En medio de las festivas celebraciones del Bicentenario quiero compartir con ustedes las palabras del Che, que son un sobrio recordatorio del carácter inconcluso de la gesta independentista en Nuestra América y de la necesidad de llevar a término lo que los luchadores del pasado no pudieron concluir.

EL CHE Y EL 25 DE MAYO


En 1962, un grupo de argentinos que vinieron a Cuba a participar en las celebraciones por el 1 de mayo de ese año, y otros que compartían los intensos años iniciales de la Revolución, le pidieron al Comandante Ernesto Che Guevara que les acompañara en la actividad que celebrarían el día 25 del mismo mes para homenajear la fecha nacional de la nación sudamericana, el Día de la Independencia

El centro recreativo de Río Cristal fue el lugar escogido para la velada, cuya organización incluyó un tradicional asado argentino, mate (bebida típica de ese país); guitarras, danzas, canciones pampeanas, escarapelas con los colores nacionales celeste y blanco¼

El Che se entusiasmó tanto, que al decir de los organizadores argentinos, la fiesta fue entonces más grande. Participaron entre 300 y 400 personas, de ambos pueblos y artistas de los dos países.

Aquella conmemoración alcanzó significativa relevancia por el discurso que pronunciara el Che, calificado como una verdadera pieza política continental desde el territorio de la primera Revolución Socialista del hemisferio occidental.

Las palabras pronunciadas por el Guerrillero Heroico fueron recogidas en un pequeño folleto por los propios compañeros argentinos, por lo que al reproducirlas hoy en Granma se les descorren el velo de prácticamente inéditas y al propio tiempo constituyen el homenaje de nuestro pueblo a este 25 de mayo, día del Bicentenario de la Argentina.


Queridos compatriotas de toda América, queridos coprovincianos, los que hoy festejamos una de nuestras fechas patrias:

Este momento, repetido muchas veces en el curso de nuestras vidas, tiene hoy una significación especial, un tono y un colorido especial. Es aquí, en otro país de América, en nuevas condiciones de América, donde festejamos una vez más el 25 de Mayo. Esta vez no se escuchan los discursos consabidos y no existe la fanfarria consabida, las palabras huecas con que los gobernantes de turno tratan siempre de hacerse copartícipes en la gloria de los viejos próceres. El 25 de Mayo, aquí en Cuba, tiene para nosotros pues, características especiales, tan especiales como que un argentino de voz extranjera a nombre del gobierno cubano, salude y agasaje a todos ustedes y les trasmita la felicitación de nuestro gobierno.

Son las nuevas condiciones de América, condiciones que han ido madurando a través del tiempo, que han ido consolidando esta nueva Era en que vivimos, este nuevo momento histórico del cual Cuba tiene la gloria especial de ser el iniciador en América. Por eso al hablar de movimientos emancipadores, al recordar las viejas gestas de nuestras guerras de independencia tenemos forzosamente que recordar la Cuba de hoy, porque esta Cuba de hoy es parte de un viejo esfuerzo de las masas por obtener su liberación definitiva, esfuerzo que ni siquiera en Cuba ha alcanzado un éxito total, todavía tenemos que luchar para liquidar viejas formas económicas que nos oprimen, para librarnos de todos los problemas que nos ha traído en nuestro desarrollo la dependencia de los capitales extranjeros, la dependencia fundamentalmente de los monopolios norteamericanos y para defender la parte de libertad y de bienestar de nuestro pueblo que hemos logrado en estos años de lucha.

El 25 de Mayo de 1810 significó en América un grito más dentro de los muchos gritos que se dieron por aquella época en diversos países. El monopolio español estaba ya llegando a sus finales y por todos lados los pueblos trataban de ganar su libertad. En Bolivia, un año antes se había dado un grito parecido. Por el otro lado de América había empezado ya también la lucha por la libertad. No fue ese grito del 25 de Mayo de 1810, ni el primero ni el único, sin embargo tuvo la virtud especial de afianzarse y consolidarse, tuvo la virtud del triunfador en aquellos momentos.

