Había sospechas, conjeturas, hipótesis. Pero ahora Benjamin NETANYHAU se lo dijo al Congreso pleno de los Estados Unidos. En un pasaje de su insólita intervención, que convierte al pobre Barack Obama en un inquilino devaluado de la Casa Blanca que no puede impedir que un energúmeno en campaña vaya a sabotear las negociaciones de Washington con Teherán, dijo textualmente que "Irán ataca a EstadosUnidos y sus aliados utilizando su red global de terror. Hizo volar el centro de la comunidad judía (AMIA) y la Embajada de Israel en Buenos Aires." O sea: él sabe quienes fueron y al no denunciarlos -con nombres, apellidos y evidencias concretas- se convierte en un ENCUBRIDOR de terroristas. Razón demás no sólo para llamar a declarar al ex embajador israelí en Buenos Aires, Itzhak Aviran, sino al propio Netanyhau. Pero también puede ser que ninguno de los dos sepa nada y son apenas un par de demagogos de cuarta que medran con la mentalidad reaccionaria, racista e islamofóbica que se ha instalado en Occidente (y especialmente en Estados Unidos) y no por casualidad, sino como resultado de un proyecto muy bien pensado que tiene como su principal beneficiario al complejo militar-industrial de Estados Unidos y sus aliados, entre los cuales sobresalen las fuerzas de la reacción fascista o neonazi en Europa, Israel y los países del Golfo.

(La transcripción completa del discurso de Netanyhau, en inglés, se encuentra en: http://www.washingtonpost.com/…/full-text-netanyahus-addre…/
24.2.2015

CASO NISMAN: comparto un brillante artículo por una destacada penalista argentina que da por tierra con la charlatanería y la irresponsabilidad con que se ha manejado el caso, en donde cualquiera que tenía acceso a un medio de comunicación se creía con derecho a decir cualquier cosa. Lo de Lucía Larrandart instala la discusión en otro nivel. ¡Enhorabuena!



Página/12, Martes, 24 de febrero de 2015 


"Yo no soy Nisman"
http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Lucila Larrandart *

Lamenté profundamente la muerte de Alberto Nisman, a quien conocía por haberse desempeñado un tiempo como fiscal en el Tribunal Oral Federal que yo integraba y a quien apreciaba.
No obstante, tal hecho no me lleva a ocultar los graves defectos que contenía el escrito que presentara, titulado “denuncia”, desde la falta de descripción de conductas de los denunciados, pasando por la reiteración de conceptos y la falta de fundamentación y de pruebas, hasta la circunstancia que ninguna de las repetidas descripciones podía ser encuadrada en delito alguno de las leyes penales.
Pienso que lo que pudo haber determinado su presentación fue la posible trascendencia que tal hecho podía tener públicamente y que ello motivó que no examinara debidamente su contenido, desde el punto de vista jurídico y constitucional, ya que de haberlo hecho se hubiera percatado de los evidentes defectos que presentaba.
Si uno lee las 298 fojas que ocupa la “denuncia”, concluye en que parece acusar a la Presidenta y a su ministro de haber mantenido relaciones con otro país y, en ese marco, haber firmado un memorándum, afirmando reiteradamente que el “ilícito” lo constituyó el haberse propuesto el levantamiento de las órdenes internacionales de detención a través de Interpol, circunstancia que no sólo no se acreditaba en la presentación, sino que fue desmentida categóricamente por quien dirige dicha entidad, es decir que se trataba de una falsa imputación.
Asimismo, por ejemplo, cuando se refiere al diputado Andrés Larroque, la acusación pareciera consistir en ser una persona de confianza de la Presidenta y mantener entrevistas con ella. No se acompaña tampoco en este caso prueba alguna acerca de una conducta que constituyera sospecha de delito.
Los mismos hechos que Nisman describe y que considera constituyeron un “encubrimiento” pueden ser perfectamente interpretados de modo totalmente contrario, es decir, que ese mejoramiento en las relaciones se hacía con el fin de impulsar la investigación en la Justicia argentina y que se permitiera a los investigados prestar declaración indagatoria.
Tampoco resulta explicable que presente en el mes de ferias un escrito que no encuadra en los asuntos que habilitan la actuación de los tribunales en ese período y que tal circunstancia no resulte conocida por un fiscal de la Nación. Como tampoco que lo presente ante un juzgado que instruía otro hecho totalmente distinto y lejano en el tiempo respecto del ahora denunciado y que no sepa que debiera ir a sorteo.
Tampoco se percató de que un fiscal, cuando formula una denuncia –y con la gravedad institucional que ésta representaba– previamente debe haber investigado algo y recabado alguna prueba, más allá de recortes periodísticos y notas de revistas que expresan la opinión de quien las suscribe. Es decir, tales notas sólo pueden llevar a una previa investigación luego de la cual surja alguna prueba que sostenga una imputación fiscal.
Asimismo, de haber examinado jurídicamente su escrito, habría reparado en que no hay descripción alguna de hechos que se encuadren en ninguno de los tipos penales.
Es decir, tal indefinición de hechos y pruebas, las suposiciones sin sustento alguno –y que además no constituyen delito alguno–, la no fundamentación de una denuncia constituyen una violación del principio de legalidad y del derecho de defensa que enmarcan cualquier actuación ante la Justicia penal.
Evidentemente, se está utilizando a la Justicia con fines políticos. Eso puede ser utilizado por dirigentes políticos –el ejemplo más palpable es el de la diputada Elisa Carrió–, pero cuando un miembro de la Procuración General de la Nación hace un denuncia, otro es el eje que predomina y otro el valor que debe tener.
De otro modo –como desgraciadamente está sucediendo con frecuencia–, podría titularse “denuncia” cualquier presentación que se hiciera ante la Justicia con el solo fin de que ésta fuera difundida por los medios de comunicación y dañar la imagen pública de cualquier persona o de cualquier funcionario. Corresponde a la Justicia, precisamente, el poner límite a su utilización con fines políticos.
Es por ello y a fin de no lesionar las mencionadas garantías constitucionales que la denuncia debiera ser rechazada sin más trámite.

* Directora del Departamento de Derecho Penal. Facultad de Derecho, UBA.


Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas

Director: Ph.D. Atilio Boron

Coordinadora Académica: Dra. Sonia Winer

Síntesis
En tiempos como los actuales, en los que la depredación capitalista del medio ambiente ha llegado a niveles desconocidos en la historia, una reflexión sistemática sobre la geopolítica del imperialismo es más urgente e importante que nunca antes. Lamentablemente, la respuesta de la academia argentina aún no está a la altura de las circunstancias y el tema no ha sido abordado, hasta ahora, en los estudios de posgrado de nuestro país. Por esa razón el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED) conjuntamente con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL-UBA)  han convenido en lanzar la Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas con un plan de estudios crítico y transdisciplinar.
I
dentificación de la carrera
Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas

Duración
Dos cuatrimestres (un año lectivo)

Título que otorga
Diplomado en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas

Institución que titula:
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL-UBA)
Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED-CCC)

TODA LA INFO EN LÍNEA DISPONIBLE EN:



Finalidad y propósitos
La Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas tiene como finalidad ofrecer una respuesta a las demandas de formación político-sociales de personas idóneas de acuerdo a los nuevos escenarios regionales y perspectivas conceptuales en el campo de la geopolítica regional.

