Atilio A. Boron
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PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires
Investigador Superior del CONICET

(Ponencia presentada al XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, La Habana, Cuba, 2-6 Marzo, 2009. Versión corregida y aumentada)



Después del 11 de Septiembre del 2001 George W. Bush declaró la “Guerra Infinita” contra el terrorismo, una guerra sin fin y que no se vería constreñida por limitación alguna de tiempo o geografía. Esta política no sólo era equivocada sino inmoral, y fracasó: al abandonar la Casa Blanca su legado fue un mundo más violento e inseguro que antes. Su administración también dejó como herencia un verdadero tsunami económico y financiero a escala mundial: una “crisis infinita” cuyas proyecciones desafían nuestra imaginación. En las páginas que siguen quisiéramos exponer algunas ideas en torno a la misma, sus probables “salidas” y el papel que, en una coyuntura como esta, podría desempeñar una opción socialista. Dadas las restricciones de tiempo evitaremos innecesarios tecnicismos y trataremos de plantear las cosas de forma simple, pero sin caer en simplismos.



1. Comencemos caracterizando a esta crisis por la negativa, diciendo lo que esta crisis no es. Esto es importante porque el bombardeo mediático al que están sometidas nuestras sociedades presenta a los economistas y otros ideólogos del establishment hablando de una “crisis financiera” o “crisis bancaria”. Poco antes, ni siquiera hablaban de eso: se decía que estábamos en presencia de una crisis de las hipotecas “sub-prime”. Se pretendía, de este modo, minimizar a la crisis, subestimarla, presentarla ante los ojos de la población como un incidente relativamente menor en el caprichoso rodaje de los mercados y que para nada pone en cuestión la salud y viabilidad del capitalismo como supuesta “forma natural” de organización de la vida económica. El paso del tiempo se encargó de demoler todas estas falacias.

2. ¿Qué clase de crisis, entonces? Si bien estamos apenas transitando su primera fase y aún cuando cuando “no se ha tocado fondo” no es para nada temerario pronosticar que nos hallamos ante una crisis general del sistema capitalista en su conjunto, la primera de una magnitud comparable a la que estallara en1929 y a la llamada “Larga Depresión” de 1873-1896. Una crisis integral, civilizacional, multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos el tiempo se encargará de demostrar que es de mayor envergadura que las que le precedieron. Hace poco Immanuel Wallerstein sostuvo que el capitalismo había entrado en una crisis terminal: una situación totalmente descontrolada y caótica que supera la capacidad de quienes hasta hace poco retenían firmemente el control del sistema en sus manos. No hay posibilidad de regreso a un nuevo punto de equilibrio, entre otras razones porque éste ni siquiera es imaginable. Así, concluye Wallerstein, el capitalismo se acerca a su ocaso con un “final wagneriano.”[1]

3. La crisis se torna visible, inocultable, por el estallido de la burbuja creada en torno a las hipotecas “sub-prime” y luego se transmite, rápidamente, a los bancos e instituciones financieras de Wall Street, y finalmente se extiende a todos los sectores y a la economía mundial. Pero la burbuja, y su estallido, es el síntoma; es como la fiebre que denuncia la presencia de una peligrosa infección. No es tanto la enfermedad (aunque podría argumentarse que la tendencia permanente en el capitalismo a formar burbujas especulativas también es un signo de insalubridad) como su manifestación externa, la que por momentos adquiere contornos ridículos o aberrantes. Ejemplo: la compra que efectúa en Marzo del 2008 el gigantesco banco JP Morgan del Banco de Inversiones Bear Stearns, el quinto en importancia en Wall Street, operación que se cierra por la irrisoria suma de 236 millones de dólares. Una semana más tarde el precio de esa firma se multiplicó por cinco. Pocos meses después, en Septiembre, y ante la pasividad de las autoridades económicas, se produce la bancarrota de Lehman Brothers, uno de los principales bancos de inversión de Estados Unidos. Merrill Lynch, su competidor en ese rubro, es vendido de urgencia al Bank of America en 50.000 millones de dólares.


4. Se trata, por lo tanto, de una crisis que trasciende con creces lo financiero o bancario y afecta a la economía real en todos sus departamentos. Y además es una crisis que se propaga por la economía global y que desborda las fronteras estadounidenses. Todos los esfuerzos para ocultarla a los ojos del público resultaron en vano: era demasiado grande para eso.

5. Sus causas estructurales son bien conocidas: es una crisis de superproducción y a la vez de subconsumo, el mecanismo periódico de “purificación” de capitales típico del capitalismo. No por casualidad estalló en EEUU, porque este país hace más de treinta años que vive artificialmente del ahorro y del crédito externo, y estas dos cosas no son infinitas ni inagotables: las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades y se lanzaron a realizar riesgosas operaciones especulativas; el Estado se endeudó irresponsable y demagógicamente para hacer frente no a una sino a dos guerras, no sólo sin aumentar los impuestos sino que reduciéndolos y, además, los particulares han sido sistemáticamente impulsados, vía la publicidad comercial, a endeudarse para sostener nivel de consumo desorbitado, irracional y despilfarrador. Un informe de la Reserva Federal de Estados Unidos, de Agosto del 2007, ya advertía sobre los extremos a que estaba llegando el endeudamiento de los hogares norteamericanos: entre 1980 y 2006 este había pasado de representar un 58 % del ingreso familiar a casi un 120 %. Según Eric Toussaint
uno de los mayores expertos a nivel mundial sobre el tema, esta tendencia se acentuó en los dos años siguientes llevando el endeudamiento de los hogares hasta representar el 140 % de sus ingresos anuales. Es decir, cada familia debe un 40 % más de todo lo que percibe en un año. La misma fuente asegura que el endeudamiento total de Estados Unidos (es decir, la sumatoria de la deuda pública, más la de las empresas y la de los hogares) alcanzó, a finales del 2008, al 350% del Producto Interno Bruto de ese país. Era sólo cuestión de tiempo para que esta espiral de endeudamiento indefinido se detuviera catastróficamente. Y ese momento ya llegó. [2]


6. Pero a estas causas estructurales hay que agregar otras que colaboraron en el desenlace. La acelerada financiarización de la economía, y su correlato, la irresistible tendencia hacia la incursión en operaciones especulativas cada vez más riesgosas. El capital creyó haber descubierto la “fuente de Juvencia” en la especulación financiera: el dinero generando más dinero prescindiendo de la valorización que le aporta la explotación de la fuerza de trabajo. Además, este maravilloso descubrimiento tenía la fascinación de la velocidad: fabulosas ganancias se podían lograr en cuestión de días, o semanas a lo máximo, gracias a las oportunidades que la informática ofrece de vencer toda restricción de tiempo y espacio. Los mercados financieros desregulados a escala planetaria incentivaron la adicción del capital a la ganancia y a dejar de lado cualquier escrúpulo. Tal como Michel Collon lo recordara recientemente, tenía razón Karl Marx cuando escribió que "Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen."[3]

7. Otras circunstancias favorecieron el estallido de la crisis. Sin duda, las políticas neoliberales de desregulación y liberalización hicieron posible que los actores más poderosos que pululan en los mercados, los grandes oligopolios transnacionales, impusieran “la ley de la selva,” tal como lo expresara Fidel en una de sus reflexiones. Mercados descontrolados, o controlados por las pasiones y los intereses de los oligopolios que lo dominan, tenían que terminar produciendo una catástrofe como la actual. Tiene razón Samir Amin cuando dice que estamos en presencia de una crisis que no fue producida por la lucha de clases entre burgueses y proletarios sino por la prolongada acumulación de las contradicciones propias del capital.

8. Primer dato significativo de la crisis actual: una enorme destrucción de capitales a escala mundial, proceso salvaje que los economistas convencionales dulcificaron y sublimaron, como en su tiempo lo hiciera Joseph Schumpeter, caracterizándolo como una “destrucción creadora” de fuerzas productivas. En Wall Street esta “destrucción creadora” hizo que la desvalorización de las empresas que cotizan en esa bolsa llegase a casi el 50 %; en Europa, las pérdidas superan levemente esa marca. Ergo: una empresa que antes cotizaba en bolsa un capital de 100 millones, ¡ahora tiene 50 millones! Las consecuencias recesivas de tamaña destrucción de capitales son fáciles de identificar: caída de la producción, desempleo, derrumbe de los precios, de los salarios y de la demanda agregada. Es decir, reaparece el círculo vicioso de la depresión económica. Veamos el diagnóstico que realiza un observador sobre el panorama de Wall Street: “el sistema financiero en su totalidad está a punto de estallar. Ya tenemos más de 500.000 millones de dólares en pérdidas bancarias, y hay un billón más que está por llegar. Más de una docena de bancos están en bancarrota, y hay cientos más esperando correr la misma suerte. A estas alturas más de un billón de dólares han sido transferidos desde la FED al cartel bancario, pero un billón y medio más será necesario para mantener la liquidez de los bancos en los próximos años.” [4] Para Stathis, como para muchos otros, lo que estamos viviendo es la fase inicial de una larga depresión, y la palabra recesión, tan utilizada recientemente, no captura en todo su dramatismo lo que el futuro depara para el capitalismo.

a. Un ejemplo entre los muchos será suficiente para ilustrar esta cuestión: La acción ordinaria de Citigroup perdió el 90 % de su valor en 2008. ¡La última semana de febrero cotizaba en Wall Street a $ 1.95 por acción! Un informe elaborado por una consultora financiera de la India recordaba que diez años atrás una acción del Citigroup le permitía a una persona ofrecer una cena para su familia en un buen restaurant indio de Nueva York. En ese entonces, el 19 de Febrero de 1999, la acción de Citigroup cotizaba a $ 54.19; diez años más tarde, el 21 de Febrero del 2009, esa misma acción valía apenas $1.95 (¡de un dólar devaluado!) y no alcanzaba siquiera para ordenar un plato de maníes. Sobran ejemplos de este tipo.
La especulación desenfrenada y totalmente carente de escrúpulos, posible debido a la complicidad de las autoridades monetarias estadounidenses como el Departamento del Tesoro, la Reserva Federal y la Securities and Exchange Comisión (la Comisión de Valores encargada de supervisar el funcionamiento de la Bolsa), ya había originado un derrumbe aún más pronunciado de las acciones de la Enron, que pasaron de valer 83 dólares por acción en Enero del 2001 a $ 0.67 un año más tarde. Operaciones mafiosas y fraudulentas como estas, que invariablemente contaban con la bendición de las grandes “calificadoras de riesgo”, los bancos de inversión, los paraísos fiscales y algunos de los más destacados estudios contables de todo el mundo se venían practicando desde hacía décadas. A fines del 2008 la gigantesca estafa de Bernard Madoff (que hacia fines de Marzo del 2009 ascendía a unos 65.000 millones de dólares) vino a ratificar que este tipo de operaciones es impensable e impracticable sin una amplia y densa red de protección mafiosa que alcanza a las máximas autoridades económicas y judiciales de Estados Unidos así como a las mega-corporaciones que, de una u otra manera, controlan el casino financiero internacional. [5]

9. Pero este proceso de destrucción de capitales no es neutro pues favorece a los mayores y mejor organizados oligopolios, que así podrán desplazar a sus rivales de los mercados. La “selección darwiniana de los más aptos” despejará el camino para nuevas fusiones y alianzas empresariales, enviando a los más débiles a la quiebra y aumentando la centralización y concentración de los capitales.

