18.11.2013

¡Hola!, comparto interesante nota de Alfredo Serrano Mancilla  y René Ramírez Gallego sobre el tema arriba indicado. Me parece muy interesante y digno de ser analizado y discutido.

RESULTADOS OBTENIDOS EN 7 AÑOS EN EL PAÍS

La pobreza en Ecuador se reduce y la riqueza se redistribuye

El crecimiento ecuatoriano ha logrado repartir equitativamente las rentas generadas. La desigualdad económica, medida por el índice de Gini, se redujo en este período de 0,54, en 2006, a 0,46, en 2013. Las políticas tributarias, energéticas, de inversión en educación y salud, apuntalaron tales objetivos.

* Alfredo Serrano Mancilla ** René Ramírez Gallegos
Mucho se habla de la pobreza. Es cierto que este término llega a ser tan recurrente hasta llegar al punto de ser frívolamente utilizado. A nadie le extraña que las alusiones sobre pobreza aparezcan en innumerables ocasiones en discursos de políticos ultra conservadores o incluso en cualquier documento -de esos que marcan agenda- del Fondo Monetario Internacional. Manipulando el erudito juego de palabras de Marx, y aplicándolo al caso, hoy en día, más que filosofía de la pobreza, lo que existe es pobreza de la filosofía para estudiar la pobreza.
Muchos autores practican la ‘ciencia’ de la contabilidad de los pobres como si fuera un problema coyuntural, sin intención de identificar la relevancia de una acumulación desigual originaria-reproducida. Otros prefieren el reduccionismo, muy propio de la academia dominante, para unidimensionar la pobreza, y así dejarla condenada a una única variable focal.
Incluso los más atrevidos deciden casi jugar con ellos, con los pobres, y se dedican solo a enumerar si uno es pobre o no lo es, como si se tratara de ponerle un sombrero que lo identificara, y sanseacabó.
Estos analistas dejan de lado cuán pobres son estos pobres, quiénes son, por qué, y lo que es más importante, cómo se puede realmente, en términos estructurales y sistémicos, erradicar la pobreza.
El porcentaje de personas pobres en Ecuador pasó del  37,6% en 2006 a  23,7% en 2013.De hecho, sería mucho más acertado hablar de distribuir la riqueza para no caer en las trampas de tanta ciencia económica hegemónica que nos llevó siempre a hablar de objetivos en negativo, esto es, de luchar contra la desigualdad, contra la pobreza, contra la exclusión, y sin embargo, se elige –en positivo- crecimiento, progreso o bienestar como fines a perseguir por el orden económico. ¿Por qué no hablar –en positivo- de riqueza, igualdad o inclusión en vez de seguir luchando contra la pobreza, contra la desigualdad o contra la exclusión?
Con todo esto, se pone de manifiesto que investigar la problemática de la pobreza –o su otra cara, la riqueza- no es tarea fácil. Realizar cualquier ejercicio empírico para concluir en términos de pobreza resulta doblemente complejo, porque además de lo ya comentado, se requiere acometer todos los desafíos propios de cualquier trabajo más aplicado. Dicho todo lo cual, en la medida de lo posible y a sabiendas de todas las limitaciones previamente presentadas, se presentan algunos aspectos que nos lleva a afirmar, con rotundidad y con rigor, desde un marco más integral que lo habitual, que la pobreza en Ecuador se ha reducido, no solo coyunturalmente sino también en términos más estructurales.
Desde que llega la Revolución Ciudadana, el objetivo de acabar con la larga noche neoliberal, de terminar con el empobrecimiento de las mayorías, se ha logrado en gran medida. La deuda social neoliberal está siendo saldada a una gran velocidad. No solo han sido los programas de bonos, con el bono de desarrollo humano y todos sus derivados, sino que se llevaron a cabo políticas: 1) de educación y salud, 2) de inversión para lograr la esperada soberanía energética en 2016, 3) de políticas tributarias que incrementaron recaudación más progresivamente, 4) de una política de ciencia, tecnología y educación superior en aras de una economía del conocimiento y de creatividad que permita mejorar los términos de intercambio para el país, 5) de crecimiento de infraestructuras logísticas y comunicaciones, 6) de lograr una inserción menos subordinada en el mundo a través del abandono del Ciadi, de denuncia de los Tratados Bilaterales de Inversión, de más comercio con Sucre (vía ALBA), y 7) de no aceptar tratados de libre comercio que atentarían al cambio estructural del aparato productivo y perpetuarían el patrón primario exportador del Ecuador.
