(Por Atilio A. Boron) En 1984 Bárbara W. Tuchman publicó un libro apasionante. Su título: “La marcha de la locura. La sinrazón desde Troya hasta Vietnam”. En él la autora pasa revista a una serie de situaciones que tienen un común denominador: gobiernos y pueblos actuando en contra de sus propios intereses. No pude dejar de pensar que la disyuntiva que se abre en el Ecuador el próximo domingo podría, según fuese el resultado de la elección presidencial. aportar un nuevo y triste ejemplo de esta serie de desatinos que causaron indecibles sufrimientos a sus protagonistas. Porque, al escuchar a encumbrados dirigentes de diversos movimientos sociales y autoproclamadas fuerzas de izquierda decir una y otra vez que preferían un banquero neoliberal a un dictador recordé inmediatamente el libro de Tuchman y sus valiosas enseñanzas. Que organizaciones supuestamente representativas de los intereses populares enuncien tesis políticas como esa y que se acuse al presidente Rafael Correa de dictador, de corrupto, de demagogo, ¡de neoliberal!, cosa que sus críticos hacen con total impunidad a través de la vasta red de medios de comunicación que controla la derecha no puede sino evidenciar la ominosa presencia de un “sentido común” completamente extraviado por el odio y el fanatismo, de una ceguera histórica que puede conducir a un pueblo a su suicidio. Porque basta con un pequeño soplo de sobriedad para caer en la cuenta del absurdo que encierra aquella tesis. Por más desaciertos que puedan atribuírsele al gobierno del presidente Correa y por más escozor que provoque su irascible personalidad, los aciertos de su gestión superan ampliamente sus errores, sus equívocos y hasta sus desplantes. 

Guillermo Lasso, el banquero preferible al "dictador" Correa


Y si ese hálito de sobriedad no está presente los críticos del correísmo deberían mirar a su alrededor y tomar nota del holocausto que los amigos y cofrades de Guillermo Lasso están haciendo en Argentina y Brasil, países cuyos gobiernos están llevando a la práctica una lúgubre eutanasia de los pobres, de los ancianos y de los niños, despojando a sus pueblos de derechos conquistados mediante arduas luchas a lo largo de varias décadas. Todo eso fue barrido por un vendaval político, si bien apelando a distintos instrumentos. En el caso argentino, apelando a un “empresario exitoso” que hizo una campaña demagógica prometiendo conservar los avances registrados en la década kirchnerista. Bastó con que Mauricio Macri pusiera un pie en la Casa Rosada para que comenzara a demoler, sistemáticamente, las conquistas sociales de la década anterior y promover un ajuste salvaje que en menos de un año acrecentó en un millón y medio el número de pobres en la Argentina. La derecha miente, se viste con piel de cordero pero es un lobo feroz que actúa con mucha astucia: primero engaña, con cantos de sirena como los que hoy entona Lasso en el Ecuador. Pero una vez en el gobierno arrojan por la borda todas sus promesas y, fieles a sus intereses de clase, proceden metódicamente a subyugar a los pueblos y a favorecer descaradamente a las grandes fortunas, dando origen a una regresión social que, a partir de un enjundioso análisis del caso español Arantxa Tirado Sánchez y Ricardo Romero Laullén, no han titubeado en caracterizar como una “neoesclavitud” en un libro de reciente aparición. Y lo mismo vale decir del gobierno de Michel Temer en Brasil, causante de una restauración oligárquica que en algunos aspectos hace retroceder a ese país medio siglo. Desgraciadamente los pueblos, y los gobiernos pueden suicidarse, y hay sectores en la sociedad ecuatoriana que, enceguecidos por sus pasiones, parecen dispuestos a hacerlo, sumiendo al país en una catástrofe que demoraría décadas en ser reparada. Que esto no suceda dependerá de la sensatez con la cual el pueblo ecuatoriano se maneje, de su capacidad para reflexionar, discernir y anticipar las consecuencias de sus actos. De la consciencia que tengan de lo fácil y rápido que es desandar el camino y revertir los logros, pocos o muchos, conseguidos en la década correísta. Y de percibir con nitidez que un banquero, por más que se disfrace de demócrata y que pronuncie frases bonitas, siempre será el fiel ejecutor de la lógica despótica del capital. Y en esa lógica, las clases populares están irremisiblemente condenadas. Serán llevadas al cadalso por un verdugo que, obedeciendo a las reglas del “coaching” político, se presentará como un personaje bonachón y sonriente pero que, llegado el momento, no vacilará un segundo en ejecutar sin piedad a quienes confiaron en sus promesas. Si tal cosa ocurriera tarde aprenderían la diferencia existente entre un banquero neoliberal y un “dictador” como Rafael Correa. Ojalá que el noble pueblo ecuatoriano sea librado de tan infausto destino. 
Comparto: estupenda carta de Julian Assange en solidaridad con la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, reunida en Caracas entre el 6 y 7 de Febrero del 2017








Amigos de la red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales por la Humanidad reunidos en Caracas.

En el libro de Proverbios dice que /una casa se construye con sabiduría, y se establece por medio de entendimiento.
 
Sus cuartos se llenan de hermosos tesoros a través del conocimiento/
. Pero hay algo más en todo esto. 
El siguiente verso es “Los sabios son más poderosos que los fuertes" El conocimiento es poder.

Tengo el gran honor de dirigirme a Ustedes en este aniversario por la muerte de un hombre que ha luchado amplia y aguerridamente contra el imperialismo, el neocolonialismo y otras formas de opresión a los pueblos, especialmente en América Latina.
 
Chavez tuvo el papel más importante en el escenario global con sus incansables esfuerzos para seguir avanzando en la integración y cooperación regional y construir un mundo multipolar.
 
Denunció las injusticias tal y como él las veía y en el 2001 fue el único líder que denunció el asesinato cometido por los EEUU de civiles inocentes en Afganistán, indicando “Ustedes no pueden pelear el terrorismo con terrorismo”. Poco después de 6 meses los EEUU apoyaron un golpe de estado en su contra que fue revertido cuando cientos de miles de venezolanos tomaron las calles, muchos de ellos con la constitución en sus manos.
 
Como todos nosotros, él no estaba libre de pecado, pero sus virtudes sacudieron la tierra.



Como director de Wikileaks sacamos a la luz los secretos de los poderosos y además construimos una Biblioteca distinta y poderosa, una biblioteca que contiene la información sobre cómo realmente funciona nuestro mundo y sus instituciones, que contiene información que por siglos ha estado solamente en manos de las élites y que ahora -no sin correr riesgos y persecuciones- hemos democratizado y puesto a disposición del pueblo, sin distinción de orientación política o credo.
Es para todos y todas, para que la sociedad del todo mundo abra los ojos, y con datos irrefutables en la mano, confronte a los poderosos y saque sus propias conclusiones, sin filtros mediáticos, sobre los eventos y decisiones políticas que afectan sus vidas.

El objetivo de Wikileaks, de buscar la verdad en nombre de la humanidad, es hoy más importante que nunca, un objetivo que seguimos buscando a pesar del alto precio que pagamos por ello.