Perfil del título
El egresado tendrá una formación transdiscplinar sobre los problemas geopolíticos y de defensa globales, con énfasis en América Latina.
Se pretende que el egresado sea capaz de analizar críticamente dichas problemáticas desde argumentos transversales a las disciplinas que nutren al corpus académico tradicional, así como también desarrolle capacidades de consultoría especializada desde investigaciones y teorizaciones actualizadas.
Se busca que el egresado adquiera aptitudes suficientes que beneficien sus capacidades de colaborar, gestionar y liderar proyectos vinculados a la temática de la geopolítica y defensa latinoamericanas en organismos públicos y/o privados.

Alcances del título
El título otorgado brinda formación sustantiva para las siguientes competencias específicas:
-Asistir la planificación y conducción de procesos de diseño y ejecución de políticas en las áreas relacionadas a la geopolítica hemisférica.
-Interpretar críticamente los contenidos y contribuir con novedosos aportes a la promoción de políticas públicas que atraviesan dicho ámbito.


Cronograma de inscripción:
a) Fin del período de inscripción: 16 de marzo de 2015
b) Acceso al Campus: a partir del 23 de marzo de 2015.
c) Inicio de la Diplomatura: 1 de abril de 2015.
boton-formulario-de-inscripcion

Requisitos de ingreso:
Según lo establecido en el artículo N 7 de la Ley de Educación Superior N 24.521:
Para ingresar como alumno a las instituciones de nivel superior, se debe haber aprobado el nivel o el ciclo polimodal de enseñanza. Excepcionalmente, los mayores de 25 años que no reúnan esa condición, podrán ingresar siempre que demuestren, a través de las evaluaciones que las provincias, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires o las universidades en su caso establezcan, que tienen preparación y/o experiencia laboral acorde con los estudios que se proponen iniciar, así como aptitudes y conocimientos suficientes para cursarlos satisfactoriamente.


La implementación de la Diplomatura se encuentra sujeta a la matrículación recibida al momento de finalizada la inscripción
+ INFO y Consultas
21.2.2015

Toda la prensa hegemónica y los “intelectuales bienpensantes” (como dice Alfonso Sastre) acusan al gobierno bolivariano de tiránico y totalitario por haber apresado a Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas. Tuvo suerte este personaje, porque le hubiera ido mucho peor si lo que hizo en Venezuela: participar en una conspiración para derrocar por medios violentos al gobierno, lo hubiese hecho en Estados Unidos. A continuación, algunos antecedentes de utilidad para contextualizar su detención y, de paso, la de Leopoldo López, otro que cuenta con iguales o peores antecedentes que Ledezma.

Antonio Ledezma

En efecto, la legislación de Estados Unidos considera como un crimen federal cualquier acto de un nacional que “organice, ayude o intente organizar una sociedad, grupo o conjunto de personas que enseñan, promueven o alientan el derrocamiento o destrucción del gobierno.” Para que se configure esta figura penal no es necesario que el plan urdido por los conspiradores sea llevado a la práctica. Basta con haberlo concebido. En virtud de esta legislación, en 1981 Oscar López Rivera -un líder independentista de Puerto Rico y veterano de la Guerra de Vietnam- fue declarado culpable y condenado a 70 años de prisión por conspiración sediciosa y otros delitos. Después del primer atentado contra las Torres Gemelas, en 1993, las investigaciones condujeron a la detención de Omar-Abdel Rahman -un invidente clérigo musulmán, nacido en Egipto y residente en New Jersey- y nueve otras personas, todas acusadas de “conspiración sediciosa” por estar involucradas en un plan supuestamente destinado a librar una guerra terrorista contra los Estados Unidos y su gobierno. Los inculpados no llegaron a concretar sus propósitos pero se los condenó por haber puesto en marcha un complot destinado a tal fin. La evidencia: se los sorprendió manipulando sustancias explosivas en un garaje de Queens. Pese a que el clérigo ciego mal podría haber participado en la preparación de las bombas que supuestamente se colocarían en las Torres Gemelas fue acusado de ofrecer una justificación religiosa a los conspiradores. Todos fueron condenados en 1996, y a Rahman el juez Michael Mukasey le impuso una condena de prisión perpetua. Después de los atentados del 11 de Septiembre del 2001 y con la aprobación de la Ley Patriota (Pub. L. No. 107-56, 115 Stat. 272) se acentuaron las prerrogativas del Ejecutivo para perseguir a quienes el presidente considere han planeado, autorizado, ayudado a realizar o realizado actos hostiles o ataques en contra de Estados Unidos y su gobierno. 
Omar-Abdel Rahman
Ledezma apoyó abiertamente el golpe de estado de Abril del 2002 y luego el paro petrolero de 2002-2003. Fue un activo promotor y protagonista del “Plan Salida”, del 2014, cuyos desmanes y guarimbas sembraron la destrucción en el país y provocaron la muerte de 43 venezolanos. Y en los últimos días se involucró de lleno en la propuesta de “cambio de régimen”, abogando por el derrocamiento y reemplazo extraconstitucional del gobierno de Nicolás Maduro. Por su participación en el golpe del 2002 y el paro petrolero Ledezma estaría sirviendo una condena de 20 años en los Estados Unidos, y no podría haber proseguido su carrera política como lo hizo bajo la “tiranía chavista”, como con evidente perversidad gustan decir él, Leopoldo López y Corina Machado. Curiosa tiranía esta que permite que conspiradores sediciosos actúen libremente, compitan por cargos públicos, dispongan de ilimitado acceso a la prensa y difamen a diario a las autoridades legítimamente constituidas del país, convocando a tales efectos la ayuda y el apoyo de terceros países, lo que en Estados Unidos agravaría las penas. 
Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma

La magnanimidad de la revolución bolivariana le permitió a Ledezma seguir disfrutando de todas las garantías del Estado de Derecho y, bajo ese amparo, promover arteramente la violación del orden constitucional. Esto no lo podría hacer hecho en Estados Unidos. Pero ya sabemos que Washington padece de esquizofrenia aguda: quien sería condenado por sedicioso puertas adentro se convierte en un heroico “combatiente de la libertad” cuando sus crímenes los perpetra contra un gobierno que no es de su agrado y al que trata de destruir apelando a cualquier recurso. 

