¡LOS ESCUADRONES DE LA MUERTE SIGUEN ACTUANDO EN NUESTRA AMÉRICA! HONDURAS se ha convertido en un apéndice de Estados Unidos y su presidente verdadero se llama John Kerry (según "Mel Zelaya"). En ese país continúa la cacería y masacre de periodistas críticos y dirigentes democráticos. Ahora la noticia es el asesinato de la dirigenta popular y campesina MARGARITA MURILLO ocurrido el 27 de Agosto cuando una banda de hombres encapuchados y fuertemente armados llegaron a la parcela donde se encontraba y la acribillaron a balazos, siguiendo el "manual de operaciones" que azotara a la región en los años setenta y ochentas, y que reapareciera en tiempos recientes. Desde el golpe de estado del 2009 para aquí Honduras se convirtió en el país con la mayor tasa de homicidios de las Américas y, probablemente, del mundo: 90 por cada 100.000 habitantes, es decir, casi tres veces superior al promedio de toda la región. La Honduras ocupada por los yankees lleva asesinados 7 periodistas en lo que va del 2014, y 47 desde el 2003, la mayoría de los cuales fueron perpetrados después del golpe del 2009. (Esto es lo que entiende el imperio por "libertad de prensa"). Cifras para reflexionar sobre lo que quiere decir Washington cuando habla de que su mesiánica misión es llevar las banderas de la libertad, la democracia y los derechos humanos por todo el mundo. O para entender qué es lo que pretende el gobierno de Estados Unidos cuando destina cientos de millones de dólares a "fortalecer a la sociedad civil" o a impartir cursos de "formación democrática" en países como Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. El objetivo estratégico del imperio hoy es "hondureñizar" América Latina y el Caribe y re-imponer un estatuto neocolonial regresando a nuestros países a la condición existente el día 31 de Diciembre de 1958, en la víspera de la Revolución Cubana.¡A no dejarse engañar. En guardia y, como decía Chávez, "rodilla en tierra"!

Ver la noticia sobre el asesinato de Margarita en:http://www.contrainjerencia.com/?attachment_id=92559
Las declaraciones de Zelaya se encuentran en:
http://www.contrainjerencia.com/?p=91118

26.8.2014



De golpe me desperté, sobresaltado y bañado en sudor, en la mitad de la noche. Miré al reloj y eran las 3.25 de la madrugada. Habían regresado violentamente a mi cerebro las espeluznantes imágenes que viera pocas horas antes en Dossier, el notable programa de Walter Martínez que Venezolana de Televisión y TeleSUR ponen al aire para decir y mostrar lo que los medios hegemónicos ni dicen ni muestran. Siento como si estuviera en Gaza en el momento en que las cobardes Fuerzas de Defensa Israelí (FDI) hacen saltar por el aire un edificio de doce pisos, reducido a llameantes escombros en un abrir y cerrar de ojos, cegando quien sabe cuántas vidas, proyectos, ilusiones, anhelos de gentes cuyo único pecado era ser palestinos y en donde, presumiblemente, habitada un jefe militar de Hamas. Es un insulto a la inteligencia aducir que un personaje de ese rango estaría, en medio de la agresión israelí, sentado confortablemente en su casa disfrutando del paisaje del Mediterráneo mientras conversaba con su familia. Cobardes, repito, porque quienes así actúan no son guerreros –que antaño compartían un código de honor- sino feroces asesinos que desde sus aviones, drones, helicópteros, tanques, buques de guerra descargan su violencia genocida sin arriesgar su pellejo mientras perpetran sus crímenes. Para justificarse, el gobierno israelí dice que todo es respuesta al infame secuestro y muerte de tres jóvenes colonos judíos en la Ribera Occidental, aunque no hay pruebas definitivas al respecto. Pero aún si las hubiera, la astronómica desproporción de las víctimas condena sin atenuantes a las hienas que desde Tel Aviv y Jerusalén gobiernan en Israel. La maldad e inhumanidad de esta pandilla dirigente no tiene límites, y en una repugnante involución genética –una kafkiana metamorfosis- se convirtieron en la actual reencarnación de Hitler y su horda asesina. Bombardean Gaza con más saña que la que emplearan las tropas nazis para destruir el Gueto de Varsovia, y el ataque de su aviación es infinitamente más letal que el que Hitler, con la complicidad de Mussolini y Franco, ordenara para destruir a la heroica Guernica en Euskadi. 

