Nicaragua, la revolución y la niña en el bote
(Por Atilio A. Boron) La dolorosa coyuntura actual en Nicaragua ha precipitado un verdadero aluvión de críticas. La derecha imperial y sus epígonos en América Latina y el Caribe redoblaron su ofensiva con un único y excluyente objetivo: crear el clima de opinión que permita derrocar sin protestas internacionales al gobierno de Daniel Ortega, elegido hace menos de dos años (noviembre del 2016) con el 72 por ciento de los sufragios. Esto era previsible; lo que no lo era fue que en esa arremetida participaran con singular entusiasmo algunos políticos e intelectuales progresistas y de izquierda que unieron sus voces a la de los lenguaraces del imperio. Un notable revolucionario chileno, Manuel Cabieses Donoso, de cuya amistad me honro, escribió en su flamígera crítica al gobierno sandinista que “la reacción internacional, el ‘sicario’ general de la OEA, los medios de desinformación, el empresariado y la Iglesia Católica se han adueñado de la crisis social y política que gatillaron los errores del gobierno. Los reaccionarios se han montado en la ola de la protesta popular.”  Descripción correcta de Cabieses Donoso de la cual, sin embargo, se extraen conclusiones equivocadas. Correcta porque es cierto que el gobierno de Daniel Ortega cometió un gravísimo error al sellar pactos "tácticos" con enemigos históricos del FSLN y, más recientemente, tratar de imponer una reforma previsional sin consulta alguna con las bases sandinistas o actuar con incomprensible desaprensión ante la crisis ecológica en la Reserva Biológica Indio-Maíz. Correcta también cuando dice que la derecha vernácula y sus amos extranjeros se adueñaron de la crisis social y política, dato éste de trascendental importancia que no puede ser soslayado o subestimado. Pero radicalmente incorrecta es su conclusión, como son las de Boaventura de Sousa Santos, la del entrañable y enorme poeta Ernesto Cardenal, y Carlos Mejía Godoy, amén de toda una plétora de luchadores sociales que en sus numerosas denuncias y escritos exigen –algunos abiertamente, otros de modo más sutil- la destitución del presidente nicaragüense sin siquiera esbozar una reflexión o arriesgar una conjetura acerca de lo que vendría después. Conocidos los baños de sangre que asolaron Honduras siguiendo la destitución de “Mel” Zelaya; los que hubo en Paraguay luego del derrocamiento “express” de Fernando Lugo en 2012, y antes lo que sucediera en Chile en 1973 y en Guatemala en 1954; o lo que hicieron los golpistas venezolanos después del golpe del 11 de Abril en el interludio de Carmona Estanga “el breve”, o lo que está ocurriendo ahora en Brasil y los centenares de miles de asesinatos que hizo la derecha durante las décadas del “cogobierno FMI-PRIAN” en México, o el genocidio de los pobres practicado por Macri en la Argentina. ¿Alguien en su sano juicio puede suponer que la destitución del gobierno de Daniel Ortega instauraría en Nicaragua una democracia escandinava?
        
Una debilidad común a todos los críticos es que en ningún momento hacen alusión al marco geopolítico en el que se desenvuelve la crisis. ¿Cómo olvidar que México y Centroamérica es una región de principalísima importancia estratégica para la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos? Toda la historia del siglo veinte está marcada por esta obsesiva preocupación de Washington para someter al rebelde pueblo nicaragüense. A cualquier precio. Si para ello fue necesario instaurar la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza a la Casa Blanca no le tembló el pulso y actuó en consecuencia. Criticado por algunos representantes Demócratas en el Congreso de Estados Unidos por el respaldo que Franklin D. Roosevelt le otorgaba al dictador, éste se limitó a responder que “sí, es un hijo de puta pero es NUESTRO hijo de puta.” Y las cosas no cambiaron desde entonces. Cuando el 19 de Julio de 1979 el Frente Sandinista derrotó al régimen somocista, el presidente Ronald Reagan no titubeó un minuto en organizar una operación mafiosa de tráfico ilegal de drogas y armas a los efectos de poder financiar, más allá de lo que autorizaba el Congreso de Estados Unidos, a la “contra” nicaragüense. Se conoció todo esto bajo el nombre de “Operación Irán-Contras”. ¿Podemos ser hoy tan ingenuos para obviar estos antecedentes, o para pensar que esas políticas intervencionistas y criminales son cosas del pasado? Un país, además, que en tiempos recientes ha planeado la construcción de un canal interoceánico –financiado por enigmáticos capitales chinos-que competiría con el de Panamá, controlado de hecho, si no de derecho, por Estados Unidos. Estos no son datos anecdóticos sino de fondo, indispensables para calibrar con precisión el marco geopolítico en que se desenvuelven los trágicos acontecimientos de Nicaragua.

