La enmienda constitucional que el pueblo venezolano aprobó ayer puso en evidencia la desesperación de los adversarios, de adentro y de afuera, de la Revolución Bolivariana. Son concientes que la consolidación del liderazgo de Chávez y la continuidad de su proyecto afianzará el fiel de la balanza política regional en el espacio de la izquierda y eso es una muy mala noticia para el imperio. Si hay alguien que tiene capacidad para percibir los significados históricos de estas cosas es Fidel. Y en su Reflexión del 13 de Febrero escribió que “nuestro futuro es inseparable de lo que ocurra el próximo Domingo. ... El destino de los pueblos de ‘Nuestra América’ dependerá mucho de esa victoria y será un hecho que influirá en el resto del planeta.” Es precisamente por eso que la voz de orden de la derecha imperial es desembarazarse de Chávez lo antes posible. Si se puede por la vía institucional, bien; si no deberá recurrirse a los métodos tradicionales que la CIA conoce a la perfección. Recordemos que la legislación estadounidense faculta al Presidente a ordenar el asesinato de un mandatario extranjero, o la tortura a prisioneros, en caso de que la seguridad nacional del país se vea amenazada por tan temibles sujetos.


Esta es la clave que permite entender la feroz agresividad en contra de la figura de Chávez y la campaña en contra de la enmienda constitucional. Y las innumerables provocaciones que continuamente lo acosan. La última, un par de días atrás, a cargo del eurodiputado por el Partido Popular, Luis Herrero, quien llegó a Caracas en calidad de “observador” del referendo y al rato se inmiscuyó en la política interna venezolana al aconsejar a los electores que no se amedrentaran ante "un dictador" como Chávez. Herrero cometió una grosería que lo descalifica de su pretendido papel de “observador” y que lo desenmascara por completo: es un provocador profesional que pertenece al partido que agrupa a la derecha más cavernícola de España, a los herederos del franquismo y los nostálgicos de los buenos tiempos de la Inquisición y la alianza de la cruz y la espada. Su exabrupto fue recibido por toda la “prensa seria” como una prueba más del carácter dictatorial de la Revolución Bolivariana, lo que demuestra por enésima vez su incurable mendacidad y su total falta de escrúpulos morales. Una prensa que, por ejemplo, jamás dijo una palabra en relación al escandaloso proceso que llevó a la reelección de Álvaro Uribe en Colombia y que la justicia de ese país demostró que fue posible mediante el soborno a dos diputados de la oposición que, con el paso del tiempo, confesaron su delito. El operador de todo este escándalo fue el ministro de Gobierno de Uribe, quien al conocerse la sentencia del Tribunal Supremo fue velozmente designado Embajador en la Santa Sede, que al no ser divorciado lo recibió alborozada en su seno sin hacer pregunta alguna. Y en cuanto a la nueva propuesta de re-reelección de Uribe los sedicentes defensores de la democracia que se rasgan las vestiduras ante un gobernante como Chávez, que en diez años convocó a quince elecciones generales, nada dicen que aquél logró que la Cámara de Diputados aprobara su proyecto de re-elección en una sesión extraordinaria, convocada de extrema urgencia y en cuestión de horas por el oficialismo para las 12 de la noche y ante la casi total ausencia de la desprevenida oposición. Pero eso es democracia; lo de Chávez que siguió todos los pasos que manda la legalidad vigente es dictadura.


Los publicistas del imperio y la plutocracia venezolana machacaron continuamente que la aprobación de la enmienda significaría que Chávez iría a gobernar indefinidamente. Fieles a su tradición tergiversaron lo que estaba en discusión, procurando de ese modo engañar a la opinión pública. Ocultaron a sabiendas que la enmienda lo único que hace es habilitar la re-elección de un presidente, un gobernador o un alcalde. Hay varios gobernadores y alcaldes que se oponen a Chávez y que podrán aprovecharse de esta reforma si es que el pueblo, soberano elector, así lo deseaba. De hecho uno de esos gobernadores participó en el Comando del Sí, lo que ahorra mayores comentarios. La existencia de una norma semejante rige en los principales países de Europa: es por eso que Helmut Kohl pudo ser canciller de Alemania durante 16 años y si no continuó en el poder fue debido a un escándalo financiero que lo desacreditó ante la opinión pública de su país. Felipe González fue presidente del gobierno de España durante 14 años y Margaret Thatcher primera ministra durante del Reino Unido 11 años. Si no continuaron en sus cargos fue porque perdieron el consenso popular, no porque hubiera una cláusula de “no- reelección” que lo impidiera. Hay varios casos similares en Europa. En Francia, sin ir más lejos, la constitución autoriza una reelección presidencial para un mandato de 5 años cada uno, pero antes de la reforma del año 2000 el mandato duraba 7 años, también con reelección. Por eso François Mitterrand fue durante 14 años presidente de la República Francesa.