( Ver un detalle del prontuario golpista de Ledezma en:http://www.telesurtv.net/…/Conozca-al-alcalde-detenido-en-V… )

 


(Por Atilio A. Boron) Hace poco más de un año la derecha fascista venezolana lanzaba una nueva ofensiva dirigida a provocar la “salida” del presidente Nicolás Maduro. La “salida” era un eufemismo para designar una convocatoria a la sedición, es decir, la destitución por medios violentos, ilegales y anticonstitucionales del mandatario legal y legítimamente electo por el pueblo venezolano. Esta iniciativa fue rodeada por un halo de heroísmo por la prensa de derecha de todo el continente, que con sus engañifas y sus “mentiras que parecen verdades” -según la perspicaz expresión de Mario Vargas Llosa-  intentó concretar una audaz de operación de alquimia política: convertir a un grupo de sediciosos en épicos “combatientes de la libertad”. Todo esto, naturalmente, fue alentado, organizado y financiado desde la Casa Blanca que a la fecha aún no ha reconocido el triunfo de Maduro en las elecciones presidenciales del 14 de Abril del 2013. Washington ha sido en cambio veloz como un rayo para bendecir la elección de Otto Pérez Molina, un general guatemalteco involucrado en una macabra historia de represión genocida en su país; o para consagrar la elección de Porfirio Lobo en un fraudulento proceso electoral urdido por el régimen golpista que destituyó al presidente legítimo José Manuel “Mel” Zelaya y sumió a Honduras en un interminable baño de sangre. Pero una cosa son los amigos y otra muy distinta los enemigos o, mejor dicho, los gobiernos que por no arrodillarse ante los úkases imperiales se convierten en enemigos. La República Bolivariana de Venezuela es uno de ellos, al igual que nuestra Cuba, Bolivia y Ecuador. Al desconocer el veredicto de las urnas Washington no sólo transgrede la legalidad internacional sino que, además, se convierte en instigador y cómplice de los sediciosos cuya obra de destrucción y muerte cobró la vida de 43 venezolanas y venezolanos (en su gran mayoría chavistas o miembros de los cuerpos de seguridad del estado).


En estas últimas semanas Estados Unidos ha redoblado sus esfuerzos desestabilizadores, pero levantando la apuesta. Si antes procedía a través de una pandilla de sediciosos que en cualquier país del mundo estarían en la cárcel y sentenciados a cumplir durísimas condenas, hoy desconfía de sus peones venezolanos, toma el asunto en sus propias manos e interviene directamente. Ya no son aquellos obscenos paniaguados del imperio, tipo Leopoldo López, María Corina Machado o Henrique Capriles los que impulsan la desestabilización y el caos, sino la propia Casa Blanca. Un imperio “atendido por sus dueños” que descarga una batería de medidas de agresión diplomática y sanciones económicas que se montan sobre la campaña de terrorismo mediático lanzada desde los inicios de la Revolución Bolivariana hasta llegar, en los días pasados, a promover un golpe de estado en donde las huellas de la Casa Blanca aparecen por todos lados. Respondiendo a esas imputaciones la vocera del Departamento de Estado Jen Psaki dijo que eran “ridículas” y que “los Estados Unidos no apoyan transiciones políticas por medios no-constitucionales. Las transiciones políticas deben ser democráticas, constitucionales, pacíficas y legales.” Es obvio que la vocera es una mentirosa serial y descarada o, hipótesis más benévola, padece de una grave enfermedad que le ha borrado la memoria de su disco duro neuronal. Para repararlo bastaría con invitarla a que vea un despacho de la CBC News que muestra a una de sus superiores, la Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Euroasiáticos, Victoria Nuland, conversando amablemente con los neonazis que ocupaban la Plaza Maidan de Kiev y exigían la renuncia del Presidente Viktor Yanukovich, cosa que lograron pocos días después luego de una serie de violentas acciones.[1] Más tarde las bandas neonazis del Pravy Sektor atacaron un local sindical en Odessa donde se agruparon los opositores al golpe perpetrado en Ucrania, le prendieron fuego y quemaron vivos una treintena de personas mientras desde afuera disparaban contra quienes trataban de huir del edificio en llamas. Esos bandidos, alentados por Washington con la presencia de Nuland, actuaron al igual que los criminales del Estado Islámico cuando capturaron a un piloto del avión caza jordano, lo encerraron en una jaula y le prendieron fuego. Esto fue una atrocidad incalificable, lo otro un lamentable incidente que apenas si mereció un comentario del Departamento de Estado. Por último, habría que recordarle a la desmemoriada vocera que fue el propio Presidente Barack Obama quien dijo que Estados Unidos "en ocasiones tuerce el brazo a los países cuando no hacen lo que queremos". Venezuela desde 1998 no hace lo que Washington quiere, y por eso trata de torcerle el brazo con una parafernalia de iniciativas dentro de las cuales ahora vuelve a incluirse, como en el 2002, el golpe militar.[2]

Algunos podrían objetar que la denuncia del gobierno bolivariano es alarmista, infundada y que no hubo tentativa golpista alguna. Quienes piensan de ese modo ignoran (o prefieren ignorar) las lecciones de la historia latinoamericana. Estas demuestran que los golpes de estado siempre comienzan como acciones puntuales, aparentemente insensatas y alocadas de un grupo, y que no deben ser tomadas en serio. Es más: se suele acusar a los gobiernos que desbaratan o denuncian este tipo de actividades-¡que son el embrión del golpe de estado!-  como irresponsables que llevan zozobra a la población viendo fantasmas donde hay tan sólo un pequeño núcleo de fanáticos que desean llamar la atención de las autoridades. En todo caso, ¿cómo olvidar la labor preparatoria de la derecha venezolana cuando pocas semanas atrás invitó a los ex presidentes Andrés Pastrana, Felipe Calderón y Sebastián Piñera para visitar a Leopoldo López, con el pretexto de participar en un foro sobre el empoderamiento de la ciudadanía y la democracia?  O  cuando da a conocer un comunicado conjunto firmado por los principales líderes fascistas venezolanos: Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, oportunamente fechado el 14 de Febrero y que luego de un diagnóstico apocalíptico de la realidad venezolana termina diciendo que “ha llegado la hora del cambio. El inmenso sufrimiento de nuestro pueblo no admite más dilaciones.” En todo ese comunicado sólo se utilizan los términos que son marca registrada de la Casa Blanca: “transición, cambio de régimen” sin la menor alusión al referendo revocatorio, dispositivo institucional de recambio de gobierno previsto por la constitución chavista e inexistente en los países de los ex presidentes arriba mencionados, pese a lo cual se acusa a Venezuela de ser un “estado totalitario” a la vez que los países que no disponen de semejante cláusula son caracterizados como ejemplares democracias, cuyos presidentes pueden ir a la República Bolivariana a dar lecciones de democracia. ¿Por qué no se alude a ese recurso? Porque ni Washington ni sus secuaces piensan en un cambio dentro de la legalidad. El libreto imperial es el recambio violento, estilo Libia o Ucrania o, en el mejor de los casos, un “golpe parlamentario”, como el que derrocó a Lugo, o en uno “judicial”, como el que precipitó la caída de Zelaya.[3] ¡Olvídense de la constitución!

