HONDURAS: ya está disponible en la web el magnífico y detallado informe de la Fundación Juan Bosch sobre las fraudulentas elecciones que tuvieron lugar el domingo pasado. El informe presenta pruebas irrefutables de las "irregularidades" cometidas antes, durante y después de los comicios. Hoy en Página/12  Baltasar Garzón también fustiga a las autoridades hondureñas por las mismas razones.
Ir a:

http://share.pdfonline.com/2013/11/27/d6f52d0bdf1e4b4a9903070f67e5ad90/Informe%20Observación%20Electoral%20Honduras_Fundacion%20Juan%20Bosch.htm


ELECCIONES EN HONDURAS: EL ROBO MÁS DESCARADO.

No es nuevo que las elecciones contengan "irregularidades". Uno de los robos electorales más espectaculares, por el cargo que estaba en juego, fue el que le permitió a George W. Bush "ganar" las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2000. Para ello su hermano, Jebb, gobernador del Estado de Florida, eliminó del padrón electoral a 57,700 votantes registrados bajo la acusación de que eran criminales, delincuentes, convictos por delitos graves y en Florida estos personajes están privados del derecho a voto. Los así eliminados eran sobre todo negros e hispanos, más favorables a los Demócratas que a los Republicanos, pero resulta que sólo el 10 porciento eran delincuentes. El resto: ciudadanos comunes y corrientes a quienes no se les dejó votar, y de ese modo G. W. Bush se llevó los 25 votos electorales de Florida "ganando" la elección popular por apenas 537 votos sobre Al Gore, a quien le robaron unos 22.000 votos con la manipulación era por su hermano. Dado que Florida desempataba en una reñidísima elección, gracias a esa maniobra Bush se quedó con la presidencia y Gore con las ganas...
Otros fraudes enormes fueron cometidos contra Andrés M. López Obrador en sendas elecciones mexicanas, pero en ambos casos con procedimientos mucho más sofisticados que los utilizados por los Bush Brothers en el 2000. 
Pero pocas veces el fraude tuvo el descaro que se puso en evidencia en HONDURAS el domingo pasado. Ya hablaré más del tema. Por ahora me basta con mostrar estas dos actas electorales en las cuales se observa claramente como se adultera la planilla de la mesa receptora de votos, en un caso disminuyendo los sufragios obtenidos por Xiomara Castro y en el otro aumentando los de Juan O. Hernández. Estas actas, así de trucadas, están disponibles en el sitio web del TSE, como si tal cosa. Ni se molestan en ocultar su complicidad con el fraude. ¡Ah!, hay aproximadamente un 20 porciento de actas que contienen adulteraciones de este tipo, pero el TSE se niega a examinarlas y mucho menos de ordenar una nueva elección en las mesas en donde se cometieron estos "errores" que, sin quererlo, favorecieron a la derecha hondureña y, por ende, a Estados Unidos.

(2 fotos)
26 Noviembre 2013

¡Hola! Comparto nota sobre Honduras publicada en Página/12 de hoy.

