Eva Perón, por Ricardo Carpani
Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Evita me ha parecido oportuno rescatar un par de notas que publicara Página/12 en enero del 2007 poco después que el juez Alejandro César Verdaguer, a cargo del Juzgado Nacional en lo Civil 101, emitiera un dictamen en el que estableciera que el escrito cuyo título era “Mi Mensaje” tenía como autora a Eva Perón y, contrariamente a lo que algunos se empecinaban en decir, no era apócrifo. (Ver más abajo la nota relativa al caso de Julián Bruchstein). En épocas como las actuales, en donde la política y el debate ideológico parecen haber “pasado de moda” la intervención de Evita es una bocanada de aire fresco que mucho necesita la política argentina. Lamentablemente su libro todavía no ha sido re-editado ni ofrecido a la consideración del público, que encontraría en sus páginas muchas ideas –algunas de ellas muy polémicas- pero todas de gran utilidad para comprender la situación actual de nuestro país.

Lunes, 22 de enero de 2007   

Un mensaje aleccionador

Descripción: http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Atilio Boron
El "Mensaje" de Eva Perón constituye una pieza de extraordinario valor porque ilumina con claridad las facetas ideológicas de la vertiente más radical y plebeya del peronismo. Esta tuvo un luminoso amanecer en las jornadas de Octubre del ’45 y un crepúsculo patético en 1953 cuando, muerta ya Eva, el peronismo capitula ante los Estados Unidos, arría las banderas antiimperialistas y, como prueba fehaciente del abandono de la Tercera Posición, le concede al enviado especial de la Casa Blanca, Milton Eisenhower, hermano del presidente de los Estados Unidos, la medalla de la lealtad peronista.
Tal como era de esperar, el texto de Eva destila un ... (clic abajo en Más información)
visceral antiimperialismo y un saludable odio por sus tropelías y atropellos. Igual consideración le merece la oligarquía, cómplice consciente de la explotación a la que se ven sometidos pueblos enteros. Sobre el imperialismo el texto es elocuente: lo acusa de ser causante de las mayores desgracias de la humanidad y de una imperdonable hipocresía. Más actual imposible.
Como no podía ser de otra manera, el mensaje de Eva no sólo expresa la vertiente plebeya o jacobina del peronismo; también hace lo propio con sus ambigüedades ideológicas. Aunque la alusión está implícitamente referida a los Estados Unidos y las potencias europeas, en el discurso se habla de “los imperialismos” siendo que el sistema imperialista era, y aún es, uno solo. También se rechaza el análisis de clases. Dice Eva que “Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos. Para que no haya luchas de clases el camino es convertir a todos los oligarcas del mundo: hacerlos pueblo. ¿Cómo? Haciéndolos trabajar, para que integren la única clase que reconoce Perón: la de los hombres que trabajan”.
Estas dos referencias, al imperialismo y la oligarquía, ilustran los límites del jacobinismo peronista. Pero la pasión puesta por Eva en defensa de una causa justa, más allá de sus equívocos y sus limitaciones, hacen de su texto un aporte sumamente valioso. Sobre todo en tiempos en que desde los más altos círculos del Gobierno se exaltan las virtudes del capitalismo y se omite cualquier alusión al imperialismo. Sería bueno que tomaran nota de sus palabras.

