La casa editorial Capital Intelectual acaba de publicar en Buenos Aires una muy cuidada edición de la fundamental obra de José Carlos Mariátegui: 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Tuve el honor de ser invitado a escribir un estudio preliminar a dicho libro, fundador del marxismo latinoamericano. A continuación, el texto preparado para esa ocasión.

Los 7 ensayos de Mariátegui: hito fundacional

del marxismo latinoamericano

Atilio A. Boron

Los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana son, sin dudas, el

primer gran trabajo de investigación y teorización producido en el interior

de la tradición marxista en América Latina y por un autor latinoamericano,

lo que le ha conferido a Mariátegui justísima fama como uno de

los mayores pensadores de Nuestra América a lo largo de todo el siglo xx.

Los 7 ensayos son un texto que, pese a que fue escrito hace poco

más de ochenta años, aporta un luminoso análisis de las grandes tendencias

que marcaron la historia del Perú desde la Conquista, el Virreinato

y la República, llegando con sus luces hasta finales de la década

de 1920. Claro está que cuando Mariátegui habla sobre el Perú también

lo está haciendo de Latinoamérica pues los problemas que con tanta

agudeza examina su obra reaparecen, con algunas ligeras variaciones,

en otros países de la región. Como si lo anterior fuera poco, el libro contiene

además algunos pasajes que llaman poderosamente la atención

por su asombrosa actualidad. Por añadidura, digamos además que en

la Argentina –y, en general, en buena parte de América Latina– una

obra tan importante como esta solo por excepción es conocida más

allá de un reducido círculo de especialistas, pese a que tanto la intención

de su autor como la claridad de su argumentación y la amenidad

de su prosa la hacen particularmente apta para acceder a un público

más amplio. Se trata, en suma, de un texto que por sus propios méritos

Nota del autor: agradezco los atinados comentarios de Fernando Martínez Heredia a una

primera versión de este estudio preliminar.

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tiene bien ganado el título de «clásico» del pensamiento marxista, uno

de los muy pocos producidos en esta parte del mundo.1

Esta breve nota introductoria tiene por objeto aportar algunos antecedentes

sobre su autor y el contexto histórico en que produjo su obra,

y subrayar algunos pasajes del texto que nos parecen particularmente

relevantes, confiando en que estas breves reflexiones facilitarán una

adecuada lectura del libro y la comprensión de sus tesis principales.

El autor

Mariátegui nace en Moquegua, al sur del Perú, en un hogar de la baja

clase media el 14 de junio de 1895.2 Abandonada por su padre, el inmigrante

vasco Francisco Javier Mariátegui Requejo, la familia emigra

a Huacho, donde reside su rama materna. En esa localidad, y ya como

estudiante en la escuela primaria, Mariátegui sufre un accidente en la

escuela, por lo que es trasladado a Lima e internado en la Maison de

Santé. Ese duro golpe en la rodilla izquierda le causará no solo una

extensa convalecencia de cuatro años en Lima sino también una per-

1. Cabría agregar, a riesgo de distraer al lector o la lectora de este libro, que junto a Mariátegui

podría también colocarse la figura de otro gigante del pensamiento marxista: nos referimos

al cubano Julio Antonio Mella (1903-1929), fundador del Partido Comunista Cubano

y, pese a su corta existencia, autor de numerosos escritos que todavía están esperando una

completa recopilación. El rescate de esta obra es una de las grandes asignaturas pendientes

de las organizaciones de izquierda en América Latina. En Cuba se publicó, tiempo atrás, una

antología con sus principales escritos que se encuentra agotada hace ya muchos años.

2. En una especie de corta autobiografía que enviara al escritor Enrique Espinoza, director

de la revista La Vida Literaria, de Buenos Aires, y que se incluye en el presente volumen

(ver p. 331), Mariátegui dice haber nacido en 1895. Sus biógrafos, en cambio, dicen que

lo hizo un año antes, en 1894. Así lo confirma Guillermo Rouillon, habiendo descubierto

el acta de su nacimiento. Cf. Rubén Jiménez Ricárdez en su «Prólogo» a Obra política de

José Carlos Mariátegui. Prólogo, selección y notas de Rubén Jiménez Ricárdez, México,

Ediciones ERA, 1979, p. 18. Dos detalles anecdóticos: uno, la coincidencia de la fecha

de nacimiento de Mariátegui y del Che Guevara; dos, en el caso del nacimiento del Che

también hay una incógnita, no se trata del año de nacimiento, como en Mariátegui, sino

del mes. Algunos biógrafos han aceptado como buena la explicación ofrecida por la madre

del Che, Celia de la Serna, de que estando ya embarazada al momento de su casamiento y

siendo la verdadera fecha de nacimiento de su hijo el 14 de mayo, la partida de nacimiento

fue fechada un mes más tarde para evitar el escándalo.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 9

manente minusvalía física y, ya de adulto, la amputación de esa pierna

y, finalmente, su muerte cuando aún no había cumplido los 36 años

de edad. Producto de su internación hospitalaria no puede continuar

sus estudios en la escuela primaria, por lo que su formación fue, como

él mismo lo declara, completamente autodidáctica.3 Desde finales de

1919 hasta mediados de 1923 –nos dice en esa breve noticia sobre su

vida– viajó por Europa, adonde había llegado gracias a una forma disimulada

de deportación: una beca, otorgada por el gobierno de Augusto

Leguía, deseoso de sacarse de encima a un joven y promisorio

periodista que, por entonces, había fundado el diario La Razón desde

donde criticaba al gobierno, apoyaba la reforma universitaria y las luchas

obreras al punto tal de convertirse en el portavoz de la Federación

Obrera Regional Peruana.

De su periplo europeo nos dice Mariátegui que «...viajé por Europa.

Residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y

algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros países.

Mi mujer y mi hijo me impidieron llegar a Rusia. Desde Europa me

concerté con algunos peruanos para la acción socialista. Mis artículos

de esa época señalan estas estaciones de mi orientación socialista.