En suma: la cláusula aprobada ayer en Venezuela es la contrapartida de otra, profundamente democrática también, que le otorga a la ciudadanía la capacidad para desalojar de su cargo a quien mal se desempeñe en el mismo. Esta cláusula revocatoria es un arma formidable que la constitución bolivariana puso en manos del pueblo; pero todavía no le ofrecía la necesaria contraparte: la capacidad para re-elegir a quien había gobernado bien. Se podía castigar a un mal gobierno pero el pueblo era impotente para garantizar la continuación de uno bueno. Esa paradoja constitucional ha sido resuelta y ahora tiene esa capacidad, con lo cual la democracia bolivariana adquiere una densidad y profundidad casi sin parangón en el concierto mundial.


¿Quién sostendrá a la nueva constitución en Bolivia?

El nuevo triunfo de Evo Morales en el referendo constitucional ratifica, por tercera vez consecutiva, su extraordinario liderazgo en la sociedad boliviana y el apoyo de un gran sector de ésta, superior al 60 %, a la nueva constitución política del estado. En relación a lo primero hay que recordar, más allá de las (previsibles) quejas y mezquindades de sus críticos, que para un país que ha ungido como presidentes a personajes que obtuvieron 34 % de los votos (Sánchez de Lozada en 1993), o 23 % (Banzer, en 1997 o Sánchez de Lozada, otra vez, en 2002) la formidable (y continua) gravitación electoral de Evo constituye un acontecimiento extraordinario, un parteaguas que lo identifica como el primer presidente genuinamente legítimo de la historia boliviana al paso que convierte a cualquiera de los demás en verdaderos pigmeos políticos.

Claro está que dejando de lado el necesario debate sobre el nuevo texto constitucional, y las numerosas leyes que deberán dictarse para hacer realidad sus prescripciones, uno de los problemas más urgentes y graves que se le presentarán al Palacio Quemado tiene que ver con esta pregunta: ¿cuál será el sujeto social que sostenga la vigencia de la nueva constitución? Es preciso aventar los fantasmas del fetichismo constitucionalista, según el cual una vez aprobada una nueva pieza legal ésta adquiere vida propia y se sostiene por sí misma gracias al embrujo que ejerce sobre amigos y adversarios, o a la irresistible disuasión que emana de la presunta majestuosidad de la ley. A propósito de la llamada Constitución de Cádiz de 1812, que instituía significativos avances en la España de la época, Hegel advirtió sobre la inevitable precariedad de un nuevo ordenamiento constitucional que no repose sobre sólidos fundamentos sociales. Tal como lo afirmara en su Filosofía del Derecho, bajo tales condiciones su revocación no demorará ni un minuto más de lo que necesiten las viejas coaliciones conservadoras para reponerse, rearmar su estrategia, diseñar su táctica y salir al campo de batalla, cosa que efectivamente ocurrió a los pocos días de producida la restauración de Fernando VII en el trono de España. En línea con estas observaciones Marx concibió al derecho, y toda la superestructura jurídica, como una expresión de la correlación de fuerzas entre alianzas de clases antagónicas. Correlación que se constituye en varios niveles: electoral, social, político, militar, y donde el primero está lejos de ser el único o el más importante. Por lo tanto, lo que sostiene a la ley no es su racionalidad, su prudencia, su sensatez o su justicia sino el sujeto social (múltiple, plural, pero unificado organizacionalmente) que la hace suya y está dispuesto a defenderla aún a costa de su vida.