Y la Revolución Cubana hoy ha sido igualmente, no el único grito, ni siquiera el primero, ha habido en esta época gloriosas revoluciones que han tratado de dar el paso que hoy dio la Revolución cubana, pero todavía no estaban todas las condiciones dadas y los gobiernos surgidos de movimientos populares fueron siendo derrocados. El caso más avanzado, más patético es el de la Guatemala de Arbenz que fue destrozada por los monopolios norteamericanos. Cuba también, como los héroes del 25 de Mayo de 1810, no tiene otra virtud especial, no es nada más ni nada menos, que la exposición de cómo un pueblo puede lograr su victoria, no original, no en base a planteamientos que se hayan imaginado por primera vez, no usando una estrategia por primera vez descubierta en la historia, simplemente, aprovechando el momento histórico en que se de-sarrolló, utilizando acertadamente la estrategia revolucionaria, unificando a todas las masas anhelantes de un cambio mediante el liderazgo de un movimiento que supo en un momento dado interpretar las aspiraciones del pueblo cubano bajo la dirección de un líder de características extraordinarias que, como todos los grandes líderes, supo aglutinar a todo el pueblo de Cuba.

En las condiciones especiales en que nosotros estábamos, luchando desde la Sierra en las difíciles condiciones de la guerrilla, en los campos, unificar un ejército campesino que avanzó sobre las ciudades, que unió así a la clase obrera, que derrotó al ejército en una y en muchas batallas campales y que llegando desde el campo entró en la ciudad y después se dedicó sistemáticamente a destruir el viejo orden establecido, empezando naturalmente por el arma más poderosa de la reacción que es el ejército, porque no hay revolución triunfante que no tenga como imposición primera la de cambiar totalmente el ejército vencido, reemplazarlo por un nuevo ejército y establecer el dominio de clase.

Eso hicimos nosotros y esa es nuestra virtud, esa es la experiencia que podemos mostrar a los pueblos del mundo y sobre todo a los pueblos de América, con más fuerza, con más patetismo porque hablamos el mismo idioma, hemos vivido la misma experiencia y nos entendemos muy fácilmente cuando estamos en uno u otro país. Por eso mostramos aquí una experiencia, naturalmente no la única, no pretendemos de ninguna manera que esta experiencia cubana marque el único camino para la liberación de América, pero sí uno importante, la demostración efectiva de que los ejércitos represivos se pueden destruir, que el pueblo puede ir armando a su vanguardia combatiente enseñándole a combatir, a destruir al ejército adversario, a acosarlo y al final a pulverizarlo.

Podemos nosotros también mostrar aquí como crece, como se desarrollan las masas, uno de los fenómenos más interesantes que es el fenómeno del desarrollo de la conciencia revolucionaria.

Todos sabemos que se necesitan, para que haya una revolución, condiciones objetivas y subjetivas y se necesita que el gobierno objeto de la revolución esté sufriendo embates fuertes y haya perdido su capacidad de reacción. Las condiciones objetivas están dadas en toda América. No hay país de América donde no estén en este momento dadas al máximo las condiciones subjetivas, sin embargo, no han madurado en todos los países con igual intensidad.

Nosotros demostramos que las condiciones especiales de Cuba, las condiciones subjetivas iban madurando al calor de la lucha armada, que la lucha armada era un catalizador que agudizaba las luchas, que llevaba hasta el paroxismo estas luchas y que iba haciendo nacer una conciencia. Condiciones subjetivas nosotros las llamamos a la conciencia de la necesidad de un cambio en una situación social dada y a la certeza de la posibilidad de ese cambio.

La necesidad de un cambio la conocen muy bien las masas de toda América, la posibilidad de un cambio, la posibilidad de tomar el poder es algo que no siempre se conoce, los pueblos no siempre conocen su fuerza y la lucha armada en Cuba fue desarrollando esa fe del pueblo en su poder, hasta convertirlo en una certeza de la victoria y hasta hacer que esta fe nos hiciera lanzarnos contra las armas del enemigo, derrotar su superioridad numérica en cuanto a soldados armados, su superioridad de fuego, la superioridad de sus armas modernas, atacarlo a veces en condiciones de uno a diez y destruirlo en todos sus focos hasta obtener el triunfo.

Después llega la otra etapa, la que estamos viviendo, más difícil, más ardua quizás que la misma etapa de la guerra. Una vez más repito que eso es lo que nosotros tenemos que mostrar ante ustedes, tenemos la obligación y el deber moral de mostrar tal cual es, no para copiarlo, sí para estudiarlo, sí para analizarlo.

