ACADÉMICOS Y PROCESOS EMANCIPATORIOS EN AMÉRICA LATINA. Carta Abierta a los colegas de CLACSO sobre la situación imperante en Venezuela.


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Buenos Aires, 20 de Agosto, 2017

Estimados colegas: días pasados llegó a mis manos una solicitud elaborada por el Grupo de Trabajo de CLACSO sobre "Ciudadanía, organizaciones populares y representación política" en donde se "demandan a los actuales directivos de CLACSO una condena pública a la deriva dictatorial que ha tomado el régimen madurista en Venezuela, así como la exigencia del restablecimiento del Estado de Derecho, la libertad de los presos políticos, y el fin de la represión a las protestas populares."

Dada la trascendencia del tema planteado por este pedido y la muy preocupante tendencia del mundo de las ciencias sociales a adoptar cada vez con más frecuencia posturas conservadoras en relación a las luchas populares y las experiencias progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribees que me parece oportuno compartir estas dos breves reflexiones sobre el asunto.

Primero, es indudable que hay una tragedia en curso en Venezuela, y que si no se detiene su dinámica -como, felizmente, está comenzando a suceder debido a la convocatoria a elecciones de gobernadores y alcaldes- la escalada de la violencia ​podría llegar a tener un desenlace aún más sangriento que lo que hemos visto en los últimos meses. Sin embargo, no creo que sea una contribución positiva a este fin una presentación como la que hacen los integrantes del GT ​en la cual se omite la imprescindible referencia a la génesis de esta desgraciada situación. Por muchas críticas que merezca el gobierno de Nicolás Maduro no fue este quien inició este horrendo espiral de violencia que hoy agobia a Venezuela. La verdad histórica es que esta fue producto de la decisión de la fracción extremista y violenta de la oposición (cuyos líderes tuvieron activa participación en el frustrado golpe de estado de Abril del 2002)  de alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en Venezuela primero en febrero del 2014 (mediante una operación sugestivamente llamada​ "La Salida") y más recientemente a partir de abril del corriente año con una potenciada apelación a tácticas violentas que, en su conjunto, configuran el delito de sedición que en Estados Unidos, por ejemplo, es un crimen federal purgado con largos años de cárcel e inclusive con pena de muerte. Hemos visto en ese país con asombro y consternación desmanes y atrocidades como pocas veces, si alguna, se han registrado en la historia de América Latina y el Caribe. Por ejemplo, quemar vivas a personas sospechosas de simpatías chavistas. Sería largo y ocioso enumerar los crímenes en los cuales incurrió una oposición deseosa -como lo declararan una y otra vez sus líderes- de acabar con el gobierno de Maduro, a cualquier precio y sin atenerse a la normativa vigente. Tentativas que, como lo confirman sucesivas declaraciones del Director de la CIA, Mike Pompeo; el Secretario de Estado, Rex Tillerson y el propio presidente Donald Trump fueron estimuladas, amparadas y financiadas por el gobierno de Estados Unidos. Y este es un dato que debería servir para dividir claramente las aguas de la política porque, por más críticas que puedan dirigirse en contra de un gobierno democráticamente electo como el de Nicolás Maduro es éticamente inadmisible cohonestar los planes del imperio  para derrocarlo. Hacer eso es cruzar una “línea roja” que jamás debería ser traspasada por quienes deberían saber que sin autodeterminación nacional la democracia y la soberanía popular se convierten en inocuas entelequias. Desgraciadamente, en la solicitud que el GT eleva a las autoridades de CLACSO no parece haber consciencia de este problema. Por el contrario, se perfila un sesgo muy claro que se traduce en una visión ofuscada y maniquea en donde el demiurgo de la maldad es el gobierno, mientras que la fracción terrorista de la oposición que organizó violentas “guarimbas”,  saqueos, asesinatos y que propició que incendiaran maternidades y escuelas y prendieran fuego a personas ni es mencionada en su petición o se la (mal) representa como si fuera una oposición democrática respetuosa de las leyes y la institucionalidad vigentes y como si el imperialismo no tuviera nada que ver en esta situación. Coincido en que no se puede seguir ignorando la tragedia en curso en Venezuela, y también creo que sólo un planteamiento equilibrado -en donde las responsabilidades de la oposición y del gobierno sean adecuadamente sopesadas- podría ser conducente al logro de los objetivos que el GT se propone. El debate sobre la génesis, desarrollo y perspectivas de la crisis venezolana es una obligación impostergable de los científicos sociales de la región. Pero esto supone la capacidad para examinar esta delicadísima situación desde diferentes ángulos y no sólo desde una de las dos partes en conflicto, la oposición, como claramente se revela en la solicitud del GT.


Segundo, no puedo dejar de señalar que el requerimiento del GT parece ignorar que hay varias tragedias en curso en Nuestra América, y sería bueno que conscientes de la situación los colegas también exigieran una toma de posición ante ellas, cuyo costo medido en vidas humanas -si es que se acepta este criterio como uno de sus indicadores de la crisis- es muchísimo más oneroso que el que se registra en la República Bolivariana. Solicitar a las autoridades que se pronuncien sobre la situación de Venezuela está bien, si se hace con ecuanimidad; pero ¿qué decir de los 200.000 muertos ocasionados por la "guerra contra las drogas en México", los más de 28.000 desaparecidos en ese país, los ocho periodistas asesinados en lo que va del año, las fosas comunes que periódicamente aparecen ante la luz pública, la atrocidad perpetrada en Ayotzinapa, el fraude sistemático de sus procesos electorales? ¿Y qué decir de la violencia sin fin que enluta a Colombia, que en poco más de un año sufrió el asesinato de unos 150 líderes sociales sin que esta sangría mereciese una línea en los principales  medios de comunicación como tampoco la mereció el desplazamiento forzado de más de siete millones de campesinos expulsados de sus tierras por el paramilitarismo​? ¿O de la violencia descargada sobre los pueblos de Honduras y Paraguay luego de los "golpes blandos" perpetrados en el 2009 y 2012 respectivamente? ¿O del "golpe blando" tramado por una gavilla de bandidos en el Congreso brasileño, instalando en la presidencia de ese país a uno de los personajes más corruptos y más odiados de la política brasileña? ¿O de los presos políticos que si hay en Argentina (Milagro Sala es solo la más famosa) y el caso de Santiago Maldonado, desaparecido por la Gendarmería Nacional en un ataque a una comunidad Mapuche en Esquel​? Hablar sobre Venezuela y callar sobre todo lo demás es una actitud​ reñida con la necesaria ecuanimidad que debemos observar los científicos sociales.



​Ojalá que estos comentarios sirvan para estimular un debate largamente postergado en el campo de las ciencias sociales y las humanidades.

Atilio A. Boron


10.8.2017 




Ha muerto Patricio Echegaray, la más significativa figura argentina en el campo de la lucha antiimperialista. Ningún líder en la izquierda de nuestro país alcanzó desde el asesinato del Che Guevara hace ya medio siglo la gravitación internacional que supo tener Patricio y el respeto que suscitaba en las fuerzas y partidos populares y revolucionarios de los países de Nuestra América. A la hora de despedirlo, de rendirle este postrer homenaje, es imprescindible situar su figura en el momento histórico en el cual hubo de desplegar su protagonismo. Los hombres hacen la historia pero como Marx recordaba en El Dieciocho Brumario, la hacen según circunstancias concretas y legados históricos que escapan a su voluntad. Y esas circunstancias difícilmente podrían haber sido peores en el momento en que, después de una larga experiencia de organización y lucha en la FEDE, Patricio Echegaray asumía la Secretaría General del Partido Comunista Argentino.
En la Argentina, el frágil experimento democrático iniciado con la presidencia de Raúl Alfonsín estaba siendo crecientemente amenazado por una rebelión militar que irrumpiría escasamente un año después de que Patricio se hubiera hecho cargo de la conducción del PC. La amenaza de un resurgimiento del golpismo se combinaba con el fracaso económico del alfonsinismo, la irreductible combatividad cegetista (sugestivamente desaparecida ni bien Alfonsín fuese sucedido por Carlos S. Menem) y el acoso permanente del peronismo, todo lo cual hacía temer por un catastrófico derrumbe del recién nacido proceso democrático y colocaba al partido ante gravísimos e inéditos desafíos. En América Latina las dictaduras iniciaban una lenta (e incompleta) retirada en Brasil y Uruguay, mientras que en Chile el pinochetismo permanecía firmemente en control de la situación. En suma, los partidos comunistas de la región a duras penas comenzaban a curar las heridas de un pasado atroz y de una persecución implacable. Más al norte, Cuba resistía como un faro de potente luz que convocaba a nuestros pueblos al no pago de la deuda y a resistir el chantaje imperial. Hacia allí dirigió su mirada Patricio y encontró, en Fidel y en toda la dirigencia revolucionaria cubana, el apoyo que necesitaba para hacer frente a los retos que le planteaba la historia.


