Hola, a continuación reproduzco la noticia publicada el día miércoles 28 a primera hora de la tarde (hora de Buenos Aires) relativa a la votación de la Asamblea General de la ONU sobre el bloqueo a Cuba.


¿Cuántos repudios más de la comunidad serán necesarios para que el Premio Nóbel de la Paz y actual presidente de Estados Unidos ponga fin al bloqueo?


Y, visto desde Vietnam, país que estoy visitando ahora, ¿cuánto tiempo más deberá transcurrir para que Estados Unidos se digne sentarse en una mesa de negociación con Vietnam para acordar el pago de las reparaciones por la increible destrucción ocasionada por Washington durante la guerra de Vietnam?


Página/12, 28.10.09


Nueva condena al bloqueo a Cuba


La Asamblea General de la ONU pidió a Estados Unidos poner fin al embargo comercial y financiero aplicado contra Cuba desde hace 47 años. La resolución recibió 187 votos a favor, 3 en contra (Estados Unidos, Israel y Palau) y dos abstenciones (Micronesia e Islas Marshall).


Final del formulario

Una resolución sobre la "necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba" recibió 187 votos a favor, 3 en contra (Estados Unidos, Israel y Palau) y dos abstenciones (Micronesia e Islas Marshall).

El apoyo a Cuba fue incluso mayor al del año pasado, cuando una resolución similar había recibido el respaldo de 185 países. El cambio este año provino de dos países que el anterior estaban ausentes y que votaron a favor.

La Asamblea general de la ONU instó en la resolución a todos los países a abstenerse de aplicar leyes "dirigidas a reforzar y ampliar el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba".

Se trata de la 18ª vez consecutiva que la ONU vota un texto similar. De los 59 países que apoyaron el texto en 1992, la cifra ha ido aumentando, a 179 en 2004, 184 en 2007 y 185 el año pasado.

Era la primera vez que la ONU se pronunciaba sobre el embargo desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Barack Obama en enero pasado.

"El presidente Obama tiene la oportunidad de liderar el cambio de política hacia Cuba y la eliminación del bloqueo", dijo ante la Asamblea el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla.

El ministro presentó una larga lista de los perjuicios del bloqueo norteamericano, desde el área de los medicamentos hasta la cultura, pasando pasando por la tecnología.

"El bloqueo es un acto soberbio e inculto", dijo Rodríguez Parrilla. "Recientemente, el gobierno norteamericano impidió que la Orquesta Filarmónica de Nueva York se presentara en Cuba. Los artistas cubanos no pueden recibir remuneración por sus presentaciones ante el público norteamericano. ¿Cómo la creación artística puede ser considerada un crimen?", preguntó.

La representante de Estados Unidos en la ONU, Susan Rice, destacó por su parte las medidas adoptadas por Obama desde su llegada el poder, incluyendo la flexibilización de restricciones a los viajes a la isla de cubanos que viven en Estados Unidos, así como al envío de remesas.

Rice deploró que la resolución de la ONU no refleje esos "cambios importantes" y acusó a Cuba de mantener "una retórica digna de la guerra fría".

Las sanciones económicas estadounidenses a Cuba datan de 1962, decididas por el presidente John Fitzerald Kennedy, también demócrata.

Fue la primera de una serie de medidas de carácter económico y comercial para aislar al régimen de Fidel Castro, a las que siguieron, entre otras, la ley Helms-Burton, la ley Torricelli y las restricciones a los viajes a la isla desde Estados Unidos, ahora levantadas por Obama, aunque solo para los cubanos.

Otros países tomaron la palabra en la ONU para rechazar el embargo, incluyendo México, China, India, Brasil, Venezuela, Rusia y los miembros de la Unión Europea.

El embajador de México, Claude Heller, sintetizó el sentir de la comunidad internacional al advertir que "la exclusión, lejos de resolver las controversias, las amplifica de manera negativa".



El próximo 28 de Octubre la Asamblea General de las Naciones Unidas someterá una vez más a votación una resolución requiriendo del gobierno de Estados Unidos poner fin el bloqueo decretado contra Cuba a partir de 1961. Tal como ocurriera desde 1991 hasta la fecha esa resolución será aprobada casi por unanimidad, ratificando la condena de la comunidad internacional a Estados Unidos y la tremenda soledad en que se debate Washington por causa de una política que no sólo castiga brutalmente al pueblo cubano, sino que también constituye una amenaza para la humanidad en su conjunto.

Conscientes de su naturaleza violatoria de las más elementales normas del derecho internacional y de los derechos humanos, los publicistas del imperio y sus voceros locales han librado, como en tantas otras ocasiones, una pertinaz batalla semántica dirigida a confundir y engañar a la opinión pública mundial. Para ello recurren a un eufemismo: hablan de “embargo” y lo presentan como si fuera un asunto apenas comercial. Ocultan de ese modo que se trata de un bloqueo integral: económico, comercial, financiero y tecnológico, pero también internacional (al penalizar a las empresas de terceros países que comercien con Cuba y obstaculizar las relaciones diplomáticas de este país con el resto del mundo); informático (al impedir el acceso de los cubanos a banda ancha e Internet de alta velocidad); social (al imposibilitar o dificultar el reencuentro de las familias cubanas separadas por la emigración) y cultural, al impedir la libre circulación de artistas, escritores, intelectuales y científicos entre Cuba y Estados Unidos.

Se trata de un bloqueo no sólo ilegítimo a la luz de los más elevados valores de la civilización sino profundamente ilegal, diseñado para poner a Cuba de rodillas provocando hambre, enfermedades y desesperación en la población. En suma: se reitera la bárbara política de sitiar a una ciudad indefensa provocando entre sus pobladores toda suerte de privaciones e infortunios con la esperanza de debilitar su resistencia o precipitar una insurrección generalizada contra sus legítimas autoridades. Política cruel e inhumana, si las hay, que el imperio aplica sola y exclusivamente contra Cuba actualizando su antigua y enfermiza obsesión de querer apoderarse de esa isla, aún a costa de violar mil veces el derecho internacional y pisotear las más elevadas normas éticas que definen la convivencia civilizada de pueblos y naciones.


No existen antecedentes en la historia universal de algo lejanamente parecido al bloqueo contra Cuba, sostenido por Estados Unidos ininterrumpidamente a lo largo de 49 años. Nada siquiera remotamente semejante ha sido aplicado por Washington en contra de numerosos países que, por una u otra razón, mantienen (o tuvieron) serios diferendos con Estados Unidos: no lo hizo por obvias razones con la Unión Soviética y con China, pero tampoco con Vietnam, ni con la Libia de Kadhafi (aún luego de la voladura del vuelo Pan American 103, en Lockerbee, que mató a sus 259 ocupantes y 11 más al caer sobre tierra firme), ni con Corea del Norte, ni con Irán ni con ningún otro país. Sólo con Cuba, que de dulce sueño colonial pasó a ser, gracias a la gloriosa gesta emancipadora del 26 de Julio, dolorosa pesadilla que día y noche agita el sueño de los imperialistas.

