junto a Andrea Vlahusic firmaremos ejemplares de nuestro libro

El lado oscuro del imperio.

La violación de los derechos humanos por Estados Unidos.

Sabado 1 de mayo, 19 hs

Stand 327 Pabellon Azul
Feria del Libro Buenos Aires

¡Los esperamos!

Invita

Ediciones Luxemburg

INTERVENCIÓN DE
ATILIO A. BORON
EN EL ACTO DE SOLIDARIDAD CON CUBA.

Sala Solidaridad, del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Buenos Aires, 27 de Abril de 2010


Buenas noches Señor Embajador de la hermana República de Cuba, don Aramís Fuente Hernández, amigos, compañeros. Estamos frente a una campaña de descrédito y desprestigio sin precedentes. No por el tenor de las calumnias y mentiras que se vierten sobre Cuba –en este terreno difícilmente se podría caer más bajo- sino por el grado de orquestación y coordinación internacional de los ataques que jamás había sido alcanzado a lo largo de medio siglo.

Se trata, por eso mismo, de un momento muy especial. El imperio se enfrenta a su inexorable decadencia; el escenario internacional se le complica en Medio Oriente y en Asia Central, mientras China avanza arrolladoramente en su marcha para convertirse en la primera potencia económica mundial y América Latina prosigue en rebeldía. En este cuadro, la agresividad del imperio se exacerba y redobla su ofensiva contra los procesos emancipatorios de América Latina y su histórica vanguardia: Cuba. Este contraataque transcurre por la vía militar (de ahí la veintena de bases militares que tienen rodeada a la región); por la vía económica, con las presiones que transmiten los diversos organismos financieros internacionales y el propio gobierno de Estados Unidos; y, aparte de otros canales y circuitos que no tenemos tiempo de examinar aquí, por la vía de una intensa y sostenida ofensiva mediática que se procesa a través de la prensa escrita, televisiva, radial y la Internet en donde se libra una guerra cultural sin cuartel en contra de Cuba y los proyectos de liberación. Fue por eso que hace tiempo Fidel nos convocó a dar batalla en ese frente, la batalla de ideas, inspirado en aquella célebre sentencia de José Martí cuando dijera que “de pensamiento es la guerra que se nos libra; ganémosla a fuerza de pensamiento.”

Las condenas de algunos personajes, tanto del exterior como de la Argentina, reproducen dócilmente la voz de orden proferida por la Casa Blanca. Y haciendo gala de un escandaloso doble rasero, que ofende toda ética y se burla de nuestra inteligencia, se rasgan las vestiduras por la huelga de hambre de una persona que fue condenada por gravísimas violaciones a la legalidad vigente en Cuba ( y que en otros países serían tipificadas como delitos de “traición a la patria” al colaborar e instrumentar planes de una potencia enemiga, lo que es sancionado con condenas que van desde la pena de muerte en Estados Unidos, hasta la prisión perpetua en Argentina y otros países del área). Pero no sólo se tergiversa la información en este terreno: con ese pretexto se acusa a Cuba de violar la totalidad de los derechos humanos, desconociendo que el derecho a la salud, la educación, la alimentación, la recreación, el acceso irrestricto a la cultura, a la práctica del deporte, a la seguridad (en un continente donde la inseguridad es la norma) y, por último, a una vejez digna, que en Cuba se respetan como en poquísimos países del planeta, son parte inseparable de la agenda de los derechos humanos.

Causa indignación el doble estándar de estos sempiternos críticos de la revolución cubana. Sus voces se oyen y retumban por doquier cuando alguien se declara en huelga de hambre en Cuba. Pero sus delicados oídos y su aguzada visión no les alcanzan para saber que en este mismo momento hay siete miembros de organismos de derechos humanos de Sahara Occidental detenidos en las cárceles de Marruecos, pasibles de ser condenados a muerte, acusados por el terrible delito de haber querido inspeccionar algunos tramos del muro de casi dos mil kilómetros que separa ambos países, y que ha dividido familias enteras desde hace treinta años y sin ninguna posibilidad de comunicación. Muro construido y mantenido con la invalorable ayuda de dos grandes guardianes de la democracia en nuestro tiempo: Estados Unidos e Israel. Siete prisioneros que llevan más de treinta días en huelga de hambre. Pero esto no es noticia para la “prensa libre” de nuestros países ni conmueve a los severos críticos de Cuba. Tampoco lo hace el hecho de que según los organismos defensores de derechos humanos de Colombia un total de 34.765 personas hayan sido asesinadas, ejecutadas extrajudicialmente o desaparecidas entre 1996 y 2008, según surge de las declaraciones de los paramilitares desmovilizados y reincorporados a la vida civil, para no hablar de los 4.600.000 desplazados por la guerra en ese país. Ese tremendo genocidio, cuyo número supera a las víctimas de la última dictadura militar argentina, no suscita la menor preocupación entre aquellos sedicentes defensores de la democracia y de los derechos humanos, que no consideran necesario hacer oír su voz para detener el interminable baño de sangre que sufren nuestros hermanos en Colombia.

Podríamos seguir con muchos ejemplos más, demostrativos de la abyección de la campaña anti-cubana, pero nos hemos comprometido a hacer una breve intervención para que el embajador de Cuba disponga del tiempo suficiente para hacer uso de la palabra. Digamos, para terminar, que la defensa inclaudicable de Cuba es la defensa de las aspiraciones emancipatorias y liberadoras de Nuestra América. De esas aspiraciones que encendieron la mecha de la revolución hace doscientos años atrás, y que inspiraron las luchas de Bolívar, San Martín, Artigas, Hidalgo, Morelos, Morazán, Martí, Sandino, Farabundo Martí y ya, en nuestra época, Fidel y el Che.

