12.3.2013
Comparto el poema que el Comandante Chávez escribió poco después del entierro de su abuela, Rosa Inés, quien le inculcó los valores fundamentales del socialismo, aunque ella no nombrase esa palabra ni supiera lo que significaba.
Rosa Inés Chávez, la abuela paterna del Comandante  Hugo Chávez


No voy a traicionar mis orígenes
(a la abuela Rosa Inés)

No voy a traicionar mi infancia de niño pobre de Sabaneta. Inmediatamente después que enterramos a la abuela Rosa Inés, en Enero de 1982, me fui para la casa de Adán y allí, en la noche, junto a una lamparita que él  tenía en su pequeño estudió escribí un poema dedicado a ella.

Me salió de un tirón. Fue una especie de juramento ante Rosa Inés, una memoria que es para mí sagrada:


Quizás algún día,
mi vieja querida,
dirija mis pasos
hacia tu recinto.

Con los brazos en alto
y con el alborozo
coloqué en tu tumba
una gran corona
de verdes laureles.
Sería mi victoria,
sería tu victoria,
y la de tu pueblo
y la de tu historia.

Y entonces,
por la Madre Vieja
volverán las aguas
del río Boconó,
como en otros tiempos
tus campos regó,
y por sus riberas
se oirá el canto alegre
de tu cristofué
y el suave trinar
de tus azulejos
y la clara risa
de tu loro viejo.

Y entonces,
en tu casa vieja
tus blancas palomas
el vuelo alzarán.
Y bajo el matapalo
ladrará Guardián,
y crecerá el almendro
junto al naranjal.
Y también el ciruelo
junto al topochal
y los mandarinos
junto a tu piñal
y enrojecerá
el semeruco
junto a tu rosal
y crecerá la paja
bajo tu maizal.

Y entonces,
la sonrisa alegre
de tu rostro ausente,
llenará de luces
este llano caliente
y un gran cabalgar
saldrá de repente.
Y vendrán los federales
con Zamora al frente,
y el catire Páez
con sus mil valientes,
las guerrillas de Maisanta
con toda su gente.

O quizás nunca, mi vieja,
llegue tanta dicha
por este lugar.
Y entonces,
solamente entonces,
al fin de mi vida,
yo vendría a buscarte,
Mamá Rosa mía,
llegaría a la tumba
y la regaría
con sudor y sangre,
y hallaría consuelo
en tu amor de madre
y te contaría
de mis desengaños
entre los mortales.
Entonces,
abrirías tus brazos
y me abrazarías
cual tiempo de infante
y me arrullarías
con tu tierno canto
y me llevarías
por otros lugares
a lanzar un grito
que nunca se apague.

  
Esos versos han sido y seguirán siendo mi compromiso con ella y conmigo mismo. Al lado de Rosa Inés conocí la humildad, la pobreza, el dolor, el no tener a veces para la comida; supe de las injusticias de este mundo. Aprendí con ella a trabajar y a cosechar. Conocí la solidaridad: “Huguito, vaya y llévele a doña Rosa Figueredo esta hallaca, este poquito de dulce”. Me tocaba ir, en su nombre, repartiendo platicos a las amigas y a los amigos que no tenían nada, o casi nada, como nosotros. Y siempre venía también de vuelta con otras cositas que mandaban de allá: “Llévele a doña Rosa esto”. Y era un dulce o alguna otra cosita de comida, que si una mazamorra o un bollito de maíz. Yo aprendí con ella los principios y los valores del venezolano humilde, de los que nunca tuvieron nada y construyen el alma de mi país. Traté de decirle a Rosa Inés en ese poema que nunca voy a olvidar sus enseñanzas y que nunca traicionaré nuestros orígenes.

HUGO CHÁVEZ FRíAS - Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

Fuente: CHÁVEZ EN TINTA DE MUJER
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