Ofuscado por su patológica ambición de apropiarse de una isla irredenta que consideran suya, Estados Unidos incumple la Resolución 63/7, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 29 de octubre de 2008, cuando 185 estados miembros votaron a favor del inmediato levantamiento del bloqueo.2 No sólo la administración de George W. Bush hizo caso omiso de la recomendación emitida por la Asamblea General de la ONU, sino que su sucesor -¡nada menos que el actual Premio Nóbel de la Paz!- ha continuado con esa misma política al mantener en vigor las leyes, disposiciones y prácticas administrativas que sirven de sustento al bloqueo.


En efecto, nada se ha hecho, o siquiera se ha dicho, en relación a las leyes de “Comercio con el Enemigo” o de “Asistencia Exterior” que fueron las primeras piezas de legislación con las cuales se dio inició al bloqueo de Cuba. O de la “Ley de Administración de las Exportaciones” para ni hablar, ya que aludíamos a los eufemismos, de la “Ley para la Democracia Cubana”, más conocida como Ley Torricelli. Esta infame pieza legislativa fue promulgada por Bush padre en 1992 y gracias a ella Washington fue autorizado a reforzar las medidas económicas contra la isla, otorgando además sustento normativo a la extraterritorialidad del bloqueo, dado que dicha legislación prohíbe a compañías subsidiarias norteamericanas radicadas en el exterior realizar transacciones con Cuba o con nacionales cubanos, y a los barcos de terceros países que hubieran tocado puertos cubanos entrar a territorio norteamericano durante los 180 días siguientes, entre varias otras restricciones.

Párrafo aparte merece la también eufemísticamente denominada “Ley para la Solidaridad Democrática y la Libertad Cubana”, mejor conocida como la Ley Helms-Burton. Promulgada por Bill Clinton en Marzo de 1996, tiene por objeto extender el ámbito extraterritorial del bloqueo y colocar más trabas que dificulten las inversiones extranjeras en Cuba. La ley limita asimismo las prerrogativas de la Casa Blanca para suspender esa política al paso que establece la posibilidad de presentar demandas en los tribunales de Estados Unidos en contra de los directivos de empresas extranjeras (o sus familiares ) que inviertan en las empresas “confiscadas” por la revolución cubana.


Con estos antecedentes a la vista es evidente que el inocente “embargo” constituye un acto criminal: atendiendo a lo estipulado en el inciso “c” del artículo II de la “ Convención de Ginebra de 1948 para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio ” el bloqueo califica como un genocidio. Si además se considera la “ Declaración Relativa al Derecho de la Guerra Marítima” (adoptada por la Conferencia Naval de Londres en 1909), el bloqueo estadounidense contra Cuba constituye un acto de guerra económica. En consecuencia: no se trata de un “embargo” sino de un conjunto de disposiciones y políticas que la legalidad internacional tipifica como genocidas y criminales. Por eso la condena al bloqueo es algo que no sólo concierne a los cubanos, sino que preocupa, y mucho, a la comunidad internacional. La pretensión de otorgarle extraterritorialidad a la legislación norteamericana, tan prepotente como absurda, es una amenaza a la paz mundial y un vicioso ataque a la autodeterminación y la soberanía nacionales de pueblos y estados. En línea con esta política la Casa Blanca ha penalizado a numerosas empresas norteamericanas y europeas por realizar transacciones comerciales con Cuba. A raíz de eso pacientes cubanos o de otros países que son atendidos en los centros médicos de la isla no pueden acceder a nuevos instrumentos de diagnóstico, tecnologías y medicamentos porque aún si son producidos (o se encuentren disponibles) en terceros países, las leyes del bloqueo prohíben que sean vendidos o transferidos a Cuba si sus componentes o programas, aunque sea en mínima parte, son originarios de los Estados Unidos.


Desde el punto de vista económico el bloqueo ha causado un enorme daño a Cuba. Cálculos muy conservadores (que subestiman su verdadero impacto) revelan que en términos del valor actual del dólar su monto ascendería a algo más de 236 mil millones de dólares. Esta suma es astronómica si se tiene en cuenta el tamaño de la economía cubana. No sólo eso: también es muy significativa por sí misma puesto que equivale aproximadamente al doble de las erogaciones ocasionadas por el Plan Marshall que Estados Unidos desembolsó para financiar la recuperación de Europa en los años de la posguerra.3 Esa cifra no incluye los daños directos ocasionados por los sabotajes y actos terroristas alentados, organizados y financiados desde los Estados Unidos. Conociendo los grandes adelantos que la revolución cubana obtuvo en terrenos como la salud, la cultura y la educación, es fácil imaginar todo lo que podría haber logrado si no hubiera tenido que lidiar con la tremenda hemorragia económica y financiera generada por el bloqueo. Pero ese era justamente el objetivo que se había propuesto el imperialismo: aplicar esa política para demostrar la inviabilidad de una vía no capitalista de desarrollo y la insanable “ineficiencia” de la planificación socialista y, de ese modo, provocar toda suerte de padecimientos y sufrimientos en la población. En sus alucinaciones los estrategas del imperialismo confiaban en que tales privaciones desencadenarían el tan ansiado “cambio de régimen” en Cuba. La historia se encargó de refutar tales expectativas. Esta misma pretensión desestabilizadora e insanablemente antidemocrática la encontramos en la decisión tomada por el presidente Richard Nixon la misma noche en que Salvador Allende obtenía la primera mayoría en las elecciones presidenciales de Chile en 1970: hacer fracasar a la economía chilena para luego, sobre la frustración y el resentimiento que esto produciría, crear las condiciones que prepararían el camino hacia el golpe militar de 1973.


¿Ha cambiado algo desde el advenimiento de Obama a la Casa Blanca? Muy poco. No se ignora que la nueva administración ha introducido una módica flexibilización en el bloqueo, pero esas medidas sólo modifican algunos aspectos marginales que no cambian el fondo de la cuestión. No obstante, se lanzó una fuerte campaña propagandística tratando de presentar a Obama como el mentor de una nueva política superadora del nefasto legado de los diez presidentes norteamericanos que le precedieron.4 Pero, de hecho, las innovaciones introducidas se limitaron a lo siguiente:

  1. Eliminar las restricciones a las visitas familiares -con un límite hasta el tercer grado de consanguinidad- de los cubanos residentes en Estados Unidos.
  2. Hacer lo propio con las restricciones al envío de remesas de los cubano-americanos a sus familiares en Cuba -siempre con un límite hasta el tercer grado de consanguinidad- y excluyendo a los miembros del Gobierno de Cuba y del Partido Comunista de Cuba.
  3. Ampliar el rango de artículos que pueden ser enviados como regalos.
  4. Otorgar licencias para que empresas norteamericanas amplíen determinadas operaciones de telecomunicaciones con Cuba.

En suma, se trata de iniciativas que si bien reparan en parte una grave injusticia, al devolver a los cubanos residentes en los Estados Unidos su derecho de visitar a sus familiares en Cuba -el que les fuera arrebatado por el gobierno de George W. Bush- son insuficientes y de alcance muy limitado, puesto que no van más allá de la intención de retornar a la situación existente en el año 2004, cuando ya el bloqueo económico estaba en pleno vigor y aplicación.