“Mi mensaje”, el eslabón perdido del peronismo
Fue el último escrito de Eva Perón, redactado en los meses finales de su vida. Durante años permaneció oculto e incluso se intentó negar su autenticidad. En octubre del año pasado, la Justicia ratificó la autoría de Evita. Las críticas a la Iglesia, la oligarquía y el imperialismo.
La vida y la obra de María Eva Duarte de Perón fue corta, pero de gran trascendencia. Siguiendo la triste tradición que nuestro país fue arrastrando década tras década, el último escrito de Eva, Mi mensaje, estuvo desaparecido casi desde el mismo momento en que su vida se apagaba y la obligaba a dejarlo inconcluso en 1952. Aunque la demostración de su existencia sea que el capítulo 29, “Mi voluntad suprema”, fue leído en el balcón de la Casa de Gobierno aquel 17 de octubre, el documento sufrió un periplo parecido al que soportó su cuerpo embalsamado. La Justicia dictaminó en primera instancia que el texto es auténtico.
El 20 de octubre del año pasado, el juez Alejandro César Verdaguer, a cargo del Juzgado Nacional en lo Civil 101, emitió un dictamen en el que estableció que el escrito no era apócrifo, como lo manifestaban las hermanas Duarte, herederas de Eva. Pasaron más de diez años en los que Erminda y Amelia objetaron cada una de las pericias que se presentaban para demostrar la autenticidad del libro. En el fallo, el magistrado encontró que las pericias realizadas por los profesionales eran contundentes y veraces, y que bastaban para demostrar que el documento había sido escrito por Eva Duarte. “Las iniciales contenidas en el texto serán atribuidas a María Eva Duarte de Perón por cuanto así lo determinó el perito, y existen otros elementos de prueba que apuntan en esa misma dirección. En consecuencia, tendré a María Eva Duarte de Perón por autora de la obra Mi mensaje”, reza el fallo.
La edición que demandaron las herederas de Eva Duarte fue publicada en 1994 por la editorial Futuro, que era dirigida por Alberto Beto Schprejer, militante peronista que pasó por la cárcel como preso político entre enero de 1976 y junio de 1981. Beto Schprejer es explícito cuando se le pregunta el porqué de la publicación del libro: “Creo que es el eslabón perdido del peronismo. Si en los ’70 hubiésemos tenido el texto en nuestras manos, la historia podría haber sido otra. Evita dejó asentado que eran sus propias ideas las que plasmaba ahí. El nacimiento de los Montoneros tiene mucho que ver con la renovación de la Iglesia Católica en el Congreso Vaticano II. Y quizá con las críticas de ella hacia la Iglesia, aquella ‘juventud maravillosa’ hubiese pensado de otra manera si llegaba con este documento en su mapa ideológico”.
El original está compuesto por 79 páginas mecanografiadas, con unas pocas correcciones a mano hechas por un desconocido y rubricadas con las letras EP al pie. Estuvo en las sombras en manos del escribano de la Nación, Jorge Garrido, quien se lo llevó a su casa sin asentarlo en el inventario que los golpistas le habían mandado a hacer en 1955, pensando que lo destruirían. Cuando Garrido murió, en 1987, su familia decidió rematar algunas de sus pertenencias y publicó en el diario La Nación un aviso invitando al remate del documento. Convocaron al historiador Fermín Chávez para determinar la autenticidad del texto, quien a cambio pidió una copia para él, que publicó un tiempo más tarde. Aquella primera aparición de Mi mensaje no tuvo una repercusión importante en cuanto a circulación.
Schprejer asegura que fue casi de casualidad cómo se enteraron de la existencia del documento. “El dato llegó a partir de mi amigo y periodista Juan Salinas, que recibió la primera edición de manos de un compañero suyo con el que trabajaba en el diario Sur, Oscar Taffetani. Salinas como compilador y yo como editor decidimos poner en marcha el proyecto, agregando los textos que enriquecían la edición que nos habíamos propuesto.” Escritos de personalidades de la cultura –como el escritor Rodolfo Walsh, el sociólogo Horacio González, la periodista María Moreno y María Elena Walsh– cedieron sus derechos para acompañar el libro demandado.
El abogado de Schprejer, César Calcagno, también militante y preso político por peronista, posteriormente exiliado en México, tomó el caso como un paradigma. “Era una oportunidad para pasar a la ofensiva después de la dictadura y con el menemismo destruyendo todo, pero no teníamos pruebas que nos lleven a esclarecer el caso. Empezando por los testigos, porque sabíamos que Fermín Chávez iba a declarar, pero no Antonio Cafiero, que finalmente lo hace, pero por escrito. Teníamos que encontrar el libro original y solamente había indicios. Finalmente lo encontramos.”
El sociólogo y archivista especialista en peronismo, Roberto Baschetti, da cuenta de que “en la hipótesis de que el documento se hubiese publicado en aquel momento, se hubiera radicalizado el enfrentamiento porque es vox populi que cuando muere Evita el peronismo perdió su esencia revolucionaria. Perón era el estratega o el político, y ella era la que permanentemente alimentaba la caldera, con sus dichos y con sus acciones. Avalada por un libro de estas características, hasta el día de hoy, que pasaron más de cincuenta años, uno se conmociona nuevamente y entiende que es un alegato terrible contra las clases dominantes en este país”.
Hay un hecho en particular en el que se detiene Calcagno para mostrar hasta dónde llegó la dificultad para despejar el camino hacia la verdad. “Por dichos de algunos políticos y sindicalistas llegamos a saber que Jorge Antonio tenía en su poder el original del capítulo 29, ‘Mi voluntad suprema’, escrito a mano. Lo llamamos y se negó a entregarlo. Le mandamos una cédula judicial para que lo cediera a pedido de la Justicia, aunque sea para fotocopiarlo, pero él negó que tuviera nada. Sin embargo, unos años más tarde en el Correo Central, en una vitrina vimos una fotocopia de esta reliquia que al pie dice: ‘Original en poder de Jorge Antonio’”, explica el abogado.
La historia argentina insiste en empujar hacia el olvido algunos hechos, por lo que Schprejer extiende una invitación a los herederos de Eva para que “reconozcan la autenticidad del texto y autoricen la realización de una edición oficial bajo el patrocinio del Estado nacional”. Aún quedan apelaciones e idas y vueltas judiciales, pero la historia argentina necesita todos aquellos documentos que iluminen los puntos que todavía se encuentran oscuros para avanzar sobre la verdad histórica. Y, parafraseando a la autora de Mi mensaje, Schprejer dice que “donde hay una necesidad, hay un derecho”.
Informe: Julián Bruschtein.

Fragmentos del libro

Capítulo 12. El hambre y los intereses. El arma de los imperialismos es el hambre... Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo jamás.
Capítulo 20. Las jerarquías clericales ... les reprocho haber traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas.
Capítulo 21. La religión ... También el clero político pretende ejercer en todos los países el dominio y aun la explotación del pueblo por medio del gobierno.
Capítulo 24. Los ambiciosos ... Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho. Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Esa ultima de Evita va para Moyano y toda al burocracia... Ojalá que por lo menos hoy duerma con pesadillas

Anónimo dijo...

Ehhh....

¿ Y los vestidos superlujosos donde entran ?.

Muchos, son revolucionarios de la boca para afuera (y en las cuestiones triviales), pero en las cuestiones de fondo son conservadores.

No se. Al Ché nunca lo vi vestido con lujos.

Saludos revolucionarios.

Gustavo

Anónimo dijo...

no te parece bastante trivial fijar la atencion en los "vestidos superlojosos",digamos,entonces:cual es la cuestion de fondo?
saludos revolucionarios
Angeles

Xiaozhengm 520 dijo...

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