“Hay puñales en las sonrisas de los hombres;
cuanto más cercanos son, más sangrientos.”
(William Shakespeare)




(Por Atilio A. Boron) Resulta imposible hablar de la dramática coyuntura política que se ha configurado en el Ecuador con motivo del Referendo y la Consulta Popular del 4 de Febrero sin que una palabra aflore de inmediato en la conciencia (y en el ánimo) del observador: traición. Es un término durísimo por su mayúscula inmoralidad. Ese enorme humanista que fue Shakespeare hizo de la traición objeto de innumerables reflexiones en su voluminosa producción literaria. Pero fue en Macbeth donde el tema se convirtió en el hilo conductor de la obra. Y allí la traición aparece como el reverso de una pasión enfermiza e incontrolable: la ambición y junto a ella la envidia y una mal contenida rivalidad que irrumpe de súbito ni bien  las condiciones son propicias.
Podrá argüirse, ¿traición a qué, o a quién? ¿A qué? Nada menos que a la mayoría del pueblo ecuatoriano que votó por un candidato que se presentaba como el continuador de la Revolución Ciudadana, un proceso de transformaciones profundas que cambió radicalmente, y para bien, a la sociedad ecuatoriana. Moreno perpetró una estafa electoral, como la de Mauricio Macri en la Argentina, e incurrió en una malversación de la confianza en él depositada por la ciudadanía que lo hizo presidente. ¿Debería el pueblo ecuatoriano depositar su confianza en las promesas de un personaje que ya lo traicionó una vez?  ¿Por qué no habría de reincidir en su deshonesta conducta? Por supuesto, como todas las creaciones históricas, la Revolución Ciudadana tuvo sus contradicciones, sus grandes aciertos, sus errores y sus asignaturas pendientes. Pero la dirección del proceso era la correcta y el imperialismo y la derecha ecuatoriana no se equivocaron al transformar a su líder, Rafael Correa, en la bête noire no sólo del Ecuador sino de la política internacional. Traición al pueblo que lo votó, al partido que lo postuló para la presidencia y también a Rafael Correa, de quien Lenín Moreno fue su vicepresidente y muy estrecho colaborador, dentro y fuera del país, durante diez años. Traición por atacar a un personaje de quien hablaba puras maravillas durante la campaña electoral que lo proyectó al Palacio de Carondolet y en cuya enorme popularidad se apoyó para prevalecer en el muy reñido balotaje. Éste tuvo esas características porque ya desde la campaña de la primera vuelta la derecha local e internacional, los partidos del viejo orden, las cámaras empresariales y toda la oligarquía mediática en Ecuador y en el extranjero denunciaban que el fraude se habría perpetrado por el Consejo Nacional Electoral en la fase previa a los comicios y que se continuaría el día de la votación y en los posteriores mientras se practicara el recuento de los votos. Una acusación completamente infundada (como se demostró en la reunión de los representantes de CREO-SUMA, la fuerza política que postulaba a Guillermo Lasso, con los observadores internacionales invitados para monitorear el proceso electoral). Algunos de estos, para nada simpatizantes del gobierno de Correa, estallaron de indignación ante la catarata de falsas impugnaciones motorizadas por los partidarios de Lasso y amplificadas extraordinariamente por los “medios independientes”. En la citada reunión con la gente de CREO-SUMA uno de los observadores puso punto final a las críticas diciendo: “no queremos chismes, aporten datos concretos”. Nunca lo hicieron y jamás formalizaron una denuncia concreta ante el Tribunal Contencioso Electoral. El objetivo de esta estrategia difamatoria era muy claro: deslegitimar el previsible triunfo de Moreno en la primera vuelta, debilitar de antemano su gobierno y ablandar el espíritu del nuevo equipo de gobierno en caso de que el candidato de la derecha Guillermo Lasso fuese derrotado en la segunda vuelta. Pese a lo absurdo e infundado de esas acusaciones de fraude lo cierto es que hicieron mella en la frágil contextura política de Moreno y en su entorno, quienes relegaron a un papel subordinado y menor a Alianza País, una organización política que había dado sobradas muestras –¡victoriosa en catorce procesos electorales- de su eficacia como maquinaria electoral.

Pero la traición de Moreno mal podría ser explicada sólo por factores psicológicos, como si sólo fuera la maliciosa secuela de una desmedida  ambición. Tampoco por groseros errores de campaña, que ocasionaron una victoria muy ajustada. La fulminante y asombrosa mutación de la orientación política del actual presidente está al servicio de un proyecto restaurador para el cual fue reclutado -¿quién sabe cuándo, cómo y a cambio de qué?- por los factores tradicionales del poder en el Ecuador y, sin duda alguna, por Washington con el objeto preciso e impostergable de destruir definitivamente cualquier opción progresista o de izquierda en el país y, por extensión, a quien como Rafael Correa encarnó esos ideales durante diez años. Obviamente que el actual presidente demostró ser un personaje tan escurridizo como inescrupuloso, que se agazapó en los intersticios de la estructura gubernamental y esperó con paciencia y astucia el momento para descargar su puñalada trapera haciendo honor a la cita utilizada en el epígrafe de esta nota. A todos les llamaba la atención, en su campaña, tanto en la primera como en la segunda vuelta, los exaltados elogios a Correa y la facilidad con que lanzaba promesas demagógicas de imposible cumplimiento. El lanzamiento del Plan Toda una Vida surgió en las dos últimas semanas de la campaña de la primera vuelta como un recurso para intensificarla, dada la probabilidad de no atravesar al 40% de los votos. Con ese plan se buscaba aterrizar la propuesta programática de Alianza País y otorgarle al discurso, hasta ese momento siempre vago, de grandes visiones y mensajes esperanzadores propios de un pastor tele-evangelista, mediante la enunciación de contenidos concretos y metas identificables por los electores. En esa línea, prometió el oro y el moro: empleo para todos, casas para todos, salud para todos pero sin jamás decir cómo financiaría esas políticas y cuál sería su proyecto económico. Se suponía que sería el que había instaurado su predecesor, pero llamativamente no habló de la economía ecuatoriana, del dominio que pese a los cambios introducidos por Correa seguían conservando los banqueros, los oligopolios mediáticos, el capital extranjero; en suma, los que detentaban en el Ecuador el poder real, distinto y muy superior al del gobierno. No pasó desapercibido para nadie como en los tramos finales de la segunda vuelta Moreno se mostraba cada vez más receptivo a los reclamos de la derecha, admitía sin respuesta sus acusaciones de fraude, oía con indiferencia sus vociferantes quejas por la falta de libertad de prensa en el Ecuador y a la necesidad de reabrir un diálogo que, presuntamente, habría sido clausurado por Correa. Pese a ello a todos nos sorprendió la intempestiva denuncia de corrupción lanzada ni bien asumió sus funciones como presidente, sombra indecente proyectada indiscriminadamente contra los funcionarios del anterior gobierno, salvo él, por supuesto. Si había tanta corrupción como Moreno decía, ¿cómo tardó diez años en darse cuenta de que estaba en un nido de corruptos? Dado que esto es inverosímil, si la corrupción existió él fue cómplice de la misma; y si no existió lo suyo es una infamia, perpetrada una vez más al servicio de la coalición de intereses que, a fines del siglo pasado, hundió al Ecuador en la peor crisis de su historia.

