Hola, comparto con ustedes una excelente reseña del libro del filósofo italiano Doménico Losurdo, que revela algunas facetas desconocidas del fundador de la India moderna, el Mahatma Gandhi. El texto reabre una viejísima discusión sobre la "no violencia", el Estado y el poder. Vale además por las referencias que pueden hacerse, aparte de las que hace Losurdo, a la política actual.



Reseña “La cultura de la no violencia”, de Domenico Losurdo

"Gandhi al servicio del imperio"

Pascual Serrano/Le Monde Diplomatique

Después de regenerar la figura de Stalin (Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, El Viejo Topo), el filósofo italiano Domenico Losurdo vuelve a sacudir con su irreverencia impecablemente documentada y argumentada los patrones históricos preestablecidos, ahora desmitificando la figura de Gandhi. Para comenzar deja en evidencia ese manido recurso de quienes dicen estar en contra de todo tipo de violencia, Losurdo comparte una tesis ya defendida por Alfonso Sastre según la cual si renegamos de la violencia de todo Estado es que negamos del Estado y si denunciamos la violencia de todos los movimientos y organizaciones no estatales estamos solo condenando al más débil. Su objetivo con este libro será “mostrar los dilemas, 'traiciones' decepciones y auténticas tragedias con que ha tropezado el movimiento inspirado en el ideal de la no violencia”. Así, Losurdo desmonta el mito pacifista de Gandhi y repasa el compromiso del apóstol indio con el reclutamiento de ciudadanos de su país para el ejército británico en la Primera Guerra Mundial, incluso su iniciativa de unirse a los británicos en sus acciones armadas para sofocar los levantamientos de las colonias zulús en África, lo que muestra que ni era tan pacífico ni tan rebelde contra la metrópoli. Ya desde su presencia en Sudáfrica, el objetivo de Gandhi era incorporar a los indios en el grupo social de la élite blanca más que combatir el racismo, como bien muestra el autor en las citas que reproduce de los textos de Gandhi. (clic abajo en Más información)
Frente a una violencia revolucionaria, reivindicada por Marx, Engels o Lenin, que se enfrenta a la explotación y que condena la Primera Guerra Mundial al considerarla como una matanza de trabajadores contra trabajadores, Gandhi busca el reconocimiento del fuerte poniéndose de su lado. Es lo que Losurdo presenta como la dicotomía cooptación/emancipación. Gandhi, en un primer momento, junto con los laboristas ingleses e italianos, “reivindica la cooptación de la clase obrera en la clase dominante en Occidente, aunque ello signifique avalar guerras y violencias sangrientas en perjuicio de los pueblos coloniales. Una postura que Engels y las corrientes más radicales del movimiento socialista rechazan de lleno”. Una vez comprobado que su estrategia no sirvió y el imperio británico sigue humillando y marginando a sus compatriotas comienza a enfrentarse a la opresión de la raza blanca, condena la industrialización occidental, reivindica la superioridad moral de la India (ahimsa), presenta a Dios de su parte y termina liderando un nacionalismo religioso. De este modo Gandhi incorpora el martirio en su forma de lucha (“Quién pierda su vida, la ganará y quien intente salvarla, la perderá”). Mientras que el partido de Lenin lucha con la convicción de actuar en consonancia con la irresistible corriente de la historia, en el partido de Gandhi está convencido de poseer la ayuda divina. Tal y como sucede con los feyahidines, la violencia/no violencia de la lucha de Gandhi es, ante todo, una misión moral que se verá premiada con la salvación eterna. Política y religión irán indisolublemente unidas. Su carisma y heroísmo será su principal patrimonio que le legitima como líder, de ahí la conmoción social que provocan sus ayunos de protesta. (clic en Más información para continuar)
No acaban aquí la revelaciones audaces de Losurdo sobre Gandhi, encontraremos el ruralismo fascista del líder indio que le lleva a simpatizar con Mussolini (“salvador de la nueva Italia”, “muchas de sus reformas me atraen”) y sus agresiones a Abisinia y Etiopía (“sólo puedo rezar y confiar en que haya paz”). Más tarde se verá su indecisión a apoyar a los aliados contra el nazismo (“no deseo la derrota de Gran Bretaña, pero tampoco la derrota de los alemanes”, ”Roosevelt y Churchill son tan criminales como Hitler y Mussolini”).

Losurdo denuncia que los constructores de las historia “han erigido al líder indio en apóstol y mártir de la no violencia frente a los héroes de los movimientos revolucionarios por la emancipación de los pueblos coloniales; y así, inopinadamente, Gandhi se convierte en la antítesis de Mao, Ho Chi Minh, Castro y Arafat”.