Cuando el tiempo siga su curso y también la Revolución Cubana se convierta en objeto de estudios históricos y algunos de los que participaron en esta Revolución sean catalogados por las generaciones venideras como héroes de este momento, entonces la Revolución tendrá estas virtudes las que ahora he enumerado, las virtudes de haber demostrado ante América lo que puede hacer un pueblo en armas cuando está bien elegida su estrategia revolucionaria y cuando está bien dirigido su Ejército Revolucionario.

Naturalmente, en América hay condiciones diferentes, hay países con grandes condiciones para la lucha de guerrillas y países con campesinados muy fuertemente desarrollados donde se hace mejor la guerra, hay países donde la clase obrera, las poblaciones urbanas son mucho mayores y donde las condiciones para una guerra son más difíciles. Nosotros no somos técnicos especialistas en subversión como hay técnicos especialistas contra la subversión, sin embargo sabemos una cosa y es que un hombre armado vale tanto o más que otro hombre armado de acuerdo con la ideología con que lleve su arma y que para que un hombre esté armado tiene que conseguir un arma y que las armas no nacen por generación espontánea ni están tiradas a la vuelta de la esquina, las armas están en poder del ejército enemigo, del ejército opresor. Para lograr la liberación revolucionaria hay que tomar las armas, las pocas que haya y con esas quitar nuevas armas y convertir el pequeño ejército en un gran ejército popular (aplausos).

Perdónenme compañeros mi insistencia castrense en las armas. Sucede que estamos evocando un día en el cual el pueblo argentino manifestó su decisión de tomar la independencia contra el poder español y después de hacer el cabildo abierto y después de aquellas discusiones de las cuales año tras año recordábamos en actos como éstos, después de escuchar las manifestaciones de los obispos españoles que se negaban a la independencia y manifestaban la superioridad racial de España, después de todo eso, hubo que instrumentar aquel triunfo político de un momento y entonces el pueblo argentino tuvo que tomar las armas. Pero aún más compañeros, después de tomar las armas y expulsar de todas las fronteras al invasor español, había que asegurar la independencia de la Argentina, asegurando también la independencia de las hermanas naciones de América. Y los ejércitos argentinos cruzaron los Andes para ayudar a la liberación de otros pueblos y cuando se recuerda las gestas libertadoras siempre nuestro orgullo, más que el de haber obtenido la libertad de nuestro territorio y haber sabido defenderlo de la intrusión de la fuerza realista, es el haber cooperado a la liberación de Chile y a la liberación del Perú con nuestras fuerzas, con nuestros ejércitos.

Aquello era más que un altruismo de las fuerzas revolucionarias, era una necesidad imperiosa, era el dictado de la estrategia militar para obtener una victoria de alcances continentales donde no podía haber victorias parciales, donde no podía haber otro resultado que el triunfo total o la derrota total de las ideas revolucionarias y ese momento de América se repite hoy. Aquí en esta pequeña isla del Caribe rodeada de mar, rodeada de enemigos también, se vuelve a repetir la historia que la Argentina una vez vivió.

Nuestra Revolución es una Revolución que necesita expandir sus ideas, que necesita que otros pueblos la abracen, que necesita que otros pueblos de América se llenen de bríos, tomen las armas o tomen el poder, lo mismo da, porque en definitiva al tomar el poder hay que tomar las armas después y nos ayuden, nos ayuden en esta tarea que es la tarea de toda América y que es la tarea de la humanidad, la tarea global de luchar por la destrucción del enemigo monopolista, imperialista, que no va a ser derrotado sino cuando el último de sus magnates vaya por lo menos a la cárcel sino al patíbulo, que no puede terminar antes, que no puede terminar sino con la derrota total del imperialismo.

La derrota total del imperialismo se está creando cada día que las fuerzas populares dan una batalla y la ganan en cualquier lugar de América o del mundo, tan hermanos nuestros, tan hermanos en nuestro destino son los pueblos de América en este momento como son los pueblos del Asia o del África, tan hermano nos sentimos nosotros en este momento del pueblo de Venezuela, de Paraguay o del Perú, o del pueblo de Argentina, como de los pueblos de Argelia que obtienen su independencia, de los pueblos de Vietnam o de Laos que todos los días perecen por obtener la independencia.

