El investigador Robinson Salazar, de la red Insumisos, nos ha hecho llegar esta inquietante nota en donde se habla de la posibilidad de que el devastador terremoto de Haití haya sido provocado intencionalmente por Estados Unidos como parte de una serie de experimentos centrados en las posibilidades que ofrece la "guerra climática" como dispositivo de control imperialista. Al leerla no pudimos sino recordar aquella consigna tan cara al marxismo clásico: "socialismo o barbarie". De ser cierta la teoría expuesta en este artículo -y hay mucha evidencia que le estaría brindando un respaldo inicial nada desdeñable- estaríamos en presencia de una barbarie tecnológicamente avanzada que supera todo lo que podríamos haber imaginado en el pasado. Dejo a las/los lectoras/es juzgar la veracidad, o al menos la verosimilitud, de esta tesis.

Teorías en la web
Guerra
climática: ¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití?

(IAR Noticias) 20-Enero-2010

Antenas del proyecto HAARP en Gakona, Alaska.

La guerra climática, la guerra biológica o la guerra química, son parte indivisible de la guerra militar para controlar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para controlar y dominar la mente humana con fines del control social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación). Su existencia operativa y sus estrategias de aplicación (exterminios masivos de personas con fines económicos y políticos) tienen origen en los laboratorios militares de las potencias centrales.

Por Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com


Por la red está circulando una teoría inquietante: El terremoto de Haití habría sido manipulado científicamente por un programa desarrollado por la Fuerza Aérea de EEUU, o sea el Pentágono.

A simple vista suena como una "teoría conspirativa", pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y de algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivo de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.

El proyecto HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) es una investigación financiada por la Fuerza Aérea de los EEUU, la Marina y la Universidad de Alaska para "entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia".

El Haarp (considerado, entre otras funciones, como una "máquina de crear terremotos"), es un calentador de la ionosfera, y actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.

A pocas horas de la catástrofe, la agencia EFE divulgó un informe elaborado por la Flota Rusa del Norte señalando que el sismo que ha devastado a Haití fue el "claro resultado" de una prueba de la Marina de EEUUU por medio de una de sus "armas de terremotos".

De acuerdo con el documento de la Armada Rusa (una potencia que cuenta con una versión del programa Haarp) a finales de la década de 1970, los EEUU han "avanzado enormemente" el estado de sus armas de terremotos y, según estos informes, ahora emplea dispositivos que usan una tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla junto con “bombas de ondas de choque”.

El reporte concluye que es “más que probable” que la Marina norteamericana haya tenido “conocimiento total” del catastrófico daño que esta prueba de terremoto podría tener potencialmente sobre Haití y que había pre-posicionado a su Comandante Delegado del Comando del Sur, el General P.K. Keen, en la isla para supervisar las labores de ayuda si fuesen necesarias.

El programa Haaarp se inició en 1993 para una serie de experimentos durante veinte años, y tiene un gran número de instrumentos de diagnóstico que se usan para mejorar el conocimiento científico de la dinámica ionosférica.

Actúa con el recientemente descubierto electro chorro, el cual se forma en los polos norte y sur del planeta, y se aprecia su efecto atmosférico con el fenómeno conocido como aurora boreal.

Teóricamente, HAARP podría modificar el clima del planeta, desviar los jetstream o corrientes a chorro de la alta atmósfera hacia donde se tenga interés, trabaja con ondas de alta y baja frecuencia, y es considerado por algunos expertos como un peligro para la existencia de la humanidad, debido al uso potencial como arma de "guerra climatológica".

Se trata -dicen los que lo estudian- de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, incluso crear terremotos sobre territorio de un supuesto enemigo, sin que nadie advierta el peligro.

Los HAARP potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas. Investigaciones sobre el proyecto HAARP han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos

Con sus cientos de millones de vatios de potencia es considerado como un verdadero "calefactor" de la alta atmósfera, que puede actuar provocando una tremenda ionización que puede acarrear consecuencias imprevisibles, y que gracias a su efecto "espejo" podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta.

En su resolución del 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares y solicitaba que HAARP, fuese objeto de una evaluación por parte de STOA (organismo encargado de mensurar opciones científicas y tecnológicas) en lo que se refería a sus repercusiones sobre el medio ambiente local y mundial y sobre la salud pública en general.

En esa misma resolución, el Parlamento Europeo, pedía que se celebrara un convenio internacional para la prohibición mundial de cualquier tipo de desarrollo y despliegue de armas que pudiesen permitir cualquier forma de manipulación de seres humanos.


Las guerras ocultas


¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití?

A simple vista suena como una "teoría conspirativa", pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivos de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.

Que el Pentágono investigue y desarrolle un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima, incluido un terremoto como el de Haití o un tsunami como el de Asia, más que un asunto conspirativo podría ser parte de una realidad estudiada y expresada en diversos informes de especialistas "silenciados" por la prensa oficial.

Hay un cúmulo de trabajos investigativos (esparcidos en la red y silenciados por la prensa del sistema) que demuestran, por ejemplo, que los virus patógenos y las pandemias son inicialmente estudiados para su utilización en posibles operaciones de exterminio en masa, con la finalidad de controlar y manipular socialmente determinadas poblaciones.

Bajo el argumento de "prevenir ataques enemigos" con armas químicas o biológicas, el Pentágono ha diseñado -desde el siglo pasado hasta aquí- diferentes programas de investigación y experimentación con virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.

El investigador y profesor canadiense Michel Chossudovsky, en su artículo titulado "Guerra climática: Atención a los experimentos militares de EEUU", publicado en el sitio web The Ecologist, señala que “El Haarp es un arma de destrucción masiva, capaz de desestabilizar los sistemas agrícolas y ecológicos en todo el globo”.

Afirma que EEUU ha desarrollado experimentos similares desde 1940, y que durante la guerra de Vietnam se hicieron prácticas de bombardeo de nubes, con el fin de prolongar la estación del monzón (temporada de lluvias) y bloquear las rutas de suministro de sus enemigos a lo largo del corredor Ho Chi Minh.

De acuerdo con el investigador, “La tecnología, que está siendo perfeccionada bajo el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (Haarp), “Apunta a lo impensable: la manipulación encubierta de modelos climáticos, comunicaciones y sistemas de energía eléctrica como un arma de la guerra global, capacitando a EEUU para desestabilizar y dominar regiones enteras”.

Según Chossudovsky, “La manipulación climática es el arma preventiva por excelencia. Puede ser dirigida contra países enemigos o ‘naciones amigas’ sin su conocimiento, utilizada para desestabilizar economías, ecosistemas y agricultura. También puede provocar el caos en los mercados financieros y de materias primas. La alteración en la agricultura causa una mayor dependencia de la ayuda alimentaria y de productos de granos importados de EEUU y de otros países occidentales”.

Las teoría de Chossudovsky sobre la guerra climática, tiene un correlativo en las armas químicas o biológicas de exterminio masivo utilizadas en diferentes programas de investigación y experimentación, entre las cuales sobresalen los virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.

Con la aparición cíclica de pandemias detonadas por la inseminación de virus patógenos en poblaciones civiles, se genera una campaña simultánea de "terror mediático" (con pánico e incertidumbre social) ejecutada por las grandes cadenas informativas internacionales, la que activa a su vez una demanda comercial masiva de recursos y medicamentos para enfrentar la emergencia sanitaria, que moviliza paralelamente un multimillonario negocio capitalista a escala global.

Cabe recordar que a la feroz manipulación mediática global con el "terror pandémico" de la reciente fiebre porcina ( o Gripe A), se agregan cada vez más, preguntas e hipótesis sobre el origen y posible utilización económica o política del virus patógeno, que van desde la lógica y el sentido común hasta teorías conspirativas de la más variada especie y procedencia.

En este caso, se ha hablado, incluso, de distintas operaciones de "aprovechamiento" político y militar del virus, cuyos objetivos van desde una "cortina de humo" para distraer la atención de la actual crisis global, hasta una estrategia para crear un "11-S biológico" que justificara nuevas invasiones y "guerras antiterroristas", un plan capitalista "malthusiano" para reducir la población pobre "sobrante", o una maniobra comercial de los grandes laboratorios para generar demanda masiva de medicamentos y vacunas preventivas.

Una crisis pandémica, una crisis económica, una catástrofe natural o una guerra movilizan multimillonarios recursos financieros para enfrentarla.

Y como vivimos dentro de un sistema capitalista centralizado por potencias hegemónicas (EEUU y las naciones centrales de Europa), los programas de exterminio en masa con epidemias salen originalmente de los laboratorios militares del Pentágono y de los sectores de biodefensa europeos, principalmente Gran Bretaña.