Pero en esa misma época, ya bien entrada la segunda mitad de los ochentas, el desenfreno belicista de Ronald Reagan en Estados Unidos unido al siniestro protagonismo de Juan Pablo II demolían los últimos bastiones que protegían a la Unión Soviética y los países del Este Europeo. En noviembre de 1989 caía el Muro de Berlín y con él se venía abajo la República Democrática Alemana, que según algunos expertos norteamericanos habían pronosticado sería el último país del Pacto de Varsovia en regresar al capitalismo. Fue el primero, y por la brecha abierta en el muro ingresaron, en frenético tropel, las tropas de asalto del capitalismo dirigiendo todo su poderío para conquistar el botín más preciado: desintegrar a la Unión Soviética, cosa que lograrían en poco más de un año, y acabar para siempre con la Revolución Rusa, el acontecimiento más trascendental de la historia del siglo veinte. Consumada la victoria estadounidense en la Guerra Fría comenzarían a escucharse los himnos de victoria que anunciaban el inicio del Nuevo Siglo Americano. La única superpotencia que quedaba en pie redobló sus esfuerzos para diseñar el nuevo orden hemisférico y elaborar los contornos de lo que luego sería el ALCA, es decir, la definitiva subordinación económica, y por lo tanto política, de América Latina y el Caribe a los dictados de Washington. El Consenso de Washington se imponía con una potencia arrolladora en toda la región y desaparecida la URSS y China avanzando por un inesperado sendero, el futuro del socialismo aparecía ante los ojos de millones de personas definitivamente clausurado. En Nuestra América Cuba se debatía en medio de las penurias del “período especial” mientras que muchos de sus “amigos” le aconsejaban a Fidel que arriase definitivamente las banderas de un proceso que a escala global se había derrumbado. En el resto de los países del área el neoliberalismo más desenfrenado reinaba sin contrapesos: Menem, Sanguinetti, Lagos, Sarney, Salinas de Gortari, Carlos A. Pérez, Sánchez de Losada, Fujimori eran las estrellas rutilantes del nuevo mundo que brotaba del veredicto final de la Guerra Fría. La historia había terminado, decía Francis Fukuyama, y el capitalismo de libre mercado y la democracia liberal aparecían como las grandes triunfadores. Había que entregar las armas y abandonar la lucha. Ese era el mensaje que le llegaba a Patricio.
Para enfrentar tan amenazante coyuntura había que remar contra la corriente, y Patricio lo hizo sin desmayos acompañando la epopeya de Cuba para salvar su Revolución y los pocos frentes de lucha que quedaban en pie en América Latina y el Caribe: Colombia, con la consolidación territorial de las FARC-EP y el Frente Farabundo Martí en El Salvador, que resistió con heroísmo la ofensiva norteamericana hasta obligar a los invasores a firmar lo que para Washington fue un vergonzoso armisticio. En Nicaragua la revolución sandinista había sido derrotada por una repugnante combinación de injerencia militar norteamericana y corrupción oficial y en el resto del continente las pocas fuerzas de izquierda pugnaban por reunir sus fuerzas diezmadas por las dictaduras y luego confundidas y desorientadas por el arrasador tsunami neoliberal, la resignación a que las inducía el posmodernismo y la confusión ideológica resultante, fenómeno este particularmente grave en la Argentina. De la noche a la mañana grandes partidos comunistas de América Latina y Europa desaparecían del mapa. En México el otrora formidable PCM se desintegró en mil fragmentos y en un acto tan asombroso como imperdonable repudiar su nombre y su cuasi centenaria identidad. En otras latitudes, los partidos comunistas se hundían en la irrelevancia o se desdibujaban casi por completo, cambiando de piel y recubriéndose con otra de indudable matiz socialdemócrata, cuando no escandalosamente social-liberal. En Italia, sede del mayor partido comunista del mundo occidental el periplo iniciado por la revisión eurocomunista terminó con la defunción, sin dejar rastros,  del gran partido de Gramsci y Togliatti, mientras que en Francia y España las identidades comunistas permanecían pero sufriendo un tremendo drenaje de sus fuerzas y quedando reducidas a una mínima expresión. La súbita conversión de tradicionales partidos comunistas y numerosas camadas intelectuales, otrora celosas custodias de la ortodoxia marxista, a la nueva fe del capitalismo triunfante produjo estragos en el terreno de la política y la cultura y renovó la urgencia de librar una gran batalla de ideas premonitoriamente convocada por Fidel.
En ese contexto histórico, tan poco promisorio, Patricio desplegó su accionar. Dotado de una fuerte personalidad y comunista indoblegable, las circunstancias probaron que era también un avezado piloto de tormentas, capaz de mantener el pulso firme en el timón de la nave del PC en medio de una borrasca universal. Mientras contemplada azorado y entristecido el hundimiento de partidos hermanos a lo largo y a lo ancho del planeta él perseveraba en el intento de salvar al navío que había sido echado a la mar en el Teatro Verdi de La Boca apenas un año después del triunfo de la Revolución Rusa. En medio de tanta devastación Cuba demostraba que se podía, y que había que apelar a las fuerzas morales y políticas que le permitieron a la isla sobrevivir a la debacle generalizada de la izquierda mundial para salvar al Partido Comunista del naufragio. A lo largo del camino sorteó trampas de nada inocentes “progresistas” que le decían que había que liquidar al partido para fundirlo en nuevas construcciones políticas y dudosas alianzas de sospechosos contornos; o que había que “aggiornarlo” ideológicamente, eufemismo que en términos prácticos era una capitulación en toda la línea, abandonando la lucha anticapitalista y antiimperialista para así ingresar al condominio de partidos burgueses, revestidos de una débil pátina “progre” para gerenciar un inverosímil “capitalismo con rostro humano”, oxímoron político jamás visto y que jamás se verá. Como persona de una fina sensibilidad comprobó con tristeza la deserción de muchos, ganados por la desesperanza, o por un súbito arranque de eclecticismo teórico y político combinado en no pocos casos con oportunos tránsitos hacia otras expresiones políticas que prometían mejores recompensas. Pero en la oscuridad de esa noche  también percibió, precozmente, el destello de una pequeña luz que comenzaba a titilar en el extremo norte del continente. Otro faro se estaba encendiendo en Caracas y Patricio, tras las huellas de Fidel, comprendió que estábamos en vísperas de una nueva batalla. Que el capitalismo era incorregible e irreformable, y que en Latinoamérica se iniciaba una fase de ascenso en la lucha de clases que ponía en evidencia la precariedad de todo el tinglado económico y político montado por el neoliberalismo. Con su coraje y convicciones de siempre se dispuso a ocupar su puesto en lo que prometía ser una nueva ronda en la inacabable lucha en contra del imperialismo. Y allí estuvo, y se convirtió en un animador extraordinario del proceso que nacido con el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela corrió como reguero de pólvora por toda Nuestra América. En pocos años el mapa sociopolítico de la región mudó radicalmente, y gobiernos de izquierda y progresistas surgieron en casi todos los países y con un denominador común: poner coto a la dominación imperialista y avanzar en la unidad de los pueblos de América Latina y el Caribe. Este proceso tuvo su culminación en la derrota del más completo proyecto de sumisión de nuestros países al yugo norteamericano: el ALCA, sepultado en Mar del Plata en noviembre del 2005 y en donde Patricio tuvo un indiscutible protagonismo junto con los principales líderes políticos y sociales de la región. Luego de tan resonante victoria su espíritu analítico le decía que había que continuar la lucha, porque ahora quedaba la tarea, inmensa, de perfeccionar la articulación de las diferentes fuerzas políticas y movimientos sociales en el plano continental para tornar irreversible la victoria obtenida en Mar del Plata. Atento lector de los clásicos de la emancipación latinoamericana, de Bolívar y Martí, de Fidel y el Che entre tantos otros, orientó su acción en esos años siguiendo los consejos de Martí en “Plan contra Plan”. Sabía que el enemigo imperialista buscaba dividirnos y dispersarnos, y que para contrarrestar sus propósitos teníamos que aunar fuerzas, encontrarnos, juntarnos. Por eso, aparte de ser el mayor dirigente antiimperialista de la Argentina y uno de los principales de Latinoamérica y el Caribe Patricio hizo de la unidad de las fuerzas de izquierda y antiimperialistas uno de sus principales proyectos políticos. Fiel a las enseñanzas del Che sabía que sin ella no podríamos librar exitosamente el combate contra la agresión norteamericana. No muchos en la izquierda lo comprendieron, y menos todavía comprenden hoy la importancia decisiva, excluyente, del enfrentamiento con el imperialismo, cuestión que baña con imborrable deshonor a quienes así actúan.