El desmantelamiento de la Revolución Ciudadana no sólo pasa por restaurar escandalosamente a los banqueros y a la oligarquía mediática  “el poder detrás del trono”, como la verdadera autoridad del gobierno. El embate se descarga también sobre la cultura y los medios de comunicación, con la razzia practicada en el periódico oficial “El Telégrafo” que, bajo la nueva inspiración, cuenta con un ultra corrupto como el presidente brasileño Michel Temer como uno de sus colaboradores al paso que notables intelectuales ecuatorianos fueron corridos del periódico. Moreno no encuentra nada malo en que el espectro comunicacional del país haya caído una vez más en manos privadas o que medios del estado, como la Radio Pública del Ecuador, por ejemplo, se convirtiese en vociferante expresión crítica de todo lo que antes elogiaba. No obstante, el morenismo está lejos de constituir un compacto bloque en el poder. Múltiples contradicciones lo surcan. Por un lado están los sobrevivientes de la fase anterior, progresistas que –por ahora- se desempeñan en el área de las políticas sociales hasta que la derecha complete la purga realizada en la administración pública; frente a ellos se agrupa un heteróclito enjambre de grupos empresariales que tomaron el gobierno por asalto unidos por la común ambición de saquear a la economía nacional y al estado y enfrentados a otros sectores corporativos que, dejados a margen del festín, ambicionan asumir directamente el control del gobierno sin superfluas mediaciones como la de Moreno y su grupo. Este asalto al gobierno por parte de los grupos empresariales es análogo al que tuvo lugar en la Argentina con la llegada de Macri. En ambos casos se produjo un extravagante y deplorable tránsito desde el poder al gobierno cuando, en una democracia, se supone que la marcha es al revés: es el gobierno surgido del voto popular quien tiene que conquistar el poder o al menos fragmentos significativos de éste si es que efectivamente quiere gobernar El resultado de esta inversión lo estamos viendo claramente en la Argentina: vaciamiento de la democracia, desprotección social, concentración de la riqueza y recrudecimiento de la violencia institucional para acallar las protestas sociales. No creo que la historia sería muy diferente en el Ecuador de continuar por el rumbo trazado por Moreno.

Lenín Moreno y su Vicepresidente Jorge Glass


De lo anterior se desprende que más allá de la aparente variedad de sus preguntas, el referendo de febrero tiene un solo objetivo: tronchar de raíz la posibilidad de que Rafael Correa pueda volver a presentarse a elecciones. Hay tres preguntas cruciales que son las que revelan con claridad el proyecto político del nuevo bloque empresarial que ha colonizado las alturas del estado: dos de ellas encaminadas a garantizar lo único que le importa al imperio y a sus lacayos ecuatorianos: el destierro político de Correa, condenarlo al ostracismo y, de ese modo, liquidar en pocos meses su herencia política revirtiendo los cambios que tuvieron lugar en los últimos diez años y reinstalando al estado nacional en su tradicional subordinación a las fuerzas del mercado. Se trata de las preguntas sobre supresión definitiva de la posibilidad que pueda tener una ciudadana o un ciudadano de repostularse para el mismo cargo, lesionando el derecho de los ciudadanos de presentarse a elecciones, de elegir y de ser elegidos, todo esto justificado con el propósito de garantizar el principio de la alternancia. El otro artículo busca eliminar al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, un órgano que fue el custodio principal del estado de derecho y la separación de poderes consagrada por la Constitución de Montecristi. De aprobarse esta modificación las principales autoridades de las diferentes ramas y aparatos del estado pasarían “transitoriamente” a ser designadas a dedo por el actual presidente. En otras palabras, se legalizaría un golpe de estado. La tercera, la número seis en el referendo, expresa con meridiana claridad el pacto de Moreno con la oligarquía financiera. Mediante ella se pretende derogar la Ley de la Plusvalía que tiene por objeto “evitar la especulación sobre el valor de las tierras y fijación de tributos.” ([1]En pocas palabras, de lo que se trata con este ilegal e ilegítimo engendro jurídico es eliminar para siempre la presencia de Rafael Correa en la política ecuatoriana (y regional); reconstruir en clave corporativa y privatista al estado, como sucediera en la Argentina de Macri, facilitando las operaciones especulativas de los capitalistas (de ahí la anhelada derogación de la Ley de la Plusvalía) y transfiriendo el control de los cargos decisivos del aparato estatal a manos privadas, instaurando una suerte de CEOcracia que propinaría un golpe mortal a las aspiraciones democráticas de la ciudadanía ecuatoriana.

A la traición se le suma la infamia de una movida como ésta. Quienes luchamos por una Latinoamérica unida y en marcha hacia su segunda y definitiva independencia no podemos sino expresar nuestro más enérgico repudio a los nefastos designios del actual gobierno ecuatoriano y la confianza en el pueblo de ese país que sabrá desbaratar esa maniobra. En la primera nota que escribí a propósito de la trascendental elección presidencial de Febrero del 2017 dije que en Ecuador se libraba una nueva batalla de Stalingrado, decisiva no sólo para su futuro sino del de toda América Latina. Respiramos aliviados cuando se derrotó al candidato del viejo régimen, representante del país oprimido por una voraz oligarquía y sus mentores del norte. Pero jamás  imaginamos que en el valiente ejército ciudadano que consagró la victoria de Moreno había un “caballo de Troya”, una quinta columna dispuesta a traicionar no sólo al líder popular del Ecuador sino al proyecto de transformación que él encarnaba. Si el pueblo ecuatoriano llegara a respaldar la propuesta de Moreno en su referendo, si llegara a triunfar el SI ese país se internaría, para su desgracia, en la misma senda opresora, decadente y violenta abierta por Mauricio Macri en la Argentina. Una sobria mirada a lo que está ocurriendo en mi país debería ser suficiente para persuadir a las ecuatorianas y los ecuatorianos de la necesidad de evitar tan nefasto desenlace. El triunfo del NO en las tres preguntas claves del referendo abriría en cambio las puertas para el renacer de una esperanza hoy ensombrecida por el oprobio de una traición.