Fiel a su vocación y al legado martiano de su historia, Cuba no se rindió cuando el campo socialista se derrumbaba en la Unión Soviética y Europa del Este; y Cuba tampoco se rendirá por más que la ataquen los imperialistas y sus paniaguados. Estaremos a su lado hasta el fin, en esta batalla por los más nobles ideales de la humanidad. Si Cuba hubiera sucumbido cuando se produjo el desplome de la Unión Soviética o si, siguiendo los consejos que Felipe González corrió a darle a Fidel en el sentido de que había llegado la hora de arriar las banderas del socialismo, que había que ser “realistas”, reconocer el triunfo del capitalismo globalizado y el fracaso del socialismo, muy otra hubiera sido la historia reciente de América Latina. Pero Cuba no se rindió, y demostró con su persistencia y su perseverancia que la construcción del socialismo no sólo era necesaria sino también posible, aún bajo las muy adversas condiciones a que la sometía la voracidad y el odio del imperio contra ese ejemplo intolerable que se alzaba a pocas millas de su costa. Y ese ejemplo, un ejemplo para siempre, como lo recordaba recién Osvaldo Bayer, estimuló la imaginación y el fervor militante de nuestros pueblos ante la ofensiva imperialista, convirtiendo a este continente en el principal foco de contención del neoliberalismo a escala global. Si Cuba caía habría sido muy poco probable que los pueblos de Venezuela, Bolivia y Ecuador hubiesen acometido la tarea de pretender tomar el cielo por asalto. Si tuvieron esa osadía fue porque la presencia del faro cubano les enseñaba que sus patrióticos afanes no eran quimeras sino proyectos viables y realizables. Como lo recordaba recién Stella Calloni, con su dignidad Cuba lleva medio siglo humillando al imperio, y esa heroica resistencia insufló renovados bríos al ánimo de los luchadores sociales. Por todo lo que le debemos a Cuba, por la importancia que la sobrevivencia de la revolución cubana tiene para el futuro de la justicia, la libertad y la democracia en América Latina fue que desde el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini formulamos esta convocatoria de solidaridad con Cuba. Y fue por eso que casi dos mil intelectuales, trabajadores de la cultura, y mujeres y hombres de la Argentina y toda Latinoamérica se apresuraron a apoyarnos con su firma.

Muchas gracias al pueblo y gobierno cubanos por su ejemplar lucha. Saben que cuentan con nuestra incondicional solidaridad. Y muchas gracias a todos quienes hoy comparten este momento con nosotros y a quienes, habiendo firmado esta declaración, no pudieron asistir a este acto.

Una nota sobre el cretinismo “internético” *

Se ha vuelto un lugar común creer que la Internet es por excelencia el ámbito de la libertad de nuestro tiempo. Muchísima gente, y no pocos teóricos, sostienen que se trata de un espacio liberrísimo, en donde las antiguas restricciones que el papel impreso imponía a la producción y circulación de las ideas han quedado definitivamente superadas. Basta con leer algunos pasajes del libro de Hardt y Negri, Imperio; o los tres tomos de Manuel Castells, La Edad de la Información: Economía, Sociedad y Cultura para apreciar la profundidad y ramificaciones de esta creencia. Dicen los primeros, en un pasaje memorable –y no precisamente por la acertado- de su obra, que “la red democrática es un modelo completamente horizontal y desterritorializado. Internet … es el principal ejemplo de esta estructura democrática en red. … Un número indeterminado y potencialmente ilimitado de nodos interconectados que se comunican entre sí sin que haya un punto central de control. … Este modelo democrático es lo que Deleuze y Guattari llamaron un rizoma, una estructura en red no jerárquica y sin un centro.” (pp. 277-278)

El libro de Castells se edifica íntegramente sobre esa superstición. Pero contrariamente a lo que asegura la charlatanería posmoderna la Internet ni es horizontal, descentrada o desterritorializada. Lo que aquellos autores se empeñan en negar es que la Internet es una estructura que tiene centros de monitoreo y control, y en donde cierto tipo de comunicaciones están bloqueadas, casi todas vigiladas y algunas son censuradas. Sólo espíritus muy ingenuos pueden suponer otra cosa, aunque también puede ocurrir que tan desastrado diagnóstico responda a la incesante búsqueda de originalidad y singularidad que caracteriza la labor de muchos intelectuales -¿el “afán de novedades”, cuyas perniciosas consecuencias ya habían sido notadas por Platón?- que afectados por una fenomenal sobrevaloración de la importancia de sí mismos y de sus ideas se obstinan en formular alambicadas tesis sobre nuestra época pero absteniéndose de hablar del capitalismo y del imperialismo. Desde el punto de vista de la ciencia social esto es tan absurdo como el intento de un astrónomo que quisiera predecir el curso de los planetas prescindiendo por completo de tomar en cuenta al sol. En términos de pensamiento crítico una operación de este tipo constituye una lamentable capitulación, pero no puede negarse que otorga un baño de respetabilidad a quienes al promover semejantes disparates desarman ideológicamente a los miles de millones de víctimas del sistema que, por otra parte retribuye generosamente los servicios de quienes predican tales fantasías. Una de las tesis más importantes de este tiempo es, precisamente, exaltar a la Internet como el reino de la libertad, convirtiendo así a uno de los preceptos de la ideología dominante en una verdad supuestamente irrefutable.