10. Segundo dato significativo: acelerado aumento del desempleo. En un reciente artículo Ignacio Ramonet aportó una visión panorámica sobre el tema. Allí nos informa, por ejemplo, que la Organización Internacional del Trabajo estima que el número de desempleados en el mundo (unos 190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de 2009. Y recuerda que los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros diarios) serán 1.400 millones, o sea el 45% de la población económicamente activa del planeta. En esa misma nota Ramonet afirma que en Estados Unidos la recesión ya destruyó 3,6 millones de puestos de trabajo, a un ritmo nunca visto. La mitad durante los últimos tres meses. El total de desempleados ya asciende a 11,6 millones. Y firmas gigantes como Microsoft, Boeing, Caterpilar, Kodak, Pfizer, Macy's, Starbucks, Home Depot, SprintNextel o Ford Motor planean desprenderse de 250.000 asalariados en 2009. En la UE, el número de desempleados es de 17,5 millones, 1,6 millones más que hace un año. Y para 2009, se prevé la pérdida de 3,5 millones de empleos. En 2010, la desocupación escalará hasta el 10% de la población activa. En Sudamérica, también según la OIT, en 2009, se registrará un aumento de 2,4 millones de desempleados. Si bien los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay), así como Venezuela, Bolivia y Ecuador, podrían eventualmente capear el temporal, o tratar de minimizar sus daños, varios países centroamericanos y del Caribe así como México, Chile y Perú, por sus estrechos lazos con la economía estadounidense establecidos con la firma de diversos Tratados de Libre Comercio, serán fuertemente golpeados por la crisis.[6]


11. Por lo tanto, estamos ante una crisis que afecta a todos los sectores de la economía: la banca, la industria, los seguros, la construcción, la agricultura, la minería, etcétera y que se disemina por todo el conjunto del sistema capitalista internacional. El “contagio” se produjo de inmediato en los capitalismos desarrollados y luego pasó a diseminarse rápidamente por la periferia. Cuánto más vinculados con la dinámica de los capitalismos centrales se encuentren estos países más rápida será la propagación de la crisis y más profundos y perjudiciales habrán de ser sus efectos.

12. Mecanismos principales de transmisión de la crisis son los ajustes en los planes de producción de las grandes transnacionales, que dominan casi sin contrapeso las economías latinoamericanas. Decisiones que se toman en sus casas matrices, situadas en las metrópolis capitalistas, y que afectan a sus subsidiarias en la periferia generando despidos masivos, interrupciones en las cadenas de pagos, caída en la demanda de insumos, etcétera. En el artículo ya citado Ignacio Ramonet observa que “Grecia ha prohibido a sus bancos que socorran a las sucursales en otros países balcánicos. EEUU ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. No ayuda a las multinacionales extranjeras (Toyota, Kia, Volkswagen, Volvo) instaladas en su territorio. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el proteccionismo podía ser "un mal necesario en tiempos de crisis". El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a "consumir productos españoles".” Y Barack Obama, agregamos nosotros, promueve el “buy American!

13. Otras fuentes de propagación de la crisis, en la periferia, son:

a. La caída en los precios de las commodities que exportan los países latinoamericanos y caribeños, con su secuelas recesivas y el aumento de la desocupación.

b. Drástica disminución de las remesas de los emigrantes latinoamericanos y caribeños residentes en los países desarrollados. Hay que recordar que en algunos casos las remesas son el ítem más importante en el ingreso internacional de divisas, por encima de lo obtenido por las exportaciones.

c. Retorno de los emigrantes, deprimiendo aún más el mercado de trabajo, aumentando el desempleo, reduciendo los salarios y comprimiendo el nivel de consumo.

14. Pero la crisis actual muestra facetas más preocupantes que las dos grandes depresiones del siglo diecinueve y el siglo veinte:

a. En primer lugar porque la que estalló en la segunda mitad del año pasado se conjuga con una profunda crisis del paradigma energético predominante basado en el uso irracional y predatorio del combustible fósil, un recurso finito y no renovable, lo que requiere imperativamente su reemplazo. La superposición de esta crisis con la crisis general del capitalismo agrava las cosas al tornar impostergable el inicio de una costosa y difícil transición hacia un paradigma energético alternativo basado en fuentes no fósiles y renovables. Tarea enormemente costosa que, en condiciones normales, es sumamente difícil de realizar; mucho menos ahora, cuando urge hacerla bajo condiciones tan desfavorables como las de la crisis de nuestros días. [7]

b. En segundo lugar porque esta crisis coincide con la creciente toma de conciencia de los catastróficos alcances del cambio climático. Enfrentar esta amenaza, que pone en juego el destino mismo de toda forma de vida en el planeta tierra, supone significativos ajustes en la estructura económica que decretarán la obsolescencia de algunas gigantescas empresas y promoverán el surgimiento de nuevas unidades productivas. En otras palabras: se acelerará y profundizará la pugna inter-burguesa en el seno de las clases dominantes del sistema imperialista y las autoridades estatales tendrán que demostrar una habilidad y firmeza extraordinarias para dar adecuada respuesta al desafío ecológico.

c. Agréguese a lo anterior la crisis alimentaria, agudizada por el empecinamiento del capitalismo en mantener un irracional patrón de consumo que ha llevado a reconvertir tierras aptas para la producción de alimentos en campos destinados a la elaboración de agrocombustibles. El efecto de esta política ya ha sido puesto de manifiesto en los grandes aumentos experimentados por algunos items básicos de la canasta alimentaria de América Latina como el maíz, provocando una descontrolada alza de precios de la tortilla en México y otros países. [8]

15. Pero la crisis recién comienza: Obama reconoció que no hemos tocado fondo todavía, y que “tal vez los EEUU deban elegir un nuevo presidente…” Un agudo observador de esta crisis, Michael Klare, escribió días pasados que “si el actual desastre económico se convierte en lo que el presidente Obama ha denominado ‘década perdida’, el resultado podría consistir en un paisaje global lleno de convulsiones motivadas por la economía.” [9]

16. No deja de ser sumamente significativo que frente al optimismo de varios gobernantes latinoamericanos que hablan de que sus economías están “blindadas” para resistir a pie firme a la crisis, el ocupante de la Casa Blanca piense que es muy posible que un verdadero desastre económico se precipite sobre el corazón del imperio ocasionando la pérdida de una década de crecimiento y, eventualmente, la renuncia del presidente de los Estados Unidos.

a. Los antecedentes históricos avalan ese pesimismo: en 1929 la desocupación en EEUU llegó al 25 %, al paso que caían los precios agrícolas y de las materias primas. Pero 10 años después, y pese a las radicales políticas puestas en marcha por Franklin D. Roosevelt (el New Deal), la desocupación seguía siendo muy elevada (17 %) y la economía no lograba salir de la depresión. Sólo la Segunda Guerra Mundial puso fin a esa etapa. Y ahora, ¿por qué habría de ser más breve?

b. La depresión de 1873-1896, duró ¡23 años! Los factores que
la precipitaron fue el colapso de la Bolsa de Valores de Viena, producido también por una burbuja especulativa ligada al precio de la tierra en París y las grandes construcciones que comenzaron en esa ciudad luego de la derrota francesa en la guerra Franco-Prusiana y la sangrienta represión de la Comuna de París. Las reparaciones de guerra exigidas a los franceses y los grandes pagos que debían efectuar a favor de Alemania contribuyeron a crear las condiciones de la crisis, así como la especulación de tierras que se inició en Estados Unidos una vez finalizada la Guerra Civil relacionada con la construcción de grandes emprendimientos ferroviarios que originó otra burbuja que estalló en 1873.

c. Dados estos antecedentes, ¿por qué ahora saldríamos de la actual crisis en cuestión de meses, como vaticinan algunos publicistas y “gurúes” de Wall Street y sus “repetidores” en la periferia del sistema.


17. No se saldrá de esta crisis con un par de reuniones del G-20, o del G-7. Tampoco apelando a los inmensos rescates dispuestos por los gobiernos de los capitalismos metropolitanos para salvar a las empresas. Si una prueba hay de su radical incapacidad para resolver la crisis es la respuesta de las principales bolsas de valores del mundo luego de cada anuncio o cada sanción de una ley aprobatoria de un nuevo rescate: invariablemente la respuesta de “los mercados”, en realidad, de los oligopolios que los controlan a su antojo, es negativa, y las bolsas vuelven a caer. Necesitamos más y más, nos dicen. Si fuera preciso habría que socializar toda la riqueza producida por el planeta y destinarla a preservar la integridad de nuestros intereses y la santidad de nuestro patrimonio.

a. Según atestigua George Soros “la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. A estas alturas, la reparación del sistema financiero no impedirá una recesión mundial grave. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas y a la construcción de infraestructuras ecológicas. Este estímulo podría convertirse en la nueva locomotora de la economía mundial.” [10] Bonitas palabras pero, ¿que grados de viabilidad tiene una propuesta como ésta, que ataca al consumismo norteamericano, al poder de los grandes lobbies vinculados a las industrias del petróleo y el automóvil, y que implica ampliar extraordinariamente las capacidades de intervención y gestión directa del estado, poniendo límites a la tiranía de los mercados?

18. Se abre por lo tanto un largo período de tironeos y negociaciones para definir de qué forma se saldrá de la crisis, quienes serán los beneficiados y quienes deberán pagar sus costos.

a. Conviene recordar que en relación a la crisis estallada en 1929 el diseño de la arquitectura económica y financiera internacional que resultó fundamental para la recuperación de la posguerra, el llamado régimen de Bretton Woods, demandó casi un año de arduas negociaciones preparatorias, mismas que culminaron con la Conferencia que tuvo lugar en esa ciudad de New Hampshire entre el 1 y el 22 de Julio de 1944.

b. Que tales acuerdos, concebidos en el marco de la fase keynesiana del capitalismo, coincidieron con la estabilización de un nuevo modelo de hegemonía burguesa que, producto de las consecuencias de la guerra y la lucha anti-fascista tenía como inédito e inesperado telón de fondo el fortalecimiento de la gravitación de los sindicatos obreros, los partidos de izquierda y las capacidades reguladoras e interventoras de los estados.

