28.3.2015

Recomiendo leer el estupendo artículo de Antonio Elías sobre este muy preocupante tema. El TISA es un proyecto complementario del infame Acuerdo  Multilateral de Inversiones  (MAI por sus siglas en inglés) que fuera negociado en secreto por los países europeos, Estados Unidos, Japón y Canadá en la segunda mitad de los años noventas. Sus cláusulas implicaban una definitiva cesión de soberanía económica, y política, en casi todos los campos, a favor de las transnacionales. El acuerdo se fue elaborando a espaldas no sólo de la opinión pública sino de los principales líderes de la oposición, inclusive en Estados Unidos. Salió a la luz por una filtración que se produjo inesperadamente y que fue captada por una ONG de izquierda en Canadá, si mal no recuerdo (porque estoy escribiendo esto de memoria, aunque luego revisaré mis archivos para abundar sobre el tema) y lanzada a circular por Internet. El conocimiento de las cláusulas originó un escándalo de proporciones y el MAI tuvo que ser abortado. Pero EEUU volvió a la carga tratando de imponer el ALCA, fundado en la misma concepción de absoluta desregulación (y es así, es absoluta) de la economía, la privatización de todas las actividades económicas, la reducción del Estado a un papel meramente policial, para "mantener el orden" y garantizar los negocios de las transnacionales.

Una parte de ese acuerdo sobrevivió como el  TISA (Trade in Services Agreement) y en el cual se propone incluir bajo el régimen del libre comercio regenteado, desde el más extremo neoliberalismo, por la Organización Mundial del Comercio, la totalidad de los servicios que ofrecen las economías. Y para los mentores de este proyectos la educación, la salud, las telecomunicaciones, la seguridad social son servicios y no derechos. A partir de allí lo que el TISA propone es lo siguiente: si hay un acuerdo para liberalizar el flujo de bienes en la economía mundial también debe liberalizarse el flujo de servicios, evitando el proteccionismo. Por ejemplo, si una institución educativa norteamericana o alemana puede ofrecer "servicios universitarios" de calidad en Uruguay, nada debería impedir que ella se instale en ese país y desarrolle allí sus actividades en un pie de igualdad con las empresas, privadas o públicas uruguayas. Eso quiere decir que no se admitirán subsidios a las entidades uruguayas y que, por lo tanto, la universidad pública debería generar sus propios recursos y no depender el presupuesto nacional. Eso sería un subsidio inadmisible, una distorsión de la sana competencia entre "efectores" de servicios. En pocas palabras el TISA es una trampa mediante la cual se pretende lograr lo que no se pudo hacer con el ALCA, ahora por otros medios. El resultado final sería la privatización de todos los "servicios" (antes: derechos ciudadanos) y el sometimiento de la conducta de los estados firmantes del TISA a las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Por eso es importante leer la nota de Antonio Elías y, más importante aún, organizarnos para dar batalla para que semejante barbarie no pueda ser instaurada en nuestros países.



¿Por qué Uruguay se integró al Trade in Services Agreement en secreto?

Antonio Elías (*)





Una vez que los espacios de la periferia fueron incorporados a las relaciones capitalistas de producción, el imperialismo siguió avanzando más allá de los límites impuestos por la geografía mediante la mercantilización de sectores de la vida económica y social antaño preservados al margen de la dinámica predatoria de los mercados, como los servicios públicos, los fondos de pensión, la salud, la educación, la seguridad, las cárceles y otros por el estilo”. Atilio Boron (1)

Uruguay  ingreso al Trade in Services Agreement (TISA) sin que exista una discusión nacional sobre la conveniencia o inconveniencia de este acuerdo de libre comercio de servicios. Una medida que demuestra las grandes debilidades del gobierno de José Mujica en lo que refiere a su política de inserción internacional y a la transparencia de sus acciones. Teniendo en cuenta el modelo económico que se aplica en el país y lo señalado en artículos anteriores sobre el TISA (2).  

En febrero del 2015, en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá se publicó la siguiente noticia: Nos complace anunciar que los países miembros del TISA han dado la bienvenida a Uruguay en las negociaciones. En la actualidad hay 24 países que participan en las negociaciones TISA: Australia; Canadá; Chile; Taipei Chino; Colombia; Costa Rica; la Unión Europea; Hong Kong (China); Islandia; Israel; Japón; Liechtenstein; Nueva Zelanda; Noruega; México; Pakistán; Panamá; Paraguay; Perú; Corea del Sur; Suiza; Turquía; los Estados Unidos; y Uruguay.”(3) 

Uruguay fue aceptado – luego de que el Congreso de Estados Unidos diera luz verde para que así lo hiciera - y participó de las negociaciones a partir del 9 de febrero. Es decir, Uruguay empezó a participar en las negociaciones aceptando los acuerdos realizados hasta el momento de su incorporación. Acuerdos cuyo contenido se desconoce y que comprometen el futuro de todos los uruguayos.
La primera noticia pública sobre este tema se tuvo el 02/05/2014 cuando la Agencia EFE informó, desde Bruselas, que Uruguay había solicitado ingresar el TISA en setiembre de 2013 y que  el comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht manifestaba que "La Unión Europea celebra el interés de Uruguay por unirse a las negociaciones del TISA y respalda firmemente su participación de ahora en adelante". Afirmó, además, que el ministro uruguayo de Exteriores, Almagro Lemes, ha garantizado que su país "comparte los objetivos de las negociaciones del TISA" y que "respetará los resultados de la negociación logrados por otros participantes si se une" a ellas.”(4)
Dicha declaración entra en contradicción con lo sostenido por el canciller Almagro en múltiples instancias en las que declaró que sí Uruguay es admitido se tomará conocimiento “del material de base sobre el cual se está negociando y de las respectivas ofertas”, y se estará “en condiciones de evaluar la conveniencia de entrar”.