A mi vuelta al Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la

Federación de Estudiantes, en la Universidad Popular, artículos, etc.,

expliqué la situación europea e inicié mi trabajo de investigación de

la realidad nacional, conforme al método marxista. En 1924 estuve,

como ya lo he contado, a punto de perder la vida. Perdí una pierna y

me quedé muy delicado. Habría seguramente ya curado del todo con

una existencia reposada. Pero ni mi pobreza ni mi inquietud espiritual

me lo consienten».

Este período europeo fue decisivo en la formación ideológica y

teórica del joven peruano. Adolfo Sánchez Vázquez observó con razón

que hay tres etapas muy claramente delimitadas en la vida pública de

3. Dice textualmente en su nota autobiográfica: «Me olvidaba: soy un autodidacto. Me

matriculé una vez en letras en Lima, pero con el solo interés de seguir el curso de latín de

un agustino erudito. Y en Europa frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme

nunca a perder mi carácter extra-universitario y, tal vez, si hasta anti-universitario».

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Mariátegui.4 Una primera, que transcurre entre 1911 y 1919, con nuestro

autor contando entre los 17 y 26 años y concentrado en sus labores

periodísticas. Son años en que las primeras movilizaciones obreras y la

Reforma Universitaria lo apartan de sus intereses literarios y estéticos y

lo impulsan irresistiblemente hacia la política y hacia posturas antioligárquicas.

El segundo período es, precisamente, el que se escenifica en

Europa. Allí es testigo, en Italia, de una coyuntura extraordinariamente

virulenta de la lucha de clases: las convulsiones producidas por la desarticulación

económica y social propias del fin de la guerra, las promesas

incumplidas de los gobiernos y la reacción de obreros y campesinos,

la ocupación de fábricas en Turín, la fundación del Partido Comunista

Italiano (PCI) –consumada en el Congreso de Livorno de 1921, al cual

asistió como corresponsal– y sus contactos con dos jóvenes figuras del

PCI: Antonio Gramsci y Umberto Terracini, gracias a los cuales adquirió

un conocimiento muy exhaustivo de la Revolución Rusa y la Tercera

Internacional, algo imposible de obtener en su Perú natal. Es también

consternado testigo del nacimiento y consolidación del fascismo, y su

irresistible ascenso hacia la toma del poder en 1922. El tercer período

encuentra a Mariátegui llegando de regreso al Perú en marzo de 1923 y

ya por entonces convertido en un socialista marxista. Son sus años maduros,

en los que desarrolla una intensa actividad teórica y práctica a la

vez; pero también son los del agravamiento de su dolencia que lo lleva,

en 1924, a tener que sufrir la amputación de su pierna izquierda y, poco

después, a padecer de una casi total inmovilidad física. Ni bien llega

al Perú toma contacto con Víctor Raúl Haya de la Torre, el futuro fundador

del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana). Cuando

este debe marcharse al exilio, en octubre de 1923, le cede la dirección

de la revista Claridad. Durante unos pocos años transitaron juntos por

los senderos de la política peruana. Luego, la progresiva radicalización

del pensamiento y la acción de Mariátegui y la simétrica capitulación

del autor de El antiimperialismo y el APRA hasta finalizar confinado en

los límites de un inofensivo populismo retórico privado de todo filo (no

digamos revolucionario sino ni siquiera reformista), llevaron al prime-

4. Cf. su De Marx al marxismo en América Latina, México, Ediciones Ítaca, 1999,

pp. 150-151.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 11

ro a romper en 1928 con Haya de la Torre, a fundar el Partido Socialista

Peruano (PSP) y a acercarse a la Tercera Internacional.5 Debido al

empeoramiento de su salud no puede asistir a la Primera Conferencia

de Partidos Comunistas Latinoamericanos, reunida en Buenos Aires

en junio de 1929, dando cumplimiento a una directiva emanada del VI

Congreso de la Internacional Comunista (IC) que había sesionado en

Moscú en el año 1928. Imposibilitado de viajar, nombra como delegados

al obrero Julio Portocarrero y al joven médico Hugo Pesce, quienes

tienen una destacada actuación en dicho cónclave defendiendo las heterodoxas

posturas de Mariátegui.6 Al año siguiente funda la Confederación

General de Trabajadores del Perú. Muere el 16 de abril de 1930,

debido a las complicaciones surgidas por la amputación de su pierna.

Estos últimos siete años constituyen, de lejos, el período donde

el pensamiento creador de Mariátegui se despliega con toda su fuerza

y donde se encuentran sus aportes más sugerentes y fecundos, que le

valieron ser considerado, según lo recuerda Sánchez Vázquez, como

«el primer marxista de América Latina» y, también, como «el Gramsci

de América Latina». Primer teórico marxista no solo por su ubicación

en la línea cronológica sino probablemente también (aunque aquí habría

espacio para una amigable controversia) en relación con los marxistas

que le sucedieron.7 Y un verdadero gramsciano latinoamericano

5. De hecho, el PSP se convierte, a la muerte de Mariátegui, en el Partido Comunista del

Perú. En cuanto al APRA, vale sentenciar que su parábola descendente adquiere rasgos escandalosos

en nuestros días con la completa capitulación de su ideario original a manos del

actual presidente del Perú, el aprista Alan García. Nada queda del antiimperialismo propuesto

por Haya de la Torre en la etapa fundacional del aprismo: su sucesor se ha plegado sin

beneficio de inventario al imperialismo norteamericano, convirtiéndose en un gran impulsor

de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y en un pertinaz propagandista

del imperio, al punto tal que en los últimos tiempos ha merecido los encendidos elogios de

Mario Vargas Llosa por su oportuna conversión al «realismo» capitalista.

6. Dos décadas después Hugo Pesce tendría oportunidad de desempeñar un papel de

gran importancia, si bien indirecto, en la historia contemporánea de América Latina: fue

quien en su residencia de Lima alojó a un joven médico argentino, Ernesto Guevara de la

Serna. Pesce sostuvo largas conversaciones con quien luego sería el Che, le facilitó libros

socialistas y marxistas y el contacto para viajar, poco después, al leprosario de la selva

amazónica, experiencia práctica fundamental en la conformación ideológica del Che.