Otro mito que desmonta Losurdo es la supuesta eficacia de la “no violencia” de Gandhi en el logro de la independencia de la India. Al fin y al cabo la descolonización de la India se hizo en pleno proceso de descolonización mundial con un imperio británico agotado por la guerra mundial, incluso Irlanda mediante su sangrienta guerra logró la independencia veinticinco años antes. El miedo a repetir esa experiencia, en opinión de Losurdo, es lo que hizo a Inglaterra reconocer la independencia de la India.

No es Gandhi el único “pacifista” que Losurdo desmitifica, también explica cómo Hannah Arendt aplica diferente tabla de medir a la violencia judía contra el nazismo y la de los pueblos coloniales y los negros contra sus opresores.

Otro líder de la no violencia cuya trayectoria ha sido tergiversada por la historia es Martin Luther King. Según nuestro autor, la ideología dominante elogia y canoniza al primer King, al que aspira a conseguir que los negros sean partícipes del “sueño americano”, pero condena al olvido al líder afroamericano que condena el racismo blanco de Estados Unidos y la guerra colonial de Vietnam y expresa su admiración por líderes negros comunistas.

Para terminar, Losurdo destapa la farsa en torno al depositario de la herencia pacifista de Gandhi, el Dalai Lama. Mientras se nos presenta el budismo y los monjes tibetanos como sinónimo de no violencia y al comunismo como sinónimo de expansionismo y violencia, Losurdo destapará el pasado de genocidio y exterminio a manos del V Dalai Lama, la teocracia feudal con la que dominaron el Tibet, los grupos tibetanos adiestrados, armados y equipados con material bélico de Washington, el racismo y las vocaciones de limpieza étnica de los Dalai Lama, el culto que el Tercer Reich reservaba al Tíbet.

El repaso de estos falsos mitos promovidos por el poder, que tiene como estrategia presentar a los rivales de Occidente como la reencarnación de la violencia y a sus amigos, como los nuevos Gandhis, lleva a Losurdo a denunciar las nuevas políticas de subversión y manipulación de la opinión pública internacional a través de las denominadas “revoluciones de colores”. Es decir, promover rebeliones artificiales mediante el odio religioso, étnico o cultural; financiar grupos minoritarios que activen estas maniobras, magnificar su apoyo popular en los medios de comunicación y establecer paralelismos entre sus líderes y los mitos no violentos consolidados por la manipulación de la historia. Así, la “no violencia”, antes arma de los débiles, se transforma en un arma más a disposición de los poderosos y prepotentes que, incluso desde fuera de la ONU, están decididos a imponer la voluntad del más fuerte. Ahora la proclamación del ideal de no violencia coincide con la apoteosis de Occidente, que se erige en garante de la conciencia moral de la humanidad y se considera autorizado a provocar desestabilizaciones y golpes de estado.

Losurdo, Domenico. “La cultura de la no violencia”. Península. 2011. Traducción de Helena Aguilà

9 comentarios:

manuel el coronel dijo...

Comparto. El sólo hecho que sea puesto como ejemplo de método de lucha por parte del mismo imperio que combatió, pareciera suficiente como para dudar.

¿Y qué quedó de la India liberada?

manuel el coronel dijo...

Mangal Pandey, ahí me acordé de a quién le rinden tributo los Indios como héroe de la independencia

Maju dijo...

Por lo menos en la reseña se obvia una de las críticas más justificadas que se hacen contra Gandhi: que usara la noviolencia* (y sobre todo su prestigio) contra los intocables y sus demandas de clase (o de casta) que exigían una circunscripción electoral separada (como Gandhi aceptaba para los musulmanes y sikhs).

*Noviolencia se escribe así: todo junto. "No violencia" no es nunca usado por los activistas noviolentos ya que consideran que no es una mera negación de la violencia sino una forma activa de lucha (por eso también rechazan la noción de "resistencia pasiva"). Gandhi también dijo que la verdadera diferencia no está entre los que luchan con armas y los que lo hacen con la satygraha sino "entre los que luchan y los que no lo hacen".

También parece facilón atacar a Gandhi por sus errores de juventud dudosamente racistas (su inicial racismo hacia los "kafires", nacido de los prejuidicios de la época y la realidad de la prisión, se ablandó mucho poco después y ya no repite semejantes ideas nunca más). No es el mismo el Gandhi de 1908 que el Gandhi maduro de los años 30 y hay que tener siempre muy en cuenta que Gandhi vivió y trabajó en el contexto de la etnia india y nunca en el de ninguna otra, opinando que cada pueblo debía buscar su propio camino a la emancipación.