El canciller en esa misma entrevista afirmó, utilizando un discurso elogioso e impreciso que el TISA tiene como objetivo “establecer un régimen de comercio más amplio, flexible y predecible… lo suficientemente claro para no impedir que cada gobierno ejerza su propia soberanía para regular ciertos sectores… que las disposiciones del acuerdo estarán sujetas a excepciones generales, a excepciones relativas a la seguridad y a excepciones prudenciales en el caso de los servicios financieros” y que Uruguay podrá incluir sectores que quieran proteger “en listas de excepción”.
El gobierno uruguayo ingreso al TISA inmediatamente después de ser aceptado lo cual implica que adhirió a tapas cerradas, lo que es muy poco probable, o conocía y acepó el contenido de dichos acuerdos que siguen siendo secretos. 
Los principales referentes del Frente Amplio en el senado sobre asuntos internacionales consultados  en aquel momento - Enrique Rubio, Eduardo Lorier, Alberto Couriel -  desconocían el tema y el asesor de la presidencia del FA en política exterior  - José Bayardi - afirmó que no  había discutido en la coalición.
Si fue sorprendente que el gobierno  uruguayo hubiera solicitado participar en esas negociaciones sin informar públicamente, la sorpresa es mucho mayor ahora, cuando ya se ingresó al TISA, y es notorio que todos aquellos que  tomaron conocimiento del tema no hicieron lo necesario para generar un proceso de discusión amplio y abierto que  convalidara o cuestionara lo que estaba haciendo el gobierno.     
Debe destacarse que sí bien no existen voces discrepantes en el ámbito político, el movimiento sindical resolvió: “Rechazar el ingreso de nuestro país a estos tratados, ya que esto pondría en riesgo el patrimonio y la soberanía nacional, ya que la intención es de liberalizar y desregularizar los mercados” (5). La Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE) se expresó en el mismo sentido, al igual que lo hizo la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) (6). Por su parte la Internacional de Servicios Públicos (ISP) desarrolla una campaña contra el TISA en varios continentes (7).

Ante un hecho de tan extraordinaria importancia cabe preguntar: ¿Por qué el gobierno de José Mujica no informó de los pasos que se recorrieron para integrarse al TISA? ¿Cuáles son los motivos para integrarse a un acuerdo multilateral que  limita fuertemente las potestades de decisión del gobierno y la soberanía nacional? ¿El gobierno de Tabaré Vázquez asumirá  y continuará con esta política? Sí así lo hiciera ¿someterá estas decisiones al conjunto de la nación o continuaran con el secreto de estado? 

En la siguientes rondas de negociaciones, la próxima es en abril, Uruguay deberá presentar su lista de excepciones con los sectores de servicios que desea proteger y, por defecto, todos los demás sectores que quedarían sometidos a la liberalización con su consiguiente impacto sobre trabajadores, empresarios, cooperativistas y usuarios. ¿Quién o quiénes y con qué derecho van a tomar esa resolución? Nadie de los involucrados en estas negociaciones debería olvidar que la democracia directa ha sido el arma utilizada por el pueblo para evitar el desborde de los gobernantes.

(*) Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez  (INESUR),  miembro de la REDIU.

(1) “América Latina en la geopolítica del imperialismo”, Ed. Luxemburg, Buenos Aires, 2012, p. 23
(2) “¿Por qué Uruguay solicito integrarse al TISA”, Semanario “Voces”, 10/07/2014 y 24/07/2014.
(4) Natalia Uval, “Abierto a todo”, “La Diaria”, 17/07/2014
(5) PIT-CNT, Mesa Representativa Nacional Ampliada, 17/03/14
(6) “El TISA intenta eliminar o reducir al máximo las fronteras económicas internacionales, los sistemas regulatorios que preservan los derechos de los trabajadores y el papel de las empresas y servicios públicos. Todo lo cual genera pérdidas significativas de soberanía nacional y derechos democráticos. Montevideo, 20/08/2014

24 de Marzo de 1976: golpe cívico-militar en la Argentina, nueva etapa del terrorismo de estado que comenzara desde los albores de nuestra vida independiente con el exterminio de los pueblos originarios, la eliminación de los afrodescendientes en la región del Río de la Plata (algunos de los cuales milagrosamente sobrevivieron en la Banda Oriental, hoy República Oriental del Uruguay), la Guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil, Uruguay) contra el heroico pueblo guaraní en Paraguay, la Conquista del Desierto dirigida por Julio A. Roca, que seguiría luego con la Semana Trágica, la masacre de la Patagonia Rebelde, la de los Tobas, Mojovíes y Pilagá, en Chaco y Formosa y otros episodios semejantes pero menos conocidos, como el “Malón de la Paz”. El bombardeo aéreo a civiles indefensos en la Plaza de Mayo en Junio de 1955 es un capítulo más de esta trágica historia. Los crímenes de la Triple AAA, una banda de sanguinarios paramilitares amparada por el gobierno de Isabel Martínez de Perón, fueron el preludio del exterminio que luego se practicaría sistemáticamente y como una política de estado desde la Junta Militar encabezada por el general Jorge R.Videla como condición indispensable para imponer un modelo económico al servicio de los sectores más concentrados del capital. 
El brillante ensayista y periodista Rodolfo Walsh
Rodolfo Walsh retrató esto con inigualable elocuencia en la carta que dirigiera a la Junta Militar al cumplirse exactamente un año de su asalto al poder al decir que “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.” Por eso es preciso hablar de “dictadura cívico-militar”, para subrayar el fundamento estructural, clasista, del golpe de estado y para castigar no sólo a los ejecutores sino también a los instigadores y cómplices del terrorismo de estado, que contó con el blindaje mediático de los medios hegemónicos de la época y el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, manifestado personalmente por Henry Kissinger.
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La “Carta Abierta” de Rodolfo Walsh puede descargarse desde el siguiente sitio:

El libro El Terrorismo de Estado en la Argentina: Apuntes sobre su historia y consecuencias, de Osvaldo Bayer, Atilio Boron y Julio Gambina y la “Selección Documental” a cargo de Elvira Barillaro y Francisca La Greca, publicado por el Instituto Espacio para la Memoria en 2011 puede descargarse gratuitamente desde este mismo blog



  