Por otra parte, y a pesar de que se derogan totalmente las limitaciones a la frecuencia y duración de las visitas arriba mencionadas y de que se incrementa el límite de gastos diarios en que pueden incurrir los visitantes, se mantiene la prohibición de viajar a cubanos residentes en los Estados Unidos que no tengan familiares en Cuba y el insólito atropello al derecho de los ciudadanos norteamericanos de viajar libremente a Cuba, único país del mundo al que su gobierno les impide visitar.


¿Qué se puede esperar de Obama? Lamentablemente poco o nada, y no sólo en el tema del bloqueo sino en las más diversas áreas de las políticas públicas. La razón, expuesta detalladamente en el libro ya citado, es que el actual inquilino de la Casa Blanca sólo controla las palancas marginales del aparato estatal norteamericano. El poder del estado descansa fuertemente en manos del “gobierno permanente” de Estados Unidos, ese entramado que en su formato incipiente mereciera la grave advertencia del presidente Dwight Eisenhower al denunciar, en su discurso de despedida, el ominoso papel que ya estaba desempeñando lo que denominara “complejo militar-industrial.” En nuestros días ese complejo ha crecido de una manera extraordinaria, a un grado tal que no era siquiera imaginable o pensable hace medio siglo atrás. No sólo creció en términos de su gravitación cuantitativa; cualitativamente perfeccionó el grado de articulación entre los diferentes miembros de la alianza y su capacidad de determinar las políticas públicas no sólo dentro de Estados Unidos sino, mediante sus aliados, a lo largo y ancho del imperio En todo caso, las declaraciones del Vice de Obama, Joe Biden, en la así llamada “Cumbre de líderes progresistas” celebrada en Santiago en Marzo del 2009 no permite alimentar demasiadas expectativas: en esa ocasión Biden aseguró que “EEUU mantendrá el bloqueo como herramienta de presión contra Cuba”. Sus palabras no fueron desmentidas ni por la Casa Blanca ni por el Departamento de Estado.


Tiene toda la razón el gobierno cubano cuando señala que “el bloqueo viola el Derecho Internacional. Es contrario a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Constituye una transgresión al derecho a la paz, el desarrollo y la seguridad de un Estado soberano. Es, en su esencia y sus objetivos, un acto de agresión unilateral y una amenaza permanente contra la estabilidad de un país. Constituye una violación flagrante, masiva y sistemática de los derechos de todo un pueblo. Viola también los derechos constitucionales del pueblo norteamericano, al quebrantar su libertad de viajar a Cuba. Viola, además, los derechos soberanos de muchos otros Estados por su carácter extraterritorial.”5

No sólo Cuba reclama el fin del bloqueo. La abrumadora mayoría de los países apoyan su petición. Sin embargo, pese a las anunciadas promesas de iniciar una “nueva política” hacia Cuba y América Latina la administración Obama no ha dado indicio alguno de pretender levantar el bloqueo. Esto actualiza la pregunta que el presidente Chávez formulara en al marco de la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas: ¿cuál es el verdadero Obama? ¿El que dice frases bonitas o el que convalida el golpe de estado en Honduras? Agregaríamos: ¿el que quiere promover el multilateralismo y refundar sobre nuevas bases las relaciones de Estados Unidos con América Latina o el que persiste en sostener el bloqueo a Cuba? Hasta ahora el veredicto de la historia dice que el segundo. No se descarta que pueda cambiar, aunque cada vez parece menos probable. El paso del tiempo juega en su contra.

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1 Sobre los múltiples perjuicios ocasionados por el bloqueo en las más diversas áreas de la vida social, económica y cultural de Cuba véase el muy documentado “Informe de Cuba sobre la resolución 63/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas”, en http://embacuba.cubaminrex.cu/Default.aspx?tabid=11013.

2 Por cierto, no es la única resolución que Washington ignora. Para un examen detallado de este asunto ver Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del imperio. La violación de los derechos humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009).

3 Según estimación realizada por el economista argentino Alex Kicillof, El Plan Marshall estuvo en la base de la Unión Europea”, Página/12, 21 de Junio de 2007. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/6707-2229-2007-06-21.html

4 En realidad, no todos ellos tuvieron la misma actitud. En una de sus reflexiones el Comandante Fidel Castro Ruz sostuvo que “De los Presidentes de Estados Unidos y los aspirantes a ese cargo, solo conocí uno que por motivos ético-religiosos no fue cómplice del brutal terrorismo contra Cuba: James Carter. Esto supone, desde luego, otro Presidente que prohibió el empleo de funcionarios de Estados Unidos para asesinar a dirigentes cubanos. Se trata de Gerald Ford, que sustituyó a Nixon después del escándalo de Watergate.” En Septiembre de 1977 Carter abrió la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Cf. Fidel Castro Ruz, “La sumisión a la política imperial”, 27 de Agosto del 2007.
http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/reflexiones/esp-045.html

5 Ver el “Informe de Cuba sobre la resolución 63/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas”, ya citado en este trabajo.

A continuación, una excelente nota de Eric Toussaint que arroja luz sobre la preocupante escalada de Washington contra los países del ALBA y contra América Latina y el Caribe en general. Luego de su lectura me ha parecido importante compartirla con todas y todos ustedes.

Aumento de la agresividad de Washington contra el ALBA

Eric Toussaint

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz

La agresividad de Estados Unidos frente a los gobiernos de los países miembros del ALBA crece en la medida en que reacciona ante una pérdida de su influencia sobre Latinoamérica y el Caribe en general, que atribuye particularmente a Hugo Chávez (y a Cuba, pero esto no es una novedad).

Algunas señales de esta pérdida de control: con ocasión de las negociaciones que siguieron a la agresión de Colombia a Ecuador, el 1º de marzo del 2008,[1] en lugar de recurrir a la Organización de Estados Americanos (OEA), de la que Estados Unidos forma parte, los presidentes latinoamericanos se reunieron en Santo Domingo, sin los grandes vecinos del norte, en el marco del Grupo de Río, contrariando con claridad a Colombia, aliada de Estados Unidos. En el año 2008, Honduras, aliada tradicional e incondicional de la política de Washington, se unió a Petrocaribe, ente creado por iniciativa de Venezuela con el fin de proporcionar petróleo a los países de la región no exportadores de hidrocarburos, a un precio inferior al del mercado mundial. Honduras también se ha adherido al ALBA, otra iniciativa de integración regional lanzada por Venezuela y Cuba. En diciembre del 2008, tuvo lugar en Salvador de Bahía una importante cumbre que reunió a la mayoría de los presidentes latinoamericanos, con la presencia destacada del jefe de Estado Cubano, Raúl Castro, a cuyo lado se sentaba Felipe Calderón, presidente de México, quien hasta hace poco mantenía una actitud hostil hacia Cuba, siguiendo las directivas de Washington. Unos meses más tarde, la OEA decidía, a pesar de la oposición estadounidense, el reingreso de Cuba, que había sido excluida en 1964. En el 2009, también Ecuador se sumó al ALBA y decidió poner fin a la concesión al ejército de Estados Unidos de la base de Manta.