El costo, en mi caso, ha sido alto. He estado perseguido judicialmente y detenido por casi siete años, sin que pese cargo alguno en mi contra. La persecución se ha extendido a mi familia, a mis hijos, a quienes no he podido ver durante todo este tiempo.
Tanto Naciones Unidas, como numerosas organizaciones de Derechos Humanos y personalidades a nivel mundial han hecho un llamado a Suecia y al Reino Unido para que respeten sus obligaciones internacionales, para que respeten y reconozcan la soberanía del Estado de Ecuador y por tanto reconozcan mi asilo y dejen de bloquear el ejercicio de este derecho humano. Es inconcebible que la actitud imperialista de Reino Unido y de Suecia, en pleno siglo 21, les permita, con total impunidad, ignorar un acto soberano de un país independiente, Ecuador.
 
Recuerdo a los presentes que Ecuador pagó y sigue pagando un alto precio al otorgarme el asilo para protegerme de la persecución política por haber expuesto los secretos del imperio. Su Embajada en Londres sufrió amenazas de ataque por la policía británica y hasta el día de hoy, es sujeta de niveles de vigilancia que no tienen comparación alguna.

Denegar el salvoconducto para que yo pueda ir a Latinoamérica es un acto de imperialismo puro, de países que ocupan altos cargos en Naciones Unidas, y, sin embargo, se rehúsan a reconocer y habilitar el ejercicio de un derecho universal, y lo hacen en total impunidad, burlándose, además, de la soberanía de un país del Sur y de toda la región Latinoamericana que respaldó unánimemente mi asilo, constituyendo un grave insulto a la dignidad de nuestros pueblos y al mismo sistema de Naciones Unidas. Hacer esto por años muestra el deterioro y grave retroceso del sistema internacional de protección de derechos humanos para todos.
Ni hablar de mi país, Australia, un sirviente más de los intereses imperialistas, que en siete años no ha abogado por mí ni una sola vez y que además busca criminalizarme para que yo no pueda volver a casa. A pesar de una Resolución firme de la más alta autoridad en temas de Detención Arbitrarias que despues de analizar detenidamente mi caso, estableció que mi detención ha sido arbitraria e ilegal y el deber de dejarme en libertad de inmediato e indemnizarme, tanto Suecia como el Reino Unido la ignoran por completo.

Pero a pesar de todo, el imperio no ha logrado silenciarme. Soy libre simplemente porque soy libre de expresarme. Y disfruto de esta libertad gracias al coraje de Ecuador y otros Estados, entre ellos Venezuela, que se han unido para apoyarme. Mi lucha puede convertirse en una historia exitosa para la libertad de expresión y los derechos humanos.
Por lo tanto la concesión de un salvoconducto sería un acto de justicia y dignidad para la región.


Permaneceremos fieles a la promesa de publicar la verdad sin miedo o negociaciones bajo la mesa. Seguiremos esforzándonos en nuestro compromiso con la verdad y la justicia social.

La liberación de los pueblos depende de la liberación de la mente de los pueblos. Para ello, necesitamos que esfuerzos revolucionarios pacíficos como el de Wikileaks, florezcan alrededor del mundo. Por esta razón necesitamos detener la persecucion contra WikiLeaks y su gente.

Hagámoslo juntos hoy. Mañana puede ser tarde.


Julian Assange

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GUILLERMO LASSO es el  candidato de la derecha en la segunda vuelta presidencial. Conozca al personaje.
(Comparto un muy interesante documento que me acaban de enviar desde Ecuador)

Queridos Amigos: como seguramente todos ya saben, Ecuador se dispone a votar una segunda vuelta en las elecciones presidenciales el próximo 2 de abril. En esta oportunidad, se enfrentarán Lenin Moreno, candidato de izquierda por el movimiento oficialista Alianza País, conducido por el actual presidente Rafael Correa, y Guillermo Lasso, el candidato-banquero.
Desde la coordinación de la campaña presidencial de Lenin Moreno, hemos generado este documento sobre Guillermo Lasso que les pido que nos ayuden a circular. Lasso no sólo es el candidato de la derecha, con un extenso prontuario de corrupción, estafas y mentiras. Además es miembro del Opus Dei, lo que le da un carácter todavía más peligroso para todo lo logrado en estos diez años por la Revolución Ciudadana.
El documento que les adjunto son quince razones (aunque pueden ser más) para no votar o apoyar a Guillermo Lasso. Es un recorrido biográfico e histórico por los últimos 20 años de Ecuador: no casualmente en cada momento crítico y traumático del pasado reciente de este país, aparece la figura de Lasso.
Es importante la solidaridad de todos ustedes en la denuncia de lo que podría llegar a ocurrir en Ecuador en caso de que la derecha finalmente gane el 2 de abril. No se trata de una pelea que únicamente tenga lugar en Ecuador ya que sus repercusiones son regionales e incluso globales, particularmente en este momento en el que las expresiones de la derecha conservadora, reaccionaria y xenófoba cobran cada vez más fuerza, en América Latina, en Estados Unidos y en Europa.
Cualquier pronunciamiento público es importante en este sentido y será especialmente valorado en la campaña que estamos actualmente estamos desarrollando.