En ese escenario, la guerra climática, la guerra biológica o la guerra química , son parte indivisible de la guerra militar para conquistar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para manipular la mente humana con fines del control político y social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación).

La guerra biológica por medio de agentes genéticos orientados al exterminio masivo de poblaciones es un soporte activo de la guerra militar y de la guerra psicológica. Cuando está al servicio de la guerra psicológica, la guerra biológica se convierte en bioterrorismo, y cuando sirve a la guerra militar se convierte en operación de exterminio con uso de agentes biológicos.

Como primer objetivo central, las "guerras silenciosas" de exterminio poblacional por medio de agentes biológicos o químicos se originan dentro de los planes y estrategias del Pentágono para preservar la seguridad de EEUU, la potencia regente y dominante del sistema capitalista a escala global.

Como segundo objetivo central, todo lo que se destruye hay que "reconstruir", y todo lo que enferma hay que "curar", es la máxima que sigue siempre el sistema capitalista para arrancar rentabilidad tanto de las crisis económicas, como de las catástrofes, las epidemias y las guerras.

"Si no hay guerra hay que inventarla para hacer negocios", es la máxima histórica de Rothschild, líder emblemático del sionismo financiero internacional.

En este escenario ¿Puede sorprender la posibilidad de que el terremoto de Haíti haya salido de los laboratorios militares de Pentágono?


(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias


A continuación, una entrevista que me hiciera La Jornada de Jalisco durante mi reciente visita a Guadalajara, a propósito de la coyuntura socio-política mexicana.


La Jornada de Jalisco
Guadalajara, 19.2.2010

Ha perdido liderazgo en América Latina, señala el sociólogo
México necesita nuevas alternativas para su democracia, señala Atilio Boron

PALOMA ROBLES

Las políticas neoliberales han extendido la brecha de la desigualdad en el país


“México necesita de nuevas alternativas para su democracia, la crisis del capitalismo es la oportunidad de un socialismo real”, declaró en entrevista con La Jornada Jalisco el sociólogo argentino Atilio Borón, que estuvo de visita en la ciudad con motivo de la conferencia magistral “Alternativas para la democratización latinoamericana”, convocada por la Cátedra Alain Touraine del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y quien consideró que el país ha perdido liderazgo en América Latina.

Refirió que “la crisis del capitalismo significa ponernos en guardia para que no sean los más vulnerables los que paguen el costo de esa crisis y eso transformarlo en un salto adelante a partir de la convicción cada vez más generalizada entre los estudiosos, de que el capitalismo está generando problemas que ya no puede resolver en sí mismo, y por lo tanto aunque parezca paradójico, la crisis del capitalismo torna a la alternativa socialista mucho más realista”.

Borón se dijo preocupado por la injerencia de las fuerzas armadas en los procesos políticos de México. Manifestó que poco a poco se pierde la supremacía civil abriéndole espacio a lo militar, “lo que resulta en algo negativo y pone en tela de juicio la sustentabilidad y la vitalidad del proceso democrático en el país”, recalcó.

“Uno de los rasgos que habían marcado la diferencia de México en referencia a los demás países de la región era la completa supeditación de las fuerzas armas al poder civil”, manifestó.

El académico resaltó que el país está luchando por avanzar en dirección de una democracia que a su parecer tiene que ir mucho más allá de los elementos más formales como las elecciones y las leyes, “lo que uno observa en México es que el rumbo de las políticas económicas neoliberales lo único que han hecho es profundizar la desigualdad, la inequidad y la injusticia y esos son terrenos sobre los que no se puede consolidar una democracia genuina”.

Explicó que lo que queda por parte de los ciudadanos es llegar a afianzar una alternativa política para la nación.

Declaró que es urgente que México recupere la autodeterminación nacional: ”en otras palabras: un país que está crecientemente sometido al influjo de fuerzas externas como son las de Estados Unidos, difícilmente puede construir un orden democrático digno de su nombre”.

Expresó que ve con ojos de desconfianza la tendencia antisindical tan presente en Estados Unidos y que comienza a tener rastros en México: “yo creo que es altamente pernicioso”, dijo.

“Para nosotros en el sur, México y Brasil son dos países fundamentales que no pueden caer bajo el influjo de potencias exteriores porque eso redundaría en repercusiones en toda América Latina. Estamos esperando que haya una renovación política que permita contrarrestar estas tendencias”, declaró.

Es lamentable que México haya perdido terreno en los últimos dos sexenios a nivel regional.

“Lo que pasó en Honduras es inadmisible: ¿cómo es posible que se haya suscitado un golpe de Estado, se haya legitimado una elección fraudulenta y que el propio ex presidente legítimo Zelaya haya tenido que refugiarse en la embajada de Brasil y no en la de México?”

“Yo recuerdo que en la época de la guerra civil en El Salvador, México tenía una presencia fundamental e intercedió en la pacificación, el armisticio y el fin de la guerra en conjunto con Francia”, refirió el sociólogo.

Remató: “hoy en día todo eso ha desaparecido a favor de un México que yo veo maniatado, amordazado por Estados Unidos, y realmente eso es una situación que hay que revertir lo antes posible, por el bien de México y por el bien de América Latina”.
A continuación doy a conocer la desgrabación de una conferencia que dictara en el marco del

Xº Congreso Iberoamericano de Extensión Universitaria

(organizado por el Departamento de Extensión de la Universidad de la República entre el 5 y el 9 de Octubre en Montevideo, República Oriental del Uruguay)

Como podrán apreciar, el texto conserva su carácter de presentación oral, pero le he agregado de unas muy pocas notas al pie de página a efectos de ofrecer la evidencia que, en algunos casos, requería mi argumentación.


"Universidad, dominación imperialista y pensamiento crítico"


Muchas gracias, la verdad fue muy reconfortante escucharlo a Alfredo Falero como siempre, y un poco me cambió el libreto de lo que iba a decir. Por eso, lo mejor será que aportemos una reflexión más espontánea provocada por sus interesantes argumentaciones. Además, algunas de las cosas que pensaba decir han sido recogidas en un librito publicado hace muy poco tiempo y tal vez sea mejor avanzar en algunas otras consideraciones.[1]

Creo que hay un gran interrogante, que es el siguiente: ¿podremos desde la Universidad colaborar en la elaboración y difusión del pensamiento crítico? Ante eso yo diría, como una primera afirmación, que soy un poco más pesimista que Alfredo si bien me parece que es importante recordar lo que ha dicho y es que la Universidad puede todavía. Mi pesimismo sería un matiz que me llevaría a decir tal vez más que ”puede”, que quizás, se pueda, pero hay que dar una pelea muy pero muy dura para que tal cosa sea posible. ¿Y por qué?

Porque la Universidad ha sido objeto preferente de colonización imperialista. Este es el punto fundamental, para llamar las cosas por su nombre. Esa colonización no es algo nuevo: es la expresión de un proyecto de reafirmación del imperialismo norteamericano que arranca desde fines de la Segunda Guerra Mundial y que ha dado lugar a un vasto programa de becas para estudiantes del Tercer Mundo cuyo objetivo fundamental fue, y aún es, “reformatearles” la cabeza para que una vez que terminen sus estudios en los Estados Unidos regresen a sus países de origen y pongan en marcha políticas congruentes con los intereses imperiales. Y les cabe el mérito a los estrategas del imperio norteamericano de haber sido aquellos que vieron con mucha claridad algo que a nosotros en la izquierda nos costó mucho tiempo aprender: la centralidad de eso que Fidel llama “la batalla de ideas”, algo de lo cual ellos se dieron cuenta muy tempranamente. Decimos Segunda Guerra Mundial porque es en ese momento cuando se produce el relevo hegemónico desde un centro en decadencia, el Reino Unido, hacia el nuevo centro imperial, Estados Unidos. Al trasladarse el centro de gravedad del sistema imperialista hacia Estados Unidos sus capas dirigentes advirtieron muy precozmente que su proyecto de dominación no podía reposar tan sólo sobre bases políticas o militares o económicas; que sería necesario avanzar profundamente en la colonización intelectual, cultural e ideológica de los países del Tercer Mundo y fundamentalmente de los grupos sociales que aportarían las futuras elites dirigentes: los universitarios.

Se trató, por lo tanto, de una política muy claramente pensada y diseñada con ese objetivo. El banco de prueba en América Latina de ese proyecto fue un convenio que se firmó inicialmente entre la Escuela de Economía de la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chicago, a comienzos de los años 1950s. Gracias al mismo en los años siguientes la Universidad de Chicago estuvo reclutando cerca de un centenar de jóvenes estudiantes de economía de Chile, que tiempo después regresarían como miembros de una especie de secta esotérica, porque eso era lo que era el monetarismo de Milton Friedman en los años sesenta. En esos años el friedmanismo no era tomado en serio, no solamente en América Latina sino inclusive mismo en los EEUU, en donde el monetarismo era considerado como un extravagante simplismo. [2] Sin embargo, esos grupos irrumpirían violentamente en la escena de la economía chilena con el golpe militar de 1973, aportando los cuadros tecnocráticos que instauraría el régimen pinochetista, todos formados en EEUU con un lenguaje común, con una ideología común, con supuestos compartidos, que le dieron coherencia a la política económica que se aplicó en aquellos años y cuyos grandes lineamientos, lamentablemente, permanecen intocados hasta el día de hoy.

