Recuerdo lo de este próximo lunes 3 de Agosto, 19 hs., sobre la intensificación de la ofensiva en contra del gobierno bolivariano (ver anuncio abajo).

Pero tengamos en cuenta que un ataque parecido se ha lanzado en contra del gobierno del FMLN de El Salvador, país que ha sufrido reiterados baños de sangre y una feroz dictadura de ultraderecha y luchador como pocos; en contra de Rafael Correa, en Ecuador; para derrocar a Dilma, a como de lugar, en Brasil; en contra de Evo, con la agresión perpetrada a dinamitazos en Potosí.
¿Será pura casualidad, como la "epidemia" de tumores cancerígenos que afectó a casi todos los gobernantes de izquierda o progresistas en América Latina hace unos años? Hum, suena más a "causalidad" que a "casualidad"



Recordar también que muchos izquierdistas arrepentidos ahora descreen en la lucha de clases, pero la derecha JAMÁS incurre en semejante estupidez, y lucha, combate, conspira incesantemente, 24 horas al día, 7 días a la semana.
30.7.2015

Reproducimos a continuación la entrevista que se le hiciera a Carmen Bohórquez, coordinadora de la  Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y en la cual pasa revista al proceso de formación de la red y sus principales tareas.  Invito a los lectores de este blog a explorar en detalle lo que hace la REDH y a incorporarse en su lucha visitando la siguiente página web:  

http://redendefensadelahumanidad.blogspot.com.ar/




"ENTREVISTA CON CARMEN BOHÓRQUEZ"

“Son dos las batallas que se libran: la militar y la de las ideas, y estamos obligados a ganar la segunda para evitar que la primera arrase con pueblos y culturas”
Por Luis Wainer,  “Portal del Sur”
25/07/2015

La coordinadora de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, Carmen Bohórquez, habló con ‘Portal del Sur’ sobre la importancia de librar la batalla cultural contra el imperialismo. Además, destacó el rol de la unidad latinoamericana para la defensa de la soberanía nacional, fomentando la liberación de los pueblos en su lucha por la independencia ideológica y militar.

En relación a la resonancia de las ideas de Hugo Chávez en la región y en algunos países de Europa, la diputada nacional y coordinadora de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), Carmen Bohórquez destaca que tal “atrevimiento” ha despertado la ira del imperio, quien desde entonces viene acosando y tratando de revertir el proceso revolucionario desatado en Venezuela y en otros países de Nuestra América; y que junto a aquel, los gobiernos europeos que hoy son sus fieles vasallos, adoptaron la misma agresividad contra nuestros países, al tiempo que se esmeraban en aplicar al extremo el modelo neoliberal a sus propios ciudadanos. También destacó, en relación a los procesos abiertos en España y en Grecia, que la clave está en que tanto Syriza como Podemos reconozcan que no hay salida con el neoliberalismo, y no sacrifiquen la valiosa experiencia que significa la Venezuela Bolivariana y las enseñanzas del Comandante Chávez, por el mismo prejuicio que animó a los conquistadores, de que Europa no tenía nada que aprender de una tierra llena de indios.

A continuación, la entrevista. 

En un contexto político de desestabilización por parte de Estados Unidos como los que se han vivido en los últimos tiempos en la región, ¿qué rol le cabe a la REDH que usted coordina?
La REDH está obligada sin duda alguna a comprometerse y a unirse a la lucha de los pueblos por la defensa de su soberanía, de su autodeterminación e independencia, y a luchar contra toda forma de opresión, y no hay mayor opresión que la que pretende ejercer una nación sobre otros pueblos del mundo, sobre la base de una supuesta superioridad racial o social, en un “destino manifiesto” o en una orden divina, como la que alegaba el ex presidente estadounidense George W. Bush, que Dios le dictaba por los pasillos de la Casa Blanca. Este tipo de dominación es una dominación total en tanto incluye todas las demás, y desde el punto de vista antropológico, histórico y sobre todo moral, no sólo constituye un desvarío de la nación que así se cree, sino que debe ser combatida por toda la humanidad con todas las fuerzas de que es capaz. La pretendida hegemonía de Estados Unidos sin duda se sostiene sobre la dictadura del dólar, sobre su supremacía militar y sobre el control total de los medios de comunicación que, como nunca, se han convertido en el arma más poderosa en la manipulación de las conciencias y en la domesticación de los pueblos. Contra todo eso ejerce su accionar la REDH, y lo ejercemos con la fuerza que nos dan las ideas y el compromiso con la verdad, la poesía y el canto, y acompañando a la movilización colectiva de los pueblos que luchan por su dignidad. No es otro el sentido que anima a la REDH. Todo atentado contra un pueblo, contra una nación, contra un proyecto de liberación es un atentado contra la humanidad, contra su fundamento último que es la búsqueda permanente de la libertad, del derecho a la realización de un proyecto histórico propio, del respeto absoluto al otro, de la igualdad entre los pueblos, que es el requisito sine qua non para que haya paz en el mundo. Con esos referentes morales y profundamente humanos está comprometida la REDH.

¿La REDH tiene que ver con la idea planteada por Hugo Chávez, que decía que era necesario conformar una red de artistas e intelectuales y pensadores que permitiera construir fuerza crítica para defender la humanidad?
Exactamente, no se podía definir mejor. Cada vez es más urgente, ante el control total de la información que recibimos, ante la tergiversación de las noticias mediadas como están por los intereses de las grandes corporaciones mediáticas y ante la alienación en la que nos sumerge la industria del entretenimiento, el consumismo cada vez más exacerbado y la “mcdonaldización” de la vida, ayudar a construir fuerza crítica que nos permita ver, develar, exponer los intereses que se ocultan tras esa maraña de falsas verdades, valga la expresión, de falsos héroes y de falsos monstruos, que los medios hacen detestar cuando estos supuestos monstruos (personas o pueblos) comienzan a mostrar que hay vida real tras la mampara hollywoodense que las empresas de comunicación nos quieren hacer ver.
Es necesario rescatar la fuerza de las ideas, sobre todo en este momento en que toda acción bélica va precedida de una acción ideologizante que se ofrece como su justificación. Son dos las batallas que se libran: la militar y la de las ideas, y estamos obligados a ganar la segunda para evitar que la primera arrase con pueblos y culturas. Es el caso en que está Venezuela en este momento. Ha comenzado la manipulación ideológica para aislar a Venezuela, para presentarla como una real amenaza y hacer que nadie salga a defenderla cundo la batalla comience a moverse hacia su expresión militar. Por eso es tan necesario despertar la fuerza crítica que permita desmontar estas manipulaciones y hacer que la paz y la justicia se impongan. No conozco mejor manera de defender la humanidad que ésta. Como siempre, el Chávez supo alumbrar el camino.

¿Tuvo Fidel Castro alguna relación con la creación de la REDH?
Claro que sí. Al parecer fue él quien tuvo la primera idea de organizar a los intelectuales y lo conversó con el gran pensador mexicano Pablo González Casanova, durante una visita de éste a Cuba. El primer documento fundador del movimiento puede considerarse que fue el discurso pronunciado por González Casanova el 1 de mayo de 2003 en la Plaza de la Revolución, en la Habana, titulado “Llamamiento a la conciencia del mundo”, el cual se puede encontrar en nuestra página web.

¿Nos contaría sobre la historia, origen, objetivos, experiencia de la REDH?
La REDH nace como idea en Cuba y tiene su primer intento de organización en 2003, cuando un grupo de destacados intelectuales y luchadores sociales de Nuestra América, entre los que se encontraban Pablo González Casanova, Adolfo Pérez Esquivel, Abel Prieto y Evo Morales, quien para entonces era solo un dirigente cocalero, deciden reunirse, indignados por los desmanes que el imperio venía cometiendo en Afganistán e Irak, así como el terrible acoso a Cuba, para buscar una manera de juntar y potenciar su voz de denuncia, que hasta el momento venían ejerciendo cada uno en solitario. La propuesta tuvo un éxito inmediato y comenzó a reunir a las voces más preclaras de Nuestra América, y a todos cuantos desde sus diferentes campos del accionar o del conocer se sentían hermanados por la misma angustia. Esta reunión, que se da en México en octubre de 2003, será seguida por una convocatoria antiimperialista que se dará en Oviedo, España, en abril del siguiente año, y que llevará a que la REDH comience a extenderse en el espacio europeo y algo también en el Medio Oriente. Su consolidación, sin embargo, se dará en Caracas en diciembre de 2004, cuando Chávez convoca un Encuentro mundial de la REDH, al cual concurren más de 500 intelectuales y artistas de todos los continentes. En este encuentro de diciembre se fijarán los 10 temas fundamentales desde los cuales la REDH orienta su trabajo y se decide crear una Oficina Coordinadora, que Chávez ofrece que se instale en Caracas, y de la cual yo he estado encargada desde entonces. Los 10 temas u objetivos o grandes campos de trabajo son los siguientes: En defensa de Nuestro Planeta, En defensa de la Integración de los Pueblos, En defensa de una Economía Emancipadora, En defensa de la Soberanía y la Legalidad Internacional, En defensa de la Unidad en la Diversidad y la Cultura, En defensa de la Participación Popular, En defensa de la Veracidad y la Pluralidad informativa, En defensa del Conocimiento, En defensa de la Paz y En defensa de la Memoria.
Desde ellos y alrededor de ellos hemos convocado hasta el momento 12 Encuentros de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales, siempre en ocasiones especiales o motivados por algún acontecimiento que en Nuestra América o en el mundo sentimos que requieren de nuestro compromiso o de nuestra voz de denuncia. Los encuentros se han dado mayormente en Nuestra América, pero también hicimos uno en Roma en 2006. Junto a estos encuentros, la REDH convoca igualmente a Foros Internacionales de Filosofía, de los cuales se han hecho ocho. Asimismo, realiza cada año la convocatoria al Premio Libertador al Pensamiento Crítico, dirigido a estimular, reconocer y difundir la producción de conocimiento liberador. Tenemos una página web: www.humanidadenred.org.ve, publicamos una revista digital con el mismo nombre y trabajamos mediáticamente para contrarrestar la propaganda de los centros hegemónicos del poder imperial, haciendo circular las ideas emancipadoras a través de todos los medios posibles: radio, televisión, Internet, prensa alternativa, medios comunitarios, etcétera. Del mismo modo, organizamos permanentemente foros, conferencias, presentaciones de libros, talleres con las comunidades, sin que por ello falten comunicados de denuncia o de apoyo ante los diversos acontecimientos que en el mundo turban la vida de los pueblos o que alumbran la esperanza de otro mundo posible.