7. Una controversia que podría suscitarse, por ejemplo, si se lo comparara con las aportaciones

del Che Guevara o Fidel Castro, para circunscribirnos tan solo al caso de grandes dirigentes

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porque, entre muchos otros parecidos, su obra corrió la misma suerte

que la del italiano: fue repudiada en su época por los mandarines de

la Tercera Internacional y por la dirigencia de los partidos comunistas

hasta que el paso del tiempo le hizo justicia y se produjo su justa reparación.

Pero esto lo veremos en la sección siguiente.8

El contexto histórico

Al igual que los célebres Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci, el

infortunio editorial de Mariátegui hizo que solo tardíamente el marxismo

latinoamericano pudiera nutrirse con el pensamiento del peruano.

Es que su obra se despliega en los años posteriores a la muerte de Lenin,

cuando la Tercera Internacional acentúa su sectarismo y su dogmatismo

bajo la fórmula del «marxismo-leninismo» ad usum Stalin. En ese

contexto las heterodoxas ideas de Mariátegui cayeron rápidamente en

desgracia. El VI Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en

1928, consagró el predominio indiscutido del estalinismo, la derrota del

trotskismo y la sumisión incondicional de todos los partidos comunistas

del mundo al nuevo «Vaticano» con sede en el Kremlin y cuya palabra

era tan infalible como indiscutibles eran las directivas estratégicas, las

tácticas y las políticas de alianzas que debían aplicar los «destacamentos

nacionales» subordinados al «estado mayor general» radicado en Moscú.

Todo esto remitía, por supuesto, a una concepción teórica donde el

marxismo se había convertido en una suerte de «religión oficial» del Es

políticos. Jiménez Ricárdez lo caracteriza como «el más lúcido de los fundadores del marxismo

en América Latina» que se nutre del pensamiento democrático radical y antiimperialista

de Martí, del anarquismo y del socialismo «reformista y demócrata», no marxista, que hizo pie

en nuestra región hacia finales del siglo xix y que encontró en Juan B. Justo al primer traductor

de El Capital. Pero aclara que Mariátegui se «entronca con esas corrientes (pero) lo hace en

actitud polémica y crítica». Jiménez Ricárdez, op. cit., p. 9. Agregaríamos, una vez más, la

figura deslumbrante de Julio Antonio Mella en este grupo de grandes pensadores y dirigentes

marxistas de América Latina.

8. Sobre esta doble primacía de Mariátegui y sus semejanzas con la obra de Antonio

Gramsci, ver Sánchez Vázquez, De Marx al marxismo en América Latina, op. cit., p. 147.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 13

tado soviético y, como tal, completamente supeditado a las prioridades

y a la «razón de Estado» de la URSS.

En un texto tan breve como luminoso, Fernando Martínez Heredia

describió esta situación planteando, por un lado, el florecimiento

de los debates en el interior de la tradición marxista a partir de la

Revolución Rusa y la posterior derrota de la revolución en Occidente

a comienzo de la década de 1920; por el otro, la «paradoja trágica»

resultante de la incongruencia entre esa notable ebullición de ideas,

estudios y diagnósticos producidos por los marxistas de la época y

la creciente subordinación a las orientaciones políticas, ideológicas y

teóricas emanadas desde el comando central instalado en el Kremlin

de quienes actuaban en el campo de la izquierda. Esto se tradujo en

el sofocamiento de toda la discusión, la «dogmatización de las ideas

y las instituciones comunistas» y la supresión de la riquísima diversidad

histórica, estructural y cultural de los pueblos que luchaban por

acabar con el capitalismo.9 El resultado fue la sustitución del marxismo

como «análisis concreto de la realidad concreta» como, fiel al legado

de Marx y Engels, lo exigía Lenin, por una metafísica social, una

filosofía de la historia aplicada urbi et orbi y de la cual solo se podían

extraer erróneos diagnósticos, erróneas concepciones estratégicas y

promover erróneas tácticas de luchas que fatalmente conducirían a

una catastrófica derrota de las fuerzas populares, cosa que efectivamente

ocurrió no solo en América Latina sino también en Europa Occidental.

No hacía falta esperar a la implosión de la Unión Soviética

para corroborar hasta dónde se podía retroceder cuando se pretendía

hacer política dándole la espalda a la realidad nacional y mirándola

utilizando como espejo retrovisor la vulgata estalinista. Si para

Lenin el marxismo «no es un dogma sino una guía para la acción»,

Mariátegui adopta la misma actitud cuando dice que «es un método

fundamentalmente dialéctico... que se apoya íntegramente en la realidad,

en los hechos. No es, como algunos erróneamente suponen, un

9. Cf. «Problemas de la historia del pensamiento marxista: los tiempos de Mariátegui», en

Mariátegui, La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana «Juan

Marinello», 2002, pp. 254-255.

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cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los

climas históricos y todas las latitudes sociales».10

No sorprende pues comprobar que para el sectario monolitismo

de la Tercera Internacional el marxismo de Gramsci, con su revalorización

del papel desempeñado por los factores superestructurales y

su tenaz rechazo al determinismo económico y el «fatalismo pseudorevolucionario

», constituía una insoportable herejía. El mismo destino

le cupo al autor de los 7 ensayos, fulminado desde un principio por

apartarse de la línea oficial establecida en la IC y que consagraba, de

manera absoluta y universal, al proletariado industrial como la vanguardia

del proceso revolucionario, algo que para un espíritu sociológico

tan refinado como el de Mariátegui constituía un mayúsculo

disparate en un país que, por entonces, apenas si contaba con un puñado

de obreros sumergidos en un océano de indígenas y campesinos

que conformaban la abrumadora mayoría del universo popular.11 La

misma idea de una «revolución democrático-burguesa», machaconamente

promovida por la IC, le parecía a nuestro autor una peligrosa

ficción puesto que, como lo deja planteado en negro sobre blanco en

«Punto de vista antiimperialista», la única revolución posible en América

Latina era «pura y simplemente la revolución socialista» debido a

10. Cf. su «Carta al Segundo Congreso Obrero de Lima», de 1927. Conviene tomar nota de

esta recuperación de la dialéctica toda vez que en nuestro tiempo prolifera una literatura

donde esta perspectiva epistemológica es ridiculizada y arrojada al desván de los trastos

viejos. Rosa Luxemburgo advirtió en su tiempo que la dialéctica constituye un formidable

instrumento intelectual de emancipación obrera porque devela los secretos de la vida

social que la lógica tradicional oculta con eficacia. Un ataque feroz contra la dialéctica se

encuentra en la obra de Michael Hardt y Antonio Negri: Imperio, Buenos Aires, Paidós,