Como vemos, el proyecto de colonización universitaria tuvo como objetivo fundamental controlar la formación impartida en las universidades, y empezando por la economía. Indudablemente en ese diagnóstico se sabía que sociólogos, historiadores y los filósofos somos comparativamente inofensivos al lado de los economistas, y que difícilmente nos convoquen alguna vez a dirigir alguna oficina de planificación o un programa de desarrollo sino que a quienes van a llamar son los economistas. Nosotros somos, en cierto sentido, una tropa poco confiable en la gestión cotidiana del imperio por comparación a los economistas. Y si ustedes miran lo que pasó en América Latina en los últimos años verán como comienzan a aparecer economistas como presidentes, cosa que antes era un privilegio reservado a los militares, o a los abogados: Miguel De la Madrid, Carlos Salinas De Gortari y Ernesto Zedillo en México; Ricardo Lagos en Chile; Fernando Henrique Cardoso economista y sociólogo en Brasil, los casos más conocidos. Además de todo esto, vemos el relevante papel que adquirieron los ministros de Economía o los ministros de Hacienda y, por extensión, los presidentes de los bancos centrales en los países de América Latina en los últimos 25 años, cosa que antes no tenían. En el pasado, los cargos importantes en la estructura gubernamental eran los del ministro del interior y el de relaciones exteriores mientras que el de economía era una especie de contador que estaba ahí para hacer las cuentas, tener los balances más o menos en orden, pero nunca aparecía como la cara de un proyecto político como comienza a ser el caso a partir de la década de los 90’. En el caso argentino esta tendencia se asocia con las figuras de José Alfredo Martínez de Hoz y Domingo Cavallo, los verdaderos arquitectos de la refundación reaccionaria del capitalismo argentino y cuyas vigas maestras perduran hasta el día de hoy. En otros países es preciso recordar los nombres de Alejandro Foxley (Chile), Danilo Astori (Uruguay) y Antonio Palocci (Brasil) como expresiones de esta nueva gravitación de los economistas.

Esta directa articulación de la ciencia económica con el poder gubernamental explica las razones por las que la colonización ideológica, teórica y metodológica en las escuelas de economía es muchísimo más intensa que en otras disciplinas. A los administradores imperiales no les quita el sueño si en filosofía política alguien enseña el liberalismo, el comunitarismo o el marxismo; eso es un tema que a ellos poco les importa. Pero en la economía todos, absolutamente todos, tienen que estar alineados con la economía neoclásica, con el neoliberalismo, con el consenso de Washington; ahí no hay disenso posible. Por eso, la colonización de las universidades es un tema realmente central, y explica porqué estas no son demasiado generosas u hospitalarias con quienes tienen una vocación por expresar un pensamiento contestatario, radical, crítico de esta sociedad.

Yo quiero decirles que para mi es un gran placer compartir esta mañana con ustedes y que realmente felicito a los organizadores de este evento de la Red Extensa y a la Universidad de la República por tener esta actitud de apertura y por fomentar el desarrollo del pensamiento crítico, algo harto infrecuente en las universidades de todo el mundo. Porque como muy bien lo han demostrado Pablo González Casanova y Boaventura de Sousa Santos, las universidades se cuentan entre las estructuras más conservadoras y más refractarias al cambio, del mundo; algunos hablan incluso de que la estructura básica de la Universidad, se remonta al Siglo Xlll europeo.[3] Esto lo dice Alex Callinicos en un texto reciente (al cual voy a volver porque me parece que realiza aportes bien interesantes) cuando subraya que dicha estructura ha persistido hasta el día de hoy.. [4]Se trata, en suma, de una configuración que es bastante reacia a los cambios y que por eso mismo no hace mucho lugar a eventos de este tipo, no solamente en América Latina sino en Europa.

Decíamos que la universidad ha sido profundamente colonizada; `por eso quienes tenemos por distintas razones la vocación de pensar en contra de la corriente somos una minoría muy marcada. No podemos equivocarnos en eso, alentando visiones optimistas. Y si bien estamos dando batalla lo hacemos en condiciones muy difíciles. ¿Por qué somos una minoría? La respuesta no radica en la insuficiencia de nuestras teorías sino el contexto histórico concreto de la producción y diseminación del conocimiento al cual correctamente aludía Alfredo. Lo que define a ese marco es el hecho de que vivimos en una época marcada por el reflujo de las luchas populares y los grandes movimientos de masas. Esta es la época donde se impone el neoliberalismo a escala mundial, la época donde se produce la implosión de la Unión Soviética, la desaparición del campo socialista, la reconversión o reorientación de los modelos económico-políticos en países como China y Vietman, es decir, en un contexto donde el pensamiento crítico ha sido arrinconado porque la práctica emancipadora y socialista ha sufrido una importante, si bien no definitiva, derrota.. Recordar que hasta se llegó a hablar de la muerte del socialismo, para ni hablar de la muerte del marxismo que ha sido declarado ya muerto varias veces con anterioridad y pese a lo cual su espectro sigue atormentando el sueño de los burgueses.

Ese es el contexto histórico-cultural en el cual opera la universidad. Claro que en América Latina, como una luminosa excepción, todavía tenemos ese gran faro que es la Revolución Cubana, y alentadores procesos como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador que abren enormes esperanzas: Pero en África, en Asia o en Europa no tenemos movimientos de este tipo que permitan estimular una reflexión crítica como sí tenemos en América Latina. Este rasgo ha sido señalado por numerosos observadores de fuera de la región, entre ellos tal vez el más eminente historiador británico, Perry Anderson, que en más de una oportunidad planteó que si alguna perspectiva de desarrollo de pensamiento crítico había en el mundo esta debíamos buscarla en América Latina, la, región que está a la vanguardia de las luchas y la resistencia a la globalización neoliberal. En el caso europeo el pensamiento crítico agoniza sin pena ni gloria y en África y Asia no hay condiciones mínimas para el florecimiento de un pensamiento contestatario.

O sea que aquí estamos en una situación bastante excepcional, pero que se da en el marco de un retroceso a nivel mundial de las ideas progresistas que hacen que inclusive un señor como el que ustedes van a tener el enorme privilegio de escuchar en un rato más, Noam Chomsky, sea una figura más conocida fuera de Estados Unidos que dentro de ese país, según su propia opinión. No digo esto por mi cuenta sino que fue él mismo quien me lo ha dicho ya que mantengo una excelente relación con él desde hace muchos años. Por eso es que inclusive en su universidad, el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) su labor estuvo permanentemente sellada dentro del departamento de lingüística siendo como es, uno de los mayores expertos mundiales sobre el tema de la política exterior de los Estados Unidos. Pese a eso jamás un departamento de ciencia política lo invitó a pronunciar una conferencia sobre la política exterior norteamericana.

Lo ocurrido con Noam Chomsky no es casual, dado que también en ese país las universidades han estado sometidas a ataques de ese tipo por mucho tiempo, y por eso es que el pensamiento crítico tiene grandes dificultades para sobrevivir en ese medio. Pero no sólo se trata del reflujo ideológico acentuado desde el auge neoconservador de los años ochentas y la implosión de la URSS a comienzos de los noventas. Este retroceso se combina, además, con el crónico desfinanciamiento de las universidades públicas en América Latina, si bien esta situación reconoce distintos matices nacionales que impide generalizar más allá de cierto punto. Lo que sí es cierto, empero, es que las restricciones financieras operaron como el gran caballo de Troya a partir del cual se diversificaron y acentuaron los controles ideológicos sobre la vida universitaria, so pretexto de procesos de evaluación, introducción de criterios de calidad académica o racionalización administrativa.