Cuba, Colombia, Bolivia, El Salvador, Nicaragua y Venezuela lo conocieron de cerca. Fidel, Raúl, Manuel Marulanda, Evo, Shafik Handal, Ortega, Chávez, Correa sabían que encontrarían en él un interlocutor inteligente y un hombre de probadas convicciones revolucionarias. Encontrarían también a un internacionalista tal como lo manda la mejor tradición comunista, a un militante de la unidad de la izquierda y a un intransigente antiimperialista. Y también a un hombre de coraje, valiente como pocos y tan distinto de los que con mucha razón Álvaro García Linera definiera como “revolucionarios de cafetín”. 

Cierro esta semblanza con la cual despido a un amigo y un camarada ejemplar con una historia que me fuera contada por Fidel y que retrata a Patricio de cuerpo entero. “Cuba necesitó siempre gente como Patricio”, un día me dijo. “Muchas veces teníamos que enviar mensajes o establecer contactos en distintos países, y no podíamos hacerlo con nuestra propia gente. Patricio fue uno de los más activos colaboradores en ese terreno, nos ayudó mucho.” Pensé que la historia terminaba allí pero el Comandante siguió y me dijo que “hace muchos años había una misión que era muy peligrosa y no encontrábamos a un amigo de total confianza para hacerla. Había que ir a Colombia, meterse en la selva y llegar donde Marulanda. Necesitábamos entregarle una documentación y, además, que alguien pudiera conversar con él en nuestro nombre, transmitirle lo que pensábamos los cubanos de la situación y las perspectivas de la guerrilla de las FARC. Sabíamos que, por su inteligencia y sus conocimientos de la realidad colombiana Patricio podría hacerlo, pero no queríamos arriesgarlo. Si en el difícil trayecto hasta llegar al comando central de las FARC tropezaba con una patrulla del ejército colombiano, o con paramilitares, era hombre muerto, y a alguien como él había que preservarlo. Pero el tiempo pasaba y no hallábamos quien pudiera ir. Finalmente lo llamamos y le pedimos que viniera a La Habana que teníamos algo que conversar con él. A los pocos días ya estaba con nosotros. Le explicamos cuidadosamente nuestros planes, y los peligros que correría en una travesía que duraría entre dos y tres meses, cruzando selvas enmarañadas, ríos torrentosos, debiendo salvar exitosamente, con el acompañamiento de los guerrilleros, al menos tres círculos de seguridad que custodiaban el acceso al campamento central de las FARC. Había que ir a pie, abriendo brechas en la selva a machetazo limpio; a veces en precarias canoas, ocasionalmente a caballo. Y siempre atentos al enemigo que estaba por todas partes. ¡No dudó ni un minuto! Le dijimos que lo pensara, que se jugaba la vida, que habíamos tomado todas las precauciones pero si había una pequeña falla en la operación –una señal mal interpretada, una delación, un accidente, un problema de salud- su suerte estaría echada. Insistió, me dijo que iría y al día siguiente estaba comenzando el entrenamiento para llevar adelante la misión. La realizó con un éxito total. Estuvo con Marulanda y la plana mayor de las FARC y no sólo entregó nuestro documento sino que, tan interiorizado estaba del mismo, que pudo explicarlo hasta en sus más mínimos detalles y persuadir a la dirección de las FARC de la necesidad de revisar sus tácticas como movimiento guerrillero. Fue un acto heroico de solidaridad y camaradería revolucionaria, una contribución extraordinaria a la causa de la revolución, y por eso mi gratitud y la de Cuba con Patricio será eterna.”




Ese era Patricio Echegaray. Un imprescindible, como decía Bertolt Brecht. Seremos fieles a su memoria.
¡Hasta la victoria, siempre, querido amigo y camarada! 
7 Agosto 2017

Comparto unas reflexiones a propósito de mis opiniones sobre la situación en Venezuela y la reacción de la oligarquía mediática.
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La desigual cobertura del periodismo: Venezuela es foco exclusivo de atención. México, sumido en el horror, no.


                                                                    "Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad
 y hoy existen para impedir que la verdad se diga.”
(G. K. Chesterton, 1917)
(Atilio A. Boron)  En los últimos días, en coincidencia con la decisión de Cambiemos de hacer de Venezuela uno de sus ejes de campaña, fui sometido a un ataque sin precedentes desde las ciudadelas de la oligarquía mediática argentina a propósito de mis opiniones acerca de lo que está ocurriendo en aquel país. Periodistas y académicos unieron sus fuerzas para no sólo disentir con mis ideas sino también para lanzar toda suerte de agravios sobre mi persona. No tiene sentido referirme a cada uno de sus autores por separado, y esto por dos razones. Primero,  porque en el fondo su discurso es el mismo: variantes de un mismo guión dictado desde Washington, reciclado por sus acólitos neocoloniales y lanzado por ellos a través de los “medios independientes” (¿independientes de quiénes?) para hostilizar  a quienes piensan distinto. Segundo, porque individualizarlos sería conferirles a los autores de tales libelos una dignidad que su estatura intelectual y moral hace totalmente inmerecida. Dicho esto, en lo que sigue, va mi respuesta.