¿Cree que como la REDH, canales como Telesur o diferentes portales de noticias propias de América Latina tienen una misión determinante para el tiempo histórico abierto tras la irrupción de Chávez desde el Caracazo a nuestros días?
Evidentemente que sí, en particular Telesur, creada por Chávez en 2005, vino a quebrar el monopolio mediático ejercido por las grandes transnacionales de la información. Telesur ha logrado mostrar la otra cara de la noticia, no sólo respecto de lo que verdaderamente ocurre en América Latina y el Caribe, sino en el mundo entero. Fue gracias a Telesur que la humanidad pudo enterarse de lo que verdaderamente estaba pasando en Libia, pudo enterarse de la falsedad de una supuesta masacre de la población civil por parte de las fuerzas del libio Muamar Ghadafi y de la gran hipocresía que significó el tal “bombardeo humanitario”, que sólo sirvió para hundir aún más a Libia en el caos y la destrucción, y si bien esto no impidió que Estados Unidos y la OTAN se salieran con la suya, ha dejado un documento histórico irrebatible que alguna vez la humanidad podrá esgrimir para acusar y condenar a Estados Unidos por tantos crímenes que ha cometido contra los pueblos del mundo. Igualmente fue gracias a Telesur que se develó que en Ecuador se escondía un golpe de Estado contra Rafael Correa en 2010, detrás de lo que los medios cartelizados del imperio presentaban como un “justo” reclamo de la policía. Estamos en un tiempo histórico en que la verdad, gracias a Telesur, gracias a RT, a ALAI, a Punto Final, a las emisoras comunitarias y a tantas valientes experiencias mediáticas que, al igual que la REDH y los movimientos sociales, comienza a abrirse paso entre tanta manipulación y tantas noticias tergiversadas, falsas y hasta expresamente inventadas por los servicios de inteligencia del imperio, en su afán de mantener a la población mundial ciega y sorda antes sus desmanes.

Hoy vemos que el pensamiento político y humanista del Chávez traspasa fronteras: además de buena parte de América Latina que toma sus banderas, ahora tenemos los casos de Grecia, España, por ejemplo. ¿Cuál es su lectura sobre este tema?
Lo que hizo Chávez fue poner en evidencia que seguir el sendero del neoliberalismo conduciría a un mundo dónde sólo el 5% de la población mundial tendría asegurada la satisfacción de todas sus necesidades, por más estrambóticas que fueran, mientras el 95% restante estaba de antemano condenado a perecer de hambre, de frío, de epidemias que ya habían sido erradicadas o de morir hecho añicos en un bombardeo humanitario; o cuando más, sobrevivir cohabitando con la injusticia, la discriminación, la exclusión, el racismo, la explotación, y tantas otras formas que lo condenaban a vivir muriendo. Chávez comprendió que un mundo así concebido era un mundo básicamente antihumano y que si acaso el hombre y la mujer tenían alguna esperanza sobre la tierra, ésta radicaba en la construcción de una alternativa al modelo genocida del capitalismo neoliberal. Poco después comprendió que esa alternativa no era otra que el socialismo y como tal se empeñó en rescatar las banderas del socialismo, que habían sido arriadas al caer la Unión Soviética e imponerse en los sectores intelectuales la tesis del fin de la historia. Este socialismo, sin embargo, no podía ser calco ni copia, sino creación heroica como lo pedía el peruano José Carlos Mariátegui, y debía, además de responder a la idiosincrasia de los pueblos, corregir los errores que habían derrumbado el modelo soviético. Para diferenciarlo lo llamó Socialismo del siglo XXI, queriendo subrayar con ello su novedad. Fue así como desarrolló un plan de gobierno que tenía como centro no el mercado ni el equilibrio macroeconómico, sino al ser humano y a su felicidad. Esto, que sin duda era una revolución, transformó no sólo a Venezuela sino que pronto estremeció a toda América Latina e hizo que por doquier despertaran las fuerzas dormidas de los pueblos sufrientes. Las palabras justicia, igualdad, solidaridad, adquirieron de nuevo su sentido más profundo y comenzaron a hacerse concreta realidad. Por supuesto que tal atrevimiento despertó la ira del imperio, quien desde entonces viene acosando y tratando de revertir el proceso revolucionario desatado en Venezuela y en otros países de Nuestra América; y junto con el imperio estadounidense, los gobiernos europeos que hoy son sus fieles vasallos, adoptaron la misma agresividad contra nuestros países al tiempo que se esmeraban en aplicar al extremo el modelo neoliberal a sus propios ciudadanos, con los resultados que hoy conocemos de altos niveles de desempleo, de desahucios, de hambre, de falta de asistencia médica, etcétera, que han provocado una extendida ola de indignación, especialmente en los países de la periferia europea como lo son Grecia y España. Esta ola de indignación que sacude al sur europeo desde hace unos tres o cuatro años comenzó finalmente a organizarse y ha dado nacimiento a dos partidos que recogen el cada más demandante reclamo popular de los ciudadanos: el partido Syriza en Grecia y Podemos, en España. De modo que sea porque las graves circunstancias han hecho que la izquierda europea haya vuelto los ojos a América Latina, sea porque la presión de la angustiante situación les haya hecho buscar la verdad que les ocultan ABC y El País, sea porque un dejo de humildad les haga dejar el eurocentrismo a un lado, el caso es que si Europa busca superar su grave situación económica y social, la salida a esa situación no la va a encontrar de ninguna manera en el neoliberalismo, sino en una vuelta al ser humano como centro y como fin de toda acción, que fue el camino emprendido por Chávez. El asunto está en que tanto Syriza como Podemos quieran reconocerlo, y no sacrifiquen la valiosa experiencia que significa la Venezuela Bolivariana y las enseñanzas del Comandante Chávez, por el mismo prejuicio que animó a los conquistadores, de que Europa no tenía nada que aprender de una tierra llena de indios.

LAS CLAVES
  • Carmen Bohórquez es filósofa, doctora en Historia, especialista en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos. Fue Integrante de la Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela, desde 2008 al presente.
  • Delegada por Venezuela en la Comisión Binacional San Martín-Bolívar para la conmemoración del Bicentenario de las Independencias y en el Grupo ALBA Bicentenario.
  • Coordinadora General de la Red de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), 2005 hasta el presente; y diputada de la Asamblea Nacional por el estado Zulia, período 2011-2015.
  • Autora de más de 90 publicaciones y partícipe de numerosos congresos, Bohórquez ha recibido un sinfín de condecoraciones por su labor en el área de humanidades como el Orden Francisco de Miranda, Primera Clase (2006).
  • Entre sus publicaciones se destacan El Resguardo en la Nueva Granada: ¿Proteccionismo o Despojo?,Francisco de Miranda, précurseur des indépendances de l’Amérique Latine, la coedición, junto a Enrique Dussel y Eduardo Mendieta de la obra enciclopédica El Pensamiento Filosófico Latinoamericano, Caribeño y “Latino” (1300-2000) e Historia, corrientes, temas y filósofos.
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27.7.2015

¡Hola! Comparto el texto de la ponencia presentada al Congreso Internacional de CIESPAL la semana pasada. Críticas y comentarios serán bienvenidos.
AB.

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“Los medios y la batalla por la democracia en América Latina”
Atilio A. Boron

Ponencia presentada al
Congreso Internacional
“Comunicación e Integración Latinoamericana desde y para el Sur
en el Décimo Aniversario de TeleSUR ”
CIESPAL, Quito, Julio 22-23, 2015