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QUINCE RAZONES PARA NO VOTAR POR GUILLERMO LASSO
El banquero Guillermo Lasso, candidato de la derecha para las próximas elecciones del 2 de abril, es dueño de una oscura historia personal en la que se mezclan intereses particulares y familiares, junto con ambiciones empresariales, bancarias y políticas. Se trata de la principal figura del neoliberalismo en Ecuador y de uno de las conocidos representantes de la partidocracia, que veinte años después de su aparición en la escena pública, intenta llegar al gobierno para coronar un extenso recorrido basado en la mentira, la estafa, la corrupción, el abuso de poder, el tráfico de influencias, la conspiración y, sobre todo, el enriquecimiento a costa del pueblo ecuatoriano. A continuación, presentamos quince (aunque podrían ser muchas más) razones para no votarlo, en la necesidad de no retroceder todo lo que juntos hemos avanzado, y con la esperanza de un futuro mucho más luminoso para nuestro Ecuador:
1) Favoreció la quiebra de distintos bancos para beneficiar al Banco de Guayaquil y obtener ganancias de los salvatajes promovidos desde el gobierno. En 1994, como presidente del Banco de Guayaquil, presidente de la Asociación de Bancos y vocal en la Junta Bancaria, lideró la aprobación de la Ley General de Instituciones Financieras, la que desreguló el área y favoreció el endeudamiento irresponsable de distintos bancos del Ecuador y la salida al exterior del dinero de los ecuatorianos. Sin ningún tipo de control estatal, se produjo el quiebre de varios bancos y se preparó el terreno para el Feriado Bancario de 1999.
2) Compró su cargo de “Supeministro” a partir una enorme donación. Como dueño del Banco de Guayaquil aportó 500 millones de sucres a la campaña presidencial de Jamil Mahuad en 1998, convirtiéndose así en uno de los principales aportantes y posibilitando su posterior desempeño por un mes como “Superministro de Economía y Energía” en ese gobierno.
3) En 1999 aumentó el IVA. Pese a que hoy quiera eliminar 14 impuestos, en 1999, como ministro de Mahuad, intentó subir el IVA del 10% al 15%, aumento que finalmente llegó al 12% por la oposición del Congreso a esta iniciativa.
4) Fue el principal responsable del Feriado Bancario. En marzo de 1999, mientras se desempeñaba simultáneamente como gobernador del Guayas, presidente del Banco de Guayaquil y Vicepresidente de la Asociación de Bancos, fue el principal artífice del Feriado Bancario, cuando se incautaron cerca de 2 mil millones de dólares de depósitos de pequeños y medianos ahorristas.
5) Lucró y se enriqueció todavía más con los depósitos bancarios de los pequeños y mediados ahorristas. En el Feriado Bancario se enriqueció todavía más a partir del congelamiento de los depósitos bancarios en el Banco de Guayaquil, y el cambio a valor real de los Certificados de Depósitos Reprogramables (CDRs) a la Corporación Financiera Nacional, cuando previamente se había pagado a los ahorristas la mitad o incluso menos por el valor de esos mismos bonos. Gracias a esta transacción espuria incrementó sus ganancias en más de un 50%.
6) Fue el principal responsable del endeudamiento externo y de la emigración masiva de ecuatorianos. Luego de su paso como Superministro en el gobierno de Mahuad y del Feriado Bancario, la deuda pública del Ecuador era del 85,5% del PBI, en tanto que se dio inicio al proceso creciente de migración al exterior de cerca de un millón de ecuatorianos.
7) Fue el principal beneficiario de la devaluación y de la crisis económica que luego daría lugar a la dolarización. Debido a su conducta especulativa, a principios del año 2000 fue uno de los principales beneficiarios de la devaluación del sucre como paso previo a la dolarización. Esta medida no sólo implicó la pérdida de la moneda nacional sino también un enorme y profundo impacto social: la pobreza subió al 68%, los salarios reales cayeron en aproximadamente el 40% y el desempleo y el subempleo ascendieron al 35%.
8) Fue el responsable del paquetazo de 2003 bajo el gobierno de Lucio Gutiérrez. Durante el mandato de Lucio Gutiérrez se desempeñó como “embajador itinerante”, cargo desde el que negoció con los EE.UU y el FMI un préstamo por 200 millones de dólares a cambio de una sustancial disminución del gasto público y social que derivó en un aumento del precio de los combustibles, la reducción de los subsidios al gas y la electricidad, el congelamiento de salarios y pensiones jubilatorias y el despido masivo de empleados públicos.
9) Conspiró para que Rafael Correa no pudiera asumir la presidencia del Ecuador. Según distintos cables de Wikileaks, entre 2006 y 2007 fue uno de los principales conspiradores en contra de la asunción al gobierno de Rafael Correa. Con este objetivo, y a través de su fundación “Ecuador Libre”, intentó conformar un frente de empresarios y dirigentes políticos, como Lucio Gutiérrez, Jaime Nebot y Álvaro Noboa, y buscó el apoyo de la embajada de los Estados Unidos.
10) Ha tenido una postura contradictoria frente a la Revolución Ciudadana. Hoy se manifiesta a favor de concretar acuerdos comerciales con China y hace dos años decía del gobierno “Hablan de soberanía y van a inclinarse al imperio chino para financiar un proyecto político que no es viable” (Sábado 10 de enero de 2015, La República). Asimismo, en 2012 decía lo siguiente: “¿Cómo no podemos estar satisfechos con la labor del gobierno en materia de inversión pública en infraestructura vial? ¿Cómo no apreciar el esfuerzo del gobierno en el tema de inversión en salud y educación?” (Jueves 10 de mayo de 2012, El Universo).
11) Tiene sus ahorros en paraísos fiscales. A raíz de las investigaciones realizadas por los Panama Papers, se concluyó que el Banco de Guayaquil posee dos firmas vinculadas a los paraísos fiscales, en uno de estos casos vinculado además con otra empresa ligada a Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil.
12) Su propuesta política es engañosa y revela una enorme contradicción entre su discurso y su práctica:
-Piensa atraer inversión extranjera para generar empleo, pero mantiene sus millonarios ahorros en Panamá.
-Propone bajar y eliminar impuestos, como una medida que sólo lo beneficiaría a él y a un mínimo sector de la población ecuatoriana, anulando para ello el derecho a la educación y a la salud gratuita.
-Propone la creación de un millón de puestos de trabajo, pero con la eliminación de impuestos únicamente va a provocar despidos masivos de empleados del sector público, como médicos, maestros y enfermeras.
-Promete créditos de entidades bancarias con un 1% de interés anual y a treinta años, iniciativa que nunca llevó a la práctica desde el Banco de Guayaquil.
13) Se opone a las iniciativas por el cuidado del medio ambiente. Pese a que se presenta como un defensor de la ecología, quiere eliminar el “impuesto verde”, dirigido a evitar el aumento de la contaminación y el calentamiento global. Asimismo, y mientras estuvo a cargo de la Fundación Malecón 2000, en Guayaquil tampoco se interesó por los graves problemas ecológicos de esta ciudad y del estero Salado: por el contrario, intentó crear una sede de Disneylandia en la Isla Santay, considerada como Área Protegida del Ecuador.
14) Aprueba la política migratoria de Donald Trump y ha favorecido la discriminación contra los extranjeros. No se conoce una sola declaración suya frente a la amenaza de expulsión a los cerca de 200 mil ecuatorianos que actualmente residen sin papeles en los EE.UU. De igual modo, se manifestó en contra de la presencia de los médicos cubanos radicados en Ecuador.
15) Se manifestó en contra de la democracia y a favor de la violencia. No sólo no aceptó los resultados de la elección presidencial del 19 de febrero, sino que además, de manera injustificada y sin aportar una sola prueba a su favor, responsabilizó al gobierno de haber cometido fraude. Para ello, apeló a actos callejeros y promovió la violencia física y verbal en contra de quienes se habían pronunciado a favor del gobierno y de su candidato, Lenin Moreno.
Por todos estos motivos, consideramos que la candidatura presidencial de Guillermo Lasso constituye hoy el mayor peligro para el Ecuador, no sólo en función de los logros alcanzados en estos diez años por la Revolución Ciudadana, sino también para el sostenimiento en el tiempo y hacia el futuro de la necesaria convivencia democrática y pacífica que históricamente ha caracterizado a nuestro pueblo.


El día en que se conmemoraba la partida del Granma, exactamente en ese mismo día como seguramente lo quiso, Fidel partió en busca de nuevos horizontes de lucha. Lo hizo en la seguridad de que la siembra que hizo a lo largo de su vida ya había germinado. Que sus enseñanzas serían imperecederas. Que el capitalismo conduce a la humanidad a su extinción. Que sólo el socialismo y el comunismo le otorgarán condiciones para la sobrevivencia.de la especie humana. Que la lucha contra el imperialismo es un combate que se libra día a día, bajo diversas formas y que sólo finalizará con la derrota definitiva del monstruo. Que jamás éste admitirá la soberanía, la autodeterminación y la felicidad de los pueblos. Que apelará a cualquier recurso para mantenernos bajo su yugo. Que el socialismo y el comunismo son por definición internacionalistas y solidarios, como lo fue la Revolución Cubana bajo su inspiración. Y como lo seguirá siendo. 



Por eso Fidel vive en cada una y en cada uno que lucha sin descanso por un mundo mejor. Fidel se fue pero está como inspiración, ejemplo, estímulo. Como una vez también se fue Bolívar, y algunos hombres pequeños y mediocres pensaron que se había ido para siempre. No se dieron cuenta de que volvería, sólo que de otro modo, como lo asegura la bella poesía de Pablo Neruda. Como se fue el Che, para al poco tiempo regresar y estar presente en todas las luchas a lo ancho y a lo largo del planeta. Como lo está Chávez, eterno en el alma de nuestros pueblos. Y lo mismo ocurrirá con Fidel, más presente que nunca sólo que bajo otra forma. Iluminándonos como la reencarnación contemporánea del Quijote, ese amante de las utopías realizables que vivía para “Soñar el sueño imposible, luchar contra el enemigo imposible, correr donde los valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable. Ese es mi destino.” Seguiremos por el camino que nos ha señalado, hoy más que nunca Comandante. ¡Hasta la victoria siempre!