2002. Para una crítica de este libro ver nuestro Imperio & Imperialismo: una lectura crítica

de Michael Hardt y Antonio Negri, Buenos Aires, CLACSO, 2002.

11. Según uno de los más importantes estudiosos de la obra de Mariátegui, en la época

en que este desarrollaba sus tesis principales sobre la realidad peruana la clase obrera

industrial estaba constituida por 58.000 trabajadores, a los que se podrían sumar 28.000

mineros, siendo estos mayoritariamente indígenas. Estos datos corresponden a informes

estadísticos oficiales de 1927, momento en que la población del Perú llegaba a unos seis

millones de personas. Cf. Robert Paris, «El evangelio del socialismo peruano», estudio

introductorio a la edición en lengua italiana de los 7 ensayos publicada por la casa editorial

Einaudi. Reproducido en lengua española por 7 ensayos, 80 años, Lima, Librería Editorial

Minerva, 2008, p. 14.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 15

que «ni la burguesía ni la pequeña burguesía en el poder pueden hacer

una política antiimperialista», y el imperialismo controla, por la vía de

sus empréstitos, inversiones y el comercio exterior a las economías latinoamericanas.

12 Como en tantos otros temas la historia confirmó la

certeza del pronóstico mariateguiano.

La vigorosa recreación del marxismo en manos del peruano le valió

su excomunión de la iglesia estalinista. No se había enfriado todavía

su cadáver cuando la IC comenzó a lanzar un feroz ataque sobre

sus ideas. El Partido Socialista Peruano fue disuelto y resucitado en

1930 como Partido Comunista del Perú, total e incondicionalmente

alineado con la ortodoxia de Moscú y a cuyo frente se instaló la siniestra

figura de Eudocio Ravines, quien algunos años más tarde sería

cooptado por la CIA, convirtiéndose en un furioso anticomunista

profesional. Señala Martínez Heredia que en los «dos años siguientes,

aunque Mariátegui fue calificado por documentos de la IC como ‘uno

de los precursores de nuestro movimiento’, se aclaraba, en un alarde

de hipocresía y mala fe, que su trayectoria hacia el marxismo-leninismo

había sido ‘parcial, debido a su muerte prematura’». Según los

nuevos inquisidores, Mariátegui se equivocó en todas las cuestiones

fundamentales del movimiento comunista internacional: el papel de

la clase obrera en la revolución democrático-burguesa, la cuestión in-

12. Documento presentado por la delegación peruana a la Primera Conferencia de Partidos

Comunistas Latinoamericanos, reunida en Buenos Aires en junio de 1929. Ya en el

prólogo a Tempestad en los Andes, de Luis Eduardo Valcárcel, Mariátegui decía que «en

el Perú… no ha existido nunca una burguesía progresista, con sentido nacional, que se

profese liberal y democrática y que inspire su política en los postulados de su doctrina».

Esta cita la incorpora Mariátegui al iniciar su segundo ensayo, sobre el problema del indio

(ver p. 55 del presente volumen). Y más adelante, en el cuerpo del texto, dice «en el Perú

no hemos tenido en cien años de república, una verdadera clase burguesa, una verdadera

clase capitalista» (p. 68 de este volumen). Estas ideas influenciaron decisivamente la

concepción del Che Guevara sobre lo que él denominaba «burguesías autóctonas», precisamente

para subrayar con ese calificativo su diferencia con las burguesías nacionales de

los capitalismos desarrollados. Es razonable suponer que algunas de las conversaciones

sostenidas con Pesce durante la estancia limeña del Che versaron sobre este tema. Sobre

las reacciones ante las tesis de Mariátegui en la Conferencia de Buenos Aires, ver Daniel

Kersffeld, La recepción del marxismo en América Latina y su influencia en las ideas de

integración continental: el caso de la Liga Antiimperialista de las Américas, Ciudad de

México, Doctorado en Estudios Latinoamericanos/UNAM, 2008, inédito, pp. 333-339.

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dígena, los temas de la organización, el imperialismo y el carácter de

la revolución.13 Descalificado de este modo por el «estado mayor» del

movimiento revolucionario mundial, el mariateguismo pasó rápidamente

a ser una abominable «desviación ideológica» a la que se debía

combatir sin tregua. Durante treinta años la obra de quien hoy es reconocido

como el primer teórico marxista de América Latina fue relegada

al olvido y condenada al ostracismo por los «intérpretes oficiales»

del marxismo-leninismo y sus sirvientes.14

Habrían de ser los hijos de Mariátegui quienes, a partir de 1959, se

lanzaran a la tarea de publicar sus obras completas en el Perú.15 Según

José Aricó, durante esas tres décadas ningún partido comunista latinoamericano

publicó los 7 ensayos. Habría de ser «mérito de los comunistas

cubanos» –dice este autor– «luego de la revolución, haber roto

este cordón sanitario» impuesto en torno a esa obra.16 En 1963 Casa

13. Fernando Martínez Heredia, «Problemas de la historia...» op. cit., pp. 255-256.

14. Uno de los más despiadados críticos de Mariátegui fue el soviético V. M. Miroshevski,

en su artículo «El populismo en el Perú. Papel de Mariátegui en la historia del pensamiento

social latinoamericano», publicado en Moscú en 1941 y reproducido en la revista Dialéctica,

de La Habana, al año siguiente. Ese material fue el «texto canónico» con el cual se persiguió

la herencia teórica y práctica de Mariátegui en América Latina. Era la pelea de un pigmeo burocrático

luchando contra un gigante. ¿Quién se acuerda hoy de Miroshevski y sus infamias?