     Pero su inmenso aparato propagandístico, extendido como una plaga infecciosa por casi todo el mundo, nos informa que las hienas habían advertido a los gazatíes que deberían marcharse, que la vecindad  sería atacada en pocos minutos más. ¡En pocos minutos más! ¿Cómo hacer para abandonar en tan breves instantes un hogar, porque se trata de un hogar, no de una guarida? Un hogar con niños, con ancianos, con hombres y mujeres aterrorizados por la infernal orgía de sangre desatada desde hace varias semanas. Pero aún si pudieran hacerlo: ¿adónde irían? Si todos saben que no hay lugar seguro en Gaza, que ni siquiera las mezquitas o las escuelas de la ONU, para no hablar de los hospitales, son refugio seguro contra la barbarie de las FDI. ¿Dónde podían ir? ¿Al Greenwhich Village, al Central Park, al Upper West Side neoyorkino, al Barrio Latino de París, a Trafalgar Square en Londres ? Están atrapados y no tienen escapatoria. Son como los animales de laboratorio, víctimas condenadas a morir en un experimento de “limpieza étnica” meticulosamente planificado, como hacía el monstruoso doctor Josef Mengele con los judíos en el campo de concentración de Auschwitz. Gentes condenadas a estallar por los aires, ante la indiferencia de los custodios de la “civilización occidental y cristiana” que se nutre de la noble tradición judía sobre la cual vomitan los actuales gobernantes de Israel.    
Ante tanta barbarie flota un silencio cómplice, como el que hubo cuando Hitler masacraba a seis millones de judíos ante la pasividad generalizada de Occidente. Silencio de los gobiernos pero silencio aún más pesado e insoportable, en el caso argentino, de los intelectuales judíos –inclusive de quienes son conocidos por sus posturas progresistas y, en algunos casos, de izquierda- que salvo pocas y honrosas excepciones se han llamado a un mutismo absoluto que no los librará de su responsabilidad ante la historia y los pueblos.(1) Tan vergonzosa ha sido su capitulación que quedaron situados a la derecha de Mario Vargas Llosa, que criticó con durísimos términos la conducta del régimen israelí a quien acusó de convertirse de víctima en victimario. En Israel, en cambio, no son pocos los que haciendo honor a la gran tradición humanista del judaísmo han venido denunciando públicamente la “limpieza étnica” y los crímenes de guerra del régimen de Netanyahu. Y para honor de Nuestra América hubo miles de personas que firmaron el Manifiesto titulado “En Defensa de Palestina” propiciado por una iniciativa del Presidente Evo Morales y promovido por la Red en Defensa de la Humanidad. Pero en Gaza la muerte sigue su curso, y la putrefacción del sistema de Naciones Unidas muestra toda su ineptitud para detener esta carnicería. Los medios hegemónicos, a su vez, pretenden re-editar la teoría de “los dos demonios” y mostraron días pasados la foto de un niñito israelí, hijo de inmigrantes argentinos, muerto a causa de un ataque de Hamas. Se lo presenta luciendo una camiseta de la selección argentina de fútbol y cualquier persona de buenos sentimientos no puede sino horrorizarse ante una vida tronchada de esa manera, por culpa de la violencia desatada por sus propios gobernantes. Pero esa misma prensa no exhibe fotos similares de los niños palestinos cuando aún estaban vivos; sólo los muestran una vez que están muertos. No se trata de jóvenes vidas segadas criminalmente sino de una interminable sucesión de imágenes horrorosas de niños despanzurrados, reventados, acribillados. En un cierto sentido se los presenta como si jamás hubiesen estado vivos, como sí lo hicieron en el caso  del niño israelí. El metamensaje sería algo así como que los palestinos siempre estuvieron muertos; esto, lo de Gaza hoy, no es sino la confirmación de algo que ya sabíamos, que estaban muertos y por lo tanto no se puede hablar de asesinato. En cambio el otro, el israelí, estaba vivo y unos desalmados lo mataron.
El infierno gazatí ha producido un sinfín de monstruosas aberraciones. Entre ellas hay una que no ha tenido la atención que se merece y que ha sido destacada por un agudo analista norteamericano, el profesor Immanuel Wallerstein. Según él, resulta que el “Califato del Estado Islámico”, a veces también llamado ISIS o ISIL, parecería ser “la fuerza militar más entrenada y comprometida de la región” a excepción, claro está, del ejército israelí. La pregunta que surge de inmediato es la siguiente: ¿cómo es esto?, ¿quién reclutó, financió, armó y entrenó a una fuerza militar tan poderosa? La respuesta es clara: Estados Unidos, sus “lamebotas” europeos y sus compinches en las reaccionarias e hipercorruptas monarquías del Golfo Pérsico. ¿Por qué lo hicieron? Porque querían producir un “cambio de régimen” (léase: golpe de estado) para acabar con el gobierno de Bashar al-Asad en Siria y para eso armaron un ejército de mercenarios, una verdadera “armada Brancaleone” en la cual agruparon a matones, ladrones, violadores, prófugos de la justicia y mercenarios de todo tipo y pelaje que los aparatos ideológicos del imperio rápidamente ennoblecieron -como lo hicieran con los “rebeldes” en Libia, y antes en Nicaragua- llamándolos “combatientes por la libertad”. Con esta manipulación informativa pretenden disimular lo que no es otra cosa que un sangriento asalto al poder y la destrucción de un país como si fuera una “guerra civil” entre un régimen despótico y unas buenas almas democráticas y libertarias, que lo combaten con las armas y la cobertura política y mediática que le proporcionan los gobiernos -¡malditos gobiernos, una y mil veces malditos!- de Occidente, entendido éste no como un dato geográfico sino como la expresión geopolítica de la dominación del capital en el plano mundial. Receta probada “exitosamente” en Libia y en Irak y que desde hace poco más de tres años desangra a Siria, que el imperio necesita subordinar para aislar a Irán y entorpecer los planes de Rusia en la región. Y como la historia tiende a repetirse días pasados el Califato decapitó públicamente al periodista estadounidense James Wright Foley, y amenaza con convertir esta bárbara práctica en una rutina periódica como respuesta al nuevo bombardeo de Washington en Irak. Ocurre con ese nefasto engendro de Occidente lo mismo que antes sucediera con Saddam Hussein, con Osama bin Laden, con Netanyahu y la dirigencia neonazi del estado de Israel: Estados Unidos y sus clientes arman a estos rufianes hasta los dientes –en el caso de Israel, con un impresionante arsenal nuclear- para que sirvan como peones de sus estratagemas geopolíticas para luego observar, impotentes, como, sus creaturas se independizan de sus creadores y se convierten en sus enemigos o, en el caso de Israel, en incontrolables y criminales aliados. Se confirma así la tesis de que el imperialismo es una máquina imparable de crear monstruos políticos que asolan pueblos enteros y que, tarde o temprano, se vuelven contra sus creadores.  
La súbita irrupción del Califato y sus crímenes transmitidos en tiempo real es otro desafío ante el cual no podemos permanecer en silencio y que debemos condenar sin atenuantes. Pero ¿cómo harán quienes han sido cómplices de las atrocidades de Israel para rasgarse sus vestiduras ante los crímenes del Califato? ¿Con qué autoridad moral podrían hacerlo? Quienes firmamos el manifiesto “En Defensa de Palestina” podemos juzgarlos y condenarlos, pero quienes callaron ante los crímenes de guerra perpetrados en Gaza deberán permanecer en silencio, ahora y siempre. Su autocastración moral es una desgracia, no sólo para ellos, sino para la humanidad. Y es irreparable. Recuerdo una frase que me impresionó de la Divina Comedia. Es la que el Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno. Decía textualmente: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad.” Dicho en términos actuales, ese horrendo y ardiente lugar está reservado para quienes ante los crímenes del estado de Israel optaron por el silencio. Para siempre.

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(1) Hay que destacar algunas alentadoras excepciones: Bolivia y Venezuela rompieron relaciones con Israel mientras que Chile, Ecuador, Brasil y Perú han llamado a consultas a sus embajadores en Tel Aviv. La República Bolivariana de Venezuela, además, ha enviado una importante ayuda humanitaria para los habitantes de Gaza. Pero aún está sin revisar el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur e Israel.
 