Pero las evidencias que destruyen ese mito son abrumadoras. Por ejemplo, muchos de los mensajes emitidos en estos últimos días desde el PLED anunciando un panel sobre el rol de Colombia en la geopolítica imperial padecieron de sospechosas dificultades. Nos llegaron informes de amigos y compañeros que querían difundir el evento pero al poner “Colombia” en el asunto o en el cuerpo del mensaje éste simplemente desaparecía de la pantalla o iba directamente a la papelera. Estamos también experimentando dificultades en recibir adhesiones para nuestra campaña de solidaridad con Cuba, y son varios quienes apelaron a llamadas telefónicas para hacernos saber de su imposibilidad de registrar su firma enviando un mensaje a la dirección preparada para tal efecto. Son muchas las experiencias que refutan el carácter democrático y libertario de la red. Sin ir más lejos, quien quiera utilizar el programa Skype en Cuba no puede hacerlo, y mucho menos acudir al Google Earth porque, en tal caso, aparecerá un cartelito diciendo que “desde la localización en que usted se encuentra en este momento no puede tener acceso a este programa.” Lo mismo ocurre con muchos otros programas. Quien tenga dudas al respecto no tiene más que enviar un mensaje incorporando en el cuerpo del texto ciertas palabras supuestamente vinculadas a actividades terroristas y ya verán lo que ocurre. Tal vez Hardt, Negri o Castells consideren estas cosas como transitorias anomalías, pero no es así. Es el funcionamiento “normal” de una red que, pese a las ocurrencias de aquellos autores, tiene centros que la controlan y dominan. El pirulo del día 19 de Abril en la tapa de Página/12, “Montañas”, agrega nueva evidencia a favor de esta tesis. En él se informaba que “una página abierta el 25 de marzo (y que describía a su dueño como el “príncipe de los mujaidines”) había alcanzado, el viernes pasado, a tener más de mil seguidores. Facebook admitió que no tenía elementos para determinar si el titular era verdadero o apócrifo, pero igual anunció que el sitio quedó desactivado: desde ayer, Osama Bin Laden ya no tiene lugar en la red social de Internet.”

En un pasaje brillante de su El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx definía al cretinismo parlamentario como “una enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior.” Una enfermedad que ahora reaparece y se apodera de algunos teóricos de nuestro tiempo, que los encierra en un mundo imaginario en el cual la Internet es el reino de la libertad y la democracia, reino edificado, por cierto sobre una sociedad capitalista que a cada paso demuestra su incompatibilidad cada vez más irreconciliable con la libertad y la democracia pero que, gracias al cretinismo “internético” intenta renovar su deteriorada legitimidad. Este cretinismo es mucho más dañino que el identificado por Marx y deberá ser combatido con mucha inteligencia y mucha militancia en el marco de la batalla de ideas. La lucha contra la ideología dominante y los oligopolios mediáticos tendrá también que librarse en la Internet.

* Una versión reducida de esta nota apareció en el día de hoy, Martes 20 de Abril, en Página/12.


El primer ministro de Vietnam visita la Argentina

El mundo|Jueves, 15 de abril de 2010
Opinión

¡Buen día, Vietnam!

Por Atilio A. Boron

En el día de hoy se reunirá con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el primer ministro de la República Socialista de Vietnam, Nguyen Tan Dung, quien vendrá acompañado de una nutrida delegación compuesta por varios ministros y viceministros. Antes, en 2004, había llegado a nuestro país el presidente de Vietnam, aprovechando su presencia en la reunión de la APEC que había tenido lugar en Chile. En esa oportunidad ambos presidentes firmaron 25 convenios de cooperación en distintas esferas. Sin embargo, desde el punto de vista protocolar la visita no tuvo un final feliz, porque a la cena preparada en honor del ilustre visitante faltó sin previo aviso nada menos que el anfitrión, el presidente Néstor Kirchner, súbitamente afectado por una enfermedad. El canciller Rafael Bielsa se limitó a recibir al presidente vietnamita en las puertas del Palacio San Martín y la atención del mismo recayó sobre el vicepresidente Daniel Scioli. En fin, gestos propios de la dirigencia de un país que tradicionalmente se ha manejado con ideas muy primitivas acerca de cómo es y cómo funciona el mundo más allá de sus pequeñas aldeas de origen. Fuimos muchos los que nos sentimos avergonzados ante el desaire del que fue objeto el representante de un pueblo como Vietnam, cuyo heroísmo ejemplar había despertado la simpatía y la solidaridad de millones de argentinos. Un pueblo que en 1975 le infligió una derrota humillante a la agresión estadounidense, pagando por ello un costo que asciende a poco más de tres millones de muertos y gran parte de su territorio devastado por el sistemático bombardeo con napalm y agente naranja ordenado por el bandido Richard Nixon –quien por serlo fue destituido de su cargo– y su criminal consigliere, luego galardonado como Premio Nobel de la Paz, Henry Kissinger. Un pueblo que fue agredido por negarse a aceptar el modelo de “democracia” que Estados Unidos quiere imponer en todo el mundo y que ahora ha tratado de instaurar en Irak y en Afganistán, con los resultados ya conocidos, y que, por otras vías, pretende implantar en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, todo lo cual refuerza nuestra admiración por la valentía con que Ho Chi Minh y los suyos defendieron el honor y la autodeterminación nacionales.

Por suerte, hoy podremos reparar aquel gesto y sentar las bases para desarrollar las relaciones económicas, sociales y culturales con un país importante, no sólo por su historia y sus hazañas militares (en un lapso de medio siglo derrotó sucesivamente a los imperialistas japoneses, franceses y norteamericanos), sino por el respeto que concita en todo el mundo y su creciente gravitación en la economía mundial. Vietnam cuenta con 87 millones de habitantes, y su territorio es un poco más grande que el de Italia. En fechas recientes, el desempeño económico de Vietnam sólo ha sido superado por el de la China: la tasa promedio del crecimiento del PIB en los últimos veinte años bordea el 8 por ciento; sus exportaciones oscilan en torno de los 65.000 millones de dólares anuales y en el año 2008 las inversiones externas ascendieron a 64.000 millones de dólares, pese a las estrictas regulaciones que rigen para controlar sus actividades. Siendo un país con una agricultura destruida por los bombardeos e incapaz de producir lo necesario para su alimentación, hoy es el segundo exportador mundial de arroz.