COMPARTO una reflexión sobre un tema de gran actualidad en la Argentina: el regreso de la violencia a la vida política nacional. Asunto manejado mañosamente por la derecha y que exige una lectura completamente diferente a la oficial.

Aspecto parcial de la gran concentración popular del Jueves 14 de Diciembre. Imagen ignorada por la prensa hegemónica dentro y fuera de la Argentina.


"La fuente de la violencia en la Argentina"

(Por Atilio A. Boron) En épocas de crisis como los que vive la Argentina se clarifican las posturas de los actores políticos y sus representantes intelectuales. Si en tiempos de paz social estos pueden ocultar con la ayuda de los medios las contradicciones sociales recurriendo a alambicadas argumentaciones y a las abstrusas categorías teóricas del posmodernismo, cuando el orden social comienza a crujir los intelectuales del sistema arrojan por la borda toda pretensión de imparcialidad y objetividad y se embanderan sin recato alguno en la defensa de uno de los gobiernos más conservadores y oligárquicos que haya tenido la Argentina a lo largo de su historia. Si se solía señalar la experiencia de la década infame o de los gobiernos oligárquicos a partir de 1880 para ilustrar lo que era una dictadura clasista -dictadura no tanto por su forma como por el contenido de sus políticas- con el macrismo se produce una reencarnación de aquellos modelos anteriores al proceso de democratización fundamental que, pese a sus contradicciones, trajo aparejado la irrupción del peronismo en la Argentina.
Lo anterior viene a cuento de una nota publicada días pasados por Luis A. Romero en La Nación en donde nos alerta sobre los peligros que el resurgimiento de la violencia entraña para la democracia argentina.1 La rigurosidad que este autor exhibe en sus escritos académicos se desvanece por completo en este verdadero panegírico del macrismo. ¿Cómo puede decirse, por ejemplo, que “(E)n la plaza, grupos de manifestantes agredieron a las fuerzas de seguridad y pretendieron invadir el recinto donde deliberaban los diputados”? ¿No vio acaso que, pocos días antes, el Jueves 14 una manifestación completamente pacífica fue acosada y brutalmente agredida por la Gendarmería y cuyo desproporcionado despliegue de fuerza desató la respuesta violenta de una fracción minúscula –infiltrada por algunos agentes provocadores como se constató al día siguiente- de los centenares de miles que habían asistido a expresar su rechazo al procedimiento profundamente anti-republicano empleado por el gobierno para sacar “de prepo” una ley fundamental. El maniqueísmo o la ceguera de que hace gala nuestro autor se horroriza por la violencia cuando un condenado por el sistema arroja una piedra pero contempla con buenos ojos cuando el gobierno militariza por completo la

1) “La democracia enfrenta un nuevo desafío de la violencia política”, disponible en http://www.lanacion.com.ar/2097259-la-democracia-enfrenta-u…

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zona del Congreso, reprime manifestantes indefensos y extorsiona a gobernadores, senadores y diputados para conseguir una votación favorable a su proyecto. Esto no es violencia (simbólica, política, institucional), lo otro sí.
Mal que le pese a Romero y a los intelectuales y publicistas amigos de la Casa Rosada quien promovió este infausto espiral de la violencia fue el gobierno de Mauricio Macri. Para vergüenza de la bancada oficial fue ésta quien solicitó al presidente de la Cámara de Diputados que impidiera la presencia de organizaciones sociales de jubilados y pensionados y de excombatientes de Malvinas en las galerías para que el pueblo fuese testigo directo del debate. Cuando se discutió la famosa Resolución 125, en el 2008, hubo público en las galerías pero, claro, en ese momento según los apóstoles del macrismo la Argentina vivía bajo el influjo de una asfixiante dictadura. Ahora que supuestamente estamos en democracia el público no pudo hacerse presente en la Cámara, se quedó afuera y encima lo apalearon y gasearon. Es por eso que, estrictamente hablando, este gobierno debe ser caracterizado como una “democradura”, híbrido que contiene algunos elementos de carácter democrático (el acceso a la Casa Rosada se realizó por la vía electoral) pero con crecientes inclinaciones de sus principales personeros para adoptar las metodologías autoritarias de control político propias de las dictaduras. Por ejemplo, el avance en el amordazamiento de la prensa y, desgraciadamente, operaciones como la realizada la noche del Lunes 8 de enero cuando una reedición de los siniestros grupos de tarea de la dictadura irrumpieron con violencia en las oficinas de abogados defensores de los derechos humanos, destruyeron equipos y archivos, robaron laptops y documentación, y dejaron un claro mensaje: quienes se opongan a los designios del gobierno deberán estar dispuestos a sufrir esta clase de represalias y otras aún más severas. Desde los tiempos de la dictadura no se había producido un hecho de estas características, frecuentes en aquella época pero desterrados desde 1983. Sin duda, estamos en presencia de una tenebrosa involución que ha sido cuidadosamente ocultada ante los ojos de la opinión pública por los medios hegemónicos.2

Por eso la distinción entre las múltiples formas de la violencia es un requisito fundamental para realizar un análisis serio del asunto. Se dirá que esto es un anacrónico reflejo setentista, pero tal insinuación sólo

2) Ver https://www.pagina12.com.ar/88153-un-robo-con-el-tufillo-de… Ni Clarín ni La Nación informaron a sus lectores sobre un hecho tan grave como este.