19. ¿Es razonable esperar un desenlace similar a la crisis actual? Cualquier pronóstico en una situación tan volátil como ésta es sumamente arriesgado, pero de partida nomás hay que tener en cuenta que existen varias significativas diferencias entre los respectivos contextos globales de las ya mencionadas crisis.

a. En primer lugar, ya no está la URSS, cuya sola presencia y la amenaza de la extensión hacia Occidente de su influencia inclinaba la balanza de la negociación a favor de la izquierda, los sindicatos y las organizaciones populares. Si la burguesía europea se avino a negociar y aceptar algunas conquistas de los trabajadores no fue sólo por el empeño y la fuerza por éstos demostradas a lo largo de muchos años de lucha. También jugó un papel muy importante la sombra que la URSS proyectaba sobre todas esas negociaciones y esos compromisos.

b. En la actualidad China ocupa un papel incomparablemente más importante en la economía mundial que el que en su tiempo tuviera la URSS, pero sin una importancia paralela reflejada en la política mundial. La URSS, en cambio, pese a su debilidad económica era una formidable potencia militar y política. Gracias a ello era un “jugador” de primer orden en los principales terrenos de la política internacional. China es una potencia económica, pero con escasa presencia militar y política en los asuntos mundiales, si bien está comenzando un muy cauteloso y paulatino proceso de reafirmación de sus intereses a escala planetaria.


c. Pese a estas salvedades China puede llegar a jugar un papel positivo para la estrategia de recomposición económica de los países de la periferia. Golpeada también por la crisis, Beijing está gradualmente reorientando sus enormes energías nacionales hacia el mercado interno. Por múltiples razones que sería imposible discutir aquí China es un país que necesita que su economía crezca al 8 % anual, sea como respuesta a los estímulos de los mercados mundiales o a los que se originen en su inmenso –y sólo parcialmente explotado- mercado interno. De confirmarse ese gradual reorientación es posible predecir que China seguirá necesitando muchos productos originarios de los países del Tercer Mundo, como níquel, cobre, acero, petróleo, soja y numerosas materias primas y alimentos.

d. En la Gran Depresión de los años 30, en cambio, la URSS tenía una muy débil inserción en los mercados mundiales. Se puede decir que era prácticamente autárquica y que, por lo tanto, no podía jugar ningún rol significativo en la crisis, sobre todo en materia económica. Podía movilizar, no sin dificultades, los partidos comunistas articulados en la Tercera Internacional. No era poco, pero tampoco era suficiente. Hoy con la China es distinto: podrá seguir jugando un papel muy importante y, al igual que Rusia e India (aunque éstas en mucha menor medida) comprar en el exterior las materias primas y alimentos que necesite. La URSS no tenía condiciones de desempeñar ese papel en los tiempos de la Gran Depresión.

e. En los 30s la “solución” de la crisis se encontró en el proteccionismo y la guerra mundial. Hoy, aunque se quisiera, el proteccionismo tropezará con muchos obstáculos debido a la interpenetración de los grandes oligopolios nacionales en los distintos espacios del capitalismo mundial. [11] La conformación de una burguesía mundial, arraigada en gigantescas empresas que, pese a su base nacional, operan en un sinnúmero de países, hace que la opción proteccionista en el mundo desarrollado sea de escasa efectividad en el comercio Norte/Norte y las políticas tenderán -al menos por ahora y no sin tensiones- a respetar aunque sea a regañadientes los parámetros establecidos por la OMC. La carta proteccionista aparece como mucho más probable cuando se la aplique, como seguramente se hará, en contra del Sur global. Bajo estas condiciones, una guerra mundial motorizada por “burguesías nacionales” del mundo desarrollado dispuestas a luchar entre sí por la supremacía en los mercados es prácticamente imposible porque tales “burguesías” han sido desplazadas por el ascenso y consolidación de una “burguesía imperial” dueña de un proyecto de dominación mundial, que periódicamente se reúne en Davos para coordinar estrategias y tácticas de lucha en todos los frentes y para la cual la opción de un enfrentamiento militar constituiría un fenomenal despropósito. Pero eso no quiere decir que esa “burguesía imperial” no apoye, como lo ha hecho hasta ahora con las aventuras militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán, la realización de otras operaciones militares en la periferia del sistema, necesarias para preservación del “orden capitalista global” y, de paso, potenciar la rentabilidad del complejo militar-industrial norteamericano e, indirectamente, de los grandes oligopolios de los demás países ligados a su suerte.


20. ¿Se derrumbará el capitalismo norteamericano?

La situación actual no es igual a la de los años treintas. Pero, más allá de eso, hay que recordar una frase de Lenin cuando decía que “el capitalismo no se cae si no hay una fuerza social que lo haga caer.” Y esa fuerza social hoy no está presente en las sociedades del capitalismo metropolitano, incluido Estados Unidos. Consultado sobre el tema el historiador marxista británico Eric Hobsbawm dijo que la izquierda “es muy débil en Europa. O está fragmentada. O desapareció. Refundación Comunista en Italia es débil y las otras ramas del ex PCI están muy mal. Izquierda Unida en España también está cayendo de la ladera de la colina. Algo quedó en Alemania. Algo en Francia, con el Partido Comunista. Ni esas fuerzas, y menos aún la izquierda más extrema, como los trotskistas, y ni siquiera una social democracia como la que describía antes, alcanzan todavía como respuesta a esta crisis y a sus peligros. La misma debilidad de la izquierda aumenta los riesgos.” [12] Por otra parte, en los treintas y principios de los cuarentas había una disputa por la hegemonía en el seno del sistema imperialista mundial: Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Francia y Japón dirimían en el terreno militar su pugna por la hegemonía imperial en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Pero esa lucha ya ha concluido.

21. Hoy, la hegemonía y la dominación están claramente en manos de Estados Unidos.

a. Es el único garante del sistema capitalista a escala mundial. Si Estados Unidos cayera desencadenaría un efecto dominó que provocaría el derrumbe de casi todos los capitalismos metropolitanos, para ni hablar de la periferia del sistema. Por eso, en caso de que Washington se vea amenazado por una insurgencia popular todos acudirán a socorrerlo, porque es el sostén último del sistema y el único que, en caso de necesidad, puede socorrer a los demás proporcionando apoyo político, asistencia financiera, enviando tropas, difundiendo propaganda política e ideológica, etcétera.

b. Estados Unidos es un actor irreemplazable y centro indiscutido del sistema imperialista mundial: sólo él dispone de más de 700 misiones, enclaves y bases militares en unos 120 países que constituyen la reserva final del sistema. Si las demás opciones de disciplinamiento y control internacional fracasan, la fuerza aparecerá en todo su esplendor. Y sólo EEUU puede desplegar sus tropas y su arsenal de guerra para mantener el orden a escala planetaria. Es, como dijera Samuel Huntington, “el sheriff solitario”. Y no hay otro. Por eso es irremplazable.

c. Por otra parte, hay que recordar que este “apuntalamiento” del centro imperialista cuenta con la invalorable colaboración de los demás socios imperiales, o con sus competidores en el área económica e inclusive con la mayoría de los países del Tercer Mundo, que acumulan sus reservas en dólares estadounidenses. Ahora bien: ni China, Japón, Corea o Rusia, para hablar de los mayores tenedores de dólares del planeta, pueden liquidar su stock en esa moneda porque sería una movida suicida para sus propios intereses. Pero, en función de la trayectoria seguida por la crisis, esa decisión bien podría llegar a ser revisada.


d. Por otro lado, la conducta de los mercados y de los ahorristas de todo el mundo fortalece la posición norteamericana: la crisis se profundiza, los rescates demuestran ser insuficientes, el Dow Jones de Wall Street cae por debajo de la barrera psicológica de los 7.000 puntos –¡descendiendo por debajo de la marca obtenida en 1997!- y pese a ello la gente busca refugio en el dólar, ¡cayéndose las cotizaciones del euro y el oro!

22. Fidel, en “La Ley de la Selva”, decía que “La crisis actual y las medidas brutales del gobierno de EEUU para salvarse traerán más inflación, más devaluación de las monedas nacionales, más pérdidas dolorosas de los mercados, menores precios para las mercancías de exportación, más intercambio desigual. Pero traerán también a los pueblos más conocimiento de la verdad, más conciencia, más rebeldía y más revoluciones". [13]

a. Diagnóstico este que, en líneas generales, plantea también un autor de tan irreprochables credenciales conservadoras como Zbigniev Brzezinski. Cuando en un reciente reportaje radial se le preguntó si creía que podría haber conflicto de clases en Estados Unidos, respondió que “estoy preocupado porque vamos a tener millones y millones de desocupados, mucha gente pasándola realmente muy mal. Y esa situación estará presente por un tiempo antes de que las cosas eventualmente mejoren. Al mismo tiempo hay una conciencia pública de la riqueza extraordinaria que se transfirió a los bolsillos de unos pocos individuos, en niveles sin precedentes históricos en Estados Unidos. Y yo me pregunto: ¿qué puede pasar en esta sociedad cuando toda esa gente se quede sin trabajo, con sus familias dañadas, cuando pierdan sus casas? … Si el Congreso no actúa habrá un conflicto cada vez mayor entre las clases, y si la gente está desocupada y realmente golpeada, ¡demonios, hasta podríamos llegar a tener gravísimos tumultos sociales!” [14]

23. ¿Cuáles alternativas para los pueblos?

a. Estamos en presencia de una crisis que es mucho más que una crisis económica, o financiera. Se trata de una crisis integral de un modelo civilizatorio que es insostenible económicamente, por los estragos que está causando; políticamente, porque requiere apelar cada vez más a la violencia en contra de los pueblos; insustentable también ecológicamente, dada la destrucción, en algunos casos irreversible, del medio ambiente; e insostenible socialmente, porque degrada la condición humana hasta límites inimaginables y destruye la trama misma de la vida social y la convivencia civilizada.

b. La respuesta a esta crisis, por lo tanto, no puede ser sólo económica o financiera. Las clases dominantes harán exactamente eso: utilizar un vasto arsenal de recursos públicos para socializar las pérdidas y reflotar a los grandes oligopolios. Encerrados en la defensa de sus intereses más inmediatos carecen siquiera de la visión para concebir una estrategia más integral. La persistente invocación de los gobernantes del Primer Mundo a la “sabiduría y expertise” del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio para resolver la crisis, a pesar de que todos saben que han sido sus autores ideológicos, políticos -y, en muchos casos, materiales- es prueba evidente de que su única meta es retornar al status quo anterior. Nada bueno se puede esperar de esos gobiernos.


c. En el campo popular se impone una meticulosa preparación para este nuevo período histórico signado por la crisis general capitalista. Esto ofrecerá nuevas oportunidades de lucha y abre la posibilidad, en algunos países, de conquistar si no un triunfo revolucionario al menos un avance revolucionario que mejore sustancialmente la situación de los trabajadores en la sociedad capitalista.

d. Pero también hay que ser conciente de que esta situación también podría culminar con una aplastante derrota del campo popular. Sería ingenuo pensar que porque el capitalismo está en crisis su suerte está echada. Una recomposición reaccionaria del orden burgués también figura entre las posibilidades que anidan en la actual coyuntura.