Esta formidable recuperación económica se produjo pese a la terrible devastación producida por la guerra y a las penurias de la posguerra y la reconstrucción. Pese a ello, la ejemplar democracia del Norte se ha negado a entablar cualquier conversación en torno de las reparaciones de guerra. Muchos ex combatientes norteamericanos iniciaron juicios en los tribunales de Brooklyn (Nueva York) contra Washington por los perjuicios ocasionados por el agente naranja, obteniendo un fallo favorable en primera instancia. Luego la sentencia fue revocada por la Cámara, y el fiscal sostuvo que la misma erigía límites inaceptables a los márgenes de maniobra que debía preservar la Casa Blanca en una guerra. Sin embargo, pese a que la causa fue archivada, cada año la Veterans Administration gasta millones de dólares en la atención de los ex soldados que lucharon en Vietnam y fueron afectados por el agente naranja. Aun así, ni la Casa Blanca ni el Congreso quieren hacerse cargo de los daños causados por la guerra a la población vietnamita. Este es el primer caso en donde un país derrotado se abstiene de pagar reparaciones por las agresiones causadas a su vencedor. Por eso los amigos de ese pueblo están tratando de organizar algo parecido al Tribunal Russell o explorando la posibilidad de que sea la Justicia de algunos países europeos la que tome el asunto del genocidio cometido contra Vietnam en sus manos. Pero dada la conocida genuflexión de los gobiernos europeos ante Washington, tal cosa no parece demasiado probable. Algunos esperaban que al recibir el Premio Nobel de la Paz el presidente Barack Obama enviase una señal a los vietnamitas, dando a entender que por lo menos estaba dispuesto a comenzar a conversar sobre el asunto. Hasta ahora esa señal no ha llegado.

En esa durísima reconstrucción económica y social, el gobierno de Vietnam tuvo un éxito extraordinario en la reducción de la pobreza: si en 1986 ésta afectaba al 75 por ciento de su población, en la actualidad no llega al 10 por ciento, y de proseguir esta tendencia, en menos de cinco años estará totalmente erradicada. Los neoliberales atribuyen este éxito a la aplicación de las políticas de apertura económica, pero lo cierto es que el papel crucial en esa notable reducción de la pobreza lo jugaron –y sigue jugando– la amplia red de servicios sociales básicos en salud, educación, vivienda y seguridad social que garantiza el Estado socialista de Vietnam con total independencia de la lógica del mercado. No es éste el que decide si alguien come, se educa y se cura, sino que son las políticas públicas del socialismo las que aseguran que tal cosa ocurra. Por eso, en Vietnam no se ven mendigos, ni niños de la calle, ni gente revolviendo en tachos de basura o descalzas y durmiendo en la calle. Las lacras producidas por el Consenso de Washington no existen en Vietnam. Ojalá que esta visita sirva para relanzar las relaciones con tan entrañable país.


Somos solidarios con Cuba

Uno de los rasgos que definen el momento actual de América Latina es la feroz contraofensiva lanzada por el gobierno de Estados Unidos para “normalizar” la situación de su patio trasero, radicalmente alterada desde finales del siglo pasado por la aparición de una serie de gobiernos progresistas y de izquierda en diversos países de la región. La primera manifestación desembozada de este contraataque imperial fue el apoyo otorgado por la Administración Bush al golpe de estado perpetrado en Venezuela en Abril del 2002, conjurado gracias a la movilización de los sectores populares que salieron a las calles a reclamar la reinstalación en el Palacio de Miraflores del legítimo presidente constitucional de ese país, Hugo Chávez Frías. La derrota sufrida en la cumbre presidencial de Mar del Plata de 2005, cuando aquellos gobiernos unieron fuerzas para derrotar al ALCA, el más importante proyecto estratégico de la Casa Blanca para esta parte del mundo en mucho tiempo, unida al fracaso de la aventura golpista en Venezuela ocasionaron el momentáneo abandono de este proyecto y alentaron las esperanzas de un cambio en la política de Washington hacia América Latina.

Sin embargo, en llamativa coincidencia con el anuncio de Brasilia acerca del descubrimiento de importantísimas reservas de petróleo en el litoral paulista el presidente Bush ordenó la reactivación de la IV Flota, que había permanecido desactivada desde 1950, un gesto beligerante que actualizaba la primacía de la estrategia desestabilizadora e intervencionista de la Casa Blanca. El cambio de gobierno y la asunción de Barack Obama no modificó en un ápice el curso belicista adoptado en los tramos finales de la Administración Bush sino que lo profundizó al firmar un tratado con el gobierno de Colombia autorizando la instalación de siete bases militares , -así como de cualquier otra que requiera- en dicho país, al convalidar el golpe de estado en Honduras y las fraudulentas elecciones que le siguieron, al aprovechar la tragedia del terremoto haitiano para desembarcar en ese sufrido país una fuerza de ocupación que asciende a unos veinte mil hombres y al desencadenar una impresionante campaña internacional en contra de Cuba, país que al no poder doblegar militarmente en Playa Girón ha sido sometido durante medio siglo a un devastador bloqueo que ha costado miles de vidas cubanas, enormes sufrimientos para su población y un perjuicio económico que ya equivale, en términos actuales, a dos planes Marshall.