Ahora sí es posible entender por qué los –siempre- fríos datos de pobreza son en este caso mucho más cálidos, más contextualizados, más entendibles. La pobreza, en porcentajes de pobres, se redujo desde 2006 hasta junio 2013, de 37,6 a 23,7%. Esta reducción es aún más que significativa en el sector rural: pasando de 60,6 a 40,7%; en el área urbana, pasa de 25,9 a 14,9%. Pero vayamos más allá de este índice tan ingenuo que solo mide incidencia, y vayamos a hablar de brechas y severidad; el denominado déficit de pobreza de 15,5% en 2006 a 8,4% en 2013; la severidad también se redujo de 8,6% a 4,4%. Se mire como se mire, la pobreza y su intensidad se reduce en Ecuador.
Si seguimos ampliando el foco, podemos afirmar -cada vez más precisamente- que la pobreza en Ecuador sí se ha visto fuertemente reducida. En el plano educativo, la pobreza se disminuye más en aquellas personas que menos estudios poseen; se reduce por encima de 10 puntos porcentuales para analfabetos, los que se están alfabetizando y para los que estudian primaria. Si bien el desempleo sigue a la baja en estos años (ya es de 4,57%), también cabe destacar que la pobreza para subempleados y desempleados, ha sido drásticamente reducida (7,8 y 9,5 puntos porcentuales, respectivamente). A pesar de no ser el término más adecuado, usaremos esta categoría tan utilizada: la clase baja más la clase media baja es el grupo que más aumenta su participación en la renta salarial; gana 3,5 puntos porcentuales su participación; es la clase más alta (10% más rico) quien pierde justamente 6 puntos. El crecimiento ecuatoriano no es empobrecedor, sino todo lo contrario; es un mecanismo distribuidor justo de la nueva renta generada. De hecho, la desigualdad económica, medida por el índice de Gini, se reduce en este período de 0,54 en 2006 a 0,46 en 2013.
A pesar de este quinquenio ganado, para lograr ese ‘hasta la victoria siempre’ que siempre saluda el presidente Correa, no se frenará ni un segundo. Después de la amplia victoria electoral de febrero se comienza una segunda etapa con muchas condiciones materiales mejoradas, que le permite al presidente Correa profundizar el cambio, seguir radicalizando sus políticas de emancipación, para pasar de saldar deuda social y paliar pobreza a erradicarla sistémicamente y distribuir riqueza en aras de una democracia absolutamente real anclada en el Buen Vivir de Todos. Ahora es el momento para acometer el resto de transformaciones para seguir con la revolución dentro de la revolución. Las urgencias del corto plazo permanecen, aunque son más leves, y esto ya no puede ser usado como atenuante para dejar de afrontar el cambio de matriz productiva, en tanto que: a) se produzcan nuevos bienes y servicios, básicos para las necesidades exigidas por el pueblo ecuatoriano y otros bienes con valor agregado para tener una mejor inserción en el sistema mundo, y b) sean producidos por nuevos productores que rompan el régimen acumulador concentrado en pocas manos. Es momento de acabar con el modelo mixto heredado, en el que el sujeto económico no puede dominantemente ser la burguesía compradora-importadora más el sector agroexportador. Es el momento del atinado uso de la renta petrolera para usar el extractivismo como transición para salir de ese patrón primario exportador. Solo así, procurando la reproducción ampliada del Socialismo del Buen Vivir, se podrá seguir por un camino en el que no sean más necesarios artículos como estos, que hablan de pobreza.
* (Doctor en Economía; Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico, @alfreserramanci), 
** (Secretario Nacional Educación Superior, Ciencia y Tecnología de Ecuador, @compaiRENE)

 

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