¿Podrá Bolivia ser la excepción a esta regla? De ninguna manera. Por eso, aparte de celebrar los avances que la nueva constitución instituye para el pueblo boliviano se impone la necesidad de acelerar la construcción del sujeto social que deberá otorgarle el anclaje social imprescindible para evitar que dicho corpus legal se convierta en una letra muerta. No será con la poética romántica de la multitud como se evitará que la reacción fascista termine por anular la vigencia práctica de la nueva constitución. Esa gente no se postra humildemente ante la ley, y no se arredra ante otra cosa que no sea la fuerza. Por eso, lo que se requiere para sortear este peligro es un paciente trabajo de concientización, movilización y organización del campo popular. En este terreno no hay nada nuevo bajo el sol, y el viejo dictum leninista que decía que la única arma que tiene el pueblo es la organización adquiere, en el escenario boliviano, una renovada actualidad. Desechar esa enseñanza del revolucionario ruso es el camino más seguro para sufrir una catastrófica derrota. La organización del campo popular será lo que permitirá que la nueva constitución se convierta en lo que Gramsci llamaba “un libro viviente” y una plataforma indispensable desde la cual proseguir la siempre inconclusa marcha en pos del socialismo.

La misma noche en que se conocían los primero resultados del referendo algunos de los líderes sediciosos de la Media Luna, especialmente Branco Marinkovic, ya hablaba de fraude, y pretendía vanamente erosionar la legitimidad del triunfo de Evo. Antes había dicho que el referendo sería una farsa; luego de verificada la victoria del proyecto oficial sacó de la galera la peregrina idea de que a menos que la nueva constitución fuese aprobada mayoritariamente en cada uno de los departamentos de Bolivia carecería de toda validez y legitimidad. La lógica política subyacente a este reclamo es muy clara, y para nada inocente: se trata nada menos que de preparar el clima ideológico para justificar, según se desenvuelva el conflicto entre Evo y los jefes de la sedición, la partición de Bolivia. Una mitad, la oriental, que rechaza la constitución y la otra, el altiplano, que sí la acepta. No hay que olvidar que la secesión ha sido el recurso prioritario del imperio en los últimos tiempos, y que el expulsado embajador Philip Goldberg es un especialista en esta clase de tramoyas: las ejercitó intensivamente en los Balcanes y, según algunos observadores, su influencia fue decisiva en viabilizar la secesión de Kosovo. No es casual que ante la progresiva consolidación de gobiernos antagónicos al imperio en Venezuela, Bolivia y Ecuador Washington trabaje pacientemente en cultivar los regionalismos y los autonomismos de todo tipo: el Zulia, en Venezuela; la “república del Guayas”, para oponerse a Correa en el Ecuador; y la Media Luna oriental en Bolivia. El principio en todos los casos es el mismo: si no se puede tumbar al gobierno contestatario hay que fomentar la desmembración territorial mediante una persistente campaña de agitación y propaganda que exalte los sentimientos autonómicos de las regiones y estimule la rebeldía en contra del poder central y su “ilegítima” constitución.

Derrotada en un campo de batalla: el referendo constitucional, la derecha elegirá un nuevo “teatro de operaciones” para, desde un terreno presuntamente más favorable, intentar quebrar la mano de Evo. Ya intentó un golpe de estado el pasado invierno y fracasó, motivando su repliegue táctico, su cambio de discurso (ahora más “razonable y dialoguista”) y su momentánea adopción de la piel de cordero para ocultar su determinación golpista. Pero no hay que hacerse ilusión alguna: no se convertirán en demócratas de la noche a la mañana, ni purgarán su escandaloso racismo y jamás adherirán a nada que se asemeje al socialismo. Aunque Evo obtenga el 95 % de los votos nunca cesarán de acusar al gobierno de ilegítimo y tramposo. Es de crucial importancia que nadie en La Paz tome en serio sus cantos de sirena. Son enemigos irreconciliables, y la masacre perpetrada en Pando no fue un rayo en un día sereno sino una advertencia de lo que puede llegar a ocurrir una vez que los sediciosos se convenzan de la inutilidad de seguir transitando por los caminos de la legalidad y la democracia. Si ahora lo hacen es por un oportunismo táctico, obligado por la derrota de su tentativa golpista. Ante este cuadro lo único que salvará a la nueva constitución y al gobierno popular será la eficacia organizativa y la voluntad de lucha que exhiban las clases y capas populares, y las etnias oprimidas, de Bolivia.