Recapitulando: tenemos la voluntad de Washington para acabar con el proceso bolivariano, como lo hicieron en tantos otros países; están también las tropas de choque locales, la derecha fascista o fascistoide que cuenta con un impresionante apoyo mediático dentro y fuera de Venezuela; y apareció también la vanguardia golpista que fue descubierta y desbaratada por el gobierno de Maduro. La técnica del golpe de estado enseña que hay que proceder metódicamente: siempre se comienza con un pequeño sector que toma la delantera y sirve para probar los reflejos del gobierno y la correlación de fuerzas en las calles y los cuarteles. Nunca son la totalidad de las fuerzas armadas y el bloque sedicioso quienes salen al ruedo y, al unísono, se sublevan en masa. No fue eso lo ocurrido en contra de Salvador Allende en Chile. Fue la Infantería de Marina la que a primeras horas de la mañana del 11 de Septiembre ocupó las calles de Valparaíso, desencadenando una reacción en cadena que terminó con el golpe de estado. Lo mismo ocurrió con el derrocamiento de Juan Perón en la Argentina de 1955, cuando una guarnición de Córdoba se levantó en armas. Y otro tanto se verificó en el Ecuador el 30 de Septiembre de 2010, cuando se produjo la insubordinación de la Policía Nacional que retuvo durante más de unas 12 horas en su poder al presidente Rafael Correa. La inmediata reacción popular abortó el golpe, impidiendo que la vanguardia golpista recibiera el respaldo militar y político necesario para que el proceso rematara en el derrocamiento del presidente ecuatoriano. La inacción o la subestimación oficial ante lo que al principio aparece como una manifestación extravagante, minúscula e inofensiva de una patrulla perdida es lo que termina desencadenando el golpe de estado.[4]  

Cabría preguntarse por las razones de esta desorbitada reacción del imperio, evidenciada no sólo en el caso de la República Bolivariana sino también en Ucrania. La respuesta la hemos dado hace tiempo: los imperios se tornan más violentos y brutales en su fase de decadencia y descomposición.[5] Esta es una ley sociológica comprobada en numerosos casos, comenzando por la historia de los imperios romano, otomano, español, portugués, británico y francés. ¿Por qué habría de ser la excepción Estados Unidos? Máxime si se tiene en cuenta que la decadencia norteamericana –reconocida por los principales estrategas del imperio- va acompañada por una rápida recomposición de la estructura del poder mundial, en donde el fugaz unipolarismo norteamericano que brotara de las ruinas de la Unión Soviética –un infantil espejismo alentado por Bill Clinton y George W. Bush y sus inefables asesores- y que anunciaba con bombos y platillos el advenimiento del “nuevo siglo americano” se deshizo como  un pequeño pedazo de hielo arrojado en las ardientes arenas del Sahara. Ahora el imperio tiene que vérselas con un mundo multipolar, con aliados más tibios y reticentes, tributarios cada vez más desobedientes y enemigos cada vez más poderosos. En ese contexto Venezuela, la primera reserva de petróleo del planeta, adquiere una importancia esencial y la reconquista de ese país no puede demorarse mucho más.  O, como dice el comunicado golpista de la derecha, “sin más dilaciones.”

Una última referencia tiene que ver con los blancos escogidos por los frustrados golpistas para realizar sus bombardeos. Aparte de edificios gubernamentales clave la lista incluía las instalaciones de Telesur en Caracas. Se comprenden las razones detrás de este siniestro plan pues tantos los golpistas como sus instigadores, de afuera y de adentro del país, saben muy bien el fundamental aporte de Telesur en informar desde una perspectiva nuestroamericana y en despertar y cultivar la conciencia antiimperialista en la región. Producto de la visión estratégica del Comandante Chávez, que concibió a esa empresa pública multinacional como un instrumento eficaz para librar la gran batalla de ideas en la que estamos empeñados, su gravitación internacional y su credibilidad no han dejado de crecer desde entonces. Su programación tiene un notable contenido informativo y educativo, y la capacidad de quienes allí trabajan ha permitido que millones de personas en todo el mundo puedan comprobar las mentiras propaladas por los medios del establishment. Mencionaremos sólo dos casos, de los tantos que podrían escogerse: el informe sobre el golpe de estado en contra de Zelaya, minuciosamente omitido por la televisión del sistema y cuando ya no podían ocultarlo lo tergiversaban; y el desenmascaramiento de la noticia que decía que la aviación de Gadaffi estaba bombardeando posiciones de indefensos civiles en la ciudad de Bengasi, cabecera de playa de la OTAN en su proyecto, desgraciadamente culminado exitosamente, de matar a Gadaffi y destruir Libia. Mientras toda la prensa internacional mentía alevosamente Telesur fue el único medio que durante cuatro días dijo la verdad que luego todos debieron reconocer. Que no hubo bombardeos y que los supuestos civiles indefensos eran en realidad una sanguinaria pandilla de mercenarios lanzados al saqueo y el asesinato por Estados Unidos y sus compinches europeos. Por eso los fascistas tenían a esa empresa como objetivo a destruir. Y esto es un timbre de honor del cual los colegas y amigos de Telesur pueden enorgullecerse. Habría sido motivo de preocupación que hubieran desestimado a Telesur en sus planes golpistas. Pueden decir, con orgullo, el Quijote: “ladran Sancho, señal que estamos cabalgando.”


[2] Obama pronunció esa desgraciada (pero sincera) frase en un reportaje concedido a VOX. Ver http://actualidad.rt.com/actualidad/166016-obama-torcer-brazos-paises

[4] Sobre este tema es imprescindible consultar el estudio de Marcos Roitman Rosenmann, Tiempos de Oscuridad. Historia de los golpes de estado en América Latina (Madrid: Akal, 2013)
[5] Desarrollamos esta tesis en nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo  (ediciones varias en Argentina, Estado Español, Cuba, México, Venezuela y próximamente en Bolivia, Brasil y Ecuador)



(Por Atilio A. Boron) En más de una ocasión el brillante dramaturgo, poeta y ensayista alemán Bertolt Brecht dijo que “el capitalismo es un caballero que no desea se lo llame por su nombre.” Comunista hasta la médula, Brecht ironizaba sobre la flagrante  anomalía de un sistema que al paso que se vanagloria de ser la expresión más elevada del desarrollo económico, moral e intelectual de su tiempo curiosamente se esfuerza para no ser llamado por su nombre. ¿Cómo explicar esta contradicción? Si es tan bueno y virtuoso como lo dicen sus beneficiarios y publicistas, ¿por qué no quiere que se le reconozca? 