Desde el comienzo de la década del 2000, Washington intentó en forma sistemática contrarrestar el giro a la izquierda que tomaban los pueblos de Latinoamérica: apoyo al golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002, apoyo financiero masivo a la oposición antichavista, sostén a la huelga patronal venezolana de diciembre de 2002 a enero de 2003, intervención activa del embajador de Estados Unidos en Bolivia para impedir la elección de Evo Morales, monitoreo de la intervención del Banco Mundial en Ecuador en 2005 para conseguir la dimisión de Rafael Correa, en ese momento ministro de Economía y Finanzas, organización de maniobras militares conjuntas en el Cono Sur, reactivación de su 4ª flota, un gran aumento de la ayuda militar a su aliado colombiano, que utiliza como cabeza de puente en la región andina. Y para sobreponerse al fracaso del ALCA en noviembre de 2005, la negociación y/o la firma del máximo posible de tratados de libre comercio bilaterales (con Chile, Nicaragua, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Perú, Panamá, Colombia, Uruguay) [2].

La agresividad de Estados Unidos contra el contagio chavista en Latinoamérica subió varios puntos en junio-julio de 2009 con el golpe de Estado militar en Honduras, que derrocó al presidente liberal Manuel Zelaya, cuando éste proponía a la población una consulta sobre la convocatoria a elecciones por sufragio universal de una asamblea constituyente. Si ésta hubiera sido convocada, inevitablemente habría legislado sobre una reforma agraria que cuestionara los enormes privilegios de los grandes terratenientes y de las transnacionales extranjeras de los agronegocios presentes en el país. Ante esta perspectiva, la clase capitalista local, con un sector agrario muy importante, respaldó el golpe de Estado. También se debe tener en cuenta que esta clase es una burguesía compradora, totalmente volcada al comercio de importación-exportación, y que depende de las buenas relaciones con Estados Unidos. Por esta razón la burguesía hondureña había apoyado la firma de un tratado de libre comercio con Washington, y se había opuesto al ALBA. Además, entre las razones que llevaron a la patronal hondureña a sostener el golpe figura, en buen lugar, el aumento del salario mínimo decretado por Manuel Zelaya.[3] Por otra parte, también se sabe que Zelaya quería pedirle a Washington la liberación de la base aérea de Soto Cano, situada a menos de 100 km de la capital, para transformarla en aeropuerto civil.

Evidentemente, el Pentágono no asumió el giro a la izquierda de un presidente que esperaba que fuera dócil, ya que, para ellos, Honduras forma parte de sus subordinados en la región. Aunque imaginemos —lo que es muy improbable— que los generales hondureños hayan actuado por iniciativa propia en la alianza con la clase capitalista local, es inconcebible que Roberto Micheletti, fantoche designado por los militares, pueda mantenerse en el poder si realmente el gobierno estadounidense se opusiera. Y es que Estados Unidos forma desde hace décadas a los militares hondureños, mantiene una importante base en Soto Cano (con 500 militares presentes en forma continua), y como lo reconoció Hillary Clinton después del golpe, su gobierno financió ampliamente la oposición al presidente Zelaya. Además, sus transnacionales, especialmente las correspondientes al agronegocio, están fuertemente implantadas en este país, al que consideran una república bananera.

Con el fin de incrementar su amenaza contra Venezuela y Ecuador, Washington obtuvo del presidente Álvaro Uribe el anuncio, en julio de 2009, de la cesión a los militares estadounidenses de siete bases en Colombia. El corto tiempo transcurrido entre el golpe militar en Honduras y el anuncio del presidente colombiano no es una mera coincidencia: Washington quiere indicar claramente que desea detener la extensión del ALBA y eliminar el germen del socialismo del siglo xxi. Sería irresponsable subestimar la capacidad dañina de Washington y la continuidad que marca la política exterior de Estados Unidos, a pesar del acceso de Barack Obama a la presidencia y de una retórica más soft. Hasta el momento de escribir estas líneas, Washington se niega a considerar que en Honduras hubo un golpe de Estado el 28 de junio de 2009. Mientras el presidente Manuel Zelaya, que regresó clandestinamente a su país el 21 de septiembre de 2009, encontró refugio en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, y que los golpistas reprimen violentamente las manifestaciones de los seguidores del presidente constitucional y cierran los medios opositores,[4] el 27 de septiembre han decretado un estado de sitio de 45 días de duración, y todo lo que consiguió decir el número 2 de Washington en la OEA fue: «El retorno de Zelaya es irresponsable e idiota».[5] Por otra parte, Hillary Clinton no condenó el prolongado toque de queda decretado por Micheletti para evitar manifestaciones de apoyo a Manuel Zelaya frente a la embajada de Brasil. Vista esta experiencia, podemos afirmar que el gobierno de Obama no muestra ninguna voluntad de romper con los métodos que sus antecesores instauraron: la financiación masiva de los diversos movimientos de oposición en el marco de su política de «refuerzo de la democracia», el lanzamiento de campañas mediáticas de descrédito contra los gobiernos que no comparten su orientación (Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, la Honduras de Manuel Zelaya ...); el mantenimiento del bloqueo contra Cuba; el apoyo a los movimientos separatistas en Bolivia (la llamada media luna, cuya capital política es la ciudad de Santa Cruz), en Ecuador (la ciudad de Guayaquil y su región) y en Venezuela (el estado petrolero de Zulia y su capital Maracaibo), el apoyo a agresiones militares como la perpetrada por Colombia a Ecuador en marzo de 2008, así como a las acciones de fuerzas paramilitares colombianas u otras en Venezuela.

Es evidente que la Unión Europea sigue una política muy próxima a la de Washington. Ya durante el putsch contra Chávez, el 11 de abril de 2002, la Unión Europea, a través de José María Aznar, aportó su apoyo a los golpistas. En agosto de 2009, anunció que mantiene los acuerdos comerciales con Honduras y que no denunciará como ilegales las elecciones organizadas por los golpistas hondureños. Luego, en septiembre, tomo un postura mas distante. El director general adjunto de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea (CE), Stefano Sannino, indicó en una entrevista concedida a Efe que la Unión Europea (UE), "como los otros países latinoamericanos, no reconoce que esas elecciones puedan basarse en un contexto abierto, libre y democrático"[6]. En materia de negociaciones y de firmas de tratados de libre comercio, la Unión Europea es tan agresiva como Estados Unidos e incluso exige concesiones aún más importantes que las concedidas por los países latinoamericanos a Washington.


[1] El ejército colombiano bombardeó un campamento de las FARC en el territorio ecuatoriano y capturó unos miembros de la guerrilla, causando una veintena muertos, algunos de ellos civiles. Hay que decir que el ejército colombiano, aunque fuertemente armado, tiene muy poca presencia en la frontera con Ecuador, lo que permite a las FARC instalar campamentos en la zona, en uno de los cuales se encontraba en ese tiempo uno de sus principales dirigentes, Raúl Reyes, responsable de relaciones internacionales. El gobierno colombiano, enteramente cubierto por Estados Unidos, utilizó los métodos que sistemáticamente emplea el ejército israelí con sus vecinos, realizando operaciones militares con desprecio de su soberanía. Ecuador reprochó repetidas veces a Colombia que no asegurase un control adecuado de la frontera entre ambos países.