Todo es parte de una sola lucha y es verdad cuando el imperialismo lo llama con un denominador común, porque aún cuando las ideologías cambien, aún cuando uno se reconozca comunista o socialista, peronista o cualquier otra ideología política en determinado país, solamente caben dos posiciones en la historia: o se está a favor de los monopolios o se está en contra de los monopolios (aplausos). Y todos los que están en contra de los monopolios, a todos ellos se les puede aplicar un denominador común, en eso los norteamericanos tienen razón, todos los que luchamos por la liberación de nuestros pueblos luchamos al mismo tiempo, a veces aunque no lo sepamos, por el aniquilamiento del imperialismo y todos somos aliados aunque a veces tampoco lo sepamos, aunque a veces nuestras propias fuerzas las dividamos en querellas internas, a veces en discusiones estériles, dejamos de hacer el frente necesario para luchar contra el imperialismo.

Pero todos, todos los que luchamos honestamente por la liberación de nuestras respectivas patrias, somos enemigos directos del imperialismo. En este momento no cabe otra posición que la de lucha directa o la de colaboración, y yo se que ninguno de ustedes es colaborador del enemigo, que ninguno de ustedes está ni remotamente a favor del imperialismo y que todos están decididamente por la liberación de Argentina (aplausos) liberación, porque la Argentina está de nuevo encadenada, cadenas a veces difíciles de ver, cadenas que no siempre son visibles para todo el pueblo, pero que la están amarrando día a día. El petróleo se va por un lado, compañías norteamericanas entran por todos los lados del país, viejas conquistas van cayendo y todo eso se produce lentamente, como un veneno sutil que va penetrando así en la Argentina como en muchos otros países de América.

Sin embargo el pueblo reacciona, reacciona con vehemencia frente a esta penetración que es sutil en términos generales, pero que siempre se asienta sobre las espaldas del pueblo y cuando los gobiernos tratan de lavarse las manos con una elección, suceden para ellos fracasos como el de la última, entonces viene la intervención descarada del imperialismo, de sus títeres, de todos sus edecanes. Entonces vuelve una situación ya conocida y vuelven las luchas de las masas populares.

Si los caudillos de la reacción son hábiles, tal vez las encaucen hacia nuevas formas en que pueda permitirse otra burla más. Si los caudillos de la reacción no son lo suficientemente hábiles o si el pueblo es más avizor que ellos, puede ser que el impulso de las masas llegue más allá de donde se ha llegado hasta ahora, puede ser que se dé el paso necesario para que la clase obrera tome el poder, puede ser que las masas de obreros y campesinos de nuestro país aprendan algún nuevo camino o sigan por caminos ya conocidos y destruyan un poder que está vacilante ya, que se basa en este momento en el miedo a la bayoneta, en la desunión de nuestras fuerzas, en la falta de conciencia de la posibilidad del cambio, de la posibilidad de la lucha, de la fuerza inmensa del pueblo, de la debilidad comparativamente enorme de la fuerza represiva.

Si nuestro pueblo aprende bien las lecciones, si no se deja engañar de nuevo, si no suceden nuevas y pequeñas escaramuzas que lo alejen del objetivo central que debe ser tomar el poder, nada más ni nada menos que tomar el poder, podrán darse en la Argentina condiciones nuevas, las condiciones que en su época representa el 25 de mayo, las condiciones de un cambio total, solamente que en este momento de colonialismo y de imperialismo el cambio total significa el paso que nosotros hemos dado, el paso hacia la Declaración de la Revolución Socialista y el establecimiento de un poder que se dedique a la construcción del Socialismo.

En fin de cuentas el Socialismo es una etapa económica de la humanidad, no podemos escapar, querámoslo o no, el pasar por esta etapa, podemos sí retardarlo y podemos también adelantarlo, esa es la parte que corresponde de la lucha a los dirigentes de las dos grandes fuerzas en pugna.

Si la reacción sabe manejar sus cañones, sus armas de división, su arma de amedrentamiento, quizás durante muchos años podrá impedir que llegue el Socialismo a un país determinado, pero también si el pueblo sabe manejar su ideología correctamente, sabe tomar su estrategia revolucionaria adecuada, sabe elegir el momento para dar el golpe y lo da sin miedo y hasta el fondo, el advenimiento del poder revolucionario puede ser a muy corto plazo en cualquier país de América, y concretamente en la Argentina.

Eso, compañeros, el que se repita la experiencia histórica del 25 de Mayo en estas nuevas condiciones, depende nada más que del pueblo argentino y de sus dirigentes, es decir, depende de ustedes en cuanto a pueblo y en cuanto a dirigentes; de tal manera que también una gran responsabilidad cae sobre ustedes, la responsabilidad de saber luchar y de saber dirigir a un pueblo que hace tiempo está expresando en todas las maneras concebibles, su decisión de destruir las viejas cadenas y de liberarse de las nuevas cadenas con que amenaza amarrarlo el imperialismo. Tomemos pues el ejemplo manido de Mayo, el ejemplo tantas veces distorsionado de Mayo, tomemos el ejemplo de la Revolución libertadora que salió de sus fronteras, inundó con una ideología nueva, que no era propia, pero que había encarnado en sí para trasladarla a América.