Todo lo anterior no significa obviar los graves errores del gobierno de Daniel Ortega y el enorme precio pagado por un pragmatismo que si estabilizó la situación económica del país y mejoró las condiciones de vida de la población hipotecó la tradición revolucionaria del sandinismo. Pero el pacto con los enemigos siempre es volátil y transitorio. Y ante la menor muestra de debilidad del gobierno, y ante un grosero error basado en el desprecio por la opinión de la base sandinista, aquellos se lanzaron con todo su arsenal a la calle para voltear a Ortega. Trasladaron buena parte de los mercenarios que protagonizaron las “guarimbas” en Venezuela a Nicaragua y están aplicando ahora en Nicaragua la misma receta de violencia y muerte que se enseña en los manuales de la CIA. Conclusión: la caída del sandinismo debilitaría el entorno geopolítico de la brutalmente agredida Venezuela, y aumentaría las chances para la generalización de la violencia en toda la región.
Estando en el Foro de Sao Paulo que tiene lugar en La Habana pude deleitarme en la contemplación del Caribe. Allí divisé, a lo lejos un frágil botecito. Lo manejaba un robusto marinero y, en el otro extremo se encontraba una joven muchachita. El timonel parecía confundido y se esforzaba para mantener el rumbo en medio de una amenazante marejada. Y se me ocurrió pensar que esa imagen podía representar con elocuencia al proceso revolucionario, y no sólo en Nicaragua sino también en Venezuela, Bolivia, donde sea. La revolución es como aquella niña, y el timonel es el gobierno revolucionario. Este se puede equivocar, porque no hay obra humana a salvo del error; y cometer errores que lo dejen a merced del oleaje y pongan en peligro la vida de la niña. Para colmo, no muy lejos se dibujaba la ominosa silueta de una nave de guerra de Estados Unidos, cargada de armas letales, escuadrones de la muerte y soldados mercenarios. ¿Cómo salvar a la niña? ¿Botando el timonel al mar y dejando que se hunda el bote, y con él la niña? ¿Entregándola a la turba de criminales que se agolpan, sedientos de sangre y prestos para saquear el país, robarle sus recursos y violar y luego matar a la jovencita? No veo que eso sea la solución. Más productivo sería que algunos de los otros botes que se encuentren en la zona se acerquen al que está en peligro y hagan que el desastrado timonel enderece el rumbo. Hundir al que lleva a la niña de la revolución, o entregarla al navío norteamericano difícilmente podrían ser consideradas soluciones revolucionarias. 

5.7.2018

COLOMBIA, el interminable asesinato de líderes y lideresas sociales. (¡Y el señor Luis Almagro no dice ni pío el muy canalla!)
Comparto brillante y conmovedora nota de PIEDAD CÓRDOBA.

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"No, no es normal esta muerte"
Piedad Córdoba Ruíz

No es normal que en más de un mes (entre el 1 de junio y el 3 de julio) hayan asesinado a 19 líderes sociales en este país y tampoco es normal que millones de colombianos continúen por ahí sin ni siquiera saberlo o sorprenderse por saberlo. ¿Culpa de quién? ¿A quiénes señalamos por los asesinatos y a quiénes condenamos por el silencio? los usuarios de las redes sociales indignados no paran de postear con cruentas imágenes de los asesinados que el fútbol nos encegueció como sociedad, otros cantaron los goles y al tiempo de la derrota del equipo nacional en Rusia no pararon sus estados de tristeza equiparándolos con el dolor de los lideres asesinados. los asesinatos sistemáticos no empezaron con el mundial de fútbol, se vienen presentando hace años, siempre nos toca ponerles periodos, georreferenciarlos con algún acontecimiento, pero paradójicamente el antecedente de este luctuoso mes es la firma de Acuerdo de “paz” pactado por la guerrilla más vieja del continente y el gobierno Santos. Desde el año 2016 no paramos de contar los muertos a diario, de alertar de miles maneras al gobierno nacional y a sus instituciones que si no se demostraba voluntad para evitar más muertes de líderes sociales este flagelo se agudizaría y al día de hoy (4 de julio) son más de 300 los asesinados.
Al revisar detalladamente el cubrimiento diario de los medios de comunicación sobre los asesinatos selectivos indigna y entristece los pocos minutos y las maneras como los periodistas emiten la noticia, no se les ve en ninguna mueca la rabia y la impotencia que expresaban cuando hablaban de la dictadura en Venezuela, no alertan a esa masa de autómatas que los escuchan, que les creen todo, que este país mata a sus campesinos, a sus jóvenes y mujeres, que se está asesinando a quienes pacíficamente defienden sus tierras y sus derechos o lo que es peor, que en Colombia se amenaza y se asesina a quienes participaron en campañas electorales diferentes a las del candidato ganador.
Para hacer cubrimiento de lo que les conviene a los medios, hacen trasladado de equipos periodísticos, entrevistan vía llamadas telefónicas a los directos afectados, durante las noticias de la mañana, medio día y noche martillan en los cerebros los hechos, acuden morbosamente a historias y personajes para “sensibilizar” a los televidentes y radioescuchas, dedican primeras planas de los periódicos con imágenes impactantes, así meten miedos y chips como el de la “ideología de género” y “nos vamos a volver como Venezuela”. Entonces es ahí donde no entiendo ¿por qué de manera igualitaria no tratan un tema tan grave como los asesinatos selectivos de líderes sociales, lo que está sucediendo en el país y la gravedad de la reconfiguración de la guerra? Y planteo esto no para generar odios en los colombianos sino solidaridad, reclamos de justicia a nuestros gobernantes o al menos que se le hagan exigencias, así como se las hacen a Pékerman o a cualquier jugador de fútbol.


Ni un solo medio de comunicación habló sobre quién era Felicinda Santamaría, no se trasladaron equipos periodísticos para entrevistar a vecinos o a sus familiares, tampoco la radio llamó ni se habló sobre su labor comunal en el barrio Virgen del Carmen del Chocó, ningún medio nacional ha documentado un solo caso de los líderes que han sido asesinados, solo reportan números, ni una sola historia de vida, o algo que reivindiqué lo que realizaban hombres y mujeres; líderes comunales, indígenas, campesinos que ayudaban a sus comunidades y a su gente y ahora en medio de la muerte queda solo la desolación y la indiferencia.