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mediría la magnitud de la ignorancia de quien opine de esa manera. En la tradición socialista, comunista y anarquista hace más de ciento cincuenta años que se maneja esa distinción entre la violencia “legalizada e institucionalizada” del Estado que acalla, somete, encarcela o liquida a sus enemigos siempre “apelando a la ley”, y la violencia reactiva, defensiva, del pueblo, que a veces se rebela y no se resigna a ser enviado al matadero. Hay que recordar además que la violencia “legal” del estado se ejerce casi siempre con el acompañamiento de formas paralegales de violencia privada, tolerada y en muchos casos subrepticiamente promovida y amparada por el estado. Tal fue el caso en la Argentina de la Liga Patriótica que realizó pogromos y matanzas obreras en la primeras décadas del siglo veinte; o en la Alemania de finales de la Primera Guerra Mundial la actividad de los Freikorps que apaleaban a militantes socialistas y comunistas y que luego asesinaron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht con la complicidad del gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert; y en Estados Unidos, esa vibrante democracia tan admirada por los voceros del macrismo, fue el Ku Kux Klan (ahora informalmente rehabilitado por Donald Trump) quien se encargó de “poner en su lugar” a los negros que luchaban contra la herencia de la esclavitud y postergar por cien años su incorporación a la vida política del país. Esta violencia oficial y paraoficial, decíamos, no puede ni debe ser equiparada a la respuesta defensiva de las víctimas, invariablemente los pobres, los explotados, los subyugados.
Siendo esto así, cómo obviar la responsabilidad en el inicio de la violencia de un gobierno que pretendió nada menos que nombrar por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia a dos miembros de la Corte Suprema. ¿No es acaso violencia atentar contra el estado de derecho como lo hace la Casa Rosada, que entre otras cosas ha prohijado una deplorable involución jurídica que hace que en este país todos sus habitantes se encuentran en “libertad condicional”, por lo que cualquiera puede ser enviado a prisión sin juicio previo y sin condena alguna? Pese a la reprobación universal de esta práctica aberrante y tan poco “republicana” y el reclamo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el gobierno nacional no se arredra y prosigue con su política. Ahí están los casos de Milagro Sala, dos años presa sin condena, y buena parte de los detenidos en Ezeiza y Marcos Paz en situación similar. Un gobierno, además, que por boca de la Ministra de Seguridad le confirió a las fuerzas de seguridad interna una especie de “licencia para matar”, como el famoso agente 007. El resultado: Santiago Maldonado, muerto a consecuencia de

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un operativo de la Gendarmería y todavía hoy caratulado por el juez como “desaparición forzada” y el fusilamiento por la espalda de Rafael Nahuel, en Bariloche en un supuesto combate contra guerrilleros mapuche.El ex Ministro de la Corte Suprema de la Nación y actual juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Eugenio Raúl Zaffaroni, enumeró 32 violaciones al estado de derecho en una carta dirigida al actual Secretario de Derechos Humanos, Licenciado Claudio Avruj que aún espera respuesta. Esas transgresiones son la fuente de la cual brota la violencia. Sin embargo, ninguna de ellas fue tomada en cuenta por Romero en su nota. El fervor ideológico oficialista sometió la rigurosidad del historiador.3

Alarmado por la gran movilización popular en contra de una ley profundamente impopular (aproximadamente el 75 por ciento en todas las encuestas conocidas se manifestó contrario a la reforma previsional) y los pacíficos y masivos cacerolazos que tuvieron lugar varias noches en numerosos barrios de la ciudad de Buenos Aires, olímpicamente ignorados en su artículo, Romero exhuma la vieja desconfianza de las elites oligárquicas ante el protagonismo plebeyo y nos recuerda que la Constitución Nacional “(E)stableció taxativamente que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes.” En efecto, el nefasto (por antidemocrático) artículo 22 de la Constitución Nacional dice, textualmente, que “(E)l pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición”. O sea, prohibido deliberar, dejemos que la clase dominante y sus representantes políticos e ideológicos se encarguen de ello; y prohibido también peticionar a las autoridades porque tal osadía configura el delito de sedición. En otras palabras, la parte dogmática de la Constitución, redactada en 1853 y que quedó al margen del proceso de reforma de 1994, condena al pueblo a convertirse en una variante especial de los metecos de la Antigua Grecia que ser extranjeros carecían de derechos ciudadanos. En la Argentina actual aún los nacionales son metecos, pues derechos elementales de reunión, deliberación y petición a las autoridades les son vedados y considerados actos sediciosos. Pero existen las clases sociales y hay gobiernos y gobiernos. En el pasado reciente la ferocidad represiva ejercida

3) La citada carta se encuentra disponible en: https://www.pagina12.com.ar/…/inlin…/cartazaffaroniavruj.pdf

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a mediados de Diciembre estuvo ausente. Primero, porque la protesta social no estaba criminalizada en aquellos años y además porque quienes se reunían y pugnaban por obtener una legislación favorable a sus intereses eran “gentes de bien”: los sojeros y sus insólitos aliados de una izquierda extraviada que trató de darle un cierto tono plebeyo a sus reivindicaciones oligárquicas cuando durante cuatro meses cortaron rutas y amenazaron con no liquidar el producto de sus exportaciones si se aprobaba la Resolución 125; o las grandes marchas convocadas por el “Ingeniero” Juan C. Blumberg exigiendo una reforma del Código Penal que instituyera la ¡mano dura” para evitar la reiteración de crímenes como el perpetrado contra su hijo Alex. En ninguno de estos dos paradigmáticos casos quienes hoy se rasgan las vestiduras por la insolencia de empleados, obreros y jubilados de pretender frenar una legislación reaccionaria dijeron una sola palabra de condena ante aquellas manifestaciones y sus correspondientes peticiones que abiertamente contrariaban los preceptos constitucionales. Pero eran “gentes de bien” y el kirchnerismo no criminalizaba la protesta social. Hoy quienes toman las calles son gentes del común, trabajadores, y el gobierno sí criminaliza la protesta social. Es lamentable que la reforma de la Constitución realizada en 1994 no hubiera abolido este artículo que contradice la letra y el espíritu de la democracia: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, según la conocida fórmula de Abraham Lincoln, hasta ahora insospechado de simpatías kirchneristas o izquierdistas.