e. Hasta ahora las tensiones y sufrimientos provocados por la crisis se han traducido, en el mundo desarrollado, en una acelerada escalada de xenofobia y racismo. Pero el malestar social también se ha cobrado otras víctimas. En el ya mencionado trabajo Ignacio Ramonet sostiene que “(L)as turbulencias ya han causado la caída de los Gobiernos de Bélgica, Islandia y Letonia. Se han registrado manifestaciones en Francia, con una huelga nacional el 29 de enero y enfrentamientos violentos en Guadalupe. Los países más vulnerables de la UE: Hungría, Bulgaria, Grecia, Letonia, Lituania... también han registrado protestas y disturbios más o menos violentos.” [15] En la misma línea de preocupación se encuentra el análisis, también ya referido, de Michael Klare, nos dice que ya se han sucedido episodios de violencia en Atenas, Longnan (China), Puerto Príncipe (Haití), Riga (Letonia), Santa Cruz (Bolivia), Sofía (Bulgaria), Vilnius (Lituania), y Vladivostok (Rusia) mientras que en Reikiavik, Paris, Roma y Zaragoza a Moscú y Dublín han sido testigos de importantes protestas provocadas por el creciente desempleo y los salarios en descenso.” [16]

f. En América Latina el impacto de la crisis es inocultable. Dada la elevada extranjerización de nuestras economías y el papel crucial en que ellas desempeñan los grandes oligopolios transnacionales, las políticas de ajustes y reducción de costes que promuevan sus casas matrices son aplicadas al pie de la letra en nuestros países. Si en la gran crisis anterior, la de los años treinta, la absorción de sus impactos más negativos fue posible por el inicio de un proceso de industrialización sustitutiva esa perspectiva hoy se encuentra agotada o, en el mejor de los casos, tiene muy bajas probabilidades de éxito.

g. ¿Qué hacer, entonces? En primer lugar, recordar y aplicar los clásicos axiomas del leninismo que recomiendan, en coyunturas como éstas, intensificar los esfuerzos en materia de organización y concientización del campo popular. Las víctimas de esta situación abarcan un amplio espectro dentro del universo de las clases explotadas y dominadas, y son precisamente estas formaciones sociales las que fueron atomizadas, desorganizadas, fragmentadas por las políticas neoliberales de los últimos treinta años. La reconstitución social, política e ideológica del campo popular es, por lo tanto, un imperativo impostergable de la hora actual. En relación a lo ideológico para convencer a la sociedad de que no hay solución dentro del capitalismo para la crisis actual, sólo paliativos. La solución de fondo sólo la puede ofrecer una alternativa socialista.[17] E insistir en lo que decía el revolucionario ruso: la única arma con que cuenta el proletariado es su organización.” Por lo tanto, será preciso dejar de lado los cantos de sirena de autores como Michael Hardt y Antonio Negri (y sus epígonos en América Latina) con su romántica exaltación de la multitud y su espontaneísmo -que rechaza toda forma de organización, jerarquía, educación política, pensamiento estratégico y táctico- ingredientes seguros de una nueva y más catastrófica derrota del campo popular. No será invocando a la inconmensurabilidad de los cuerpos y su única e irrepetible individualidad como se podrá derrotar a un imperio en decadencia y acosado por una fenomenal crisis en todos los órdenes de la vida. Eso es lo que plantean las fantasías teóricas del posmodernismo, pero para derrotar al imperialismo se requiere mucho más que eso.[18]

h. Mientras que la “burguesía imperial” ha perfeccionado sus estructuras de hegemonía y dominación, sus dispositivos de formación de (falsas) conciencias y de disciplinamiento coercitivo criminalizando la protesta social y militarizando las relaciones internacionales, los diversos sectores que constituyen el moderno proletariado se debaten en una profunda desorganización, de la cual pueden surgir actos aislados de resistencia anti-imperialista pero muy difícilmente propuestas efectivas de superación del estado de cosas actual.

i. Se trata, por lo tanto, de coordinar y articular las luchas de distintos grupos y sectores sociales, cada uno de los cuales se reconoce en tradiciones políticas e ideológicas y formas de organización que le son propias. Habrá también que superar un falso maniqueísmo que enfrenta a partidos con movimientos sociales y organizaciones populares: la función de integración del vasto y complejo abanico de demandas populares que realizan los partidos -ese “príncipe colectivo” al que se refería Gramsci- constituye un aporte indispensable para encarar una exitosa lucha anti-capitalista. A su vez, la enorme capacidad de los movimientos para receptar y articular las reivindicaciones puntuales y específicas de los distintos fragmentos del campo popular es un insumo irreemplazable para cualquier partido interesado en superar el orden social vigente.

j. En términos de políticas concretas se impone hacer conciente a la población de que la única lucha que puede arrojar un resultado positivo es la que se plantee una oposición frontal al capitalismo. El neoliberalismo ya se ha batido en retirada, y la crítica debe entonces dirigirse no a una de las políticas o fases del capitalismo, la neoliberal, sino a la estructura fundamental de la sociedad burguesa, cualesquiera sean las formas políticas o económicas que transitoriamente asuma. El capitalismo es el problema, no la solución. Esta se encuentra en un socialismo renovado, componente fundamental de cualquier salida post-capitalista de la crisis. Ésta ha ido demasiado lejos como para ser resuelta apelando a la “magia de los mercados”. Una alternativa que no repose sobre las fuerzas del mercado y el cálculo de la tasa de ganancia es el único camino para salir de esta crisis. Se trata, por lo tanto, de una alternativa no-capitalista.

k. En línea con lo anterior, una postura netamente anti-capitalista debe pugnar para que en la crisis actual no se produzcan despidos de trabajadores, para lo cual deberán fortalecerse sus organizaciones sindicales y populares; profundizarse los mecanismos de participación democrática, superando las insalvables restricciones impuestas por el modelo liberal y apelando a consultas populares o referendos para resolver las grandes cuestiones nacionales; se recupere el control de los recursos básicos de nuestras sociedades; se reviertan las privatizaciones y las desregulaciones puestas en práctica por el neoliberalismo; se lleve a cabo una profunda reforma tributaria que ponga fin a su escandalosa regresividad; resolver a favor del campo popular los desafíos planteados por la crisis alimentaria y del agua, mediante una profunda reforma agraria concebida en función de las necesidades de la época actual; fortalecer los mecanismos de integración supra-nacional, esquemas como el ALBA y sus instituciones y proyectos (como Petrosur, Telesur, Banco del Sur, Petrocaribe y tantos otros) que permitan constituir un núcleo de resistencia ante las tentativas de las clases dominantes del imperio de descargar el costo de la crisis en nuestros pueblos. En suma: hay políticas concretas que son factibles, que dependen de la voluntad política, y se espera sean efectivas para librar con éxito la gran batalla que nos espera. [19]




Notas

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (Buenos Aires, Argentina). Profesor de Teoría Política en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Superior del CONICET. Esta ponencia fue presentada ante el Onceavo Encuentro Internacional de la ANEC sobre Globalización y Desarrollo, La Habana, Cuba, Marzo 2 al 6 del 2009.


[i] Cf. Antoine Reverchon, “Entretien avec Immanuel Wallerstein”, Le Monde (Paris) Octubre 12, 2008. La expresión « final wagneriano » fue utilizada por primera vez por el notable economista chileno Aníbal Pinto para referirse al derrumbe de las economías latinoamericanas ocasionado por la Gran Depresión de los años treinta.

[2] Cf. Karen E. Dynan and Donald L. Kohn: “The rise in U.S. Household indebtedness: causes and consequences” (Washington, D.C.: Federal Reserve Board of Washington, August 2007), pg. 40. Datos complementarios aportados por Eric Toussaint en una comunicación personal del 26 de Marzo del 2009.

[3] Michel Collon, “10 preguntas sobre la crisis”, 6 de Octubre de 2008, en http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?op=1&id=77

[4] Mike Stathis, “America’s financial apocalypse heralds decade long depression”, en http://www.marketoracle.co.uk/Article6256.html

[5] Cf, “Who would have thought things would come to such a pass?”, en SearchIndia.com, http://indiablogs.searchindia.com/2009/02/21/1-citigroup-share-12-garlic-naan-in-nyc/. Sobre el caso Enron ver Ignacio Ramonet: Le Krach parfait. Crise du siècle et refondation de l’avenir (París: Galilée, 2009), pp. 66-70. Este libro, dicho sea al pasar, ofrece un lúcido análisis del proceso de formación de la crisis actual. Sobre el megafraude de Madoff, ver Tomás E. Martínez, “Madoff o la telaraña de Dios”, en La Nación (Buenos Aires), 28 Marzo 2009, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1112891&pid=6113925&toi=6269 ; Tim Reid, “Wall Street legend Bernard Madoff arrested over ’50 billion Ponzi scheme’, en Times Online, 12 Diciembre 2008, http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/us_and_americas/article5331997.ece

[6] Cf. Ignacio Ramonet, “La explosión del desempleo”, Rebelión, 3 de Marzo de 2008.

[7] En fechas recientes Jeffrey Sachs ha planteado que “(l)a ideología del mercado libre es un anacronismo en una era de cambio climático, estrés hídrico, escasez de alimentos e inseguridad energética” y le plantea al presidente Obama la necesidad de un enfoque innovador para salir de la crisis. Es notable el proceso de reconversión del pensamiento de Sachs, un hombre que diseñó y aplicó las tristemente célebres “terapias de shock” en Bolivia en 1985 y luego en Polonia y la Rusia de Boris Yeltsin. Lamentablemente se queda a mitad de camino porque sigue creyendo en la posibilidad de una solución capitalista para este tipo de crisis que hoy nos abruma. Ningún sistema cuya fuerza motriz sea el afán de lucro o el imperativo de la ganancia puede resolver este desafío. De ahí la necesidad de construir una alternativa socialista. Cf. “Está naciendo un nuevo modelo de capitalismo”, en Clarín (Buenos Aires), 14 de Febrero de 2009. Versión electrónica en http://www.clarin.com/diario/2009/02/14/opinion/o-01858675.htm . Para un recuento detallado de las “terapias de shock” el libro de Naomí Klein es una referencia indispensable. Cf. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre (Buenos Aires: Paidós, 2008).

[8] Sobre este tema ver Fidel Castro y otros, Tanques llenos, estómagos vacíos. La amenaza de los agrocombustibles (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2007)

[9] Ver, “Un planeta en el alero: ¿podrán contenerse los virulentos brotes epidémicos de la economía?”, en Rebelión, 4 de marzo de 2009. Originalmente publicado en Asia Times, el 26 de Febrero de este año: http://www.atimes.com/atimes/Global_Economy/KB26Dj02.html

[10] George Soros, entrevista de Nathan Gardels: "Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión", El País, Madrid, 19 de Octubre de 2008.

[11] Esto ha sido exhaustivamente analizado por Leo Panitch y Sam Gindin en “Capitalismo global e imperio norteamericano”, Socialist Register 2006, y en “Finanzas y el imperio americano”, Socialist Register 2005.

[12] Cf. Martín Granovsky, “Además de injusto el mercado absoluto es inviable”. Reportaje a Eric Hobsbawm, en Página/12, 29 Marzo 2009, pp. 4-6.