Por lo anterior, mi reclamo no es al fútbol, es al gobierno nacional (al que se va y al que llega) y a los medios de comunicación porque lastimosamente estos últimos “educan” más que la escuela, ellos han ganado, su triunfo es la normalización de la muerte, el regreso de la guerra, el odio a quien piensa diferente, a las mujeres a los jóvenes a los gays, etc. Nunca la historia que nos cuentan a diario estos medios es la nuestra, ese relato único nos somete al pasado y abre de nuevo el capítulo del conflicto interno Colombia Vs Colombia.
La pulsación que me lleva a escribir esto nos es de rabia sino de una tristeza honda por la muerte, pero también por la naturalidad con la que los colombianos asumimos esas muertes, me pregunto si de verdad es que no le interesa a la sociedad o si los medios de comunicación han impuesto una matriz de opinión para que eso no importe y continuemos con la vida como si solo hubiera pasado la derrota del fútbol cuando a lo que asistimos es a la derrota de la vida y la esperanza.
4 de julio de 2018

Ahora López Obrador

(Por Atilio A. Boron) Salvo un escandaloso atraco electoral, todo indica que López Obrador será el futuro presidente de México. Ratificada ampliamente en las urnas su ventaja sobre los otros candidatos (confirmada por todos los “boca de urna”) quedan aún dos incógnitas para dilucidar. Una, si la maquinaria del PRI enquistada en el estado mexicano le permitirá asumir la presidencia o si, como ya lo hicieran con él -y antes con Cuauhtémoc Cárdenas- se le privará de asumir la primera magistratura del país perpetrando un gigantesco fraude en el conteo de los votos o en las posteriores instancias de validación de las actas comiciales. Segundo, la posibilidad de que, ante su indiscutible victoria hubiera algún atentado criminal contra su persona. Afortunadamente ambas eventualidades son poco probables pero no deben ser desechadas. El PRI termina esta elección en el tercer lugar, algo inédito en toda su historia,  reflejo del inmenso desprestigio de esa fuerza política y del presidente Peña Nieto. Difícilmente podría montarse un despojo otorgándole la victoria no al segundo, el candidato del PAN, sino al tercero, que sería el del PRI. Así todo sería temerario descartar una nueva estafa electoral.



   La apelación al magnicidio, por otra parte, tampoco puede ser rechazada. Figura en el manual de las SOP (“standard operating procedures”) de la CIA y sería insensato pensar que la agencia ha abandonado esos viejos hábitos en un momento tan complicado como el de la actual coyuntura internacional y nada menos que cuando se trata de la presidencia de México, para la Casa Blanca y el Pentágono el país más importante del mundo. Rusia puede ser un problema, Irán lo mismo, Corea del Norte igual, la China también, pero ninguno de ellos comparte una extensa frontera terrestre  (3.185 kilómetros) con Estados Unidos. Las fricciones y conflictos con aquellos países pueden ser graves pero circunstanciales, aunque perduren por décadas, pues tarde o temprano los diferendos serán superados. Pero México es el vecino intratable, inasimilable, turbulento y que por una maldición geográfica siempre estará allí, con sus gentes y su cultura del otro lado del río Bravo. Cuba también, pero no hay contigüidad territorial con la Isla rebelde. Para la clase dominante imperial México en cambio es un problema que tiene la insoportable permanencia de la geografía y su pegajosa cercanía. Rusia, Irán, Corea del Norte y China pueden plantear desafíos y amenazas, pero están muy lejos y separados de EEUU por dos océanos. Por eso es que México es un caso especialísimo y no está sometido a la jurisdicción del Comando Sur sino que es el único país del hemisferio cuyo monitoreo y control militar está en manos del Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Pensar que a Washington le resulta indiferente una victoria de AMLO es una imperdonable ingenuidad. Por algo desde el momento en que comenzó a recorrer el país, mucho antes de que se proclamara su candidatura, recibió un torrente de ataques del gobierno estadounidense y sus lenguaraces, capitaneados por el inefable Mario Vargas Llosa y sus acólitos en toda la región. Y el imperio no se equivoca al elegir a sus enemigos. Lo que está en juego es mucho, más allá que la propuesta de AMLO carezca de estridencias radicales. Pero la lucha contra el narco, la corrupción y las políticas neoliberales, y un México que vuelva a mirar al Sur y tome una cierta distancia de Estados Unidos traería una brisa fresca y esperanzadora sobre Nuestra América. Razones más que suficientes para impedir la llegada de AMLO a la presidencia. Apelando a cualquier recurso. Habrá que estar muy atentos.


Comparto nota en homenaje a la memoria de un enorme personaje de Nuestra América en el 110 aniversario de su nacimiento


  
"ALLENDE: EL PRECURSOR OLVIDADO"
(Por Atilio A. Boron) Es bien sabido que con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 América Latina y el Caribe reanudaron su marcha hacia su Segunda y Definitiva Independencia. El ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de lo que luego sería la República Bolivariana de Venezuela es usualmente considerado como el segundo hito en esta larga marcha. Esto es indudable, pero pasa por alto una importantísima etapa intermedia, breve pero de enorme importancia: la que aportara el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, entre 1970 y 1973 y que es imprescindible rescatar del olvido en que ha sido sepultada por el inmenso aparato propagandístico de la derecha tanto dentro como fuera de Chile.