Es que fiel al ideario del liberalismo y a la tradición republicana estadounidense, la derecha vernácula siempre concibió al pueblo como una amenazante “gran bestia” que debe ser mantenida a raya sin compasión ni miramientos. Esta imagen reaparece periódicamente en la derecha argentina, desde el desprecio por el negro y el gaucho en distintos momentos del siglo diecinueve. “No trate de economizar sangre de gauchos” aconsejaba Domingo F. Sarmiento a Bartolomé Mitre, fundador del diario La Nación. Descrédito y odio que luego se dirigiría, a comienzos del siglo veinte, hacia el conglomerado “criollo inmigratorio” examinado por José Luis Romero en sus estudios sobre la historia argentina. También la infame caracterización del peronismo como un “aluvión zoológico” hecha por el diputado radical Ernesto Sanmartino hasta llegar a la formulación más edulcorada de Romero hijo cuando observa que la multitud que pretende sustituir a sus representantes “se expresa con vehemencia” o que en las jornadas motivo de su análisis “el pueblo hablaba a través del reducido grupo de violentos, organizados para provocar a las fuerzas de

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seguridad.” En otras palabras: el pueblo no delibera ni dialoga sino que vocifera, se expresa a los gritos y apela a la violencia, verbal o física.4 Los centenares de miles que se manifestaron pacíficamente no cuentan para el historiador, están invisibilizados; como tampoco cuentan quienes se expresaron en los cacerolazos nocturnos durante varios días durante la discusión de la nueva ley. La asociación del pueblo o lo popular con la violencia también se expresa en la desafortunada intervención periodística de Romero cuando dice que “en el peronismo no hay mucha teoría, pero sí una rica experiencia práctica, cultivada por guardaespaldas, barrabravas y otros afines.” Ofuscado por los acontecimientos el riguroso historiador quemó toda su biblioteca y escribió esa frase autodescalificatoria reveladora de una profunda incomprensión de la historia argentina. Y como un bonus track nos ofrece un parrafito para la RAM, invento de los servicios y de la prensa canalla para estigmatizar a los mapuche y justificar la militarización de la política y la brutalidad con que ese pueblo originario es tratado por el gobierno. Tan ridícula es toda esta historieta de la RAM, la Resistencia Ancestral Mapuche, un grupo presentado como terrorista y la versión local del jihadismo islámico, que en un gesto lindante con el suicidio el presidente Macri fue a tomar sus vacaciones en la zona de influencia de esa supuesta organización guerrillera. Es como si Donald Trump hubiese ido a vacacionar en Al Raqa, la “capital del califato”. ¡Por favor, un mínimo de seriedad!

Romero tampoco parece haber considerado positivamente una de las principales enseñanzas de Nicolás Maquiavelo en Los Discursos cuando decía que “... quienes condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, y que se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron. En toda República hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se

4) Sobre este tema de “la gran bestia” ver la entrevista que el autor de estas líneas hiciera a Noam Chomsky en Tras el Búho de Minerva. Mercados contra Democracia en el Capitalismo de Fin de Siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000) En esa entrevista Chomsky subraya el talante profundamente antidemocrático de la tradición republicana estadounidense. Hablando de uno de los padres fundadores, Alexander Hamilton, el lingüista norteamericano afirma que fue él “quien planteó el tema con toda su crudeza: el pueblo es “la gran bestia” que debe ser domada. Por eso aconsejaba enseñar a los farmers independientes y díscolos de las rebeldes colonias americanas –aún recurriendo a la fuerza en caso de necesidad– que los ideales contenidos en los panfletos revolucionarios no debían ser tomados al pie de la letra. En suma: la gente común no debía ser representada por otros de su misma clase sino por la aristocracia, los comerciantes, los abogados y otros de probada responsabilidad y patriotismo en el manejo de los asuntos del estado.”

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hacen en pro de la libertad nacen de la desunión de ambos.”5 Obviamente que el republicanismo de los macristas nada tiene que ver con la tradición republicana de Maquiavelo sino que es tributaria de la codificación profundamente antidemocrática del republicanismo gestada por los padres fundadores de los Estados Unidos, como ha sido observado por numerosos analistas norteamericanos, entre los cuales Noam Chomsky y cuya tesis hemos reseñado en la nota a pie de página precedente.

La alusión a la desprestigiada “democracia representativa” ocupa un lugar central en la argumentación de Romero y, en general, de todos los intelectuales adscriptos, de una u otra manera, al macrismo. Cabe preguntarse: ¿Representativa de qué, o de quienes? Son pocos los politólogos que hoy se atreven a defender el carácter representativo de las democracias capitalistas. Por empezar, la composición clasista de los representantes poco o nada tiene que ver con la de sus supuestos representados. Tomemos el caso de Estados Unidos, la autoproclamada “democracia ejemplar” del planeta. Allí nada menos que el 50 % de los senadores y representantes (268 sobre un total de 535 de ambas cámaras) son dueños de una fortuna de un millón de dólares o más. ¿Representativos? Sí, del 1.5 % de la población estadounidense que también es dueña de un millón de dólares pero no del resto. En la Argentina hay aproximadamente un 30 % de pobres y el 12 % de la población habita en villas de emergencia. Pero “entre los 257 diputados no hay ni un pobre, ni uno que venga de las villas o de la economía popular.”6 Una simple comparación entre los sueldos de los diputados que votaron esa ley y lo que ganan las víctimas de esa pieza legislativa sirve para ilustrar lo inmoral y escandaloso de esta legislación. Quienes percibieron en el año 2017 un sueldo de137.610 pesos mensuales (más 20.000 pesos de gastos de representación) no tuvieron el menor escrúpulo para ensañarse con los haberes de los jubilados que en su mayoría perciben el haber mínimo de 7.246 pesos que con la nueva ley pasarían a tener un incremento de 413, llegando así a un ingreso mensual de 7.659 pesos, la vigésima parte de lo que embolsa un “representante del pueblo” y menos que la mitad de la canasta básica de consumo de los jubilados, estimada

5) Cf. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, Libro I, capítulo IV
6) Cf. Martín Granovsky, entrevista a Juan Grabois: “El vicio de Macri es la violencia”, en Página/12, 2 Enero 2018. Disponible en:
https://www.pagina12.com.ar/86373-el-vicio-de-macri-es-la-v… Por supuesto, no todos los diputados y senadores provienen de las clases adineradas de este país. Queda todavía un buen grupo que procede de las capas medias y algunas del universo popular. Pero los que prevalecen son los otros.