Uno. En Venezuela la oposición está compuesta por dos sectores. Uno, que acepta al diálogo con el gobierno. Otro, totalmente opuesto a él y dispuesto a quebrar el orden constitucional y derrocar a Nicolás Maduro apelando a cualquier recurso, legal o ilegal. Desgraciadamente, esta fracción ha sido la que hasta la semana pasada ha hegemonizado la oposición amenazando al sector dialoguista con una brutal represalia si cedía a los llamados del gobierno.[1] Negociar con éste equivalía, para los violentos, a una infame traición a la patria, merecedora de los peores castigos.  Este grupo extremista y fascista hasta el tuétano, venía conspirando contra la democracia desde el fallido golpe de estado del 11 de abril del 2002 y sus principales líderes: Leopoldo López, Henrique Capriles, Antonio Ledezma, Freddy Guevara, Julio Borges y María Corina Machado apoyaron abiertamente aquel golpe. Machado, una de las “demócratas” de hoy,  fue firmante del Acta de Juramentación de la nueva junta de gobierno presidida por el empresario Pedro Carmona Estanga. En dicha acta se cancelaban las libertades públicas, se abolían todas las leyes producidas por el chavismo y se decretaba la cesación en sus cargos de todas las autoridades electas  y de los parlamentarios y ediles del país. Estos fascistas fueron los que, bajo el liderazgo de Leopoldo López, organizarían la sedición de febrero del 2014 –significativamente llamada “Operación Salida”- una vez consumada la derrota del candidato Henrique Capriles en las elecciones presidenciales convocadas luego de la muerte de Hugo Chávez. La “Operación Salida” adoptó las tácticas violentas de control de la calle aconsejadas en diversos manuales de la CIA y en la obra de uno de sus máximos teóricos, Eugene Sharp. Aquellas contemplaban la realización de atentados de todo tipo a instalaciones públicas, autobuses, erección de barricadas armadas (“guarimbas”) impidiendo que la gente saliera de sus hogares y matanza indiscriminada de personas para aterrorizar a la población. A diario López declaraba que esta insurrección sólo cesaría con la renuncia de Maduro. Finalmente se restableció el orden público, pero con un saldo luctuoso de 43 muertos. López fue apresado y enviado a la justicia donde, como veremos más abajo, recibió una moderada condena, desproporcionada en relación a los crímenes cometidos.  Este mismo grupo es el que en abril de este año relanzó la segunda fase de la estrategia insurreccional, pero incrementando exponencialmente la violencia de sus actos e introduciendo macabras innovaciones en sus tácticas de “oposición democrática”: arrojar bombas incendiarias sobre jardines infantiles y hospitales y, como en los viejos tiempos de la Inquisición, quemando vivas a personas cuyo pecado fuese tener el color de piel incorrecto según el criterio de los terroristas. Cuando al describir este deplorable escenario utilicé la expresión “aplastar a la oposición” era obvio para cualquier lector atento de mi artículo que me estaba refiriendo a este sector y no a quienes deseaban una salida pacífica, como felizmente parece estar en marcha en estos últimos días. Cualquier interpretación en contrario sólo puede ser producto de la mala fe. Pero fue dicha lectura la que originó la primera ronda de críticas e insultos.

Dos, si algo revela la monumental hipocresía de mis censores es su sepulcral silencio a la hora de proponer alguna alternativa para detener la violencia en Venezuela. Críticos que en su enorme mayoría no conocen ese  país, que jamás estuvieron en él, ignoran su historia y no tienen amigos o parientes viviendo allí se dan el lujo de agraviar a quien piense de otra manera. Mi preocupación obsesiva por el deterioro de una  situación que podría desembocar en una orgía de muerte y destrucción se funda en la necesidad de evitar para Venezuela -y para los amigos que tengo en ambos lados, en el chavismo y en la vereda de enfrente- un final apocalíptico. No es el caso de mis censores, a quienes en su condición de obedientes publicistas de la derecha – la de aquí y la de allá, y sobre todo la de “más allá”, en Washington- se les ordenó que descarguen toda su artillería contra quienes tuviéramos la osadía de defender el orden institucional en Venezuela. Mil veces hice la pregunta: ¿cómo se detiene la violencia iniciada, nuevamente por la derecha golpista, y ante la cual la respuesta del Estado fue débil e insuficiente? Las respuestas casi siempre fueron evasivas, pero cuando les exigía mayores precisiones lo que decían era: “renuncia de Maduro y convocatoria a elecciones presidenciales.”  Es decir que estos severos críticos de mis opiniones, autoproclamados (pero inverosímiles) custodios de la libertad, los derechos humanos y la democracia, no son otra cosa que vergonzantes apologistas de la fracción terrorista de la oposición. Lo que quieren estos furiosos escribas es nada menos que el triunfo de la sedición, la victoria de los golpistas, el retorno de los fascistas y  la destrucción del Estado de derecho. O sea, quieren exactamente lo mismo que la pandilla de López y sus compinches. Son, por lo tanto cómplices, cuando no autores intelectuales o legitimadores post bellum, de la barbarie desatada por la derecha. En su desesperación por acabar con el chavismo apelan a una retórica que sólo en apariencia es democrática. Lo que hay debajo de sus huecas palabras es una afrenta a los valores humanísticos que dicen defender. Tendrán que hacerse cargo de su apología de la violencia. Porque, en la reseca llanura de la política latinoamericana, con tantas “democracias” que empobrecen, marginan y lanzan a la desesperación a millones de personas no sería de extrañar que fuera de Venezuela surjan  grupos que ante el ostensible vaciamiento del proyecto democrático decidan también ellos apelar a la violencia para derrocar gobiernos que los hambrean y embrutecen. Si los sedicentes custodios de la democracia aprobaron esa metodología en Venezuela, ¿la apoyarán también cuando se ensaye en otros países? ¿Qué van a decir entonces? ¿Que saquear, incendiar, matar y quemar vivas a personas está bien en Venezuela pero estaría mal en Colombia,  Argentina,  México? ¿No les suena un poquitín incoherente exaltar la vía insurreccional en contextos laboriosamente democráticos y que tanto costó construir?

Henrique Capriles tomando por asalto la embajada de Cuba durante el golpe de Abril del 2002


Tres, decíamos más arriba que esta ofensiva se produce en momentos en que el gobierno argentino hizo de Venezuela uno de los ejes de su campaña electoral. Este sábado fue la punta de lanza para suspender a Venezuela del Mercosur, violando las normas del Mercosur y la Carta Democrática establecida en el Protocolo de Ushuaia, y los ataques tienen que ver con eso pero también con algo más. Obedientes, los escribidores y charlistas de los medios hegemónicos arremeten con saña contra cualquiera que defienda al gobierno legal, legítimo y constitucional de Nicolás Maduro. La voz del amo imperial les exige que digan que su gobierno es una feroz dictadura, una manzana podrida en el cajón donde brillan las ejemplares democracias de Argentina, el Brasil del golpista Michel Temer, y Paraguay, dignas herederas de la democracia ateniense y sus grandes líderes como Pericles, Solón y Clístenes, que empalidecen cuando se los compara con sus actuales sucesores sudamericanos. Tremenda dictadura la de Maduro en donde, seguramente al igual que en tiempos de Videla, Pinochet y Strossner, sus  opositores pueden ir a Estados Unidos para solicitar la intervención armada de ese país en Venezuela, como lo hiciera el presidente de la Asamblea Nacional Julio Borges en su visita al Jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd, y regresar al país sin ser molestado por las autoridades, conservar su inmunidad parlamentaria, ofrecer conferencias de prensa y entrevistas en numerosos medios nacionales e internacionales y proseguir con su actividad proselitista y destituyente sin ninguna clase de limitaciones. Seguramente ocurriría lo mismo con los opositores en las dictaduras de Videla, Pinochet y Strossner. Este es un ejemplo entre muchos otros. Uno más: en Venezuela la mayoría de los medios de comunicación son contrarios al gobierno y las grandes cadenas de noticias internacionales tienen sus corresponsales instalados en aquel país que día a día “malinforman” o “desinforman” al resto del mundo sobre lo que ocurre en Venezuela sin ninguna clase de restricciones. Es que la “posverdad” y la “plusmentira” se convirtieron en monedas corrientes en los medios hegemónicos.

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, en su visita al jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd

Conviene reproducir aquí lo que recientemente escribiera Boaventura de Sousa Santos, profesor de la Universidad de Wisconsin y uno de los más distinguidos sociólogos y juristas contemporáneos. Luego de adherir a un manifiesto de intelectuales críticos del gobierno de Nicolás Maduro, de Sousa Santos sintió la necesidad de escribir un artículo porque, según sus palabras, “estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables.” Y, poco más adelante, en ese mismo artículo, nuestro autor, cuya autoridad científica y moral convierte a mis críticos en deformes pigmeos, termina diciendo  que “El gobierno de la Revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones durante los últimos veinte años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados electorales. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y solo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar la Asamblea Constituyente.” [2] Suficiente en relación a este tema.