Y pensemos en estos momentos de América, en estos mismos momentos en que una especie de 25 de Mayo se ha dado en la zona del Caribe, en que desde aquí se lanzan proclamas revolucionarias que llegan a todos los pueblos de América y en que la Segunda Declaración de la Habana luce algo así como una declaración de los derechos del hombre para los pueblos de aquella época.

Pensemos en la unidad indestructible de todo nuestro Continente, pensemos en todo lo que nos ata y nos une y no en lo que nos divide, pensemos en todas nuestras cualidades iguales, pensemos en nuestra economía igualmente distorsionada, igualmente aherrojado cada pueblo por el mismo imperialismo, pensemos en que somos parte de un ejército que lucha por su liberación en cada pedazo del mundo donde todavía no se ha logrado. Y aprestémonos a celebrar otro 25 de Mayo, ya no en esta tierra generosa sino en la tierra propia y bajo símbolos nuevos, bajo el símbolo de la victoria, bajo el símbolo de la construcción del Socialismo, bajo el símbolo del futuro. (Aplausos).


8 comentarios:

José dijo...

José.
Excelente artículo, realmente no tengo palabras para describir lo hermoso, bello y profundo que acabo de leer.
"El 25 de Mayo de 1810 significó en América un grito más dentro de los muchos gritos que se dieron por aquella época en diversos países".
Saludos Atilio, no cambies nunca.

Atilio A. Boron dijo...

Gracias José, abrazos.

Manchiviri dijo...

UNAS ANOTACIONES A LA “INTRODUCCIÓN NECESARIA,” REALIZADA POR FIDEL CASTRO RUZ AL DIARIO DEL CHE EN BOLIVIA

Después de la publicación del Diario del Che en Bolivia se hizo costumbre, en aquellos que seguimos sintiendo el costillar de Rocinante, llevar un diario de campaña. Las tres veces que anduve por otras tierras del mundo llevé diarios, aunque estuviera totalmente prohibido debido a que en caso de caer en manos enemigas constituiría un medio de información de incalculable valor.

Es increíble que el Che dejara partir (de la guerrilla) a Debray, a no ser que hubiera considerado la situación de no contar con un apoyo urbano, en extremo delicada, y la misión de éste fuera buscar la forma de una retirada (decorosa) de la selva boliviana.Las dudas sí, las refiere en el diario, así como su inconformidad, aunque de la actitud firme y valerosa hoy podamos tener muchas dudas. Ya el día 3 de octubre, el Che sabía que estaba perdido cuando escuchó la entrevista de Debray.A estas alturas, Fidel Castro se encontraba hablando de movimientos revolucionarios internacionales.

Considerábamos, en esos momentos, que el término era de nuestra creación, pero FCR estaba utilizando un término que hacía mucho tiempo era manejado por la URSS en su relación con organizaciones de izquierda en países no comunistas.Dos años antes del episodio de Bolivia se habían reunido en Moscú, delegaciones de los partidos comunistas y movimientos revolucionarios de casi todo el mundo, en donde acordaron apoyar a la URSS en su política de coexistencia pacífica y el compromiso de no apoyar ningún movimiento armado.La publicación del diario, en Bolivia, no demostraba la incapacidad del ejército boliviano pues al fin y al cabo, después de muchos meses de caza, exterminaron a la guerrilla.

Todo lo contrario, podía ser motivo de inconformidad, pues siempre las masas se solidarizan con los más débiles. Las derrotas y la captura de más de doscientas armas al ejército boliviano es la demostración de la capacidad combativa de la guerrilla. Esto y el lograr resistir durante más de seis meses el acoso de tropas regulares, sin contar con apoyo rural o urbano, fue más que una proeza.

Las diatribas de FCR iban dirigidas (contra los seudo revolucionarios, los oportunistas, los charlatanes, aquellos que sé auto-conceptúan marxistas, comunistas y otros títulos) precisamente hacia aquellos que se habían reunido dos años antes en la URSS y contra el partido comunista boliviano, traidor a la causa del Che. Pero no lo dice abiertamente, lo deja en el aire, no llama a los traidores por su nombre. Aun en 1980 los soviéticos seguían tildando de aventurero al Che en todos los centros de enseñanza superior.