18.2.2017

Hola, comparto un cuadro que me hicieron llegar algunos amigos sobre los avances económicos y sociales de la última década. Me parece interesante como material a tener en cuenta a la hora de votar. Obvio que quedan aún muchas asignaturas pendientes, pero no se puede desconocer todo lo que se ha progresado en uno de los países más atrasados e inequitativos de América Latina.



Avances de la última década en cuanto a los principales indicadores económicos, sin subjetividad, sin juicios de valor, solo con "DATOS ESTADÍSTICOS"

Sueldo básico:
2007: $170
2017: $375
Porcentaje de petrodólares que se quedan en el Ecuador (El resto se llevan los extractores):
2007: 20%
2017: 81%
PIB, Producto Interno Bruto (Los bienes y servicios que produce un país cada año):
2007: 23 mil millones
2017: 102 mil millones
Desempleo:
2007: 7,9%
2017: 5,6% (el promedio de la década fue 4,8)
Pobreza
2007: 38%
2017: 21%
Pobreza extrema
2007: 16,1%
2017: 8,3%
Sueldo de policías, profesores y médicos (sector público)
2007: Alrededor de $200
2017: Alrededor de $900
Presupuesto general del estado
2007: 5 mil millones
2017: 36 Mil millones
Porcentaje del presupuesto general del estado que iba destinado a gastos de deuda
2007: 25%
2017: 5%
Red vial
2007: La antepenúltima (tercer peor) de América latina
2017: La segunda mejor de América latina.
Recaudación tributaria
2007: $4 Mil millones (cada año)
2017: $16 Mil millones (cada año)
(Por ejemplo en 2007 Teleamazonas y Claro se declaraban en perdida y pagan cero de impuestos.)
Escuelas públicas con estándares internacionales
2007: 0
2017: 315
*Escuelas del milenio
Becas de estudio internacionales
2007: 34 (cada año)
2017: 970 (cada año)
Sueldo de empleadas domésticas
2007: $80 Mensuales
2017: $375 Mensuales
Matrícula y pensiones en el estudio público
2007: Lo pagaba la familia
2017: Lo cubre el estado
Ingresos turísticos
2007: $492 Millones (cada año)
2017: $1720 Millones (cada año)
Porcentaje de personas con discapacidad  que debían contratar las empresas en su nómina:
2007: 0%
2017: 4%


Quito, 17 Febrero 2017


Vistas aéreas de los cierres de campaña de Lenin Moreno en cuatro regiones del Ecuador

(Por Atilio A. Boron) El próximo domingo se develará una incógnita crucial para Ecuador y América Latina y el Caribe. Será el “test ácido” cuyo resultado indicará si se revierte la tendencia regresiva puesta de manifiesto por el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina y la ilegal deposición de Dilma Rousseff en Brasil o si, por el contrario, los procesos que desde fines del siglo pasado alteraron para bien el mapa sociopolítico de la región transitan hacia su ocaso definitivo. Un triunfo de la fórmula Lenin Moreno-Jorge Glas, derrotando a la poderosa derecha ecuatoriana apoyada a través de mil tentáculos por el imperio, sería la alentadora expresión de lo primero; su derrota bien podría ser el “canto del cisne” del ciclo progresista y de izquierda y la antesala de un salvaje retroceso económico, una marcada involución autoritaria y un proceso de restablecimiento del orden neocolonial en el Ecuador, con profundas repercusiones también en el plano internacional.
Consultadas las encuestas de las más diversas fuentes, tanto las encargadas por el oficialismo como por la oposición, lo que hasta ahora se sabe es que en todas ellas Lenin Moreno aparece superando el umbral crítico del 40 % de los votos válidos emitidos, es decir, excluyendo los nulos y en blanco. No obstante, para acceder a la presidencia necesita ganar por más de diez puntos de diferencia a su más inmediato perseguidor, hasta ahora el banquero Guillermo Lasso que en todas las mediciones se sitúa unos quince puntos por debajo del candidato oficial. Si bien hay una proporción todavía muy elevada de “indecisos” -un 25 %- no hay razones para pensar que el grueso de los mismos vaya a otorgar su voto al principal accionista del Banco de Guayaquil. Más bien lo que algunos expertos indican es que entre aquellos se oculta una parte significativa de votantes por la Alianza País, que ante la brutal campaña de terrorismo mediático lanzada en contra de Rafael Correa y la Alianza País opta por ocultar su intención de voto por temor a la intimidación o el escarnio público. En conclusión: las incógnitas son muchas y lo único sólido es que en todas las encuestas Moreno muestra una ventaja considerable sobre sus adversarios. Predominio también confirmado cuando se comparan las multitudinarias concentraciones del candidato de Alianza País con las de sus rivales, inferiores en número y en entusiasmo.
La década presidida por Correa marca una virtuosa discontinuidad en relación a la historia reciente del Ecuador. Antes de su llegada al Palacio de Carondelet ninguno de los tres presidentes que le precedieron finalizó su mandato. Si la inestabilidad era el signo de la política ecuatoriana, con su presidencia aquellas turbulencias quedaron atrás. Con todo hay dos datos que inquietan al comando de campaña de Lenin Moreno. Primero, desde la recuperación de la democracia en 1979 sólo un candidato ganó la elección presidencial en primera vuelta: Rafael Correa en 2013, cuando obtuvo el 57 % de los votos, cifra que en este momento es sencillamente inimaginable. Segundo, ningún partido que ejerció el gobierno triunfó cuando se presentó para la reelección, con la solitaria excepción del actual mandatario. El desgaste de la gestión gubernamental en un sistema político tan volátil y de fuertes tendencias centrífugas como el ecuatoriano se cobra su precio: castiga al candidato del oficialismo y abre las puertas a la oposición.
¿Podrá Lenin Moreno romper estas dos constantes de la política ecuatoriana contemporánea? Es muy posible, porque aún cuando no llegase a triunfar en la primera vuelta sus chances de alzarse con la victoria en la segunda son bastante grandes. El heteróclito conjunto de partidos de la oposición amontona a la ultraizquierda y otras fuerzas menores junto a una alicaída social democracia, banqueros neoliberales con maquillajes posmodernos y la vieja oligarquía de terratenientes y banqueros tradicionales que junto a sus aliados y competidores en el sector financiero despeñaron al país por el abismo en 1999 forzando la súbita emigración de más de dos millones y medio de ecuatorianos y la pérdida de su signo monetario, reemplazado por el dólar. Un agrupamiento de fuerzas y personalismos al cual, diríamos con Borges, “no los une el amor sino el espanto” y por eso mismo no parece tarea sencilla que puedan unificarse para enfrentar con éxito la batalla final.