América Latina viene protagonizando, desde finales del siglo pasado, una tremenda batalla por construir una democracia digna de ese nombre. Esto quiere decir, algo que vaya más allá de la sola alusión a la mecánica electoral y que se sintetiza en la tentativa de fundar sociedades más justas en este, el continente más desigual e injusto del planeta. En otras palabras, completar el tránsito entre una democracia eleccionaria a otra de carácter sustantiva y fundamental.
En nuestro Aristóteles en Macondo vimos que la experiencia enseña que en la medida en que las democracias admitan resignadamente la injusticia, la desigualdad y la opresión inherentes al sistema capitalista sus gobernantes no tropezarán con obstáculo alguno que trabe su funcionamiento. Claro, la pregunta es si a un tipo de régimen como ese le cabe el nombre de democracia y la respuesta es un rotundo no. Pero si, conmovidos por los sufrimientos y las desdichas de sus pueblos,  esos gobernantes se propusieran poner fin a aquellos flagelos, o hacer real la soberanía popular, allí comenzarían los problemas. Y tal como lo comprueba la historia, en tales casos la respuesta de las clases dominantes es brutal. Insistíamos en el libro arriba mencionado en una tesis que hemos desarrollado y comprobado una y otra vez: que capitalismo y democracia son incompatibles, que son como el agua y el aceite. Que las premisas fundamentales de uno y otra son antagónicas, y que la reconciliación entre ambos –durante la fase keynesiana de posguerra, clausurada con la contrarrevolución neoliberal de los ochentas- fue más aparente que real, y siempre parcial y transitoria.[1]
En nuestros días se está escribiendo un nuevo capítulo de esa triste historia en Grecia.. Allí la coalición gobernante, Syriza, cometió un “error” imperdonable: honrar el proyecto democrático y consultar al pueblo ante una decisión crucial como el infame ajuste que le proponía la Troika. En una jornada memorable aquel rechazó el ajuste con casi las dos terceras parte del voto. Ante ello Angela Merkel y sus mandantes respondieron con inusitada ferocidad: llamaron a Alexis Tsipras al orden, le obligaron a votar en el parlamento griego un ajuste aún peor y, ante la sorpresa general, la coalición gobernante convalidó este atropello al mandato popular y a la degradación de Grecia, convertida luego del zarpazo de la Troika en un  enclave neocolonial de la banca europea y, sobre todo, alemana. Sorpresa, decíamos, porque luego de la notable lección de sensatez del electorado griego al rechazar el primer ajuste Tsipras debería haber encabezado el rechazo al segundo y, en caso de no poder hacerlo por las presiones recibidas desde Bruselas, denunciarlas ante su pueblo y organizar la rebelión ante las exacciones exigidas por la Troika.
Reformismo y contrarrevolución
En América Latina y el Caribe (ALC) conocemos desde hace mucho tiempo esa brutal y despótica actitud de las clases dominantes y la ferocidad con que se reprime la desobediencia de sus víctimas. El listado sería interminable: recordemos nomás algunos casos paradigmáticos como los de Jacobo Arbenz, en Guatemala; Juan Bosch en República Dominicana; Salvador Allende en Chile; Joao Goulart en Brasil; Omar Torrijos en Panamá; Jaime Roldós en Ecuador y Juan J. Torres en Bolivia. Salvo Bosch y Arbenz ninguno de ellos murió de “muerte natural”, seguramente que de pura casualidad nomás. Y la lista es incompleta: agreguemos a René Schneider y Carlos Prats, militares constitucionalistas chilenos, y también a Pablo Neruda y tantos más que no viene al caso rememorar en esta ocasión pero que atestiguan lo peligroso que puede ser en esta parte del mundo intentar construir una sociedad mejor.
Más recientemente, la reacción ante la oleada democratizadora puesta en movimiento con la elección de Hugo Chávez Frías en 1998 no se hizo esperar, procurando arrancar la maleza de raíz y evitar su propagación. La reacción ante el nuevo clima político instalado en la región se tradujo en el golpe de estado en Venezuela, en Abril 2002, derrotado por la formidable respuesta de la población que evitó el magnicidio y restituyó a Chávez Frías en el poder. Luego de eso, el paro petrolero que tanto daño hiciera a la economía venezolana. Derrotada también esta intentona, en 2008  la coalición oligárquico-imperialista vuelve a las andadas en Bolivia: tentativa de golpe y secesión, frustrada por la decisión de Evo y la rápida reacción de la UNASUR. En 2009 derrocan a Mel Zelaya en Honduras, país que es uno de los pilares fundamentales de la estrategia antisubversiva de Estados Unidos en la región.  El bloque reaccionario sufre una derrota en Septiembre del 2010 cuando trata de deponer a Rafael Correa en Ecuador. Pero no bajan los brazos: se repliegan, toman aliento y vuelven a la carga en el 2012, liquidando al gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, otro pilar de la estrategia norteamericana en la región por su presencia en la gran base militar de Mariscal Estigarribia.[2] Es que con “gobiernos amigos” en Honduras, Colombia y Paraguay se garantiza el éxito de la operación “Frog leap” (salto de rana) del Comando Sur, concebida para concretar el rápido despliegue de sus tropas hasta los confines septentrionales  de la Patagonia en veinticuatro horas, en caso de que las circunstancias así lo exijan. Si no hubiera  gobiernos de ese tipo, serviciales y serviles, siempre dispuestos a colaborar con Washington, la logística de la operación restauradora del orden imperial sería mucho más complicada, y de inciertos resultados.
Esta vocación por rediseñar el tablero sociopolítico latinoamericano no debería causar sorpresa alguna.  si se tiene en cuenta que los lineamientos generales de la política de EEUU hacia ALC han permanecido invariables desde 1823, cuando fueran establecidos por la Doctrina Monroe: mantener la desunión a las repúblicas al Sur del Río Bravo; fomentar sus discordias y sabotear cualquier tentativa de unión o integración, directivas puntualmente seguidas desde el Congreso Anfictiónico convocado por Simón Bolívar en 1826 hasta nuestros días. Fiel a estas premisas, ante los riesgos que entraña la institucionalización de la UNASUR  y la CELAC el imperio respondió con su más reciente táctica divisionista: la Alianza del Pacífico. Esta no es otra cosa que una estratagema del imperio que le da el curioso nombre de “alianza” a un conjunto de países que casi no tienen vínculos comerciales entre sí y que, aparte de servir como caballos de Troya a los efectos de debilitar la UNASUR y la CELAC tiene como mal disimulado propósito neutralizar la presencia de China en el área. Nada nuevo: ya el Libertador había advertido sobre estas maniobras en su célebre Carta de Jamaica de 1815, hace exactamente doscientos años.
Por lo tanto, gobiernos que se tomaron –o se toman- en serio al proyecto democrático se convierten automáticamente en mortales enemigos de los poderes establecidos. En la cosmovisión burguesa del mundo y la política –que prevalece en el mundo de las ciencias sociales- la democracia nada tiene que ver con la justicia social. Es apenas el rostro hipócritamente amable de la dominación, y será tolerada siempre y cuando no ponga en riesgo a esta última. Si con sus “excesos”, su “demagogia” o sus desvaríos “populistas” algunos gobernantes amenazan con poner fin a la dominación clasista y a la injusticia, su suerte estará echada y todas las fuerzas del imperio y sus aliados locales se pondrán en marcha para destruirlos. Si no los pueden derrocar por la vía rápida del clásico golpe militar se los somete a intensas presiones desestabilizadoras hasta que, eventualmente, se produce su derrumbe. Para esto se sirven de las recomendaciones del manual de Eugene Sharp sobre la “no violencia estratégica”, que en realidad es un compendio sobre la utilización racional, fría y calculada de la violencia tal y como fuera aplicada sobre todo por la CIA en sus hazañas “liberadoras” en Guatemala, Irán e Indonesia. La historia reciente de países como Honduras, Paraguay y Venezuela ilustra con elocuencia que clase de “no violencia” es la que se emplea cuando se sigue esta metodología, y cuán “blando” puede ser el golpe de estado en curso.[3] Desestabilización aplicada, en diferentes grados y apelando a distintas tácticas, contra los gobiernos progresistas de la región, no importa si se trata de sus variantes “moderadas” (como en Argentina, Brasil y Uruguay); o uno “muy moderado”, o “inmoderadamente moderado”, como en Chile; o de gobiernos como los bolivarianos (Venezuela, Bolivia y Ecuador, por estricto orden de aparición) cuyo horizonte de cambio provoca, a diferencia de los casos anteriores, la virulenta animosidad de las clases dominantes.
Condiciones de la democratización
La realización del proyecto democrático exige la presencia de una serie de factores que faciliten su pleno desenvolvimiento: a) la organización del campo popular a los efectos de constituir el nuevo “bloque histórico” contrahegemónico del que hablaba Antonio Gramsci porque sin él, sin la organización, la mayoría social conformada por los pobres, los explotados, los excluidos carecerá de efectos políticos y mal podría alterar la correlación de fuerzas en su favor; b) la concientización, porque una mayoría social, aún organizada, puede convertirse en fácil presa de la minoría dominante que ha ejercido su dominio desde siempre. Un movimiento obrero altamente organizado pero sin conciencia de clase lejos de ser una amenaza es una bendición para la hegemonía burguesa, como lo prueban hasta el hartazgo la historia del sindicalismo peronista en la Argentina, la CTM dominada por el PRI en México y la AFL-CIO en Estados Unidos. ¿Basta con estas dos condiciones para darle impulso a una democratización fundamental, no de forma? No. Se requiere, además, y este es el tercer factor, contar con un sistema de medios de comunicación que torne posible la circulación de las ideas “subversivas” de un orden social que debe ser subvertido porque condena a la humanidad y a la Madre Tierra a su extinción.
Por eso la creación de Telesur significó un valioso aporte en el proceso de avance y consolidación democrática en los países de ALC. Y es también por eso que Telesur es perseguido y/o silenciado en los países gobernados por la derecha, que no quieren que los contenidos de esa señal informativa hagan mella en el blindaje ideológico con el que protegen a sus poblaciones.  No se puede ver a Telesur en Colombia, en Chile, en Brasil, en tantos otros países, excepto a través de la Internet. Y esto no es casual ni debido a problemas técnicos sino pura y exclusivamente por una opción política interesada en impedir –o en todo caso dificultar- el debate de ideas y alimentar todas las variantes del pensamiento conservador, manteniendo a esos países en la ignorancia de lo que ocurre en los vecinos, promoviendo el chauvinismo y la xenofobia que nos divide, fomentando el consumismo y la despolitización, la imitación del “modo americano de vida”, satanizando a los líderes y procesos políticos emancipatorios y exaltando al capitalismo como el único sistema posible y racional para organizar la vida económica de las naciones. De ahí la centralidad de luchar en el plano de las ideas apelando a los instrumentos propios de nuestra época, desde la televisión hasta las redes sociales. Esta necesidad había sido precozmente detectada entre nosotros por Simón Bolívar cuando concebía a la “opinión pública como la primera de todas las fuerzas políticas”, razón por la cual le solicitó a Fernando Peñalver, uno de sus colaboradores, que le mande “de un modo u otro una imprenta que es tan útil como los pertrechos.”  José Martí compartía esta visión al decir que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Fidel, digno heredero del Apóstol, convocó hace más de veinte años a librar la “batalla de ideas”, al comprobar que el fracaso económico y político del neoliberalismo no se traducía en la conformación de un nuevo sentido común posneoliberal.