“La embajada” dice quién ganó


 Por Atilio A. Boron

En las últimas horas de ayer, el Tribunal Superior Electoral de Honduras consagraba como ganador al candidato del continuismo golpista, Juan Orlando Hernández. Desde el inicio, el proceso electoral estuvo lastrado por vicios irremediables que arrojaron un pesado manto de sospecha sobre su desenlace. La desembozada intervención de “la embajada” en los asuntos internos de Honduras tendría que haber sido una razón suficiente como para suspender las elecciones, rediseñar las instituciones políticas –entre ellas el propio TSE, controlado por quienes avalaron el golpe del 2009– y hacer una nueva convocatoria electoral para cuando se reuniesen condiciones mínimas requeridas para una elección, no sólo durante la campaña (ya de por sí un problema en Honduras, con su record de periodistas y militantes opositores asesinados) sino durante el recuento final de votos. Semanas antes de las elecciones, personeros gubernamentales habían declarado que el TSE ¡cotejaría sus cifras con las que aportase la embajada de Estados Unidos antes de dar a conocer los resultados definitivos! En resumen: el ganador sería proclamado por “la embajada” y el gobierno del continuismo golpista de Porfirio Lobo admitiría haber convertido a Honduras en un protectorado estadounidense.
Esta ignominiosa confesión dice mucho de la historia de ese sufrido país, ocupado por Washington y convertido en la década de los ochenta en una gigantesca retaguardia para servir de apoyo logístico a las agresiones perpetradas a la revolución sandinista por los “contras” nicaragüenses. Arquitecto de este proyecto contrarrevolucionario fue John Negroponte, una de las figuras más siniestras de las Américas y designado por Ronald Reagan embajador en Honduras, función en la cual contó con la colaboración de otro reconocido terrorista internacional, Otto Reich. Bajo su gestión, el ejército hondureño fue reorganizado de cabo a rabo, dotándolo de armamentos sofisticados, equipos y tecnología militar de última generación, y convirtiendo a la base militar Soto Cano, en Palmerola, en una de las más estratégicas de cuantas Estados Unidos posee en Centroamérica y el Caribe. Cuando el presidente Mel Zelaya (foto) trató de democratizar al sistema político y concretó su ingreso al ALBA, fue violentamente destituido mediante un “golpe institucional”, a los cuales se ha hecho tan adicto el régimen de Obama.
Uno de los analistas presentes en Honduras, Katu Arkonada, confirma la existencia de múltiples “irregularidades”, por no decir estafas a la voluntad popular. Hay por lo menos un 20 por ciento de las actas de las mesas receptoras de sufragios, en regiones en donde el partido Libre cuenta con gran respaldo popular, que fueron arbitrariamente sometidas a auditoría y no computadas; en comunidades apartadas se observó el “voto encadenado” y la compra de credenciales electorales; hay miles de mesas en donde los partidos minoritarios obtuvieron cero votos, es decir, que ni sus candidatos habrían votado por sí mismos. Sólo resta conjeturar cuántos votos de Xiomara Castro fueron sustraídos de las urnas. Libre ganó en las calles, pero no organizó una red de fiscales para garantizar la pureza del comicio. Confió en su amplia mayoría, certificada por todas las encuestas, y en la inverosímil “imparcialidad” del TSE y el gobierno ante una elección que el imperialismo y la oligarquía hondureña no podían perder, porque Washington jamás habría aceptado un resultado contrario a sus intereses en la zona.
El primer paso de la estrategia norteamericana para impedir un revés político fue la campaña de difamaciones en contra de Xiomara y su partido. El segundo, la organización fraudulenta de los comicios y el recuento de los votos. Tercero, si los dos anteriores no frustraban la victoria de Libre: impugnación del proceso electoral y manipulación del Congreso para impedir su asunción y, en caso de que pudiera hacerlo, provocar su destitución “legal” al igual que le ocurriera a su esposo. Hasta ahora, la derecha se las arregló apelando al fraude, dando a conocer cifras que no se corresponden con la realidad y que los medios hegemónicos dan por buenas. Libre tendrá que recuperar en las calles lo que le arrebataron en las urnas.
¿Cómo habría reaccionado la supuesta prensa libre e independiente del continente si los vicios, fraudes y crímenes perpetrados en Honduras hubieran tenido lugar en Bolivia, Ecuador o Venezuela? La gritería de los lenguaraces del imperialismo y sus aliados habría sido atronadora. En cambio, ahora en esos medios impera un silencio cómplice porque en Honduras todo vale. ¿Por qué? Porque así como Israel es la pieza clave para garantizar el equilibrio geopolítico de Medio Oriente, Honduras lo es para Centroamérica, al ser éste el país donde se concentra el grueso del poder de fuego estadounidense en la región. Y así como Washington no permanecería ni un minuto de brazos cruzados ante un eventual triunfo de una izquierda antiimperialista en Israel, se involucró descaradamente en el proceso político interno de Honduras para garantizar un resultado acorde con sus intereses estratégicos en la región. ¡Menos mal que hace unos días, en la OEA, John Kerry dio por superada la Doctrina Monroe!

* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
¡Hola! Comparto nota que me publicara en el día de ayer ALAI sobre las elecciones en Chile y las tareas que deberá enfrentar Bachelet si quiere refundar la democracia en Chile.


ALAI, América Latina en Movimiento
2013-11-22

Chile

Bachelet y la necesaria refundación de la democracia

Atilio Boron



Nadie debería sorprenderse por los principales resultados de las elecciones del domingo pasado en Chile: derrota oficialista, victoria amplia pero insuficiente de Michelle Bachelet y masivo abstencionismo electoral.
 
Numerosos estudios de opinión pública realizados a lo largo de los últimos años ponían en evidencia la apatía política reinante en una parte considerable de la ciudadanía.
 
Un politólogo chileno, Juan Carlos Gómez Leyton, viene sosteniendo desde hace un tiempo la tesis de que en Chile no sólo existe una economía neoliberal sino que ese cáncer ha hecho metástasis y el propio país se ha convertido en una sociedad neoliberal, signada, entre otras cosas, por el mayor índice de desigualdad económica de América Latina.
 