15. Publicados los 7 ensayos en Lima por primera vez por la Editorial Amauta en octubre

de 1928, una segunda edición del libro apenas vería la luz pública en 1943. Recién en

1955 se publica por vez primera en el extranjero: lo hace la editorial de la Universidad

de Chile, pero su circulación fue apenas local. El gran salto se pega cuando Casa de las

Américas lo publica en 1963. Ese mismo año se publica una edición en ruso, en Moscú,

y en los fragores del 1968 no por casualidad la casa editorial François Maspero publica

una edición francesa en París. En 1969 el libro llega a México, en 1970 lo publica en

Montevideo la Editorial Marcha, dirigida por ese entrañable latinoamericano que fuera don

Carlos Quijano. Al año siguiente una editorial académica estadounidense, la University of

Texas Press, lo publica en Austin, Texas. En 1972 lo hace la casa Giulio Einaudi Editori,

de Torino, Italia, una editorial comercial que publicó lo que las varias casas editoras del

PCI no se atrevieron a publicar. En 1975, finalmente, el libro llega al Brasil, publicado por

la Editora Alfa-Omega.

16. Cf. José Aricó (compilador), Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano,

México, Cuadernos de Pasado y Presente, Nº 60, 1980. La introducción de Aricó a esta

selección de textos de Mariátegui constituye uno de los primeros y más enjundiosos estudios

sobre el pensamiento del peruano y podría decirse que inaugura una corriente de

investigación que no ha cesado de crecer hasta el día de hoy. Véase también Oscar Terán,

Discutir Mariátegui, Puebla, Editorial de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 17

de las Américas reeditó los 7 ensayos y a partir de entonces, gracias

al nuevo clima político e intelectual que instaló en la región el triunfo

y la consolidación de la Revolución Cubana, este texto ejemplar se

reintegró plenamente, enriqueciéndolos, a los debates de las fuerzas

sociales y partidos revolucionarios de nuestro continente.17

El libro

Como el mismo Mariátegui lo aclara en la «Advertencia» con que da

inicio al texto, el libro reúne «organizados y anotados en siete ensayos,

los escritos que he publicado en dos revistas, Mundial y Amauta,

sobre algunos aspectos sustantivos de la realidad peruana». Dice en

esa misma nota que «no es éste, pues, un libro orgánico. Mejor así».18

Y así ha sido porque Mariátegui no era un profesor sino un militante

que luchaba por construir una alternativa socialista para el Perú.

Pero para ser viable este proyecto requería una base firme de conocimientos

sobre la realidad peruana, es decir, una cartografía social

y económica que la hiciera conocer con todo detalle para, a partir de

allí, elaborar las estrategias y tácticas de lucha más adecuadas para

la construcción de dicha alternativa. Este realismo político hizo que

Mariátegui fuese también un brillante investigador y un teórico de

primer nivel, convencido de que para cambiar al mundo, y no solo

contemplarlo, había que conocerlo muy bien. Y para ello nada me-

1985. Un estudio más reciente es el de Fernanda Beigel, El itinerario y la brújula. El vanguardismo

estético-político de José Carlos Mariátegui, Buenos Aires, Biblos, 2003.

17. Sobre las polémicas surgidas en relación a las tesis de Mariátegui remitimos al lector,

aparte de a la recopilación ya señalada de José Aricó, al texto de Néstor Kohan, De Ingenieros

al Che. Ensayos sobre el marxismo latinoamericano, Buenos Aires, Biblos, 2000,

pp. 95-111, que ofrece una excelente visión panorámica sobre las vicisitudes del pensamiento

marxista en América Latina.

18. Los «libros» de Mariátegui son compilaciones de sus notas y artículos, al igual que

aconteciera con la obra de Antonio Gramsci. En vida del autor se publicaron dos de estas

compilaciones: La escena contemporánea, en 1925, y los 7 ensayos, cuya primera edición

data de 1928. Todo el resto de su obra fue compilada post mortem, y estuvo a cargo de

sus hijos, sobre todo de Sandro Mariátegui Chiappe.

18 | BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO LATINOAMERICANO

jor que apelar al instrumental teórico y metodológico del marxismo

y producir, como observa Sánchez Vázquez, «el encuentro entre el

marxismo y la realidad nacional».19 Resumiendo: el mandato para

«cambiar al mundo» que de modo tan contundente planteara Marx

en la onceava tesis sobre Feuerbach es inseparable de otro, que nos

exige «conocer al mundo» hasta en sus menores detalles. Si esta premisa

no se cumple los proyectos de transformación social naufragan

en las aguas del romanticismo pseudo-revolucionario, el idealismo o

las ingenuas fantasías que con frecuencia difunde la prensa imperialista

y que, poco después, culminan arrojando a los desilusionados

revolucionarios a los manuales de autoayuda o, como ha ocurrido

en no pocos casos, a militar activamente al servicio de la reacción.

Es precisamente por esta necesidad de conocer profundamente lo

que se ha de cambiar que Marx y Engels fueron también notables

analistas sociales y económicos del capitalismo de su época. Y es seguramente

a causa de ello que el joven Lenin escribió su Desarrollo

del capitalismo en Rusia, y que Gramsci realizó sus medulares estudios

sobre la formación de la sociedad italiana. Entre nosotros, latinoamericanos,

el discurso de Fidel Castro en el Juicio del Moncada,

«La historia me absolverá», contiene un notable análisis sociológico

y económico de la Cuba neocolonial. Los 7 ensayos, por lo tanto, se

inscriben en esta venerable tradición del pensamiento y la acción

marxistas. Conocer para transformar, porque, conviene recordarlo,

la ignorancia siempre es conservadora.