Este artículo fue originalmente publicado en la revista La Época, de La Paz, Bolivia, el 8 Febrero 2009
Ver artículo en La Época

Entrevista de “Correio da Cidadanía” a Atilio A. Boron

sobre el cincuentenario de la Revolución Cubana


Consolidada, la Revolución Cubana requiere romper con el inmovilismo social y burocrático

Escrito por Valeria Nader y Gabriel Brito

3 de Febrero de 2009


Tal como lo recordara todo el mundo, el 2009 comenzó marcado por el cincuentenario de la Revolución Cubana –cuando, guiados por los posteriormente míticos Fidel Castro y Che Guevara, los guerrilleros descendieron de las montañas de Sierra Maestra y derrumbaron la sanguinaria dictadura de Fulgencio Batista.

Discutida según las preferencias personales e ideológicas de los medios de comunicación y sus respectivos opinadores, los acontecimientos de medio siglo atrás permearon la vida de generaciones e inspiran hasta hoy ideales de ruptura y cambio social. Con la revolución consumada, lo que se coloca de aquí para adelantes es el futuro de la Isla, tema central de la entrevista realizada por Correio da Cidadania con el sociólogo argentino Atilio Boron.

Para este cientista social, también columnista del periódico porteño Página/12, la revolución no corre ningún riesgo en Cuba pues ya está entronizada en la población la conciencia de que una capitulación ante las fuerzas del mercado “retrotraería Cuba al siglo 19.” De acuerdo con Boron, el momento en que la revolución podría haber sido derribada ya pasó; las condiciones más favorables que habían para acometer una tal empresa ya dejaron de existir.

A pesar de los devastadores huracanes que asolaron el país en 2008 Atilio observa que Cuba cuenta hoy con posibilidades para una mayor inserción en la economía mundial debido a los convenios de cooperación firmados con China y Venezuela, entre otros. Mientras tanto el sociólogo afirma que los cubanos no se ilusionan con la elección de Barack Obama pues de hecho no hubo un auténtico cambio de retórica en relación a la Isla.

Si no hubiera sido por los “revolucionarios barbudos”en la actualidad nuestro continente sería un inmenso y subyugado “protectorado” estadounidense, lo que de por sí torna la solidaridad con el pueblo cubano un imperativo para nuestras poblaciones, resalta Boron.


A continuación, la entrevista:


1- ¿ Cual es el real significado de las medidas que Raul Castro ha tomado en Cuba relativas a la propiedad agrícola, a las posibilidades de adquisición de artículos electrónicos, al salario de los funcionarios estatales y a la circulación de cubanos en las áreas turísticas, entre algunas con mayor visibilidad en nuestros medios de comunicación?

Estas medidas indican que la reforma económica dentro del socialismo está comenzando a llevarse a la práctica. Es el inicio de un proceso largo y difícil, porque se quiere evitar, con toda razón, aplicar reformas que impliquen de un modo u otro la reintroducción de relaciones capitalistas en Cuba o la ficción de un “socialismo de mercado”, en donde el segundo terminaría devorándose al primero. Esto es lo que, al menos parcialmente, ha ocurrido en China y en Vietnam y los cubanos no están dispuestos a incurrir en ese mismo error. Esa sería la ruta reformista más fácil, pero desencadenaría una enorme regresión económica y social en la revolución cubana que remataría en su práctico agotamiento. El otro camino, el de las reformas dentro del socialismo, es más dilatado y complejo y no existen antecedentes internacionales que permitan extraer algunas lecciones acerca de lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. Las reformas de la ex-Unión Soviética culminaron en un fenomenal retroceso y con Rusia convertida en un país capitalista. Y en China y Vietnam, como se dijo más arriba, se inició un tránsito que, especialmente en el segundo caso, bien podría terminar igual que Rusia. China es distinta, porque por sus meras dimensiones geográficas y demográficas unidas a la fortaleza de su estado le otorgan la posibilidad de fijar condiciones al capital extranjero (y al nacional) que ningún otro país del planeta posee. Por eso los cubanos están a la vanguardia de la historia, haciendo un experimento muy complicado. Por otra parte, la inédita circunstancia de que tres huracanes arrasaran la isla en el 2008 ha obligado a lentificar el proceso de reformas y a moverse con gran cautela en una situación de emergencia económica nacional. Además, la continuación del bloqueo imperialista es otro obstáculo formidable en un proceso de innovaciones como el que Cuba está ensayando.


2 –Según usted, ¿qué es lo que caracterizaría actualmente a algunos “impasses” de la sociedad cubana?

