Maduro hizo como Chávez, dar un paso al frente, apropiarse de la agenda, sin miedos, y sin negar la evidencia en materia de incremento de precios y falta de algunos bienes. Frente a ello pasó a la ofensiva económica con una nueva propuesta de orden económico interno apostando a caminar de la estructura posneoliberal a otra de índole poscapitalista. Las prácticas de un sector privado oligopólico, que se aprovecha de las mejoras adquisitivas gracias a la política económica bolivariana y de cierto desa-juste entre el crecimiento exponencial de la demanda y la insuficiente oferta nacional fueron rechazadas por la mayoría en estas elecciones. Visto de otra forma, el chavismo, con este apoyo electoral, recibe un nuevo respaldo para seguir marchando por la senda de una nueva política económica real que concilie acciones concretas para solventar problemas coyunturales con estrategias que asienten las bases vigorosas de un socialismo bolivariano.
La derecha venezolana, y latinoamericana, no acaba de (re)conocer a su pueblo. Capriles, en su discurso ante la derrota, volvió a caer en un lugar común, que actualmente ya no engaña a nadie: “Venezuela es un país dividido”. Es ahora, cuando pierden elecciones, que se retoman este manido lema. Sin embargo, nunca hablaron de división cuando el modelo económico excluía a las mayorías para privilegiar a una minoría. No sabemos cuál será el próximo intento en Venezuela para tumbar al chavismo si éste sigue haciendo política para la mayoría. Pero algo sí es seguro, esta vez, la estrategia del plebiscito tuvo su efecto boomerang. ¿Habrá, tal vez, revocatorio para Capriles?
* Doctor en Economía, Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítica (Celag).
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