¡Hola!  Comparto una nota sobre Chávez de William Ospina, uno de los más talentosos escritores, ensayistas y periodistas de Colombia.  Tiene algunas observaciones muy agudas sobre las que creo vale la pena reflexionar. No me gusta que, hacia el final, su nota se convierte casi en una necrológica, y si bien Chávez está en una situación de extrema gravedad nadie debería sorprenderse si remonta la situación y recupera su salud. Sus probabilidades son bajas pero no por eso inexistentes. Y lo otro que no me gustó, en un texto con muchas observaciones muy acertadas, es cuando dice que "la mejor manera de admirar, de respetar y honrar a los Estados Unidos, es temerles, y no llamarse a engaños sobre ellos." Digo: ni admirarles ni temerles, y en cuanto al respeto hacerlo como se respeta a un enemigo. Ospina nos exhorta, con razón, a no llamarnos a engaños sobre ellos. Esto quiere decir, en concreto, que no hay que olvidar nunca que el imperialismo es nuestro enemigo, nuestro mortal enemigo, y como decía el Che, "no se le puede creer ni un tantito así."Hechas estas salvedades, va la nota.

“A LAS PUERTAS DE LA MITOLOGÍA

William Ospina / Lunes 7 de enero de 2013

Uno de esos grandes enemigos del imperialismo es Hugo Chávez. Por ello, aunque nadie pueda atribuirle crímenes como los que manchan las manos de tantos poderes en el mundo, para muchos opinadores y medios es un dictador y un tirano

Alguna vez le pregunté a García Márquez si no había sido muy difícil ese momento en que buena parte de la intelectualidad latinoamericana rompió con la Revolución cubana, y sólo él y unos pocos siguieron siendo sus amigos. Gabo no respondió con una teoría sino con algo más visceral: “Para mí, dijo, lo de Cuba fue siempre una cuestión caribe”. A mi parecer, ello quería decir que no se trataba de marxismo o teorías revolucionarias sino de la lucha de un pueblo por su soberanía y su cultura frente al asedio de unos poderes invasores.

Los gobiernos de Estados Unidos, que compraron la Florida y se robaron a México, que se apoderaron de Puerto Rico y separaron a Panamá, se habrían anexionado con gusto la hermosa isla de Cuba si ésta no hubiera sido siempre tan irreductible en su rebeldía y tan firme en su resistencia.

Ya en Martí estaba todo lo que haría de Cuba un país tan celoso de su independencia. García Márquez, que conoce las felonías del “buen vecino” porque desde niño supo de la masacre de las bananeras en la plaza de Ciénaga, comprendió que era vital mantener a raya el afán hegemonista de aquel país que respeta tanto la ley dentro de sus fronteras y la ignora tanto fuera de ellas. 
La de América Latina ha sido la historia de esa saludable tensión ante los poderes del norte. Hace poco visité en el norte de México, en Ciudad Juárez, el Museo de la Revolución. Nada me impresionó tanto, más incluso que el cráneo de vaca sobre una mesa bajo la fogosa luz del desierto, que una fotografía donde la sociedad de El Paso, Texas, caballeros con sombrero de copa y damas floridas con trajes ensanchados por miriñaques, presenciaba desde la orilla del río Grande, como en picnic, la lucha al otro lado de la frontera, donde hombres de grandes sombreros y dobles pistolas se alzaban contra la dictadura. La viva imagen de una sociedad del bienestar que se entretiene con el espectáculo de tragedias ajenas, esperando el momento de entrar en acción para beneficiarse de los resultados.

La mejor manera de admirar, de respetar y honrar a los Estados Unidos, es temerles, y no llamarse a engaños sobre ellos. Para ellos somos otro mundo: materias primas, selva elemental, inmigrantes, gobiernos que se sometan y firmen sin demasiadas condiciones los contratos. Y aquí nadie los ama tanto como los que se benefician de esos contratos.