Creo que hay muchos factores. En la respuesta anterior ya mencioné algunos, muy importantes como el carácter inédito de reformas socialistas dentro del socialismo, el bloqueo imperialista, la devastación de los huracanes. Habría que agregar otros: la existencia de una burocracia con muy poca vocación innovadora es uno de los factores que también explica la existencia de esos “impasses”. Otro elemento importante es la debilidad del debate económico en Cuba, que en los años iniciales de la revolución supo tener una notable densidad teórica, como lo demuestra el intercambio entre el Che Guevara y Bettelheim. Hoy ese debate está ausente, o tiene una incipiente presencia. Las reuniones anuales de la ANEC han sido uno de los pocos ámbitos en los cuales los economistas y los especialistas comenzaron a discutir estos temas, centrados en torno a una gran pregunta: ¿qué hacer ante la irreversible obsolescencia del modelo de planificación ultracentralizada? Si ese modelo funcionó en el pasado, cosa que es motivo de intensas polémicas, no cabe duda alguna de que ya no funciona más. ¿Con qué reemplazarlo? Por otra parte, y esto lo señalaron Fidel y Raúl de manera reiterada en los últimos años, hay una tendencia “quietista” en una sociedad que luego de cincuenta años de revolución se acostumbró a que los problemas, cualquier problema, lo resuelva el estado. La consecuencia es la pasividad y el inmovilismo, y para cambiar se requiere precisamente lo contrario: activismo y movilización. Finalmente, creo que el Partido debería cumplir un papel educativo y movilizador que no estoy seguro esté desempeñando con la intensidad que se necesita. Lo hace, pero sus esfuerzos son parciales e insuficientes. Y esto se agrava por la aparición de un importante hiato generacional entre los grandes líderes de la revolución y la juventud, que considera a la epopeya de la Sierra Maestra con la lejanía de los acontecimientos históricos y quiere el cambio ya. Esta urgencia despierta, en amplios sectores de la burocracia estatal, una reacción “inmovilista” que lejos de facilitar los cambios los torna mucho más difíciles.


3 - ¿Cómo será posible solucionar estos “impasses”? ¿Proseguirá Cuba su camino socialista?

Estoy seguro que sí, que Cuba, que rompió los moldes de la tradición con el triunfo de su revolución en un país de la periferia y subdesarrollado y que, pese a ello, sobrevivió a medio siglo de bloqueos, atentados y sabotajes de todo orden, también sabrá responder exitosamente a los desafíos actuales. Cuba es un país que cuenta con un amplio sector de la población que posee un elevado grado de conciencia política, como no existe en esa proporción en ningún otro país de América Latina y, tal vez, del mundo. Es además una población que ha sido muy bien organizada por el Partido y que sabe que una eventual caída del socialismo retrotraería a la isla al siglo diecinueve, con la mafia terrorista de Miami a la cabeza y dispuesta a cobrar revancha por la osadía de haber desencadenado la revolución. Sabe también que los logros de la revolución, en campos como salud, educación, deportes, cultura, que tiene a Cuba muy por encima de cualquier otro país de América Latina, serían barridos por el retorno de la derecha en caso de que flaquearan las fuerzas revolucionarias. Pero no hay tal peligro: Fidel se mantuvo a pie firme cuando el socialismo se derrumbaba en todo el mundo y la historia, también en este caso, “lo absolvió” dándole la razón. Y su ejemplo seguirá vigente, aún después de su desaparición física, para inspirar a los millones que están dispuestos a entregar su vida por la defensa del socialismo y el comunismo en Cuba.


4 - Se especula mucho respecto del tipo de socialismo que deberá existir en Cuba, aludiéndose, por ejemplo, al modelo chino y también a los gobiernos de Chávez, Morales y Correa en América Latina, que han tenido un enfrentamiento más fuerte con el neoliberalismo. ¿Como es que usted encara esta cuestión?