Comparto dos enlaces que remiten a  muy interesantes notas sobre la agresión israelí a Gaza, uno de los temas más lacerantes de los últimos años y que revela la insanable crisis de la ONU y la necesidad de una reforma radical de esa organización a los efectos de empoderarla para impedir que continúen perpetrándose actos de genocidio como los que lleva a cabo la pandilla de Netanyahu. Sus autores son Claudio Katz y Jorge Luis Ubertalli, que aportan dos miradas diferentes pero ambas sumamente sugestivas sobre el tema.



Claudio Katz, "horror y esperanza en Palestina",
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188649

Jorge Luis Ubertalli, "Israel: diagnóstico y tratamiento"

http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6031:2014-08-16-20-24-40&catid=101:las-comunidades-en-resistencia&Itemid=436


(Por Atilio A. Boron)  A diferencia de otros países de América Latina, la historia económica argentina presenta como uno de sus rasgos más distintivos la periódica aparición de restricciones en el sector externo ocasionadas por la escasez de dólares para sostener las necesidades de la importación y, en mucho menor medida, el ahorro de las capas medias. En estos días se ha conocido, si bien no de manera oficial y explícita, que el puñado de gigantescas cerealeras que controlan la producción y exportación de granos y oleaginosas de este país sólo han procedido a vender poco más de la tercera parte de la última cosecha: un 37 por ciento.[1] En otras épocas a esta altura del año ya habían liquidado las dos terceras partes, pero esta vez tal cosa no ocurrió. Al actuar de esta manera las multinacionales dominantes en el sector han disminuido significativamente el aporte de dólares a la economía argentina que, como es bien sabido, ha sufrido en las últimas décadas un acentuado proceso de internacionalización y de concentración en manos de grandes oligopolios extranjeros, todo lo cual intensifica la demanda de la divisa estadounidense en las más diversas ramas de la actividad económica.

            Son varios los factores de orden especulativo que explican esta conducta. En primer lugar, al promover una devaluación del peso se aumenta la rentabilidad de los sectores agrarios, mecanismo archiconocido y archiprobado para propiciar una transferencia de ingresos desde asalariados y consumidores hacia el capital más concentrado y sus aliados. Los “agronegocios” comandados por las megacerealeras, con Cargill a la cabeza, y sus socios terratenientes adoptaron esta conducta acicateada por todos los informes técnicos que pronosticaban la continuidad de la tendencia bajista de la soja y como una manera de resarcirse de las pérdidas que aquella podría ocasionar con una fuerte devaluación del peso. Ante ella había otra alternativa: vender lo antes posible y evitar un mayor deterioro del precio de la oleaginosa. Pero optaron por retener sus ventas, estimulados por los consejos de los desprestigiados “gurúes” de la citi porteña que aconsejaron no vender la cosecha porque la devaluación del peso sería inminente. Este comportamiento demuestra la falsedad de las afirmaciones que aseguran que “el campo está endeudado”, como dicen sus apologistas, porque si lo estuviera sus agentes venderían la totalidad de la cosecha para salvar sus deudas. Y se demuestra asimismo el carácter fuertemente especulativo del comportamiento del complejo del “agronegocios” y, por otra parte, la incomprensible indefensión en que se encuentra el estado nacional ante sus maniobras que lo convierten, de hecho, en un factor de desestabilización económica al imponer una política como la devaluación del peso, contraria a la promovida por el gobierno nacional.[2]

        En otras palabras, la estructura y lógica de funcionamiento del sector agrario muestra la existencia de una coalición dotada de una formidable capacidad de extorsión sobre el gobierno nacional. En el centro de esta telaraña de intereses rurales se encuentra un puñado de gigantescos oligopolios entre los que sobresalen, aparte de la ya mencionada Cargill,  Bunge, ADM, Louis Dreyfus Commodities, AGD, Molinos Río de la Plata, Nidera, Molino Cañuelas, Los Grobo Agropecuaria y Aceitera General Deheza. El segundo círculo de esta alianza lo conforman una vieja y nueva gran burguesía terrateniente (esta última, procedente del intenso proceso de desmonte y ampliación de la frontera agrícola y la desposesión de las comunidades tradicionales y los pueblos originarios); y el tercero es un vasto pero decreciente, debido al veloz proceso de concentración de la propiedad fundiaria, conglomerado de medianas y pequeñas propiedades agrícolas atrapadas por una formidable revolución tecnológica que las ata de pies y manos al grupo de empresas multinacionales dominantes del complejo. Este núcleo hegemónico asienta su primacía por su colosal dimensión empresarial, de alcance planetario; porque detenta el monopolio de la tecnología alimentaria de última generación y porque tiene en su poder la llave que abre la puerta de los mercados mundiales y, por eso, está en condiciones de fijar el precio de los granos, de conceder préstamos a los sectores más débiles del complejo –desplazando progresivamente de esa función al Banco de la Nación Argentina y otras entidades bancarias y abriendo un potencial frente de conflicto entre los “agronegocios” y el sistema bancario en la disputa por la renta financiera-, de transportar y acopiar su cosecha y de proveerles el paquete tecnológico, las semillas, fertilizantes y pesticidas para comenzar la siguiente campaña. El sector hegemónico de esta alianza es, de lejos, la que se lleva la parte del león de la rentabilidad del sector: vende en el exterior, percibe dólares por sus operaciones y sus gastos locales (sueldos, combustibles, transporte, instalaciones, impuestos) se abonan en pesos.

        A diferencia de Chile, en donde los ingresos del principal producto de exportación, el cobre, van a parar al fisco; o de Venezuela, en donde el producido por la exportación petrolera pasa directamente a las arcas del estado, en la Argentina los ingresos de las exportaciones agropecuarias (y las mineras) quedan en manos de empresas privadas y extranjeras. En menor medida esto también se reproduce con las exportaciones industriales. El resultado de esta infeliz ecuación es que las divisas que el país necesita para motorizar su desarrollo, promover el avance industrial, financiar sus programas sociales y satisfacer la demanda interna de dólares está sujeta al arbitrio de un puñado de grandes multinacionales.