Desgraciadamente, la izquierda demoró mucho en tomar nota de todo esto. Pero el imperio, por el contrario, siempre tuvo un oído muy perceptivo a la necesidad de controlar la conciencia de sus súbditos y vasallos, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. No de otra manera se puede comprender la importancia asignada a los estudios de opinión pública y comportamiento de los consumidores por la sociología norteamericana desde los años treinta en adelante. Estudios orientados a fines prácticos muy concretos: modelar la conciencia, los deseos y los valores de la población, en una escalada interminable que comenzó con investigaciones motivacionales para dilucidar los mecanismos psicosociales puestos en marcha en las estrategias de los consumidores en la sociedad de masas hasta llegar hoy a los “focus groups” para saber qué quiere escuchar el electorado y quién quiere que se lo diga y como y, de ese modo, garantizar que los personajes “correctos” y aceptables triunfen en las elecciones, fabricando candidatos con el perfil exacto de lo que quiere la amorfa mayoría.
Noam Chomsky y sus asociados examinaron este asunto en gran detalle y a su obra me remito. Pero no pensemos que este esfuerzo es cosa del pasado. Como lo revelara hace un tiempo Gilberto López y Rivas en México, hay un multimillonario proyecto de investigación, llamado Minerva, por el cual el Pentágono encomendó a partir del 2008 el estudio de la dinámica de los movimientos sociales en el mundo con el objeto  de neutralizar el contenido potencialmente revolucionario de organizaciones populares calificadas sin más como “terroristas”. Esto es la actualización del famoso proyecto Camelot que culminara con un escándalo a mediados de la década de los sesentas del siglo pasado y que tenía las mismas intenciones, precipitadas luego del triunfo de la Revolución Cubana.[4]
Estos estudios fueron muy importantes para elaborar ciertos aspectos de la doctrina estadounidense en materia de política exterior. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial Washington identificó a dos actores clave para garantizar la estabilidad del nuevo orden imperial en la periferia: los pensadores -académicos, intelectuales y, más generalmente, los comunicadores sociales- y, por otro lado, los militares, imprescindible reserva última en caso de que la labor de los primeros no produjese los frutos deseados. Todos los grandes programas de becas para estudiar en universidades norteamericanas así como los numerosos programas de intercambio cultural con jóvenes intelectuales y artistas, periodistas y comunicadores en general tienen esa misma fuente de inspiración. Lo mismo cabe decir de los voluminosos programas de “ayuda militar” que Washington administra a escala mundial, porque junto al suministro de armas y el entrenamiento militar viene la identificación de los enemigos internos. En ambos casos el papel de las ideas mal podría ser subestimado.
Sobre el papel de los medios de comunicación
En esta “batalla de ideas”, emprendida por el imperio antes que por la izquierda, el papel de los medios de comunicación es de excepcional importancia, sobre todo en las sociedades de masas.[5]  Es por eso que en una audiencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos un miembro informante del Pentágono decía que “en el mundo de hoy la guerra antisubversiva se libra en los medios, no en las junglas y selvas o en los suburbios decadentes del Tercer mundo. Ese es el principal teatro de operaciones.”
Las nuevas tecnologías de información y comunicación potenciaron hasta límites inimaginables esta operación de manipulación de conciencias y lavado de cerebros. Para calibrar los alcances de la misma es oportuno recorrer los principales hitos de esta historia. La prensa gráfica, el primer medio de comunicación de masas, veía recortada su influencia por el analfabetismo y los problemas logísticos de circulación los que, sumados a las restricciones económicas que podían afectar a sus lectores, hacían que llegara apenas a un sector muy pequeño de la población. La “opinión pública” era, en realidad, la de un sector privilegiado por su posición en la estructura social.  Con la aparición de la radio se produjo un salto de enorme importancia,  potenciando una vía de comunicación que superaba los obstáculos de los medios gráficos, lo que le permitía llegar a los más apartados rincones del país y, sobre todo, de ser eficaz vehículo de transmisión al alcance de quienes no sabían leer. La introducción del transistor y la subsecuente irrupción de la radio portátil multiplicó significativamente la eficacia comunicacional de este medio. En el caso argentino es difícil comprender los primeros años del peronismo al margen del enorme impacto producido por los discursos transmitidos por radio de Perón y Evita, que cautivaron a millones de radioescuchas y los impulsaron a participar activamente en la vida política del país.
Con el advenimiento de la televisión el sistema de medios alcanzó una penetración y, sobre todo, una eficacia proselitista sin precedentes. La combinación de la imagen y el sonido, amén de la instantaneidad de los productos televisivos y sus continuos progresos tecnológicos (paso del blanco y negro al color, cable, HD, etcétera), hicieron de este medio el dispositivo por excelencia de la formación de la opinión pública. Un hallazgo decisivo de los estudios de comunicación en Estados Unidos fue quien dio un decisivo impulso a este proceso y se produjo a raíz del primer debate presidencial televisado, en 1960, entre John F. Kennedy y Richard Nixon. Este era el candidato oficialista, que hasta ese momento lideraba las preferencias. Sin embargo, en la elección fue derrotado, por un estrecho margen (aproximadamente un 1%). ¿Qué fue lo que encontraron los investigadores? Que quienes escucharon el debate por radio decían que el ganador había sido Nixon, pero quienes vieron el debate por TV se inclinaban mayoritariamente por JFK. La radio transmitía un mensaje, la voz; la TV, la voz y la imagen, y esta resultó ser decisiva, porque a Nixon se lo vio mal en las pantallas televisivas, luciendo desprolijo con una barba incipiente y sudoroso, que contrastaba desfavorablemente con la apostura y juventud de su contrincante. 
Reflexionando sobre la “sociedad teledirigida”, el politólogo italiano Giovanni Sartori, escribió en Homo Videns que:
En la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar. Como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical de dirección, porque mientras que la capacidad simbólica distancia al homo sapiens del animal, el hecho de ver lo acerca a sus capacidades ancestrales, al género al que pertenece la especie del homo sapiens.[6]  
En otras palabras, la televisión nos hace retroceder en la escala animal, según este autor, produciendo un progresivo menoscabo de nuestras facultades de simbolización a favor de las más elementales de visualización. Puede parecer exagerado pero conviene tener en cuenta esta observación y relacionarla con la decadencia de la vida política en la sociedad de masas. Podría argüirse, siguiendo a Sartori, que la declinación en la calidad de los liderazgos políticos en el mundo desarrollado –pensemos en la trayectoria descendente que va de un Woodrow Wilson o Franklin D. Roosevelt a un Ronald Reagan, Lyndon Johnson o George W. Bush, o el abismo que separa a Konrad Adenauer de Angela Merkel, o Charles de Gaulle de François Hollande, o de Alcides de Gasperi a Silvio Berlusconi- expresa la nefasta influencia producida por la televisión, el medio por excelencia de la época actual. Es algo muy preocupante, y digno de ser pensado y examinado cuidadosamente  
Concentración mediática
Ahora bien, el poderío manipulatorio de la TV creció paso a paso con un fenomenal proceso de concentración de la propiedad de los medios de comunicación. Es decir, con una deriva de signo claramente antidemocrático, y esto por dos razones: (a) porque los medios se fueron agrupando en un pequeño núcleo de propietarios –que luego se transnacionalizó- dotado de una capacidad de chantaje y extorsión que puede colocar a gran parte de los gobiernos de rodillas ante su prepotencia; (b) porque tanto los contenidos que difunden los medios como su organización y las características de su inserción en el éter están fuera de cualquier tipo de control democrático. Los monopolios mediáticos se escudan detrás de la defensa de la propiedad privada, la libertad de prensa y de pensamiento para desbaratar cualquier intento de regulación democrática. Aducen, también, que al ser entidades de derecho privado esos medios se deben encontrar a salvo de cualquier clase de fiscalización estatal que pudiera erigir trabas a su derecho a disponer de sus medios de la forma que estimen más conveniente. Pero se cuidan de señalar que son privados en cuanto al régimen que preserva sus relaciones de propiedad, pero por sus efectos y sus consecuencias son entes eminentemente públicos, y por lo tanto deben ser sometidos a control democrático. Cabe recordar aquí las incisivas observaciones de Antonio Gramsci sobre este tema, aplicado, en su caso, al papel público que tenían otras instituciones no-estatales en la Italia de finales del siglo diecinueve, como la Iglesia, y la necesidad de la fiscalización democrática de sus actividades educacionales. En el caso latinoamericano esta concentración encuentra en los casos de Televisa de México, O Globo de Brasil, Clarín de Argentina y el grupo de Cisneros en Venezuela  los ejemplos más emblemáticos de concentración de medios de comunicación en los países latinoamericanos.[7]  
En relación a esta tendencia el cineasta y documentalista australiano John Pilger concluye que este proceso de acelerada concentración remata en la instauración de un “gobierno invisible” e incontrolable, que no rinde cuentas ante nadie y que actúa sin ninguna clase de restricciones efectivas a su enorme poderío: “Hay que considerar cómo ha crecido el poder de ese gobierno invisible. En 1983, 50 corporaciones poseían los principales medios globales, la mayoría de ellas estadounidenses. En 2002 había disminuido a sólo nueve corporaciones. Actualmente son probablemente unas cinco. Rupert Murdoch predijo que habrá sólo tres gigantes mediáticos globales, y su compañía será uno de ellos.” [8]
La concentración mediática se encuentra íntimamente a la aparición del llamado “periodismo profesional, objetivo, ‘independiente´”, términos muy utilizados en el debate político latinoamericano a la hora de justificar la ofensiva destituyente que los grandes medios lanzan sobre los gobiernos progresistas de la región.  Pilger lo relata de esta manera:

“A medida que las nuevas corporaciones comenzaron a adquirir la prensa, se inventó algo llamado ‘periodismo profesional.’ Para atraer a grandes anunciantes, la nueva prensa corporativa tenía que parecer respetable, pilares de los círculos dominantes – objetiva, imparcial, equilibrada. Se establecieron las primeras escuelas de periodismo, y se tejió una mitología de neutralidad liberal alrededor del periodista profesional. Asociaron el derecho a la libertad de expresión con los nuevos medios y con las grandes corporaciones.”

Y la dependencia de este periodismo con el “pensamiento dominante” y los límites del  “periodismo objetivo” queda en evidencia cuando nuestro autor recuerda que
“… numerosos periodistas famosos del New York Times, como por ejemplo el celebrado W.H. Lawrence … ayudó a ocultar los verdaderos efectos de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en agosto de 1945. ‘No hay radioactividad en la ruina de Hiroshima,’ fue el título de su informe, y era falso.”
Se propalaba una espantosa mentira porque la creciente penetración de los intereses empresariales y de los gobiernos en las salas de redacción de la “prensa libre” (en este caso, el NYT) hacía que ciertas noticias debían ser presentadas de un modo particularmente sesgado o, simplemente, no ser dadas a conocer al público. Tendencia que si ya era perceptible a fines de la Segunda Guerra Mundial lo es mucho más en la actualidad, cuando los reportes de los diversos frentes de guerra en que se encuentran las tropas de Estados Unidos son todos, sin excepción, censurados previamente por el Pentágono. Ya no hay más fotos de soldados de Estados Unidos regresando en ataúdes a su patria, como sí las había durante la Guerra de Vietnam. Tampoco imágenes que muestren los desastres de sus huestes en terceros países. La sangre y el lodo de las guerras que libra Estados Unidos en sus incesantes aventuras están cuidadosamente eliminados de las noticias. Las víctimas de la barbarie pentagonista son abstracciones, entelequias irrepresentables incapaces de suscitar dolor, ira o ánimos de venganza.
Conclusión: no puede haber estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público, del cual los medios son su “sistema nervioso”, no está democratizado. Son los medios quienes “formatean” la opinión política, imponen su agenda de prioridades y, en algunos casos –no siempre- hasta fabrican a los líderes políticos (caso de Silvio Berlusconi en Italia) que habrán gobernar. La amenaza a la democracia es enorme porque un sistema de medios altamente concentrado y hegemónico consolida en la esfera pública un poder oligárquico (en la Argentina es básicamente el multimedia  Clarín y algunos otros socios de menor rango) que, articulado con los grandes intereses empresariales y con el imperialismo, puede manipular sin mayores contrapesos la conciencia de los televidentes y del público en general, instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos de signo conservador o reaccionario, todo lo cual desnaturaliza profundamente el proceso democrático.
Es más, en la situación actual de América Latina, cuando el virus neoliberal –para usar la gráfica expresión de Samir Amin- ha destruido a los partidos políticos y los reemplazó por heteróclitos “espacios” o efímeras coaliciones, donde los políticos se convierten en verdaderos camaleónicos saltimbanquis que pasan del oficialismo a la oposición y viceversa sin mayores escrúpulos (como ha ocurrido recientemente en Argentina en un fenómeno que en Brasil se llama “fisiologismo”) y cuando el impacto disolvente del neoliberalismo terminó por diluir los pocos componentes ideológicos que aún restaban, los medios hegemónicos -todos íntimamente vinculados a la dominación imperialista- han pasado a asumir las funciones de los partidos del establishment, convirtiéndose en los organizadores de la oposición de derecha ante los procesos transformadores en curso en la región. Ante la vacancia de los partidos tradicionales son los grandes medios en los países de ALC quienes reclutan la tropa de la derecha, aportan las orientaciones tácticas de su accionar, establecen la agenda del proyecto y lo militan día y noche a través de su impresionante aparato comunicacional, y se encargan de encontrar los líderes capaces de llevar a buen término estas iniciativas.
No puede ser casual que Maduro, Evo y Correa enfrenten virulentas campañas de desestabilización organizadas o, cuando menos, animadas por la prensa. Y lo mismo ocurre en países como la Argentina, Brasil y Uruguay, en donde la voz cantante para erosionar la imagen de la presidenta argentina, o a favor del impeachment a Dilma Rousseff en Brasil, la llevan los grandes medios. Por el contrario, estos han respaldado, sin el menor recato en algunos casos, a gobiernos como los de la Concertación en Chile; a Fox, Calderón y Peña Nieto en México; a Uribe y Santos en Colombia, Alan García y Alejandro Toledo en el Perú, para no citar sino los casos más evidentes. En Argentina y Brasil este papel “organizador” de los medios hegemónicos convertidos en filosos sucedáneos de la derecha partidaria adquirió en los últimos tiempos ribetes francamente escandalosos. ¡Y a esto le llaman “periodismo independiente”!
Telesur y la democratización del espacio público
De ahí la enorme  importancia de esta señal de noticias, creada por inspiración del Comandante Hugo Chávez Frías, que percibió como pocos la gravísima amenaza que para el futuro de ALC representaban los medios controlados por una coalición irreconciliablemente enemiga de cualquier proyecto democratizador o de reforma social. Era preciso iniciar una lucha frontal en contra de esos bastiones del autoritarismo y la reacción, y esa batalla no podía darse tan sólo a nivel nacional. La ofensiva era continental, y tenía su estado mayor en Washington. Para neutralizarla, o al menos para atenuar sus efectos, necesariamente debía ser librada a escala latinoamericana.
En Argentina y Ecuador se han venido librando grandes batallas para democratizar  los medios de comunicación. En otros países, como Brasil, según el analista Denis de Moraes, la lucha apenas si ha comenzado porque el conglomerado mediático dirigido por la red O Globo impide la instalación de este asunto en la agenda pública. En Ecuador, una consulta popular convocada el año 2011 aprobó una normativa mediante la cual las empresas periodísticas quedan inhabilitadas para realizar negocios o inversiones en otras áreas de la economía, reduciendo significativamente la posibilidad de hacer que los órganos de prensa se conviertan en arietes para promover los intereses de grandes conglomerados empresariales bajo el ropaje del periodismo. Desgraciadamente esto es lo que ocurre en casi todos los países, pero afortunadamente está prohibido en Ecuador.
Por lo tanto, no habrá avances democráticos si no se democratizan los medios. Este es el objetivo de la Ley de Medios en la Argentina: facilitar, según lo establece la propia ley, “la promoción, desconcentración y fomento de la competencia, el abaratamiento, la democratización y la universalización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación”. Pero la implementación de esta norma se ha visto en parte obstaculizada por sucesivos amparos judiciales promovidos por el Grupo Clarín, mismos que hasta ahora impidieron avanzar como se esperaba  en la desmonopolización del sistema mediático. Por otra parte, para que este se democratice será necesario que el estado nacional inyecte una importante cantidad de dinero para facilitar el desarrollo del tercio del espectro radial y televisivo reservado a las organizaciones populares y comunitarias, cosa que aún no ha ocurrido en la magnitud suficiente. Al mismo tiempo, en el tercio reservado para el sector público, es de fundamental importancia evitar que esos medios reduzcan su papel al de simples voceros del oficialismo. Sería altamente perjudicial, inclusive para el mismo gobierno, obrar de esa manera. Por otra parte, uno de los problemas es que la agencia de aplicación que preside todo lo relacionado con la comunicación audiovisual, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), depende de la Presidencia de la república y del Congreso. Son ambas ramas del estado quienes designan a los miembros del Directorio, sin ninguna intervención de organizaciones de la sociedad civil. De este modo, la AFSCA como organismo rector que debe garantizar la democratización del sistema mediático es conformado exclusivamente por la dirigencia política, lo que conspira contra la legitimidad democrática que debería tener un órgano tan crucial como ese en momentos en que aquella no cuenta precisamente con un alto grado de aprobación popular.
Ahora bien, ¿cómo combatir a los poderes mediáticos? Como en tantas otras cosas de la vida pública no basta la ley. Es importante pero insuficiente. Pero lo decisivo es algo más: no reproducir en espejo, simétricamente, la agenda, el estilo y la temática de los oligopolios mediáticos. No se combate a los medios del Grupo Clarín haciendo cada día un “anti-Clarín”, ni se lucha contra O Globo o El Mercurio haciendo un “anti” de esos medios. La experiencia indica que esta táctica de lucha termina por producir un resultado exactamente opuesto al esperado.
Por otra parte, es preciso comprender que para torcerle el brazo a los conglomerados monopólicos se requiere algo más que ganar una batalla dialéctica. Es preciso impulsar con energía la aparición de nuevas voces desde el campo popular. La sola desmonopolización será insuficiente para democratizar a los medios si las organizaciones populares de todo tipo siguen sin poder hacer oír su voz. Para eso es necesario dotarlas de toda suerte de recursos: desde dinero y equipamiento adecuado hasta formación técnica. Sin ello no podrán hacer una diferencia en el sistema. Democratizar a los medios requiere de gobiernos que garanticen la sustentabilidad financiera de esta batalla comunicacional, que por eso es también una batalla económica y política crucial para el futuro de la democracia.
Lo anterior es suficiente para comprender la trascendental labor hecha por Telesur desde el momento en que fuera creada, hace diez años. No sólo estamos informados, cuando antes estábamos desinformados; sino que estamos bien informados, con periodistas que comparten nuestra cultura y nuestros sueños, que nos muestran lo que las oligarquías locales y el imperialismo no quieren que veamos o que sepamos. No querían que se supiera que en Honduras había un golpe de estado en marcha; o que en Bengasi no había “combatientes por la libertad” masacrados por Gadafi; o que  quienes despacharon casi 10.000 misiones de bombardeo a Libia, con innumerables víctimas civiles fueron los aviones de la OTAN, para no citar sino unos pocos ejemplos. Aún si su contribución a lo largo de estos años hubiera sido la de aportar información verídica sobre temas cruciales Telesur justificaría con creces su existencia. Pero hizo algo más: fue un factor muy importante en la consolidación de una conciencia crítica nuestroamericana. Gracias a ese medio hoy somos más latinoamericanos que antes, y mejores latinoamericanos también. El gran proyecto bolivariano, relanzado por Chávez, encontró en Telesur un instrumento singularmente valioso para acelerar su concreción y un arma muy potente, en esa artillería de pensamiento a la que aludía el líder bolivariano, para librar con éxito la batalla de ideas que nuestro tiempo y el futuro nos reclaman. Tiene razón Pilger cuando, en su artículo reseñado más arriba, recuerda una sentencia notable de Tom Paine: “si a la mayoría de la gente se le niega la verdad y las ideas de la verdad, es hora de tomar por asalto la Bastilla de las palabras.”  Ese es, sin duda, uno de los mayores desafíos con que tropieza la democracia en el mundo actual.




[1] Cf. Atilio Boron, Aristóteles en Macondo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg-Editorial Espartaco, 2015. Nueva edición corregida y aumentada). En otras anteriores, ya disponibles en la web, desarrollamos esta tesis con amplitud. Ver sobre todo Estado, capitalismo y democracia en América Latina, libro que recoge algunos artículos sobre el tema escritos en la década de los ochentas, y Tras el Búho de Minerva, donde  el asunto es abordado a la luz de los estragos producidos por la globalización neoliberal en la década del noventa. Fuera de América Latina y el Caribe autores como Ellen Meiksins Wood, Leo Panitch, Sam Gindin, Gianni Vattimo y Sheldon Wolin, en Estados Unidos y Europa, hace tiempo que vienen aportando nuevos fundamentos a la contradicción entre capitalismo y democracia

[2] Sobre esto ver Marcos Roitman Rosenmann, Tiempos de Oscuridad. Historia de los golpes de estado en América Latina (Buenos Aires: Akal, 2013)

[3] La obra de Sharp es motivo de fuertes polémicas. Director del Albert Einstein Institute de Boston, sus libros y panfletos han sido fuente de inspiración de muchas de las rebeliones en contra de los regímenes de Europa Oriental en la época de la Unión Soviética, y China. Sharp niega cualquier vinculación, financiera o política, con el gobierno de Estados Unidos a través de cualesquiera de sus agencias. Sin embargo, en su record no figura absolutamente nada que lo vincule a las luchas de los pueblos latinoamericanos contra sus dictaduras, ni a la de los palestinos por su autodeterminación, ni la de las poblaciones negras en contra de los regímenes racistas africanos. Resulta por lo menos paradojal que su sitio web esté traducido a 31 lenguas, mientras que el del Banco Mundial lo esté a 20, el de la bloguera contrarrevolucionaria cubana Yoani Sánchez a 18 y el de la Unesco apenas a 6. Que cada quien saque sus conclusiones.

[5]  Sobre este tema remito al lector a consultar la notable obra de Fernando Buen Abad Domínguez, tanto sus ensayos de largo aliento como sus intervenciones más coyunturales. Entre los primeros sobresale su Filosofía de la Comunicación (Caracas: Ministerio de Comunicación e Información, 2006), disponible en http://www.cta.org.ar/IMG/pdf/filosofia-de-la-comunicacion.pdf

[6] Ver su Homo videns. La sociedad teledirigida (Madrid: Taurus, 1998) pg. 3.

[7] Ver Guillermo Mastrini y Martín Becerra, “Estructura, concentración y transformaciones en los medios del Cono Sur latinoamericano”, Revista Digital Comunicar, Nº 36, Vol XVIII, 2011, pp. 51-59.  

[8] Cf. John Pilger, “Geopolìtica y concentración mediática”, en Rebelión, 10 de Agosto de 2007. http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=1925
Las siguientes dos citas de la obra de Pilger remiten a este mismo artículo.

26 de Julio, 2015

Se cumple hoy un nuevo aniversario de una fecha extraordinaria. No sería exageración decir que en ese día -cuando en 1953 un grupo de jóvenes cubanos comandados por Fidel atacó los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, y Moncada, de Santiago de Cuba- nacía una nueva era en la historia de Nuestra América. Se iniciaba la larga marcha hacia la segunda y definitiva independencia de este conjunto de países que, como lo proclamara Simón Bolívar, eran una sola gran nación. Marcha aún inconclusa, pero de avances innegables: la sola supervivencia de la Revolución Cubana desde el 1º de Enero de 1959 es prueba contundente de ello. Pero si no fuera suficiente bastaría con agregar la derrota del ALCA en Mar del Plata, el 5 de Noviembre, es decir, el rechazo al principal proyecto geopolítico de Estados Unidos para el siglo veintiuno relativo al hemisferio occidental.

Fidel, detenido en el Moncada, sus captores incapaces de "captar" el momento histórico del que estaban siendo involuntarios testigos, lo fotografían nada menos que ¡debajo de un cuadro de Martí, el "autor intelectual" del 26 de Julio!

Quería escribir algo especial para conmemorar el significado de esta fecha, que siempre me impresionó por el heroísmo de estos jóvenes (Fidel estaba por cumplir 27 años; Raúl acababa de cumplir 22, Abel Santamaría iba a cumplir 26 en octubre) y el alegato de Fidel, "La Historia me Absolverá", notable compendio de filosofía política de permanente actualidad. Pero mientras revolvía en mi archivo pude leer el discurso que ayer pronunciara ese enorme intelectual nuestroamericano que es Eusebio Leal Spengler, Historiador de la ciudad de La Habana, presentando el libro de Nikolai S. Leonov, Raúl Castro, un hombre en revolución, y en homenaje a los 500 años de la fundación de la ciudad de Santiago. Fascinado por sus palabras, precisas y emocionantes a la vez, decidí que lo mejor que se podía hacer para honrar la gesta "moncadista" de Fidel, de Raúl, de Abel Santamaría, de Melba Hernández, Haydée Santamaría, Ramiro Valdés, Juan Almeida, Ñico López  y tantos otros jóvenes cubanos que se jugaron la vida por el destino de Cuba y de América Latina, era reproducir el discurso de Eusebio, una verdadera pieza literaria y política de lujo. Aquí está. Disfrútenla.