Algo de eso examiné in extenso en un libro que acabo de publicar y que se llama Socialismo Siglo XXI. ¿Hay vida después del neoliberalismo? La tesis central es que no hay ningún modelo o tipo de socialismo que se pueda imitar o que se encuentre listo para aplicar. Cada proceso es una creación histórica única y más allá de algunos “comunes denominadores” -como por ejemplo la intransigente batalla en contra de las relaciones capitalistas de producción (y no sólo del neoliberalismo) y la mercantilización de todos los aspectos de la vida social, incluyendo desde los bienes y servicios hasta las ideas, las religiones, la política y el Estado- las experiencias concretas de construcción socialista en este siglo serán muy distintas entre sí. Lo de Cuba es inimitable; lo de Chávez también, y lo mismo ocurre con lo de Correa o Evo. Vale aquí el verso de Machado, con un par de ligeras variantes: “militante no hay modelo, se hace el modelo al andar.” Brasil, Argentina, Chile, en la medida en que abandonen las ilusiones centroizquierdistas de la “tercera vía” (que tanto daño nos han hecho y tanto tiempo nos han hecho perder) se irán incorporando a este proyecto de construcción socialista pero con características absolutamente propias, idiosincráticas, irrepetibles. Y está bien que así sea: esa diversidad de caminos hacia el socialismo nos enriquece y nos hace más fuertes.


5 - ¿Existe el temor de que las fuerzas imperialistas puedan de alguna forma doblegar la resistencia cubana?

No lo lograron en cincuenta años, cuando la correlación mundial de fuerzas era mucho más favorable para el imperialismo. Ahora no tienen condiciones para intentar algo así. La incorporación de Cuba al Grupo de Río y a la Unasur, así como la práctica expulsión del imperio en la resolución de la crisis boliviana del año pasado, demuestra que, como dice el presidente Correa, “estamos viviendo un cambio de época y no sólo una época de cambios.” ¿Quién se hubiera imaginado hace apenas unos pocos años que un presidente de Bolivia podría expulsar al embajador norteamericano sin tener que enfrentarse, a los pocos días, con un golpe militar? ¿Quién podía pensar que la flota rusa haría maniobras en el Caribe con la Armada venezolana sin desencadenar un ejemplar escarmiento de los Estados Unidos? ¿O que Ecuador podría decirle a Washington que no le renueva el alquiler de la base de Manta, estratégica para el control político del área andina? La reacción imperialista no pudo acabar con la revolución cubana cuando existían condiciones internacionales propicias para ello. Perdió esa oportunidad, y hoy esas condiciones ya no existen más. La revolución llegó para quedarse.


6 -¿Cuál es la expectativa en Cuba en relación al gobierno de Obama y que relación se piensa tener con los estadounidenses a partir de ahora?

No hay grandes expectativas. No puede haber grandes expectativas porque las declaraciones de Obama en relación a Cuba fueron bastante poco felices, para no hablar de lo mala que fueron las de Hillary Clinton en su audiencia de confirmación en el Senado. Siguen exigiendo “libertades políticas para la oposición” sin reconocer que en Cuba esa oposición es contrarrevolucionaria y está probadamente financiada y organizada por la CIA y las diversas agencias del gobierno norteamericano. Existen hasta filmaciones que constatan que esa oposición es, en realidad, un grupo de agentes del imperio operando en Cuba. Obama ha dicho que no piensa levantar un bloqueo que ha sido condenado desde la Asamblea General de la ONU hasta Juan Pablo II, pasando por las más importantes personalidades del mundo entero. Creo que los cubanos, con razón, no se hacen ilusión alguna con Obama, y sería bueno que en el resto de América Latina tampoco nos la hagamos. Si por algún motivo Obama “se saliera del libreto” y tuviese gestos concretos de apertura, comprensión y mayor racionalidad hacia Cuba La Habana respondería positivamente.


7 - ¿ Cómo viven los cubanos el momento actual? ¿Es perceptible el crecimiento de algún tipo de ambivalencia en la población o persiste con fuerza el apoyo a la experiencia revolucionaria?