Washington aplica sanciones contra Venezuela como represalia por supuestas violaciones a los derechos humanos cometidas a partir de la ofensiva sediciosa de Febrero del 2014 y que costó 43 vidas. Según el inspirador de la ley promulgada por Obama, el senador Bob Menéndez -un tipejo al servicio de la mafia anticastrista de Miami inmerso en una densa trama de procesos judiciales por tráfico de influencias, prostitución de menores, trata de personas, etcétera- la nueva legislación era un triunfo para el pueblo venezolano. El único problema es que parece que este no lo entiende así porque según la consultora Hinterlaces "el 64% de los venezolanos rechaza que el Gobierno de Estados Unidos imponga sanciones a funcionarios venezolanos" y en igual sentido se han expedido organismos defensores de los derechos humanos así como diverso tipo de organizaciones regionales de América Latina y el Caribe.
"Pacífica" protesta de la oposición en Venezuela, Marzo 2014 (vulgo: "guarimba")
Aparte de ello llama la atención la INCONSISTENCIA del criterio de Obama: primero, porque la sanción ignora que la mayor parte de las víctimas de la violencia desatada (con la aprobación y el apoyo abierto de la Casa Blanca) son chavistas o funcionarios de las fuerzas de seguridad o de la justicia de la República Bolivariana y que el gobierno de Nicolás Maduro ha procesado y logrado condenar a los miembros de la policía o la guardia nacional responsables de esos actos (cosa que Estados Unidos no hizo con los policías que en los últimos tiempos asesinaron a sangre fría a afroamericanos o latinos, ninguno de los cuales está preso).
Fosa común con cerca de 2000 cadáveres sin identificar, La Macarena, Departamento del Meta, Colombia
Segundo, que no utiliza la misma vara para sancionar a los funcionarios civiles y militares de Colombia responsables de la muerte no de 43 sino de casi 6000 civiles entre el 2000 y el 2010; o a los gobernantes y fuerzas de seguridad de Honduras que desde el golpe del 2009 sumieron a ese país en un interminable baño de sangre; para no hablar de los causantes de la "desaparición" de 26.000 personas en México en años recientes y el crimen perpetrado contra los 43 estudiantes en Ayotzinapa. Si el fundamento de la sanción es la violación de los derechos humanos (y supongamos que tal cosa ocurrió en Venezuela), ¿por qué se penaliza a este país mientras que se recompensa con ayuda militar y apoyo político a Colombia, Honduras y México? Obama y sus publicistas no pueden engañar a nadie. Esto nada tiene que ver con los derechos humanos, la libertad y la democracia como pregonan en Washington, cosas que al imperio le tienen absolutamente sin cuidado. ¡Es el petróleo, estúpido!
Manifestación reclamando la aparición con vida de los 43 estudiantes "desaparecidos" en Ayotzinapa




(Por Atilio A. Boron *) Los cancilleres de la UNASUR debían haberse reunido en Montevideo hace poco más de una semana. Un áspero entredicho, ocasionado por una insólita declaración del vicepresidente uruguayo que puso en duda la afirmación del gobierno  bolivariano sobre la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela, dinamitó la reunión.  Alguien propuso que la misma debía posponerse hasta el 23 del corriente mes pero  el presidente Rafael Correa, consciente de la extrema gravedad de la amenaza que se cierne sobre Venezuela, enmendó tamaña insensatez y convocó a una reunión extraordinaria de cancilleres en la sede de la UNASUR, en Quito. Como resultado de esas deliberaciones la organización emitió dos comunicados: en uno compromete el apoyo de su Secretaría General para continuar el “más amplio diálogo político con todas las fuerzas democráticas venezolanas, con el pleno respeto al orden institucional, los derechos humanos y el estado de derecho” a la vez que manifiestan su apoyo a la celebración de las próximas elecciones parlamentarias. En el otro rechazan al Decreto Ejecutivo firmado por Obama el 9 de marzo por constituir “una amenaza injerencista a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados” a la vez que “solicita la derogación del citado Decreto Ejecutivo.”  