Muchos medios del continente han hecho un gran esfuerzo por convertir a los contradictores de Estados Unidos en los grandes equivocados. Lo han intentado con Cuba y más recientemente con Venezuela, hasta el punto de que sus elecciones victoriosas son elecciones siempre sospechosas. No importa que en Colombia compren votos o arreen electorados bajo promesas o amenazas: esta democracia nunca está bajo sospecha. No importa que los paramilitares produzcan en diez años doscientos mil muertos en masacres bajo todas las formas de atrocidad: la democracia colombiana sigue siendo ejemplar, porque los poderes de la plutocracia siguen al mando. Pero si alguien es enemigo, no de los Estados Unidos sino de los abusos del imperialismo, eso lo hace reo de indignidad.

Uno de esos grandes enemigos del imperialismo es Hugo Chávez. Por ello, aunque nadie pueda atribuirle crímenes como los que manchan las manos de tantos poderes en el mundo, para muchos opinadores y medios es un dictador y un tirano. Yo creo que ha sido un gran hombre, que ha amado a su pueblo, y que ha intentado abrir camino a un poco de justicia en un continente escandalosamente injusto. Para ello ha sido duro con los dueños tradicionales del país y eso no se lo perdonan. Ya se lo perdonarán: cuando adviertan que todo lo que se haga a favor de los pueblos siempre postergados, tarde o temprano fructifica en sociedades más reconciliadas consigo mismas.

Un amigo me decía hace poco que un hombre que se hace reelegir tres veces es enemigo de la libertad. No comparto esa idea restringida de la democracia. La reina Isabel de Inglaterra, que no fue elegida por nadie, lleva sesenta años, es decir, para nosotros, toda la historia universal, como soberana de su tierra, y no veo a nadie protestando contra ese abuso. En Colombia llevamos doscientos años reeligiendo al mismo tipo con caras distintas pero con exactamente la misma política. El único un poco distinto era Álvaro Uribe, sólo porque era un poco peor. Pero el problema no son los hombres sino las ideas que gobiernan, y a Colombia la gobiernan las mismas ideas desde las lunas del siglo XIX, y la consecuencia catastrófica se ve por todas partes.

Si fuera necesario convocar a nuevas elecciones, lo más probable es que las mayorías chavistas sean más grandes aún que en las elecciones pasadas, que ya se celebraron sin su presencia.

Y tal vez nos será dado asistir al paso de Chávez de la historia a la mitología, a la novelesca mitología latinoamericana, de la que forman parte por igual María Lionza y José Gregorio Hernández, Rubén Darío y José Martí, Carlos Gardel y Eva Perón, Martín Fierro y Jorge Eliécer Gaitán, Simón Bolívar y Túpac Amaru, Frida Kahlo y Pablo Neruda, Eloy Alfaro y Salvador Allende, el Che Guevara y Emiliano Zapata, Vargas Vila y Jorge Luis Borges, Benito Juárez y Morazán, Pedro Páramo y Aureliano Buendía.
Una mitología de la que hoy tal vez sólo tenemos vivos a Fidel Castro y a Gabriel García Márquez.
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8 comentarios:

eduardo dijo...

Chavez aún no es mitología!!! Chavez vive Carajo! Y cuando vuelva sera millones!!!

Anónimo dijo...

William, comparar a los presidentes latinoamericanos con la Isabel II de Gran Bretaña, que sólo reina, representa a su país pero no tiene poderes efectivos... Muchacho, ¿no se te fue un poquito la mano? ¿Porqué, en lugar de una reina, no hay ninguna mención de aquellos países latinoamericanos cuyas constituciones no permiten reelección inmediata y no les va tan mal? Uruguay, por ejemplo, en donde, además, hace "dos presidentes" que gobierna la izquierda (democrática).

Ahhh, entiendo, porque seguramente esos países serán "lacayos del imperio" o algo así. Perdón, William. No dije nada.

Eduardo, despierta, Chavez se te muere y pronto. Dios ayude a Venezuela después.

Emiliano dijo...