Además Gandhi no es el único líder noviolento, ni siquiera el primero: Gandhi se inspiró muchísimo en el anarco-cristiano ruso Tolstoi y a su vez inspiró al afroamericano (también cristiano) Martin Luther King. A mí también me fascinan las posturas más aparentemente radicales de contemporáneos suyos como Malcom X (que era musulmán, no marxista) o la RAF pero no hay que olvidar que el sistema decidió también matarlos a estos líderes noviolentos porque eran una amenaza real que en un momento dado convenía suprimir, erradicar.

Yo personalmente veo la noviolencia como una opción táctica y soy consciente de que hay una línea difusa definida por el nivel de violencia del sistema contra los de abajo a partir de la cual la noviolencia deja de ser útil y la violencia pura y dura se convierte en la única opción. Pero fetichizar la violencia porque sí es también un error capital y una forma de auto-marginalizarse en la sociedad y en la lucha misma.

No podemos olvidar que la lucha es primeramente y en última instancia también social y política y que en ella la violencia puede existir pero no es necesariamente la única opción. Además la lucha armada no es menos martirologista que la noviolencia: los presos, los caídos en combate o incluso en accidente de tráfico se convierten en mártires igual que lo serían en el contexto de la lucha noviolenta. Eso lo supo ver Gandhi: no hay menos sufrimiento ni más posibilidad de éxito en principio por la vía de la lucha armada, que por cierto es un terreno que normalmente domina el sistema y que tiende a producir la militarización y jerarquización del movimiento (siendo por tanto un peligro para la democracia de base).

Yo creo que aunque desde luego Gandhi es criticable, como cualquiera, hay mucha hipocresía y falta de seriedad en muchas de esas críticas, que tienden a pecar de fetichismo de la violencia y falta de visión de campo.

Alejandro De Oto dijo...

Estimado Atilo. Hay un libro estupendo que permite ver las relaciones de Gandhi con con grupos que resistían en nombre de la no violencia en la India colonial. Es: Shahid Amin, Event, Metaphor, Memory: Chauri Chaura, 1922-1992. Berkeley, CA: University of California Press, 1995. Hace unos años escribí un artículo reseña, por ahí te interese.
http://www.jstor.org/pss/40313299
Si no lo podés recuperar avisame. Un saludo cordial. Es apasionante la discusión sobre Gandhi.

Anónimo dijo...

Es cierto, como dice Maju, que las críticas a Gandhi llevan muchas veces al fetichismo de la violencia. Y, en todo caso, hay que tener en cuenta una cosa, y es que la "no violencia" es una IDEA, que puede haber sido efectivamente llevada a la práctica por Gandhi, O NO. Y puede ser que esté bien desmitificar una figura reivindicada por el el establishment, pero en todo caso esto no tiene por qué implicar una crítica a la idea, desligada de las figuras.

Atilio A. Boron dijo...

Gracias a Manuel y Anónimo por sus comentarios, a Maju por sus, como siempre, magníficas y eruditas contribuciones, y a Alejando por su referencia. Veré si la consigo, y si no te aviso. Sobre el tema de fondo yo creo primero que debo leer mucho sobre el tema. Losurdo es un pensador profundo y muy iconoclástico, lo cual está bien. Pero a veces exagera un poco sus planteos. No sé si este es el caso, aunque Maju parece ser de esta opinión. Lo importante, y esto es lo segundo, es que no se puede fetichizar ninguna táctica de lucha, sea noviolenta o violenta. Depende de las circunstancias precisas el utilizar una u otra. Y es cierto que no es el mismo Gandhi el de 1908 que el de los años treinta o cuarenta. En fin seguiremos investigando y aprendiendo.

Folladordeprostis dijo...

Como t duele no atilio q gandhi no tiene sangre en las manos, a diferencia d tus idolos rojo como stalin,fidel,mao,kim jong il,no??? Gandhi lucho contra el imperio britanico,acusarlo d "pro-imperialista" es ridiculo,q no haya glorificado a stalin como los intelectuales d izquierda como tu no lo hace 1 peon d los yanquis o britanicos.

Marcelo Acuña dijo...

Me llamó la atención el trabajo de Losurdo sobre Stalin. Vi algunas críticas muy fuertes (Antonio Moscato) que lo refutan. ¿Hay algún material donde ver la continuación de ese debate?

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