    Teniendo en cuenta la heterogeneidad del mapa sociopolítico sudamericano, con gobiernos de izquierda, progresistas y de derecha, ambas declaraciones constituyen casi un milagro, sobre todo la segunda. Pero queda un sabor amargo en la boca porque ante un Decreto Ejecutivo que en los casos de Libia, Siria, Ucrania, Irak, Irán, Costa de Marfil, Liberia, Somalía y Sudán del Sur precipitaron gravísimas agresiones militares no hubo consenso entre los jefes de estado de la UNASUR para convocar a una cumbre presidencial extraordinaria para emitir una declaración conjunta que, sin duda, habría resonado con mucha más fuerza en Washington. Sorprende el mutismo de algunos presidentes de la región: o no perciben la gravedad de la iniciativa de la Casa Blanca -una larvada “declaración de guerra” contra el gobierno bolivariano y el pueblo venezolano- o, peor aún, sí la perciben pero no parecen tener la voluntad política necesaria como para rechazar con contundencia este enésimo capítulo del intervencionismo norteamericano.
     ¿Qué hacer ahora? La UNASUR se expidió y solicitó la derogación del Decreto Ejecutivo? Es harto improbable que Obama preste oídos a esta petición.  El imperio no sólo es prepotente, también es soberbio.  Por lo tanto se abren dos senderos. Uno, si la Casa Blanca aceptara derogar su decreto. Esto descomprimiría la situación en Venezuela porque quien atiza el fuego de la sedición es más Washington que la débil y desprestigiada oposición vernácula, víctima de una fenomenal orfandad de ideas y cada vez más mimetizada con el modus operandi del paramilitarismo, lo que por cierto disgusta y mucho a los venezolanos, aún a quienes se oponen al gobierno. Pero el objetivo estratégico de Washington es precisamente perpetuar la crisis en Venezuela, para lograr el “cambio de régimen”, eufemismo por “golpe de estado”, blando o duro, poco importa. Por consiguiente, lo más probable será que Obama opte por el segundo camino y reafirme su postura inicial, antelo cual los gobiernos de la UNASUR, y por extensión de la CELAC, aunque sea como producto de su instinto de conservación, deberían responder elevando la apuesta anunciando que en tal caso desistirían de asistir a la próxima Cumbre de las Américas programada para tener lugar en Panamá entre el 8 y el 10 de Abril próximos. Sería un alarde de ingenuidad suponer que lo que hoy Estados Unidos está haciendo en Venezuela no lo repetiría con cualquier gobierno que sea percibido como poco dispuesto a inclinarse ante sus órdenes. De donde se desprende un serio desafío para los pueblos y los gobiernos de Nuestra América: ¿qué hacer si la previsible escalada que siempre han desatado decretos como el que firmara Obama se traduce en una agresión norteamericana antes de la cumbre? Por ejemplo, un embargo financiero que paralice la operación de PDVSA o perturbe el flujo del comercio exterior; un bloqueo de los puertos (como hicieron en la Nicaragua sandinista) o una “zona de exclusión aérea”, como en Libia; o una oleada de atentados terroristas como las que perpetraron en Cuba, Chile y Nicaragua. En cualquiera de estos dos escenarios, la amenaza o la agresión, ¿qué sentido tendría asistir a un diálogo bajo estas circunstancias?  ¿Quién se sienta a una mesa de negociaciones cuando uno de los actores apunta con un arma a la cabeza de otro?  La UNASUR y también la CELAC deberían enviar un claro mensaje a Washington afirmando que sin la derogación del decreto las condiciones mínimas para realizar una constructiva conferencia internacional están ausentes y que la cumbre de Panamá deberá suspenderse hasta nuevo aviso. Para Obama sería un serio revés ya que pondría en evidencia el repudio regional que suscita su política belicista y, tal vez, podría llegar a revisar su postura.
      No caben dudas de que la Casa Blanca programó cuidadosamente  sus dos movidas en el ajedrez geopolítico regional: la “apertura” en relación con Cuba y el endurecimiento de su trato a Venezuela, ambas efectuadas en vísperas de la cumbre. Sabe que la simultaneidad de ambas políticas, precisamente por su contradicción, puede crear profundas fisuras dentro de la UNASUR y la CELAC. Algunos serán seducidos por la “política cubana” de Obama y en ausencia de una agresión física contra Venezuela con anterioridad a la cita en Panamá serán propensos a creer, por enésima vez, en las rosadas promesas del imperio. Otros desconfiarán de sus intenciones, como ya lo han hecho saber Evo Morales y Rafael Correa. Es imposible –y temerario- olvidar que el objetivo que Washington busca sin pausa desde que Hugo Chávez lanzara su cruzada bolivariana ha sido mantener la fragmentación y balcanización de Latinoamérica y destruir la UNASUR y la CELAC. Divide et impera es un viejo adagio de los romanos cuya vigencia se ha encargado de recordar una y otra vez quien hoy es el mayor pensador del imperio, Zbigniew Brzezinski. Gracias al “huracán Chávez” América Latina y el Caribe dieron grandes pasos por la senda de la  integración y la unidad, provocando hace casi diez años la gran derrota el ALCA. Washington sabe que esos avances integracionistas son incompatibles con sus designios. Por eso trabaja activamente para implosionar la UNASUR y la CELAC. Hay que frustrar esos planes del imperio y mantener la unidad lograda con tanto esfuerzo, pero también es preciso impedir que con la tranquila realización de la cumbre, al desestimarse el grave peligro que se cierne sobre Venezuela, Obama consiga una “carta blanca” para después de ese cónclave, y con su foto rodeado de sonrientes presidentes de la región, la maquinaria de guerra de su país descargue toda su furia  contra la patria de Bolívar y Chávez.       
      
Algunos aducirán que dado que no parece haber consenso dentro de la UNASUR es mejor esperar. ¿Esperar qué cosa? ¿Que el imperio haga su próxima movida en el ajedrez geopolítico regional, que seguramente no será solamente verbal, luego de lo cual podría ver la luz un comunicado  post bellum lamentando los daños causados y las vidas perdidas a causa de la prepotencia imperial? ¿O es que creen que los “poderes reales” de Estados Unidos-no Obama, sino esos que nunca aparecen en la superficie, que nadie elige y que ante nadie rinden cuenta- que montaron este fatídico escenario bélico no han pensado ya las sucesivas movidas que harán en el tablero regional con el propósito de subordinar a toda la región a los dictados de un poder imperial consciente de haber iniciado su inexorable decadencia? En términos políticos la pasividad de la UNASUR, y también de la CELAC, significaría que Washington, gracias a los “caballos de Troya” que con su apoyo medran en estos organismos para neutralizar su accionar, se saldría con la suya, imponiendo gracias a la regla de la unanimidad y su capacidad de veto la indiferencia o el mutismo ante la más seria amenaza proferida por la Casa Blanca en contra de un país de América Latina y el Caribe en décadas. De ser así los “proxis” de Estados Unidos ocasionarían una parálisis que progresivamente conduciría a la inexorable defunción de ambas organizaciones. Si el silencio  cómplice fuese la opción triunfante los gobiernos que dicen ser solidarios con Venezuela se enfrentarían a dos alternativas: legitimar con su pasividad la embestida de la Casa Blanca o dar un paso al frente sin más demoras para no convalidar, con el pretexto de preservar la unidad de los gobiernos del área, la agresión norteamericana que, huelga decirlo, no es sólo contra el gobierno bolivariano. Nadie puede llamarse a engaño: el derrocamiento de Nicolás Maduro se inserta en un plan más general con el que Washington intentará rediseñar el mapa sociopolítico de América Latina y el Caribe. La agresión a Venezuela desencadenaría un “efecto dominó” que, más pronto que tarde, arrasaría con todos los gobiernos de izquierda y progresistas de la región. Argentina y sobre todo Brasil ya han estado probando algunas dosis de esta medicina.
     
Conclusión: habrá que examinar muy cuidadosamente todo lo que Washington haga y diga en los próximos días, y si una semana antes de la cumbre el decreto no ha sido derogado, la mejor opción para Nuestra América será abstenerse de acudir a esa cita. Vivimos tiempos muy peligrosos: basta con echar una mirada a Medio Oriente (Siria, Irak, el Estado Islámico) y Europa (la crisis ucraniana) o África (Nigeria, especialmente) para comprender que en su fase de declinación Estados Unidos no será detenido por ninguna consideración moral. La UNASUR y la CELAC no escapan a las trágicas determinaciones de la época y tendrán que armarse ideológica y políticamente para repudiar y rechazar los designios de la Casa Blanca. Como ocurre con todas las crisis, esta también hará lo que le es propio: iluminar con potentes luces la escena política regional y comprobar quienes son los gobiernos que de verdad apoyan al proceso bolivariano en Venezuela -y, por extensión, a las luchas emancipatorias de toda Nuestra América- y quienes lo hacen de la boca para afuera, es decir, mientras Washington no emita una orden en contrario. Los primeros salvarán su honor como patriotas latinoamericanos; los otros, por su indiferencia, silencio o cobardía, se hundirán para siempre en la deshonra. En pocos días sabremos quienes están en uno u otro lado.