Allende llega al Palacio de la Moneda con un programa de gobierno que nada tiene que envidiar al que luego procurarían implementar -en un contexto internacional, económico y político mucho más favorable- los gobiernos bolivarianos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Hombre de inconmovible convicciones socialistas Allende no demoró un segundo en aplicar el programa de la UP, adoptando trascendentales medidas como la nacionalización de las riquezas básicas de Chile: la gran minería del cobre, hierro, salitre, carbón y otras, en poder de empresas extranjeras –entre ellas los gigantes de la industria cuprífera: la Anaconda Copper y la Kennecott- y de los monopolios nacionales. Con una inversión inicial de unos 30 millones de dólares al cabo de 42 años la Anaconda y la Kennecott remitieron al exterior utilidades superiores a los 4.000 millones de dólares. No contento con esto Allende nacionalizó casi la totalidad del sistema financiero del país: la banca privada y los seguros, adquiriendo en condiciones ventajosas para su país la mayoría accionaria de sus principales componentes. Nacionalizó a la International Telegraph and Telephone (IT&T), que detentaba el monopolio de las comunicaciones y que antes de la elección de Allende había organizado y financiado, junto a la CIA, una campaña terrorista para frustrar la toma de posesión del presidente socialista. Recuperó la gran empresa siderúrgica, creada por el estado y luego privatizada. Aceleró y profundizó la reforma agraria, que con su predecesor democristiano había avanzado con pasos lentos y vacilantes. Una casi olvidada ley de la fugaz República Socialista de Chile (4 de Junio-13 de Septiembre de 1932) facultaba al presidente a expropiar empresas paralizadas o abandonadas por sus dueños. Se constituyó un “área de propiedad social” en donde las principales empresas que condicionaban el desarrollo económico y social de Chile (como el comercio exterior, la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y química pesada, la celulosa y el papel) pasaron a estar controladas por el estado. Todo esto hizo Allende en los pocos años de su gestión, aparte de crear una gran editorial popular, Quimantú, para acercar la cultura universal a chilenas y chilenos y de devolver la dignidad a un pueblo por décadas sometido al yugo de una feroz oligarquía neocolonial.


Y todo, absolutamente todo, lo hizo el gobierno de la UP sin salirse del marco constitucional y legal vigente, pese a lo cual la oposición: la vieja derecha oligárquica y sectores progresivamente mayoritarios de la democracia cristiana se arrastraron sin el menor recato por el fango de la ignominia, arrojando por la borda su (siempre escaso) respeto por las normas democráticas para fungir como agentes locales de las maniobras criminales de la reacción imperialista. Aquéllas habían sido desatadas por Washington la misma noche del 4 de Septiembre de 1970, cuando aún se estaban contando los votos que darían el triunfo a la UP. Furioso, el bandido de Richard Nixon, ordenó sabotear a cualquier precio al inminente gobierno de Allende. El asesinato del general constitucionalista René Schneider, poco antes que el Congreso Pleno ratificara su triunfo, fue apenas el primer eslabón de una tétrica cadena que con la dictadura de Pinochet sembraría muerte y destrucción en Chile. La permanente solidaridad de Allende con la Revolución Cubana y con todas las causas emancipatorias de la época, antes y después de asumir la presidencia, fue otro de los factores que encendió las iras de la Casa Blanca y su terminante decisión de acabar con él. En 1967, y en su calidad de Presidente del Senado de Chile Allende había acompañado en persona a Pombo, Urbano y Benigno, los tres sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, para garantizar su seguro retorno a Cuba. Por eso el desafío que planteaba el médico chileno: la construcción de un socialismo “con sabor a vino tinto y empanadas”, precursor del socialismo del siglo veintiuno, era viscerablemente inaceptable para Washington y merecedor de un ejemplar escarmiento. Especialmente cuando el imperio, agobiado por la inminencia de una derrota catastrófica en Vietnam, sentía la necesidad de asegurar la incondicional sumisión de su “patio trasero”. Pero Allende, un marxista sin fisuras, no cedió un ápice, ni en sus convicciones ni en las políticas que perseguía su gobierno. Y lo pagó con su vida, como lo dijera en su alocución final por radio Magallanes ese aciago 11 de Septiembre de 1973. Y este 26 de Junio, al cumplirse 110 años de su nacimiento, se impone un sentido homenaje a esa figura universal, querible e imprescindible de Nuestra América, el gran precursor del ciclo de izquierda que se iniciaría en diciembre de 1998 en Venezuela.
17 Junio 2018.
Comparto una reflexión sobre la segunda vuelta de la elección presidencial en Colombia.




(Por Atilio A. Boron) El resultado de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Colombia sentenció la victoria del candidato de la derecha, Iván Duque, que obtuvo10.362.080 sufragios contra los 8.028.033 de su rival, Gustavo Petro, candidato de la coalición Colombia Humana. Amenazadas como nunca antes las fuerzas del vetusto orden social colombiano se reagruparon y prevalecieron por una diferencia de unos doce puntos porcentuales. Terminado el recuento el uribista se alzó con el 54 por ciento de los sufragios mientras que el ex alcalde de Bogotá cosechó un 42 por ciento. La tasa de participación electoral superó levemente el 51 por ciento, un dato promisorio ante el persistente ausentismo en las urnas de un país en donde el voto no es obligatorio.