[13] “La ley de la selva”, en Granma Digital Internacional, La Habana, 13 de octubre de 2008 http://www.granma.cu/espanol/2008/octubre/lun13/laley.html

[15] Cf. Ignacio Ramonet, “La explosión del desempleo”, op. cit.

[16] Cf. Michael Klare, “Un planeta en el alero”, op. cit. Posteriormente a la redacción de la primera versión de este trabajo cayeron los gobiernos de Hungría y República Checa. Sobre el primero de los países ver Charles Forelle y Edith Balazs, “Hungary at an impasse”, en The Wall Street Journal, 23 Marzo 2009, p. 32.

[17] Cf. nuestro Socialismo Siglo XXI (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2007, de próxima publicación en Cuba) para una discusión sobre las principales características que debe reunir un proyecto de construcción socialista adecuado a las condiciones vigentes en la época actual.

[18] No está demás recordar que un imperio en decadencia, como un régimen político atravesando la misma situación, suele ser más agresivo y mortífero en sus respuestas que otro cuyas bases de sustentación están lo suficientemente aseguradas. Esto lo demuestra muy bien Michael Klare, “Beware empires in decline”, en Asia Times, 19 Octubre 2006, http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/HJ19Ak01.html analizando la conducta del decadente imperialismo inglés y francés después de la Segunda Guerra Mundial, y su última intentona de reconstrucción de su hegemonía imperial en la aventura del Canal de Suez en 1956.

[19] Sobre esto, aparte de nuestro ya citado Socialismo Siglo XXI, ver Samir Amin, “¿Debacle financiera, crisis sistémica? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias, en Redes Cristianas, 30 Noviembre 2008, http://www.redescristianas.net/2008/11/30/%C2%BFdebacle-financiera-crisis-sistemica-respuestas-ilusorias-y-respuestas-necesariassamir-amin/ ; Eric Toussaint, “De las resistencias a las alternativas”, en www.catdm.be, 21 de Febrero de 2008 y las ponencias al XI Encuentro de la ANEC de Osvaldo Martínez: “La crisis, una vez más”; Claudio Katz, “Lección acelerada de capitalismo”; Julio Gambina, “Crisis en Estados Unidos: problemas y desafíos para el orden mundial” ; Jaime Fuchs, “Preguntas y reflexiones sobre la actual crisis financiera norteamericana y mundial”; Eric Toussaint, “Alternativas: el retorno”; François Houtart, “La crisis financiera epifenómeno de las otras crisis”; Jean Carlos da Silva Américo, “Crises financeiras e a recessao do mundo capitalista global”; Plinio de Arruda Sampaio Jr., “Capitalismo do século XXI: crise e barbarie”; Reinaldo A. Carcanholo, “Aspectos teóricos de la crisis capitalista”; Orlando Caputo Leiva: “La crisis actual de la economía mundial. Una nueva interpretación teórica e histórica”; Graciela Galarce, “América Latina, el impacto de la crisis mundial y los TLCs. El caso de Chile”; Wilhelmus Dierckxsens, “La gran depresión del siglo XXI inaugura la Administración Obama”; Carlos Alzugaray Treto, “Estados Unidos: las dimensiones político-ideológicas de la crisis del 2008”; Pierre Salama, “Argentine, Brésil, Mexique face a la crisi internationale”; Diego Borja Cornejo, “La crisis capitalista global y la alternativa del socialismo para la humanidad en el siglo XXI. Reflexiones en medio de la tormenta”; Alicia Girón González, “América Latina: crisis financiera y problemas del desarrollo”; Arturo Huerta,”Las causas de la crisis financiera y la inoperatividad de los rescates”; Arturo Guillén, “La crisis global y la recesión mundial”; Jaime Estay, “América Latina: inserción internacional e integración regional ante la crisis mundial”; John Saxe-Fernández, “América Latina-Estados Unidos: dependencia estratégica y crisis”; Gian Carlo Delgado Ramos, “Resistencia y retos al cambio de paradigma energético”; Pablo González Casanova, “Lo posible y lo imposible en el capitalismo”; Judith A. Cherni, “Ironías del cambio climático y de sus soluciones económicas globales”; Umberto Mazzei, “La crisis económica y su impacto en los TLCs con Latinoamérica”, entre otros muchos notables trabajos presentados al Onceavo Encuentro de la ANEC. El lector de este trabajo también debería examinar el excelente dossier sobre el tema publicado en la edición de Marzo del 2009 de Le Monde Diplomatique.

Some thoughts on the current capitalist crisis, its probable “solutions” and the role that a socialist option might play in the present juncture
From Infinite War to Infinite Crisis

Author: Atilio BORON *
Translated by Machetera, Scott Campbell, Christine Lewis Carroll and Manuel Talens

After September 11, 2001, George W. Bush declared "Infinite War" against terrorism, a war without end and one that would not be constrained by geography or time limits of any kind. This policy is not only wrong, but immoral, and failed: upon leaving the White House, his legacy was a world more violent and insecure than before. His administration also left as an inheritance a true economic and financial tsunami on a global scale: an "infinite crisis" whose reach defies our imagination. In the following pages, we would like to share some ideas about the current capitalist crisis, its probable “solutions” and the role that a renewed socialist option might play in the present juncture. Given time restrictions we’ll avoid unnecessary technical jargon and will try to express things plainly, yet without resorting to oversimplifications.

1. Let’s begin by characterizing this crisis in the negative form by saying what this crisis is not. This matters because the media bombardment to which our societies are subjected presents economists and establishment publicists talking about a “financial crisis” or a “banking crisis.” Shortly before, it was not even that. It was said that we were experiencing a “sub-prime” mortgage crisis. This was a way of minimizing the crisis, of underestimating it, presenting it to the public as a relatively minor incident in the dynamics of the markets, and that in no way did it question the health and viability of capitalism as a supposed “natural way” of organizing economic life. The passing of time has demolished all these fallacies.

2. What kind of crisis is it then? If we are just barely passing through its first phase and still “have not hit bottom,” it would not be rash to predict that we are facing a general crisis of the capitalist system as a whole, the first of a magnitude comparable to that which broke out in 1929, as well as the so-called “Long Depression” of 1873-1896. An integral, multifaceted crisis of civilization, whose duration, depth and geographic reach will prove to be of greater scope than those which preceded it. Immanuel Wallerstein recently declared that capitalism has entered into its terminal crisis: the situation is running out of control for the people who, until recently, held the reins of the system firmly in their hands, and no return to an equilibrium is possible or even foreseeable. Capitalism, according to this author, is approaching to its end amidst a Wagnerian finale. [1]

3. The crisis became visible, impossible to conceal any longer, through the bursting of the bubble created as a result of the “sub-prime” mortgages, and later spread, rapidly, to Wall Street’s banks and institutions, finally stretching to all sectors as well as the worldwide economy. But the bubble, and its bursting, is a symptom; it’s like the fever that reveals the presence of a dangerous infection. It’s not so much the illness itself (although it might be argued that capitalism’s permanent tendency to create speculative bubbles is also a sign of its unhealthiness) as its external manifestation, one that at times takes on ridiculous and aberrant contours. For example: the March 2008 purchase of Bear Stearns by the gigantic investment bank, J.P. Morgan, for the ludicrous sum of $236 million. A week later, the price for Bear Stearns multiplied by five. A few months later, in September, in front of the passivity of the economic authorities, Lehman Brothers, one of the main investment banks in the United States, went bankrupt. Merrill Lynch, on of its competitors, was sold post-haste, to Bank of America, for $50 billion.

4. It is, therefore, a crisis that transcends by far, the financial or banking crises, and affects the real economy in every way. Furthermore, it’s a crisis that is spread by the global economy and goes beyond U.S. borders. All the attempts to conceal it from the public were in vain: it was much too big for that.

5. Its structural causes are well known: it’s a simultaneous crisis of overproduction and under-consumption, the periodic capital “purification” mechanism typical of capitalism. It’s not by chance that it emerged in the U.S., since for more than thirty years this country has lived artificially off external savings and credit, and these two things are neither infinite nor inexhaustible. Businesses indebted themselves beyond their possibilities to repay and this led them to undertake risky speculative operations. The State indebted itself irresponsibly and demagogically to launch not one, but two wars, not only without increasing taxes, but actually reducing them. Furthermore, individuals have been systematically pushed, by advertising, to indebt themselves in order to sustain exorbitant, irrational and wasteful levels of consumption. A report by the United States Federal Reserve from August, 2007 already warned about the extreme indebtedness of U.S. households: between 1980 and 2006 it went from 58% of family income to almost 120%. According to Eric Toussaint, one of the world’s leading experts on this field, this inordinate indebtedness continued to grow in the last two years to amount 140% of annual household income. In other words, during this period each household came to owe 40% more than its annual income. Meanwhile, by the end of 2008 the total indebtedness of the United States (that is, the sum of public debt, enterprises debt, and household debt) had reached 350% of the country’s Gross Domestic Product. It was only a matter of time until that spiral of unlimited indebtedness came to a catastrophic end. And that moment has arrived. [2]

6. But to these structural causes must be added others which contributed to the outcome. The accelerated financialization of the economy and its corollary, the irresistible tendency toward forays into increasingly risky speculative operations. Capital believed it had discovered the “Fountain of Youth” in financial speculation: money generating more money, regardless of the value extracted from the exploitation of the workforce. Moreover, this marvelous discovery was fascinating for its speed: fabulous earnings could be achieved in a matter of days, or weeks at most, thanks to the opportunities granted by information technology to overcome any restriction on space and time. Financial markets deregulated on a planetary scale provided an incentive for the addiction of capital for profits, leading to the setting aside of any kind of scruples. As Michel Collon recently recalled, Karl Marx was right when he wrote “Capital is as terrified of the absence of profit or a very small profit as nature is of a vacuum. With suitable profits, capital is awakened; with 10 percent, it can be used anywhere; with 20 percent, it becomes lively; with 50 percent, positively daring; with 100 percent, it will crush all human laws under its feet; and with 300 percent, there is no crime it is not willing to dare, even at the risk of the gallows.” [3]

7. Other circumstances were favorable to the outbreak of the crisis. Without a doubt, the neoliberal policies of deregulation and liberalization made it possible for the most powerful actors stalking the markets, the huge multinational oligopolies, to impose “the law of the jungle,” as Fidel put it in one of his reflections. Uncontrolled markets, or markets controlled by the passions and interests of the oligopolies that dominate them, had to end up producing a catastrophe like the present one. Samir Amin is correct to say that we are experiencing a crisis that was not produced by the class struggle of workers against the bourgeoisie but by the prolonged accumulation of capital’s own contradictions.