[2] En los casos de Chile, Nicaragua, Republica Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica y Peru, los tratados de libre comercio con Estados Unidos ya se encuentran en vigencia. En el caso de Panamá y Colombia, las negociaciones del tratado ya fueron concluidas pero se requiere de la aprobación del Congreso de los Estados Unidos para implementar el acuerdo. En el caso de Uruguay, en el 2007 se llego a un Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones con los Estados Unidos. Las negociaciones del TLC no han iniciado formalmente, mas sin embargo la administración Obama se ha mostrado favorable a moverse en dicha dirección. Fuentes: http://www.ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements ; http://www.bilaterals.org/article.php3?id_article=15798

[3] Para una descripción más detallada de los sectores que respaldaron el golpe de Estado, léase el estudio de Decio Machado que confeccionó una lista de empresas y de sus dirigentes que incitaron o apoyaron activamente a los golpistas: «Quienes apoyan al gobierno ilegítimo de Roberto Micheletti», http://wwwcadtm.org/Quienes-apoyan-al-gobierno

[4] El ejército hondureño tomó el control de los locales de la radio Globo el lunes 28 de septiembre al alba (felizmente, Globo continúa emitiendo vía Internet desde una casa privada) y clausuró las emisiones del Canal 36, la única cadena que difundía informaciones no favorables a los golpistas. Por otra parte, un decreto, difundido el martes 27 de septiembre por la noche por todas las cadenas de televisión, suspendía la libertad de expresión y de reunión durante un mínimo de 45 días y preveía la clausura de medios «que inciten a la insurrección».

[5] «El retorno del presidente Zelaya a Honduras es irresponsable e idiota y no sirve ni a los intereses de su pueblo ni a aquellos que buscan el restablecimiento pacífico del orden democrático en Honduras», ha declarado Lewis Amselem, con una arrogancia correspondiente a su papel de representante alterno de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos. Es el mismo Amselem que estuvo involucrado en el caso del secuestro, tortura y violación de su compatriota Diana Ortiz, monja ursulina que trabajaba de enfermera en aldeas indígenas, por elementos de las fuerzas de seguridad guatemaltecas en 1989. Fue acusado por las organizaciones de defensa de los derechos humanos de negación de asistencia y de difamación. En esa época Amselem trabajaba en la embajada de Estados Unidos en la ciudad de Guatemala como oficial de derechos humanos

http://www.kaosenlared.net/noticia/representante-ee.uu-oea-encubrio-torturadores

[6] http://www.vtv.gov.ve/noticias-internacionales/23468

Premio consuelo *

En una insólita decisión el Comité Nóbel de Noruega puso fin a siete meses de búsqueda entre los 205 nominados para el Premio Nóbel de la Paz y se lo confirió a Barack Obama. En el camino quedó nuestra entrañable senadora colombiana Piedad Córdoba, cuyos esfuerzos en pro de la paz en su desgarrado país merecían con creces ser recompensados con el Premio adjudicado al presidente norteamericano. Este fue nominado, y no es un dato menor, cuando apenas se cumplían dos meses de su ingreso a la Casa Blanca. ¿Qué hizo por la paz mundial en ese breve plazo? Pronunciar lavados discursos y formular nebulosas exhortaciones. En cambio la senadora lleva años exponiendo su integridad física detrás de sus palabras y sus acciones a favor de la pacificación de Colombia. Pero el Comité noruego no lo entendió así y Piedad fue una vez más postergada. Mujer, negra, de izquierda, latinoamericana: demasiados defectos para los prudentes integrantes del Comité, siempre “políticamente correctos”, eternos “bienpensantes” que sólo por equivocación elegirían a un personaje público cuyas luchas por la paz no sean aceptables para el imperio. El Dalai Lama lo es; Piedad no. Para aquél el Premio; para ésta el ninguneo.

Por eso no sorprende que la decisión del Comité noruego haya provocado reacciones muy diversas en el sistema internacional: desde el estupor hasta una gigantesca risotada. Las declaraciones del presidente de ese órgano, Thorbjorn Jagland, no tienen desperdicio: “es importante para el Comité reconocer a las personas que están luchando y son idealistas, pero no podemos hacer eso todos los años. De vez en cuando debemos internarnos en el reino de la realpolitik. Al fin de cuentas es siempre una mezcla de idealismo y realpolitik lo que puede cambiar al mundo.” El problema con Obama es que su idealismo se queda en el plano de la retórica, mientras que en el mundo de la realpolitik sus iniciativas no podrían ser más antagónicas con la búsqueda de la paz en este mundo.

Según informa Robert Higgs, un especialista en presupuestos militares del Independent Institute de Oakland, California, la forma como Washington elabora el presupuesto de defensa oculta sistemáticamente su verdadero monto. Al analizar las cifras elevadas al Congreso por George W. Bush para el año fiscal 2007-2008 Higgs concluyó que ellas representaban poco más de la mitad de la cifra que sería efectivamente desembolsada, llegando por eso mismo a superar la barrera, impensable hasta ese entonces, de un billón de dólares. Es decir, de un millón de millones de dólares. Y esto es así porque, según Higgs, a la suma originalmente asignada al Pentágono es preciso sumar los gastos relacionados con la defensa que se ejecutan por fuera del Pentágono, los fondos extraordinarios demandados por las guerras de Irak y Afganistán, los intereses devengados por el endeudamiento en que incurre la Casa Blanca para afrontar estos gastos y los que se originan en la atención médica y psicológica de los 33.000 hombres y mujeres que sufrieron heridas durante las guerras de Estados Unidos y que requieren un abultado presupuesto de la Administración Nacional de Veteranos. Obama no ha hecho absolutamente nada para detener esta infernal máquina de muerte y destrucción; al contrario, bajo su gestión este presupuesto se incrementó, de modo que aquella barrera del billón de dólares ya quedó bien atrás. Por eso resulta sumamente irritante que cuando por boca de su Secretaria de Estado la Casa Blanca denuncia los “gastos desproporcionados en armamentos” en lugar de ver la viga que tiene en su propio ojo el blanco de sus críticas no sea otra que ¡la Venezuela bolivariana!

El flamante Premio Nóbel de la Paz aumentó el presupuesto para la guerra en Afganistán al paso que contempla incrementar el número de tropas desplegadas en ese país; sus tropas siguen ocupando Irak; no da señales de revisar la decisión de George Bush Jr. de activar la Cuarta Flota; avanza en un tratado todavía secreto con Álvaro Uribe para desplegar siete bases militares norteamericanas en Colombia, y se habla de cinco más que estarían a punto de confirmarse, con lo cual está preparando (o se convierte en cómplice) de una nueva escalada guerrerista en contra de América Latina; mantiene su embajador en Tegucigalpa, cuando prácticamente todos se marcharon, y de ese modo respalda a los golpistas hondureños; mantiene el bloqueo en contra de Cuba y ni se inmuta ante la injusta cárcel de los cinco cubanos encarcelados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo. Claro, el Comité noruego sufre periódicamente algunos desvaríos –no se sabe si ocasionados por su ignorancia de los asuntos mundiales, presiones oportunísticas o las delicias del acquavit noruego-, lo que se traduce en decisiones tan absurdas como la actual. Pero, si en su momento le concedieron el Premio Nóbel de la Paz a Henry Kissinger, correctamente definido por Gore Vidal como el mayor criminal de guerra que anda suelto por el mundo, ¿cómo se lo iban a negar a Obama, sobre todo después del desaire que sufriera a manos de Lula en Kopenhagen? La realpolitik exigía reparar inmediatamente ese error. Porque, al fin y al cabo, como lo declaró el propio presidente de Estados Unidos al enterarse de su premio, éste representa la “reafirmación del liderazgo norteamericano en nombre de las aspiraciones de los pueblos de todas las naciones.” Y, en un súbito ataque de “realismo”, los compañeros del Comité noruego pusieron su granito de arena para fortalecer la declinante hegemonía estadounidense en el sistema internacional. Se sospecha que por esta ayudita ellos también, en su momento, serán debidamente recompensados.