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en 17.500 pesos según declaración de Eugenio Semino, Ombudsman de la Tercera Edad.7 En un país en el cual desde tiempos inmemoriales los ricos evaden o eluden el pago de impuestos; en el que las grandes fortunas y las grandes empresas encuentran mil y una maneras de burlar al fisco, fugar capitales y hallar refugio en paraísos fiscales; en el que el gobierno suprimió las retenciones en el agro y redujo la de las exportaciones sojeras y eliminó las de la minería y el petróleo; en suma, pudiendo extraer los recursos necesarios para reducir el déficit fiscal entre los más ricos, los que concentran la riqueza, los “representantes del pueblo” se volvieron contra los sectores más débiles e indefensos y descargaron sobre ellos todo el peso del ajuste. Difícil encontrar una inmoralidad mayor en la historia contemporánea de la Argentina.

Si por la composición social de los parlamentarios, tan distinta a la de sus presuntos representados, la idea de la “representación” queda desmentida por los hechos, las políticas concretas que respaldó el Congreso tampoco permiten hacerse demasiadas ilusiones acerca de su vocación por representar los intereses del demos. La legislación aprobada en estos dos años a partir de proyectos enviados por la Casa Rosada tuvo un sesgo permanente: redistribuir en un sentido regresivo ingresos y rentas, favoreciendo a los sectores adinerados y recortando los de la gran mayoría de la población. Es por consideraciones similares a esta que en Estados Unidos ya son cada vez más los que hablan de la involución política desde una democracia hacia una plutocracia. Y en la Argentina, país de extremos, esta degradación es aún más marcada. Si algo faltaba para comprobarlo fue la designación que hiciera la revista Forbes de Marcos Peña, Jefe de Gabinete de Marcos Peña, como “el CEO del año”. El único detalle disonante es que la Argentina no es una empresa sino una nación. Pero el hecho de que una revista como Forbes le otorgue esa dudosa “distinción” habla bien a las claras que para la comunidad internacional de negocios y para los grupos dominantes de la Argentina esta es un mercado y no una nación, y que sus jefes políticos son apenas CEOs y nada más que eso. Por eso la defensa que hace Romero de la “democracia representativa” es el canto del cisne de una forma sociopolítica que hace mucho tiempo pasó a mejor vida. Si algo ha hecho e macrismo es transparentar con una claridad inigualable la naturaleza de

7) Entrevista de Luis Novaresio a Eugenio Semino en Radio La Red: https://www.lared.am/…/eugenio-semino-la-canasta-basica-jub…

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clase de su proyecto de refundación regresiva del capitalismo. Una suerte de “menemismo recargado” pero en condiciones más difíciles tanto por el contexto internacional, enrarecido por la inocultable declinación de la hegemonía norteamericana y las turbulencias que esta provoca, y por la temprana reacción popular ante el ajuste, los tarifazos y la escalada inflacionaria que devora el poder de compra de gran parte de la población. La respuesta combativa demoró casi siete años en adquirir un carácter masivo durante la gestión de Menem: los piquetes de Cutral Có y Plaza Huincul son de 1996 y 1997, y si bien hubo algunas protestas organizadas por los gremios afectados por las privatizaciones y la desregulación de la economía estas fueron débiles, aisladas y carecieron resonancia nacional.8 Ahora, en cambio, los tiempos se acortaron sensiblemente en esta tercera tentativa de refundación neoliberal del capitalismo argentino, luego de la dictadura (Martínez de Hoz) y el menemismo (Alsogaray y Cavallo), y en menos de un año ya se desató un crescendo de movilización popular que alcanzó un pico impresionante en las jornadas del 14 y 18 de diciembre del 2017. La prensa hegemónica y los escribas del macrismo se empeñaron en ocultar a esos dos grandes hechos de masas convirtiéndolos en una noticia policial. Lo importante, lo único de lo que hablan la prensa canalla y los voceros oficiales y oficiosos del gobierno es de la refriega entre un pequeño sector de manifestantes (infiltrados por agentes provocadores, como ya se dijo) y no de las dos grandes manifestaciones populares y los cacerolazos nocturnos.

La imagen que recorrió el mundo: un hecho de masas reducido a una refriega con la policía


Un par de consideraciones finales: uno, ¿cómo es posible soslayar un dato tan duro como el que un significativo número de integrantes del gabinete presidencial de Mauricio Macri proceden del sector financiero o de las más grandes corporaciones transnacionales? 9 No se le puede escapar a la mirada de un historiador que esa fracción de la clase capitalista ha ejercido una influencia nefasta en nuestro país, especialmente desde los años de la dictadura cívico-militar de 1976 en adelante. Y que si esa gente hoy gobierna a la Argentina lo hace, fiel a su historia y consciente de sus
8 Hubo un antecedente a lo de Cutral Co y Plaza Huincul: la poblada conocida como el “santiagueñazo” de diciembre de 1993 que hizo devorar por las llamas la sede de los tres poderes del estado provincial y las casas de los principales políticos de Santiago del Estero. Pese a la radicalidad de la protesta, no logró convertirse en un hecho político nacional y desencadenar reacciones similares en el resto del país como sí ocurrió con las acciones que se escenificaron en Cutral Co y Plaza Huincul.

9) Cf. Paula Canello y Ana Castellani, “Todo el poder para los CEOs”, en http://www.nuestrasvoces.com.ar/entendiendo…/poder-los-ceos/