 Ahora bien: una sociedad de este tipo tiene como rasgos principales la despolitización, la apatía ciudadana y el desinterés por la cosa pública, El neoliberalismo primero avasalla y después desnaturaliza a la política reduciéndola a la mera gestión “técnica” de la economía. Consecuencia: la democracia degenera en tecnocracia. Y si de cuestiones técnicas se trata el vulgo tiene poco o nada que decir. Sólo los expertos deben hablar, y a la ciudadanía se le ordena que se ocupe de sus propios asuntos y que canalice sus ansias de participación, si es que las tiene, con frenéticos paseos de compras por los shoppings. Su obligación no es ejercer el autogobierno o la soberanía política porque tales cosas son fantasmas de un pasado que ya fue.
 
La única soberanía concreta, tangible, es la del consumidor y se realiza en el mercado y no en la esfera política. El ideal, inspirado en la polis ateniense, de ciudadanos activamente participantes en el proceso político es un melancólico anacronismo en una época del desarrollo capitalista en la que quienes votan, como mordazmente lo recuerda George Soros, son los mercados.
 
No sólo votan sino que, para colmo, lo hacen todos los días mientras que a los ciudadanos se los convoca cada dos años a un nada apasionante ritual en el cual la oferta política abrumadoramente mayoritaria, sobre todo en el caso chileno, es conservadora y las principales alianzas partidarias pugnan por hacerse dueñas del “centro” político, garantía infalible de que nada importante habrá de hacerse para cambiar en algo al sistema. 
 
Confirmando lo anterior, cuando en la encuesta de Latinobarómetro del año 2013 se le preguntó a los ciudadanos chilenos si la democracia era preferible a cualquier otra forma de gobierno un 63 contestó por la afirmativa, pero un 21 por ciento dijo que “daba lo mismo” y un 10 por ciento que prefería un gobierno autoritario. Es decir que un inquietante 31 por ciento era indiferente o antagónico ante la democracia, una cifra muy elevada pero que, aún así, demostraba una reducción en relación a niveles históricos que marcaban, inconfundiblemente, la persistencia del nefasto legado pinochetista.
 
Una mirada a largo plazo, por ejemplo focalizando el análisis en el período 1995-2013 demuestra que en Chile los valores promedio para todo ese período fueron los siguientes: apoyo a la democracia, 55 por ciento; al autoritarismo; 15 por ciento, e indiferencia, 26 por ciento.
 
El “país modelo” de una transición política exitosa hacia la democracia demostraba con estas cifras el equívoco del saber politicológico convencional que ensalzaba la experiencia política chilena como la más acabada concreción, en Nuestra América, del otrora tan valorado (y ahora tan devaluado) Pacto de la Moncloa que había permitido el advenimiento de la “democracia” en la España postfranquista.
 
Y rompiendo las previsiones de la cátedra y las campañas de calumnias de los medios hegemónicos los datos de Latinobarómetro confirman que el país con mayor apoyo ciudadano a la propuesta democrática es ...¡Venezuela! ¡Sí!, la Venezuela bolivariana, difamada, hostigada y vilipendiada como tierra de tiranos populistas y líderes demagógicos resultó ser aquella en la cual el ideal democrático es más valorado por su ciudadanía.
 
 No sólo eso: según esta encuesta los países cuyos ciudadanos más han aumentado el apoyo a la democracia son Venezuela (16 puntos) y Ecuador (13 puntos), por encima de Chile (8 puntos) y Argentina (5 puntos). (1) 
 
Conclusión: si los liderazgos fulminados como populistas (Chávez, Maduro, Correa y, por extensión, Evo) crean ciudadanía es porque son cualquier cosa menos populistas; populares y genuinamente democráticos seguro, pero no cultores de la engañifa populista. La ciencia política convencional se revela como propaganda reaccionaria ante estos pocos ejemplos.
 
 Pero retornemos a las elecciones del pasado domingo. A la vista de los anteriores antecedentes no sorprende, decíamos, que la concurrencia electoral haya oscilado en torno al 50 por ciento del electorado, compuesto por poco menos de 14 millones de personas. Esta proporción de abstencionismo es la más alta en toda la historia de la democracia en Chile.
 
Se argumenta que dado que el sufragio es optativo no hay por qué alarmarse. Pero lo cierto es que el voto no sólo es un derecho; es también una obligación de todo ciudadano de una democracia y casi la mitad de las chilenas y los chilenos renunció a ejercer ese derecho y a asumir la correspondiente obligación.
 
 Bajo esta perspectiva la votación de Michelle Bachelet, 3.070.012 sufragios representa el 47 por ciento de quienes acudieron a votar pero un escaso 22 por ciento del total de la ciudadanía; peor aún es el caso de la candidata de la derecha, Evelyn Matthei, cuyos 1.645.271 votos no representan sino el 12 por ciento de los electores inscriptos.
 