Porque, ¿quiénes son los que nos evalúan? Bueno, los que nos evalúan son aquellos que han diseñado, o mejor dicho que imitaron, un modelo tecnocrático y conservador de evaluación de las universidades que se impuso en Estados Unidos y a partir de allí en Europa y que se introdujo en nuestro países a través de las políticas de préstamos del Banco Mundial. Podríamos preguntarnos: ¿por qué el Banco Mundial? Y la respuesta es clara: porque hoy el BM desempeña en materia de educación el papel que la Asamblea General de las Naciones Unidas le había otorgado a la UNESCO desde el momento de su creación hace más de 50 años atrás. Pero eso se acabó, y cuando hoy se busca asesoría para decidir qué es lo hay que hacer en educación ya los gobiernos no se dirigen a la UNESCO , que está ahí casi como un museo, sino que escuchan lo que dice el Banco Mundial. ¿Por qué prefieren el BM a la UNESCO? Primero, porque patrocinó en el pasado políticas que respondían a las necesidades de los países del Tercer Mundo: temas tales como la diversidad cultural y lingüística, el respeto a las tradiciones de las diferentes etnias, la oposición a los avances imperialistas del inglés como única lengua universal y, sobre todo, su apoyo al proyecto de creación de un nuevo orden informativo internacional, lo que motivó que poco después el gobierno de Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido se retiraran de la UNESCO precipitando una gravísima crisis financiera de la institución. [5] Porque los nuestros son países endeudados, y por lo tanto, los acreedores, mediante sus “perros guardianes” (BM, FMI, BID, etcétera) fijan las prioridades y las orientaciones generales de las políticas que deben implementar los gobiernos deudores. Tercero, porque son países dependientes, por su estructura económica, por su comercio exterior, por sus inversiones, etcétera, lo que los somete a los grandes centros de poder económico en la estructura imperialista mundial. Cuarto, porque sus clases dominantes y elites dirigentes son dependientes culturalmente y mentalmente, lo que las lleva a aceptar el modelo americano como si fuera el paradigma de la buena vida, dejando de lado toda otra clase de consideraciones; si es estadounidense es bueno, si es norteamericano es bueno. Entonces por esa vía, el patrón de funcionamiento y de evaluación de las universidades norteamericanas entra en América Latina bajo los inocentes ropajes del control de la calidad y la productividad de los profesores. Y aquí cito una frasecita muy linda del ya mencionado artículo de Callinicos donde dice que “Los movimientos estudiantiles de los años 60 querían transformar la universidad y en ese proceso liberarse del capitalismo. Hoy en día, el gobierno y las empresas quieren transformar la universidad para subordinarla sistemáticamente al capitalismo.”[6] Esto es una reflexión que él hace a propósito de las universidades inglesas, pero que es pertinente para nosotros en América Latina. Es decir, hoy las universidades están concebidas por los distintos gobiernos de nuestra región (salvo las pocas excepciones ya mencionadas) como engranajes de una maquinaria pensada para producir los técnicos que necesita el funcionamiento del capitalismo dependiente latinoamericano. Por lo tanto difícilmente vayan a encontrar, en cualquier escuela de economía, un curso de teoría económica marxista porque tal cosa es considerada una reliquia inservible, un esoterismo disfuncional para el saber tecnocrático o, en el mejor de los casos, una injustificable distracción.. Lo que se enseña son los instrumentos y las teorías que maneja la tecnocracia neoliberal en todo el mundo y nada más.

Para colmo de males la subordinación viene impuesta, además, con una excusa muy seductora, porque se dice: lo que tenemos que asegurar es que los graduados de la universidad puedan encontrar un trabajo. No tiene sentido formar un intelectual o un profesional en disciplinas poco prácticas que luego deba deambular en busca de un trabajo que inevitablemente le resultará insatisfactorio y mal pago. Por lo tanto, si el mercado demanda personas con capacidades tecnocráticas de gestión, de administración eso es lo que la universidad debe ofrecer. Y vamos a evaluar los rendimientos de los profesores, de los académicos en función de aquellas demandas, olvidándonos de aquella vibrante consigna de los sesentas que decía que la universidad era el espejo crítico de la sociedad. Para aquilatar los alcances de la crisis del financiamiento universitario basta con decir que en nuestra región se invierten alrededor de 650 dólares por estudiante universitario, en contraposición a una cifra casi cuatro veces mayor en los países asiáticos mientras que en Estados Unidos y Canadá la inversión anual es de alrededor de 9,500 dólares, o sea, 14 veces mayor que en América Latina. En el África sub-Sahariana la inversión no llega a U$S 500 por año por estudiante universitario.

De lo anterior se desprende que la asfixia financiera de las universidades en el Tercer Mundo y en América Latina hace que, en primer lugar, se procure mejorar los sueldos de los académicos a partir de programas de incentivos por productividad. Pero, ¿cómo se mide la productividad? Tomemos un ejemplo: el libro de Alfredo Falero, “La batalla por la subjetividad. Las luchas sociales y construcción de derecho en Uruguay”, publicado en Uruguay tendría para los evaluadores, en una escala de 1 a 10, 2 o 3 puntos, lo mismo que el mío publicado en la Argentina o el de cualquier otro colega que haga lo propio en Brasil, México y los demás países. Si Alfredo en cambio hace una síntesis de este texto de 266 páginas, y publica un breve artículo de 10 páginas en algún Journal especializado de Estados Unidos eso le daría una puntuación de 9 o 10. ¿Por qué? Porque se inventó una parafernalia de medidas, tan complicadas como artificiosas, para garantizar el juicio de los pares sobre la producción en cuestión y para medir el “impacto” de una obra científica, verificando cuantas veces el trabajo es citado, aunque sea para decirle a uno que es un inútil, no importa, si lo citaron está bien, y por lo tanto eso, según este criterio seudo sociológico de medición del impacto significa que es un texto muy importante.[7] Como los Journals norteamericanos tienen una mayor circulación en la disciplina se supone que la sola publicación en uno de ellos es prueba de su impacto en el mundillo académico. En cambio, un libro publicado en Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, no cuenta, además porque sus contenidos expresan las contribuciones de académicos supuestamente de menor predicamento que sus colegas del Norte y, para colmo, se transmiten en lenguas consideradas inferiores o ineptas para circular internacionalmente. Ese es el criterio, que ha sido admitido además de una manera absolutamente acrítica. Ahora, ¿por qué se lo admite de esa manera? Porque en un contexto de gran escasez de recursos y salarios insuficientes muchos académicos no tienen más remedio que aceptar esas reglas.

En relación al juicio de los pares, el famoso “peer review”, Callinicos se congratula de que Einstein no hubiera estado enseñando en ninguna universidad en 1905, porque en ese caso seguramente, los juicios de sus pares sobre sus trabajos habrían considerado su teoría como un soberano disparate y jamás hubiese sido publicada: “¿que es esto de que el tiempo y el espacio son entidades relativas?” Callinicos dice con un tono sarcástico, menos mal que Einstein trabajaba en la Oficina de Patentes de Ginebra, en Suiza, y entonces no debía lidiar con una estructura universitaria que lo condenaba a “pensar bien” y pudo publicar su artículo que revolucionó para siempre nuestra concepción de la física, del tiempo y del espacio. Y lo mismo uno podría decir, Darwin por ejemplo -que nunca enseñó en una universidad del muy culto, liberal y tolerante Reino Unido- era mala palabra. Imagínense, ¡decir en la Inglaterra Victoriana que descendemos de chimpancés! ¡Esto es un ultraje a nuestra dignidad como personas humanas! Nosotros nos reímos pero, en cerca de una veintena de estados de la unión americana, está prohibido enseñar la teoría de la evolución, porque como dijo el brillante científico George W. Bush Jr, “lo de Darwin no es una teoría sino una hipótesis aún pendiente de confirmación”. Pero este disparate representa muy bien a la América profunda muy reaccionaria, de un cristianismo primitivo donde se dice no, esas ideas no son correctas, el hombre ha sido creado por Dios tal y como lo dice la Biblia y por lo tanto, Darwin es un sacrílego aberrante. Ni que hablar de Freud, a quien lo hubieran considerado un maniático sexual por esa perversa idea de la sexualidad infantil, la libido, el super-yo, el yo, tampoco enseñó en ninguna universidad. Por supuesto, Marx tampoco lo hizo y como él tantos otros.

Pero si eso ocurría antes, en la actualidad la universidad ha reforzado muy fuertemente esa tendencia hacia la uniformidad y el conformismo, lo que hace que la reafirmación del pensamiento crítico sea una tarea sumamente difícil. Coincido plenamente con quienes dicen que la universidad es un espacio que no debemos abandonar, donde tenemos que dar la batalla; pero hay que reconocer que se trata de un espacio que está sumamente acotado, encerrado tras los muros de una falsa “autonomía” que se ha venido convirtiendo en un pretexto para ahuyentar cualquier influencia indeseable proveniente de extramuros. Creo que la manera de romper con ese aislamiento es abriendo amplios canales de comunicación y de vinculación con la sociedad, con las fuerzas y movimientos sociales. Yo personalmente creo que, salvo algunas notables excepciones, el debate teórico o metodológico que se realiza intramuros adolece de un estéril academicismo, como lo demuestran hasta el cansancio las ciencias sociales. El debate sólo puede enriquecerse en la medida en que abrimos las ventanas y penetren las demandas, las protestas, los reclamos de los sujetos sociales en su pugna por cambiar un mundo cada vez más injusto y violento.