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intereses, a favor de los más ricos y en detrimento del resto, población “sobrante” en el mejor de los casos o masa de indeseables para la cual la mejor política es la que está aplicando el macrismo: una inhumana “limpieza social”, equivalente a la sórdida “limpieza étnica” que tuvo lugar en los Balcanes en los años noventas. En la Argentina de Macri indigentes, jóvenes sin educación ni trabajo, pobres de varias generaciones y adultos mayores están siendo progresivamente sometidos a una variante de lo que el ya aludido jurista Eugenio R. Zaffaroni ha denominado “genocidio por goteo”. En su tiempo Martínez de Hoz decía que a este país le sobraban diez millones de habitantes. Actualizada, la cifra sería hoy el doble. ¿No le dice nada esto a Romero? Puede ignorar que quienes protagonizaron las grandes manifestaciones reprimidas y dispersadas por las “fuerzas del orden” (¿de qué orden nos hablan?) fueron impulsados a tomar las calles ante la convicción de que el gobierno planea su lento, silencioso pero implacable exterminio. ¿De qué otra manera podemos llamar a una política que va progresivamente reduciendo los haberes jubilatorios a la vez que se suprimen del PAMI gran parte de los medicamentos gratuitos que antes se les entregaba a jubilados y pensionados? Con menos dinero para alimentación y gastos esenciales y menos dinero para adquirir medicamentos los jubilados y pensionados están condenados a muerte. Y encima de eso se planea elevar la edad mínima para poder acceder a los beneficios de la jubilación.
Segunda y última consideración: atendiendo a las razones arriba expuestas, ¿dónde se encuentra la génesis de la violencia, quién es el que la ejerce bajo una diversidad de formas? ¿El que aplica unas políticas conducentes a un verdadero “holocausto social” de enormes proporciones o el que se resiste a morir y se enfrenta con piedras y palos a las fuerzas de seguridad? Romero es un fiel exponente del sentir de gran parte de la galaxia cultural del macrismo: los intelectuales plegados al proyecto y el inmenso ejército de publicistas y medios de comunicación que bombardean sin pausa a la sociedad con su “desinformación programada”. Unos y otros cultivan con inusual malicia y perversidad las artes de la “posverdad” y la “plusmentira.” Por eso la batalla cultural, uno de cuyos componentes es la lucha por la democratización de la información y de los medios de comunicación, es crucial para el futuro de las democracias. En la Argentina el desafío violento a la democracia nace en las entrañas del gobierno y solo podrá ser neutralizado si este abandona sus políticas que conducen a un “holocausto social” a favor de los ricos y poderosos y, en lugar de ello, se preocupe como dice el Preámbulo de la Constitución

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Nacional, de “promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.” Nada de esto es lo que está haciendo el gobierno y es esa, y no otra, la fuente de la cual brota la violencia. Está en sus manos acabar con ella, y será su responsabilidad ante la historia haberla promovido e incentivada con sus políticas y su estilo despótico y prepotente de gestión gubernamental.



(Por Atilio A. Boron) El 2017 termina en la Argentina con otra pésima noticia que se suma a otras conocidas en las últimas semanas: el Tribunal Oral Federal Nº 6 de la ciudad de Buenos Aires le concedió el genocida y torturador probado y confeso Miguel Osvaldo Etchecolatz, ex Director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, el beneficio de la prisión domiciliaria a causa de su "delicado cuadro de salud". El personaje de marras desempeñó aquel cargo entre marzo de 1976 y fines de 1977 y fue la mano derecha de otro asesino de triste memoria, el ex general Ramón Camps. En 1986 Etchecolatz (que actualmente tiene 88 años) fue sentenciado a 23 años de cárcel al ser hallado culpable de 91 casos de tortura. Después de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en 2003 fue condenado por delitos de lesa humanidad en un juicio que se sustanció en el 2006 y donde fue el único acusado. En esa oportunidad se lo condenó a prisión perpetua por seis homicidios. Fue en el juzgado de La Plata donde se ventilaba el caso que un testigo presencial de sus crímenes, al albañil  Jorge Julio López, lo identificó como uno de los torturadores. En su declaración narró entre otras la siguiente escena: “La chica estaba casi a mi lado, en un camastro. Le habían tirado un baldazo con agua y Etchecolatz le pasaba picana...y ella le gritó: "Por favor no me mates, llevame presa de por vida pero dejame criar a mi beba"...y él le sonrió...y delante mío le pegó un balazo ahí mismo. Si la encuentran alguna vez, verán que la cabeza tiene dos agujeros, porque la bala entró por la nuca y le salió por el costado”. Conocida la sentencia, los fotógrafos advirtieron que el genocida había escrito el nombre de López en un pequeño papel, y también una orden: “secuestrar”. El mensaje fue a parar a manos cómplices y obedientes. Tres horas después, López desaparecía para siempre.

Etchecolatz, con un rosario colgando de su cuello y el "papelito" con las instrucciones,

         Teniendo a la vista estos antecedentes, ¿debería concedérsele a Etchecolatz el beneficio de la prisión domiciliaria? Desde el punto de vista ético, filosófico, la respuesta es terminante: no, de ninguna manera. Ni la edad ni una enfermedad deben atenuar la ejemplaridad de la pena que le fue impuesta por la comisión de delitos atroces y aberrantes. Pero, además, hay un antecedente internacional que merece ser tenido en cuenta: es el caso del ex jerarca nazi Rudolf Hess. Este había caído prisionero de los ingleses en una extraña misión que lo había llevado al Reino Unido, supuestamente con el objeto de pactar una tregua con Londres para que los ejércitos hitlerianos librasen una batalla en un solo frente, el oriental, y aplastar a la Unión Soviética que, sin duda, era una vieja aspiración de las potencias capitalistas. Al producirse el derrumbe del Tercer Reich Hess como tantos otros fue juzgado por el Tribunal de Nuremberg y condenado a cadena perpetua el 1º de octubre de 1946. Junto con otras prominentes figuras del régimen nazi fue enviado a la cárcel de Spandau, un enorme complejo carcelario construido por Bismarck en Berlin. El presidio fue diseñado para albergar a 500 prisioneros pero luego de los juicios de Nuremberg trasladaron a todos los presos y la cárcel se destinó exclusivamente a la reclusión de los condenados, custodiados por más de cien guardiacárceles y personal militar de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética. Sólo 7 antiguos jerarcas nazis ocuparon sus celdas y en 1966, con la excarcelación de Albert Speer al cumplirse los veinte años de su condena, el único que permaneció en ese inmenso presidio, en confinamiento solitario y custodiado por un inmenso aparato fue Hess.


Desde los años ochenta algunos sectores neonazis europeos comenzaron a promover abiertamente una campaña para lograr la excarcelación de Hess, aduciendo su avanzada edad (más de 80 años) y sus problemas de salud. Pero tal como lo revelara el periódico británico The Guardian en su edición del 20 de Julio de este año, nada menos que desde 1957 Londres venía sigilosamente solicitando la excarcelación de Hess a las autoridades soviéticas. La reciente desclasificación de los Archivos Nacionales que se hizo efectiva al cumplirse 30 años de la muerte del lugarteniente de Hitler permitió conocer algunos interesantes entretelones anteriormente vedados a la opinión pública, entre ellos la hipocresía de la lucha de las “democracias capitalistas” contra el fascismo. En once ocasiones -¡once, no una!- el Reino Unido demandó de manera unilateral a la URSS la liberación de Hess, y en otras catorce lo hizo de común acuerdo con Washington y París. La última petición británica la firmó Margaret Thatcher el 4 de Octubre de 1982 según consta en los archivos. (ver  https://www.theguardian.com/uk-news/2017/jul/20/uk-pressed-for-rudolf-hess-release-from-spandau-prison-soviets-hitler-thatcher-national-archives) Sin embargo, la absoluta intransigencia de la Unión Soviética frustró esos planes. Esta actitud fue acompañada, si bien discretamente, por el gobierno de Israel. 