Ante ello, la única alternativa razonable para enfrentar la crisis del sector externo es la nacionalización del comercio exterior mediante la creación de una “aggiornada” Junta Nacional de Granos que asuma el control de las exportaciones agropecuarias de la Argentina y corte de raíz el chantaje al que el estado nacional se ve sometido por las multinacionales del “agronegocios”. Organismos de este tipo existen en países que para nada pueden ser acusados por los representantes del “campo” como “populistas”. Nos referimos a Australia, Nueva Zelandia y Canadá, que tienen instituciones de este tipo para regular y monitorear todo lo concerniente a la producción y las exportaciones agropecuarias. Como es bien sabido la Argentina tenía una agencia de este tipo desde 1933, y sobrevivió con distintas restructuraciones y nombres hasta que el gobierno de Carlos S. Menem dispuso la disolución de la misma con el Decreto 2294 de 1991. Desde entonces las actividades regulatorias que antaño ejercía la JNG no desaparecieron, como dicen los apologistas de la desregulación, sino que fueron privatizadas y quien hoy ejerce esas funciones de regulación son las multinacionales cerealeras, lo cual constituye un tremendo disparate. Es decir, se pasó de un control público condicionado por los mecanismos democráticos de la república, a otro de carácter privado, absolutamente descontrolado y que se mueve en función de una estrategia mundial de maximización de beneficios. Y, por eso mismo, esas multinacionales son las que tienen la capacidad para decidir, vía su control de las exportaciones y su estrategia de ventas, cuál será la oferta de dólares con que contará la economía argentina y si esta puede avanzar por la senda del crecimiento o, producto de un estrangulamiento originado en el sector externo, hundirse progresivamente en la recesión.

Por eso, y tal como lo decíamos en un trabajo anterior, la estatización del comercio exterior no puede ser una medida aislada.[3] Por el contrario, se  necesita un enfoque integral dado que, a diferencia de la vieja JNG, debe:

(a)     incluir bajo su jurisdicción a toda la cadena de producción y  comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo;

 (b) examinar y promover una reforma impositiva  especialmente diseñada en función de las nuevas realidades del capitalismo agrario y que permita poner en marcha un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de los distintos componentes del “agronegocios”; y, finalmente,

(c) re-estatizar los puertos de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados por el menemismo y que constituyen verdaderos “estados dentro de un estado” que se prestan para toda clase de maniobras fraudulentas del complejo sojero-cerealero.

Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Por supuesto, las mismas requieren de imaginación, solvencia técnica y experiencia práctica. No se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones (como el silo bolsa, para citar sino un ejemplo, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha a la vez que le permite postergar su venta hasta que el precio sea conforme a sus expectativas) todo lo cual exige de dispositivos muchos más sofisticados que antaño para asegurar el control público de la riqueza originada en el sector agrario.

De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. A tales efectos será decisivo, para garantizar la viabilidad práctica de esta iniciativa, convocar a un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: además de la largamente demorada reforma tributaria la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados y un replanteamiento radical de las políticas destinada a preservar la soberanía efectiva, no meramente retórica, sobre los bienes comunes de nuestro país, sobre todo en el sector minero e hidrocarburífero. Una convocatoria popular sin sectarismos, soberbias burocráticas o desmovilizadores verticalismos porque, de lo contrario, la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Se requiere del pueblo en las calles para defender esa política, factible si se reúnen las condiciones planteadas más arriba.

Para concluir, lo que en términos políticos se produjo en el apogeo del neoliberalismo menemista fue una gigantesca transferencia de soberanía en donde un área estratégica: la provisión de divisas, que en otros países está a cargo del –o fuertemente contralada por el- estado, fue cedida al puñado de megacorporaciones que controlan gran parte de los alimentos que consume la población mundial.  Esto constituye una aberración que debería haber sido corregida hace largos años, y que si no se lo hace ahora podría asestar un golpe mortal a todo proyecto económico que intente fundarse sobre la soberanía económica de nuestro país. Se trata, sin un ápice de exageración, de una cuestión de vida o muerte. Los remedios están al alcance de la mano. Habrá que ver si existe la voluntad política para aplicarlos, antes de que sea demasiado tarde.





                                                                                       









[1] Durante el año 2013 las exportaciones del sector agropecuario ascendieron a unos 50.000 millones de dólares, incluyéndose en este total las Manufacturas de Origen  Agropecuario (MOA), que con 30.059 millones de dólares representaron un 36,2%  del total exportado mientras que los productos primarios –principalmente cereales y oleaginosos- sumaron ventas por 19.302 millones de dólares, un 23,3% del total exportado. Las exportaciones mineras sumaron en ese mismo año 4.136 millones de dólares.

[2] Nótese que las reservas del Banco Central cayeron de poco más  52.190 millones de dólares en el 2010 a 29.278 millones de dólares a fines de junio del 2014. No toda esta enorme fuga de capitales puede ser atribuida a las maquinaciones del complejo del “agronegocios”, pero sin duda que su contribución para llegar a tan lamentable resultado no fue para nada desdeñable.

[3] Cf. nuestro “Argentina: ante la ofensiva de los oligopolios, ¡estatizar el comercio exterior!”, en ALAI, 30 Enero 2014, http://alainet.org/active/70910


FIDEL: una historia, cinco miradas”

El martes 19 de agosto a las 19hs, en el Comité Central del Partido Comunista (Av.  Entre Rios 1039, Buenos Aires) se inaugurará la muestra fotográfica “Fidel una historia, cinco miradas”.


La exposición que reúne fotografías de Osvaldo Salas, Liborio Noval, Roberto Salas, Pablo Caballero y Alex Castro; contiene una impresionante serie de retratos, en su casi totalidad inéditos,  del líder histórico de la Revolución Cubana desde su salida de la prisión en Cuba, en 1955, y su posterior viaje a Nueva York para organizar y financiar la expedición del Granma, hasta la actualidad. 

La inauguración de la muestra contará con la presencia con la presencia del Embajador de Cuba, Jorge Lamadrid Mascaro; y el Secretario del Partido Comunista de Argentina Patricio Echegaray.


No se la pierdan!