El apoyo a la revolución sigue siendo impresionante. Por supuesto, no es unánime, ni podría serlo. Pero es muy fuerte. Eso no significa que aprueben todas las políticas que sigue el gobierno revolucionario. Hay muchas críticas sobre la escasa oferta de alimentos, los bajos salarios, la vivienda, el burocratismo, el limitado acceso a Internet o las restricciones para viajar. Pero la gente sabe que estos problemas se originan en causas que en buena medida exceden lo que el gobierno pueda hacer o manejar. El bloqueo le ha costado a Cuba casi 100.000 millones de dólares, más de dos veces el PBI de la isla. El impacto sobre las finanzas públicas ha sido demoledor. Además, debido a la permanente agresión de Washington Cuba debe destinar a gastos de defensa una proporción muy elevada de su presupuesto público. Si no existieran estas dos condiciones, es decir, sin bloqueo y sin amenazas permanentes de ataque exterior, Cuba dispondría de muchos más recursos para incentivar la producción de alimentos, construir viviendas, mejorar los salarios. Pero esas condiciones no existen, lamentablemente. Por supuesto, aún así algunas cosas podrían mejorarse: por ejemplo, adoptando una política más flexible en relación al campesinado para incrementar la oferta alimenticia, o para explotar tierras que siguen sin cultivarse. Allí pesa el papel de una burocracia que se ha conservatizado y que no está pensando en una alternativa “post-planificación centralizada”. Otras restricciones también causan malestar en la población: el transporte era un problema muy grave, sobre todo en La Habana, pero en el último año ha habido una considerable mejora gracias al apoyo de China. Internet es un problema, porque EEUU sanciona a cualquier país que le facilite la banda ancha a Cuba. Ahora Venezuela está tirando un cable submarino para resolver ese problema. En fin, hay protestas, además porque el pueblo cubano es muy extrovertido y no tiene temor alguno a expresar sus quejas y demandas. Pero estas se dirigen fundamentalmente hacia algunas políticas y no al régimen revolucionario o al socialismo. Mucho menos hacia la figura de Fidel. Creen, y tienen razón, que puede haber un socialismo más eficiente, con mayor capacidad de proporcionar bienestar a la población. Pero no se les olvida que pese a todas las limitaciones y restricciones Cuba cuenta con la tasa de mortalidad infantil más baja de las Américas, igual a la de Canadá y menor que la de Estados Unidos, y tres o cuatro veces más baja que la que tienen países potencialmente tan ricos como Argentina o Brasil.


8 – ¿Cómo se vio la Cumbre de las Américas, en Bahía, los pedidos de los gobernantes para poner fin al embargo son cada vez más frecuentes –mismo la ONU se manifestó en el mismo sentido, por 17º vez, en el 2008? ¿Existe en la isla la ilusión de, finalmente, poder insertarse plenamente en la economía o, por lo menos, de estrechar las asociaciones y acuerdos con algunas naciones latinoamericanas?

El cubano es un pueblo muy culto y que ha aprendido mucho con la revolución. No abrigan ilusión alguna porque sabe que el imperialismo nunca dejará de hostigar a Cuba y, por lo tanto, su inserción en la economía mundial dominada por las grandes transnacionales, muchas de ellas norteamericanas o de países gobernados por aliados o clientes de la Casa Blanca, estará plagada de dificultades. No creen que en lo inmediato EEUU vaya a levantar el bloqueo (no se trata de un embargo sino de un bloqueo, que es algo mucho más grave), aunque si lo hace sería una gran noticia. Pero al poder comerciar libremente con los países de América Latina y el Caribe, unida a su creciente relacionamiento con China, Rusia y otras grandes economías, Cuba puede resolver gran parte de sus problemas. Por eso es de suma importancia que las mayores economías de América Latina, como Brasil, México y Argentina, adopten una política de solidaridad militante con la revolución cubana. Una revolución que exporta médicos, enfermeros, odontólogos, maestros, instructores deportivos; una revolución que ayuda a desterrar el analfabetismo en Bolivia y Venezuela, que devuelve la vista a millones de personas, que vende vacunas para combatir enfermedades al margen y muy por debajo de los precios del mercado. Una revolución, en suma, que siempre fue solidaria con nuestros pueblos y que merece nuestra más rotunda solidaridad. Basta con pensar, para quienes todavía tengan dudas, lo que hubiera sido de América Latina si la revolución cubana hubiese sido derrotada en Playa Girón o si, luego de la implosión de la Unión Soviética, hubiera llegado a la conclusión de que había que retornar al capitalismo lo antes posible. Si tal cosa hubiera ocurrido en América Latina no existiría un Chávez, un Evo, un Correa, un Lugo, para ni hablar de la “centroizquierda”; estaríamos convertidos en un inmenso protectorado norteamericano, y en donde las figuras más a la izquierda de la región serían políticos como Álvaro Uribe, Alan García u Oscar Arias. Gracias a la presencia inquebrantable de la revolución cubana nos ahorramos esa pesadilla. Por eso, nuestra deuda con Cuba será eterna y todo lo que hagamos para ayudarla será poco.

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