Se trata, pues, de ensayos escritos al calor de las urgencias de la

coyuntura. Su hilo conductor es la política, no el debate académico.

Y, agrega nuestro autor, que ninguno de esos ensayos de interpretación

está acabado: «no lo estarán mientras yo viva y piense y tenga

algo que añadir a lo por mí escrito, vivido y pensado». Y son ensayos

que tienen como propósito «concurrir a la creación del socialismo

peruano». No hay neutralidad alguna en su diagnóstico, y no pretende

ser imparcial ante el espectáculo que ofrece una sociedad tremendamente

injusta, racista y opresora. Dice, para que no quede la

19. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 161.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 19

menor sombra de duda, que «estoy lo más lejos posible de la técnica

profesoral y del espíritu universitario».20

Una última observación antes de pasar al texto propiamente dicho.

En su advertencia Mariátegui aborda tempranamente un tema

que más de medio siglo después habría de adquirir un carácter central

en el debate de las ciencias sociales: la cuestión del «eurocentrismo».

Dice textualmente que «No faltan quienes me suponen un europeizante,

ajeno a los hechos y a las cuestiones de mi país. Que mi obra se

encargue de justificarme, contra esa barata e interesada conjetura. He

hecho en Europa mi mejor aprendizaje. Y creo que no hay salvación

para Indoamérica sin la ciencia y el pensamiento europeos u occidentales

». Afirmación tan taxativa como controversial, que resuena como

un cañonazo en la discusión actual sobre la crisis de las ciencias sociales

y el papel presuntamente negativo jugado por el «eurocentrismo» al

postular como categorías universales de pensamiento y de intelección

lo que serían apenas meras formas particulares de desenvolvimiento

de la historia europea. Pero si era un tremendo error la insistencia de la

Internacional Comunista en hacer del marxismo una filosofía materialista

de la historia que identificaba las leyes universales de movimiento

que conducirían a la revolución en todos los países, no menos grave es

el equívoco –alentado por ciertas versiones de la crítica a la colonialidad

del saber eurocéntrico– que remata en el abandono sin más del

marxismo por ser este una teoría elaborada en Europa, por un blanco,

varón y heterosexual para más señas, lo que desembocaría en una incorregible

incapacidad para percibir e interpretar las particularidades

de las formaciones sociales de la periferia y la enorme diversidad y pluralidad

de sujetos e identidades sociales del capitalismo contemporá-

20. Franqueza que contrasta, por ejemplo, con la de Max Weber que, mientras proponía

el canon de la «neutralidad valorativa» para las ciencias sociales, era el primero en violar

cada una de sus reglas tanto en la elaboración de sus conceptos teóricos como en sus –por

otra parte notables– análisis empíricos. Sería largo intentar un tratamiento de este tema en

este lugar. Una buena discusión la ofrece György Lukács en El asalto a la razón, Barcelona,

Grijalbo, 1976. El inocultable desdén por la academia y la vida universitaria reflejan, en

Mariátegui, la decepción que le produjo constatar el fracaso de la Reforma Universitaria en

el Perú, tema que es motivo de su análisis en uno de los capítulos de este libro.

20 | BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO LATINOAMERICANO

neo.21 Mariátegui adopta una postura muy interesante porque si bien

rechaza una visión como la que propugna la IC, es muy consciente de

que no se puede arrojar por la borda toda la herencia teórica europea.

Entre otras razones porque para un «marxista convicto y confeso»,

como se autodefinía, esto hubiera equivalido a castrarse teóricamente

y renunciar a la cumbre del pensamiento crítico representado por la

obra de Marx y sus continuadores.22 Los 7 ensayos son la mejor prueba

de que es posible realizar un notable análisis marxista sin caer en ninguna

de las dos posturas polares arriba señaladas.23

El libro comienza con tres capítulos esenciales, donde se trazan

las grandes líneas de toda la argumentación mariateguiana: un análisis

inicial que presenta un esquema de la evolución económica del Perú;

un segundo capítulo, más corto, referido al «problema del indio»; y un

tercero relativo a la cuestión agraria, donde se entrelazan buena parte

de las anteriores observaciones. Le siguen tres capítulos dedicados a la

21. Se cuenta que cuando a Victorio Codovilla, por largos años secretario general del PC

argentino y responsable de la IC para América Latina, se le preguntó sobre el libro de Mariátegui

respondió: «¿Qué es eso de ‘ensayo’? Los comunistas no ensayan, aciertan. ¿Y eso

de ‘realidad peruana’? Lo que importa son las leyes de la historia». Cf. Martínez Heredia,

en Mariátegui, op. cit. p. 77. La amplia polémica sobre la «colonialidad» del saber y el

eurocentrismo puede seguirse en Edgardo Lander (compilador), La colonialidad del saber,

Buenos Aires, CLACSO, 2000, que reúne trabajos de Aníbal Quijano, Walter Mignolo,

Enrique Dussel y otros sobre este tema. Sobre el particular, si bien con una perspectiva

diferente, véase Roberto Fernández Retamar, Pensamiento de Nuestra América. Autorre-

flexiones y propuestas, Buenos Aires, CLACSO, 2006, capítulos 5 al 8.

22. Esa autocalificación la realiza en el capítulo 3, en la p. 78 de este volumen.

23. Sobre este tema ver la interesante reflexión de Michel Löwy, quien identifica dos actitudes

polares en relación con la interpretación de los procesos socioeconómicos y políticos

de América Latina: por un parte, el exotismo, que absolutiza la irreductible especificidad

de nuestros países en todas sus diversas expresiones y que, por lo tanto, hace estallar

cualquier marco teórico originado fuera de la región; por la otra, el europeísmo, que exalta

la experiencia europea como la única trayectoria posible para todos los pueblos del mundo.

Los populismos latinoamericanos, en sus distintas variantes, desde el APRA hasta el

peronismo, con su doctrina de la «Tercera Posición», son ejemplos de lo primero; la ortodoxia

de los partidos comunistas bajo la hegemonía del estalinismo ilustran lo segundo.