Todos estos antecedentes son ignorados-¿a sabiendas o no?- por un grupo de personalidades que en fecha reciente han denunciado, con envidiable celo y una fenomenal ignorancia -o tal vez una enfermiza mala fe- la supuesta violación de los derechos humanos en Cuba. Su declaración fue promovida e impulsada por una organización íntimamente ligada a distintas instituciones de la derecha radical norteamericana, un ámbito poco propicio para desarrollar un enfoque mínimamente objetivo sobre un tema como el que preocupa a los firmantes. No sorprende, por lo tanto, que el resultado no sea otra cosa que una reiteración de los lugares comunes del discurso anticomunista de la Guerra Fría. En ella se reproducen fielmente el discurso intervencionista y desestabilizador del gobierno de Estados Unidos, mismo que luego es multiplicado por su amplia red global de “organizaciones no gubernamentales” amigas (financiadas casi todas ellas con dinero del gobierno norteamericano), la “prensa libre” de numerosos países (esa para la cual los continuos asesinatos de periodistas en Honduras no constituyen objeto de preocupación), y las fuerzas políticas democráticas del continente, que incluye no pocos personajes tradicionalmente complacientes con cuanto golpe de estado se haya ensayado en la región. Estos autoproclamados custodios de los derechos humanos, que ahora reclaman perentoriamente la liberación de todos los “prisioneros políticos” en Cuba, permanecieron en silencio ante el criminal bloqueo norteamericano, condenado por la casi totalidad de los países que constituyen la ONU, el genocidio perpetrado en Gaza, las masacres de los golpistas hondureños, las aberrantes violaciones de los derechos humanos en Estados Unidos, donde la tortura es admitida y legalizada, o ante las atrocidades cometidas por el gobierno de Álvaro Uribe en Colombia (que frenaron en el propio Congreso de Estados Unidos la ratificación del TLC entre ese país y Colombia). Callan también ante los atropellos a los derechos humanos que se producen en numerosos países de la región, desde la aplicación de la legislación antiterrorista para enfrentar los legítimos reclamos de las comunidades mapuches en Chile hasta la escandalosa situación que prevalece en las cárceles de nuestro continente y el persistente avance de la criminalización de la protesta social.

Pero ante la voz de orden del imperio se conjuran disciplinadamente para condenar a Cuba, haciendo caso omiso de que en este país los “disidentes” son, en su gran mayoría, personas que reciben directivas y dineros de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, todo lo cual está plenamente documentado e inclusive filmado. Se rasgan las vestiduras ante el tratamiento dado a personajes que la legislación vigente en cualquier país del mundo, comenzando por Estados Unidos y siguiendo por la Argentina, consideraría como “infames traidores a la patria” pero que Washington y sus epígonos entre nosotros no vacilan en calificar como sufridos “disidentes políticos” merecedores de su incondicional apoyo. Para los firmantes de esa declaración los derechos humanos y la política en general son cuestiones que pueden analizarse del mismo modo en que el matemático calcula las formas geométricas: para ellos no existe la historia, no hay lugar para pensar en las contingencias concretas de la coyuntura, y el hecho de Cuba estar asediada durante medio siglo por la mayor potencia militar e industrial del planeta es una nimiedad que para nada perturba su hipnótica contemplación de las inmutables esencias de los derechos humanos y la vida política. De ahí la inmoralidad de aplicar un doble rasero frente a esta situación: “olvido” en relación a lo que ocurre en Estados Unidos (entre otras cosas, las atrocidades cometidas a diario en Guantánamo o la injusta e ilegal condena a la que están sometidos los cinco luchadores antiterroristas cubanos) y una maniquea manipulación mediante la cual un mercenario al servicio de un agresor extranjero se convierte en un “disidente político”. Inmoralidad en la cual incurre, dicho sea de paso, también el Parlamento Europeo al implicarse abiertamente en esta campaña anticubana.

Le asiste toda la razón a Silvio Rodríguez cuando en un reportaje reciente dijo que “a cada instante se habla peor de Cuba, la mayoría de las veces sin fundamentos, sólo porque lo desean los que pagan, los dueños de la llamada Gran Prensa y del 90 por ciento de Internet; los mismos sinvergüenzas que hace 50 años nos tienen bloqueados de todo, menos de su sacrosanta información.” Esos mismos sinvergüenzas y sus acólitos están renovando sus esfuerzos para acabar con la revolución cubana y si bien el bloqueo no explica la totalidad de los problemas y desafíos que atribulan a Cuba es completamente imposible comprenderlos y resolverlos sin remover ese factor fundamental. Para Cuba y para cualquier otro país que tuviera la desgracia de hallarse en una situación similar. Mal que le pese a la Casa Blanca, medio siglo de agresiones, sabotajes y bloqueos no hicieron otra cosa que agigantar la ejemplaridad de la revolución cubana. Una ejemplaridad que reposa firmemente sobre su internacionalismo solidario -manifestado en la ayuda ofrecida inclusive a las indefensas víctimas del Katrina en el propio corazón del imperio, que aún esperan la ayuda de Washington- así como su extraordinaria generosidad para enviar sus médicos, trabajadores sociales y toda clase de personal especializado allí donde sea necesario, en cualquier parte del mundo; o para hacer posible la derrota del racismo en Sudáfrica y abrir las puertas para la democratización de ese país; o su enorme contribución a la salud pública de los pueblos del mundo gracias a la labor de la Escuela Latinoamericana de Medicina, o a la lucha contra el analfabetismo, plaga que aún azota a nuestros países pero completamente erradicada en Cuba y, por extensión en Venezuela y Bolivia gracias a la ayuda de la primera.