Pero esta apertura no está bien vista porque en general todavía persiste de manera muy fuerte en las universidades latinoamericanas una tradición “weberiana” que predica la necesidad de practicar una ciencia neutra, libre de valores. Y muchos de nosotros no somos ni queremos ser neutros, no nos conmueve la realidad social. Recordamos muy bien las sabias palabras que el Dante inscribiera en la entrada del Séptimo Círculo del Infierno: "este lugar, el más horrendo y ardiente del infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad." El hecho de que esta noche como producto de la globalización neoliberal haya 100 mil personas que morirán a causa de enfermedades prevenibles o del hambre es un asunto que no perturba la inmutabilidad de los seguidores de las tesis metodológicas de Weber –si bien no de su práctica política, insanablemente reñida con aquellas- y tal actitud goza del apoyo del academicismo predominante porque su imperturbabilidad ante la tragedia revelaría que los universitarios son gentes rigurosas y serias.

Creo que tal actitud es un signo de barbarie, una muestra del salvajismo que caracteriza a todo pensamiento que pretende hacer que el conocimiento de lo social se desentienda por completo de las tragedias de nuestra época y del holocausto social y ecológico que está desencadenando el capitalismo contemporáneo. En la medida en que las ciencias sociales van asumiendo esta perspectiva -que es la dominante en los países del Norte y que domina sin contrapeso en el mundo universitario estadounidense o europeo- se comprenden las razones de la grave crisis que están sufriendo aquellas disciplinas.

Para ir cerrando: en América Latina tenemos una gran tradición, que tenemos que recuperar, revisar y actualizar. No se trata de una excursión al museo de ideas sino de recuperar un pensamiento social extremadamente importante. América Latina produjo a lo largo del siglo veinte, sobre todo en la década de los 50’ y 60’, grandes innovaciones en todos los sistemas de pensamiento: en la teoría económica con el “desarrollismo” y la revisión que Raúl Prebisch y sus discípulos hicieron de las enseñanzas de John Maynard Keynes. Pero tenemos también el valioso legado de la teoría de la dependencia y, en otros terrenos, de la teología de la liberación, un pensamiento importantísimo, no solo en el campo teológico, sino también en filosófico y en las humanidades. América Latina hizo también grandes contribuciones en el campo de la educación: allí sobresale la extraordinaria obra de Paulo Freire que revolucionó las concepciones pedagógicas dominantes desde hacía siglos, y que está en la base de las exitosas campañas de erradicación del analfabetismo primero en Cuba, después en Venezuela y más tarde en Bolivia. Lo mismo puede decirse en relación a la nueva visión de la ecología y la geografía que aporta Milton Santos, el gran geógrafo social brasileño. O sea, contamos con un reservorio extraordinario de ideas, y tenemos mismo en el siglo veinte la presencia de gente como José Carlos Mariátegui, un pensador formidable, muy poco conocido y que no se lo estudia prácticamente en ningún curso que yo conozca de sociología o pensamiento político. ¿Porque? porque tuvo la doble desgracia de nacer en América Latina y escribir en español. Si hubiera nacido en Francia, Estados Unidos o Inglaterra, sus célebres Siete Ensayos serían texto obligatorio en el estudio de la historia de las ideas del siglo veinte. Pero nació en América Latina, nació en Perú, escribió en español, tenía ideas que iban a contracorriente de las consideradas aceptables y entonces no se lo estudia. América Latina no tiene sólo a ellos: Simón Bolívar aparte de ser un genio militar y un gran estadista fue un pensador de una profundidad extraordinaria; pero nació entre nosotros y escribió en español. Lo mismo podemos decir del maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, o de Francisco Bilbao, el chileno, otro notable pensador de mediados del siglo diecinueve; o de la gigantesca figura de José Martí. Ya en la segunda mitad del pasado siglo, la obra y las reflexiones filosóficas y sociológicas de gente como Fidel y el Che, deberían ser fuente permanente de reflexión y de estudio para los latinoamericanos. El discurso de Fidel en el juicio del Moncada es un análisis sociológico extraordinario de lo que era un país caribeño a mediados del siglo pasado, un análisis de la estructura de clases, su composición, un discurso exento totalmente de retórica que produce un análisis luminoso de lo que era la sociedad cubana en ese momento, pero, ¿quién estudia a Fidel? ¿En qué departamento de sociología se ha tomado alguien la molestia de decir vamos a organizar un curso, sobre el legado, la línea de pensamiento y acción que va desde Martí hasta Fidel pasando por Mariátegui y el Che? Y podríamos pasar por varios otros pensadores en otros países: Aníbal Ponce por ejemplo en Argentina, un pensador muy importante, y así muchos más, en Brasil y en México. No lo hay, porque además quien haga eso simplemente va a ser mal evaluado por los colegas porque estos son textos que no se adaptan a lo que son las reglas del juego, no son autores “respetables”. Hablando de Chomsky, yo les decía recién que sus teorías y análisis no se enseñan en ningún departamento de ciencias políticas de Estados Unidos porque es considerado un pensador que no tiene nada que aportar para el estudio “científico” de la realidad política de ese país. Para el pensamiento oficial todos aquellos que piensan críticamente son figuras extravagantes, excéntricas, que quieren llamar la atención con sus desplantes, que tienen un problema con la autoridad y que por eso quieren que de alguna manera se centre la mirada en ellos.

Este es un poco el argumento normal que se plantea en Estados Unidos. En realidad es un veto ideológico, no se los quiere escuchar porque dicen cosas que son a la vez verdaderas y preocupantes. Cuando una vez le preguntaron a Chomsky cuál es la misión del filósofo dijo: “muy simple, decir la verdad y denunciar las mentiras, esa es la misión del filósofo, el resto son juegos de palabras que no me interesan, un filósofo debe decir la verdad y denunciar las mentiras”. [8] Y lo mismo debe hacer un científico social; por eso el pensamiento crítico es tan peligroso, porque en sociedades como ésta, en donde el orden social se mantiene de manera cada vez más precaria, crecientemente apelando a las mentiras (y si ellas no dan resultado a la represión) el pensamiento crítico se convierte en un objeto molesto, irritante que hay que aplastarlo de cualquier manera, evitar que se instale fuertemente en la universidad y que haya cátedras en donde pueda ser difundido, estudiado, no para tenerlo como un catecismo que hay que repetir, sino como fuente de inspiración. Y me pregunto: ¿qué nos inspira más a nosotros hoy? Yo respondo, como filósofo político que pretendo ser, ¿nos inspira más la lectura de John Stuart Mill, de la última parte del siglo diecinueve en Inglaterra, o la del Socialismo y el Hombre en Cuba, escrito por el Che Guevara a comienzos de los sesentas? Para mí no hay ninguna duda de que este último texto es muchísimo más fecundo en términos de generación de grandes preguntas (no digo de tener allí todas las respuestas pero sí serios interrogantes) que las que aporta un gran autor de pensamiento liberal como Mill. Sin embargo, vuelvo a preguntar ¿en qué cátedra de filosofía política, de teoría política hoy, tenemos la posibilidad de encontrar un examen de toda esa tradición filosófica, política socialista, que encuentra en el Che Guevara algunas de sus expresiones más luminosas?

No hay, punto. Si los investigadores jóvenes quieren sobrevivir en el complicado escenario de la universidad tienen que aceptar las reglas del juego que impone la jerarquía universitaria. No nos olvidemos que la universidad es una estructura sumamente jerárquica, aún pese a los avances de la reforma universitaria, o el cogobierno. Y además porque hay dos tendencias muy fuertes que han aparecido en los últimos 10 o 15 años en la estructura de las universidades y que afectan a las posibilidades de desarrollar el pensamiento crítico: una, la precarización laboral, o sea, cada vez más un número creciente de personas está en la universidad en una situación de incertidumbre laboral que desalienta la adhesión a planteos teóricos considerados inapropiados por las autoridades; y, dos, algo que también señala Callinicos: la pauperización de los universitarios. Este autor hace un análisis muy interesante -válido para Inglaterra pero que en general puede extenderse a otros países del mundo desarrollado y creo que también a nosotros- donde va comparando como evolucionaron a lo largo del tiempo los salarios de los docentes universitarios con los del resto de las profesiones liberales. Y si antes estos más o menos se correspondían con aquéllos, en este momento lo que nota para el caso inglés es que ha habido un desfasaje muy marcado entre las remuneraciones de ambas categorías profesionales, por supuesto que en desmedro de los universitarios. Con lo cual tenemos personas que están en una situación de vulnerabilidad económica y de precariedad laboral, sometidos a la estructura rígida de controles que viene de la mano del Estado a través de los comités de evaluación y las promociones y los incentivos, y encima con un clima ideológico adverso.