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Discurso pronunciado por Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana, en la Sesión Solemne de la Asamblea Municipal del Poder Popular por el aniversario 500 de la fundación de la villa de Santiago de Cuba, en el teatro Heredia, el 25 de julio de 2015, “Año 57 de la Revolución”.
(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)



Bueno, este es realmente un encargo difícil.  Cuando se llega a un momento de tensión, que aún puede ser superado, lo mejor es el silencio, y llevarse uno en la memoria y en la retina de los ojos lo que vio o lo que escuchó alguna vez.
Es por eso que en las palabras del Presidente* estaban contenidos un conjunto de hechos históricos y relevantes que me dejan sin empleo.
Al mismo tiempo, el merecido homenaje que acaba de ser tributado al Líder Histórico o sencillamente a Fidel, sin requerimiento de más título, y a nuestro General Presidente Raúl, es el momento de más alta tensión en esta mañana.
Recibidos estos títulos excepcionales, acompañados de obras de arte que representan lo más hermoso y fuerte de nuestra naturaleza, tal y como Sindo Garay, el centenario cantor de Santiago y de Cuba, expresó en aquel hermoso duelo en que describe en una de sus más difíciles composiciones musicales, bajo el título de El huracán y la palma, la batalla entre la naturaleza feraz y el tiempo.
Al hablar hoy a petición de la Asamblea, a la cual agradezco sinceramente por este llamado que tanto me honra en lo personal, me siento doblemente comprometido:  primero, porque hace ya muchos años vine por vez primera a Santiago, cuando era un adolescente y aún era pronta y palpable la lágrima derramada y la sangre vertida.
Con emoción me mostraron el Callejón del Muro, los distintos lugares de la historia. El cuartel Moncada conservaba todavía las huellas que, borradas después, fueron, en admirable rectificación de lo que significa el monumento, para poder explicarlo, restauradas minuciosamente.
Visité los antiguos cafetales en la Gran Piedra; pero quizás el lugar de mayor emoción fue el cementerio memorial de Santa Ifigenia. Por eso ayer, en la mañana, mi primera acción, muy temprano, fue ir a aquel camposanto y recorrerlo con unción patriótica, en silencio profundo, descubierta la cabeza y el corazón, para llegar ante las tumbas de los Fundadores.
Un peñón señala el sitio donde Céspedes estuvo una vez en fosa común.  Con sus ojos grandes y abiertos fue mostrado en el hospital de Santiago, cuando bajando por el antiguo camino de San Lorenzo hacia la playa llevaban muerto al Padre de la Patria quien, combatiendo, no escogió el camino que seguramente le habría granjeado la libertad, sino escogió el risco donde no había salida ni escape posible, y de allí, arma en mano y vestido como quien asiste a la boda que él en su diario describe con extraña premonición de su muerte, se desplomó herido del plomo español o de su mano, que no era deshonor porque lo había previsto.  Arrastrado por el suelo, desde lo profundo del barranco, fue llevado por el viejo camino y traído a Santiago, con los ojos grandes y abiertos.  Así lo describe el cronista que a su esposa Ana de Quesada le envía el más veraz testimonio.
Luego recorrí otras tumbas, excepto una:  la del Apóstol José Martí, porque estando celebrándose en aquellos momentos allí una ceremonia me pareció vanidad e indiscreción irrumpir en ella y me conformé por esta vez con imaginar el interior donde están los escudos de las naciones de nuestro continente y donde un rayo de sol, tal y como el escultor Mario Santi diseñó aquella obra, viene a caer sobre el féretro que en forma de estrella está eternamente cubierto con una bandera de Cuba.
Luego, quise ver el monumento de Mariana. Lescay me había mostrado días antes su proyecto y llegué ante la cabeza vigorosa levantada sobre una madera indestructible.
Luego, a la de María Cabrales, la esposa de Antonio, donde aparece ella en el acto de protegerle en el monte, mientras se le persigue y ya casi a punto de caer en la trampa y el acecho pide a los camilleros que la acerquen al caballo ensillado y escapa a la montaña.  Titán, como se solía llamar a los espíritus poderosos en la Grecia antigua, huyó de sus captores y desapareció en el monte.
María, su esposa, le acompañó siempre, formó parte de aquella legión de mujeres que, admitidas en su séquito por la insigne y benemérita doña Mariana Grajales, hicieron juntas la Gran Guerra de 1868, cubriendo a sus hijos en cada momento o a sus esposos, cuando parecía imposible preservar la vida.
“¿Para qué me lo han traído?”, dijo el doctor Félix Figueredo, cuando su compañero y maestro, Máximo Gómez, le trae herido en múltiples ocasiones a un campamento oculto.  Pensad que en ese tiempo ni una transfusión de sangre, quizás un poco de láudano para entontecer al herido adolorido, quizás un poquito de algún licor fuerte; no hay anestesia, no hay asepsia probable en los instrumentos, el riesgo de la muerte es grande.
En él y en el hermoso monumento, obra de Lescay, quizás el más hermoso que lega la Revolución a la historia contemporánea, aparece como le vieron levantando la mano y ordenando avanzar a los suyos con valor y sin tibieza.
Tal fue el recorrido por el camposanto.
No quise tampoco dejar de visitar una tumba amada para Santiago y para todos los que siendo niños o casi adolescentes escuchamos de su dolorosa muerte, la de él y la de su hermano, con espacio de breve tiempo, apenas unos pocos días: Frank y Josué.
Recuerdo que el General Presidente nos invitó a una representación de La Colmenita, en la cual haciéndose el elogio de Frank se habla de que creía en Dios y tocaba el piano:  dos hermosas formas casi sublimes de empatar lo eterno con lo más hermoso de la creación humana.
Del cementerio salí con lo que debía decir esta mañana, no repetir acontecimientos, sino tratar de recorrerlos en el tiempo y responder a un periodista que de manera súbita apareció entre las tumbas y me preguntó:  “¿Qué cree usted de los 500 años?”  Y le respondí: “Pueden ser uno, cinco o quinientos, cuando son inútiles no es más que una arena perdida en el universo; cuando es una obra fecunda, cuando es una vida intensa, cuando es una obra y un gran legado, entonces queda en la memoria de los hombres.” Como afirmó categóricamente Martí, llamado con justicia Apóstol:  “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida” (Aplausos).
Quinientos años, donde se acumulan acontecimientos que cambiaron la historia de la humanidad. Podríamos tomar dos: el primero, el recorrido de una nave en torno a la isla de Cuba que reencuentra para Europa y para el resto del continente que vive su propia historia, una historia nueva, es parte inexorable de la historia de la humanidad.
La nave colombina se detuvo en un punto afirmando contra toda ciencia que Cuba era parte de un continente inhóspito. Atrás quedaban las visiones paradisíacas que había tenido cuando recorriendo palmares y sitios de aguas tranquilas y transparentes se detiene ante las aguas de Holguín en un lugar llamado Bariay.
El profesor Guarch, muchos años después encontró la aldea indígena, casi intacta, y en el centro de aquel cementerio un cuerpo ajeno a la indigenitud, un europeo, un predicador, un sacerdote, un conquistador, al centro, enterrado entre ellos.  Quizás si ese cementerio, el del Chorro de Maíta, nos explique con más fuerza el encuentro del cual todos nosotros —como decía el Presidente— somos hijos.  Es la misma visión que tuvo Simón Bolívar, hace casi 200 años, cuando escribe su Carta célebre en Jamaica y dice que somos una especie de pequeño género humano, y es que el Caribe se convirtió en el Mediterráneo americano y se vertieron sobre él distintos pueblos, no solamente aquellos acorazados conquistadores, que primero en las tierras baracoanas y luego en el Bayamo, y otra expedición más tarde avanzando hacia el interior del país, funda y funda las siete ciudades, que son patrimonio nacional de Cuba, y una octava, que recientemente también lo ha conmemorado, San Juan de los Remedios.
Pasada la noche de ayer, pasado el 25 de julio, Día de Santiago y San Cristóbal, solo queda una ciudad por conmemorar su aniversario 500, la capital de Cuba, La Habana. Eso debió ocurrir en el año 2014, cuando fue fundada en un lugar de la ensenada de la Broa, quizás al sur de la actual provincia; pero como ni los arqueólogos han hallado el vestigio de aquel asiento, y como se mudó en una y en otra ocasión, algunos somos culpables de haber reservado el último puesto para ella en el próximo año de 2019.
Pero lo cierto es que los hechos se concatenan y nos traen al presente, y el presente, para que sean ciertos los atributos que Santiago tiene como más preciosos, no solo lo tiene como ciudad, lo tiene como capital que ha sido dos veces de Cuba —luego del triunfo de la Revolución también lo fue—, sino también por lo que ha ocurrido en ella, que es lo importante.
Ayer penetré en mi recorrido en la Catedral Basílica, en la gran Catedral de Santiago, herida también por el ciclón.  Cuando se proclamó la Constitución en el siglo XIX, contra el autoritarismo real, en 1836, Santiago vivió un verdadero levantamiento y quisieron los constitucionalistas arrebatar la lápida de la tumba del conquistador Diego Velázquez de Cuéllar y cincelar en la parte posterior del mármol el título Plaza de la Constitución.  Cuando el absolutismo fue restaurado, la lápida fue rota.  Quiere decir:  no queda huella de su tumba.
Preguntando ayer en la Catedral, nadie supo decirme dónde estaba.  Sus huesos, polvo o ceniza, han quedado confundidos en la base de ese monumento.  Lo cierto, lo verdadero es que muerto dos años después, vio el trazado de la ciudad, según las leyes que estaban establecidas para ello. Y ayer, saliendo de la plaza por una callejuela, entró de pronto de la mar un viento que me recordaba, precisamente, la justeza de esas leyes urbanas con que se trazaba la imagen de lo que se llamó un nuevo mundo.
Por aquellos años, insistentemente, los indios se levantaron, y aquellos aborígenes lucharon por décadas.  Se equivocan los que han afirmado que su rebeldía concluyó con aquella llama prendida en Yara cuando Hatuey, el cacique de la isla próxima, fue encendido por su rebeldía, en vida, delante de los testigos que escucharon sus desafiantes palabras. Desde entonces y hasta hoy, se habla en el campo de Yara de la “Luz de Yara”, y se decía que en tiempos de tribulación o de tormentas sociales o políticas, o en vísperas de grandes acontecimientos, la llama iluminaba la noche como pronóstico y augurio.  De hecho, el levantamiento del 10 de Octubre, vivido en el ingenio La Demajagua, frente al golfo de Guacanayabo, recibirá el nombre de Yara, porque allí fue donde recibió el bautismo de fuego el pueblo cubano, representado en aquel momento por aquel hombre de mármol, como fue llamado, que tuvo el valor de encabezar el movimiento.
Como estas palabras tienen que no ser una enumeración mecánica, ustedes seguirán mi pensamiento.