(Por Atilio A. Boron)  Sería difícil exagerar la trascendencia nacional e internacional de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en Ecuador el próximo domingo. En una nota anterior nos referimos a ellas hablando de una nueva “batalla de Stalingrado” en donde se juega el futuro de los tan hostigados procesos progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribe. Una derrota de la Alianza País significaría poco menos que la clausura del ciclo iniciado a fines del siglo pasado. Caída la fortaleza ecuatoriana el cerco se cerraría sobre Bolivia y Venezuela, acosadas por el recrudecimiento de la virulencia de la oposición y, en el caso de la segunda, también por los tremendos efectos de la crisis económica desatada por una perversa combinación de factores locales e internacionales. Y Cuba perdería un gobierno amigo, cosa que no es una cuestión menor para la isla en un escenario internacional como el actual. Por el contrario, una ratificación general del curso político seguido por Ecuador desde la elección del presidente Rafael Correa sería un valioso y oportuno reaseguro para esos países y un significativo aliento para los partidos y movimientos sociales que resisten a la restauración conservadora ocurrida en Argentina y Brasil y para los pueblos que luchan en contra de gobiernos de inequívoco signo neoliberal desde México hasta Chile, pasando por Colombia, Perú y otros países de la región. Sería una muy positiva señal que el tan pregonado “fin de ciclo progresista” esté lejos de haberse consumado y que es, antes que nada, un ardid de la derecha cuyo propósito es muy claro: convencer a los sujetos de la rebeldía ante el orden neoliberal que la batalla ya se ha perdido y que no tiene sentido seguir luchando. Es bien sabido que la victoria en el terreno de las ideas y las conciencias es prerrequisito de la victoria política. Así, la muletilla del “fin de ciclo” es una sibilina forma de promover una rendición incondicional de las fuerzas del campo popular.
         Una eventual victoria de la derecha en Ecuador precipitaría un retroceso espectacular de los avances registrados en los últimos diez años, con independencia de su caracterización y valoración. Por eso el electorado ecuatoriano haría bien en mirarse en el espejo argentino. En el país sureño, la derecha llegó al gobierno en un ajustado ballotage prometiendo que los logros del período kirchnerista no sólo serían respetados sino también profundizados a partir de una supuesta mejor administración de la cosa pública. Mentiras todas que se transparentaron desde las primeras horas del gobierno de Mauricio Macri, cuando se puso en evidencia que la demagogia de la campaña nada tenía que ver con las políticas que efectivamente fueron llevadas a la práctica. El espejo brasileño no es menos aleccionador que el argentino, y arroja las mismas o peores enseñanzas. Pensar que en Ecuador la derecha se comportará de otro modo, que será fiel a sus edulcoradas promesas de campaña y que, en caso de prevalecer, se abstendrá de descargar un furioso escarmiento sobre la masa plebeya que instaló a Rafael Correa en el Palacio de Carondelet es un acto de imperdonable ingenuidad e irresponsabilidad políticas, sobre todo cuando quienes albergan tan inocentes expectativas son fuerzas partidarias o corrientes de izquierda.


         Si en el orden nacional la desciudadanización, la pérdida de derechos y la reconcentración de los ingresos y la riqueza serían el colofón inmediato de la victoria de la derecha, las consecuencias en el terreno internacional no serían menos nefastas. Aparte de lo que señaláramos al principio de esta nota, habría que agregar el enorme impacto de la previsible cancelación del asilo diplomático concedido a Julian Assange, junto con Edward Snowden el “enemigo público número uno” de Estados Unidos y los principales gobiernos y megacorporaciones capitalistas de todo el mundo, cuyas siniestras maniobras, estafas y crímenes salieron a la luz pública gracias a Wikileaks, fundado precisamente por Assange. Lo primero que haría un eventual gobierno de derecha en Ecuador sería ofrecer en bandeja de plata la cabeza del asilado en Londres, así como el gobierno de México hizo lo propio -infructuosamente, para su desgracia- al entregarle a Barack Obama la del “Chapo Guzmán” en vísperas de la elección presidencial norteamericana, con el objeto de robustecer las chances electorales de Hillary Clinton. La entrega de Assange a las autoridades norteamericanas no sólo sería una velada sentencia de muerte para el australiano sino un mensaje tan funesto como aleccionador para quienes están empeñados en descorrer el velo que oculta los crímenes de los capitalistas. Pero esto no sería lo único que haría ese gobierno: seguramente renegociaría el retorno de las tropas estadounidenses a la base de Manta para que, de ese modo, Washington pudiera establecer un control absoluto del litoral pacífico nuestroamericano (al día de hoy Ecuador es una molesta excepción en esa materia). No habría que descartar que en tal eventualidad se utilizara el pretexto de la “guerra contra el terrorismo” para, como lo hiciera Colombia hace pocos años, incorporar al país como aliado estratégico de la OTAN e involucrarlo en las guerras de pillaje que esa organización criminal libra en los más apartados rincones del planeta. Dejamos a los lectores imaginar que otras iniciativas podría tomar un gobierno de esa orientación en el terreno internacional. ¿Seguiría apoyando, como lo ha hecho el actual gobierno a la UNASUR, cuya sede está precisamente en este país o al proceso de paz en Colombia, facilitando las negociaciones entre el ELN y Bogotá?
         Ante este razonamiento los infaltables “doctores de la revolución” no demorarán en señalar lo que según sus análisis serían los insanables vicios y limitaciones del actual gobierno ecuatoriano y sosteniendo al mismo tiempo que Alianza País no es diferente de las expresiones políticas de la derecha contra las cuales competirá en las elecciones. Una vez más basta con observar lo ocurrido en la Argentina o Brasil, donde también allí sectores presuntamente radicalizados se golpeaban el pecho asegurando que Scioli o Macri eran lo mismo, o que Aecio Neves era igual que Dilma. Tarde comprobaron su gravísimo error y reparar el daño facilitado por su actitud insumirá años de luchas y sufrimientos, sobre todo para las grandes mayorías nacionales. En el caso del Ecuador este predicamento desconoce dos datos esenciales: la vulnerabilidad externa del país y sus limitados márgenes de maniobra ante el despotismo del capital internacional y sus aliados y el hecho de que en este mundo realmente existente -no en el que construyen las alucinaciones doctrinarias- no existen ni han existido jamás gobiernos que puedan presentar una hoja de balance a salvo de defectos, yerros y limitaciones, y el de Ecuador no es     –ni podría ser- la excepción. Para ello se requeriría, como bien lo observaba Jean-Jacques Rousseau, que los hombres fueran ángeles pero no lo son. Tal como lo hemos dicho en numerosas oportunidades, a la hora de hacer las cuentas de los últimos diez años los aciertos del gobierno de Rafael Correa superan ampliamente los desaciertos, y este es el dato a partir del cual hay que posicionarse ante el desafío del próximo domingo.
La experiencia histórica enseña que hay sectores de la izquierda que  suelen ser víctimas de dos impulsos profundamente autodestructivos: la compulsión por la equivocación, misma que hace que cuando se enfrenta a una coyuntura política crítica, su miopía la lleve a ver al árbol en todos sus detalles –y sobre todo sus defectos- pero a ignorar el bosque; y, por otro lado, una temeraria tendencia al suicidio mesiánico que termina por facilitar la victoria de sus enemigos. La derecha no padece de ninguno de estos dos males, aunque tiene muchos otros; pero nunca se equivoca a la hora de identificar a su enemigo de clase. Por eso para la “comunidad de inteligencia” de Estados Unidos, con la CIA a la cabeza, el enemigo a derrotar es Lenin Moreno. Y no creo que ello se deba a la repulsa que les provoca su nombre de pila. Para muchos, con esto nos basta y nos sobra para saber cómo hay que votar el próximo domingo.