El Che sí se equivocó, al no seguir los postulados de la guerra de guerrillas. No creó su propia retaguardia y la confió a un partido comunista, de los que todos sabemos constituyen un medio más de vida en cualquier parte del mundo.Pero se equivocó más. Cómo figura pública internacional él no podía dirigir una lucha de ese tipo sin afrontar las consecuencias de reacción, de los grandes centros de poder en su contra.Las diatribas de FRC provocaron el primer período especial de su régimen. A partir de ellas comenzó, en esos años, un distanciamiento de la URSS (micro fracción incluida) y demás países socialistas.

No es hasta después de la fracasada zafra llamada “de los diez millones”, que FCR se vuelve nuevamente hacia los “viejos pericos” y despatarra al que hasta ahora le había servido fielmente ( y que había adquirido un poder increíble, INDER, INIT, MINED y PC), José Llanusa Gobel. Llanusa, revolucionario y fidelista, no veía con buenos ojos a los advenedizos viejos comunistas. Cumplió su papel y pasó al anonimato durante más de veinte años.

Los apagones y la falta de alimentos, ropa y calzado de finales de los años sesenta y principios de los setenta no han sido olvidados

Manchiviri dijo...

por los cubanos y puede que constituyera una preparación para cuando FCR dijo (en uno de sus más desastrosos discursos pre- período especial): “Las familias tendrán que guardar las ropas de los niños para pasarlas de unos a otros, de los grandes a los pequeños”. Eso fue lo que dijo a principios de los noventa, mientras que el pueblo cubano venía sufriéndolo desde los setenta.

El Che le daba tan poca importancia a su muerte como a la poca importancia que le daba a la familia: “...no les dejo nada material a mis hijos y no me apena, me alegra que así sea, pues sé que el Estado se encargará...”Debo decir que la primera vez que leí la carta de despedida del Che, éste párrafo me golpeó profundamente. Me hizo comprender que el Che estaba tan convencido de su infalibilidad que consideraba al régimen establecido en Cuba insuperable e inextinguible. Comenzaba a traslucir cierto fanatismo.

Al Che sí le preocupaba sobrevivir a la lucha de liberación de Bolivia y por que no, de otros países latinoamericanos. De no ser así, hubiera aceptado la jefatura del secretario del partido comunista boliviano (Mario Monje) al frente de la guerrilla y él, haberse quedado de asesor político-militar. Quizás así hubiera funcionado mejor el movimiento guerrillero y se hubiera podido ocultar por mayor tiempo la presencia del Che en Bolivia.

Mario Monje no había librado ningún combate, así como tampoco FCR había librado ningún combate cuando desembarco en diciembre del 56. El Moncada, para él no fue un combate. Nunca llegó al cuartel.

La muerte de Martí y Maceo, a la que se refiere FCR, fue la llave que abrió la puerta para la intervención norteamericana en Cuba. Solo quedaban al frente de la revolución (de 1895) un desgastado Marques, un viejo General en Jefe (extranjero) y un Lugarteniente General (traidor), que pactó la intervención norteamericana a espaldas del General en Jefe y al Gobierno de la República en Armas.

FCR utiliza el nombre de Julio Antonio Mella para apaciguar a los viejos pericos y confundir al pueblo de Cuba. El mencionado señor no fue más que una persona que pasó por la historia de Cuba sin penas ni glorias, pero fue tomado como bandera por los seguidores del partido socialista popular (comunista) cubano.Lo que FCR consideraba posibilidades de éxito, puede considerarse todo lo contrario, como que el Che estimaba la falta de apoyo “...lástima no tener cien hombres más en este momento"..., el eslabón fundamental de su fracaso.

Es una característica habitual de FCR llenar de epítetos insultantes al referirse a aquellos que no coinciden con su forma de pensar. De esa forma califica a Monje, en lugar de analizar con detenimiento las causas que llevaron al fracaso, en el cuál él tiene un protagonismo importante. Che era un organizador, tenía experiencia guerrillera (no militar) y podía catalogarse como titán revolucionario, pero su visión política fue extremadamente corta. Ningún extranjero tiene derecho a discutir el mando a un nacional. Ese derecho, al nacional, le pertenece “per se”. De manera que en el caso de no ponerse de acuerdo lo más aconsejable hubiese sido una honrosa retirada.