Por eso deberemos librar una batalla muy dura, y por eso el hecho de sobrevivir aunque sea para poder tener espacios para discutir disfrutar de iniciativas como esta de la Red Extensa, y producir una articulación fuerte con los movimientos sociales. Este es un dato muy alentador y es lo que nos fortalece el entusiasmo para seguir avanzando, en la convicción de que ese pensamiento crítico sólo podrá ser fecundado a partir de su vinculación con lo que hay fuera de la universidad. Si creemos que el pensamiento crítico va a florecer dentro de las aulas universitarias, cerrándonos al mundo exterior, estamos profundamente equivocados. La única manera en que ese pensamiento crítico va a poder desarrollarse es a partir de aquella vinculación con movimientos sociales, Permítanme cerrar esta presentación contándoles lo que me dijo un colega africano, también preocupado por las vicisitudes del pensamiento crítico en aquel continente. Ante el relato de nuestros problemas él me dijo textualmente lo siguiente: “bueno pero ustedes en América Latina tienen movimientos sociales, tienen sujetos sociales que actúan y protestan; nosotros, en cambio, en África afuera de la universidad no hay nadie. Peor aún, me encuentro con una población abatida, desmoralizada, desorganizada, viviendo al borde de la más absoluta miseria y que no reúne las condiciones más elementales requeridas para armar una pequeña organización. En cambio ustedes al salir de la universidad se encuentran con una plétora de sujetos, fuerzas populares, movimientos sociales, con las cuales dialogar y, de ese modo se enriquecen recíprocamente. Aprovechen esa oportunidad.”

Mi amigo africano tiene razón. Aprovechemos esta oportunidad y sigamos adelante sin desmayo en esta empresa de recuperar y revitalizar el pensamiento crítico.

Muchas gracias.



[1] Cf. Consolidando la explotación. La academia y el Banco Mundial contra el pensamiento crítico (Córdoba: Editorial Espartaco, 2008)

[2] Un lúcido y vibrante racconto de esta historia lo efectúa André Gunder Frank en su “Carta abierta sobre Chile a Arnold Harberger y Milton Friedman”. Esta carta la envió Frank al cumplirse el primer año del gobierno de Pinochet a sus ex-profesores de la Universidad de Chicago, devenidos en activos colaboradores del régimen militar. Ver http://www.purochile.rrojasdatabank.info/genocidio2.pdf

[3] Cf. Pablo González Casanova La universidad necesaria en el siglo XXI (México: Ediciones ERA, 2001) y Boaventura de Sousa Santos, La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipadora de la universidad (Buenos Aires, Miño y Dávila Editores: 2005)

[4] Cf. su “Las universidades en un mundo neoliberal”, en Rebelión, http://www.rebelion.org/docs/91678.pdf

[5] Cf. Fernando Reyes Matta, “Búsqueda de una comunicación democrática. Nuevo orden informativo, 1973-1983”, en Nueva Sociedad (Caracas) Nº.71, Marzo- Abril de 1984, pp. 62-68, y Luis Ramiro Beltrán, “El nuevo orden internacional de la información. El sueño en la nevera”,en Chasqui, Revista Latinoamericana de Comunicación (Quito), Nº 70, Junio 2000.

[6] Callinicos, op. Cit., p. 7

[7] Entre los más importantes dispositivos para medir el “impacto” se encuentran Science Citation Index (SCI), el Social Sciences Citation Index (SSCI) el Arts and Humanities Citation Index (AHCI), el Google Académico y el Scopus.

[8] Sobre el papel de la mentira en la dinámica cotidiana del ejercicio del poder en Estados Unidos, ver Sheldon Wolin, Democracia S. A. (Buenos Aires: Katz, 2009), pp. 363-371.



Hola todas y todos: me acaba de llegar un texto tan agudo y descarnado como preocupante sobre la coyuntura actual de Venezuela escrito por Modesto Emilio Guerrero. Es un trabajo que considero sumamente importante y que, por eso mismo, quiero compartir con ustedes. Estoy seguro que suscitará múltiples discusiones y, sobre todo, enriquecerá nuestra visión del proceso bolivariano.


Venezuela ha ingresado a una zona de turbulencias
Modesto Emilio Guerrero
(Red Eco - Buenos Aires/Venezuela)

Devaluación de la moneda, racionamiento de energía, desplazamientos de funcionarios de alto nivel, ofensiva de calle, discursiva y simbólica de la oposición de derecha dentro y fuera de Venezuela, ineficiencia administrativa y corrupción. Causas y consecuencias para analizar.
Este proceso revolucionario será noticia cuando pase algo y cuando no pase nada. El asunto es qué se informa. En ambos casos la sospecha y la cobertura periodística sobre la sospecha, serán la misma. El enemigo no descansa.



Una simple comparación de lo que pasa en Venezuela, con sucesos sociales, telúricos, económicos y políticos de cinco países en el mismo período (Haití, Perú, México Chile o Argentina) convierte en sospechosa la desproporcionada cobertura dada por las agencias de noticias y televisivas. No solo es desproporcionada, es maliciosamente antichavista.

Es el costo que debe pagar un pueblo trabajador y un líder anti imperialista que decidieron meterse en los torbellinos de un proceso revolucionario. Desafiar el poder de la dominación capitalista no sale gratis. Chávez y la “revolución bolivariana” serán noticia por lo que hacen y por lo que no hagan. El asunto es qué se informa.

En medio de la campaña mediática contra “la dictadura” venezolana, a ningún medio local o del exterior se le ocurrió informar que el 21 de enero el Gobierno puso en marcha el más novedoso sistema de Metrocable del continente, para beneficiar a los barrios pobres de los cerros caraqueños, elevando el nivel de vida en uno de los aspectos más problemático de la vida social venezolana: el transporte. Tampoco que la devaluación, impopular en si misma al licuar parcialmente el ingreso familiar, fue acompañada por un aumento del 25% en 2010, seguida de una campaña nacional contra la especulación que condujo a la estatización de la segunda cadena de supermercado del país. O un hecho notable: a los 5 días de la medida devaluacionista, el costo nacional del dólar se redujo a casi la mitad de la semana anterior: De 8-9 bolívares a 5,8 bolívares por dólar.

En el terreno de la economía la novedad fue la devaluación de la moneda (el Bolívar) en tres bandas. La primera, pasó de 2,15 por dólar a 2,60, aplicado a los productos de primera necesidad; el segundo nivel pasó a 4,30 para una parte de las materias primas no indispensables y para todos los instrumentos de consumo no indispensables (turismo externo, por ejemplo) y una tercera banda que se mantuvo flotando como el "dólar permuta", es decir, el “libre”.
El segundo dato distintivo de la coyuntura fue el desplazamiento del Vice Presidente, que a su vez cumplía la función de Ministro de Defensa. Este hecho se encadenó con la salida de la Ministra del Ambiente, que al ser la esposa del mismo Vice, elevó el tono político, porque además involucró al Presidente del Banco de Venezuela, una entidad estatal de primera línea crediticia. Este titular bancario era una pieza del campo de influencia que había construido el ex Vice Presidente. El tercer acontecimiento fue la violenta y orquestada reacción de la oposición política de derecha, contra la medida estatal de suspender temporalmente las transmisiones de cinco (5) canales internacionales, que operaban en el sistema televisivo venezolano a través de empresas de cable.

Este hecho no se hubiese convertido en noticia si entre los cinco canales internacionales no hubiera estado uno que se hizo notorio a mediados del año 2007: Radio Caracas Televisión (RCTV), un medio de comunicación convertido en tribuna partidaria conspirativa desde 2002. No es el único medio, simplemente es el más parecido a un partido político: funciona como el Estado Mayor de una de las fracciones más agresivas de la derecha venezolana.
Al día 29 de enero, cuatro canales estaban de nuevo en las pantallas, menos RCTV, que se niega a cumplir las normas jurídicas. Y la razón es simple: es la manera de victimizarse internacionalmente y convertirse en bandera política en las calles.

Los cinco canales fueron suspendidos por incumplir las normas de dos instrumentos jurídicos que regulan las transmisiones audiovisuales en el país: la Ley de Responsabilidad Social de la Comunicación y el Reglamento de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), una norma aprobada en diciembre pasado.

No es una casualidad o estado de locura temporal, que la consigna central de las acciones estudiantiles y de la campaña mediática internacional, sea la vuelta de RCTV. Este canal “internacional” apenas ocupa el 7% de la audiencia nacional. Desde el 26 de enero se convirtió en el disparador de la violencia desatada, con tres muertos, dos de las filas del chavismo, uno de los contrarios. La reacción ha incluido varios cacerolazos en la Capital y tres Estados provinciales, dos intentos de ocupar CONATEL y los estudios del Canal 8, el más importante del sistema público y el de mayor rating en el espectro nacional radioeléctrico.