         El título de esta nota refleja cabalmente lo que está sucediendo en Colombia. Si un significado tiene esta elección es que por primera vez en su historia se rompe el tradicional bipartidismo de la derecha, que se presentaba a elecciones enmascarada bajo diferentes fórmulas y personajes que en el fondo representaban a los intereses  del establishment dominante. La irrupción de una candidatura de centroizquierda como la de Gustavo Petro es un auténtico y promisorio parteaguas en la historia colombiana, y no sería aventurado arriesgar que marca el comienzo del fin de una época. Un parto lento y difícil, doloroso como pocos, pero cuyo resultado más pronto que tarde será la construcción de una nueva hegemonía política que desplace a las fuerzas que, por dos siglos, ejercieron su dominación en ese país. Nunca antes una fuerza contestaría había emergido con esta enjundia, que la posiciona muy favorablemente con vistas a las próximas elecciones regionales de Octubre del 2019 en donde Colombia Humana podría recuperar la alcaldía de Bogotá y conquistar la de Cali y preparar sus cuadros y su militancia para las elecciones presidenciales del 2022. Mientras tanto Iván Duque deberá librar una tremenda batalla para cumplir con lo que le prometiera a su jefe, Álvaro Uribe: avanzar sobre el poder judicial, poner fin a la justicia transicional diseñada en los Acuerdos de Paz y sobre todo para evitar que el ex presidente, el verdadero poder detrás del trono, vaya a dar con sus huesos en la cárcel debido a las numerosas denuncias en su contra por su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad –entre ellos la de los “falsos positivos”-y sus probados vínculos con el narco.



En suma: algo nuevo ha comenzado a nacer en Colombia. Todavía el proceso no ha concluido pero los indicios son alentadores. Nadie soñaba hace apenas tres meses en ese país que una fuerza de centroizquierda con un ex guerrillero como candidato a presidente pudiera obtener más de ocho millones de votos. Sucedió y nada autoriza a pensar que el tramposo bipartidismo de la derecha podrá resucitarse después de esta debacle; o que la euforia despertada en millones de colombianas y colombianas que con su militancia construyeron la más importante innovación política desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948 se disolverá en el aire y todo volverá a ser como antes. No. Estamos seguros que no habrá marcha atrás en Colombia. A veces hay derrotas que anticipan futuras victorias. Como las que sufrió Salvador Allende en Chile en la elección de 1964; o Lula en Brasil en 1998. ¿Por qué descartar que algo semejante pudiera ocurrir en Colombia? Sólo tropieza quien camina, y el pueblo de Colombia se ha puesto en marcha. Tropezó, pero se levantará y más pronto que tarde parirá un nuevo país.


Comparto el enlace del programa en que participé ayer junto a Alcira Argumedo y el "Pollo" Sobrero. Esto fue en Crónica TV, el programa de Horacio Embón.

Durante su transcurso hablamos casi de todo: el FMI, el narcotráfico, las bases militares, las políticas del imperialismo para América Latina, el papel de China, etcétera. Te va a interesar.

(Comparto la nota publicada hoy Domingo 27 de Mayo en Página/12)

(Por Atilio A. Boron) La tenebrosa historia de Luis Posada Carriles fue muy bien contada en la nota de Página/12 días pasados (https://www.pagina12.com.ar/116812-el-infierno-se-llevo-a-p…). En esta breve nota quisiéramos tan sólo subrayar la importancia de un hecho aberrante: el apoyo que el gobierno de Estados Unidos le ofreció a lo largo de toda su vida a un terrorista probado y confeso, cosa que por supuesto la prensa hegemónica se ha cuidado de señalar. No sólo aquél se incorporó al Ejército de Estados Unidos donde sirvió un par de años sino que luego lo hizo por largos años en la CIA. Allí fue entrenado en técnicas de demolición, torturas, operaciones especiales como la “Irán-Contras”, etcétera. Como si lo anterior fuera poco el respaldo al terrorista cubano se prolongó hasta el final de su vida, que tuvo lugar en un geriátrico de la Administración Nacional de Veteranos reservada a los miembros retirados de las fuerzas armadas estadounidenses. El presidente George W. Bush jugó toda su influencia para lograr que la corrupta presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, le otorgara un indulto en los días previos a la finalización de su mandato, en el año 2004 para que el terrorista pudiera regresar a su santuario sano y salvo. La razón: en el 2000 había sido condenado por la justicia panameña a ocho años de cárcel por su participación en una conjura para atentar contra la vida del presidente Fidel Castro Ruz durante la Xª Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno a celebrarse en la ciudad de Panamá. En el marco de dicha reunión se había planificado un discurso que el gobernante cubano ofrecería en el Paraninfo de la Universidad Nacional de Panamá el 18 de Noviembre del 2000. A su llegada a ese país Fidel dejó estupefactos a sus anfitriones y a la opinión pública al denunciar el atentado que se estaba fraguando en su contra. Pocas horas después Posada Carriles era sorprendido con un cargamento de 9 kilogramos de C4, el explosivo plástico destinado a ser utilizado en el atentado y que, en caso de haberse producido, habría causado innumerables víctimas. No es un dato menor que Washington también se negó a conceder la extradición solicitada por la justicia de Cuba y Venezuela para juzgarlo por crímenes perpetrados en ambos países, entre ellos el atentado al avión de Cubana de Aviación.
Como puede verse, la protección brindada a un mafioso y criminal como Posada Carriles fue amplio espectro y arroja un potente haz de luz que desmiente la pretensión de Estados Unidos de ser el campeón en la defensa de los derechos humanos y de la lucha contra el terrorismo. La práctica que sigue el Departamento de Estados de elaborar cada año un informe en donde se evalúa la situación de los derechos humanos en todos los demás países del mundo es francamente ridícula si no fuera trágica. Al Qaeda y el Estado Islámico, dos sanguinarias organizaciones terroristas, son niños de pecho al lado del gobierno de Estados Unidos y jamás cometieron crímenes como los que el 5 y 9 de Agosto de 1945 perpetró Estados Unidos perpetró contra las indefensas ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que en los primeros días luego de la detonación cobraron la vida de 240.000 personas, más todos aquellos que, pocos años más tarde, murieron a causa de la radiación. La muerte del terrorista cubano pone una vez más de relieve la naturaleza terrorista y mentirosa del gobierno norteamericano. Lo segundo, porque tal como lo dijera Karl Rove, principal consejero del presidente George W. Bush, al periodista del New York Times Ron Suskind; “Nosotros ahora somos un imperio, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras usted está estudiando esa realidad … nosotros actuaremos otra vez, creando otras nuevas realidades … Nosotros somos los actores de la historia, y usted, todos ustedes, deberán conformarse con tan solo estudiar lo que nosotros hacemos.” (http://www.globalresearch.ca/karl-roves-prophecy-we…/5572533) “Crear la realidad” quiere decir inventar la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak, armas químicas en Siria, amenazas a la paz por parte de China y Rusia, tiranías en Cuba y Venezuela, entre otras patrañas justificatorias de su constante aplicación de métodos terroristas en la arena internacional. Washington es previsible: protege a un anticastrista “quijotesco” (según la necrológica del New York Times) y persigue con saña a Julian Assange y Edward Snowden. Un imperio al cual hay que reconocerle su coherencia.
22.5.2018