Estados Unidos y Cuba: la USAID y la política de la sedición permanente *

(Por Atilio A. Boron) Días atrás un cable de Associated Press informaba que la USAID, la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo), había enviado a Cuba, como turistas, a un grupo de jóvenes de diversos países latinoamericanos con el objeto de promover la politización y la rebeldía de la, según esa agencia, “apática juventud cubana” e identificar “actores potenciales del cambio social.” [1] La iniciativa se adoptó en Octubre del 2009,  seis días después de que las autoridades de la Isla arrestaran a Alan Gross,  un supuesto experto en cuestiones de desarrollo que, como contratista de la USAID, introdujo ilegalmente tecnologías informáticas en Cuba. Gross había sido recomendado para hacer esa tarea por el Comité Judío Americano y enviado a la Isla con el aparente propósito de ayudar a la comunidad judía cubana a conectarse a Internet.
El reclutamiento y envío del grupo de jóvenes a Cuba es tan sólo uno de los múltiples programas clandestinos que la Casa Blanca utiliza para promover el “cambio de régimen” -un eufemismo utilizado para evitar hablar de “subversión constitucional” o “sedición”- en Cuba y que se lleva a cabo en más de un centenar de  países bajo el paraguas de organizaciones de pantalla como la USAID, la NED (el Fondo Nacional para la Democracia) y un sinnúmero de ONGs o instituciones de diverso tipo, presuntamente interesadas en  la promoción de los derechos humanos, el  cuidado del medio ambiente y el desarrollo. Al igual que en el caso de Gross, la USAID apeló a la tercerización para encubrir su involucramiento en esta operación y contrató a una firma internacional basada en Washington, Creative Associates, que opera en 85 países ofreciendo asesoría y asistencia a programas de desarrollo. Seguramente que de pura casualidad es la misma compañía que, haciendo honor a su nombre, intentó crear una red de mensajes de texto con el nombre de “ZunZuneo”, que intentaba ser una suerte de “Twitter cubano” para favorecer actividades ilegales en la Isla. Para ejecutar la actual misión encomendada por la USAID la citada empresa subcontrató a su vez los servicios de Fernando Murillo, el jefe de una ONG de derechos humanos de Costa Rica, la FOGI (Fundación Operación Gaya Internacional)  quien dirigió el ilegal operativo. De este modo los jóvenes cubanos no tenían como saber que quien estaba detrás de esta iniciativa era el gobierno de los Estados Unidos, que desde el 1º de Enero de 1959 ha hostigado y agredido sin pausa a Cuba. La larga mano del imperio actuaba a través de una compleja cadena de mediaciones que la invisibilizaban por completo.


Es sumamente aleccionador que un programa de este tipo, claramente inamistoso e injerencista, comenzara poco después de la asunción de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos y cuando el nuevo mandatario asegurara a tus colegas de la región presentes en la Vª Cumbre de las Américas (Trinidad-Tobago, Abril 17-19, 2009)  que promovería un “nuevo comienzo” en las relaciones cubano-estadounidenses luego de décadas de hostilidades. Es bien sabido que sus promesas se esfumaron como una niebla matinal, no sólo en relación a Cuba. Así lo comprueban iniciativas clandestinas como la que estamos comentando, las reiteradas y multimillonarias multas aplicadas a empresas extranjeras por el imperdonable delito de comerciar con la Isla y su indiferencia, agravada por tratarse de un Premio Nobel de la Paz, ante el clamor universal que exige la inmediata libertad de los tres héroes cubanos encarcelados en un proceso viciado de irreparable nulidad por luchar en contra del terrorismo. Pero no sólo las promesas de campaña se esfumaron en relación a Cuba; también sucedió lo mismo cuando, para poner apenas un par de ejemplos, elevó el presupuesto militar de Estados Unidos por encima de la barrera aparentemente infranqueable del billón de dólares (cuando se toman en cuenta todos los componentes del gasto militar, incluyendo mercenarios, actividades tercerizadas, obras de reconstrucción de lo que el Pentágono destruye y el presupuesto de la ex VET, Administración Nacional de Veteranos, elevada en 1989 a la categoría de Departamento del Poder Ejecutivo Federal). O cuando el Huffington Post confirma, con datos de la Oficina de Periodismo Investigativo, que el pacífico presidente afroamericano lleva exterminados más de 2.400 personas solamente con sus drones, superando ampliamente el record de su no galardonado predecesor.[2]  De estas inconsistencias se pueden inferir dos conclusiones: una, que Obama miente y su discurso no guarda relación alguna con sus políticas concretas o, dos, que el ocupante de la Casa Blanca tiene escaso control sobre lo que hace la maquinaria gubernamental norteamericana que respondería a lo que algunos politólogos de ese país llaman “el gobierno secreto”, no electo, permanente de Estados Unidos y que un ex presidente, Dwight Eisenhower denominara “el complejo militar-industrial”.  En cualquier caso la inferencia no podría ser más deplorable. [3]

Consultada por AP un portavoz de la USAID dijo que esa agencia y la administración de Obama “están comprometidas a apoyar el deseo del pueblo cubano para determinar libremente su futuro. La USAID trabaja con grupos de jóvenes independientes en Cuba en proyectos de servicios comunitarios, salud pública, las artes y otros … consistentes con programas de democracia en todo el mundo.” En línea con este predicamento Murillo llega a Cuba en Abril del 2010 y se instala en Santa Clara, donde toma contacto con un grupo de jóvenes artistas interesados en música electrónica y la producción de videos. Pero para actuar se necesitaba una cobertura, lo más inocente e inofensiva posible: la FOGI la encontró en la realización de un taller sobre métodos de prevención del VIH, lo cual era, según sus organizadores, la “excusa perfecta”.  El cable de la AP afirma que en un informe de seis páginas elevado a Creative Associates Murillo sólo menciona al HIV  una sola vez para decir que fue “la excusa perfecta para el tratamiento del tema de fondo”. Más adelante ese informe revela la existencia de otro objetivo: “la generación de una red de voluntarios para la transformación social”.