Por todo lo anterior Cuba constituye un pésimo ejemplo para el imperio. De ahí que, en una iniciativa insólita, el propio gobierno de Estados Unidos haya diseñado en un documento oficial el plan para “acelerar el cambio de régimen en Cuba”, eufemismo utilizado para no tener que decir que es un proyecto destinado a fomentar una sangrienta contrarrevolución. Para lograr ese objetivo no reparan en límites morales de ningún tipo, y la mentira y la difamación están a la orden del día, desde fomentar estrategias suicidas de huelgas de hambre hasta saturar las comunicaciones con toda clase de falsedades como las que estamos comentando. Lo hacen porque, tal como tal como lo asegura Evo Morales, “Cuba es un modelo en el mundo en cuestión de Derechos Humanos y solidaridad, por la ayuda que presta a otros países del mundo, en especial, a los más necesitados en áreas como la salud y la educación.” En pocas palabras, un mal ejemplo.

Por consiguiente, mal pueden autocalificarse como “progresistas” o de “izquierda” quienes prestan su nombre para avalar tamañas infamias e impiden, con su anacrónica mentalidad de la Guerra Fría, una genuina discusión sobre los déficits que, en materia de derechos humanos, justicia social y democracia afectan a los países latinoamericanos. Tampoco son dignos de ese nombre quienes reclaman de los gobiernos de la región que profundicen el castigo y los sufrimientos infligidos desde hace medio siglo a los cubanos. Deberían en cambio dirigir sus tan rotundas demandas al gobierno de los Estados Unidos, y exigirle, con la misma enjundia que ponen en descalificar a la víctima de sus agresiones, el inmediato levantamiento del bloqueo y el respeto a la autodeterminación del pueblo cubano.

Terminamos esta declaración reproduciendo dos preguntas de las muchas que Silvio Rodríguez hiciera en su debate epistolar con Carlos Montaner: “Si un huelguista de hambre exigiera que Obama levantara el bloqueo ¿lo apoyaría el Grupo Prisa? Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta de denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?” Agregamos nosotros: ¿la firmarían quienes reclaman la liberación de los “presos políticos” en Cuba?

REGISTRE SU ADHESIÓN EN: mailto:solidariosconcuba@gmail.com

EN LA ARGENTINA, EL 27 DE ABRIL DEL 2010, A LAS 19 HORAS, SE REALIZARÁ UN ENCUENTRO DE INTELECTUALES Y ARTISTAS EN EL CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN FLOREAL GORINI EN EL CUAL SE LE HARÁ ENTREGA DE ESTE DOCUMENTO CON SUS FIRMAS AL EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE CUBA EN LA ARGENTINA, ARAMÍS FUENTE HERNÁNDEZ.


En línea con nuestra preocupación sobre el "doble standard" que maneja la SIP y los grandes medios de prensa, así como los gobiernos que se desviven en declaraciones sobre la importancia de la libertad de prensa, reproducimos a continuación un artículo muy informativo que días atrás publicara el diario digital Rebelión.

01-04-2010

Ninguna investigación, ningún arresto desde el golpe de Estado
Cinco periodistas asesinados en un mes en Honduras: ¿donde están los titulares?

Jean-Guy Allard
Rebelión


Cinco periodistas asesinados en Honduras en el solo mes de marzo, 150 ejecuciones extrajudiciales desde el golpe del 28 de junio, todas atribuidas a los organismos de represión y a paramilitares contratados por el régimen, no son suficientes para llamar la atención de la prensa comercial del continente que arremete contra Cuba y Venezuela.

Mientras el mecanismo de propaganda del Departamento de Estado, apoyado por las agencias internacionales, las cadenas internacionales de órganos de prensa comerciales y su red de clientes regionales multiplica los titulares contra las naciones progresistas y reporta a la violencia en Honduras fuera de su contexto político, la Resistencia hondureña reclama a gritos manifestaciones de solidaridad internacional ante las ejecuciones cometidas a diario por el aparato represivo articulado por los golpistas.

En los últimos días tanto el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) como el colectivo de Artistas en Resistencia y otras organizaciones, han emitido condenas a la escalada de violencia desencadenada por el gobierno de ¨Pepe¨ Lobo con un enorme saldo de muertos y heridos.
La prensa hondureña ha sido la primera víctima de la ola de asesinatos de las últimas semanas. El 1 de marzo fue baleado el periodista Joseph Hernández y herida la colega Carol Cabrera; el 10, fue asesinado David Enrique Meza; el lunes 15, Nahum Palacios Arteaga mientras José Bayardo Mairena y Manuel de Jesús Juárez fueron ejecutados el viernes 27 de marzo.

Otro periodista, José Alemán tuvo que abandonar el país precipitadamente, después de que sicarios intentaran asesinarlo en plena calle, luego de tirotear su domicilio. Por colmo, agentes de una estación de la policía donde busco refugio le dijeron que eran incapaces de garantizar su seguridad.

Los grupos de resistencia han denunciado al Secretario de Seguridad, Óscar Álvarez, responsable del sistema de represión heredado del régimen dictatorial de Roberto Micheletti que mantiene en plena actividad.

Poco después del asalto a la Casa Presidencial por los golpistas, el 28 de junio de 2009, cuando el Presidente Manuel Zelaya fue sorprendido en su casa y expulsado del país, con la complicidad de Estados Unidos, varios medios de prensa, entre ellos Radio Globo y el Canal 36, fueron cerrados en redadas salvajes.