Cuatro, siempre en función de la dupla “posverdad-plus mentira” ninguno de los órganos de la oligarquía mediática que nos desinforma a diario en toda América Latina -incluyendo a El País de España, director de esta desafinada orquesta mediática- mencionó una noticia que ningún medio de comunicación “serio e independiente”, como gustan llamarse estas agencias de propaganda que hoy nos bombardean con sus falsedades, podría haber dejado pasar por alto. En su conferencia de prensa del 1º de agosto el Secretario de Estado de Donald Trump, Rex Tillerson, anunció oficialmente que  “estamos evaluando todas nuestras opciones de política acerca de lo que nosotros podemos hacer para crear un cambio de condiciones donde o bien Maduro decida que ya no tiene futuro y quiera marcharse por voluntad propia  o nosotros podemos hacer que los procesos gubernamentales en Venezuela vuelvan a lo que marca su Constitución.[3] O sea: el imperio, por boca de su encargado de relaciones exteriores, anuncia que está implicado en la concreción de un golpe de Estado en Venezuela y tan gravísima novedad es escandalosamente silenciada en los grandes medios, esos que dedican ríos de tinta y horas y más horas de radio y televisión para acusar y difamar a diestra y siniestra a quienes denuncian las maniobras del imperialismo y sus lugartenientes locales para destruir regímenes democráticos, como lo hicieron –para nombrar sólo los casos más resonantes- en Guatemala (1954), en Brasil (1964), en República Dominicana (1965), en Chile (1973),  en Honduras (2009), en Paraguay (2012) y hace pocos meses en Brasil. Pocos días antes había sido el Director de la CIA, Mike Pompeo, quien declarase en su ponencia ante el Foro de Seguridad convocado por el Aspen Institute que “basta señalar que estamos muy esperanzados de que puede haber una transición en Venezuela, y nosotros -la CIA-, está dando lo mejor de sí para entender la dinámica allá para que podamos comunicársela a nuestro Departamento de Estado y a otros, los colombianos. Acabo de estar en Ciudad de México y en Bogotá, la semana antepasada, hablando exactamente sobre este tema, intentado ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para obtener un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo.”[4] ¡Al demonio con la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y la democracia! Porque si al emperador no le gusta el gobierno que existe en algunas de las provincias del imperio lo derriba sin miramientos. Y la prensa de todo el hemisferio, más la española, convenientemente aceitada y colonizada, acepta el engaño sin chistar y se esmera por blindar la ominosa noticia con la colaboración de los habituales saltimbanquis de los medios que dicen los que se les ordena decir, no importa lo que hayan dicho antes. No es conveniente que el pueblo se entere de estos planes insurreccionales de la Casa Blanca que producen un daño irreparable a la credibilidad de la democracia porque esta sólo será respetada si sus resultados son del agrado del emperador.  Caso contrario el error se corrige con una ayudita de los boys de la CIA y la “embajada”. Mejor será que la población siga pensando que el imperio tiene su sede en Orlando y sus personajes más significativos son el Pato Donald y el Ratón Mickey, que la CIA es una vetusta leyenda soviética y los otros quince servicios de inteligencia de Estados Unidos productos de una alucinación colectiva que afectó irreparablemente los cerebros de  Noam Chomsky, Howard Zinn, Tom Engelhardt, Michael Parenti, James Petras, Jim Cockcroft, Philip Agee  y John Perkins. Que no vaya a recordar ese pueblo que en el mayor acto terrorista de la historia Estados Unidos arrojó dos bombas atómicas sobre dos ciudades indefensas cuando Japón estaba vencido y que sí recuerde, en cambio, que Washington ha “exitosamente” exportado la democracia a Irak, Libia y Ucrania y ahora está tratando de hacer lo mismo en Siria y Venezuela. En síntesis, que Estados Unidos es lo que Hollywood dice que es y que Julian Assange es el novio despechado de la hija de Donald Trump y por eso inunda al mundo con sus mentiras desde Wikileaks. Se cumple lo que hace ya un siglo había pronosticado Gilbert K. Chesterton cuya cita pusimos como epígrafe a este escrito: los medios existen para impedir que la verdad sea dicha, que la verdad sea conocida.[5]

El líder de la oposición democrática en acción durante la tentativa
insurreccional del 2014 junto a un compañero a punto de lanzar un cóctel Molotov

Cinco y final. El torrente de mentiras, falsedades y ocultamientos de mis críticos me obligaría a escribir un libro para desnudar toda y cada una de sus canalladas. No lo merecen. Prefiero proseguir con mis análisis y no perder mi tiempo discutiendo una a una sus acusaciones y respondiendo a sus insultos.  Pero haré una excepción en relación a una de sus más socorridas mentiras: la reiterada caracterización del líder fascista y golpista Leopoldo López cono un “preso político.” En su afán por  congraciarse con el imperio y la derecha vernácula los personeros de la oligarquía mediática insisten en el tema y, aún más, endiosan a ese personaje y a otros de su calaña como si fueran heroicos combatientes por la libertad. ¿Les suena la melodía? ¡Claro! Washington la empleó varias veces en el pasado: Combatientes por la libertad fueron los “exiliados” iraquíes que atestiguaron que el gobierno de su país estaba fabricando armas de destrucción masiva, a sabiendas de que tal cosa era una flagrante mentira. Pero sus testimonios fueron decisivos para que el Congreso de  EEUU aprobase la declaración de la guerra contra Irak junto a José María Aznar y Tony Blair, siniestros cómplices del engaño que todo el mundo sabía era tal.[6] Antes habían utilizado la misma virtuosa categoría para exaltar la imagen de los “contras” nicaragüenses, convirtiendo a unos brutales mercenarios en heroicos luchadores por la democracia y los derechos humanos. Volvieron a hacer lo mismo con la “oposición democrática” a Gadaffi supuestamente bombardeada por éste en Bengasi, un hecho que luego se demostró absolutamente falso pues el monitoreo satelital de la zona reveló que no existió tal bombardeo.[7] Pero la mentira surtió efecto y las víctimas de ese supuesto ataque rápidamente se convirtieron en valerosos combatientes por la libertad. Lo mismo está ocurriendo hoy en Venezuela, caracterizando como “preso político” a un señor como Leopoldo López que en realidad es un político preso, y que lo está por haber sido encontrado culpable del delito de sedición. En  Estados Unidos, por ejemplo, esto configura un crimen federal y puede llegar a ser purgado con prisión perpetua y hasta con la pena capital si es que en los incidentes promovidos por los sediciosos para alterar el orden institucional o derrocar a las autoridades constituidas se produjeran víctimas fatales. Parecida es la pena contemplada en España (recordar el caso del Teniente Coronel Antonio Tejero, en 1981) a quien en principio se lo sancionó con prisión perpetua por haber intentado un incruento golpe de estado ocupando la sede de las Cortes, reteniendo a los diputados pero sin provocar el menor destrozo dentro y fuera del recinto.. La sanción a López, en cambio, fue mucho más benigna pese a los destrozos producidos y las muertes ocasionadas: 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de prisión. Con el ánimo de reducir la crispación política en vísperas de la Asamblea Nacional Constituyente la justicia venezolana le concedió el benefició de la prisión domiciliaria. Tal como es habitual en estos casos su otorgamiento estaba regido por estrictas reglas, una de las cuales era abstenerse de hacer proselitismo político, norma que el líder golpista violó repetidamente y por eso fue devuelto a la cárcel. Lo mismo ocurre en EEUU cuando un reo sale de la cárcel bajo “parole” y viola las condiciones de la libertad condicional. Nada nuevo. El gobierno argentino, y otros de su mismo signo, insisten en la liberación del “preso político” Leopoldo López, mientras mantiene como prisionera política sin cargos y sin proceso, y en contra de los reclamos de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derecho Humanos, a Milagro Salta en la prisión de Alto Comedero, en Jujuy. Sin embargo, bastó que yo dijera que el retorno a la cárcel de López se ajustaba a derecho y era lo que legalmente correspondía para que un tropel de críticos se abalanzaran de nueva cuenta contra mi persona, haciendo lugar inclusive a la inserción en una de esa notas de ataques soeces y agraviantes extraídos de los mensajes enviados en las redes sociales, algo que yo al menos nunca había visto antes y que expresa el grado de putrefacción moral a que han llegado las oligarquías mediáticas en la Argentina y Nuestra América.[8]  ¡Dixit, et salvavi animam meam