Tres contingentes de jóvenes fueron a Cuba con este propósito, reclutados en Venezuela, Perú y Costa Rica. Los supuestos turistas recibieron instrucciones de reportarse cada 48 horas y un rudimentario código de seguridad para alertar sobre las condiciones en que se desenvolvía su labor. Si sospechaban que la contrainteligencia cubana estaba tras sus pasos debían enviar un mensaje diciendo “me duele la cabeza”, con lo cual la misión debía ser temporalmente suspendida. “Me intoxiqué y tuve que ir al hospital” significaba que el grupo fue detenido e interrogado y que seguirían en la Isla pero sólo como turistas,  y así sucesivamente. En ningún momento  estos “turistas”,  y mucho menos el jefe del operativo, Murillo, dieron a conocer la responsabilidad de la USAID en la organización y financiamiento del proyecto.  Los jóvenes participantes recibían de la FOGI una compensación de 5.41 dólares la hora, aproximadamente la mitad del salario mínimo vigente en Estados Unidos.  Fueron enviados para hacer labores de espionaje y conspiración para promover el derrocamiento del gobierno cubano y de ningún modo podían aducir ignorancia de ello. El costo de la operación habida cuenta de lo que se abonaba por su trabajo a los falsos turistas era irrisorio, y si llegaban a ser apresados Washington podía lavarse las manos pues no eran nacionales de Estados Unidos quienes desenvolvieron esas actividades. Es más, su arresto habría creado un irritante entredicho entre Cuba y tres países latinoamericanos.

Una vez hecha pública la noticia la vocera del Departamento de Estado, Jean Psaki, alabó la decisión del gobierno de Estados Unidos de enviar jóvenes latinoamericanos a Cuba en un programa para promover el cambio de régimen en la Isla. Dijo textualmente que  “Hay programas en el mundo orientados a desarrollar una sociedad civil más vibrante y capaz, consistente con los programas mundiales de promoción de la democracia. Y obviamente este programa estaba en línea con eso” (¡es sabido lo que Estados Unidos quiere decir con “democracia”!).  Por su parte el presidente Barack Obama también salió a defender ese programa –inmoral, clandestino e ilegal- y reconoció que tenía un doble propósito: fortalecer a la “sociedad civil” cubana (otro conveniente eufemismo para no llamar a las cosas por su nombre: sedición) e instruir  a los jóvenes cubanos sobre los riesgos  del HIV.  Es un escándalo que el presidente de un país que se ha arrogado la condición de líder en la lucha por la libertad, la justicia y los derechos humanos haga la apología de una actividad delictiva, que tuvo que ser ocultada ante la ciudadanía que con sus impuestos financia a la USAID para promover el desarrollo y no proyectos sediciosos en terceros países.  Ni Psaki ni Obama pueden desconocer que la legislación de Estados Unidos considera como un crimen federal cualquier acto que “organice, ayude o intente organizar una sociedad, grupo o conjunto de personas que enseñan, promueven o alientan el derrocamiento o destrucción del gobierno.” Es más, el Código Penal estadounidense aclara que “el término ‘organiza’ u ‘organizar’ … incluye el reclutamiento de nuevos miembros, la formación de nuevas unidades, y el reagrupamiento o expansión de las unidades existentes”, y que la penalidad que corresponde aplicar en estos casos es de hasta 20 años de prisión. (U.S. Code § 2385 › Title 18 › Part I › Chapter 115 › § 2385), y el castigo se endurece cuando quien incurre en esas actividades es un extranjero.  La liviandad con la cual Obama se refirió a esta operación clandestina, caracterizada como un crimen en Estados Unidos, contrasta con la fuerte reacción que se manifestó en algunos de los más importantes miembros del Congreso, sobresaliendo entre ellos el senador demócrata Patrick Leahy, titular de la comisión de apropiaciones, quien condenó con duros términos la maniobra. “Es peor que irresponsable” porque, según Leahy, “nunca se debería sacrificar el suministro de programas sanitarios o cívicos en favor de objetivos de espionaje”. 

Bastaría con imaginar cual sería la reacción Washington si se descubriera que un grupo de jóvenes iraníes, iraquíes y afganos ingresaran como turistas y recorrieran universidades  alertando sobre los peligros del HIV y reclutando jóvenes para motivarlos y organizarlos con vistas a derrocar el orden constitucional vigente en Estados Unidos para calibrar la gravedad de lo acontecido en Cuba. Sin embargo, el infame doble rasero del gobierno estadounidense hace que lo que en casa se considere un crimen merecedor de durísimas condenas sea una actividad virtuosa cuando se practica en el exterior. Una muestra más de la descomposición moral de un imperio en decadencia, que no cesa de conspirar para perpetuar a cualquier costo la subordinación de los países que luchan por su dignidad, su emancipación, su libertad.

*  Una versión resumida de esta nota fue publicada en Página/12 (Buenos Aires)  en su edición del Domingo 10 de Agosto del 2014 con el título “La sedición interminable”.





[3] Hemos examinado in extenso este tema en Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del imperio. La violación de los derechos humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009)

6 de Agosto, 2014.

El hongo atómico luego del bombardeo a Hiroshima
En un día como hoy, pero hace 69 años, se cometía un acto de una barbarie inusitada por su mortal eficacia y su descomunal escala destructiva: la ciudad japonesa de Hiroshima era literalmente barrida de la faz de la tierra por una bomba atómica arrojada por el Enola Gay, un bombardero B-29 de los Estados Unidos. En apenas un instante unas 80.000 personas de las 350.000 que vivían en esa ciudad fueron calcinadas y reducidas a cenizas al ser impactadas por un vendaval radioactivo de más de 2.000 grados de temperatura. Al cabo de unos pocos años se sumarían entre 50 y 80 mil nuevas víctimas, aparte de quienes sobrevivieron con terribles quemaduras y lesiones de todo tipo y los nacidos con insanables deformaciones que les marcarían toda su vida. En un alarde de sadismo sin precedentes el presidente Harry Truman ordenaría un segundo bombardeo atómico, esta vez sobre Nagasaki, otra ciudad indefensa al igual que la anterior, exterminando otras  73.000 personas en menos de un segundo. El recuento total de las víctimas que murieron a causa de los dos bombardeos –tanto los que perecieron en el acto como quienes fallecieron con posterioridad- llegaba, en el año 2008, a poco más de 400.000 personas. El relato oficial estadounidense es que el bombardeo atómico precipitó la rendición incondicional de Japón y puso fin a la Segunda Guerra Mundial, ahorrando así miles de vidas de soldados norteamericanos. Pero la historia es diferente.