El cuadro se completó con el cruzamiento entre deporte y política, algo usual en países como Argentina y Brasil, pero casi desconocido en Venezuela. La oposición de derecha usó los juegos del Campeonato Nacional de Béisbol para hacer propaganda contra el Presidente con la consigna "Chávez tas ponchao", que trasladado del argot beisbolero sería algo así como "Chávez estás quebrado, jodido o expulsado". Este hecho no habría pasado de ser una anécdota menor en otro momento. La repercusión política la adquirió al cruzarse con la polarización emotiva que vive la población desde finales de diciembre, al ver a sus dos equipos preferidos (Leones el Caracas y Magallanes de Carabobo) compiten por el título más soñado en el deporte nacional.
Pero un dato alteró la sistema nervioso de los encopetados señoritos y señoras en las clases medias caraqueñas: El Presidente Chávez es fanático del equipo que va ganando, y en su conocido estilo, ha celebrado los triunfos del Magallanes con entusiasmo y orgullo públicos.

Esas apariciones de la derecha en los Studium pidiendo la salida del Presidente es otro de los dispositivos en las acciones de este año hasta las elecciones legislativas de septiembre. Veremos otros similares en escenarios distintos. Ese es el plan. Se conoce en Venezuela como “calentar la calle”. El 29 de enero lo dijo con franqueza Angelitz Yañez, una dirigente de la Universidad Católica Andrés Bello, controlada por la oposición: “Haremos acciones sorpresa, no diremos acá dónde, pero el Gobierno nos verá en todos lados, cuando menos lo espera” (Asamblea de estudiantes, Caracas, viernes 11am, reportaje Globovisión).

El último combustible de la situación es el racionamiento de energía eléctrica. Desde diciembre comenzaron "cortes de luz" de una a tres horas por día, en un país furiosamente acostumbrado a consumir luz eléctrica con la misma irracionalidad que compra gasolina a dos centavos de dólar el litro. Esto vale para la clase media, pero también para las familias obrera y barrial. Cualquier lector de prensa sabe que el racionamiento eléctrico es un hecho corriente en muchos países del mundo. El gobierno bolivariano no lo tiene permitido por la “opinión pública”, según los titulares de las agencias. Ni siquiera se menciona que es un racionamiento comedido (2 horas diarias el promedio nacional) si se lo compara con otros países (Perú, Paraguay, zonas de Brasil, provincias del sur de España y norte de Portugal, Tokio, sur de México y norte de Guatemala, además de media África). Menos espacio información merece que el Gobierno ha iniciado en noviembre de 2009 un plan de inversiones no previstas y la adquisición de equipos térmicos de avanzada tecnología para asegurar la energía en Estados clave como Falcón, Zulia, Valencia, Caracas y Lara.

Estos hechos, entre otros difusos o menores, y sus efectos político-sociales y mediáticos, se explican por una combinación compleja y dinámica de causas en pleno desarrollo.
Venezuela ha ingresado en una zona de turbulencias con expresiones en la vida económica, social, climática, política y mediática. No está descartado que también afecte el sector militar, al que llegan centenares de mensajes de texto y envíos por twiter desde el 26 de enero.
Este proceso comenzó meses antes, pero es en este mes de enero cuando sus elementos más explosivos se mezclaron a favor de una ofensiva de la oposición de derecha.
Honduras y Chile no están ausentes del escenario y sobre todo del imaginario de la derecha venezolana. Ambos casos son invocados por los discursos y banderas en sus acciones. Honduras como el “modelo” a seguir para destituir exitosamente a un Presidente y echar a un régimen insumiso a EE.UU. Chile, como el avance de la derecha capitalista en el continente. Esos dos ejemplos están acompañados por el éxito de la derecha en Panamá y Colombia, además de Argentina.

Para el Gobierno el acto de calle del 23 de Enero, celebratorio de la Revolución de 1958, fue el comienzo de lo que Chávez definió como “Campaña Admirable” (una referencia histórica a la batalla dirigida por Simón Bolívar desde la actual Colombia en 1813, que condujo a la reconquista de lo que hoy es Venezuela, algo similar al cruce de Los Andes por San Martín en el sur). Pues, para la derecha también fue el inicio de su propia campaña, aunque poco admirable por sus métodos y referencias.

En esta perspectiva, hay dos fechas clave para medir las perspectivas y su evolución en los terrenos social y electoral: septiembre de 2010 (elecciones de Diputados a la Asamblea Nacional ) y diciembre de 2012 (elección de Presidente). El chavismo, visto desde las condiciones de hoy, no está en las mejores condiciones, sobre todo para la primera fecha.

En una parábola que la aproxima a Argentina, 2010 será un referéndum aproximado para la prueba de 2012, pero en el contexto climático de una sociedad polarizada entre revolución y contrarrevolución. Esa es la diferencia con el remilgado caso argentino, donde la presencia sobrenatural de Zulma Lobato, Mirta Legrand y Ricardo Fort dominan la imagen y los titulares.
Los tres muertos de enero en Mèrida y Zulia, los intentos de ocupación de edificios públicos, las movilizaciones de estudiantes de primaria, secundarias y universitaria, la invisibilización de la obra pública, la devaluación y otros elementos sensibles, son sus armas de ataque, en un país que solo puede comprenderse en códigos de “guerra civil” en el terreno de la política.
De allí que hechos menores como RCTV, o una pancarta contra Chávez en un estadio de Béisbol, adquieren consistencias y expresiones noticiosas desmesuradas, incomprensibles en un país “normalizado” como Argentina, Costa Rica, o Jamaica.

Las causas de las causas y sus consecuencias inevitables

Venezuela ingresó a la cadena de crisis de las economías latinoamericanas en el tercer trimestre del 2008 cuando su PBI descendió del 7,2% al 3,8; desde entonces solo decrece. Al final del año 2009 se registró una contracción acumulada anual de –2,9%. (BCV/CADIVI, Caracas, enero 2010)

La recesión capitalista internacional y la fragilidad de la economía rentista petrolera producen un fenómeno de apariencia paradojal: a pesar de la mayor inversión pública per capita del hemisferio ( 2004 a 2007, CEPAL, 2008) distribuida en la sociedad pobre y en la infraestructura territorial urbana y campesina, el gobierno no ha podido romper la línea de fragilidad de una economía tradicionalmente extractiva, mono productora, rentista y parasitaria.
Era (y sigue siendo) necesario por lo menos un lustro para ver los resultados de una masa de inversión evaluada en 54.000 millones de dólares, aplicada en un poco más de cuatro años sobre varios rubros económicos y sociales, uno de ellos la profesionalización acelerada de sus jóvenes.
El tiempo político de la masiva inversión del gobierno de Chávez no coincidió con el tiempo de la crisis capitalista mundial. Menos coincidirá con la urgencia imperialista de distorsionar y demoler la construcción revolucionaria que realiza el gobierno bolivariano.

El resultado es un agujero fiscal de más del 8% del PBI durante 2009, originado en tres causas:
A) La caída de los precios del petróleo a casi la mitad en menos de un año,
B) El descenso estrepitoso de la producción-exportación no petrolera (apenas el 13% del PBI),
C) Una desproporcionada (digamos, no planificada) masa de inversión en importaciones, que incluyen las indispensables para salud, alimentación (40%), y las necesarias para cumplir el Plan de Desarrollo Simón Bolívar 2007-2013, que intenta convertir a Venezuela en una potencia mediana. Pero también registra las importaciones financiadas por el Estado (CADIVI, PDVSA y Banco Central) que son cuestionadas por fraudulentas; algunas quedaron en las manos de la boliburguesía, pero la mayoría de esos dólares fue captada por empresarios: “Entre agosto de 2008 y diciembre de 2009, se liquidaron 56.101 solicitudes de dólares para importaciones por 1.662,78 millones dólares”. De esta suma, la mayor parte fue derivada a “importaciones improductivas”, hasta que el gobierno decidió intervenir en CADIVI y someter a investigación a 351 empresas “por irregularidades en los procesos de importación de bienes”. (H. Chávez/CADIVI, Informe a la Asamblea Nacional , enero 2010)

Esta masa de capital para importación sobrepasó el nivel histórico conocido en el país. Según estudios de CADIVI, el promedio de inversión por habitante en 2008 fue superior a 2.000 dólares, el más alto del continente, superior a las del Brasil, Argentina y México.
En contraste con la caída de la producción manufacturera industrial (–7,2%, entre 2007 y 2009), las importaciones sumadas desde 2003 a 2009, crecieron 479%, suficientes para hacer saltar cualquier modelo de acumulación, si es que no tiene cómo sostenerse y traducirse en producción-exportación-capital, en el corto o medianísimo plazo.