Cuando volábamos ayer temprano hacia Santiago, era un día claro, excepcionalmente claro, y poco antes de abrirse el cielo, con las puntas aceradas de las montañas de la Sierra, un poco antes, un hilo de plata, trazado y relampagueado por el sol naciente por el oriente, marcaba un límite, era el Jobabo.  El Jobabo era y es la delimitación con el oriente de Cuba, esta era la tierra del oriente. Y en muchas ocasiones escuché aun a Fidel la afirmación de orientales, y es un título hermoso:  ¡Orientales! Y cuando alguien por razones administrativas, y cuando la nación por razones administrativas se vio necesitada de agilizar y modernizar el sistema de gobierno, respondiendo a ciertas preocupaciones, Fidel exclamó categóricamente: “Oriente no se ha dividido, se ha multiplicado” (Aplausos).
Por eso al Moncada vinieron de todas partes de Cuba, ¡de todas partes!: un contingente formado y hermético vino desde Artemisa, la más occidental de todas las provincias; el doctor Mario Muñoz Monroy era de Colón; Abel Santamaría, de Constancia, el ingenio en la provincia de Las Villas.  Y así podría nombrar a los que se reunieron aquella noche en la granja Siboney y abrazaron a aquel muchacho de ojos profundos, de pensamiento lúcido, a cuyo padre Fidel después escribiría una carta memorable, Renato Guitart, que representó a Santiago en la épica batalla.
¿Qué somos nosotros verdaderamente?  Anoche, en la gala, alguien tomaba las palabras de Martí cuando afirmó:  el dulcísimo misterio que tiene esa palabra: cubanos. Y cuando se desplomó en la confluencia del Cauto y del Contramaestre, Martí, el Apóstol, a los 42 años de la vida, tenía la certeza, y así lo dijo, de que su pensamiento volvería y resucitaría.  Él soñó con algo que era entonces casi imposible: la unidad hermética de la nación.  Él vio con nitidez que únicamente la generosidad, la rapidez y la fortaleza nos darían la victoria frente a un ejército poderoso, temible, batallador, que creía luchar por sus razones.  No lo pudo ver logrado.
Hay que afirmar categóricamente que tenemos la unidad nacional, esa unidad absoluta del pueblo que se llama hoy en Santiago, santiagueros, pero que es fundamentalmente, como lo dice su nombre completo: Santiago de Cuba (Aplausos). Hoy somos cubanos y es la unidad nacional que Fidel alcanzó lo más precioso.
A él le han entregado hoy un reconocimiento, entre tantos que merece y merecerá. La historia le recordará hidalgo en todo tiempo, audaz y valeroso, no conminando nunca a nadie a hacer lo que él no pueda hacer, defensor teórico brillante de sus ideas, estudiante aplicado, noble y elegante caballero como lo fue Maceo, que no fumaba ni bebía.  A él le recordará profundamente.
Y aquí, no muy lejos, en la casa patricia de Birán, las paredes de madera de aquella casa sienten todavía la voz del padre español, la voz del padre que fue soldado en la guerra de Cuba, que sirvió a España por deber y a Cuba por amor, y regresó a ella para fundar una estirpe de valientes (Aplausos).
Y a Raúl, su primer discípulo, el que tenía siempre, a pesar de serlo, opiniones y convicciones propias, que siendo un adolescente aparece en el entierro de la Constitución llevando la bandera, aquel que aparece en Puerto de Boniato retratado con la ropita obtenida para tratar de escapar hacia la tierra holguinera, deseo que fue interrumpido por el descubrimiento de su verdadera personalidad, el hijo de don Ángel, él ha recibido la ceiba con el rostro de Mariana.
¿Qué quiere decir este otro símbolo?  ¡¿Qué quiere decir este otro símbolo?!  Que hoy descansan en sus manos, porque estuvo en todo desde el primer día, porque fundó en el Segundo Frente la primera utopía de lo que debía ser y fue más tarde la nación. Él, al que Fidel ordena que entre en el Moncada; él, el que el día del asalto cumplió sus deberes admirablemente y cuando otros vacilan asume la determinación y logra su objetivo; él, que viendo perdido el asalto sale de Santiago buscando el amparo de la noche, él recibe el árbol de la ceiba de raíces profundas. Y es que en sus manos hoy descansa no solamente el título de Jefe de Estado y de Gobierno, tiene en sus manos el destino de nuestro país (Aplausos).  Discípulo amado de Fidel que lo inició en sus primeras lecturas, el padre se dolió cuando supo que el mayor, o mejor, el que más había trascendido de ellos, venía a buscarle para llevarle consigo.  Lo reunió con los compañeros que creyeron en él, con Pedro Miret, con Abel y con todos aquellos que junto a aquellas heroicas muchachas, Haydée y Melba, asistieron también al duelo mortal del Moncada.
Las riendas del Estado, el destino de Cuba, ¿cómo ha sido nuestra batalla? Si dije que la fundación de Santiago y el viaje de Colón cambiaron el equilibrio del mundo, la batalla librada en Santiago en vísperas de la conmemoración de la independencia de los Estados Unidos el 3 de julio de 1898, lo varió definitivamente (Aplausos).  Hundida la escuadra que Santiago vio partir con ropa de duelo y con uniformes de parada para un combate imposible de librar, la última de las naves que logra escapar lleva el nombre de Cristóbal Colón y está allá hundida en las aguas profundas, descendiendo hacia el abismo, pero aún visible con todos sus atributos.
Hijos somos también de aquellos en los cuales nos abrazamos en duelo; hijos somos de la legión de los esclavos de África que, levantados en El Cobre, fueron capaces, en la hora del momento determinante, de hacer surgir de aquella pequeña aldea que visité ayer cuando fui a hacer reverencia a El Cobre y a la Patrona de Cuba, allí vi las casas renovadas y pensé cómo fue posible que en la Gran Guerra surgieran de este pequeño pueblo ocho generales, que con 25 de Santiago formaron 33 generales y mayores generales del Ejército Libertador (Aplausos), al frente y a la cabeza de ellos Antonio y José; José Cebreco, hombre valiente que desembarcó en la costa baracoana, en El Honor, con Flor Crombet. Últimas palabras de Maceo después de la disputa con su hermano, amigo y compañero: Ese es Flor que se bate, ese en el monte, el winchester que dispara incesantemente hasta que se agotan los proyectiles. Son los descendientes extraviados de los indios de Yateras los que llevan su cuerpo a Felicidad.
Tal es la historia de esa gloria.  ¿Cómo puede contarse sin la gente guapa de Guantánamo a la cual encuentra Antonio, y José, extraviado en el monte, cuando finalmente aparece Periquito Pérez para reunirlos y salvarlos? Y cómo aparece ya, semanas después, invencible en bello corcel, llevando plata en el cuello y en la montura —como le describe José Martí.
¿Cómo contar esta historia sin el pequeño pueblo de El Dátil, donde vivieron derrotados y humillados los que, extraviados en su propia patria, se radicalizaron en Cuba y se convirtieron en libertadores, entre ellos el maestro de libertadores, el generalísimo Máximo Gómez  Báez?  ¿Cómo es posible olvidar cada uno de estos puntos de nuestra geografía?  ¿Cómo es posible imaginar el sitio final de Santiago sin Calixto, el hijo ilustre de Holguín? ¿Cómo olvidar que somos una patria grande?  ¡No es posible!
A Santiago, en este homenaje, en este día de júbilo y de historia, se le recuerda por sus músicos, se le recuerda por sus artistas; se le recuerda por los cantos corales de Esteban Salas o de Electo Silva; se le recuerda por la obra admirable de sus artistas y poetas, como aquel que quizás, dice Martí, sembró en nosotros el sentimiento patrio, el grande José María Heredia, cuyo nombre lleva este lugar.
Y cómo al llegar a las puertas del teatro no ver el retrato de Almeida, que allá en el Tercer Frente fue sepultado junto a los suyos, y que antes de llegar a su destino quiso y tuvo voluntad en vida de ser llevado por las calles de Santiago a las que cantó entre sus mejores cantores (Aplausos).
Pero el Comandante de la Revolución nació en La Habana Vieja, en el solar de La Maestranza.  Allí me llevó un día y me dijo: “Esta fue mi cuna, porque la patria no es solo donde se nace, sino donde se lucha.”  Fue por eso que su visión le llevó a unirse y a ser de los primeros, y cuando partieron de la Sierra con las encomiendas dadas por Fidel, Raúl con 81 hombres que se representan ahora en la loma de Mícara, guiados por una palma, todo un palmar en fila que recorre un lugar solemne y extraordinario, llegaron a aquel Segundo Frente, que era más grande que muchas naciones y reinos de Europa, y allí en pocos meses se sembró la semilla de lo que sería su sueño más importante, y cuando entrando casi solo en el Moncada le dijo a aquel oficial:  “Descuelgue de la pared el retrato del tirano” y vio una vacilación y se lo repitió con energía, aquel tomó el retrato, vacilante, trémulo, y él tirándolo al suelo lo pisoteó marcando el fin de una época que ya Fidel había anunciado y profetizado, y que luego desde el balcón del Ayuntamiento de Santiago proclamó, y hasta hoy.
¿Qué hay que decir entonces?  ¿Qué se puede decir?  Esta es la única Revolución, que yo recuerde, de las revoluciones verdaderas. Hay revolicos, pero revoluciones no. Las revoluciones son pocas, marcan la historia, la nuestra también marcó la historia (Aplausos).
Es el joven valeroso y elegante que en la Escalinata de la Universidad de La Habana, ante un alto oficial, discute sus ideas; es el protagonista del acto magistral de unir a aquel puñado y desde México, tierra amada por nosotros, como decía anoche el Comandante Almeida en sus inolvidables palabras, dedicando una última canción a una bella mexicana, viene a Cuba y abriéndose paso por el más inhóspito de todos los caminos van a encontrarse finalmente en un sitio que paradójicamente lleva el nombre de la Alegría, cuando en realidad fue el día de mayor tristeza, y luego vendrán los momentos sublimes y extraordinarios, luego vendrá el encuentro en Cinco Palmas y allí se verán de nuevo los dos hermanos de la sangre y de las ideas, allí se abrazan y allí comienza una epopeya inolvidable y para siempre memorable.
En su diario de campaña, luego del asalto a La Plata y al ver, saliendo del escenario de la lucha, los cuarteles ardiendo, Raúl escribirá:  “Desde lejos se veían arder sobre los cuarteles de la opresión las llamas de la libertad.  Algún día no muy lejano, sobre sus cenizas, levantaremos escuelas.” Y recuerdo todavía al mismo autor del diario, sosteniendo en sus brazos a una niña, hija de un hermano del alma caído en la lucha, José Luis Tassende, y decirle:  “Temita, esta es la obra por la que luchó tu padre” (Aplausos).
Ustedes recibirán, además, o comprarán o adquirirán, o lucharán por hacerlo, el libro Raúl Castro, un hombre en Revolución. Este libro es un libro revelador, porque él, a quien no le es grato este tipo de cuestiones, aceptó el testimonio excepcional de un amigo al que conoció muchos años atrás a bordo de la nave Andrea Gritti, que salía de Génova con destino a América, y a ese amigo, entonces un joven estudiante soviético, le llamó la atención, a aquel joven discreto y aleccionado en el hermetismo, que alguien había dejado sobre una mesita, mientras se divertían en la cubierta del barco, la obra del pedagogo ruso Antón Makarenko. Algo le llamó la atención y le inspiró confianza con relación a ellos y estableció una amistad.