Hiroshima arrasada, aún en llamas días después
En realidad este brutal genocidio fue un cruel escarmiento porque política y militarmente Japón ya estaba derrotado y su capitulación final era cuestión de días. Derrotado en el Pacífico por Estados Unidos, las tropas soviéticas estaban prestas para invadir a Japón desde Manchuria y sus defensas serían rebasadas con facilitad. Su suerte estaba echada.  Pero esa certidumbre no contaba porque lo que Washington buscaba, aún al precio de perpetrar un horrendo crimen de guerra, era demostrar al mundo quien era la nueva potencia hegemónica del planeta y quien, gracias a su monopolio nuclear, estaba llamada a establecer un “orden mundial” (en realidad, un escandaloso desorden) congruente con sus intereses, y a cualquier precio. Los bombardeos atómicos sobre las dos ciudades japonesas fue una suerte de sacrificio iniciático de la nueva era, concebido para enviar un potente  mensaje para propios (principalmente sus aliados británicos y franceses) y ajenos, como sus ocasionales adversarios alemanes y japoneses, pero sobre todo para la Unión Soviética toda vez que la inesperada llegada del Ejército Rojo a Berlín contenía funestos desafíos para el nuevo orden imperial de la posguerra. Si para que este mensaje fuera comprendido era preciso aniquilar a centenares de miles de personas indefensas se procedería sin remordimiento alguno, como lo proclamarían orgullosamente hasta el final de sus  miserables  vidas los tripulantes del B-29 que destruyó Hiroshima. Afortunadamente el monopolio nuclear en manos de Washington duró apenas unos años, y el chantaje atómico quedó neutralizado por el “equilibrio del terror”. Pero la pesadilla desatada con semejantes actos de barbarie habría de perdurar para siempre.

El 13 de Septiembre de 1945, el NYT tranquiliza a sus lectores

La prensa del establishment acompañó las mentiras oficiales justificatorias de la barbarie cometida aquel 6 de Agosto. Un artículo del New York Times, publicado el 13 de Septiembre de 1945, decía en su título que no había rastros de radioactividad en Hiroshima. Obedecía ciega e irresponsablemente a la censura impuesta por el Pentágono que prohibía hablar de radiación y decía, en cambio, que las víctimas japonesas murieron por el estallido de la bomba. Fue la primera gran mentira de las muchas que hubo sobre el tema. Sin ir más lejos hoy se acusa a Irán de estar empeñado en la fabricación de armamento nuclear mientras se oculta la denuncia hecha por un científico israelí, Mordechai Vanunu, cuando en 1986 reveló al mundo que con la ayuda de Estados Unidos su país estaba construyendo un arsenal de más de 100 ojivas nucleares, más letales que las arrojadas sobre las dos ciudades del Japón. Wanunu fue secuestrado en Roma, condenado por un tribunal en Jerusalén a una pena de 18 años de cárcel acusado de traición y espionaje. Pese a haber cumplido su sentencia (con 11 años y medios en celda de confinamiento solitario) y sin haber nuevos cargos en su contra las autoridades israelíes se rehúsan a otorgarle un pasaporte y le impiden salir de Israel.  ¿Su crimen? Alertar al mundo sobre la posibilidad de que un horror como el de Hiroshima y Nagasaki pueda desatarse en Oriente Medio. Por supuesto, la prensa "seria" ha decretado la muerte civil de Wanunu hace muchos años.   

Como bien recuerda Noam Chomsky, con el fulminante asesinato en masa de varios centenares de miles de personas se cierra una época y da comienzo a otra, más ominosa. Según el lingüista “si alguna especie de extraterrestres fueran a compilar una historia del Homo Sapiens ellos podrían dividir el calendario en dos eras: AAN (antes de las armas nucleares) y DAN (después de las armas nucleares). Esta última se abrió el 6 de Agosto de 1945, el primer día de la cuenta regresiva de lo que podría ser el inglorioso final de esta extraña especie, cuya inteligencia le permitió descubrir los medios efectivos para su propia destrucción pero -como lo sugiere la evidencia- no la capacidad intelectual y moral para controlar sus peores instintos.” Todavía hay esperanzas, pero no deja de ser preocupante el silencio con que ha transcurrido este nuevo aniversario de la atrocidad perpetrada en Hiroshima, sobre todo a la luz de la que en estos días hemos visto en Gaza por un estado 
que dispone de un formidable arsenal atómico y cuyos gobernantes han dado sobradas pruebas de una espeluznante inescrupulosidad moral.

5.8.2014

lea, adhiera y difunda. La población de Gaza necesita que obliguemos a Israel a parar el genocidio.
Fraternal abrazo,

A. Boron






La Paz, Estado Plurinacional de Bolivia
4 de agosto de 2014


EN DEFENSA DE PALESTINA


La Red En Defensa de la Humanidad (REDH), ante los trágicos sucesos que está viviendo el hermano pueblo palestino en Gaza, cumple con su deber de manifestar lo siguiente:

Declaramos nuestra adhesión a las palabras del compañero Evo Morales, fundador de la Red En Defensa de la Humanidad y Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, por las que se declara a Israel como Estado terrorista.

Manifestamos nuestra absoluta repulsa al genocidio que sufre el pueblo palestino a manos de un Estado fundado sobre el despojo y la ocupación colonial de los territorios palestinos.

Reconocemos y expresamos nuestra solidaridad con la heroica lucha del pueblo palestino y de sus organizaciones de resistencia, especialmente en Gaza, contra el intento de Israel de exterminarlo y arrebatarle los jirones que quedan de lo que fue su patria.

Condenamos el rol imperialista de Estados Unidos que alimenta y apoya política, financiera y militarmente a Israel ante la insólita inacción del Consejo de Seguridad de la ONU, cuyas resoluciones sobre la cuestión Palestina son violadas sistemática e impunemente por Washington. Unos Estados Unidos que muestran la hipocresía y el cinismo con el que han venido actuando a lo largo de su historia, amenazando con sanciones e intervenciones a pueblos de América Latina, África y Eurasia que defienden su soberanía al mismo tiempo que respalda la acción de Israel.

Denunciamos la complicidad con estos hechos, por omisión en algunos casos, de los gobiernos de la Unión Europea, así como la subordinación incondicional de los oligopolios mediáticos a los dictados de Washington. ¡Basta ya de llamar guerra al genocidio perpetrado por uno de los ejércitos mejor armados del mundo contra un pueblo cuyos recursos defensivos son infinitamente inferiores en número y calidad!

Animamos a sumarse a la campaña por el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones al Estado terrorista de Israel, siendo hora de la solidaridad activa y creativa, más allá de comunicados de condena. Hemos fallado a las más de 1600 personas asesinadas en Palestina en las últimas semanas, así como a las más de 9000 heridas desde que comenzó la operación terrorista llamada hipócritamente “Margen Protector”.