8. The first significant point of the current crisis: enormous destruction of capital on a global scale, a wild process that conventional economists sugarcoat and minimize, as did Joseph Schumpeter, characterizing it as the “creative destruction” of productive forces. On Wall Street, this “creative destruction” led to a loss of nearly 50% of the corporate assets of the firms listed on the stock market. In Europe, the losses slightly exceeded that mark. Ergo: a company that used to be listed on the market with capital of $100 million is now worth $50 million! The recessive consequences of such capital destruction are easy to see: a decline in production, rise of unemployment, a collapse in prices, wages and aggregate demand. In other words, the vicious circle of economic depression returning to the world economy. Let’s look at the diagnosis of one observer of the Wall Street panorama, Mike Stathis: “…the entire financial system is in the process of blowing up. Already there have been over $500 billion in bank losses, with over $1 trillion more to come. Over one dozen banks have failed, with hundreds on deck. A handful of large hedge funds have blown up, with hundreds more on the way. Already, over $1 trillion has been transferred from the Fed to the banking cartel. But I estimate another $1.5 trillion will be needed to maintain liquidity as banks de-leverage over the next few years.” [4] For Stathis, as for many others, what we are experiencing is the initial phase of a long depression, and the word recession, so insistently used recently, doesn’t even begin to capture the drama that the future holds for capitalism.

a. One example among many will be sufficient to illustrate this point: Citigroup’s common stock lost 90% of its value in 2008. During the last week of February it was trading on Wall Street at $1.95 per share. A report prepared by a financial consultant from India indicates that ten years ago, a single share of Citigroup would allow a person to treat his family to dinner at a good Indian restaurant in New York. At that time, February 19, 1999, a Citigroup share was valued at $54.19. Ten years later, February 21, 2009, the same share was worth barely $1.95 (of a devalued dollar!) and wouldn’t even have paid for a bowl of peanuts. Examples of this sort abound. The unstoppable and completely unscrupulous speculation, made possible because of the complicity of U.S. monetary and economic bodies such as the Treasure, the Federal Reserve and the Securities and Exchange Commission (the regulatory body charged with supervising the stock market), among others, had already caused an even more pronounced crash in the shares of Enron, which with a value of $83 per share in January, 2001, fell to $0.67 per share a year later. Criminal and fraudulent operations such as this, which relied on the approval of the large credit rating agencies, huge investment banks, the fiscal havens, and some of the world’s best-known accounting firms had been warming up for decades. In recent times, Bernard Madoff huge swindle (which climbed to about $65 billion at the end of March 2009) shows that these kinds of operations are unthinkable without a wide and dense net of mafia protection which goes all the way to the highest economic and judicial authorities in the United States and, certainly, involving as well the private mega- corporations which, in one way of the other, run the world wide financial casino. [5]

9. But this process of capital destruction is not neutral nor does it happen at random, considering that it will favor the largest and best organized oligopolies which will oust their rivals from the markets. The “Darwinian selection of the fittest” will clear the way for new mergers and business alliances, sending the weakest into bankruptcy and increasing the centralization and concentration of capital.

10. Second major point: Accelerated rise of unemployment. In a recent article, Ignacio Ramonet put it in this way: the U.N.’s International Labor Organization (ILO) estimates that the number of unemployed worldwide (some 190 million in 2008) could increase by 51 million by the end of 2009. And remember that there will be 1.4 billion workers in poverty (those who earn just two Euros daily); 45% of the economically active population on the planet. In this same article, Ramonet reported that in the United States, the recession has already destroyed 3.6 million jobs, a previously unknown pace, half of which occurred during the last three months. The unemployed total is already at 11.6 million. And gigantic firms such as Microsoft, Boeing, Caterpillar, Kodak, Pfizer, Macy’s, Starbucks, Home Depot, SprintNextel or Ford Motor are planning to lay off another 250,000 in 2009. In the European Union, the number of unemployed is at 17.5 million, 1.6 million more than a year ago. And for 2009, 3.5 million additional job losses are projected. In 2010, unemployment will escalate up to 10% of the active population. South America, again according to the ILO, in 2009, show an increase of 2.4 million unemployed. While the Mercosur countries (Argentina, Brazil, Paraguay, Uruguay) as well as Venezuela, Bolivia and Ecuador may eventually be able to weather the storm or lessen its damages, some Central American and Caribbean countries as well as Mexico, Chile and Peru will be severely beaten by the crisis due to their close ties with the U.S. economy ironed out in the Free Trade Agreements signed with the White House. [6]

11. Therefore, we face a crisis that affects all economic sectors: banking, industry, insurance, construction, agriculture, mining, etcetera, and which is spread throughout the entire international capitalist system. The “contagion” occurred first in the developed capitalist states and later spread rapidly throughout the periphery. The more linked these countries are with the dynamics of metropolitan capitalism the quicker the propagation of the crisis will be and the deeper and more damaging its effects.

12. The main mechanisms for the spread of the crisis are the production adjustments of the large multi-nationals, which dominate Latin American economies practically without any counterbalance. Decisions that are taken in their headquarters will affect the subsidiaries on the periphery and cause massive layoffs, interruptions in the payments chain, a drop in demand for raw materials, etcetera. In the already cited article, Ignacio Ramonet observes that “Greece has prohibited its banks from offering relief to their branches in the Balkan countries. The United States has decided to support Detroit’s Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) but only to save the plants within the country. It will not help foreign multi-nationals (Toyota, Kia, Volkswagen, Volvo) with factories in its territory. France and Sweden have announced that their aid will only go to their own automotive industries: it can only benefit factories located in their respective countries. The French Economic Minister, Christine Lagarde, said that this protectionism would be a “necessary evil in times of crisis.” The Spanish Minister of Industry, Miguel Sebastián, is urging “consumption of Spanish products.” And Barack Obama, we would add, is promoting “buy American!”

13. Other sources of the dissemination of the crisis throughout the periphery, are:

a. The fall in the prices of commodities exported by Latin American and Caribbean countries, with their recessive consequences and higher unemployment.

b. A drastic decline in remittances by Latin American and Caribbean emigrants in developed countries. In some cases, remittances are the most important source of hard currency income, surpassing that received from exports.

c. A return of emigrants, depressing the labor market even further, increasing unemployment, reducing salaries and suppressing consumption.

14. The current crisis shows even more disturbing facets than the two great depressions of the nineteenth and twentieth centuries:

a. First, it coincides with a deep crisis in the energy paradigm, based predominantly on the irrational and predatory use of fossil fuel, a finite and non-renewable resource, which makes its replacement imperative. The overlapping of this crisis with the general crisis of capitalism aggravates the situation, making it impossible to postpone any longer the beginning of a costly and difficult transition to an alternative energy paradigm based on renewable and non-fossil fuels. It will be an enormously expensive operation, and therefore, under normal conditions, an extremely difficult task; even more so now, when it is necessary to do so under such unfavorable conditions as the current crisis. [7]

b. Second, this crisis coincides with the growing realization of the catastrophic scope of climate change. Facing this threat, which risks the very destiny of all life forms on planet earth, calls for significant adjustments in the economic structure that will dictate the obsolescence of certain huge businesses and facilitate the emergence of new kinds of productive units and firms. In other words: it will accelerate and deepen the inter-bourgeois conflict within the ruling classes of the imperialist system and State authorities will have to demonstrate extraordinary skill and will to achieve a solution to the ecological challenge.

c. Add to this, the food crisis, exacerbated by the growing tendency of capitalism to maintain an irrational pattern of consumption, which has led to the conversion of land suited for food production to the production of biofuels. The effects of this policy have already been seen in the huge price increases for certain basic items in the Latin American food basket, such as corn, provoking uncontrolled price increases for tortillas in Mexico and other countries. (8)

15. But the crisis is only beginning: Barack Obama acknowledged that we have not touched bottom yet, and that “perhaps the United States should choose a new president…” A lucid analyst of this crisis, Michael Klare, wrote recently that “If the present economic disaster turns into what President Barack Obama has referred to as a ‘lost decade’, the result could be a global landscape filled with economically-fueled upheavals.” [9]

16. It is extremely significant that faced with the optimism of various Latin American governments who claim that their economies are “shielded” so as to firmly resist the crisis, the occupant of the White House thinks that it is very possible that a true economic disaster may be triggered in the heart of the empire, causing the loss of a decade of growth and, eventually, the resignation of the American president.

a. The historical record supports this pessimism: in 1929, unemployment in the U.S. rose to 25% without stopping the fall of agricultural prices or of raw materials. But 10 years later, in spite of the radical policies set out by Franklin D. Roosevelt (the New Deal), unemployment continued at a very high level (17%) and the economy was unable to rise out of the depression. Only World War II put an end to that period. Why would it be any shorter now?

b. The 1873-1896 depression lasted 23 years! The factors that precipitated it were the collapse of Vienna’s stock market caused by the speculative bubble tied to the price of land in Paris and the big construction projects started in that city following the defeat of the French in the Franco-Prussian War and the bloody repression of the Paris Commune. The war reparations demanded from the French and the huge payments they owed to Germany contributed to creating the conditions for the crisis, as well as the land speculation that began in the United States after the Civil War related to the formation of great railway holdings, which created another bubble that burst in 1873.

c. Given this background, why would getting out of this crisis be a question of months, as some Wall Street publicists and “gurus” and their “echoers” on the periphery of the system predict?

17. We won’t get out of this crisis with a few G-20 or G-7 meetings. Nor by appealing to the immense rescue packages handed out by the metropolitan capitalist governments to the corporations. If there is a test of their radical inability to resolve the crisis it is the response of the world’s major stock markets after each announcement or approval of a new rescue package: invariably the response of “the markets”, in reality, that of the oligopolies which control them at their whim, is negative, and stocks continue to fall. It is not enough, they say. We need more and more. To be precise: to cope with the crisis we may need to socialize all the wealth produced on the planet and transfer it to our hands in order to preserve the integrity of our interests and the sanctity of our patrimony.

a. According to George Soros, “the real economy will suffer the secondary effects that are now gaining strength. At this moment in time, repairing the financial system will not stop a serious worldwide recession. Given that in these circumstances the U.S. consumer cannot be the driving force of the world economy, the U.S. government should stimulate demand. As we are faced with the challenges of global warming and energy dependence, the next government should direct any stimulus plan to saving energy, to the development of alternative sources of energy and to the construction of a green infrastructure. This stimulus could become the new engine of the world economy.” [10] Nice words, but what degree of viability does such a proposal have, which attacks U.S. consumerism and the power of the big lobbies linked to the oil and automobile industries, while demanding the extraordinary broadening of the management and intervention capacities of the state and setting strict limits to the tyranny of the markets?

18. The crisis opens a long period of push and pull and negotiations to define the way to resolve it, who will benefit, and who will pay for it.

a. It serves to remember that in the 1929 crisis, the building of the Bretton Woods economic architecture and the setting up of the international financial system that were fundamental for post-war recovery demanded nearly a year of arduous negotiations that culminated in the conference which took place in that city of New Hampshire between July 1st and 22nd, 1944.

b. Those agreements, conceived in the Keynesian phase of capitalism, coincided with the stabilization of a new model of bourgeois hegemony that, as a product of the consequences of war and anti-fascist struggle had as a new and unexpected backdrop the strengthening of workers’ unions, leftist parties, and the expansion of the regulatory and interventionist capacities of states.