Nikolai Serguéivich Leonov llegó a ser con el tiempo un general de la Unión Soviética y llegó a tener en sus manos las claves del conocimiento de acontecimientos políticos mundiales.
En ese barco, después de recorrer varios destinos, Raúl llegó a La Habana luego de celebrar su cumpleaños el día 3 de junio a bordo del Andrea Gritti.
Meses atrás, el 24 de febrero del año 1953, había partido hacia Austria al encuentro juvenil que allí se celebraba.  Más tarde iría a Bucarest, al Comité Organizador del Festival Mundial, en el cual, afortunadamente, no participó; volvió a Cuba para participar en la más importante acción de su vida:  el asalto al cuartel Moncada.
En este libro aparecen los diversos rostros del hombre a que me refiero.  Leonov, anciano, volvió hace dos años a Santiago y aquí conversamos ampliamente. En el libro están los testimoniantes que le dieron o le sirvieron de testigos de la historia, para escribir un libro, Raúl Castro, un hombre en Revolución (Aplausos).
Ese libro nos revela muchas cosas, pero hay dos que son de suma importancia, o tres, diría yo: la primera, es Raúl siempre fiel y atravesado en el camino por y para Fidel, en quien reconoce al hermano y al líder (Aplausos).
En la Sierra Maestra, al llegar ellos allí, se encontraron con que algunos hombres estaban alzados por diversas razones:  algunos fueron útiles a la Revolución, y lo fueron y prestaron importantes servicios; otros, desgraciadamente, escogieron el camino equivocado.  En esas dobles aguas, después de La Plata, era obligatorio entregar las armas y el parque a Fidel, que era el que determinaba la distribución, y como él es fiel y detallado en las distribuciones, cosa que me consta, hasta un dedo de leche debía ser consultado, porque en los tiempos de tribulación se requiere un liderazgo, ¡y pobres de los que crean que los hombres o las mujeres no son determinantes en la historia!; el pueblo hace la historia, pero el pueblo es una suma de individualidades y siempre —no sé por qué— en los momentos trascendentales surge uno que se pone a la cabeza y esos son los que guían las vanguardias sociales y políticas, y las armas las tenía que distribuir él. Pero hubo alguien que se quiso quedar con la suya, no era uno de los compañeros que habían llegado en el Granma, no era uno de los hombres del Moncada, era uno de aquellos que se habían incorporado. Aquel deseo de apropiación pasó a convertirse en amenazante. Raúl se colocó en el medio y le dijo: “¡Me tienes que matar a mí, pero no a Fidel!” (Aplausos).
Otro momento importante. Si hubiéramos triunfado, o aquella generación triunfa en 1953, la Revolución habría terminado en un baño de sangre, porque no teníamos armas con qué defendernos, ni aun las del ejército habrían sido suficientes para enfrentar a un adversario tan poderoso, y entonces contamos con el apoyo de la Unión Soviética, que armó al país y lo preparó, y en su antedespacho están los retratos —único lugar en el mundo en que se conservan— de aquellos asesores que vinieron y extendieron su mano solidaria y algunos fueron sinceramente amigos, diría, todos.
No siempre podíamos coincidir —asumo el “podemos”, porque estoy como un narrador que está al margen de la historia—, no siempre todos tenían la razón, nuestras características y cualidades son siempre diferentes.  Ya en la Guerra Grande Máximo Gómez era diferente por completo a otro general, sus técnicas eran otras.  Cuando enfrenta a la columna española que amenaza a Bayamo, se tira del caballo y combate a pie. Esas eran las características de la guerra de Cuba, incomprensibles.  Ellos a veces no entendían que la formación y el núcleo de nuestro ejército era un ejército guerrillero, un ejército que con la ausencia de uno solo de los tres Comandantes de la Revolución, está representado hoy aquí, en las figuras que ustedes han ovacionado, el primero en entrar, el primer campesino que creyó en la causa de Cuba, de la Revolución y de Fidel, Guillermo García (Aplausos).  Y el segundo, el Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés (Aplausos), tan joven entonces, era para ellos Ramirito, y fue el compañero del Che, atravesando toda la isla de Cuba, y fue, además, el gran compañero de todos en la lucha.
Pero, además, en la sala, de paisano o vistiendo sus uniformes militares, están otros héroes de la isla de Cuba, otros héroes de la República de Cuba, que lo ganaron luchando, dirigiendo frentes o columnas y que llevan modestamente la Estrella de Héroes, ¡la estrella verdadera la tienen en la frente! (Aplausos.)
Pero a principio de los años ochenta el mundo estaba cambiando y comenzaba a debilitarse el poder de la Unión Soviética y comenzaban otras ideas y algunos, incluso, detestaban la idea de Cuba.  Leerán el libro, lo leerán y comprenderán quiénes fueron.
Y en el año 1980 Raúl estaba en Moscú y asistió a una reunión que él narra.  En esa reunión el traductor era soviético y la presidía el Primer Secretario del Comité Central, el hombre que tenía en sus manos el Partido y el poder de la Unión Soviética, Andrópov. Y Raúl narra a un periodista estas palabras:  La respuesta del máximo dirigente soviético fue tajante. Nosotros necesitamos —Cuba— apoyo público, algún gesto fuerte.
Ya Cuba había demostrado en la Crisis de los Misiles y en la batalla previa que éramos capaces nosotros de luchar.  Céspedes lo dijo siempre: “Ni un millón de hombres sobre las armas nos darían la victoria si no vamos a occidente.” Y cuando un timorato en su finca le preguntó: “¿Con qué armas...?”, respondió: “Las armas las tienen ellos.” Y esa fue una regularidad de nuestra historia; pero ahora la cosa era distinta, el compromiso era más grave y la agresión inminente, y entonces la parte soviética nos hizo saber que no estaba en disposición de plantearle a Estados Unidos ningún tipo de advertencia con relación a Cuba, ni siquiera recordar a Washington el compromiso de Kennedy de octubre de 1962, el cual siempre era puesto en duda por cada nueva administración norteamericana. Eso le dijo, Andrópov, diciéndole, además, que en caso de agresión, ellos no sacarían la cara, tendríamos que luchar nosotros.
Lo supieron Fidel y Raúl, el Buró Político aceptó que ellos dos, como dirigentes máximos de la Revolución, guardaran el secreto. No porque el pueblo cubano fuera a desalentarse, sino porque el país debía variar su doctrina militar y prepararse para una emboscada en cada esquina, una celada detrás de cada árbol, un francotirador sobre cada muro y esta sería la guerra de todo el pueblo, la nueva concepción militar de los cubanos, ya finalmente solos, ¡absolutamente solos!
Y con ese concepto de soledad, y él lo cita aquí, cuando se celebró el Congreso de nuestro Partido en Santiago, pude expresar, un poco atrevidamente: “Por primera vez somos libres de España, de los Estados Unidos y de la Unión Soviética.”  Ahora me refería a esa Unión Soviética que comenzaba a tambalearse; no a la de los amigos como Leonov, sino a la de aquellos que se apartaban por un camino que llegó finalmente a la extinción del socialismo en aquella nación.  Esa fue la realidad.  ¿Qué enfrentó el pueblo cubano poco después? El más duro período especial, la más dura prueba a la que fue sometido.
Pero, hermanos y hermanas, gran compensación hemos tenido. ¡Gran compensación hemos tenido! Si sobre las ruinas de Caracas destruida por el terremoto, Bolívar sobre ella dijo que si la naturaleza se enfrenta a nosotros, la dominaremos, Santiago lo ha demostrado ahora (Aplausos). Pero, ¿qué habría sido de Cuba sin sus Fuerzas Armadas, sin su ejército?  ¿Quiénes fueron los primeros que en la luz de la noche atravesaron nuevamente el río histórico y entraron hacia el oriente y hacia Santiago herida? ¿Quiénes? Las Fuerzas Armadas, ellas son el sostén firme y el baluarte, esa fue la creación de Fidel, Comandante en Jefe, y la creación de Raúl, como General de Ejército y como Ministro de las Fuerzas Armadas a lo largo de muchos años. Gracias a eso tenemos patria, y gracias a eso, hace pocos días, vimos el espectáculo compensador que nunca antes pudimos imaginar:  delante de todos los presidentes del continente, por la expresa voluntad de todos ellos, manifestada antes en Cartagena, Cuba estaba presente.  No se puede variar la historia.  No fuimos allí por un acto de clemencia de nadie, sino por una exigencia de los pueblos que a través de sus líderes expresaron que no podía existir otra conferencia con la excepción de Cuba.
Y entonces, como en silencio ha tenido que ser, la política exterior del país, firmemente guiada en estas ideas, negoció durante mucho tiempo y discutió con hidalguía, llegando a un punto cero en ese histórico debate de ideas para, finalmente allí, delante de todos los presidentes, Raúl recitar, como un aedo, la historia de este pueblo, la historia de sus luchas, la historia del porqué la razón de un patriotismo nacional, internacionalista y antiimperialista, y finalmente la mano entre iguales, y finalmente, hace pocas horas, la gloriosa bandera de Cuba subía en su mástil en Washington (Aplausos). Se ha reconocido la existencia de la Revolución y del Estado, negado y proscrito, y, en Derecho, solamente pueden pactar o discutir términos, partes iguales. Y, entonces, a título de igualdad comienza ahora un nuevo camino que, como él mismo ha dicho, será largo, para normalizar, ¡para normalizar! lo que hasta ahora ha estado roto.
Se rompió el día en que Calixto no pudo entrar en Santiago al frente del Ejército Libertador, con incontables pretextos. Se rompió el día en que impusieron a la república naciente el yugo de la enmienda; el día en que, sin consultar al Presidente o al Congreso, tenía que poder la república ser intervenida, tenían que ser las mujeres de Santiago —como las de otros lugares de Cuba, pero particularmente estas—, vestidas de negro, las que enfrentadas aquí al embajador norteamericano le exigieron justicia para sus hijos muertos.
Es por eso que tranquilos hoy podemos estar celebrando el aniversario 500 de Santiago. Por eso podemos estar juntos bajo el techo que ampara el nombre glorioso del poeta de la bandera, de José María Heredia. Por eso podemos reunirnos y abrazarnos hermanos y llamarnos cubanos, y dondequiera que estemos los cubanos, miraremos siempre desde el occidente donde se pone hacia el oriente donde nace, como está en el antiguo Escudo provincial, entre picos y montañas altas, la estrella luminosa de Cuba.
¡El libro ha sido presentado y Santiago honrado!

Muchas gracias (Aplausos).


Fuente:
http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2015-07-26/cuando-es-una-obra-fecunda-cuando-es-una-vida-intensa-cuando-es-una-obra-y-un-gran-legado-entonces-queda-en-la-memoria-de-los-hombres/



   

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