Ese plazo es que le niegan a la “revolución bolivariana” tres actores de la economía y la política mundial: la crisis capitalista internacional, el gobierno de Estados Unidos y la burguesía venezolana y latinoamericana. Su manifestación más reciente la estamos viendo en las calles de Venezuela y en las pantallas del mundo desde el 26 de enero.

Pero estos factores externos no actuaron solos. Han estado bien acompañados por otros menos visibles, aunque bastante conocidos en Venezuela:

a) La ineficiencia administrativa de una parte de los ministerios, gobernaciones y alcaldías. Basta escuchar las quejas locales de la gente chavista para entenderlo. La más escandalosa expresión es la crisis eléctrica. No por sus expresiones en la media capitalista, sino por sus orígenes. Desde mediados los años 80 se conocen estudios realizados por grupos ecologistas de la izquierda venezolana, advirtiendo sobre la sedimentación arenosa de la Presa del Guri por obra de la tala criminal y la minería ilegal en la Amazonía venezolana lindante con el Brasil. De la presa del Guri emergía el 78% de la energía eléctrica del país. En 2008, un grupo de ingenieros chavistas del Colegio de Ingenieros de Caracas avisó a la entidad nacional Corpoelec, de la necesidad de invertir alrededor de 5 mil millones de dólares en el sector hidroeléctrico para hacerlo sustentable ante el peligro de sequía y agotamiento de las presas. Sin duda: el desastre natural causado por el cambio climático que dio origen al “fenómeno del Niño”, con un desecamiento de las fuentes de más de 9 meses continuos, hizo inevitable (pero no imprevisible) la crisis de la electricidad que padece la población venezolana desde mediados de 2008. El Guri bajó en un año una cota de 9 metros de agua dulce y eso no es culpa del gobierno, pero no es útil a nadie, menos al proceso revolucionario, negar las causas anteriores que le facilitaron al fulano “Niño” malo sus desmanes fluviales. A este hecho “natural” debe sumarse la ineficacia burocrática. Un ejemplo, es la estatización de las empresas eléctricas, hace unos tres años. Este avance en la economía, no significó lo más elemental de un gerente nuevo: realizar un informe del “estado de situación”, un diagnóstico del sector, para prever y realizar inversiones de renovación, actualización tecnológica, ampliación de plantas. Sobre todo porque el 70% de la generación en Venezuela es hidroeléctrica, y en los últimos 5 años sufrió un incremento del 25%. La burguesía venezolana manejó ese sector hasta 2007 y se había “olvidado” de instalar nuevas plantas hace 25-30 años, pero lo peor: de los 9.000 trabajadores, 3.000 eran tercerizados, reduciendo por efecto humano derivado, la moral de trabajo. Construir una planta eléctrica promedio tarda 4 años. El gobierno planea construir una planta de 2.500 megavatios en dos años, superando las previsiones. El problema radica en que se dejaron acumular los factores de una crisis que era previsible. La calamidad entonces se hizo inexorable. Y el enemigo la está convirtiendo en arma de guerra, como convierte en mercancía alienante todo lo que toca.

b) Un aspecto derivado de lo anterior es el derroche de recursos, especialmente de energía y materias primas. El siglo XX mostró que este es un rasgo propio de regímenes estatales altamente burocráticos, tanto capitalista como no capitalista. Como se sabe por la teoría económica más antigua, es una de las bases de la improductividad del trabajo humano y su valor relativo en el mercado mundial. Este derroche tiene una base de sedimentación social en la reciente historia venezolana. El consumismo impuesto por la cultura capitalista hace más de 80 años hace evaporar 700.000 barriles anuales de petróleo en el parque automotor que inunda las ciudades venezolanas. Caracas, por ejemplo, soporta 2 millones 200 mil autos en una población de 3 millones dentro de un pequeño valle de 120 Km² poblado de edificios y autopistas. (Últimas Noticias, Caracas, 21 de enero 2010)

c) Otro aspecto que media orgánicamente entre la ineficiencia y el derroche es la corrupción. En la Venezuela bolivariana se instaló la corrupción como un sistema funcional al ritmo del crecimiento del ingreso petrolero entre 2002 y 2008. La vieja corrupción fue sucedida por otra del mismo signo, aunque más frágil. Un buen ejemplo de ese sistema es este: el 17% del Presupuesto Nacional de 2006-2008 fue controlado hasta hace poco por un grupo de bancos pequeños, expropiados tardíamente en diciembre de 2009. Estos banquitos privados estuvieron manejados por figuras intermedias del chavismo, miembros de la llamada “boliburguesía”, relacionados gerencialmente con viejos y nuevos grupos de la burguesía local e internacional.

No han sido suficientes las denuncias constantes del propio Presidente Chávez contra los corruptos a quienes llama “traidores”; o el encausamiento judicial de centenas de ellos, algo jamás visto en el país, o las renuncias de varios ministros involucrados directa o indirectamente (otra novedad en la historia de la corrupción venezolana). Este flagelo vive asediado por el rechazo masivo y politizado de millones de militantes y votantes bolivarianos que lo denuncian en los organismos o en sus medios comunitarios.

Una primera conclusión es que el gobierno ya no podrá sostener con la misma seguridad todas las Misiones Sociales y los planes de mejoramiento del nivel de vida de la población. Esta masa de inversión venía colocando al país entre los más cercanos a cumplir las Metas del Milenio, según el Informe de la UNESCO , de enero de 2010.

Allí nacen dilemas sociales y económicos con expresiones en las alturas institucionales.
Esta reducción de la masa de dinero disponible está alimentando un entredevoramiento dentro del aparato estatal, protagonizado por cuatro o cinco grupos de poder, además de la depredación que hacen los empresarios antichavistas. La caída del grupito de bancos expropiados en diciembre, todos ligados a la inversión estatal, así como el desplazamiento del Vicepresidente, entre otros hechos menos conocidos fuera del país, y los que están por verse en los meses venideros, contienen todas las tensiones nuevas vividas en las alturas del poder y en la sociedad misma. Al tener una oposición tan frágil, el chavismo absorbe los problemas gruesos del exterior y de la Nación. Se expresan en forma de pujas, competencias y desplazamientos en el aparato de Estado y en desplazamientos de las placas tectónicas de la “revolución bolivariana”. La moral de lucha de los bolivarianos ha comenzado a moverse hacia atrás.

En el medio de este cruzamiento de líneas de tensión está el Presidente, única personalidad nacional reconocida por adhesión o por rechazo. Su imagen y audiencia siguen siendo altas en la mayoría de la población, pero con una novedad: capas de la vanguardia (que en la Venezuela de hoy se cuenta por cientos de miles), y franjas sensibles de la población que vota por Chávez desde 1998, han comenzado a desmoralizarse, enojarse, fastidiarse, disgustarse, afligirse, aburrirse, etc., etc. Cualquier sinónimo sirve para develar el comienzo de una declinación en la base social que sostiene a Chávez en la Presidencia y al proceso revolucionario como protagonista en la vida nacional. Esto es lo más importante y malo de lo nuevo.

El propio presidente Chávez reflejó sensiblemente este estado de cosas en su discurso del 23 de Enero. Utilizó dos horas de su discurso para hacer la historia de las traiciones desde 1810 hasta hoy, y la hora restante para exigir “absoluta lealtad” en la campaña política iniciada ese día con el objetivo de mantener la mayoría en la Asamblea Nacional.

“No nos podemos dar el lujo de perder la mayoría en la Asamblea ”. “!Imagínense a los escuálidos manejando la Asamblea , se paralizaría todo, me impediría gobernar!”. “No hay tiempo que perder, adelante, adelante, adelante”. Mientras escuchábamos el discurso no se podía observar el mismo Chávez ofensivo de otras batallas, sino uno preocupado por la sustentabilidad de su proyecto y su gobierno. Incluso el llamado a fortalecer el poder popular, y los reclamos públicos a sus colaboradores en el gabinete, señalan la misma latencia.

Un análisis que inscriba la semiótica de este discurso del 23 de enero en la realidad interna del chavismo y la vida social venezolana de hoy, daría como resultado una altísima preocupación casi desesperada del líder del proceso venezolano.

Allí nacen los más importantes dilemas del chavismo, Chávez y la revolución bolivariana a 10 años de su nacimiento. Chávez tiene razón en los alertas lanzados en la plaza repleta el 23 de enero en Caracas, el asunto es cómo resolverlo, y para eso hay un solo camino: fortalecer el poder popular que existe disperso en Venezuela; hacerlo hasta el punto que sea capaz de asumir funciones gubernamentales, sustitutivas del frágil poder institucional actual.
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