* Por razones de espacio un muy breve resumen de este artículo fue publicado en la edición del 21 de Marzo del 2015 en el diario Página/12.






(Por Atilio A. Boron) Convocado por el Ministerio de Cultura de la Argentina entre los días 12 y 14 de marzo sesionó en Buenos Aires el Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad. Este evento contó con la presencia de destacados representantes del pensamiento y la militancia contestataria, entre los que sobresalían Noam Chomsky, Gianni Vattimo, Ignacio Ramonet, Iñigo Errejón, Álvaro García Linera, Piedad Córdoba, Leonardo Boff, Camila Vallejo, Nidia López y muchos más. Desgraciadamente, los intelectuales de izquierda, socialistas o marxistas de la Argentina no fueron invitados a participar en los debates. Unos pocos, muy pocos, fueron distinguidos con una invitación para concurrir al local en donde se desarrollaban las actividades, el bello Teatro Nacional Cervantes,  y así poder escuchar a los ponentes, pero nada más.



Al concluir, el 14 de marzo, el Foro dio a conocer un documento denominado Manifiesto de Buenos Aires, que ofrece una reflexión medular pero sumamente abstracta sobre el clima ideológico-político que se instala en Nuestra América a comienzos de este siglo y su proyección sobre algunos países europeos como Grecia, España y Portugal.  Pese a la riqueza de las experiencias volcadas a lo largo de los tres días del Foro, el Manifiesto se despega llamativamente de ellas al plasmar un etéreo documento -al estilo de los que a lo largo de estos años produjeran los intelectuales kirchneristas de Carta Abierta- más apto para suscitar ardorosos debates en un seminario doctoral sobre las novedades de la escena política contemporánea o el papel del “giro lingüístico” en la teoría política que para suministrar instrumentos de análisis para la elaboración de la estrategia y táctica de las fuerzas sociales que luchan contra el holocausto neoliberal y  la recargada agresividad del imperialismo norteamericano. Esto es así debido a la asombrosa ausencia de cualquier referencia concreta en el Manifiesto a la situación imperante en los países cuyos representantes tuvieron la posibilidad de intervenir en las deliberaciones.


En una coyuntura como la que hoy marca a fuego a Latinoamérica y el Caribe, y dada la brutal agresión que está sufriendo entre nosotros la República Bolivariana de Venezuela, el documento se despliega sin hacer absolutamente ninguna mención a la ofensiva destituyente y al golpismo en tiempo real en curso en la patria de Bolívar y Chávez, bajo la dirección general de la Casa Blanca. Tampoco hace un llamado para convocar a una solidaridad militante en defensa de la Revolución Bolivariana y para poner fin a más de medio siglo de bloqueo integral en contra de Cuba, repudiando al mismo tiempo la artimaña de Washington de ofrecer la zanahoria a la isla caribeña y pegar con el garrote a Venezuela. Tampoco se alude en el texto al ominoso proceso de fascistización que avanza  con inusitada fuerza en Brasil y que el pasado domingo sobrepasara antiguas cotas; o a la ofensiva destituyente en marcha en la Argentina con el monopolio mediático y el poder judicial como arietes; o a las perspectivas de una “restauración conservadora” tal como la denunciara con nombre y apellido el presidente Correa en varios países del área; o a la imparable expansión de las bases militares norteamericanas, cerca de ochenta ya, instaladas en casi todos los países del área y que más pronto que tarde entrarán en acción; o al nefasto papel jugado por la “troika” (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) en la violenta implementación del ajuste neoliberal en Europa. Se habla, eso sí, de la necesidad de criticar el contenido y el régimen de propiedad de los medios de comunicación, pero nada se dice de la persecución lanzada por Estados Unidos contra Julian Assange, Edward Snowden y el soldado Bradley Manning  por revelar los siniestros entretelones del poder imperial  y las turbias relaciones de éste con sus vasallos vernáculos en la región; o del asesinato de tres periodistas de Guatemala durante la misma semana en que se reunía el Foro y las decenas de mujeres y hombres de prensa acribillados por el paramilitarismo en Honduras, México y Brasil, entre los casos más lacerantes.  ¡Ya son 670 los periodistas asesinados en América Latina y el Caribe en los últimos 20 años como parte de la contraofensiva de la derecha apañada por los Estados Unidos!, y esa matanza no debe ser dejada en las sombras.  El Manifiesto exhorta a defender a los pueblos que luchan por su dignidad pero las luchas de los pueblos originarios y el campesinado contra la “acumulación por desposesión” (Harvey) producida por la gran minería, el agronegocio, la salvaje explotación de los hidrocarburos así como la masacre de Ayotzinapa y las decenas de miles de muertos y desaparecidos en México como producto del mal llamado “combate al narcotráfico” no encuentran eco en el Manifiesto. Tampoco hay referencia alguna a la insurgencia del jijhadismo en Europa y Medio Oriente, y el crucial papel de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel en la creación de esos monstruos que ahora escaparon de su control y bañan en sangre pueblos enteros. Se repudian “enérgicamente los intentos destituyentes por parte de los países poderosos” (sic), pero sin subrayar el siniestro papel que Estados Unidos viene desempeñando en Nuestra América desde 1823 en adelante. Porque, ¿qué otro “país poderoso” ha desestabilizado a gobiernos democráticos y de izquierda en la región, o producido golpes de estado, o asesinado –o intentado hacerlo- a grandes líderes políticos latinoamericanos?  ¿Qué “país poderoso” pergeñó una operación tan criminal y monstruosa como el Plan Cóndor? 