 (Por Atilio A. Boron) El domingo 19 de Febrero un hermoso y entrañable país de Sudamérica será el escenario de una decisiva “batalla de Stalingrado”. Como se recordará, la que tuvo lugar en aquella ciudad rusa fue la que produjo el vuelco de la Segunda Guerra Mundial. Si Stalingrado caía los aliados serían despedazados por el ejército nazi; si, en cambio, la ciudad resistía el asedio, como lo hizo, las tropas hitlerianas jamás repondrían fuerzas y se encaminarían hacia su inexorable derrota. La propaganda norteamericana dice que este punto de inflexión en la guerra se produjo con el desembarco de Normandía, pero eso es un invento de Hollywood que no resiste la confrontación con los datos duros de la historia. La Segunda Guerra Mundial se decidió en aquella ciudad rusa, misma que puso en marcha la contraofensiva del Ejército Rojo que llegó hasta el corazón mismo del régimen nazi: Berlín.

    Conscientes de que con una derrota de Alianza País en el Ecuador la derecha continental tendría las manos libres para asfixiar a Bolivia y provocar una nueva versión de la “revolución de colores” en Venezuela-al estilo de los sangrientos episodios desencadenados en Libia y Ucrania- sus personeros, lenguaraces y activistas se dejaron caer con todas su fuerzas en Ecuador para librar la guerra de la desinformación, propalar mentiras, lanzar tremebundas acusaciones contra el gobierno e infundir la sospecha y el desencanto en la población. El objetivo excluyente: impedir que Lenin Moreno, el candidato presidencial de AP, pueda alcanzar el 40 % de los votos y, de ese modo, con una diferencia mayor al 10 % en relación a su perseguidor, ser ungido como nuevo presidente. Para satisfacer este turbio designio Washington y Madrid despacharon al Ecuador un ejército de pseudo-periodistas, una ponzoñosa canalla mediática que ha venido desempeñando idéntico papel en las recientes elecciones en Argentina, Bolivia, Colombia y que, con sus patrañas, pavimentaron el camino hacia la ilegal destitución de Dilma Rousseff en Brasil. Esos sujetos ocultan su verdadera condición de militantes rentados de la derecha (¡espléndidamente remunerados, por cierto, porque no trabajan gratis!) y su inescrupulosidad y desfachatez no tiene límites. En su revelador libro el ex agente de la CIA, John Perkins, habla de la absoluta frialdad con que se planeaban y ejecutaban los más atroces crímenes obedeciendo sin ninguna clase de reparo moral las instrucciones procedentes de Langley.[1] Del mismo modo, los crímenes comunicacionales de la canalla mediática con aún más grave, porque son verdaderas armas de destrucción masiva. Los killers de la CIA matan selectivamente, a uno, dos o tres; el terrorismo mediático hiere mortalmente la conciencia de millones y los induce, con sus mentiras y sofisticadas manipulaciones, a elegir gobiernos que a poco andar practicarán un lento, silencioso pero eficaz genocidio de los pobres, los indígenas, los viejos, los jóvenes privados de educación y trabajo. En suma, acabar con toda esa población “excedente” que según nuestras clases dominantes son la lacra que impidió que los países latinoamericanos o caribeños sean como Suiza, Alemania o mismo los Estados Unidos. En tiempos de la última dictadura cívico-militar argentina sus voceros declaraban, sin disimulo, que en ese país sobraban por lo menos diez millones de habitantes; esa convicción también está presente en el gobierno actual, sólo que no se lo declara abiertamente y que el número de los sobrantes, probablemente, sea todavía mayor. Y lo mismo hemos escuchado en Brasil, en Colombia y en tantos otros países de Nuestra América. Lo que la canalla mediática hizo en todos estos países contraría todas las normas de la ética, no sólo periodística. En el caso argentino mintieron alevosamente asegurando que el hecho de que el candidato Mauricio Macri estuviese procesado por haber solicitado “escuchas ilegales” para nada ensuciaba su buen nombre y honor o lo inhabilitaba para su postulación presidencial. Y ya instalado en la Casa Rosada potenciaron su inmoralidad al blindarlo mediáticamente a pesar de estar involucrado en numerosas empresas denunciadas en los Panamá Papers y en los archivos de las Bahamas, lo que en otras latitudes ocasionó la renuncia de varios jefes de estado y altos funcionarios acusados de evasión fiscal y lavado de dinero.


     Esa plaga está subrepticiamente actuando en Ecuador, ocultando sus verdaderos designios detrás de una supuesta condición de “periodista independiente.”  Gentes entrenadas en Washington (los famosos cursos de “buenas prácticas”), habilísimas en formular preguntas capciosas, sembrar el desánimo y potenciar hasta el infinito los problemas con que tropieza la gestión del gobierno de Rafael Correa que, como cualquier otro, tiene un mix de aciertos y desaciertos. Todo esto tiene su génesis en la radical transformación involutiva de la naturaleza y función del periodismo. Su naturaleza: por el tránsito del pluralismo de medios a los fenomenales niveles de concentración existentes hoy día. Su función: si en el pasado era ser el dispositivo que permitía diseminar información en la naciente sociedad de masas, con la crisis de la dominación capitalista producida por la irrupción de vigorosas fuerzas contestatarias –movimientos obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, mujeres, jóvenes, ecologistas, organizaciones defensoras de derechos humanos, etcétera- su función cambió radicalmente. En ausencia -o ante la debilidad- de partidos de derecha competitivos (acostumbrados a encumbrarse en el gobierno de la mano de los golpes militares) los medios de comunicación hegemónicos pasaron a ocupar ese lugar, fenómeno éste precozmente detectado por Antonio Gramsci en sus escritos desde la cárcel. En ausencia de tales partidos, los medios toman su lugar y cumplen la función que les es propia: organizan, “educan”, movilizan a amplios sectores de nuestras sociedades, siempre detrás de un programa conservador convenientemente edulcorado, pero sin despertar las sospechas que suscita el activismo partidario porque en el imaginario popular la prensa es “independiente” e inmune a los intereses y las intrigas políticas. Que esos medios se convirtieron en un arma formidable de dominación burguesa lo atestiguó, hace algunos años, un militar de alto rango del Pentágono cuando, en una audiencia ante el Senado de los Estados Unidos, lanzó una fatídica advertencia: “en nuestros días –dijo- la lucha antisubversiva se libra en los medios, no en las selvas o en los suburbios decadentes del Tercer Mundo.” Y los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina, aun los más moderados, son todos percibidos como ladinos y arteros instrumentos de la subversión. 