La razón de este ocultamiento es fácil de entender: el capitalismo no es ese régimen de libertad, justicia, igualdad, derechos humanos que pregonan sus defensores sino su exacto reverso. Su violenta irrupción en la historia, retratada con caracteres imborrables por Marx en El Capital, se produjo “chorreando sangre y barro por todos sus poros.” Sangre y barro causados por la destrucción de viejos modos de producción que resistieron cuanto pudieron la instauración de un brutal régimen económico-social que, por primera vez en la historia de la humanidad, separaba a los productores de sus medios de producción y, en consecuencia, a la inmensa mayoría de la población de sus condiciones de existencia. Lejos de ser una emanación natural del espíritu humano         -como falazmente argumentan Hayek, Popper y una pléyade de ideólogos conservadores- el capitalismo es un sistema profundamente inhumano e incorregiblemente destructor del medio ambiente y de los bienes comunes de la Madre Tierra. Por eso siempre vive obsesionado por pasar inadvertido, ocultando su naturaleza predatoria, la explotación del trabajo asalariado y las clases y capas subalternas, la refuncionalización del patriarcado, la opulencia de sus clases dominantes y el carácter de clase del estado mediante el cual estas mantienen bajo su égida al conjunto de la sociedad. Encubriendo también la incontrolable polarización económica y social que se origina en sus leyes de movimiento y que ha llevado a la escandalosa situación actual, cuando el 1 % más rico de la población mundial se adueña del 48 % de la riqueza del planeta en el 2014, y a punto de acceder a un control absolutamente mayoritario a partir del 2016 según el reciente informe que Oxfam presentara ante el Foro Económico Mundial de Davos en enero pasado.



Por eso la legión de publicistas, ideólogos y académicos del capitalismo se cuidan de usar este término. En su lugar hablan de “la economía”, “sistema de libre competencia” (¡en la era de los megamonopolios!) o “los mercados”. Al no llamar las cosas por su nombre, al no decir que esto es capitalismo y que con él se instaura la dictadura del capital -con sus previsibles ganadores, que se enriquecen escandalosamente, y sus igualmente previsibles perdedores, que cada día son más- el escamoteo del nombre permite engañar a las clases y capas subalternas haciéndoles creer que este sistema es la única forma de organizar la vida económica de manera racional, estigmatizando como irracional o artificial (porque lo “natural” es el capitalismo)  cualquier otro modo de producción alternativo. Toda la industria cultural de la burguesía tiene como objetivo presentarlo como un sistema justo, equitativo y abierto, y en el cual cualquiera puede convertirse en millonario si trabaja arduamente para conseguirlo.


Fiel reflejo de esta actitud es el antológico editorial del día de hoy del diario La Nación (Buenos Aires) a propósito de las teorías del economista francés Thomas Piketty. Dice textualmente en su enojosa crítica enfilada no sólo a las tesis planteadas en El Capital en el Siglo XXI sino también al título de su obra, que “la catalogación de este sistema social como ‘capitalismo’ abre un espacio atractivo para su impugnación”, lo cual por supuesto es altamente indeseable. ¿Por qué sería susceptible de impugnación? Porque “la propiedad del capital despierta sentimientos adversos.” ¿Y por qué habrían de despertarse tales sentimientos? Respuesta: porque “se intuye que el capital se alimenta de egoísmo y hasta de avaricia.” Por supuesto: según este diario la crítica al capitalismo carece de fundamentos objetivos, es demagógica y se basa en meros “sentimientos” e “intuiciones” que estigmatizan el paciente esfuerzo del buen burgués que crea riqueza y facilita su derrame hacia el conjunto de la sociedad. La pobreza de su crítica a Piketty es conmovedora, y despierta más compasión que ira dada la rusticidad de su argumentación. Un macarthismo trasnochado viene de la mano de una indigesta mezcla de ignorancia y soberbia que le permite al editorialista desacreditar un trabajo que es criticable desde el punto de vista teórico por su lejanía con los análisis de Marx sobre el capitalismo (cosa que La Nación comprueba con satisfacción), lo que le inhibe al economista francés pensar en términos históricos-estructurales las raíces y el curso futuro de las dos veces centenaria polarización de ingresos y riqueza inapelablemente  documentada en su libro. Más allá de cualquier balance sobre su inigualable capacidad de creación de riquezas, la evidencia de dos siglos confirma la infranqueable dificultad del capitalismo para distribuir con un mínimo de equidad la riqueza socialmente producida. El resultado fue la construcción de sociedades más desiguales e injustas. Acorralado por el diluvio de datos empíricos irrebatibles, el editorialista se limita a bramar con furia que se trata de “mediciones cuantitativas de distribución del ingreso groseramente estimadas por los ayudantes de Piketty”. Esto pone de manifiesto que ni siquiera sabe como se construyeron esos datos y los notables antecedentes académicos de los “ayudantes” del francés. En fin, una comprobación más de la deplorable metamorfosis del periodismo, devenido en burdo dispositivo de propaganda al servicio de los inconfesables intereses de un caballero que por muchas razones no quiere ser llamado por su nombre.

13.2.2015

Comparto una estupenda nota de Fernando Buen Abad Domínguez sobre el proyecto golpista frustrado el día de ayer en Venezuela y que tenía como uno de sus objetivos el bombardeo de las instalaciones de Telesur en Caracas. Hago mías sus palabras y me complace en compartirlas con todos ustedes.



YO SOY TELESUR
Je suis TeleSur

Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía

Querían golpear, también, a TeleSur porque les estorba enormemente esa gran táctica de Chávez y Maduro que consiste en divulgar la verdad. El poder de la verdad en la boca de los pueblos. Quedó desenmascarado el ataque perverso contra TeleSur y Venezuela que no han hecho más que fijar como su Norte el Sur. Querían bombardear sus oficinas en Caracas porque la “oposición” nazi-fascista está sumida en un berrinche histérico de impotencia y desesperación. Es odio vetusto de alto nivel dirigido contra TeleSur y el Socialismo.
La verdad y la libertad juegan un papel central para producir información inteligente e inteligible. Es un cometido nodal  para ganar posiciones en la experiencia comunicacional revolucionaria. Es un cometido de integración Socialista que Chávez anheló siempre y, por eso, golpearlo implica para los “opositores” nazi-fascistas una forma de golpear a Chávez en algo de lo que más brilla de su legado que son sus tácticas y sus estrategias de comunicación.
TeleSur es una de las mejores fuentes de información en todo el planeta, es una decisión política estratégica de envergadura trascendental en la ruta de cambiar los paradigmas informativos que nuestros pueblos necesitan para la construcción de su independencia y soberanía semántica. Es una televisora cuya complejidad de objetivos debe avanzar en terrenos muy ásperos y no pocas veces peligrosos. En un continente secuestrado por las cadenas mediáticas de la oligarquía, país por país, nada fácil es ser herramienta al servicio del ideal de integración latinoamericana y caribeña.  TeleSur es un espejo continental invaluable para mirar nuestros logros y nuestras debilidades más significativos. Sin pasar por el discurso del imperio. Y, además de espejo, es una herramienta de intervención política sobre la realidad por la vía de la información liberada de la dictadura de la mercancía noticiosa.
 Su “norte” es, también, la verdad. TeleSur ha transmitido desde un país sitiado mediáticamente, transmitiendo imágenes de todo el mundo a todo el mundo. Es televisión en vivo y en red con evidencias documentales y noticiosas que, a pesar de las amenazas oligarcas, no dejar de transmitir, aunque los días se pongan difíciles, aunque intentaron bombardearla. No cabe duda de que lo que querían hacer, realmente, es una etapa de la “guerra de terror” apoyada los medios burgueses en todas partes. La guerra contra TeleSur es financiada, también, por empresas mediáticas hambrientas de dominar al mundo. No hay que esperar un bombardeo para advertir cuáles son los anhelos de semejante amenaza contra una televisora de la Revolución.