* Versiones preliminares de esta nota fueron publicadas por Página/12 y por Rebelión el día 10 de Octubre del 2009.







OPINA EL POLITÓLOGO ARGENTINO ATILIO BORON EN DIÁLOGO CON WWW.CRONICON.NET





El Director de Cronicón.net, Fernando Arenallo Ortiz, entrevista
al politólogo argentino Atilio Borón.(Foto Jeffrey D. Arellano.)


"PESE A LAS AMENAZAS, ESTÁ EMERGIENDO CON FUERZA UNA CONCIENCIA EMANCIPADORA LATINOAMERICANA"

POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

Aunque los sectores recalcitrantes de la derecha en América Latina impotentes ante la ola de liderazgos y gobiernos progresistas se resisten a perder las jugosas ventajas que obtuvieron gracias al criminal modelo neoliberal, y por eso dan coletazos como el golpe de Estado en Honduras, o se amenaza a la región con la presencia de tropas norteamericanas en siete bases militares de Colombia, las circunstancias políticas en la región dan para el optimismo. Así lo considera el reputado científico social argentino Atilio Borón en entrevista concedida al Observatorio Latinoamericano WWW.CRONICON.NET.

Destaca, por ejemplo, el avance que viene teniendo un mecanismo de cooperación como la Alternativo Bolivariana para América (ALBA), al tiempo que considera que la crisis del capitalismo está impulsando a los países del hemisferio a buscar mecanismos efectivos de integración.

En el ámbito mundial, Borón opina que "las condiciones objetivas son extremadamente favorables en la actual coyuntura para derrotar al capitalismo y generar un proceso revolucionario, siempre y cuando se articule una gran instancia mundial que logre coordinar la lucha de los movimientos sociales y de los partidos políticos de izquierda". Para ello, recomienda que una instancia como el Foro Social Mundial sea el llamado a avanzar en esa dirección, pues según dice, "debe dejar de ser el gran escenario de debate y de la pluralidad de los sujetos para transformarse en la instancia articuladora de la lucha que hay quedar contra el capitalismo".

"Así como el capitalismo está librando una lucha planetaria para enfrentar su crisis, los movimientos sociales y las fuerzas progresistas no pueden dar una lucha local, parcial y parroquial, sino que es necesario concretar una coordinación mundial de todas las resistencias a lo largo y ancho de todos los continentes. Este es el gran desafío de los actores populares", señala el sociólogo argentino.

AISLAR EL GOBIERNO COLOMBIANO DE URIBE VÉLEZ

Dos temas en los últimos meses han sido motivo de cuidadoso análisis por parte de Borón. Por un lado, la amenaza regional que ha desplegado el presidente Álvaro Uribe Vélez al invitar, motu propio, al Comando Sur de los Estados Unidos a operar al menos siete bases militares en Colombia; y por otro, el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras.

Respecto del caso colombiano, este politólogo ha sido categórico al señalar que "hay que oponerse a las bases extranjeras en la región, adoptando toda clase de iniciativas, como por ejemplo, aislando a los gobiernos que favorecen la instalación de las mismas. No puede haber ninguna clase de equívoco o duda sobre el objetivo de estas bases militares de Estados Unidos: constituyen un apoyo en tierra fundamental para la plena participación de unidades del ejército norteamericano, no en el combate contra el narcotráfico o la guerrilla, sino para un despliegue militar en esta zona en donde es muy fácil prever que Colombia va a incurrir en actos de provocación tendientes a generar una guerra con Venezuela".

Para Borón, "el presidente Uribe es un personaje que está absolutamente maniatado, porque el prontuario por sus vinculaciones con el narcotráfico y sus nexos con los paramilitares hacen de él un personaje al que si Washington le pide setenta veces siete bases militares se las va a dar, porque sabe que sino su destino es el de Manuel Antonio Noriega, el ex presidente de Panamá y colaborador de la CIA que se encuentra preso en Estados Unidos con una sentencia de por vida".

AMBIGÜEDAD DE OBAMA

En cuanto al golpe de Estado propinado por sectores fascistas de Honduras, Borón ha criticado la postura ambigua asumida por el gobierno norteamericano del presidente Obama, "producto de la puja interna dentro de la administración" que facilitó la usurpación del poder.

Sin embargo, "el inicial rechazo al golpe manifestado por Obama fue luego atenuado y entibiado por su antigua rival, la secretaria de Estado Hillary Clinton, el carácter indisimulablemente retrógrado de Roberto Micheletti y su entorno, así como la interminable sucesión de exabruptos e insultos dirigidos a Obama cada vez que la Casa Blanca expresaba alguna crítica a Tegucigalpa, fueron creando una atmósfera cada vez más antagónica en relación con los golpistas".

PREMIO UNESCO JOSÉ MARTÍ


Por su acuciante actividad investigativa y sus profundos análisis de la realidad latinoamericana, el pasado mes de julio de 2009 le fue concedido a Borón el Premio Internacional José Martí por parte de la UNESCO.

C
on este reconocimiento se resalta también su sólida trayectoria académica. Su condición de observador político, catedrático universitario y analista de la realidad socioeconómica de América Latina le permite tener una visión muy certera de los fenómenos sociales que vienen suscitándose en el continente. Ph. D. en Ciencia Política de la Universidad de Harvard, Magister en Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de Santiago de Chile, y Licenciado en Sociología con diploma de honor de la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, Boron cuenta además con una amplia experiencia como docente. Desde 1986 está vinculado con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de la cual fue su vicerrector, es investigador principal del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Argentina (CONICET). Entre 1997 y 2006 se desempeñó como secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), ha sido profesor visitante de varias universidades del mundo (entre ellas, Columbia, MIT, UCLA) y actualmente se desempeña como director del PLED, el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Autor de varios libros, entre los cuales se destaca "Imperio e Imperialismo", que obtuvo en 2004 el Premio honorífico de ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas.

EL CAPITALISMO CONVIERTE TODO EN MERCANCÍA

En su discurso al recibir el Premio Internacional de la UNESCO José Martí el pasado 17 de julio en La Habana, Borón hizo el siguiente símil:

"Si el rey Midas de la mitología griega convertía en oro todo lo que tocaba, y caía víctima de ese don, el capitalismo convierte en mercancía todo lo que toca, desde los alimentos hasta las más elevadas manifestaciones del espíritu humano, pasando por la educación y la cultura y llegando, en esta loca carrera autodestructiva, hasta la propia naturaleza, fundamento último de la vida en nuestro planeta".