19. Is it reasonable to hope now for a similar outcome to this crisis? Any prognosis in a volatile situation such as this is extremely risky, but to begin with, several differences exist between the respective global contexts of the three abovementioned crises.

a. In the first place, the USSR no longer exists; its mere presence and the threat its expansion towards the West represented was enough to tip the balance of negotiation in favor of the Left, popular sectors, trade unions, etc. If the European bourgeoisie agreed to negotiate and accept some gains of the workers, it was not solely due to the determination and strength they had shown for many years. The shadow cast by the USSR on those negotiations and commitments was of great importance.

b. At the present time, China occupies an incomparably more important role in the world economy than the USSR at the time, but without a parallel importance within world politics. The USSR in contrast, despite its economic weakness, was a tremendous military and political power. As a result of this, it was a first rate “player” in the main fields of international politics. China is an economic power, but with a limited military and political presence in world affairs, although it is just beginning a very cautious and gradual process of reaffirmation of its global interests.

c. In spite of these considerations, China could play a positive role in the economic reconstruction of peripheral countries Also hit by the crisis, Beijing is progressively redirecting its enormous national energies towards the internal market. For many reasons that would be impossible to discuss here, it is a country that needs its economy to grow 8% yearly, stimulated either by world markets or its immense – and only partially developed – domestic market. If this shift is confirmed, China could keep its demand of many products from the Third World, such as nickel, copper, steel, oil, soy and other raw materials and food products.

d. In contrast, during the Great Depression of the 1930s, the USSR had a very weak presence in world markets. It was practically autarchic and thus unable to play a significant role in the crisis, especially in economic matters. It could mobilize, though not without difficulty, the Communist Parties articulated in the Third International, but this was not sufficient. Today, it is a different matter with China: it will continue to play a very important role and, like Russia and India (though these two countries to a much lesser degree), it will have to buy abroad the raw materials and food it requires. The USSR could not play such a stimulating role during the Great Depression.

e. In the 1930s, the “solution” to the crisis was protectionism and world war. Today, protectionism would encounter many obstacles due to the interrelatedness of large national oligopolies in the different areas of world capitalism. [11] The current formation of a world bourgeoisie, with roots in gigantic companies that despite their national status operate in numberless countries, makes the protectionist option in the developed world scarcely effective in North/North commerce and policies will tend –at least for the moment and not without tensions– to observe, albeit reluctantly, the parameters established by the WTO. Protectionism would seem much more applicable –as will probably occur –against the global South. Under these circumstances, a world war driven by the “national bourgeoisies” of the developed world ready to fight each other for the supremacy of the markets is virtually impossible because they have been displaced by the rise and consolidation of an “imperial bourgeoisie” determined to dominate the world, which periodically meets in Davos to coordinate strategies and tactics, and to which a military confrontation would constitute an extraordinary absurdity. But this does not mean that this “imperial bourgeoisie” would not support, as it has during the military adventures of the United States in Iraq and Afghanistan, other military operations on the periphery of the system to preserve the “capitalist global order” and to boost the profits of the United States “military industrial complex” and, indirectly, of the big oligopolies of other countries related in one way or another to the fate of the American corporate powers.

20. Will United States’ capitalism collapse?

The current situation is not comparable to the 1930s. But apart from this, Lenin rightly observed that “Capitalism does not fall without a social force that makes it fall”. That social force today is not present in the societies of metropolitan capitalism, including the United States. Asked about this issue British Marxist historian Eric Hobsbawm recently declared that the left “is too weak in Europe. Or it is fragmented or, in some cases, it has disappeared. In Italy Rifondazione Comunista is weak and the other branches of the former PCI are in very bad shape. The United Left is disintegrating in Spain. Something still remains in Germany, and in France with the Communist Party. But neither these forces nor much less the more extreme left, as the Trotskytes (not to mention the now disappeared more militant social democracy) are enough to respond to this crisis and its perils. The very weakness of the left increases the risks.” [12]

Additionally, in the 1930s there was a dispute for hegemony in the heart of the world imperialist system: the USA, UK, Germany, France and Japan settled this dispute on the military field during World War II. This battle is now over.

21. Today, hegemony and domination rest clearly in the hands of the USA.

a. The United States is the only guarantor of the capitalist system on a world scale. If the USA were to fall, it would unleash a domino effect that would cause the collapse of almost all metropolitan capitalist societies, not to speak of the consequences on the system’s periphery. If Washington were to see itself threatened by a popular insurgency, all capitalist states would rush to its rescue, because it is the last bastion of the system and the only one that, if necessary, can help the others providing political support, sending troops, financial assistance, ideological propaganda, etcetera.

b. The United States is an irreplaceable actor and the unquestionable center of the world imperialist system: the only country with more than 700 military bases, missions, and martial enclaves in some 120 countries, which constitute the capitalist system’s final reserve. If all other options of international control and discipline fail, force will appear in its entire splendor. Only the United States can deploy its troops and its war arsenal to maintain order on a planetary scale. It is, as Samuel Huntington once said, the “lonely sheriff”. And there is no other. This is the reason why is irreplaceable.

c. It should also be remembered that this “shoring-up” of the imperialist center has the invaluable collaboration of its imperial partners, or its competitors in the economic realm and even the majority of Third World countries, which accumulate their reserves in U.S. dollars. However, neither China, Japan, South Korea or Russia –to mention the largest holders of dollars in the world– can liquidate their stock in that currency because it would be suicidal for their own interests. Of course, this is a consideration that should be made with great caution and always bearing in mind the evolution of the crisis.

d. Paradoxically enough, the behavior of the markets and investors throughout the world is strengthening the U.S. position: the crisis is deepening; the bailouts are demonstrating their insufficiency; the Dow Jones on Wall Street falls below the psychological barrier of 7,000 points –falling below its 1997 mark!– and despite this, people are seeking refuge in the dollar, with the prices of the euro and gold falling!

22. Fidel Castro, in “La Ley de la Selva” (The Law of the Jungle) said, “The current crisis and the brutal measures taken by the United States to save itself will bring more inflation, more devaluation of national currencies, more painful market losses, lower prices for export goods, and more unequal exchange. But they will also bring to the peoples of the world more knowledge of the truth, more awareness, more rebellion and more revolutions” [13].

a. This diagnosis is also shared by a person with such irreproachable conservative credentials as Zbigniew Brzezinski. When he was asked on a recent television program if he thought there could be class conflict in the United States, he replied “I was worrying about it because we’re going to have millions and millions of unemployed, people really facing dire straits. And we’re going to be having that for some period of time before things hopefully improve. And at the same time there is public awareness of this extraordinary wealth that was transferred to a few individuals at levels without historical precedent in America . . . And you sort of say to yourself: what’s going to happen in this society when these people are without jobs, when their families hurt, when they lose their homes, and so forth?...At some point there’ll be such political pressure that Congress will start getting in the act, there’s going to be growing conflict between the classes and if people are unemployed and really hurting, hell, there could be even riots!” [14]

23. What are the alternatives for the world’s peoples?

a. We are in the presence of a crisis that is much more than an economic or financial crisis. It is the overall crisis of a model of civilization that is economically unsustainable in its effects; politically unsustainable because it increasingly exercises violence on the world’s peoples; environmentally unsustainable too, given the destruction, in almost all cases irreversible, of the environment; and socially unsustainable because it degrades the human condition to unimaginable limits, and destroys the very fabric of civilized social life.

b. Therefore the answer to this crisis cannot only be economic or financial. That’s exactly what the dominant classes will do: use a vast arsenal of public resources to socialize losses and refloat the big oligopolies. Locked in the defense of their more immediate interests, they lack even the vision to conceive a more integral strategy. The persistent invocations of the governments at the core of the capitalist system to the “wisdom and expertise” of the International Monetary Fund, the World Bank or the World Trade Organization to solve the crisis send clear signals about their goals: to restore the status quo ante by calling the ideological, political (and in some cases, material) culprits of the crisis to fix it. Nothing good should be expected from those governments.

c. On the people’s side, we need a meticulous preparation for this new historical period characterized by a general capitalist crisis. It will offer new opportunities for struggle, and in some countries, open the possibility to achieve if not a revolutionary victory, at least a revolutionary step forward which could substantially improve the workers’ situation in the capitalist society.

d. But it is also necessary to be aware that this situation could also revert and give way to a crushing defeat on the people’s side. It would be naive to think that the die is cast for capitalism just because it is in crisis. Among the possibilities ahead of the current situation, one is a reactionary recasting of bourgeois order.

e. Until now, both the tensions and sufferings provoked by the crisis have given way to a quick escalation of xenophobia and racism in the developed world. But social uneasiness has also claimed other victims. In his abovementioned work, Ignacio Ramonet states that “the turbulence has already caused the fall of governments in Belgium, Iceland and Latvia. There have been demonstrations in France with a national strike on January 29 and violent confrontations in Guadalupe. The EU’s most vulnerable countries — Hungary, Bulgaria, Greece, Latvia, Lithuania... — have also witnessed protests and riots with different degrees of violence.” [15] With similar concern, Michael Klare analyzes episodes of violence in Athens, Longnan (China), Port-au-Prince (Haiti), Riga (Latvia), Santa Cruz (Bolivia), Sofia (Bulgaria), Vilnius (Lithuania) and Vladivostok (Russia) while from Reikjiavik, Paris, Rome and Saragossa to Moscow and Dublin there have been important protests provoked by both growing unemployment and shrinking wages.” [16]

f. The impact of this crisis is impossible to conceal in Latin America. Given the high level of foreign control of our economies and the crucial role played in them by big transnational oligopolies, all adjustments and cost reductions promoted by their head offices are applied to the letter in our countries. Even if back in the 30s — during the previous great crisis — the absorption of its more negative impacts was possible through a process of substitutive industrialization, such a perspective is nowadays out of the question or its probabilities of success are at best very low.

g. So what is to be done? First of all, to remember and apply Leninism’s classic axioms which recommend intensifying all efforts towards organization and awareness on the people’s side. The victims of this situation belong to a wide spectrum inside the universe of exploited and dominated classes and the last thirty years of neoliberal policies have atomized, disorganized and fragmented these groupings. Therefore, the social, political and ideological rebuilding at the people’s level is at present an imperative that cannot be postponed. Society must be ideologically convinced that there will be no solution to the current crisis inside capitalism — just palliatives. A radical solution is only possible through a socialist alternative. [17] We must insist in what the Russian revolutionary used to say: “The only weapon the proletariat can count on is its organization.” Therefore we should put aside all siren songs such as those of Michael Hardt and Antonio Negri (and their Latin American epigones) with their romantic exaltation of the multitudes in all their spontaneity, rejecting organization, hierarchy, political education, strategic and tactical thinking, all of which is a sure recipe for a new and even more catastrophic defeat of the masses. The defeat of a decadent empire afflicted by a phenomenal crisis in all orders of life will not be made possible by resorting to the immeasurability of bodies in all their unique and unrepeatable individuality, as fancy post modernist theories want us to believe. It takes something more than that to win a victory over imperialism. [18]

h. While the “imperial bourgeoisie” has perfected both its hegemony and dominance structures as well as its devices to instill a (false) conscience and a coercive discipline through the criminalization of social protest and militarization of all international relations, the diverse sectors constituting the modern proletariat are subsumed in a deep disorganization from which can arise some isolated acts of anti-imperialist resistance but not effective proposals — if any — to overcome the current situation.