Por otro lado, los dueños de todos los principales medios de comunicaciones fueron parte de la conspiración. No solo dieron a Micheletti un apoyo absoluto sino que el principal representante de esta prensa ultraderechista, Jorge Canahuati, fue hasta pagar de su propio bolsillo parte de la campaña de cabildeo que se desarrolló entonces en Washington a favor de la dictadura.
En cuanto a los autoproclamados ¨defensores de la prensa¨ tales como Reporteros Sin Fronteras, el Committee to Protect Journalists, la Sociedad Interamericana de Prensa, todos observan una discreción, diametralmente distinta a la actitud constantemente agresiva y politizada demostrada contra Cuba y Venezuela, que solo confirma su vinculación con el aparato de inteligencia norteamericano.

Llama la atención como, de parte de estas organizaciones que se benefician de una cobertura integral de parte de las grandes agencias de prensa, se evita a todo costo politizar sus discretas solicitudes de investigaciones dirigidas a las propias autoridades hondureñas que, según la resistencia popular, generan la masacre.

Para la Plataforma de Derechos Humanos, se trata de una "estrategia de terror, inmovilización y persecución contra opositores al golpe de Estado y gobierno de facto¨ ante la cual se pide ¨la intervención de la comunidad internacional y de los organismos internacionales de derechos humanos para que el régimen actual detenga esta ola de criminalidad e investigue las muertes¨ de las víctimas.

Para evitar del derrumbe de su régimen golpista, Micheletti y sus cómplices golpistas fueron hasta recorrer a criminales tales como Billy Joya, creador con sus asesores norteamericanos de “Los Cobras”, comandos de élite entrenados para matar, y veterano miembro del siniestro batallón 3-16 creado por la CIA que persiguió, torturó y desapareció a cientos de hondureños en la guerra sucia de los años 80. Joya trabajo bajo las órdenes del embajador y oficial CIA John Negroponte quién dirigía la Contra nicaragüense desde la embajada norteamericana en Tegucigalpa. Implicado en la coordinación del golpe de estado de junio pasado, John Negroponte.trabaja actualmente como asesor de la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

En Miami, donde radica la colonia de ex mandatarios corruptos, torturadores y asesinos más grande del continente, el silencio mediático es casi absoluto al igual que el de los políticos que hace apenas unos meses viajaban a Tegucigalpa a elogiar a Micheletti.

Ninguna investigación acerca de un agresión contra periodistas desde el golpe de estado ha llevado al arresto de un solo sospechoso.


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El asesinato de periodistas y la escalada del Terrorismo de Estado en Honduras, una de cuyas víctimas predilectas son los primeros, no perturba a los grandes medios ni mucho menos a la tristemente célebre Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), intransigente defensora de cuanta tiranía se haya apoderado de los países de América Latina y el Caribe y cómplice de las mentiras que, a diario, vomita la "prensa seria" comenzando por el país de sus mandantes, Estados Unidos.


Para la SIP que en Venezuela se procese al dueño de Globovisión por su desembozada apología del golpe de estado del 2002 es un ataque a la libertad de prensa; asesinar periodistas a mansalva, como se describe en este documentado artículo de Santiago O'Donnell, no es problema ni algo que perturbe a la SIP o al gobierno de Estados Unidos, autoproclamado baluarte de las libertades en todo el mundo. Como decía Franklin Delano Roosevelt cuando se lo criticaba por su apoyo a Anastasio Somoza luego de haber asesinado a Augusto César Sandino: "sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta." La SIP es una fiel continuadora de tan deleznable tradición y protege con fervor a sus propios hijos de puta; que maten a periodistas decentes o torturen a militantes democráticos le tiene completamente sin cuidado. Su pretendida defensa de la "libertad de prensa" no es otra cosa que la vergonzante defensa, a cualquier precio, de los peores intereses y privilegios de nuestras sociedades.



Página/12, Domingo, 28 de marzo de 2010


Siguen

Por Santiago O’Donnell


Siguen llegando noticias escalofriantes desde Honduras. Hace tres semanas la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) había denunciado que existe una acción coordinada de fuerzas represivas para secuestrar, violar, torturar y asesinar a los hijos e hijas de militantes del Frente para la Resistencia. Ahora nos enteramos del asesinato de tres periodistas en la primera quincena de marzo. Y cómo los mataron.

El viernes se sumaron dos nuevas muertes. Los periodistas Bayardo Mairena y Manuel Juárez aparecieron baleados dentro de un auto cuando regresaban a la ciudad de Julticalpa, en el departamento de Olancho. Venían de la ciudad vecina de Catacamas de transmitir un programa de radio.

Según denuncia un grupo de organizaciones de derechos humanos europeas, casi treinta balazos de AK-47 contra Nahúm Palacios, más de cuarenta tiros a Joseph Ochoa y, ejecutado “en similares circunstancias que las de Palacios”, David Meza Montecinos.

El caso Nahúm Palacios da una idea del nivel de impunidad de que gozan las fuerzas represivas.

“El pasado domingo, 14 de marzo, a las 11 de la noche fue asesinado el periodista Nahúm Palacios, quien fue director del Canal 5 de televisión en el Aguán. Según fuentes policiales, los criminales le asestaron casi treinta balazos de AK-47 antes de que llegara a su vivienda en el barrio Los Pinos de Tocoa, mientras conducía su vehículo. La persona que lo acompañaba fue gravemente herida. Desde el golpe de Estado el 28 de junio del 2009, Nahúm Palacios había sido víctima de múltiples amenazas y atropellos por parte de los militares de la zona, en particular por el mismo capitán tercero de la Base Naval de Castilla, quien además ordenó la detención de cuatro miembros de Televisora del Aguán, Canal 5, tal como fue documentado posteriormente en el informe que entregamos el 7 de agosto del 2009 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La Comisión Interamericana, por su parte, exigió al Estado hondureño decretar medidas cautelares de protección a favor del periodista Palacios. En su informe del 20 de enero del 2010, la CIDH hizo referencia explícita al caso de Nahúm Palacios y el Canal 5 en los siguientes términos: “En el departamento de Colón, al menos dos canales fueron obligados a cortar su transmisión por varios días. Tal fue lo que sucedió con el Canal La Cumbre y Televisora de Aguán, Canal 5. Nahúm Palacios, director de Canal 5, relató a la CIDH que el 28 de junio “varios miembros de las Fuerzas Armadas ingresaron al canal” y lo “obligaron a cortar la transmisión”. Durante los últimos días, Palacios transmitió vasta información sobre el conflicto agrario en el Bajo Aguán.