No toleraremos la impunidad
Es preciso movilizar una protesta Internacional que sea capaz, incluso, de frenar esta escalada de violencia y muerte contra los periodistas más comprometidos con la verdad. Se trata de una escalada orquestada por asesinos títere que colaboran con el saqueo de los recursos naturales, la explotación de los trabajadores y la alienación de las masas. No nos acostumbremos al pisoteo. Son miles de periodistas honestos que, a diestra y siniestra, sufren descargas de violencia por informar con la verdad… con su aliento ético innegociable. Son miles los periodistas amenazados para callar las voces que muestran y denuncian la degradación a que son sometidos nuestros pueblos.
No es una casualidad que se trate de una agresión más contra Tele Sur. No es una equivocación, no se trata de una coincidencia… esto es un plan que repite sus patrones de un lado al otro, esto es una arremetida cínica que tiene filos múltiples pensada por las maquinarias de conspiradores asalariados para agudizar conflictos internacionales, poner bozal al periodismo independiente, desprestigiar lo mejor que tenemos en tareas periodísticas… asesinar a la verdad a cualquier precio. Y asesinar al presidente de Venezuela para asesinar a su Revolución Socialista.
No es una “hecho aislado”. Esta agresión tiene significados perversos y ya hemos visto cómo se compartan los lebreles del imperio a la hora de deformar la realidad y suprimir la libertad de expresión. He aquí un caso que los desnuda íntegramente. ¿Quién dio la orden? Esto es una prueba más del drama cotidiano en que vive Venezuela asediada por una “Guerra Económica” y una Guerra del capitalismo.
Debemos iniciar al lado de Tele Sur, y de sus trabajadores, una denuncia mundial muy enfática. Exigir que cese toda esa violencia e imponer justicia social abiertamente, públicamente, inmediatamente. Es nuestra obligación solidaria con Tele Sur y con sus trabajadores, camaradas nuestros, y exigiremos su solidaridad a todos los colegas que en organizaciones internacionales puedan ayudar a defender a Tele Sur y a todos los que, de igual manera, están bajo riesgo de represión y muerte por buscar apasionadamente la verdad para que sirva a la emancipación de los pueblos… a los trabajadores sólo los salvan los trabajadores.
No podrán silenciarnos. Exijamos investigación y sanción con intervención directa de los trabajadores y las organizaciones de periodistas. Investigación y sanción jurídica y política en manos de los trabajadores, también. Acompañamiento solidario y fraternal para sus familiares. Que jamás no se repita. ¡Jamás!


Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Universidad de la Filosofía

http://universidaddelafilosofia.blogspot.com/

  
(Por Atilio A. Boron)  Se ha convertido un lugar común decir, a propósito de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que “cosas como estas sólo ocurren en la Argentina”. Una nota aparecida en la página de opinión del New York Times del Martes 10 de Febrero abona la supuesta verdad contenida en esa afirmación que, como era de esperar, fue reproducida y agigantada hasta extremos indecibles por la prensa hegemónica y los intereses del bloque oligárquico-imperialista empeñado en acelerar, también en la Argentina, un “cambio de régimen” sin tener que atenerse a los plazos y nimiedades establecidas por la Constitución y la legislación electoral.  Y decimos supuesta porque si hay algo que enseña la historia comparada contemporánea es que casos como el de Nisman: muertes sospechosas, imposibles de certificar si fueron suicidios o asesinatos, no son infrecuentes  en las principales democracias del mundo. Casos que, casi invariablemente, se archivaron rápidamente señalando causas y culpables de menos que improbable verosimilitud.



En lugar de sermonear a los argentinos por el caso Nisman el diario neoyorkino podría hacerle un servicio a su país si investigase seriamente el asesinato de John F. Kennedy o el de otros connotados personajes de la política norteamericana que murieron bajo asombrosas  circunstancias, para decirlo con benevolencia. La forma en que se investigó y se cerró el caso de JFK con el Informe Warren que dictaminó que Lee H. Oswald actuó en solitario para matar a JFK y herir al Gobernador Connally, y que Jacob Rubenstein (a) Jack Ruby, un conocido hampón y narcotraficante de Dallas,  hizo lo mismo al matar a Oswald dos días después en la propia comisaría. Pocas cosas contribuyeron tanto al descrédito del sistema judicial de EEUU como ese informe refrendado por la Corte Suprema de ese país. El NYT, que con tanto entusiasmo adhirió a la absurda teoría de que había armas de destrucción masiva en Irak haría bien en tratar de develar las razones y consecuencias de una mentira que costó millones de vidas, heridos y gentes desplazadas; o de ilustrar a sus lectores qué ocurrió con Osama Bin Laden, cuya supuesta muerte en Mayo del 2011 quedó sellada en las profundidades del Océano Índico mientras un espectro de sospechas corroe hasta el tuétano la credibilidad de la justicia y el gobierno de Estados Unidos, lo mismo que los macabros misterios -cada vez menos herméticos y más cuestionados- que rodean los sospechosos atentados del 11-S. La lista sería tan extensa que necesitaríamos una página simplemente para enumerar las principales muertes de altos funcionarios o personas muy allegadas al poder político en Estados Unidos. Tomemos el caso de dos exdirectores de la CIA. William Colby lo fue entre 1973 y 1976 falleció en 1996 mientras hacía una solitaria excursión en canoa en un río cercano a su domicilio en Maryland. Colby duró poco en su cargo; no era muy bien visto por sus colegas en la Agencia porque sentía que algunos de sus “agentes operativos” (vulgo: killers) gozaban de demasiadas prerrogativas y desconfiaba de los verdaderos propósitos de algunas de sus operaciones secretas. Otro ex Director de la CIA, William J. Casey, dirigió la agencia entre 1981 y el año de su muerte, 1987, sirviendo en tal calidad durante casi todo el período presidencial de Ronald Reagan. Casey, un fundamentalista católico, carecía de los escrúpulos que le llevaron a su predecesor a sufrir un fatal accidente náutico. Pero tuvo mala suerte también él, porque falleció pocas horas antes de testificar en el Congreso sobre la criminal operación Irán-Contra y también sobre la intervención de la CIA en el reclutamiento y organización de los mujaidines afganos bajo el liderazgo de Osama bin Laden. La versión oficial, apta sólo para ingenuos incurables, es que Casey padecía de un extraño tumor cerebral que de la noche a la mañana se agravó hasta privarlo del habla y, un par de días después, despacharlo al otro mundo. Otro caso interesante es el del senador republicano John Tower, que a mediados de los setentas presidió junto con el demócrata Frank Church un comité que examinó el papel de la CIA en el golpe de estado de Chile de 1973. En el curso de la investigación se descubrió que la CIA estaba desarrollando una pistola altamente sofisticada que podía eliminar enemigos políticos inoculándoles bacterias o gérmenes letales mediante el disparo de un rayo ultracongelado que penetraba en el organismo de la víctima sin que esta fuera consciente de ello. Tower murió en un accidente de un pequeño avión de línea regional. Otro desafortunado fue Vincent Foster, un amigo y  consejero del Presidente Clinton que supuestamente se suicidó en 1993. La investigación estuvo plagada de irregularidades, incomprensibles en el caso de un sujeto tan cercano a la familia presidencial, nacido y criado en el mismo pueblo en Arkansas. Un informe señala que llamó al celular de Hillary Clinton unas pocas horas antes de su muerte. El caso se catalogó como suicidio y asunto concluido.