[1] Afortunadamente para la paz en Venezuela los líderes de Acción Democrática  manifestaron días atrás que presentarían sus candidatos a las elecciones de gobernadores y alcaldes previstas para la segunda mitad de este año, rompiendo de ese modo el chantaje al que los tenía sometidos la fracción terrorista de la oposición. Es muy probable que en los próximos días otros partidos adopten la misma postura.
[2] Ver su “En defensa de Venezuela”, en La Jornada (México), 28 Julio 2017
[3] https://www.state.gov/secretary/remarks/2017/08/272979.htm . Fue también publicado en España por el periódico digital Público: http://www.publico.es/internacional/crisis-venezuela-secretario-eeuu-dice-estudiando-forma-derrocar-maduro.html
[4] https://red58.org/la-cia-confirma-que-est%C3%A1-trabajando-para-derrocar-a-venezuela-c485f0754487
[5] Me permito recomendar la lectura de algunos libros que permitirán comprender un poco mejor el mundo en que vivimos y el papel que en él desempeñan los medios: Pascual Serrano, Desinformación. Como los medios ocultan al mundo (Barcelona: Península, 2009) y del mismo autor, Medios Violentos: Palabras e imágenes para el  odio y la guerra (Madrid: El Viejo Topo, 2008).Ver también Denis de Moraes, A batalha da mídia (Río de Janeiro, Pao e Rosas, 2009)
[6] Ver el magnífico documental “Iraq: a deadly deception” que prueba todo esto. Ir a: https://www.youtube.com/watch?v=3fNkeOZlM4U

[8]Atilio Borón aplaudió los encarcelamientos de opositores en Venezuela y en Twitter le respondieron”, en https://www.clarin.com/mundo/atilio-boron-aplaudio-encarcelamientos-opositores-venezuela-twitter-respondieron_0_HkGhBMRU-.html


FROM WASHINGTON WITH LOVE

Para mis ardientes críticos que desestimaban burlonamente mis tesis acerca de la activa injerencia de Estados Unidos en la crisis venezolana y su propósito de poner fin a la Revolución Bolivariana les dedico, con todo cariño, esta declaración del Secretario de Estado que confirma exactamente lo que yo venía diciendo y que ahora él, como hace unos pocos días lo hizo el Director de la CIA, Mike Pompeo, ratifican ya sin ambages y descaradamente la pretensión del imperialismo norteamericano de derrocar a Maduro y "resolver", por esa vía, la crisis venezolana.(¡Menudo chasco se llevarán si llegaran a intentarlo!)
Después de esto, una pregunta: ¿con quién estás, de qué lado te colocas? ¿Estás con el imperio, y sus fines explícitamente declarados por Tillerson, o estás con el pueblo chavista y contra el imperio? Me imagino que si eres un poquitín de izquierda NO TE VAS A EQUIVOCAR, ¿NO? ¿Serías capaz de aliarte con Tillerson, Pompeo, Trump ycompañía? Naaaa, no lo podría creer
.
Lean a continuación lo que publicó el diario digital PÚBLICO en España hace unas pocas horas.
El Secretario de Estado Rex Tillerson durante la conferencia de prensa anunciando
la intención del gobierno de EEUU de derrocar a Maduro

"CRISIS EN VENEZUELA"
El secretario de Estado de EEUU dice que está estudiando la forma de derrocar a Maduro
Las diferentes agencias de información e inteligencia de Estados Unidos están evaluando qué acciones pueden tomar para forzar al presidente de Venezuela a abandonar el poder de forma voluntaria o imponer un cambio de Gobierno en el país.

WASHINGTON
02/08/2017 14:24 Actualizado: 02/08/2017 20:00

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, reveló en una rueda de prensa anoche (horario español) que las diversas agencias de inteligencia de Estados Unidos están estudiando la forma de obligar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a abandonar el poder.
En una frase de su larga conferencia de prensa que pasó desapercibida para muchos, porque trató de numerosos temas internacionales y de organización interna del Departamento de Estado, Tillerson afirmó:
"Estamos evaluando todas nuestras opciones políticas para ver qué podemos hacer para crear un cambio de condiciones [en Venezuela] donde o bien Maduro decida que no tiene futuro y quiera marcharse por voluntad propia, o nosotros podamos hacer que el Gobierno [venezolano] vuelva a su Constitución". Es decir, que sean anuladas las elecciones a la Asamblea Constituyente y el presidente pierda el poder.
"Es un debate sobre gestión política que se desarrolla esta semana a través del proceso inter-agencias"
"Pero estamos muy preocupados sobre lo que estamos viendo allá abajo", continuó Tillerson. Es un debate [interno] sobre gestión política que se está desarrollando esta semana a través del proceso inter-agencias", o sea entre las diferentes agencias de información e inteligencia de EEUU que asesoran a la Casa Blanca y al Departamento de Estado sobre posibles acciones en política exterior.
Tillerson también estimó que la nueva detención de los dirigentes opositores venezolanos Leopoldo López y Antonio Ledezma es "muy alarmante" y "podría llevar al estallido de más violencia en el país".
López y Ledezma fueron conducidos de nuevo a la cárcel militar de Ramo Verde, en las afueras de Caracas, de donde habían sido liberados para cumplir sus penas de prisión bajo arresto domiciliario. El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela decidió revocar su arresto domiciliario aduciendo que ambos "planeaban fugarse".
Ledezma fue detenido en febrero de 2015 acusado de conspiración y asociación para delinquir y tras cuatro meses preso recibió una "medida cautelar sustitutiva de libertad", por motivos de salud, por lo que estaba en su domicilio. López pasó el 8 de julio a situación de arresto domiciliario tras permanecer más de tres años encarcelado en Ramo Verde.
Los países de la UE también ha anunciado su rechazo con la Asamblea Constituyente, declarando los Veintiocho países que la conforman que "intensificarán" su respuesta y tomarán medidas "si se siguen socavando los principios democráticos en ese país".





























http://www.publico.es/internacional/crisis-venezuela-secretario-eeuu-dice-estudiando-forma-derrocar-maduro.html


(Por Atilio A. Boron)  Pocas veces se celebraron elecciones en un contexto tan signado por la violencia como las de este domingo pasado en Venezuela. Hay pocas experiencias similares en el Líbano, Siria e Irak. Tal vez en los Balcanes durante la desintegración de la ex Yugoslavia. Dudo que en algún país europeo o mismo en Estados Unidos se hubiera celebrado elección alguna en un contexto similar al venezolano. Por eso que algo más de ocho millones de personas hayan desafiado a la derecha terrorista con sus sicarios, pirómanos, saqueadores y francotiradores  y concurrido a emitir su voto demuestra el arraigo del chavismo en las clases populares y, además, un valor a toda prueba para luchar por la paz y repudiar la violencia. Y cuando el CNE dice que votaron 8.089.320 personas es así nomás, doblemente certificado por la cédula electoral y el control de las huellas dactilares de cada uno de los votantes. Ese material está allí, sujeto a verificación por parte de la oposición o de observadores independientes, contrariamente a lo ocurrido con la pantomima electoral de la MUD el 16 de Julio que en una hilarante innovación en el arte y la ciencia de la política procedió a admitir votantes con o sin documentos, sufragar cuantas veces lo quisiera para luego quemar todos los registros una vez terminado el relampagueante recuento de los 7 millones y medio de votos que mienten haber recibido.