    Por eso estamos en guerra, Ecuador está en guerra. Una guerra silenciosa pero cargada de violencia; una guerra de desinformación, de ocultamiento, de mentiras hábilmente maquilladas y que son vendidas bajo la apariencia de verdades objetivas e irrefutables. La meta que persigue es distorsionar la percepción de la realidad para generar una respuesta inconsciente de la ciudadanía que estigmatice al candidato de AP y descalifique los diez años del gobierno de Rafael Correa. Ocultar o, cuando esto no fuese posible, minimizar todo lo bueno que ha sido hecho y agigantar y machacar a diario, hora tras  hora, minuto tras minuto, sobre  los supuestos “fracasos” del gobierno saliente, sus problemas o sus desaciertos. Que omita hacer alusión al devastador impacto que sobre la conducción  macroeconómica ocasiona la inexistencia de una moneda propia en el Ecuador, privando al gobierno de poder apelar a un instrumento como la política monetaria. Esta queda en manos de Washington, que devalúa o revalúa el dólar sin reparar en sus consecuencias para países que, como Ecuador y El Salvador, gobiernos antipatrióticos y entreguistas adoptaron el signo monetario  estadounidense. O despreciando lo que significa que un país como el Ecuador tenga un perfil exportador semejante al de sus vecinos Colombia y Perú, ambos convertidos en piezas dóciles de los intereses imperiales a los cuales están formalmente vinculados por sendos TLCs, y que coloca objetivamente al Ecuador en desventaja en los mercados internacionales. O escamoteando ante los ojos de la opinión pública el demoledor impacto del derrumbe de los precios de las commodities, fatalidad ante la cual ningún gobierno cuenta con mecanismos para revertir. Todas estas consideraciones, que una información periodística rigurosa debería exponer con objetividad a su audiencia, son maliciosamente desechadas y en su lugar proliferan las calumnias y las difamaciones. Ya no importa la verdad sino la “posverdad”, eufemismo gestado por los poderes mediáticos para justificar sus mentiras y los efectos que con ellas se persiguen. La reciente denuncia en contra del candidato a la vicepresidencia de AP, Jorge Glas, es un ejemplo contundente de lo que venimos diciendo. Es una operación que en América Latina se ha repetido hasta el cansancio en los últimos tiempos, con adaptaciones locales para darles una cierta verosimilitud. Este tipo de mentiras y falsedades se utilizaron masivamente en la campaña presidencial de la Argentina en el 2015 y en contra de Evo Morales en el referendo boliviano del 2016. Y es moneda corriente en el ataque al gobierno de Nicolás Maduro en los últimos tres años. Nada nuevo. Es lo que en la jerga de la CIA se conoce como “SOP” (standard operating procedures) a la hora de desestabilizar un gobierno o desprestigiar un candidato o una fórmula que es vista como una amenaza  a los intereses de los Estados Unidos y la derecha vernácula. Esta carroña mediática es digna heredera de Joseph Goebbels, quien fuera Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del régimen nazi. Con un atenuante: por lo menos el alemán declaraba explícitamente que lo suyo era hacer propaganda; sus émulos actuales, en cambio, posan de “periodistas objetivos e independientes” pero lo que hacen es mentir, difamar y manchar la dignidad de las víctimas de su labor. Mediante esta guerra de desinformación se trata de presentar a la oposición como democrática e, inclusive, “progresista” para engañar al electorado y acabar con la obra iniciada hace una década y que cambiara, para bien, la fisonomía social del Ecuador. Si estos agentes del engaño y la mentira llegaran a salirse con la suya y lograran que el pueblo le abriera las puertas a la derecha, el retroceso social, económico y cultural que sufriría este país sudamericano sería inmenso. A esta involución se le agregaría un ejemplar escarmiento, para que nunca más a las ecuatorianas y los ecuatorianos se les vuelva a ocurrir tener un gobierno como el de Rafael Correa. Un gobierno que todavía hoy rechaza con valores humanistas y con patriotismo las intensas presiones del imperio para que le ponga fin al asilo diplomático concedido a  un personaje como Julian Assange, quien con sus revelaciones a través del Wikileaks permitió que el mundo viera como Washington nos miente, vigila y extorsiona a nuestros gobiernos a través de miles de tentáculos. Si la Alianza País fuese derrotada nadie daría un centavo por la vida de ese valiente luchador que junto con Edward Snowden y Chelsea Manning descorrieron el telón que ocultaba las manipulaciones y los crímenes del imperio. Y tras cartón la base de Manta volvería a ser ocupada por las tropas estadounidenses.



     Para los escépticos, para quienes crean que estamos exagerando, basta con examinar lo ocurrido en la Argentina, en donde este engaño inducido por el “periodismo independiente” hizo posible el triunfo del actual gobierno y el desencadenamiento de la debacle económica actual: caída del PIB, inflación descontrolada, brutal deterioro del salario, cierre de fábricas y comercios, despidos masivos,  aumento del desempleo e incrementos exorbitantes de los precios de la electricidad, el gas, el agua y el transporte La oligarquía mediática fue un instrumento poderosísimo al servicio de los monopolios y los sectores adinerados y del privilegio. Por eso insistimos en la urgente necesidad de que los ecuatorianos se pongan en guardia ante el canto de sirena de esos “pseudos periodistas”, hagan oídos sordos a sus prédicas de la necesidad de un cambio y miren al Sur, vean lo que está ocurriendo en la Argentina y lo que se esconde bajo la inocente invocación de que cambiemos. En su ingenuidad y falta de conciencia política millones en la Argentina creyeron en el cambio prometido -sin preguntarse cambiar qué, cómo, en qué dirección, bajo qué liderazgo- para encontrarse, de la noche a la mañana, en medio de un naufragio. El gobierno de Rafael Correa puede haber incurrido en yerros y desaciertos, como cualquier otro en este mundo. En medio siglo de profesión como politólogo jamás pude encontrar un solo gobierno que estuviera exento de defectos, equivocaciones e inclusive de variables niveles de corrupción. Si según el Papa Francisco estos problemas atribulan inclusive al Vaticano -que como recordaba mordazmente Maquiavelo era lo más parecido a un estado perfecto porque gozaba de la protección directa de Dios- sería absurdo pensar que el Ecuador podría estar libre de esos vicios. La diferencia es que en este país es el propio gobierno quien los denuncia penalmente, mientras que en otros países sudamericanos los gobiernos encubren y le brindan protección judicial y mediática a los corruptos. El caso de Brasil es de una elocuencia inigualable al respecto. Para concluir: hecho el balance que cada ciudadana y ciudadano debe efectuar concluirá sin duda que los aciertos del gobierno ecuatoriano en los últimos diez años, tanto en el plano nacional como en el internacional superan con creces los desaciertos en que haya incurrido. Y ese es el quid de la cuestión y la razón por la que, en toda América Latina, esperamos que el pueblo ecuatoriano vote por la continuidad del gobierno de la Alianza País y se abstenga de dar un salto al vacío como el que dieran los argentinos inducidos por la malignidad de la plaga mediática que hoy devasta al Ecuador.  


[1] Confesiones de un gangster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelon: Ediciones Urano, 2005)  
La semana pasada estuve en El Salvador, participando junto con otros colegas en unas jornadas de reflexión sobre los 25 años de los Acuerdos de Paz. Hablé con mucha gente, busqué muchos datos y esta es la síntesis de mi exploración, que comparto con todxs ustedes.