Como vemos, el NYT tiene una lista de temas bastante extensa para preocuparse, además del caso Nisman. Si cruzamos el Atlántico las cosas no mejoran. Uno de los incidentes más resonantes de los últimos tiempos es el del notable científico británico y autoridad reconocida en el tema de la guerra bacteriológica: David Christopher Kelly. Había sido inspector de la ONU en Irak en aquella búsqueda absurda de las supuestas armas de destrucción masiva y que todos sabían que no estaban allí. Kelly fue llamado a testimoniar ante el Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Británico y se produjo un áspero debate en donde refutó inapelablemente la postura de los secuaces parlamentarios del Primer Ministro Tony Blair, íntimo aliado de las mentiras y crímenes de George W. Bush. Dos días después y en medio de la conmoción que habían producido sus declaraciones Kelly apareció muerto. La información oficial dijo que se había suicidado, y a diferencia de lo ocurrido hasta ahora con Nisman la comisión parlamentaria dirigida por Lord Hutton resolvió, luego de una pericia más que superficial, archivar todos los elementos probatorios del caso (incluyendo la autopsia y las fotografías del cadáver) y resguardarlos como material clasificado por un plazo de 70 años. Este sí es un caso de “encubrimiento” que debería despertar las iras de tantos políticos argentinos que con total irresponsabilidad apelan a esa figura jurídica, aunque demuestran su incoherencia, o mala fe, cuando se cuidan de aplicarla a quienes conspiraron para encubrir “la pista siria” y la “conexión local”, también involucrados en el criminal atentado de la AMIA y, no olvidemos, de la Embajada de Israel, de la cual sorprende lo poco que se habla.
Podríamos seguir con este listado: mencionemos sólo otros dos en suelo europeo. El del Papa Juan Pablo I que entra en esa misma categoría de crímenes irresueltos, aunque un pesado manto de silencio impidió que se investigara tan exhaustivamente como ocurriera con JFK. Otro: Olof Palme, asesinado en las escalinatas de una calle céntrica de una ciudad segura y tranquila como Estocolmo, sin haberse jamás hallado al magnicida cuando en Suecia hasta el ratero más insignificante es aprehendido por las fuerzas policiales en menos que canta un gallo.
De lo anterior se desprende que el discurso que proclama una suerte de aberrante “excepcionalismo” argentino carece de fundamento. Por supuesto, esto no equivale a minimizar la gravedad de la muerte del ex fiscal o a cerrar los ojos ante la impericia con que actualmente se está investigando el caso Nisman; o no investigando la muerte de los 10 bomberos en el harto sospechoso incendio de Iron Mountain en Barracas entre tantas otras causas que merecerían la minuciosa investigación de nuestros fiscales. Pero, por favor, terminemos con eso de que estas cosas sólo pueden ocurrir en la Argentina.



9.2.2015

Kissinger no sólo sigue en libertad, sino que es uno de los principales referentes y expertos de la "burguesía imperial." Un hombre cuyos crímenes de guerra no bastan para cerrarle la puerta en el Grupo Bilderberg, o en el cónclave anual de Davos, dos antros en los cuales Al Capone, Lucky Luciano y Frank Costello no sólo se habrían sentido a sus anchas sino que seguramente habrían sobresalido por ser las personas más honorables y con menos muertes pesando sobre sus conciencias. Kissinger, además, es el consejero especial para asuntos internacionales de quien probablemente sea la candidata Demócrata para las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos: Hillary Clinton. Como vemos, la disolución moral del imperio se acentúa al paso que se produce su decadencia material. A continuación, la nota de Andy Piascik.



09-02-2015

¡Que le pongan las esposas ya!