La conclusión que puede obtenerse de estos guarismos es que casi un cuarto de siglo después de la salida de Pinochet los legados combinados del autoritarismo militar y el neoliberalismo económico produjeron una sociedad en la que se descree de la acción colectiva, se concibe a la política como una pérdida de tiempo y se piensa que los problemas de cada quien deberán ser enfrentados y resueltos individualmente.
 
La política se convierte en un “ruido molesto” que perturba el supuestamente racional trabajo de los mercados. Otra conclusión: el gran fracaso del gobierno de Sebastián Piñera, que había sido saludado como el amanecer de una nueva era en donde la burguesía atendía sin molestas mediaciones la gestión de la cosa pública y se demostraba que el pinochetismo podía tener un rostro sonriente, amable y a la vez altamente eficiente. Esa ilusión se desmoronó la noche del domingo pasado.
 
La apatía política se alimenta en Chile de la carencia de verdaderas alternativas políticas. Revertir esta situación será una tarea muy difícil, casi prometeica, de la futura presidenta Bachelet, quien sólo por una catástrofe política de incalculables proporciones podría ser derrotada en la futura batalla electoral.
 
La reconstrucción de la comunidad política -en un país que supo tenerla y en grado sumo antes del golpe militar- requerirá la adopción de profundas reformas que desmonten el andamiaje económico, político e institucional establecido por la dictadura y mantenido a lo largo de nada menos que cuarenta años. Un aparato construido por el ideólogo y arquitecto del régimen pinochetista, Jaime Guzmán Errázuriz, y preservado en casi todos sus detalles por sus sucesores de la Concertación y, por supuesto, por el actual gobierno.
 
Para que Bachelet pueda dar vuelta la página de la historia será preciso que haga lo que hizo Hugo Chávez Frías el 2 de Febrero de 1999 cuando al tomar posesión de su cargo como presidente rompió con las fórmulas consagradas por la tradición y dijo que “Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro.”
 
Es harto improbable que Bachelet produzca un juramento de ese tipo porque, como política, no está “hecha de la misma madera” que tenía el gran líder bolivariano. Pero es indiscutible que la reconstrucción de la democracia en Chile requerirá indefectiblemente de la elaboración y aprobación de una nueva constitución. No es un dato menor que las tres que rigieron los destinos de ese país fueron todas ellas producidas por gobiernos autoritarios y conservadores en 1833, 1925 y 1980, esta última bajo el régimen de Pinochet. Y en ninguno de estos casos, por supuesto, no hubo el menor atisbo de participación popular. Y si bien en los últimos años se le introdujeron algunos cambios muy marginales, el espíritu y la letra de la constitución pinochetista está aún vigente, y ambos son incompatibles con la democracia.
 
Si Bachelet aspira realmente a refundar la democracia chilena tendrá que convocar por primera vez en la historia a una asamblea constituyente elegida por el pueblo; otorgarle un plazo para que redacte un nuevo texto constitucional y someterlo -como se hizo en Venezuela, Bolivia y Ecuador- al veredicto popular mediante un referendo constitucional que otorgue legitimidad a la nueva carta magna. Eso sería un primer y necesario paso para después avanzar con la misma firmeza en la desmercantilización y la desprivatización de gran parte de lo mercantilizado y privatizado por cuatro décadas de neoliberalismo, comenzando por la educación y siguiendo por la salud y la seguridad social entre tantos otros bienes públicos convertidos en mercancías generadoras de jugosas ganancias para los capitalistas. Si nada de esto llegara a ocurrir, o sólo se intentaran tibios ensayos reformistas, Chile se deslizaría aún más rápidamente hacia una nueva y sutil forma de autoritarismo de mercado o, como lo asegura el filósofo político estadounidense Sheldon Wolin para su propio país, hacia una suerte de “totalitarismo invertido” caracterizado por la primacía aplastante de los mercados y el progresivo desvanecimiento de las figuras de la democracia y del ciudadano. Una democracia sin ciudadanos que reemplaza la vieja fórmula de Abraham Lincoln, “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” por su degradación mercantil: “gobierno de los mercados, por los mercados y para los mercados.”
 
Desgraciadamente, la complacencia de la anterior gestión de Bachelet con esta fórmula no autoriza a hacerse demasiadas ilusiones. No son muchos los casos en la historia en que un gobernante produce un giro tan pronunciado como el que hace falta para refundar la democracia en Chile. Una democracia que llegó a su punto más alto en los años de Salvador Allende, y que por eso mismo fue ferozmente combatida por el imperialismo y sus secuaces locales. De todos modos será preciso esperar un tiempo antes de emitir un juicio definitivo sobre la gestión de Bachelet. El realismo político no permite abrigar demasiadas esperanzas, pero ese mismo realismo aconseja no descartar la posibilidad –por poco probable que sea- de que el pueblo chileno recupere su memoria, sus sueños y sus utopías, las mismas que lo llevaron a votar por Salvador Allende, e irrumpa de manera arrolladora en la escena política para, como lo dijera el presidente-mártir, abrir “aquellas grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.” Sería una gran noticia, para Chile y para Nuestra América, si tal cosa llegara a suceder.   
 