(Por Atilio A. Boron) El Salvador conmemora en estos días más de dos décadas de la firma de la paz: una gesta que todavía provoca esperanza en su pueblo y en las naciones del mundo que aún enfrentan conflictos armados. Sí, es cierto: la guerra se acabó. El Acuerdo de Chapultepec calló las armas e hizo posible la difícil, casi traumática, convivencia de dos proyectos políticos y dos visiones del mundo radicalmente distintas, pero la guerra continúa.
La paz se firmó hace ya 25 años, pero en las negociaciones entre el gobierno y la guerrilla del FMLN hubo algo que permaneció al margen de toda discusión: el modelo económico fue el gran ausente en esas conversaciones. La correlación interna e internacional de fuerzas impidió que el FMLN pudiera instalar el tema en la agenda. Es decir que lo que creó –y crea- las condiciones para el conflicto y eventualmente la guerra, y lo que genera la injusticia y la opresión que la provoca, no estuvo presente en la mesa de negociaciones. Se firmó la paz sobre un trasfondo de conflicto que fue ignorado. Tal cosa, afortunadamente, no ocurrió en las conversaciones que tuvieron lugar en La Habana entre las FARC-EP y el gobierno colombiano.


Para colmo de males, hace poco más de diez años, El Salvador firmó su adhesión al Tratado Centroamericano de Libre Comercio (CAFTA, por su sigla en inglés) promovido por Estados Unidos. Lo hizo junto a los otros países de América Central (Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Guatemala) y la República Dominicana. Si su predecesor, el NAFTA firmado entre Estados Unidos, Canadá y México tuvo consecuencias económicas, políticas y sociales catastróficas en el país azteca, los resultados del CAFTA difícilmente podían ser mejores en el área centroamericana. Y no lo fueron. Un ejemplo: en El Salvador, en los diez años anteriores a la firma del acuerdo comercial las exportaciones crecían a un ritmo del 8 por ciento anual; luego de la entrada en vigor del tratado lo hicieron a casi la mitad. Claro que las importaciones procedentes de Estados Unidos aumentaron vertiginosamente precipitando una fuerte expansión del consumo en los estratos superiores de las capas medias (pero no en el resto de las clases populares) y desatando, como contrapartida, la misma debacle campesina que antes se produjera en México y que convirtiera a la tierra originaria del maíz en importador neto del transgénico norteamericano. A diez años de haberse puesto en vigor aquel tratado la principal vía de escape a la pobreza en El Salvador -que en el campo se empina alrededor del 60 por ciento de la población siendo un 40 por ciento para el total del país- sigue siendo la emigración. No hay prueba más contundente del fracaso del CAFTA que esa. Pero si bien es relativamente sencillo en el marco del tratado exportar mercancías a Estados Unidos (siendo muchísimo más fácil importarlas desde ese allí), los salvadoreños tienen que arriesgar sus vidas para ingresar al país que los invitara a compartir las mieles del “libre cambio”. Circulan sin restricciones las mercancías, no las personas. En la actualidad unos dos millones y medio de salvadoreños viven en Estados Unidos. Sin contar los que se encuentran en otros países (España, principalmente) se trata de una cifra que representa poco más del 40 por ciento de la población del país, estimada en unos 6.100.000 habitantes. La expulsión de esa masa migrante origina ingresos, por la vía de las remesas, del orden de los 4.200 millones de dólares, permitiendo que un millón trescientas mil personas puedan sobrevivir en el país a los rigores e inequidades de la globalización neoliberal. Téngase en cuenta que según datos oficiales el 87 por ciento de las personas en edad de jubilarse no cuenta con ningún tipo de pensión o ayuda previsional. Esas remesas son esenciales para su supervivencia y representan el segundo ítem de ingreso de divisas, sólo superado por las exportaciones salvadoreñas.


Todo lo anterior habla con elocuencia de la fragilidad del país y de la estafa de los tratados de libre comercio. En noviembre del año 2000, el corrupto presidente Francisco Flores, de la muy derechista ARENA –el partido que cuenta entre sus fundadores al asesino de Monseñor Oscar Arnulfo Romero- promulgó la Ley de Integración Monetaria por la cual El Salvador adoptó el dólar y abandonaba definitivamente el colón, que había sido la moneda oficial desde 1892. Como consecuencia de ello el gobierno perdió un instrumento decisivo de manejo macroeconómico: la política monetaria. Esta circunstancia, unida a la importancia de las remesas procedentes de los salvadoreños en el exterior y los perniciosos efectos del CAFTA refuerzan la dependencia estructural de El Salvador en relación con Estados Unidos y coloca al gobierno en una situación de debilidad que no pudo ser superada por el FMLN. Con el dólar, las remesas y el CAFTA Washington maneja los resortes fundamentales de la economía del país centroamericano. Agréguese a lo anterior la importancia de El Salvador por su ubicación en el istmo centroamericano, lo que suscita la permanente atención del Pentágono dado que esa parte del mundo es vista por sus estrategas como una fuente de innumerables acechanzas y, por eso mismo, territorio preferencial (junto con el Caribe) para la instalación de un gran número de bases militares que, según algunos expertos, serían más de cincuenta.


Dados estos antecedentes, lo que ha hecho el gobierno del FMLN es mucho, pero se trata de una tarea titánica por todo lo que todavía es preciso hacer. Democratizó el proceso político y el acceso al gobierno. Pero las estructuras de los “poderes fácticos” permanecen inalteradas, el Poder Judicial enfrenta con saña las iniciativas del presidente Salvador Sánchez Cerén y otro tanto ocurre con el Congreso y la feroz oligarquía mediática. En suma: conquistas democráticas en un ámbito acotado de la vida pública y permanencia del despotismo oligárquico en todo lo demás. El Salvador es un país que a lo largo de su historia fue víctima de brutales represiones. En 1932 el líder comunista Farabundo Martí encabezó una rebelión popular que fue ahogada en sangre, y la violencia reaccionaria se desplegó durante gran parte del siglo. Matanzas campesinas sin pausa; fuerzas armadas entrando a la Universidad Nacional destrozando su biblioteca para luego arrasar lo que quedaba en pie con el avance de sus tanques; masacres de aldeas enteras; asesinato de los jesuitas de la Universidad Centroamericana y de Monseñor Romero mientras consagraba la eucaristía; escuadrones de la muerte torturando y asesinando por doquier con la bendición y la cobertura de Washington. Todo eso en el país más pequeño de América Latina -el “pulgarcito” como dijera el poeta Roque Dalton- que pese a ello demostró tener unas agallas increíbles y con la guerrilla del FMLN lograr un éxito militar que casi no tiene parangón a nivel internacional: contener la campaña de exterminio lanzada por el ejército salvadoreño bajo la conducción efectiva y descarada de oficiales estadounidenses y así forzar un acuerdo de paz, que hubiera sido imposible si la guerrilla hubiera sido derrotada. Sólo porque esa guerra terminó en un empate –en realidad, una derrota para el Pentágono- es que fue posible llegar a un acuerdo de paz. Importante, aunque insuficiente. Pero el salvadoreño es un pueblo que no se arredra ante las derrotas y sigue luchando. Estamos seguros que más pronto que tarde recogerá los frutos de su heroísmo en la medida en que este combate no se circunscriba al ámbito económico y político e incluya también, como uno de sus principales teatros de operaciones, la “batalla de ideas” a los cuales Fidel nos convocara hace ya muchos años. Porque sin prevalecer en este crucial terreno, sin ganar el combate en el campo de las ideas y la conciencia, todas las demás conquistas pueden desbaratarse como un castillo de arena. Por suerte son cada vez más quienes en El Salvador sostienen esta convicción. Serán las “trincheras de ideas” martianas que frustrarán los designios estadounidenses de convertir a ese país en una gigantesca base de operaciones de contra-insurgencia para, desde allí, aplastar los procesos progresistas y de izquierda que se agitan por toda la región.
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