Estos silencios y el refugio en una nebulosa conceptual de un documento con las características conscientizadoras y movilizadoras que debe tener un Manifiesto (y no está demás recordar aquí la pasión por lo concreto, por el “aquí y ahora” del Manifiesto Comunista) conspira contra su eficacia como un instrumento de lucha en la batalla de ideas y en la disputa por el poder. Un Manifiesto por la Emancipación y la Igualdad en donde términos cruciales como “imperialismo”, “explotación”,  “golpe de estado”, “socialismo”, “revolución”, “reforma”, “clases sociales” brillen por su ausencia y que cuando se habla del “capitalismo” (una sola vez en el texto) sea para denunciar sus “formas irracionales” (sin decir cuáles serían las “racionales”) difícilmente podrá convertirse en un movilizador de conciencias, en un instrumento útil para luchar por la emancipación y la igualdad, ni en Nuestra América ni en Europa. Una lástima, porque se perdió una gran oportunidad de producir no ya otro Manifiesto como el que escribieran Marx y Engels, o algo más o menos similar (en cuanto a sus intenciones) a la Segunda Declaración de La Habana, que es lo que necesitan los pueblos que pugnan por construir un mundo mejor, un mundo resueltamente anticapitalista y poscapitalista y no sólo posneoliberal, porque con esto solo no alcanza. Hacen falta documentos como aquellos, que llamen las cosas por su nombre y que combinen la razón analítica del marxismo -que permite llegar al fondo de la cuestión si de comprender y superar al capitalismo se trata- con la pasión imprescindible para encarar una epopeya histórica de tal envergadura. De lo contrario, en tiempos como los que corren, existe el peligro que escritos como el Manifiesto de Buenos Aires, terminen, pese a su elegancia conceptual y su relumbre académico, en el desván de las ideas infecundas, condenadas al olvido por su incapacidad para suscitar el entusiasmo y la activación de las clases y capas explotadas y contribuir a la mejor comprensión de los desafíos que tienen que enfrentar y los enemigos concretos que tendrán que derrotar si quieren hacer realidad sus ansias emancipatorias y el advenimiento del reino de la igualdad.

(NOTA: toda la info sobre el Foro disponible online en http://foros.cultura.gob.ar/ )


Este Domingo 15 de marzo la derecha brasileña, mayoritariamente integrada por "blanquitos" hiper-reaccionarios, racistas y colonizados por la industria cultural norteamericana salieron a pedir  la destitución de Dilma. Blancos de un lado, afrobrasileños del otro. 


Aclaro que Dilma y el PT se enfrentan a esta situación porque desde que Lula asumió el poder el PT y Lula decidieron suicidarse al desmovilizar a su base social y someterse a los mandatos de los banqueros, los grandes ganadores durante 13 años de gobiernos petistas. 

No quisieron ver, pese a las advertencias que muchos hicimos al comienzo del gobierno Lula, el huevo de la serpiente fascista. Ojalá que no sea tarde. Vean estas fotos en donde los manifestantes confraternizan con las fuerzas de seguridad y claman por el golpe militar y la intervención norteamericana. ¡Habrá que librar una gran batalla para que no se nos venga la noche en Nuestra América! 


y, en la foto de abajo, una acertada observación sobre el componente racial de la manifestación de este Domingo: (ache o negro) "encuentre al negro" en esta foto, tomada en Salvador (Bahía), la ciudad más negra del Brasil.



(Por Atilio A. Boron) Este Miércoles se conoció que la reunión de cancilleres de la UNASUR programada para el día siguiente en Montevideo había sido postergada y que la misma recién tendría lugar el próximo 23 del corriente. Afortunadamente, el presidente Rafael Correa decidió enmendar tamaña insensatez y convocar a una reunión extraordinaria de cancilleres en la sede de la UNASUR, en Quito, mañana Sábado. La postergación de ese cónclave en medio de una crisis de gran magnitud no sólo fue sorprendente sino extremadamente preocupante. Quiere decir que los gobiernos sudamericanos o bien no han percibido la gravedad de la amenaza contenida en la orden ejecutiva de Barack Obama o, peor aún, lo percibieron pero no tienen voluntad política de perturbar con sus escrúpulos morales o políticos (si los tuvieran) los designios imperiales. Y esto pese a que Washington ha optado por escalar los ataques al gobierno bolivariano embarcándose en un curso de acción que viola por enésima vez la legalidad internacional agrediendo a un país que -como todos los de Nuestra América- no tiene posibilidad alguna de quebrantar la seguridad nacional de Estados Unidos.