Traducido por Silvia Arana para Rebelión

El 11 de septiembre de 2013 cientos de miles de chilenos recordaron solemnemente el cuarenta aniversario del hecho terrorista ocurrido en su nación. Fue en esa fecha, en 1973, que los militares chilenos con la generosa provisión de fondos y armas proporcionados por Estados Unidos y el asesoramiento de la CIA y otros agentes, derrocaron al gobierno democráticamente elegido del socialista moderado Salvador Allende. A continuación, vinieron dieciséis años de represión, tortura y asesinatos implementados por el régimen fascista de Augusto Pinochet mientras que las multinacionales de EE.UU. -IT&T, Anaconda Copper y otras- volvían a obtener grandes ganancias. Las ganancias de tales empresas, junto con la preocupación de que la gente de otros países puedan seguir el ejemplo de independencia fueron la verdadera razón para el golpe de estado, e incluso, la tendencia hacia la nacionalización marcada por Allende no podía ser tolerada por los hombres de negocio de EE.UU.
Henry Kissinger fue consejero de seguridad nacional y uno de los principales diseñadores -quizás, el principal- del golpe en Chile. Los golpes instigados por EE.UU. no eran nada nuevo en 1973, ciertamente no en América Latina. Kissinger y su jefe Richard Nixon continuaban una tradición violenta que se desplegó a lo largo del siglo XX y continuó en el XXI. Véase, por ejemplo, el golpe en Venezuela en 2002 (fallido) y el de Honduras en 2009 (exitoso). Donde sea posible, como Guatemala en 1954 y Brasil en 1964, los golpes fueron el método preferido para responder a las insurgencias populares. En otras instancias, la opción elegida fue la invasión directa con fuerzas estadounidenses, como sucedió en varias ocasiones en Nicaragua, la República Dominicana y otros países.
El golpe en Santiago ocurrió en el momento en que la agresión de EE.UU. en Indochina estaba disminuyendo después de más de una década de terror. Desde 1969 hasta 1973 Kissinger, al lado de Nixon, estuvo a cargo de la carnicería en Vietnam, Camboya y Laos. Es imposible saber con exactitud cuántas personas fueron asesinadas durante aquellos años; todas las víctimas eran consideradas enemigos, incluyendo la vasta mayoría que no eran combatientes. Además, EE.UU. nunca estuvo predispuesto a estimar la cantidad de muertes del enemigo. Las estimaciones de indochinos matados por EE.UU. parte de la cifra de cuatro millones y son probablemente más, quizás muchos más. Haciendo una extrapolación razonable hay más de un millón de personas asesinadas mientras Kissinger y Nixon estuvieron en el poder.
Además, una cantidad innumerable de indochinos han muerto en los años posteriores por los efectos de las dosis masivas de Agente Naranja y otras armas químicas de destrucción masiva usadas por EE.UU. Muchos de nosotros aquí conocemos (o, tristemente, conocíamos) a soldados que estuvieron expuestos a estos químicos; multipliquemos estos números por 1.000 o 10.000 o 50.000; y aunque sea imposible hacer un recuento preciso, sí podemos empezar a entender el impacto en los habitantes y en los territorios que fueron tan minuciosamente envenenados por la política de EE.UU.
Investigaciones realizadas por diversas organizaciones, incluyendo Naciones Unidas, indican que al menos 25 mil personas murieron en Indochina desde el fin de la guerra por bombas sin explotar que EE.UU. dejó diseminadas por las zonas rurales; y una cantidad equivalente de personas sufrió mutilaciones. Como lo sucedido con el Agente Naranja, los efectos de muerte y vidas arruinadas por explosiones continúan hasta hoy. Cuarenta años después, la guerra sigue para la gente de Indochina, y probablemente seguirá por varias décadas más.
Cerca del final de su época en el gobierno, Kissinger y su nuevo jefe Gerald Ford dieron el visto bueno para que el dictador indonesio Suharto invadiera Timor Oriental en 1975, un acto ilegal de agresión implementado con armas hechas en EE.UU. y provistas por EE.UU. Suharto tenía una larga historia como testaferro de los intereses económicos de las compañías norteamericanas. Ascendió al poder con el golpe de 1965, también con el apoyo determinante y las armas de Washington, e inició un año de reino de terror en el que las fuerzas de seguridad y los militares asesinaron a más de un millón de personas (Ammistía Internacional, que raramente da datos de los crímenes del imperialismo estadounidense, dio la cifra de un millón y medio).
Además de proveer el apoyo esencial en recursos, Kissinger y Ford bloquearon todo esfuerzo de la comunidad internacional para detener la matanza, cuando la escala terrible de la violencia en Indonesia trascendió las fronteras. El embajador ante la ONU, Daniel Patrick Moynihan se vanagloriaba abiertamente de su triunfo. Nuevamente, el principio rector del imperio, el que Kissinger y los de su tipo aceptan como algo tan natural como respirar, es que no se puede permitir la independencia. Esto se aplica hasta para un país tan pequeño como Timor Oriental, donde las oportunidades de inversión son mínimas, porque la independencia es contagiosa y puede propagarse a lugares mucho más cruciales, como la rica Indonesia con abundancia de recursos. En 1999, hacia el fin de la ocupación indonesa, habían sido eliminados 200.000 timorenses, un 30% de la población. Este es el legado de Kissinger, muy bien comprendido por los residentes del hemisferio Sur, no importa cual sea el grado de negación, ignorancia o confusión mental de los intelectuales aquí (en EE.UU.).
Si EE.UU. alguna vez se convirtiera en una sociedad democrática, y si alguna vez integrara la comunidad internacional como miembro responsable interesado en la paz y no en la guerra, con el fin de promover la cooperación y la ayuda mutua en lugar de la dominación, tendríamos que responder por los crímenes de aquellos que actuaron en nuestro nombre, como Kissinger. Nuestra indignación ante los crímenes cometidos por los enemigos oficiales como Pol Pot no es suficiente. La camarilla de malos líderes norteamericanos desde Kennedy en adelante causaron muchas más muertes en Indonesia que el Khmer Rouge, y los responsables deben ser juzgados y tratados acorde con lo que son.
La urgencia de la tarea es resaltada por la alarmante proliferación de la política de agresión de EE.UU. Millones de personas en el mundo, sobretodo en una revitalizada América Latina, tratan de terminar con el ethos "la razón de la fuerza", que ha sido el precepto rector de EE.UU. desde su origen. El 99% de nosotros aquí, quienes no tenemos ningún interés invertido en el imperio, haríamos bien en unirnos a ellos.
Hay signos estimulantes al respecto, como la cancelación de los ataques de EE.UU. contra Siria, por ejemplo. Además, individuos con diversos grados de participación en la política imperial, han sido interpelados. Por ejemplo, David Petraus fue objeto de escraches desde que fue contratado por CUNY (Universidad de la ciudad de Nueva York) para enseñar un curso; en 2010 Dick Cheney tuvo que cancelar un viaje a Canadá porque el clamor por su arresto se fue haciendo demasiado fuerte; mucho después del fin del reinado de Pinochet, un magistrado español ordenó su arresto por violaciones a los derechos humanos. Pinochet fue detenido en Inglaterra durante 18 meses y fue liberado por razones de salud. A principios de este año, Efraín Ríos Montt, uno de los secuaces de EE.UU. en Guatemala, fue condenado por genocidio, aunque sus cómplices que siguen en el poder han intervenido en su favor obstruyendo la justicia. La primavera pasada, Condoleeza Rice estuvo obligada a cancelar su discurso de fin de año académico en la Universidad de Rutgers ante la indignación estudiantil por su participación en crímenes de guerra.
Se necesita ejercer más presión para que los aliados de EE.UU. en crímenes de guerra, como Paul Kagame reciban el mismo tratamiento que Pinochet. Más importante quizás sería que los que vivimos en EE.UU. escrachemos a Rumsfeld, a los dos Clinton, Rice, Albright, Powell, para nombrar unos pocos, por sus crímenes contra la humanidad, cada vez que se muestren en público, como se ha hecho con Petraeus. Esto se aplica especialmente ados de nuestros más recientes "Jefes de Criminales de Guerra", Barack Bush y George W. Obama.

Andy Piascik es un activista con larga experiencia y un autor premiado que escribe para Z, Counterpunch y otras publicaciones y sitios web.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/02/06/why-is-henry-kissinger-walking-around-free/
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