i. We must therefore coordinate and articulate the struggle by different groups and social sectors, each one with its own political and ideological traditions and organizational forms. It will also be necessary to overcome a false Manichaeism confronting parties with social movements and popular organizations: the integration of the vast and complex array of popular demands carried out by the parties — Gramsci’s “collective prince” — is an indispensable contribution to a successful anti-capitalist struggle. At the same time, the enormous capacity of movements to both receive and articulate punctual and specific demands by the different sectors is an irreplaceable input for any party interested in overcoming the current social order.

j. In terms of concrete policies, it is imperative to make people aware of the fact that the only chance of success is by opposing capitalism. Neoliberalism has already started its retreat and criticism should not point to just one capitalist policy or phase — the neoliberal one — but to the fundamental structure of bourgeois society, whatever the political or economic form it transitorily assumes. Capitalism is the problem, not the solution. Only a renewed socialism, as the fundamental ingredient of whichever post-capitalist policy arrangement is to be carried out, can solve this crisis. This has gone too far to be solved by appealing to “market magic.” A non-market, non-profit driven alternative is the only way out of this crisis. It should be, therefore, a non-capitalist alternative.

k. According to the above, a highly anti-capitalist stance should prevail so that workers do not lose their jobs during the current crisis, and to accomplish this, they should strengthen their unions and popular organizations; democratic participation should be enhanced to overcome the insurmountable restrictions proper of liberal democracy and to appeal to popular consultations or referenda on all important national questions; the control of basic resources should be recovered by our societies; neoliberalism’s privatizations and deregulations should be reverted; a deep tax system reform ending its scandalous regressiveness should be implemented; food and water crisis should be ended through a profound agrarian reform conceived according to current necessities; the mechanisms of supranational integration, such as initiatives like ALBA and its institutions and projects (Petrosur, Telesur, Banco del Sur, Petrocaribe and so many others), should be strengthened in order to constitute a resistance nucleus to confront the attempts by the “imperial bourgeoisie” to transfer the cost of this crisis to the people. In short: there are concrete and feasible policies that may be hoped to be effective in the great battle that awaits us. [19]

___________________

Notes

[*] Director of PLED, the Latin American Program of Distance Education in the Social Sciences (Buenos Aires, Argentina) and Professor of Political Theory at the University of Buenos Aires. This paper was delivered at the Eleventh Conference of ANEC on “Globalization and Development”, held in Havana, Cuba, March 2-6, 2009.

[1] Cf. Antoine Reverchon, “Entretien avec Immanuel Wallerstein”, Le Monde (Paris), October 12, 2008. The expression “Wagnerian finale” was first used by the outstanding Chilean economist Aníbal Pinto in his analyses of the impact of the Great Depression on the Latin American economies.

[2] Cf. Karen E. Dynan and Donald L. Kohn: “The rise in U.S. Household indebtedness: causes and consequences” (Washington, D.C.: Federal Reserve Board of Washington, August 2007), pg. 40. Other data were supplied by Eric Toussaint in a personal communication dated March 26, 2009.

[3] Michel Collon, “10 preguntas sobre la crisis,” October 6, 2008, in http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?op=1&id=77

[4] Mike Stathis, “America’s financial apocalypse heralds decade long depression,” in http://www.marketoracle.co.uk/Article6256.html

[5] Cf. “Who would have thought things would come to such a pass?” in SearchIndia.com, http://indiablogs.searchindia.com/2009/02/21/1-citigroup-share-12-garlic-naan-in-nyc/ On the Enron case, see Ignacio Ramonet: Le Krach parfait. Crise du siecle et refondation de l’avenir (Paris: Galilee, 2009), pp. 66-70. This book, by the way, offers a lucid analysis of the formative process of the current crisis. On Madoff swindle see Tomás E. Martínez, “Madoff o la telaraña de Dios”, in La Nación (Buenos Aires), 28 March 2009, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1112891&pid=6113925&toi=6269 and Tim Reid, “Wall Street legend Bernard Madoff arrested over ’50 billion Ponzi scheme’, in Times Online, 12 December 2008, http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/us_and_americas/article5331997.ece

[6] Cf. Ignacio Ramonet, “La explosión del desempleo,” in Rebelión, March 3, 2008.

[7] Jeffrey Sachs has recently explained that “the free market ideology is an anachronism at a time of climatic change, hydric stress, shortage of food and energetic insecurity” and urged President Obama to adopt an innovative approach to come through the crisis. Sachs’ change of mind is quite remarkable considering that he is the man who designed and applied the sadly celebrated “shock therapies” in Bolivia in 1985 and then in Poland and Boris Yeltsin’s Russia. It is regrettable that he gives up halfway, because he continues to believe in the possibility of a capitalist solution to the crisis currently oppressing us. No system whose driving force is profit can adequately respond to this challenge, hence the necessity to build a socialist alternative. Cf. “Está naciendo un nuevo modelo de capitalismo,” en Clarín (Buenos Aires), February 14, 2009 (http://www.clarin.com/diario/2009/02/14/opinion/o-01858675.htm). For a detailed account of “shock therapies” around the world, Naomi Klein’s book is an indispensable reference. Cf. The Shock Doctrine (Toronto: Alfred A. Knopf, 2007)

[8] Cf. Fidel Castro and others, Tanques llenos, estómagos vacíos. La amenaza de los agrocombustibles (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2007)

[9] See “Un planeta en el alero: ¿podrán contenerse los virulentos brotes epidémicos de la economía?,” in Rebelión, 4 March, 2009. Originally published in Asia Times, February 26, 2009: http://www.atimes.com/atimes/Global_Economy/KB26Dj02.html

[10] George Soros, interview by Nathan Gardels: “Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión,” El País, Madrid, October 19, 2008.

[11] This process has been brilliantly analyzed in Leo Panitch and Sam Gindin, “Global capitalism and the American Empire”, Socialist Register 2004 (London: Merlin Press, 2003) and in “Finance and the American Empire!”, in Socialist Register 2005 (London: Merlin Press, 2004).

[12] Cf. Martín Granovsky, “Además de injusto el mercado absoluto es inviable”. An interview with Eric Hobsbawm, in Página/12, 29 March 2009, pp. 4-6.

[13]“La ley de la selva,” in Granma Digital Internacional, Havana, October 13, 2008: http://www.granma.cu/espanol/2008/octubre/lun13/laley.html

[14] Television interview with Zbigniew Brzezinski, in http://finkelblog.com/index.php/2009/02/17/brzezinski-hell-there-could-be-even-riots/

[15] Cf. Ignacio Ramonet, “La explosión del desempleo,” op. cit.

[16] Cf. Michael Klare, “Un planeta en el alero,” op. cit. Since the presentation of this paper at the ANEC Conference two other European governments were overthrown in Hungary and the Czech Republic. On the case of Hungary see Charles Forelle and Edith Balazs, “Hungary at an impasse”, in The Wall Street Journal, 23 March 2009, p. 32.

[17] Cf. my Socialismo Siglo XXI (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2007, soon to be published in Cuba) for a discussion on the main characteristics necessary to any project of socialist construction adapted to the current conditions.

[18] It is worth remembering that the response from any decadent empire or political order suffering a similar situation is usually more aggressive and murderous than others whose foundations are sufficiently insured. Michael Klare demonstrates it very well in “Beware empires in decline,” in Asia Times, October 19, 2006 (http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/HJ19Ak01.html) where he analyzes the behaviour of both English and French decadent imperialism after the Second World War, and their last rash attempt to reconstruct their imperial hegemony in the Suez Channel in 1956.

[19] Apart from my Socialismo Siglo XXI, see Samir Amin, “¿Debacle financiera, crisis sistémica? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias,” in Redes Cristianas, November 30, 2008 (http://www.redescristianas.net/2008/11/30/%C2%BFdebacle-financiera-crisis-sistemica-respuestas-ilusorias-y-respuestas-necesariassamir-amin/?; Eric Toussaint, “De las resistencias a las alternativas”, en www.catdm.be, and the papers submitted to the 2009 ANEC Conference by Osvaldo Martínez: “La crisis, una vez más”; Claudio Katz, “Lección acelerada de capitalismo”; Julio Gambina, “Crisis en Estados Unidos: problemas y desafíos para el orden mundial” ; Jaime Fuchs, “Preguntas y reflexiones sobre la actual crisis financiera norteamericana y mundial”; Eric Toussaint, “Alternativas: el retorno”; François Houtart, “La crisis financiera epifenómeno de las otras crisis”; Jean Carlos da Silva Américo, “Crises financeiras e a recessao do mundo capitalista global”; Plinio de Arruda Sampaio Jr., “Capitalismo do século XXI: crise e barbarie”; Reinaldo A. Carcanholo, “Aspectos teóricos de la crisis capitalista”; Orlando Caputo Leiva: “La crisis actual de la economía mundial. Una nueva interpretación teórica e histórica”; Graciela Galarce, “América Latina, el impacto de la crisis mundial y los TLCs. El caso de Chile”; Wilhelmus Dierckxsens, “La gran depresión del siglo XXI inaugura la Administración Obama”; Carlos Alzugaray Treto, “Estados Unidos: las dimensiones político-ideológicas de la crisis del 2008”; Pierre Salama, “Argentine, Brésil, Mexique face a la crisi internationale”; Diego Borja Cornejo, “La crisis capitalista global y la alternativa del socialismo para la humanidad en el siglo XXI. Reflexiones en medio de la tormenta”; Alicia Girón González, “América Latina: crisis financiera y problemas del desarrollo”; Arturo Huerta,”Las causas de la crisis financiera y la inoperatividad de los rescates”; Arturo Guillén, “La crisis global y la recesión mundial”; Jaime Estay, “América Latina: inserción internacional e integración regional ante la crisis mundial”; John Saxe-Fernández, “América Latina-Estados Unidos: dependencia estratégica y crisis”; Gian Carlo Delgado Ramos, “Resistencia y retos al cambio de paradigma energético”; Pablo González Casanova, “Lo posible y lo imposible en el capitalismo”; Judith A. Cherni, “Ironías del cambio climático y de sus soluciones económicas globales”; Umberto Mazzei, “La crisis económica y su impacto en los TLCs con Latinoamérica”, among other valuable contributions. The reader should also check the excellent dossier on the crisis published in the March 2009 issue of Le Monde Diplomatique (in several languages).


Source: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=7200&lg=es
Original article published on March 13, 2009.
Argentinian author Atilio Borón is a friend of Tlaxcala.
Machetera, Scott Campbell and Manuel Talens are members of Tlaxcala, the network of translators for linguistic diversity. Talens and Christine Lewis Carroll are members of Rebelión. This translation may be reprinted as long as the content remains unaltered, and the source, author, translator and reviser are cited.
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