     ¿Qué esperan para actuar los gobiernos de la UNASUR que aún permanecen en silencio o limitándose a expresar un casi inaudible reproche? ¿Se aplicaría aquí aquel aforismo que dice que “quien calla otorga”? ¿Cómo no reaccionan de manera inmediata –tal como para su dignidad lo hicieron Quito y La Paz- ante la durísima amenaza proferida por el insólito Premio Nobel de la Paz 2009? Está muy bien que los cancilleres se reúnan este Sábado pero, ¿para cuándo citaría la UNASUR la cumbre de presidentes de la región, única instancia que haría resonar con fuerza la voz de Sudamérica en Washington? ¿O es que algún gobernante acaricia la ilusión de resolver esta crisis en la Cumbre de las Américas que debería tener lugar en Panamá entre el 8 y el 10 de Abril del corriente año, cuando para ese entonces tal vez Estados Unidos haya bloqueado los puertos venezolanos, establecido una zona de exclusión aérea o desatado una ola de atentados terroristas en Venezuela, apelando a los métodos utilizados antes en países como Cuba, Chile, Nicaragua y Granada, para citar sino algunos pocos casos que se nos vienen de inmediato a la memoria? Insistimos en eso que “debería tener lugar en Panamá” porque, de persistir esta amenaza o en caso de concretarse un ataque en contra de Venezuela no tendría ningún sentido que nuestros presidentes acudieran a esa cita para brindar por la paz y la seguridad de las Américas mientras el emperador está empeñado en destruir a un pueblo hermano.
      Retomando el hilo de nuestra argumentación recordemos que si en 2008 y en 2010 las intentonas golpistas en contra de Evo Morales y Rafael Correa fueron desbaratadas se debió a que ante tales amenazas los presidentes sudamericanos fueron convocados y se reunieron en cuestión de horas en Santiago y Buenos Aires, declarando que no admitirían ni convalidarían gobierno alguno surgido de un proceso de desestabilización, tipo “golpe blando”, al margen de la normativa legal y constitucional vigentes en Bolivia y Ecuador. Pero ahora, cuando la región se enfrenta a un ultimátum norteamericano –pues no de otra cosa se trata la orden ejecutiva de Obama- la respuesta de la mayoría de los gobiernos del área ha sido vacilante y dilatoria. Cabe preguntarse por las razones de esta conducta suicida. Algunos aducirán que dado que no parece haber consenso dentro de la UNASUR es mejor esperar. ¿Esperar qué cosa? ¿Que el imperio haga su próxima movida en el ajedrez geopolítico regional, que seguramente no será solamente verbal, luego de lo cual podría ver la luz un acuerdo para lamentar los daños causados y las vidas perdidas por la prepotencia imperial? ¿O es que piensan que en este fatídico ajedrez de la guerra los poderes reales de Estados Unidos, esos que nadie elige ni que a nadie rinden cuenta, no han pensado ya las sucesivas movidas que harán en el tablero regional?
El Premio Nobel de la Paz 2009 convertido en un Robocop mundial
     En términos políticos la pasividad de la UNASUR significa que los “caballos de Troya” que medran en este organismo para neutralizar su accionar se saldrán con la suya, imponiendo gracias a la regla de la unanimidad y su capacidad de veto la indiferencia o el mutismo ante la más seria amenaza proferida por la Casa Blanca en contra de un país de América Latina y el Caribe en décadas. De ser así los “proxis” de Estados Unidos dentro de la UNASUR le ocasionarían una parálisis que progresivamente la conduciría a su inexorable defunción institucional. Si ese llegase a ser el curso de acción los gobiernos que dicen ser solidarios con Venezuela se enfrentarían a dos alternativas: quedarse en el Lecho de Procusto tendido por los peones del imperio en la región y, de ese modo, legitimar con el silencio de la UNASUR la embestida de la Casa Blanca; o dar un paso al frente sin más demoras, para no convalidar con el quietismo de la organización la agresión norteamericana que, huelga decirlo, no es sólo contra el gobierno bolivariano. Que nadie se engañe: el derrocamiento de Nicolás Maduro se enmarca en un plan mucho más general con el que Washington intentará redibujar el mapa sociopolítico de América Latina y el Caribe. La agresión a Venezuela desencadenaría un “efecto dominó” que, más pronto que tarde, arrasaría con todos los gobiernos de izquierda y progresistas de la región. Si no se lograra un consenso en la UNASUR para repudiar y rechazar los designios de la Casa Blanca entonces la crisis iluminará con potentes luces la escena política regional y permitirá discernir cuáles son los gobiernos que de verdad apoyan al proceso bolivariano en Venezuela -y, por extensión, a las luchas emancipatorias de toda Nuestra América- y cuáles lo hacen de la boca para afuera, mientras el imperio no emita una orden en contrario. Los primeros salvarán su honor como patriotas latinoamericanos; los otros, por su indiferencia, silencio o cobardía, se hundirán para siempre en la deshonra. En pocos días sabremos quienes están en uno u otro lado.


GRAVE ERROR: ¡SE POSTERGÓ LA REUNIÓN DE CANCILLERES DE LA UNASUR QUE TENDRÍA QUE HABERSE REALIZADO HOY EN MONTEVIDEO!



¿Qué esperan los gobiernos de la UNASUR? ¿Cómo no reaccionan de manera instantánea ante la durísima amenaza de Washington, que difícilmente quedará en el plano de la retórica? Si los cancilleres recién se reunirían el 23 de Marzo, como dicen ahora, ¿para cuándo sería la cumbre presidencial?  Si en 2008 y en 2010 se pudo frustrar las intentonas golpistas en contra de Evo Morales y Rafael Correa respectivamente fue porque los presidentes se reunieron de inmediato, en cuestión de horas, en Santiago y Buenos Aires, señalando que no admitirían ni convalidarían ningún gobierno surgido de un golpe o una desestabilización. Y ahora que hay lo que en la práctica constituye una "declaración de guerra", ¿qué les pasa que han enmudecido de repente? SI NO HAY CONSENSO DENTRO DE LA UNASUR NO PUEDE PERMITIRSE QUE ALGUNOS "CABALLOS DE TROYA" DEL IMPERIALISMO, que están dentro de la es organismo para neutralizarlo, la esterilicen imponiendo el mutismo ante la más seria amenaza proferida por la Casa Blanca en contra de un país de América Latina y el Caribe en décadas. EN TAL CASO, LOS GOBIERNOS QUE DICEN SER SOLIDARIOS CON VENEZUELA DEBEN DAR UN PASO AL FRENTE, YA, SIN MÁS DILACIONES, PARA NO CONVALIDAR LA OFENSIVA ESTADOUNIDENSE. Y si ante esta crisis no hay consenso en la UNASUR el disenso saldrá a luz y entonces se verá cuáles son los gobiernos que de verdad apoyan al proceso bolivariano en Venezuela -y, por extensión, a las luchas emancipatorias de Nuestra América- y cuáles lo hacían de la boca para afuera, mientras el imperio no emitiera una orden en contrario. Los primeros salvarán su honor;  los otros, por su indiferencia, apatía o silencio, se hundirán para siempre en la deshonra.
COMPARTO un comunicado que me hicieron llegar los trabajadores y trabajadores de PDVSA Argentina en repudio a la agresión del imperialismo y en defensa de la digna postura asumida por el presidente Nicolás Maduro.


Buenos Aires, 11 de marzo de 2015 - Los trabajadores y trabajadoras de PDVSA Argentina S.A., rechazamos de manera contundente la agresión imperialista del gobierno de Estados Unidos de América contra la República Bolivariana de Venezuela.