- Dr. Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013. www.atilioboron.com.ar Twitter: http://twitter.com/atilioboron
Nota
 
(1)   Cf. Corporacíón Latinobarómetro: Informe 2013 (Santiago: Ediciones de Corporación Latinobarómetro 2013), pg. 6.La Corporación realiza  una encuesta anual de actitudes y opiniones políticas en 18 países de la región. Huelga comentar que los autores del Informe apelan a todo tipo de ridículas argumentaciones para dar cuenta de tan aberrantes anomalías como las representadas por los casos de Venezuela y Ecuador. No podemos perder nuestro tiempo y el de nuestros lectores en examinar las conocidas críticas que las usinas del imperio dirigen en contra de esos países hermanos: no hay separación de poderes porque el oficialismo tiene mayoría en el Congreso, y no se respeta a la oposición porque ambos tanto Chávez como Maduro y Correa le han declarado la guerra a la prensa. Si Aznar, Berlusconi o George W. Bush tienen mayoría en el Congreso eso prueba la rotunda legitimidad de su mandato; si quienes gozan de esa situación son Chávez, Maduro o Correa eso demuestra que nos hallamos ante democracias con serios déficits o, simplemente, semi-democracias. El escandaloso doble standard del Informe  nos exime de la necesidad de entablar una discusión con sus autores. No son analistas políticos sino publicistas al servicio de la reacción, y sólo por excepción discutiría con ellos.



http://www.alainet.org/active/69176
18.11.2013

¡Hola!, comparto interesante nota de Alfredo Serrano Mancilla  y René Ramírez Gallego sobre el tema arriba indicado. Me parece muy interesante y digno de ser analizado y discutido.

RESULTADOS OBTENIDOS EN 7 AÑOS EN EL PAÍS

La pobreza en Ecuador se reduce y la riqueza se redistribuye

El crecimiento ecuatoriano ha logrado repartir equitativamente las rentas generadas. La desigualdad económica, medida por el índice de Gini, se redujo en este período de 0,54, en 2006, a 0,46, en 2013. Las políticas tributarias, energéticas, de inversión en educación y salud, apuntalaron tales objetivos.