Pese a estos antecedentes el resultado de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente fue tildado como fraudulento tanto por la derecha internacional, gubernamental o no, como por algunas sectas delirantes de la izquierda eternamente funcionales al imperialismo. Algunos ilustres gobiernos  de dentro y fuera de la región: México, Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos, Panamá, Colombia, Paraguay, Brasil, Canadá, España y Costa Rica se apresuraron a declarar al día siguiente de la elección que no reconocerían la ANC surgida del voto ciudadano en Venezuela algo que, sin dudas, le quita el sueño al gobierno bolivariano y a millones de venezolanos abatidos por tan degradante noticia. Se comprende que aquellos gobiernos no puedan hacerlo porque tienen demasiadas preocupaciones en casa como para perder un minuto en reconocer la lección de democracia que el bravo pueblo venezolano ofreciera el  domingo. México está azorado por el octavo periodista asesinado en lo que va del año, y sin nunca hallar al responsable amén de otras minucias como los 57 asesinatos por día registrados durante el 2016; el gobierno argentino por la muy probable derrota en el principal distrito electoral del país y una economía que no levanta vuelo; Chile, por la profunda deslegitimación de su sistema político y las protestas sociales que a diario conmueven las principales ciudades del país; Colombia, absorta en laatención de sus siete millones y medio de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico; Paraguay por la penetración del narco en los distintos niveles de la administración pública; Brasil por el estercolero en que se ha hundido el conjunto de su dirigencia, para ni hablar del caos en que se encuentra Estados Unidos con un jefe de estado impredecible y veleidoso como pocos y una pobre España sumida ella también en la corrupción de sus ricachones, la putrefacción de la monarquía y el irreparable desprestigio de su clase política.  Gobiernos excelsos que seguramente ignoran que el ex presidente de EEUU James Carter –no precisamente un chavista- aseguró que el sistema electoral de Venezuela era más confiable y transparente que el de Estados Unidos.


Pero, envalentonados por el apoyo de tan distinguidos gobiernos,  los críticos de la revolución bolivariana no se arredran y levantan su dedo acusador señalando que el grado de participación en la elección de la ANC, 42 % del padrón electoral, fue muy bajo y mal puede avalar las pretensiones del oficialismo de legitimar su instalación en los próximos días. La prensa canalla, cuya misión excluyente es mentir y manipular con absoluta inescrupulosidad la conciencia pública, nada dice de las condiciones bajo las cuales las venezolanas y los venezolanos salieron de sus casas a votar. Peor aún, en su absoluta descomposición moral al diario El País, nave insignia del terrorismo mediático, se le olvidó que el 21 de Febrero del 2005 tituló “Si  rotundo a la Constitución Europea con una participación del 42 %” de los españoles, resultado obtenido en medio de un clima de total tranquilidad, sin guarimbas ni sicarios sueltos por las calles. Pero doce años más tarde lo que en España permitía hablar de un “sí rotundo” se transmutaba en una crítica por la “violencia y la abstención en la Constituyente de Maduro”. Nada dijo ese “house organ” del capital que su tan admirada Michelle Bachelet obtuvo la presidencia en 2013 en elecciones que contaron con la participación del 41.9 % de los empadronados, y que en las municipales de Chile del año pasado la participación fue menor aún: 34.9 %. O que en Colombia Juan M. Santos fue elegido en un balotaje con 47 % de concurrencia de votantes y que en el Referendo por la Paz, de comienzos del  2016 la participación para decidir un asunto tan crucial como ese fue de sólo el 38 %; o que Bill Clinton fue reelecto en 1996 en comicios en los cuales tomó parte sólo el 49 % de los registrados para votar y su sucesor, George W. Bush, en otros en los cuales participó el 50.3 %. ¡Y eso que lo que estaba en juego era nada menos que la presidencia de Estados Unidos! 

En conclusión: excelente nivel de participación dadas las circunstancias y fracaso total de la estrategia de la derecha para sabotear la ANC. Esto seguramente redoblará el accionar de la fracción terrorista de la oposición cuyo desprecio por las reglas democráticas es incurable. Y eso que hay elecciones de gobernadores pautadas para diciembre de este año, y que en el año próximo tendrán lugar las presidenciales. Pero a esa “elite de forajidos”, como el laborista británico Harold Laski llamaba a la dirigencia fascista europea cuya descendencia hoy devasta Venezuela, esto no les interesa en lo más mínimo. Quieren acabar con el chavismo ya, apremiados por sus amos y financistas del norte, y para ello están dispuestos a hacer cualquier cosa, a violar cualquier norma ética. Le tocará a un relegitimado gobierno de Nicolás Maduro acabar sin más demoras con el ala terrorista de la oposición y recomponer el orden público y la vida cotidiana, sin lo cual será imposible relanzar el proyecto bolivariano.







La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

Lo anterior viene a cuento de la negación sobre el papel de la CIA en la vida política de los países latinoamericanos, aunque no sólo en ellos. Su permanente activismo es insoslayable y no puede pasar desapercibido para una mirada mínimamente atenta. Peso a ello al hablarse de la crisis en Venezuela –para tomar el ejemplo que ahora nos preocupa- y las amenazas que se ciernen sobre ese país hermano a la “Agencia” nunca se la nombra, salvo pocas y aisladas excepciones. La confusión que con su opacidad y su fetichismo genera la sociedad capitalista se cobra nuevas víctimas en el campo de la izquierda. No debería sorprender que la derecha alentara ese encubrimiento de la CIA. La prensa hegemónica –en realidad, la prensa corrupta y canalla- jamás la menciona. Es un tema tabú para estos impostores seriales. Ni a ella, la CIA, ni a ninguna de las otras quince agencias que constituyen en conjunto lo que en Estados Unidos amablemente se denomina “comunidad de inteligencia”. Eufemismos aparte, es un temible conglomerado de dieciséis pandillas criminales financiadas con fondos del Congreso de Estados Unidos y cuya misión es doble: recoger y analizar información y, sobre todo, intervenir activamente en los diversos escenarios nacionales con un rango de acción que va desde el manejo y la manipulación de la información y el control de los medios de comunicación hasta la captación de líderes sociales, funcionarios y políticos, la creación de organizaciones de pantalla disimuladas como inocentes e insospechadas ONGs dedicadas a inobjetables causas humanitarias hasta el asesinato de líderes sociales y políticos molestos y la infiltración en - y destrucción de- toda clase de organizaciones populares. Varios arrepentidos y asqueados ex agentes de la CIA han descrito todo lo anterior en sumo detalle, con nombres y fechas, lo que me excusa de abundar sobre el tema. [1]

Logos de las 16 agencias que conforman la Comunidad de Inteligencia de EEUU

Que la derecha sea cómplice del encubrimiento del protagonismo de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos es comprensible. Son parte del mismo bando y protege con un muro de silencio a sus compinches y sicarios. Lo que es absolutamente incomprensible es que representantes de algunos sectores de la izquierda –notablemente el trotksismo-, el progresismo y cierta intelectualidad atrapada en los embriagantes vapores del posmodernismo se inscriban en este negacionismo donde no sólo la CIA desaparece del horizonte de visibilidad sino también el imperialismo. Estas dos palabras, CIA e imperialismo, ni por asomo irrumpen en los numerosos textos escritos por personeros de aquellas corrientes acerca del drama que hoy se desenvuelve en Venezuela y que, ante sus ojos, parece tener como único responsable al gobierno bolivariano. Quienes se inscriben en esa errónea - insanablemente errónea- perspectiva de interpretación se olvidan también de la lucha de clases, que brilla por su ausencia sobre todo en los análisis de supuestos marxistas que no son otra cosa que “marxólogos”, esto es, cultos doctores embriagados por las palabras, como a veces decía Trotsky, pero que no comprenden la teoría ni mucho menos la metodología del análisis marxista y por eso ante los ataques que sufre la revolución bolivariana exhiben una gélida indiferencia que, en los hechos, se convierte en complacencia con los reaccionarios planes del imperio.