VENEZUELA: una reflexión sobre las elecciones presidenciales y las tareas inmediatas del poder popular
(una versión resumida apareció en Página/12 de hoy)


"Venezuela: las tareas inmediatas del poder popular"

(Por Atilio A. Boron) La oposición venezolana desperdició este domingo una posibilidad única para medir fuerzas con el gobierno de Nicolás Maduro. Si como dicen sus voceros, dentro y fuera de Venezuela, los opositores cuentan con el favor de la gran mayoría de la población, ¿por qué no presentaron una candidatura única que, quizás, podría haberle abierto la puerta del Palacio de Miraflores y lograr, por vías institucionales, la tan anhelada “salida” del presidente Maduro? No lo hicieron, y la excusa fue que no existían garantías de honestidad y transparencia en el proceso electoral. Olvidaron, o prefirieron olvidar, la sentencia del ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter -un crítico del chavismo- cuando en el año 2012 dijo, en el discurso anual ante el Centro Carter, que "de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo." (https://actualidad.rt.com/actualidad/view/54145-jimmy-carter-sistema-electoral-venezolano-mejor-mundo). Por si lo anterior fuera poco en los 23 procesos electorales que se llevaron a cabo desde que Hugo Chávez asumió la presidencia en 1999 jamás se presentaron pruebas concretas de fraude ante el Consejo Nacional Electoral. Todo se redujo a airadas declaraciones y denuncias sin fundamento, mentirosas como las que estamos escuchando en estos días y que son recogidas y reproducidas ad infinitum por esa cloaca maloliente de lo que una vez fue el periodismo: los grandes medios de comunicación hegemónicos en América Latina, encargados de desinformar meticulosamente a la opinión pública.

¿Por qué desertaron del comicio, por qué no recogieron el guante que les arrojó Maduro? Fácil: porque ni ellos se creían sus propias bravuconadas. Sabían que no era verdad que la mayoría del electorado acompañaría a la oposición; eran conscientes de que por más protestas y quejas que suscite la crisis económica y las poco efectivas respuestas del gobierno el pueblo venezolano sabe muy bien que los opositores son la oligarquía, superficialmente aggiornada, que por siglos lo oprimió y despreció. Por eso en lugar de ir a las urnas se dedicaron a denunciar de antemano que las elecciones serían fraudulentas, un pretexto para evitar que su inferioridad numérica quedase registrada para siempre. En lugar de ello apostaron a la abstención, y a la "vía corta" para tumbar a Maduro por medios violentos y confiando en la eficacia destructiva de las presiones internacionales. Es la estrategia de "cambio de régimen" que Estados Unidos viene propiciando hace décadas. En línea con ésta la Casa Blanca se puso a la cabeza de esa ofensiva y le ordenó a sus peones latinoamericanos que lanzaran un ataque frontal contra Caracas. Para infortunio de la oposición, la abstención quedó muy lejos de la marca que esperaba para, de ese modo, deslegitimar el triunfo de Maduro. En realidad aquella es casi idéntica a la que hubo en Chile en primera vuelta presidencial del 2017, en donde la tasa de participación electoral también fue del 46 por ciento, y no hemos escuchado a ninguno de los publicistas y empleados de la derecha que dicen ser periodistas rasgarse las vestiduras por ello y cuestionar el triunfo de Sebastián Piñera. Pero una cosa es Venezuela y otra es Chile; la primera tiene la principal reserva de petróleo del mundo y Chile no.