Cf. Michel Löwy (compilador), El marxismo en América Latina, México, Ediciones ERA,

1982. Una interesante discusión sobre este punto se encuentra en Miguel Mazzeo, Volver

a Mariátegui, Olivos, Centro de Estudios Universitarios José C. Mariátegui, 1995, capítuo 1,

y en Néstor Kohan, op. cit., pp. 97-100.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 21

educación, el «factor religioso» y la problemática del regionalismo, el

federalismo y el centralismo, para rematar con un extenso ensayo, el

más largo de la obra, sobre el tema de la literatura, claramente inspirado

en los escritos gramscianos reunidos en Literatura y vida nacional,

y en el cual nuestro autor examina las distintas formas de autoconocimiento

de la sociedad peruana. Obra inconclusa y en permanente

recreación, decía su autor en la «Advertencia», porque a pesar de haber

pensado en incluir en este libro «un ensayo sobre la evolución política

e ideológica del Perú», el tamaño del libro ya le parecía excesivo y sentía

que la problemática política requería un desarrollo que solo podía

producirse en un libro aparte. No obstante, las referencias a la política

se encuentran a lo largo de todo el libro, inextricablemente unidas al

tratamiento de los temas particulares abordados en cada ensayo.24

Quisiéramos cerrar este prólogo señalando algunos pasajes que

llaman la atención por su rigurosa actualidad. En el primer capítulo,

cuando habla de la debacle producida por la derrota peruana en

la guerra del Pacífico con Chile, dice textualmente que «La guerra del

Pacífico, consecuencia del guano y del salitre, no canceló las otras consecuencias

de estos recursos, cuya pérdida nos reveló trágicamente el

peligro de una prosperidad apoyada o cimentada casi exclusivamente

sobre la posesión de una riqueza natural, expuesta a la codicia y al

asalto de un imperialismo extranjero o a la decadencia de sus aplicaciones

por efecto de las continuas mutaciones producidas en el campo

industrial por los inventos de la ciencia». ¿Cómo no pensar, a partir de

estas líneas, en los peligros semejantes que hoy se desprenden de la

creciente especialización productiva de los países de América Latina,

exportadores preponderantes de soja, productos minerales, hidrocarburos,

maderas y, en general, commodities de bajo nivel de elaboración

y potenciadas a costa de minimizar el papel del mercado interno?

¿No es este acaso el peligro subyacente a las políticas de «crecimiento

basado en las exportaciones» que divulgan las instituciones financie-

24. Los escritos más específicamente políticos de Mariátegui fueron reunidos, luego de su

muerte, en una compilación que lleva por título Ideología y política. No es lo que nuestro

autor tenía pensado hacer, pero de todos modos cumplen un papel al proporcionar algunas

ideas acerca de su pensamiento en esta materia.

22 | BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO LATINOAMERICANO

ras internacionales en el marco del ya totalmente desacreditado Consenso

de Washington? (Ver p. 41 de este volumen.)

Otro pasaje en ese primer capítulo es igualmente esclarecedor. Al

referirse a Nicolás de Piérola, caudillo popular habilísimo en el arte de

exaltar el ánimo de las masas, dice Mariátegui que aquel, «que durante

tanto tiempo agitara estruendosamente a las masas contra la plutocracia,

se esmeró en hacer una administración ‘civilista’. Su método

tributario, su sistema fiscal, disipan todos los equívocos que pueden

crear su fraseario y su metafísica. Lo que confirma el principio de que

en el plano económico se percibe siempre con más claridad que en

el político el sentido y el contorno de la política, de sus hombres y de

sus hechos». Notable observación, válida como principio metodológico

para analizar, en la América Latina de hoy, el comportamiento

de tantos políticos y tantos gobernantes que dicen ser una cosa y son

otra; o que agitan al pueblo con una retórica radicalizada para luego,

en materias tributarias y fiscales, adoptar un curso de acción decididamente

conservador. Conviene no olvidar esta enseñanza. (Ver p. 43 de

este volumen.)

Y en relación a la cuestión indígena sostiene, en una luminosa

nota al pie de página en el inicio del segundo capítulo, que «La reivindicación

indígena carece de concreción histórica mientras se mantiene

en un plano filosófico o cultural. Para adquirirla –esto es, para

adquirir realidad, corporeidad– necesita convertirse en reivindicación

económica y política. El socialismo nos ha enseñado a plantear el problema

indígena en nuevos términos». (Ver p. 54 de este volumen.) Rechazo,

por lo tanto, de las propuestas basadas en estrategias legales,

administrativas, educativas; o, por lo mismo, en las que sostienen que

se puede resolver el problema del indio en América Latina sin resolver,

simultáneamente, la cuestión de la tierra. Evo Morales parece haber

leído atentamente este libro.

Con relación al socialismo afirma que «este es un instante de

nuestra historia en que no es posible ser efectivamente nacionalista y

revolucionario sin ser socialista». (Ver p. 55 de este volumen.) El socialismo

aparece entonces como el componente inevitable de cualquier

proyecto de transformación social; la renuncia al socialismo equivale,

lisa y llanamente, a abandonar cualquier pretensión reformista o de

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 23

transformación social. Una enseñanza particularmente útil en estos

tiempos, cuando el capitalismo presenta rasgos que hablan de su acelerada

descomposición. Tiempos, no obstante, que no impiden que

algunos gobernantes se ilusionen con la esperanza de que «otro capitalismo

es posible», y que habría futuro para América Latina dentro

del capitalismo. Ignoran, con esas creencias, que el capitalismo

es parte del problema y no de la solución. El capitalismo no solo se

ha demostrado incapaz de desarrollar a los países de la periferia sino

que ha agigantado la distancia que los separaba del núcleo desarrollado

del sistema tanto en términos del ingreso per cápita, consumo

de energía, producción de nuevas tecnologías, formación de planteles

científicos de alto nivel y así en tantas otras dimensiones de la vida

social. Además, su descontrolada mercantilización coloca a la humanidad

en los límites de su supervivencia debido a la destrucción del

medioambiente, el cambio climático, la opresión y explotación de un

número creciente de hombres y mujeres de todo el mundo condenados

inapelablemente a la pobreza y la militarización de las relaciones

internacionales. En suma: la actualísima discusión en torno al socialismo

del siglo xxi se constituye a partir de la imposibilidad, ya entrevista

por el notable teórico peruano hace más de ochenta años, de lograr el

desarrollo del Tercer Mundo por la vía capitalista.25

Para concluir: el lector tiene en sus manos un libro extraordinario.