Toda esta horrible confusión, estimulada como decíamos al comienzo por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, se disipa en cuanto se recuerda el sinfín de intervenciones criminales que la CIA llevó a cabo en América Latina (y en donde fuera necesario) para desestabilizar procesos reformistas o revolucionarios. Una somera enumeración a vuelo de pájaro, inevitablemente incompleta, subrayaría el siniestro papel desempeñado por “la Agencia” en Guatemala, en 1954, derrocando al gobierno de Jacobo Árbenz organizando una invasión dirigida por un coronel mercenario, Carlos Castillo Armas, quien luego de hacer lo que le fuera ordenado sería asesinado tres años después en el Palacio Presidencial. Sigamos: Haití, en 1959, sosteniendo al por entonces amenazado régimen de François Duvalier y garantizando la perpetuidad y el apoyo a esa criminal dinastía hasta 1986. Ni hablemos del intenso involucramiento de "la Agencia” en Cuba, desde los comienzos mismos de la Revolución Cubana, actividad que continúa hasta el día de hoy y que registra como uno de sus principales hitos la invasión de Playa Girón en 1961; o en Brasil, 1964, asumiendo un activísimo papel en el golpe militar que derribó al gobierno de Joao Goulart y sumió a ese país sudamericano en una brutal dictadura que perduró por dos décadas; en Santo Domingo, República Dominicana, en 1965, apoyando la intervención de los marines luchando contra los patriotas dirigidos por el Coronel Francisco Caamaño Deño; en Bolivia, en 1967, organizando la cacería del Che y ordenando su cobarde ejecución una vez que había caído herido y capturado en combate. La CIA permaneció en el terreno y ante la radicalización política que tenía lugar en Bolivia conspiró para derribar el gobierno popular de Juan J. Torres en 1971. En Uruguay, en 1969, cuando la CIA envió a Dan Mitrione, un especialista en técnicas de tortura, para entrenar a los militares y la policía para arrancar confesiones a los Tupamaros. Mitrione fue ajusticiado por estos en 1970, pero la dictadura instalada por “la embajada” desde 1969 perduró hasta 1985; en Chile, desde comienzos de los años sesenta e intensificando su acción con la complicidad del gobierno democristiano de Eduardo Frei. La misma noche en que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el presidente Richard Nixon convocó de urgencia al Consejo Nacional de Seguridad y ordenó a la CIA que impidiera por todos los medios la asunción del líder chileno y, en caso de tal cosa ser imposible, no ahorrar esfuerzos ni dinero para derrocarlo. “Ni un tornillo ni una tuerca para Chile” dijo ese patán que luego sería desalojado de la Casa Blanca por un juicio político. En Argentina, en 1976, la CIA y la embajada fueron activas colaboradoras de la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, contando inclusive con la desembozada ayuda y consejo del por entonces Secretario de Estado Henry Kissinger; en Nicaragua, sosteniendo contra viento y marea a la dictadura somocista y, a partir del triunfo del sandinismo, organizando a la “contra” apelando inclusive al tráfico ilegal de armas y drogas desde la misma Casa Blanca para lograr sus objetivos; en El Salvador, desde 1980, para contener el avance de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, involucrándose activamente durante los doce años que duró la guerra civil que dejó un saldo de más de 75.000 muertos. En Granada, liquidando al gobierno marxista de Maurice Bishop. En Panamá, 1989, invasión orquestada por la CIA para derrocar a Manuel Noriega, un ex agente que pensó que podía independizarse de sus jefes, ocasionando al menos 3.000 muertos en la población. En Perú, a partir de 1990, la CIA colaboró con el presidente Alberto Fujimori y su Jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para organizar fuerzas paramilitares para combatir a Sendero Luminoso y, de paso, cuando izquierdista se les pusiera a tiro, o dejando un saldo luctuoso que se mide en miles de víctimas. Dados estos antecedentes, ¿alguien podría pensar que la CIA ha permanecido de brazos cruzados ante la presencia de las FARC-EP y el ELN en Colombia, donde Estados Unidos cuenta con siete bases militares para el despliegue de sus fuerzas? ¿O que no actúa sistemáticamente para corroer las bases de sustentación de gobiernos como los de Evo Morales y, en su momento, de Rafael Correa y hoy Lenín Moreno? ¿O que se ha retirado a cuarteles de invierno y dejado de actuar en Argentina, Brasil, y en toda esta inmensa región constituida por América Latina y el Caribe, considerada con justa razón como la reserva estratégica del imperio? Sólo por un alarde de ignorancia o ingenuidad podría pensarse tal cosa.


¿Puede, por lo tanto, alguien sorprenderse del protagonismo que la CIA está teniendo hoy en Venezuela, el “punto caliente” del hemisferio occidental? ¿Puede la dirigencia norteamericana –la real, el “deep state” como dicen sus más lúcidos observadores, no los mascarones de proa que despachan desde la Casa Blanca- ser tan pero tan inepta como para desentenderse de la suerte que pueda correr la lucha planteada contra la Revolución Bolivariana en el país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo? Puede que para el trotskismo latinoamericano y otras corrientes igualmente extraviadas en la estratósfera política la MUD y el chavismo “sean lo mismo” y no provoque en esas corrientes otra cosa que una suicida indiferencia. Pero los administradores imperiales, que saben lo que está en juego, son conscientes de que la única opción que tienen para apoderarse del petróleo venezolano –objetivo no declarado pero excluyente de Washington- es acabar con el gobierno de Nicolás Maduro dejando de lado cualquier escrúpulo con tal de obtener ese resultado, desde quemar vivas a personas a incendiar hospitales y guarderías infantiles . Saben también que el “cambio de régimen” en Venezuela sería un triunfo extraordinario del imperialismo norteamericano porque, instalando en Caracas a sus peones y lacayos, los mismos que se enorgullecen de su condición de lamebotas del imperio, ese país se convertiría de facto en un protectorado norteamericano, montando una farsa pseudodemocrática –como la que ya hay en varios países de la región- que sólo una nueva oleada revolucionaria podría llegar a desbaratar. Y ante esa opción, imperio versus chavismo, no hay neutralidad que valga. No nos da lo mismo, ¡no puede darnos lo mismo una cosa o la otra! Porque por más defectos, errores y deformaciones que haya sufrido el proceso iniciado por Chávez en 1999; por más responsabilidad que tenga el presidente Nicolás Maduro en evitar la desestabilización de su gobierno, los aciertos históricos del chavismo superan ampliamente sus desaciertos y ponerlo a salvo de la agresión norteamericana y sus sirvientes es una obligación moral y política insoslayable para quienes dicen defender al socialismo, la autodeterminación nacional y la revolución anticapitalista. Y esto, nada menos que esto, es lo que está en juego los próximos días en la tierra de Bolívar y de Chávez, y en esta encrucijada nadie puede apelar a la neutralidad o la indiferencia. Sería bueno recordar la advertencia que Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad”. Tomar nota.



Nota:
[1] Ver John Perkins, Confesiones de un gángster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005). Edición original: Título original: Confessions of an Economic Hit Man First published by Berrett-Koehler Publishers, Inc., San Francisco, CA, USA. Ver también el texto pionero de Philip Agee, de 1975, Inside the Company,y publicado en la Argentina bajo el título La CIA por dentro. Diario de un espía (Buenos Aires: Editorial Sudamericana 1987).


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