Las recientes declaraciones del gobierno estadounidense, que ha decretado la “emergencia nacional” y señalado a Venezuela como una amenaza para su seguridad y su política exterior, representan un serio peligro para la paz en la región y constituyen una clara violación a los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, los cuales rigen el derecho internacional.
La República Bolivariana de Venezuela es un territorio de paz, la sociedad venezolana es amante de la paz y como tal no puede ser una amenaza contra ningún Estado y mucho menos contra un imperio como el estadounidense.
Como defensores y custodios del legado del Comandante Supremo Hugo Chávez, basado principalmente en el rescate de nuestro bien más preciado: la plena soberanía e independencia de Venezuela y en la unión solidaria de los pueblos de Latinoamérica y El Caribe, denunciamos esta agresión imperial y llamamos a los pueblos soberanos, independientes y democráticos del mundo a repudiar los intentos de dominación y quebrantamiento de la paz que ciernen los “torcedores de brazos” sobre nuestra región.
¡Que viva nuestra América, que viva Venezuela y que viva la paz!

¡Abajo el imperialismo!



(Por Atilio A. Boron) Barack Obama, una figura decorativa en la Casa Blanca que no pudo impedir que un energúmeno como Benjamin Netanyhau se dirigiera a ambas cámaras del Congreso para sabotear las conversaciones con Irán en relación al programa nuclear de este país, ha recibido una orden terminante del complejo “militar-industrial-financiero”: debe crear las condiciones que justifiquen una agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela. La orden presidencial emitida hace pocas horas y difundida por la oficina de prensa de la Casa Blanca establece que el país de Bolívar y Chávez “constituye una infrecuente y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, razón por la cual “declaro la emergencia nacional para tratar con esa amenaza.”  

Chávez le obsequia a Obama un ejemplar de Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano

Este tipo de declaraciones suelen preceder agresiones militares, sea por mano propia, como la cruenta invasión a Panamá para derrocar a Manuel Noriega, en 1989, o la emitida en relación al Sudeste Asiático y que culminó con la Guerra en Indochina, especialmente en Vietnam, a partir de 1964. Pero puede también ser el prólogo a operaciones militares de otro tipo, en donde Estados Unidos actúa de consumo con sus lacayos europeos, nucleados en la OTAN, y las teocracias petroleras de la región. Ejemplos: la Primera Guerra del Golfo, en 1991; o la Guerra de Irak, 2003-2011, con la entusiasta colaboración de la Gran Bretaña de Tony Blair y la España del impresentable José María Aznar; o el caso de Libia, en 2011, montado sobre la farsa escenificada en Benghazi donde supuestos “combatientes de la libertad” – que luego se probó eran mercenarios reclutados por Washington, Londres y París-  fueron contratados para derrocar a Gadaffi y transferir el control de las riquezas petroleras de ese país a sus amos. Casos más recientes son los de Siria y, sobre todo Ucrania, donde el ansiado “cambio de régimen” (eufemismo para evitar hablar de “golpe de estado”) que Washington persigue sin pausa para rediseñar el mundo -y sobre todo América Latina y el Caribe- a su imagen y semejanza se logró gracias a la invalorable cooperación de la Unión Europea y la OTAN, y cuyo resultado ha sido el baño de sangre que continúa en Ucrania hasta el día de hoy. La señora Victoria Nuland, Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Euroasiáticos, fue enviada por el insólito Premio Nobel de la Paz de 2009 a la Plaza Maidan de Kiev para expresar su solidaridad con los manifestantes, incluidos las bandas de neonazis que luego tomarían el poder por asalto a sangre y fuego, y a los cuales la bondadosa funcionaria le entregaba panecillos y botellitas de agua para apagar su sed para demostrar, con ese gesto tan cariñoso, que Washington estaba, como siempre, del lado de la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Obama saluda a Gadaffi, poco antes de ordenar la guerra contra Libia y su asesinato

Cuando un “estado canalla” como Estados Unidos, que lo es por su sistemática violación de la legalidad internacional, profiere una amenaza como la que estamos comentando hay que tomarla muy en serio. Especialmente si se recuerda la vigencia de una vieja tradición política norteamericana consistente en realizar autoatentados que sirvan de pretexto para justificar su inmediata respuesta bélica. Lo hizo en 1898, cuando en la Bahía de La Habana hizo estallar el crucero estadounidense Maine, enviando a la tumba a las dos terceras partes de su tripulación y provocando la indignación de la opinión pública norteamericana que impulsó a Washington a declararle la guerra a España. Lo volvió a hacer en Pearl Harbor, en Diciembre de 1941, sacrificando en esa infame maniobra 2,403 marineros norteamericanos e hiriendo a otros 1,178. Reincidió cuando urdió el incidente del Golfo de Tonkin para “vender” su guerra en Indonesia: la supuesta agresión de Vietnam del Norte a dos cruceros norteamericanos –luego desenmascarada como una operación de la CIA- hizo que el presidente Lyndon B. Johnson declarara la emergencia nacional y poco después, la Guerra a Vietnam del Norte. Maurice Bishop, en la pequeña isla de Granada, fue considerado también él como una amenaza a la seguridad nacional norteamericana en 1983, y derrocado y liquidado por una invasión de Marines. ¿Y el sospechoso atentado del 11-S para lanzar la “guerra contra el terrorismo”? La historia podría extenderse indefinidamente. Conclusión: nadie podría sorprenderse si en las próximas horas o días Obama autoriza una operación secreta de la CIA o de algunos de los servicios de inteligencia o las propias fuerzas armadas en contra de algún objetivo sensible de Estados Unidos en Venezuela. Por ejemplo, la embajada en Caracas. O alguna otra operación truculenta contra civiles inocentes y desconocidos en Venezuela tal como lo hicieran en el caso de los “atentados terroristas” que sacudieron a Italia –el asesinato de Aldo Moro en 1978 o la bomba detonada en la estación de trenes de Bologna en 1980- para crear el pánico y justificar la respuesta del imperio llamada a “restaurar” la vigencia de los derechos humanos, la democracia y las libertades públicas. Años más tarde se descubrió estos crímenes fueron cometidos por la CIA. Recordar que Washington prohijó el golpe de estado del 2002 en Venezuela, tal vez porque quería asegurarse el suministro de petróleo antes de atacar a Irak. Ahora está lanzando una guerra en dos frentes: Siria/Estado Islámico y Rusia, y también quiere tener una retaguardia energética segura. Grave, muy grave. Se impone la solidaridad activa e inmediata de los gobiernos sudamericanos, en forma individual y a través de la UNASUR y la CELAC, y de las organizaciones populares y las fuerzas políticas de Nuestra América para denunciar y detener esta maniobra.

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