Exigimos el fin del apartheid y el genocidio, así como de los muros y asentamientos ilegales. Demandamos a los gobiernos del mundo que exijan a Israel el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que lo obligan a retirarse de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental, retornar a las fronteras anteriores a la “Guerra de los Seis Días” (1967) y asegurar el retorno de los refugiados palestinos, tal cual fuera establecido por la Resolución del Consejo de Seguridad Nº 242 del 22 de noviembre de 1967, resolución incumplida hasta el día de hoy por el Estado de Israel.

Nos pronunciamos por una verdadera solución política del conflicto en Palestina sobre la base del diálogo, la negociación y la existencia de dos Estados con iguales derechos y fronteras delimitadas y reconocidas internacionalmente, solución que pasa por el inmediato levantamiento del bloqueo a Gaza y la liberación de todos los presos políticos palestinos. Saludamos la postura solidaria de los gobiernos del ALBA, Mercosur y otros gobiernos del Sur contra la bárbara conducta de Israel en Gaza.

Haciendo nuestras las palabras del revolucionario Nelson Mandela: “sabemos demasiado bien que nuestra libertad será incompleta sin la libertad de Palestina”, afirmamos que Israel ha perdido moral y políticamente esta batalla frente al valiente pueblo palestino y merece la condena creciente de los pueblos del mundo a un Estado “canalla” que viola la legalidad internacional. La indoblegable resistencia palestina tendrá su recompensa más temprano que tarde en la sonrisa de sus niñas y niños en una patria libre.
¡Contra el terrorismo israelí y el imperialismo estadounidense, en defensa del derecho de autodeterminación de Palestina y de todos los pueblos del mundo!


Firmas iniciales:
Evo Morales, Bolivia; Adolfo Pérez Esquivel, Argentina; Pablo González Casanova, México; Eduardo Galeano, Uruguay; Roberto Fernández Retamar, Cuba; Federico Mayor Zaragoza, España; Silvio Rodríguez, Cuba; Luis Arce Catacora, Bolivia; Gianni Vattimo, Italia; Gabriela Rivadeneira, Ecuador; Istvan Meszaros, Hungría/Reino Unido; Samir Amin, Egipto; Alfonso Sastre, País Vasco; Nardi Suxo, Bolivia; Enrique Dussel, México; Marta Harnecker, Chile; Carmen Bohorquez, Venezuela; Cesar Navarro, Bolivia; Miguel Barnet , Cuba; Franz Hinkelammert, Alemania; Héctor Arce Zaconeta, Bolivia; Piedad Cordoba, Colombia; Reverendo Raúl Suarez, Cuba; Martin Almada, Paraguay; Fernando Rendón, Colombia; Graziella Pogolloti, Cuba; Sacha Llorenti, Bolivia; Ana Esther Ceceña, México; Luis Britto, Venezuela; Rafael Cancel Miranda, Puerto Rico; Atilio Boron, Argentina; Theotonio Dos Santos, Brasil ; Alfredo Rada, Bolivia; Piedad Cordoba, Colombia, Farruco Sesto, Venezuela; Ángel Guerra, Cabrera, Cuba/ Mexico, Juan Carlos Trujillo, Bolivia; Mel Zelaya; Honduras; Hildebrando Pérez Grande, Perú; Patricia Villegas, Colombia/Venezuela; Maria Nela Prada, Bolivia; Stella Calloni, Argentina; Omar González, Cuba;; Hugo Moldiz, Bolivia;  Pascual Serrano, España;; Raúl Pérez Torres, Ecuador; Obispo Raúl Vera, México; Joao Pedro Stedile, Brasil; Boaventura de Sousa Santos, Portugal; Rodrigo Álvarez Cambras, Cuba; Socorro Gomes, Brasil; Katu Arkonada, País Vasco/Bolivia;
ESTO ES GENOCIDIO, CRIMEN DE GUERRA, TERRORISMO DE ESTADO, LIMPIEZA ÉTNICA: miralo con tus propios ojos y sacá tus conclusiones. Israel está aplicando contra Gaza la misma metodología con que HITLER aniquiló a los judíos en el gueto de Varsovia. Demolieron ese barrio en una hora, con gente adentro que NO TENIA DONDE IR porque en Gaza ya no hay lugares seguros. Todo está a tiro de cañón o de los misiles israelíes, que el Premio Nobel de la Paz 2009, Barack Obama, sigue suministrando sin pausa al gobierno neonazi de Israel. Confieso que en mi vida vi nada igual, salvo las fotografías del gueto de Varsovia, pero no los vídeos que estoy viendo ahora difundidos a todo el mundo en tiempo real gracias, en buena medida, a TeleSUR. Tampoco hay un registro similar acerca de los bombardeos en Vietnam. ¡Un horror!, magnificado ante el silencio cómplice de gran parte de la dirigencia política mundial y la intelectualidad que, como hicieron ante los crímenes de Hitler en los años treinta, ahora también miran para otro lado y escandalizan al mundo por su indiferencia ante este CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.

http://www.lanacion.com.ar/1714672-un-video-muestra-como-un-barrio-de-gaza-es-reducido-a-ruinas-por-las-bombas-de-israel
No puedo entender como es posible que quienes en la Argentina (y en el extranjero, en algunos casos) se horrorizaron, con razón, ante los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires, y siguen manifestando su condena y exigiendo justicia, ahora se les haya endurecido el corazón de tal manera que permanezcan indiferentes ante las atrocidades, muchísimo más graves, que el Estado de Israel está perpetrando en la Franja de Gaza. 


El sepulcral silencio de esa gente, y de los medios y las instituciones que antes hablaban, acusaban y denunciaban a los gritos lo ocurrido en la Argentina resuena con fuerza atronadora, revelando una duplicidad moral imperdonable y, espero, inolvidable. No deberá haber olvido ni perdón para quienes actúan de este modo, autoproclamados fiscales de la república, siempre dispuestos a denunciar los "atropellos" a los derechos humanos y las libertades en Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Venezuela pero llamados a un escandaloso silencio ante la barbarie desatada por Israel en Gaza que, según el Estatuto de Roma, configura un imprescriptible crimen de guerra: "genocidio."
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