* Alfredo Serrano Mancilla ** René Ramírez Gallegos
Mucho se habla de la pobreza. Es cierto que este término llega a ser tan recurrente hasta llegar al punto de ser frívolamente utilizado. A nadie le extraña que las alusiones sobre pobreza aparezcan en innumerables ocasiones en discursos de políticos ultra conservadores o incluso en cualquier documento -de esos que marcan agenda- del Fondo Monetario Internacional. Manipulando el erudito juego de palabras de Marx, y aplicándolo al caso, hoy en día, más que filosofía de la pobreza, lo que existe es pobreza de la filosofía para estudiar la pobreza.
Muchos autores practican la ‘ciencia’ de la contabilidad de los pobres como si fuera un problema coyuntural, sin intención de identificar la relevancia de una acumulación desigual originaria-reproducida. Otros prefieren el reduccionismo, muy propio de la academia dominante, para unidimensionar la pobreza, y así dejarla condenada a una única variable focal.
Incluso los más atrevidos deciden casi jugar con ellos, con los pobres, y se dedican solo a enumerar si uno es pobre o no lo es, como si se tratara de ponerle un sombrero que lo identificara, y sanseacabó.
Estos analistas dejan de lado cuán pobres son estos pobres, quiénes son, por qué, y lo que es más importante, cómo se puede realmente, en términos estructurales y sistémicos, erradicar la pobreza.
El porcentaje de personas pobres en Ecuador pasó del  37,6% en 2006 a  23,7% en 2013.De hecho, sería mucho más acertado hablar de distribuir la riqueza para no caer en las trampas de tanta ciencia económica hegemónica que nos llevó siempre a hablar de objetivos en negativo, esto es, de luchar contra la desigualdad, contra la pobreza, contra la exclusión, y sin embargo, se elige –en positivo- crecimiento, progreso o bienestar como fines a perseguir por el orden económico. ¿Por qué no hablar –en positivo- de riqueza, igualdad o inclusión en vez de seguir luchando contra la pobreza, contra la desigualdad o contra la exclusión?
Con todo esto, se pone de manifiesto que investigar la problemática de la pobreza –o su otra cara, la riqueza- no es tarea fácil. Realizar cualquier ejercicio empírico para concluir en términos de pobreza resulta doblemente complejo, porque además de lo ya comentado, se requiere acometer todos los desafíos propios de cualquier trabajo más aplicado. Dicho todo lo cual, en la medida de lo posible y a sabiendas de todas las limitaciones previamente presentadas, se presentan algunos aspectos que nos lleva a afirmar, con rotundidad y con rigor, desde un marco más integral que lo habitual, que la pobreza en Ecuador se ha reducido, no solo coyunturalmente sino también en términos más estructurales.
Desde que llega la Revolución Ciudadana, el objetivo de acabar con la larga noche neoliberal, de terminar con el empobrecimiento de las mayorías, se ha logrado en gran medida. La deuda social neoliberal está siendo saldada a una gran velocidad. No solo han sido los programas de bonos, con el bono de desarrollo humano y todos sus derivados, sino que se llevaron a cabo políticas: 1) de educación y salud, 2) de inversión para lograr la esperada soberanía energética en 2016, 3) de políticas tributarias que incrementaron recaudación más progresivamente, 4) de una política de ciencia, tecnología y educación superior en aras de una economía del conocimiento y de creatividad que permita mejorar los términos de intercambio para el país, 5) de crecimiento de infraestructuras logísticas y comunicaciones, 6) de lograr una inserción menos subordinada en el mundo a través del abandono del Ciadi, de denuncia de los Tratados Bilaterales de Inversión, de más comercio con Sucre (vía ALBA), y 7) de no aceptar tratados de libre comercio que atentarían al cambio estructural del aparato productivo y perpetuarían el patrón primario exportador del Ecuador.
Ahora sí es posible entender por qué los –siempre- fríos datos de pobreza son en este caso mucho más cálidos, más contextualizados, más entendibles. La pobreza, en porcentajes de pobres, se redujo desde 2006 hasta junio 2013, de 37,6 a 23,7%. Esta reducción es aún más que significativa en el sector rural: pasando de 60,6 a 40,7%; en el área urbana, pasa de 25,9 a 14,9%. Pero vayamos más allá de este índice tan ingenuo que solo mide incidencia, y vayamos a hablar de brechas y severidad; el denominado déficit de pobreza de 15,5% en 2006 a 8,4% en 2013; la severidad también se redujo de 8,6% a 4,4%. Se mire como se mire, la pobreza y su intensidad se reduce en Ecuador.
Si seguimos ampliando el foco, podemos afirmar -cada vez más precisamente- que la pobreza en Ecuador sí se ha visto fuertemente reducida. En el plano educativo, la pobreza se disminuye más en aquellas personas que menos estudios poseen; se reduce por encima de 10 puntos porcentuales para analfabetos, los que se están alfabetizando y para los que estudian primaria. Si bien el desempleo sigue a la baja en estos años (ya es de 4,57%), también cabe destacar que la pobreza para subempleados y desempleados, ha sido drásticamente reducida (7,8 y 9,5 puntos porcentuales, respectivamente). A pesar de no ser el término más adecuado, usaremos esta categoría tan utilizada: la clase baja más la clase media baja es el grupo que más aumenta su participación en la renta salarial; gana 3,5 puntos porcentuales su participación; es la clase más alta (10% más rico) quien pierde justamente 6 puntos. El crecimiento ecuatoriano no es empobrecedor, sino todo lo contrario; es un mecanismo distribuidor justo de la nueva renta generada. De hecho, la desigualdad económica, medida por el índice de Gini, se reduce en este período de 0,54 en 2006 a 0,46 en 2013.
A pesar de este quinquenio ganado, para lograr ese ‘hasta la victoria siempre’ que siempre saluda el presidente Correa, no se frenará ni un segundo. Después de la amplia victoria electoral de febrero se comienza una segunda etapa con muchas condiciones materiales mejoradas, que le permite al presidente Correa profundizar el cambio, seguir radicalizando sus políticas de emancipación, para pasar de saldar deuda social y paliar pobreza a erradicarla sistémicamente y distribuir riqueza en aras de una democracia absolutamente real anclada en el Buen Vivir de Todos. Ahora es el momento para acometer el resto de transformaciones para seguir con la revolución dentro de la revolución. Las urgencias del corto plazo permanecen, aunque son más leves, y esto ya no puede ser usado como atenuante para dejar de afrontar el cambio de matriz productiva, en tanto que: a) se produzcan nuevos bienes y servicios, básicos para las necesidades exigidas por el pueblo ecuatoriano y otros bienes con valor agregado para tener una mejor inserción en el sistema mundo, y b) sean producidos por nuevos productores que rompan el régimen acumulador concentrado en pocas manos. Es momento de acabar con el modelo mixto heredado, en el que el sujeto económico no puede dominantemente ser la burguesía compradora-importadora más el sector agroexportador. Es el momento del atinado uso de la renta petrolera para usar el extractivismo como transición para salir de ese patrón primario exportador. Solo así, procurando la reproducción ampliada del Socialismo del Buen Vivir, se podrá seguir por un camino en el que no sean más necesarios artículos como estos, que hablan de pobreza.
* (Doctor en Economía; Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico, @alfreserramanci), 
** (Secretario Nacional Educación Superior, Ciencia y Tecnología de Ecuador, @compaiRENE)