El argumento de Moscú se apoyaba en dos consideraciones: uno, la liberación de Hess sería una afrenta a los veinte millones de soviéticos que murieron a causa de la invasión nazi a la URSS; dos, que una tal decisión alentaría la resurgencia del nazismo y el racismo en Europa. Fracasadas estas tentativas de liberación por “causas humanitarias” Hess murió en prisión en 1987, a los 93 años, en misteriosas circunstancias. La versión oficial es que se ahorcó, pero en Londres hay quienes aseguran que fue asesinado para que se lleve a la tumba el secreto de la misión que lo llevara al Reino Unido a inicios de los años cuarenta. De lo anterior se desprende una lección para la Argentina: un gesto supuestamente “humanitario” como el que benefició a un personaje como Etchecolatz -aún más sórdido y criminal que Hess que nunca perpetró por mano propia las atrocidades cometidas por aquel- no sólo es inmoral sino que fomentará el crecimiento de grupos racistas y neofascistas de diverso pelaje y alimentará la ilusión de que sus crímenes, como ocurrió en el pasado, podrían quedar impunes. Y en la Argentina de hoy si hay algo que no necesitamos es precisamente eso.  




Hoy se recuerda el cumpleaños de Jesús, hijo de un artesano y carpintero, vástago de una familia judía de refugiados y migrantes. De niño se destacó por su inteligencia, su humanismo y su finísimo sentido de la justicia que dejó en ridículo a los doctores de la ley del Sanedrín. Echó a latigazos a los mercaderes del templo y condenó la usura. Siempre estuvo del lado del pueblo, de los oprimidos, de los excluidos, de los otros y las otras estigmatizadas como María Magdalena. Condenó la hipocresía y el sesgo antipopular de las leyes que regían en Judea. Crítico implacable del imperialismo de su tiempo; de los lacayos que lo representaban y de los sacerdotes y fariseos que elaboraban doctrinas para demostrar que la fidelidad a Roma era lo mejor que podía hacer el pueblo judío. Se lo recuerda como el primer gran luchador anti-imperialista de la historia. Por su prédica que movilizaba multitudes fue detenido, escarnecido, torturado y en un juicio infame sentenciado a muerte en las pascuas del 33. Nos legó una doctrina basada en el amor, el afán insaciable de justicia y el rechazo al poder del dinero, del imperio y sus sirvientes. Por eso sólo se es verdaderamente cristiano si se es revolucionario. Y nos legó también otra enseñanza: que no basta con poseer las ideas correctas si no se construye una organización capaz de convertirlas en el motor de la historia. Por eso le encomendó a sus apóstoles, a los cuadros de la nueva fe, crear una iglesia para oponerse al imperio romano y al poder establecido en Judea y para construir un nuevo mundo. Camarada Jesús: ¡PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE!


Recordando lo dicho más arriba, amigas y amigos tengan todxs una muy FELIZ NAVIDAD.

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ADDENDUM

CRISTO, fundador del antiimperialismo. (SEGUNDA PARTE)
Como salieron muchos amigxs a criticar lo que digo en el posteo anterior (pero muchos menos de los que manifestaron su acuerdo) transcribo a continuación un pasaje luminoso de Federico Engels, con el que nada menos cierra su célebre "Introducción" de 1895 para la nueva edición de Las Luchas de Clase en Francia de 1848 a 1850 de Karl Marx, misma que termina con las siguientes palabras:
ʺHace casi mil seiscientos años operaba en el Imperio Romano un peligroso ʺpartido revolucionario. Minaba la religión y todas las bases del Estado; negaba categóricamente que la voluntad del emperador fuese la suprema ley; carecía de patria, era internacional; se propagó por todo el reino, desde las Galias al Asia, y aun más allá de los límites del Imperio. Por mucho tiempo había trabajado bajo tierra y en secreto, pero de algún tiempo se sentía lo bastante fuerte para salir abiertamente a la luz del día.



Este partido revolucionario, conocido con el nombre de Cristianos, tenía también una fuerte representación en el ejército; legiones enteras estaban integradas por cristianos. Cuando se les ordenaba asistir a las ceremonias de sacrificio de la iglesia pagana establecida, para servir como guardia de honor, los soldados revolucionarios llevaban su insolencia hasta el grado de fijar en sus yelmos símbolos especiales —cruces—. Las usuales medidas disciplinarias de cuartel, impuestas por los oficiales, demostraban ser inútiles. El emperador, Diocleciano, no podía ya contemplar tranquilamente aquello y ver cómo el orden, la obediencia y la disciplina estaban minados en el ejército. Promulgó una ley antisocialista; perdón, anticristiana. Las reuniones de los revolucionarios fueron prohibidas, sus lugares de reunión cerrados o demolidos, los símbolos cristianos, cruces, etc., fueron prohibidos, como en Sajonia se prohíben los pañuelos rojos de bolsillo. Los cristianos fueron declarados incapaces de ocupar cargos en ol Estado; ni siquiera podían ser cabos. Puesto que en aquel tiempo no había jueces bien ʹentrenadosʹ en lo que respecta a la ʹreputación de una personaʹ, como presupone la ley antisocialista de Herr Koller, a los cristianos simplemente se les prohibía exigir sus derechos ante un tribunal de justicia. Pero esta ley excepcional también resultó inefectiva. En desafío, los cristianos la arrancaron de los muros, más aún, se dice que en Nicomedia incendiaron el palacio del emperador pasando por encima de él. Este se vengó entonces por medio de una gran persecución de su clase. Fue tan efectiva que, diecisiete años después, el ejército se hallaba compuesto en gran parte de cristianos, y el próximo gobernante autócrata de todo el Imperio Romano, Constantino, llamado ʹel grandeʹ por los clericales, proclamó el cristianismo como la religión del Estado.ʺ
¿Quedó clarito ahora?
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