La noticia sale de un comunicado de organizaciones humanitarias encabezadas por la Federación Internacional de Derechos Humanos, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional y la Iniciativa de Copenhaguen para Centroamérica y México. No se lee en los grandes diarios, sino que aparece, entre los correos basura, en la casilla de esta columna.

El caso de Ochoa está también lejos de esclarecerse. El blanco del ataque del 5 de marzo aparentemente era la persona que viajaba con él y que resultó gravemente herida, Karol Cabrera, una conductora televisiva que había apoyado el golpe de Estado. Pero la conductora también había sufrido el asesinato de su hija en diciembre y en ese caso, que tampoco se esclareció, los investigadores no encontraron pruebas de una motivación política. Por eso no queda claro si el asesinato de Ochoa está relacionado con la periodista que lo acompañaba, o si está vinculado con los problemas familiares de la periodista, aunque Cabrera culpó a “partidarios de Zelaya”, en referencia al presidente derrocado.

En el mismo día en que sucedió, el caso Ochoa fue denunciado por el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York. Lamentablemente, el asesinato de Nahúm Palacios no recibió el mismo tratamiento por parte del CPJ, pese a que en el caso de Palacios la relación entre su muerte y su trabajo de periodista es clarísima, mucho más que en el caso de Ochoa.

A esta altura, lo menos que puede decirse de este régimen que gobierna Honduras es que nació en terapia intensiva y sobrevive con pulmotor. Cuando el gobierno de Estados Unidos decidió avalar las elecciones de noviembre pasado, debió saber que hoy gobernarían los sectores que llevaron adelante el golpe y que buscarían continuar con la política estatal de represión abierta y clandestina que tantos resultados les trajo durante la dictadura. Debió saber también que esa política represiva, a la larga o a la corta, genera respuestas.

¿Qué otra cosa puede esperarse de un gobierno elegido bajo estado de sitio y con el presidente legítimo encerrado en una embajada rodeada de milicos? Pero da la impresión de que lo único que le importa a Washington es el compromiso del presidente Porfirio Lobo de retirarse de Petro Caribe y el ALBA, esto es, borrar cualquier vestigio de chavismo en el país, esto es, frenar a cualquier costo la expansión del chavismo en la región, como si fuera una remake de la Guerra Fría y su triste capítulo centroamericano. Por eso presiona a sus clientes centroamericanos para que pidan la readmisión de Honduras a la Organización de los Estados Americanos. Por eso deja hacer a Lobo y a su secretario de Seguridad de super-mano dura, Oscar Alvarez.

Resultado: el periodista de la Resistencia Nahúm Palacios muere bajo una lluvia de balazos, pagando el precio de haberse atrevido a denunciar la censura ante un organismo internacional. Tres periodistas acribillados a balazos en menos de un mes.

Podría llamar la atención que ante semejante agresión, para colmo en las narices de la CIDH, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) no haya encontrado tiempo para pronunciarse. Sin embargo, el organismo que nuclea a los grandes medios de la región, empezando por los estadounidenses, parece priorizar otras libertades por encima del derecho a no ser asesinado por expresar una opinión. Denuncia regularmente a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, a veces con razón, de atropellos a sus empresas y sus periodistas. La página web de la SIP está llena de información sobre esos países. Pero sólo le dedica dos párrafos a la situación en Honduras en un informe colgado hace doce meses. La mención es para el asesinato del periodista Carlos Salgado, ocurrido un año y medio antes del golpe, por razones aún desconocidas. En ese caso la SIP, tardíamente y sin demasiadas precisiones, decidió “requerir a las autoridades que profundicen y avancen en las investigaciones del asesinato de Carlos Salgado hasta dar con los culpables intelectuales y materiales y conocer los móviles del crimen; así como a garantizar la seguridad de los periodistas”. Salgado era un locutor radial, comentarista y humorista que molestaba a muchos políticos, incluyendo a Manuel Zelaya, el entonces presidente que luego sería derrocado por el golpe.

Está muy bien que la SIP lo recuerde, pero su página web nada dice de la feroz censura y represión desatada por el golpe de junio del 2009, empezando con la alevosa toma militar de estaciones de radio y televisión que criticaban a los golpistas, la descarada represión y detención de los periodistas que cubrían las protestas, y la grosera interrupción de señales internacionales en el mismo momento en que el dictador Goriletti usurpaba el poder. Tampoco dice nada sobre la seguidilla de asesinatos que inauguró la presidencia de Lobo.

Tampoco parece importarles demasiado a las organizaciones para la defensa de los periodistas que afloraron en los últimos años en la región, tanto las que reciben financiamiento del Departamento de Estado estadounidense como las más independientes.

Y los poderes que apuntalan al gobierno hondureño no hacen nada y los grandes medios no dicen nada mientras mueren en Honduras los hijos e hijas de los militantes de la Resistencia. Y mientras mueren, también, los periodistas que denuncian esas muertes. Y siguen. Y no pasa nada.


Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elmundo/4-142806-2010-03-28.html

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