Respecto de la concepción hegemónica de los Estados Unidos señaló que sus intereses "poco o nada se modifican en función de las características de los ocasionales ocupantes de la Casa Blanca, sean éstas su extracción económica, su orientación ideológica o la pigmentación de su piel: un aristócrata como Teodoro Roosevelt, plebeyos como Ronald Reagan o Harry Truman, un magnate como John F. Kennedy o un afrodescendiente como Barack Obama son todos igualmente funcionales a la hora de desempeñar las tareas que les cabe como jefes del imperio. Hoy más que nunca es preciso no dejarse engañar por las apariencias".

"Decía Martí que los norteamericanos 'creen en la necesidad, en el derecho bárbaro como único derecho: esto es nuestro, porque lo necesitamos', sentencia ésta que prefigura con un siglo de anticipación la más reciente innovación doctrinaria norteamericana en materia de seguridad: la 'guerra preventiva' contra todo aquél que sea definido como una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos".

LA IDEOLOGÍA NEOLIBERAL ESTÁ MUERTA

En su oficina del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED) que dirige, y el cual hace parte del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, localizado en la populosa Avenida Corrientes de Buenos Aires, Borón con su deferencia característica nos atiende para responder a nuestros interrogantes.

- ¿Es dable hablar en América Latina, en esta coyuntura, al despuntar el siglo XXI, de una reconfiguración del sujeto político?

- Yo creo que está en proceso. Eso si, si lo miramos como un proceso en marcha, es válido hablar de una reconfiguración. Es un sujeto político que en algunos países se ha ido reconstituyendo antes que en otros. Me parece que hay algunos avances por ejemplo en el mundo andino, fundamentalmente en Ecuador y en Bolivia, cuyos procesos son bien interesantes, es lo que explica hoy la solidez de la legitimidad de gobiernos como el de Evo Morales y el de Rafael Correa. También hay una cosa parecida, aunque tiene matices propios que lo distinguen en el caso venezolano, que ha sido hecho con rasgos distintos. Venezuela es un caso muy especial, es un mundo andino, pero al mismo tiempo, un mundo caribeño. Y digo un mundo andino porque es algo muy especial, tiene una gran tradición que arranca de épocas precolombinas, de organización popular de base. Eso es un dato que muchas veces los sociólogos pasan por alto pensando que las sociedades tradicionales, precapitalistas, carecían de esta forma de organización popular, pero no, no era cierto. Tenían formas comunitarias muy, muy fuertes que están en la base de la emergencia de movimientos verdaderamente potentes en América Latina como son los que vemos en Bolivia, Ecuador o en Perú, y no sé si en parte de Colombia también. Entonces, ese sujeto está en reconstitución. Es un proceso lento porque la fragmentación que el capitalismo neoliberal produjo en las clases populares fue muy profunda. Destruyó la unidad que traían del pasado. Si tú comparas lo que era el mundo obrero popular en cualquiera de nuestros países en la década de los sesentas con lo que es hoy, la diferencia es abismal. ¿Por qué? Porque en el medio ha habido procesos de precarización laboral, de expulsión de fuerza de trabajo de los empleos formales, y esto ha producido una atomización, una dispersión del universo popular, lo cual complica mucho a la hora de darle una unidad política, una unidad organizativa a un conjunto tan heterogéneo como este.

- En reciente videoconferencia en la Universidad Nacional de Colombia, usted dijo que el modelo neoliberal estaba muerto, no obstante es evidente que en Chile, México, Colombia, e inclusive Argentina, siguen manteniendo este modelo. ¿Por qué hace esa aseveración?

- Porque ese modelo está muerto ya en los países centrales y eso se propaga lentamente hacia la periferia. Pero, evidentemente, hoy en día hablar del neoliberalismo en países como los Estados Unidos, y lo mismo en la Unión Europea, donde el reforzamiento del papel del Estado en la vida económica ha llegado a superar, inclusive el que tenía en las épocas del keynesianismo, me parece que ya es un anacronismo. Incluso, uno de los grandes pensadores y articuladores de la propuesta neoliberal como Allan Greenspan lo reconoció señalando que el mundo ya jamás va a volver a ser como era antes. Por lo tanto, el neoliberalismo como esa ideología de decir liberalicemos todas los contactos económicos, las transacciones económicas, privaticemos todo, dejemos todo en manos del mercado, que los individuos en su egoísmo individualista sean capaces de resolver sus problemas, etcétera, eso ha quedado totalmente sepultado. Claro que como acá llegaron bien tarde las noticias de la caída de Fernando VII cuando era rey de España, producto de la invasión napoleónica, se demoraron varios años, lo mismo pasa ahora y a varios sectores les cuesta tomar nota. Es diciente lo que está pasando en un gobierno como el argentino, que de repente ha tenido que adoptar medidas tales como estatizar los fondos de pensión que estaban en manos privadas. ¿Por qué? No por una vocación socializante del gobierno de Cristina Kirchner, sino porque esos fondos estaban al borde de la banca rota, y tuvieron que ser rescatados por el Estado para evitar su desplome. Lo mismo con la empresa Aerolíneas Argentinas que ha sido vaciada y saqueada por los capitales españoles y el gobierno argentino no tuvo más remedio que retomarla, y lo mismo pasó en Chile donde también había problemas con los fondos de pensiones que hizo que el gobierno neoliberal de Bachelet tuviera que meter mano en el asunto. O sea, esta gente está abandonando el neoliberalismo con medidas puntuales y todavía no se han dado cuenta de que tales medidas obedecen a un agotamiento de un ciclo, lo cual no quiere decir que se acabe el capitalismo. Yo creo que es muy importante distinguir entre neoliberalismo como una fase especial en el desarrollo del capitalismo y el capitalismo en si.

- ¿Y el sistema capitalista no estará agonizando?

- El neoliberalismo está agotado, está muerto en el corazón del sistema capitalista. El capitalismo sigue vivo todavía, y va a seguir vivo por un tiempo, por que para que desaparezca el capitalismo hace falta que alguien lo haga desaparecer, no se cae solo. El capitalismo no es un sistema que se cae solo, es un sistema que tiene una enorme resistencia, una enorme capacidad de volver a ponerse en pie, de superar su propia crisis y por lo tanto lo que se requiere es que haya un actor social que sea capaz de darle el golpe de nocaut. Y ese actor social, en el mundo desarrollado, todavía no ha aparecido, esto es evidente, en el mundo desarrollado tú no tienes ese actor. Si hubiéramos tenido ese actor en los Estados Unidos el capitalismo estaría en el suelo, pero no existe y tampoco lo hay en Europa. Infortunadamente los antiguos partidos comunistas europeos se han convertido, casi, en adalides del neoliberalismo. Entonces realmente es muy difícil pensar que ante condiciones de ausencia de actores que lo quieran hacer caer, el capitalismo se va a caer. Pero se está debilitando y mucho.

LA RAPACIDAD DE ESPAÑA SIGUE INTACTA

- En América Latina se observa un capitalismo de saqueo que usted ha calificado de "recolonización" de España en plena época del bicentenario de la emancipación de nuestros pueblos, aunque si bien ahora los ibéricos ya no vienen con carabelas, espada, ni monjes. En España dicen que aquí no hubo procesos de emancipación anticolonial. ¿A qué atribuye ese discurso?