Un índice comparativo de la representatividad presidencial, necesario para calmar las angustias de las buenas almas democráticas, lo ofrece el cociente entre los votos obtenidos por diferentes presidentes y la población electoral. Sebastián Piñera fue elegido presidente de Chile con el respaldo del 26.5 % del electorado; Juan M. Santos con menos todavía, el 23.7 %; Mauricio Macri, con el 26.8 %; Donald Trump con el 27.3 % y Nicolás Maduro, el domingo pasado, con el 31.7 %. O sea, que si se va a hablar del atropello a la democracia en Venezuela, como lo hace el Cartel de Lima, habría primero que mirar un poco estas cifras y entender lo que ellas significan. Pero la Casa Blanca no se inmuta ante nada. Fiel a lo que una vez le dijera a un periodista del New York Times el señor Karl Rove (en el 2003, cuando era el principal asesor de George W. Bush) "nosotros ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos la realidad" (https://www.reddit.com/r/quotes/comments/8citkn/were_an_empire_now_and_when_we_act_we_create_our/), el gobierno de Estados Unidos creó la "realidad" de una dictadura para un gobierno que convocó a 23 elecciones en 20 años y que en las dos ocasiones en que fue derrotado reconoció de inmediato el veredicto de las urnas. La oposición "democrática" jamás reconoció sus derrotas y sumió al país en el caos y la violencia callejera en el 2013 y 2017. Pero Estados Unidos creó esa "realidad" y sus impresentables lacayos de Lima se movilizaron al instante para acosar al gobierno bolivariano y profundizar la crisis en Venezuela. No deja de ser una penosa tragicomedia que personajes tan desprestigiados como los miembros de esa banda pretendan darle lecciones de democracia a la Venezuela bolivariana. El gobierno argentino, presidido por un demagogo que prometió el oro y el moro en su campaña para luego incumplir todas sus promesas, y que además preside un gobierno cuyos principales figuras son millonarios que no repatrían sus fortunas convenientemente alojadas en paraísos fiscales porque no confían en la seguridad jurídica ... ¡que brinda su propio gobierno!, amén de haber arrasado con la libertad de prensa y el estado de derecho; el gobierno de México, que en el sexenio de Peña Nieto contabilizaba 40 periodistas asesinados hasta enero de este año, y con un proceso político electoral corrupto hasta la médula por el narcotráfico y el paramilitarismo, con miles de muertos y desaparecidos y en donde los 43 jóvenes de Ayotzinapa son la pequeña punta de un gigantesco iceberg de 170.000 muertos y más 35.000 desaparecidos en los últimos diez años, sin que el hiperactivo secretario general de la OEA tomara nota de lo que para él, seguramente, es una nimiedad; el de Colombia, otro gobierno penetrado por el narco, con un presidente que ha saboteado el proceso de paz y asistido impávido a la incesante matanza de líderes sociales, aparte de su probada participación -como Ministro de Defensa- en los asesinatos en masa de la época de Uribe, los "falsos positivos" y las fosas comunes que siguen apareciendo a lo largo y ancho de Colombia; el gobierno de Brasil, presidido por un corrupto probado que fraguó un golpe de estado y usurpó la presidencia de ese país, y que cuenta con la raquítica aprobación de sólo el 3 % de la población y un 0.9 % de intención de voto. Estos son los personajes que tienen la osadía de vituperar al gobierno de Maduro calificándolo como una dictadura. No creo que ningún demócrata en el mundo debiera preocuparse por a opinión que puedan emitir sujetos con tan dudosas credenciales democráticas.


Pensando a futuro: con la re-elección de Maduro asegurada, con la Asamblea Nacional Constituyente a favor del gobierno, la casi la totalidad de los gobernadores y las alcaldías no puede haber excusa alguna que impida lanzar un combate sin cuartel contra la guerra económica decretada por el imperio y atacar a fondo a la corrupción (no sólo la que practican las grandes empresas sino también la que, desgraciadamente, está enquistada en algunos sectores de la administración pública) y combatir con fuerza las maniobras especulativas y el contrabando de los grandes agentes económicos locales, peones de la estrategia destituyente diseñada por Washington. Sería suicida ignorar que las penurias que está sufriendo la población venezolana tienen un límite. La menor afluencia a las urnas este domingo fue una señal temprana de ese descontento y de un peligroso acercamiento a ese límite. El gobierno, con el poder que acumula en sus manos, tiene que actuar sin más dilaciones en dos frentes: el político, para resistir una nueva e inminente arremetida del imperio, que puede llegar a ser violenta y que para desbaratarla será necesario profundizar la organización y concientización del campo popular. Y el frente económico, para resolver los problemas del desabastecimiento, la carestía, el circulante y la inflación. En una palabra: es preciso rectificar el rumbo y mejorar la calidad de la gestión de la política económica para evitar que las penurias del pueblo se conviertan en decepción y esta, de no mediar una solución a los problemas, en el hartazgo que abre las puertas de la ira y la violencia. Y, por favor, evitar por ahora enredarse en estériles discusiones sobre el cambio de la matriz productiva del rentismo petrolero y todo lo que lo rodea. Ese es un programa de cambio estructural que, con suerte, para concretarse se requieren quince o veinte años de continuidad política. Por lo tanto, hay que concentrarse en las tareas inmediatas, al menos por ahora. Los problemas económicos que afectan a la población y que debe resolver el gobierno son de cortísimo plazo, de hoy y mañana, de una semana a lo máximo. Si fracasara en ese empeño el futuro del gobierno de Nicolás Maduro podría verse muy seriamente debilitado y su estabilidad entraría en una zona de peligro inminente.
5 Mayo 2018
Una frase nomás, y una imagen.
Lean con detenimiento esta frase extraída del Capital::
"El capital (dice el Quarterly Reviewer) huye de los tumultos y las riñas y es tímido por naturaleza".Esto es verdad, pero no toda la verdad. El capital tiene horror a la ausencia de ganancias o a la ganancia demasiado pequeña, como la naturaleza al vacío. Conforme aumenta la ganancia, el capital se envalentona. Asegúresele un 10 por 100 y acudirá a donde sea; un 20 por 100, y se sentirá ya animado; con un 50 por 100, positivamente temerario; al 100 por 100, es capaz de saltar por encima de todas las leyes humanas; el 300 por 100, Y NO HAY CRIMEN A QUE NO SE ARRIESGUE, aunque arrostre el patíbulo. Si el tumulto y las riñas suponen ganancia, allí estará el capital encizañándolas. Prueba: el contrabando y el comercio de esclavos».
Fuente: Karl. Marx, El Capital, cap. 24. “El Secreto de la Acumulación Originaria”
(en la foto, con mi amigo Julio Faúndez, en el cementerio de Highgate, circa 1974)