 


¡IMPERDIBLE!  En pocos días más comienza el   
" IIº FESTIVAL DE ARTE POPULAR MERCEDES SOSA"




Adán CHÁVEZ, gobernador del Estado de Barinas (Venezuela), hermano mayor del Comandante Hugo Chávez y Director del Centro de Altos Estudios y Pensamiento "Hugo Chávez" participará en dos actividades públicas en la ciudad de Buenos Aires, de acuerdo al siguiente programa:

Lunes 11, 19 horas: acto inaugural de las Jornadas internacionales




Adán Chávez, izquierda, y Hugo Chávez, a la derecha, foto tomada en Barinas

Y el Martes 12, también a las 19 horas, en el CEFMA, según el siguiente programa:



Martes 12 de noviembre – 19hs

Presentación del Centro de Altos Estudios y Pensamiento 
Hugo Chávez

Presenta:

Adán Chávez
(Director del Centro de Altos Estudios y Pensamiento “Hugo Chávez” y Gobernador del Estado de Barinas, Venezuela)

Participan:
Patricio Echegaray - Atilio Borón

CEFMA – Callao 274 – CABA

Hoy se cumplen 96 años del triunfo de la Revolución Rusa. En 1871 la clase obrera y el pueblo de París había  “tomado el cielo por asalto”, dando nacimiento a la Comuna, precoz ensayo de construcción de una nueva sociedad y un nuevo estado. Por su osadía los comuneros fueron reprimidos con una crueldad sin límite por los representantes de las “democracias” y la “civilización occidental y cristiana”. Pero la semilla de la Comuna, regada con la sangre de miles de víctimas, habría de germinar en el otro confín de Europa. En 1917, en un día como hoy, los obreros, soldados y campesinos rusos retomaron el camino pero no ya en una ciudad sino en el país más extenso del planeta, Rusia. Habiendo asimilado las enseñanzas de la Comuna aquellos no se limitaron a tomar el cielo por asalto; hicieron lo propio con el Palacio de Invierno de los zares y en una jornada extraordinaria pusieron fin a siglos de cruel absolutismo monárquico, despotismo aristocrático e imperio de la ignorancia y la superstición.


Con la Revolución Rusa se abrieron las puertas de una nueva etapa en la historia de la humanidad por donde luego transitarían las revoluciones china, vietnamita y cubana, modificando drásticamente la correlación mundial de fuerzas y abriendo un espacio sin el cual ni los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo, ni los procesos de descolonización en África y Asia, ni las arriba mencionadas revoluciones habrían sido posibles. Sin el apoyo soviético difícilmente podría la revolución china haber sobrevivido a las acechanzas y ataques del imperialismo en sus primeros años; o el heroico pueblo vietnamita haber derrotado y humillado a los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam; o haber Cuba resistido la agresión yankee sin la colaboración que le brindara la Revolución Rusa. El balance histórico sobre lo que ésta ha significado es una tarea aún pendiente. Para los teóricos y publicistas de la derecha, y para algunos izquierdistas ofuscados por su dogmatismo, la historia de esa gran revolución se reduce a los horrores del estalinismo. Caprichosamente dejan de lado algunas cosas más que también ocurrieron y que no fueron para nada triviales: la contribución de la Unión Soviética a la derrota del nazismo fue decisiva e insustituible, pagando con casi veinte millones de muertos el precio de una hazaña que sólo violentando los hechos históricos se podría subestimar. El mundo no sería lo que es hoy si las fuerzas de Hitler hubieran triunfado en la Segunda Guerra Mundial. Transformó además a la sociedad más atrasada de Europa en una potencia industrial, tecnológica y militar, capaz de en el breve –históricamente hablando- plazo de cuarenta años tomar la delantera en la conquista del espacio al lanzar el primer satélite artificial y el primero tripulado por un hombre, Yuri Gagarin. La Revolución Rusa acabó con el analfabetismo, sentó las bases de una sociedad igualitaria como nunca antes había existido en país alguno e incorporó a la mujer a la vida social, otorgándole derechos que en los países capitalistas avanzados sólo serían en parte conquistados medio siglo después.  