Un trabajo de recreación rigurosa del marxismo aplicado a condiciones

histórico-estructurales completamente ajenas a aquellas que le dieron

origen. Robert Paris, en el texto ya indicado, tiene razón cuando asegura

que cuarenta años después de publicado (el escrito de Paris es del

año 1968) los 7 ensayos «no sólo mantienen su actualidad, frescura y

originalidad sino que sigue siendo la primera gran obra marxista de un

autor latinoamericano dedicada a América Latina».26 ¿Significa esto que

los 7 ensayos están más allá de toda crítica? Nada de eso. Su marxismo

está lejos de ser un producto intelectualmente depurado. Las influen-

25. Hemos examinado este asunto en nuestro Socialismo siglo XXI. ¿Hay vida después del

neoliberalismo?, Buenos Aires, Ediciones Luxemburg, 2008.

26. Paris, op. cit., p. 1. Cuarenta años después el diagnóstico de Paris conserva toda su

vigencia.

24 | BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO LATINOAMERICANO

cias de Georges Sorel, Henri Bergson y Benedetto Croce irrumpen con

cierta frecuencia en sus escritos y le quitan nitidez a su argumento.27

Pero, de todos modos, al igual que lo hiciera Gramsci y, antes, Marx,

Engels y Lenin, Mariátegui ratifica la importancia de debatir y polemizar

con las grandes corrientes teóricas de su época ajenas al marxismo,

evitando el enclaustramiento de una teoría que, privada de su

dialogicidad, termina siendo un dogma sin vida y carente de cualquier

eficacia transformadora. Las referencias de Mariátegui a la sociedad

norteamericana y el proceso de colonización que allí tuvo lugar, por

contraste con la Conquista y colonización emprendida por las coronas

de España y Portugal, peca por su ingenuidad al exaltar la empresa de

los pioneros y perder de vista el exterminio del indio, que en el Norte

también se produjo, y la infamia de la esclavitud en el Sur. Pero más allá

de estos equívocos o de sus puntos ciegos, su escrito permanece como

un hito colosal en la historia política e intelectual de América Latina.

Aníbal Quijano captó muy bien su importancia cuando escribió que «la

obra de Mariátegui constituye realmente la base misma de una teoría

posible de la revolución peruana y latinoamericana, no superada hasta

hoy». Estas palabras, pronunciadas en 1977, conservan todavía plena

validez dado que si algo ocurrió con el capitalismo latinoamericano en

estos treinta y tantos años de hegemonía neoliberal fue que profundizó

los rasgos predatorios y explotadores del pasado, tornando la revolución

socialista más necesaria que nunca.28

Los ensayos mariateguianos, plasmados precisamente cuando el

pensamiento marxista naufragaba en el mundo europeo como producto

del estalinismo y la reacción fascista, inspiraron, décadas después,

el pensamiento y la acción de hombres como Fidel Castro y Ernesto

«Che» Guevara. Si este hubiera sido su solo mérito, Mariátegui se

habría asegurado un prominente lugar en la historia del socialismo; si

aparte de ello, con sus luces, abrió la puerta para una renovación del

27. Una buena discusión sobre los efectos de esta influencia se encuentra en Sánchez

Vázquez, op. cit.

28. Aclaramos, por las dudas, que el hecho de que una revolución social sea hoy más

necesaria que nunca no significa que las condiciones requeridas para su ocurrencia se

encuentren ya presentes en una sociedad dada.

7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA | 25

pensamiento y la práctica del marxismo en Nuestra América, su lugar

es todavía mucho más importante. Por eso lo leemos hoy; porque

por derecho propio se ha convertido en un «clásico» del pensamiento

marxista, el primero en América Latina. Y porque su trayectoria –personal,

intelectual y política– permanece como renovada fuente de inspiración

para las jóvenes generaciones que pugnan por conquistar un

mundo mejor y que comienzan a vislumbrar en el socialismo el instrumento

teórico y práctico para llevar a cabo esa tarea.29

Buenos Aires, marzo de 2009

29. Hay varios sitios web con información y documentación sobre los escritos de Mariátegui:

ver especialmente www.7ensayos80aniversario.com, un sitio creado a los efectos de

rendir un homenaje a los 80 años de publicado el libro que nos preocupa. Ver, asimismo,

los sitios de la Cátedra Che Guevara, del colectivo Amauta, en http://amauta.lahaine.org/

index.php, y los del Archivo de Autores Marxistas, en http://www.marxists.org/espanol/mariateg/

index.htm




5 comentarios:

jbmartins dijo...

Amigos vejam as maselas que FHC fez e por que ele entregou o Brasil, e sua ligação com a Cia, vejam o Livro "Quem paga a Conta" da editora Record. Voce pode tambem conhecer os atos secretos da Rede Grobo baixe(gratis)o livro e leia http://baixandonafaixa.blogspot....rede- globo.html. Ou então o estrago que o FHC fez na Petrobras neste link
http://blogdoonipresente.blogspo...- petrobras.html. que Deus nos ajude se eles voltarem ao poder.

EL CLUB DE LA PLUMA dijo...

Profesor Atilio Borón, solicito su autorización para publicar en nuestra revista "El Club de la Pluma", el artículo cuyo nombre es: "El Imperio, más Imperialista que nunca"
La nuestra es una publicación mensual de distribución gratuita en Villa Carlos Paz y alrededores.
Nuestro correo electrónico es: elclubdelapluma@gmail.com
y nuestra página web: http://elclubdelapluma.ning.com
Cordialmente...

Norberto Ganci
Director
El Club de la Pluma

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