Es verdad que el Che, en la concepción estratégica de FCR, era la figura ideal para la "liberación" no solamente de Bolivia, sino también del resto de los países adyacentes y en general de toda la América Latina. No es menos cierto también que este objetivo no podía ser alcanzado con terquedad ni a la fuerza. Sobre todo si se carecía de ésta última.

Cabe destacar aquí, como FCR se refiere a los nexos existentes con los diferentes lideres bolivianos, Monje, Moisés Guevara y Oscar Zamora, a los cuales el Che ha considerado reclutar como sus colaboradores y que son los mismos que dos años antes se encontraban acatando subordinación en la URSS.

No es de extrañar que Zamora se convirtiera en uno de sus más venenosos críticos (del Che) en nombre del marxismo leninismo.

Manchiviri dijo...

No se puede esperar un triunfo, desde el momento en que un ente extranjero (por demás) escisiona una organización. El grupo guerrillero quedó sin apoyo logístico desde la ciudad. Este apoyo jamás le faltó a FCR en la Sierra Maestra. La diferencia consiste en que FCR jamás confió en los partidos ni en los sindicatos tradicionales y creó su propio movimiento y solo pactó con aquellos que no tenían relación directa con los anteriores.

Otro de los errores del Che fue el llevar para tal campaña a tantos cubanos. Daba la impresión de que Cuba estaba interviniendo directamente en los asuntos internos de Bolivia. FCR nunca llevó, a su lucha guerrillera, tantos extranjeros. La separación de los dos grupos guerrilleros, que debía ser solo por unos días, se prolongó y nunca llegaron a encontrarse, luego se supo que los mapas habían sido adulterados, ex profeso, por un agente de la CIA, en el propio territorio cubano, el “espía Francisco”. La desorientación en el terreno y la persecución del ejército impidieron el rencuentro.

La falta de visión política fue la causante de que las provisiones cayeran en manos del ejército boliviano. No cabe duda de que estas posiciones fueron auto-delatadas por Tamara Bunke, al dejar documentación “sensible” en el transporte en el que trasladó a Debray para establecer contacto con el foco guerrillero.

El contacto con el campesino boliviano no debe haber sorprendido al Che. Procedía de igual forma que el campesino cubano, en sus inicios, desconfiados y cautelosos. Solo que en la Sierra Maestra existían alzados antes de la llegada de los revolucionarios. Raúl Menéndez Tomasevich (fallecido) y Guillermo García (por solo mencionar a los más importantes) eran considerados, por la dictadura batistiana y gobiernos anteriores, como cuatreros. Estos fueron indultados por FCR y ascendidos a los grados de comandantes del ejército rebelde. En Bolivia, al parecer, no existía este tipo de personajes.

Al mencionar en su diario a “Radio Bemba”, el Che está reconociendo que sabe perfectamente que están tras sus pasos, que lo han detectado. Ha violado el principio fundamental de la guerrilla, no mantener una ruta constante y para colmo refiere estar tratando de mejorar las condiciones del médico, cuando lo que se recomienda en estos casos y el mismo lo practicó durante la invasión a occidente en Cuba, era dejar al que servía de impedimenta, para no limitar la movilidad de la guerrilla.

El grupo guerrillero había recibido un entrenamiento minucioso, a pesar de ser combatientes experimentados. Aun así, no creo que hayan estado preparados para resistir durante tantos meses el acoso de un ejército organizado y equipado por los Estados Unidos, además de tener que luchar contra la propia naturaleza. Puede decirse que fue en realidad una proeza desde el punto de vista táctico, que dejó muy mal parado al ejército boliviano.

Al final de la introducción FCR realiza una valoración política de la América Latina, que aun hoy mantiene vigencia. FCR tendría a esas alturas 41 años de edad, se encontraba en plena madurez. Podía, al menos, haber tratado de hacer algo verdaderamente revolucionario y no aliarse a un sistema que hacía mucho tiempo, desde la muerte de Lenin y el advenimiento de Stalin, que se encontraba condenado al fracaso.

Al parecer la única experiencia que sacó de la muerte del Che en Bolivia, fue, que para lograr sus sueños de combatir al imperialismo yanqui no se podía enfrentar a la Unión Soviética.

midi haytham dijo...
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midi haytham dijo...
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Xiaozhengm 520 dijo...

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