Desgraciadamente esta experiencia terminó muy mal: implosionó y se derrumbó sin que nadie saliera a la calle a defender una conquista histórica como la Revolución Rusa. Esto, por múltiples razones de orden interno –debilitamiento en el vínculo democrático entre masas, partido y estado y su sofocante   burocratización; rigidez y deficiente manejo de la economía; incapacidad de responder ante los desafíos de la tercera revolución industrial, entre otros- y también de orden externo, entre los cuales sobresale la permanente hostilidad de las potencias imperialistas desde los mismos albores de la república soviética, la Guerra Fría y, en los años ochenta, los exorbitantes gastos militares que la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan obligó a incurrir en la Unión Soviética (y que también sembraron las semillas de la actual crisis financiera del estado norteamericano). Rindamos homenaje a esa empresa heroica, a la figura de Lenin, su genial conductor, y a los bolcheviques que tuvieron la audacia de acompañarlo y a los ex mencheviques, como Trotsky, que en Agosto de 1917 se unieron al partido de Lenin para consumar la más grande revolución social de toda la historia.  



Para recordar: hace exactamente ocho años, en un día como hoy, 4 de Noviembre, pero del 2005, se enterraba en Mar del Plata el más ambicioso proyecto de Estados Unidos para América Latina y el Caribe: la creación del ALCA, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. Fue una batalla decisiva librada en el marco de la IV Cumbre de Presidentes de las Américas, en la cual había una ausencia que brillaba enceguecedoramente: Cuba, pero que hablaba por la voz de Hugo Chávez.
Pese a que no estaba en la Agenda de Presidentes discutir sobre el ALCA Estados Unidos -con la ayuda de su socio/peón, Canadá- trató de imponer el tema y lograr un voto positivo en la Cumbre que abriese de par en par las puertas al proyecto imperialista. Este proponía instaurar la más irrestricta liberalización comercial bajo la forma de un tratado global de libre comercio que, como hemos visto en la experiencia práctica de países como México (la economía con mayor período de vigencia del  TLC), Colombia, Perú y Chile sólo profundizaría los lazos de dependencia, la vulnerabilidad externa, la extranjerización de las economías, la polarización social y el saqueo de los bienes comunes de la región. En palabras de Eduardo Galeano, el libre cambio cristaliza la división internacional del trabajo, en la cual algunas economías se especializan en ganar y otras en perder. De eso se trataba el ALCA, y eso es lo que se derrotó en Mar del Plata.


Al pronunciar el discurso de apertura de las sesiones de la Cumbre Néstor Kirchner se pronunció en contra de la  pretensión de incorporar el tratamiento del ALCA en las deliberaciones de los presidentes, lo que provocó la insistencia de Canadá acompañado por el gobierno conservador mexicano presidido por Vicente Fox, el gobierno de Panamá (Martín Torrijos, para eterna traición al legado de su padre, Omar Torrijos, quien recuperó el Canal de Panamá de manos yankees) y, sibilinamente, por el presidente de Chile, Ricardo Lagos. Pero las intervenciones posteriores de Luiz Inacio “Lula” da Silva, Tabaré Vázquez y, sobre todo, de Hugo Chávez, liquidaron definitivamente ese proyecto y en la Declaración Final quedó claro, en negro sobre blanco, que no había acuerdo sobre el tema y que, por lo tanto, quedaba postergado indefinidamente.  
La de Mar del Plata fue una batalla extraordinaria, cuya importancia muchos todavía no terminan de valorar porque se niegan a reconocer la importancia crucial de la lucha antiimperialista en Nuestra América.  El estratega de ese combate fue Fidel, y el gran mariscal de campo fue Chávez, contando con  la importantísima colaboración de Néstor Kirchner y Lula. Muy difícil para estos, por diferentes razones. Para Kirchner, porque era el anfitrión de la Cumbre y tenía que desairar a Bush en su propia cara, y lo hizo; y para Lula, porque dentro de su gobierno había sectores -¡que todavía los hay en el gobierno de Dilma!- que favorecían el proyecto.  La batalla que estos tres libraban dentro de la Cumbre fue facilitada por la extraordinaria movilización popular que se dio cita en Mar del Plata, producto de la eficacia de la campaña continental “No al ALCA”  y del generalizado repudio que suscitaba la figura de George W. Bush, verdugo de Irak y Afganistán y, tal como lo denunciara Noam Chomsky, uno de los más sanguinarios criminales de guerra de los últimos tiempos.  La “Contracumbre” fue un factor de enorme importancia para frenar, desde afuera del recinto donde se reunían los presidentes, la iniciativa norteamericana y para persuadir a los gobernantes dubitativos o inclinados a aceptar las órdenes del imperio que aprobar el ALCA 
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