por EFE
4 mayo, 2018




China, un país donde Karl Marx seguramente nunca pensó que podrían aplicarse sus teorías, conmemoró hoy con gran ceremonial el bicentenario del nacimiento del padre del comunismo, convencida de que su éxito económico prueba que el filósofo alemán tenía razón.
Aunque el marxismo chino más heterodoxo, el de las granjas colectivas y las fuerzas productivas en manos del Estado murió con Mao Zedong en 1976, el régimen que ahora preside Xi Jinping sigue considerándose heredero de las teorías del pensador alemán, y hoy lo mostró con un acto solemne en la sede del Legislativo nacional.
"El marxismo, como un amanecer espectacular, ilumina el camino de la humanidad en su exploración de las leyes históricas y en la búsqueda de su propia liberación", destacó el presidente Xi en un discurso de hora y media pronunciado en el Gran Palacio del Pueblo, presidido hoy por un gigantesco retrato del filósofo de Tréveris.
"Doscientos años después, debido a los enormes y profundos cambios en la sociedad humana, el nombre de Karl Marx es todavía respetado en todo el mundo y su teoría aún resplandece con la brillante luz de la verdad", afirmó Xi en un discurso emitido en directo por la radio y la televisión estatales.
El bicentenario se ha conmemorado en China con numerosas actividades que van desde la organización de exposiciones a la reedición por editoriales estatales de clásicos marxistas como "El Capital" y "El Manifiesto Comunista", este último escrito junto a su compatriota Friedrich Engels.
Xi, que está intentando cierto regreso a las raíces teóricas del comunismo desde su llegada al poder, ordenó la semana pasada en una reunión del Politburó -los 25 altos cargos más poderosos del régimen- que se promueva la lectura y el estudio del citado manifiesto, hoy olvidado por las generaciones más jóvenes.
La veneración en el país asiático hacia Marx también se notará mañana, sábado, cuando se celebre el bicentenario propiamente dicho en Tréveris, ya que uno de los principales actos conmemorativos será la inauguración en la localidad alemana de una estatua del pensador donada por China.
Cabe siempre la duda de si la China actual, donde los gigantescos centros comerciales son nuevos templos del materialismo y que es el mayor mercado mundial de productos de lujo, es realmente lo que Marx tenía en mente cuando lanzó sus ideas, que tantas consecuencias tuvieron en todo el planeta durante el siglo XX.
Sin embargo, para los pensadores de este país, la China de los rascacielos, donde los Ferraris cruzan a toda velocidad las grandes avenidas de Pekín y Shanghái, no contradice el marxismo, porque sus ideas "eran flexibles, no dogmáticas", en palabras del historiador de la Universidad Popular de Pekín, Xu Haiyun.
"En este país el marxismo ya comenzó a cambiarse, a 'sinizarse', con Mao Zedong y, mientras la URSS copiaba sus ideas, China las adaptó mejor a su propia situación", destacó en declaraciones a Efe el catedrático, quien aseguró que "el camino actual de nuestro país no lo previó Marx, pero tampoco el capitalismo".
Zhu Jiangnan, experta en China Contemporánea de la Universidad de Hong Kong, también insiste en que el marxismo tuvo que readaptarse desde el principio al país, dado que Mao hizo la revolución con campesinos y no con trabajadores proletarios como preveía el panfleto de Marx y Engels.
"El Partido Comunista de China, desde sus inicios, se dio cuenta de la importancia de ir adaptando el marxismo a la situación real de China y sus cambiantes condiciones sociopolíticas", según el análisis que hizo Zhu para Efe.
El sinólogo español Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, lo define como un "eclecticismo ideológico" en el que las ideas de Marx han ido cambiando según las circunstancias, incluso con los anteriores presidentes chinos, cuando el capitalismo parecía triunfar en el país tras la caída del Muro de Berlín.
"Jiang Zemin (presidente entre 1993 y 2003) tenía que asegurar el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio y eso le obligó a gesticular en cierta dirección, y Hu Jintao (2003-2013) incorporó en mayor medida la sensación confuciana al ideario del Partido Comunista en un momento de cierta crisis social", resumió.
Pese a todo, no deja de percibirse cierta contradicción con el marxismo en una China, que sobre todo tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU, se ha aupado como la gran defensora global del libre comercio, pero el presidente Xi lo tiene claro: hoy aseguró que Marx es "el mayor pensador de los tiempos modernos".


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