Ojala Chavez pueda superar la delicada situación por la que esta pasando, y que ojala falte mucho mas para que pase a ser mitología.
La nota es buena (quitando, como mínimo, la palabra "admirar" en referencia a ese país).

Gracias Atilio por compartirla.

Saludo compañero. Hasta la victoria siempre y Viva Chavez!!!

Atilio A. Boron dijo...


Anónimo: dejemos a la reina de lado, ¿Y Kohl, Felipe González, Thatcher, Andreotti, que estuvieron más de diez años, Kohl 18 años, sin que los 'custodios de la democracia' dijeran absolutamente nada? Claron, si los que se re-eligen son Correa, Chávez o Evo eso es un problema...

Anónimo dijo...

Querido Atilio, Helmut Kohl, Felipe González, Margaret Thatcher y Giulio Andreotti se quedaron varios años, libremente elegidos por el pueblo entre más de una opción, como en Venezuela, es cierto. Pero sin que existieran en esos países europeos un desbalance tan notorio, apabullante, del aparato de prensa y apoyo del Estado al candidato oficial, ni que insultaran públicamente a sus adversarios. Por lo pronto, no recuerdo, en mis años de seguimiento de la política en esos países europeos, que quien estaba en el poder insultara al oponente ¿Vos lo recordás, Atilio? Si es así, si Kohl, Thatcher, González o Andreotti dijeron públicamente en sus campañas políticas las cosas que Chavez ha dicho a sus oponentes, sobre todo al último, por favor, decilo, citálo en este espacio. Quizá se me pasó.

Además, aunque sos sociólogo, tenés estudios de posgrado en política, y sabés perfectamente que no es lo mismo un sistema parlamentario que uno presidencialista. Los líderes europeos que mencionás fueron todos primeros ministros de sistemas parlamentarios.

Y perdonáme pero un rápido registro en Google me permite confirmar que Kohl estuvo en el poder 16 años, no 18: de 1982 a 1998. Y los dos últimos períodos, dejame subrayarlo, de 1990 a 1998, fue primer ministro de la Alemania reunificada, votado por las "dos" Alemanias, por la que lo votaba libremente en los períodos anteriores (1982-1990), y por la del Este, aquella que sólo pudo elegir durante más de 40 años a dirigentes del Partido Socialista Unificado (Comunista). La RDA, émula del país de nuestra región que tanto admirás, y también lacaya del otro "imperio" que también existía, lña URSS. Saludos.

Alberto Wong dijo...

Anónimo: ¿Cuánto tiempo hubieran permanecido en el gobierno Helmut Kohl, Felipe González, Margaret Thatcher o Giulio Andreotti, si como les ha pasado a Chávez, Evo o Correa la "oposición" controlara más del 70 u 80% de medios de comunicación?

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo con una concentración de medios tan grande como se da en nuestro pais con un multimedio. Pero aclaro: ya se trate del oficialismo o de la oposición. En la Argentina la disposición de medios en favor del Estado no es precisamente pequeña. De todos modos, en los países serios e institucionalmente avanzados, la televisión pública es estatal, NO oficialista. Eso significa que No hay en los países nombrados programas ridículamente oficialistas como "6,7,8" de la Argentina o el "Aló Presidente" de Venezuela. En la TV estatal europea priman la calidad y el buen gusto en noticias (de tremenda objetividad), documentales, música y películas nacionales o extranjeras. No hay, Alberto, esos mamarrachos proselitistas que vemos acá o en Venezuela. Y tenemos un país como Brasil, en el que la presidenta Dilma Rousseff va invitada a las oficinas de un diario fuertemente contrario (Folha de Sao Paulo) para celebrar su aniversario y que la Jefa de Estado diga que prefiere el ruido de la oposición al silencio de los cementerios. ¿Te imaginás algo así con Cristina Kirchner en las oficinas de Clarín o con Hugo Chavez en las de El Universal? Yo, no. Pero en la Europa de Thatcher, de Andreotti y de Kohl, algo así lo podés ver.

Xiaozhengm 520 dijo...

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