- Es parte del mismo discurso que los españoles forjaron al amparo del PSOE, en la época de Felipe González, cuando dijeron que en realidad no había habido conquista de América, sino un encuentro de civilizaciones. O sea, una falsedad gigantesca como esa. Ahora lo que están diciendo es que en realidad ellos no quieren que las celebraciones del bicentenario sean sobre la lucha independentista de las colonias iberoamericanas en contra de sus amos coloniales, sino que quieren presentarlo como parte de un proceso básicamente interno y sostienen que fue una lucha entre facciones internas, no fue una lucha contra ellos, una lucha entre dos sectores que no se pusieron de acuerdo, había un sector más radical, y otro sector liberal, pero agregan que los españoles estaban también en plena en lucha en ese momento, porque enfrentaban la ocupación del ejército napoleónico. De lo que se trata es de dulcificar, atenuar, lo que fue el proceso de independencia de América Latina con el objeto de congregar más a la confusión general y hacer pensar que España es nuestra aliada, es nuestra socia, que tiene con nosotros una relación especial, cuando España ha demostrado en los últimos años en América Latina que la rapacidad que le conocimos en la época de los viejos conquistadores, sigue presente hoy con sus empresas y con su afán de controlar los sectores claves de la economía en nuestros países.

- Desde el punto de vista político, ¿América Latina en su concepto sigue siendo una ficción o ya hay procesos de integración que se pueden mirar con esperanza?

- No. No es una ficción. A quien tenga duda de esto hay un hermosísimo libro de Roberto Fernández Retamar que se llama "Todo Caliban" en donde explica, muy bien, la naturaleza no ficcional de América Latina. América Latina nunca fue una ficción, fue siempre un continente con una unidad de origen y de destino, con una cultura común y una situación compartida en materia internacional en tanto sector oprimido por el imperialismo. Pero lo que marca hoy la diferencia, que esta emergiendo con mucha fuerza, es una conciencia emancipadora latinoamericana. Y en ese punto tenemos que enmarcar el legado de José Martí que se extiende a través de la revolución cubana en todos estos años, y después ya comenzando este siglo, la influencia enorme que ha tenido la revolución bolivariana y toda la recuperación de la agenda emancipadora de Simón Bolívar, una agenda continental que nos permite poner bajo una misma perspectiva todos estos procesos de integración que están avanzando. El ALBA cuando se inició era lo que algunos decían una simple idea, una ilusión. Hoy en día el ALBA es una realidad. Todavía es pequeña pero es una realidad. Es una planta que está creciendo muy vigorosamente. Me parece que en ese sentido esta crisis actual refuerza la necesidad de buscar mecanismos efectivos de integración. Porque de esta crisis no hay ningún país que pueda salir solo. Brasil no puede salir solo como la economía más grande de América Latina, México no puede salir solo, las economías europeas tampoco, ellos están reforzando la coordinación entre las diferentes economías para enfrentar a la crisis. Entonces, me parece que esta idea de la integración de una América Latina que aparte de tener una unidad sociológica, filosófica, histórica, se convierte en un actor político, y de a poco se va convirtiendo en una realidad. Pero claro, eso tropieza con los cálculos fenomenales de los Estados Unidos que no quieren una América Latina unida. Por el contrario, para los Estados Unidos lo esencial es una América Latina que esté balcanizada, por que de esa manera la va a dominar más fácil. Esa ha sido una estrategia permanente del imperio. Y antes fue una estrategia permanente de Inglaterra, como gran centro de la organización imperial a finales de siglo XIX, principios del siglo XX. Pero se está avanzando, y en ese sentido los nuevos gobiernos de izquierda en América Latina, en particular los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, están marcando un rumbo que habrá que ver ahora si en el marco de esta crisis se profundiza, cosa que yo espero, o si se debilita el impulso producto del efecto erosionante que está creciendo sobre todas las economías de la región.

- Finalmente, ¿cómo se encuentra América Latina al momento de celebrar el bicentenario de su emancipación? ¿Cuáles son las perspectivas? ¿Se nos abre un buen horizonte? ¿Es superable en el corto y mediano plazo la crisis económica en la región?

- Creo que en el corto plazo va a ser difícil. Entramos en un momento muy complicado. Tenemos una crisis que es la de mayor gravedad que ha tenido el sistema capitalista en quinientos años. Esto lo he desarrollado mucho en el trabajo que presenté en La Habana en marzo pasado, en el Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, y que luego Fidel Castro comentó largamente en una de sus reflexiones. (Nota de AB: La ponencia, más los comentarios de Fidel y Hugo Chávez sobre ella, amén de otras notas y artículos relacionados con este tema fueron compilados en el libro Crisis Civilizatoria y Agonía del Capitalismo, publicado por Ediciones Luxemburg en Buenos Aires) Y en ese contexto me parece que hay que tener mucho cuidado y tratar de impedir que esa crisis devore los avances progresistas que ha habido en la región. Yo avizoro este bicentenario con muchos problemas, un continente que está muy fragmentado todavía a nivel gubernamental, y a nivel social empiezan a haber cosas como la articulación entre movimientos y fuerzas sociales y políticas de distintos países de la región. Pero a nivel gubernamental hay gobiernos con un claro signo de izquierda que son Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Después tenemos una serie de gobiernos que navegan a media agua con un discurso por momentos de izquierda pero una práctica política y económica que no es de izquierda caso Argentina, Brasil, Chile, Uruguay. Y luego tenemos un núcleo duro de derecha, muy fuerte en América Latina en el que están México y Colombia con un papel creciente en tratar de ser un poco el gendarme suramericano, agregándole ahora el caso de Perú y Panamá en donde la derecha ha ganado las dos últimas elecciones. De manera que estamos en un escenario que en el plano gubernamental hay tres grandes bloques. Entonces, América Latina se encuentra todavía sin tener un proyecto unitario a nivel gubernamental, pero por debajo están pasando cosas. Y la esperanza mía es que estos avances de los movimientos sociales, de las fuerzas políticas, esta creciente a nivel de coordinación, este intercambio enorme que se está produciendo en el mundo de la cultura y que hace que nuestros países y los grupos sociales se comuniquen cada vez más, se conozcan cada vez más, me parece que abre unas perspectivas razonablemente optimista. En el 2010 no es que vamos a concretar la revolución inconclusa que nos debemos desde hace dos siglos, como decía muy bien el maestro Orlando Fals Borda, pero podemos empezar a dar un par de pasos fuertes. Yo creo que acá es fundamental reforzar la estabilidad de los gobiernos de izquierda de la región. Yo creo que si tenemos problemas por ese lado, el retroceso va a ser muy grande. Por eso es decisivo fortalecer a Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, que son los países que están a la vanguardia de este proceso. No puede haber problemas ahí, no tenemos que dejar, tenemos que hacer todos los esfuerzos, inimaginables inclusive, para sostener esos procesos, por que si se llegaran a caer, el retroceso que experimentaríamos sería muy, muy grande. Yo confío en que vamos a lograr ayudarles y en que ellos van a lograr sobrevivir bien.

Septiembre de 2009.


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