FIDEL: una historia, cinco miradas”

El martes 19 de agosto a las 19hs, en el Comité Central del Partido Comunista (Av.  Entre Rios 1039, Buenos Aires) se inaugurará la muestra fotográfica “Fidel una historia, cinco miradas”.


La exposición que reúne fotografías de Osvaldo Salas, Liborio Noval, Roberto Salas, Pablo Caballero y Alex Castro; contiene una impresionante serie de retratos, en su casi totalidad inéditos,  del líder histórico de la Revolución Cubana desde su salida de la prisión en Cuba, en 1955, y su posterior viaje a Nueva York para organizar y financiar la expedición del Granma, hasta la actualidad. 

La inauguración de la muestra contará con la presencia con la presencia del Embajador de Cuba, Jorge Lamadrid Mascaro; y el Secretario del Partido Comunista de Argentina Patricio Echegaray.


No se la pierdan!

Estados Unidos y Cuba: la USAID y la política de la sedición permanente *

(Por Atilio A. Boron) Días atrás un cable de Associated Press informaba que la USAID, la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo), había enviado a Cuba, como turistas, a un grupo de jóvenes de diversos países latinoamericanos con el objeto de promover la politización y la rebeldía de la, según esa agencia, “apática juventud cubana” e identificar “actores potenciales del cambio social.” [1] La iniciativa se adoptó en Octubre del 2009,  seis días después de que las autoridades de la Isla arrestaran a Alan Gross,  un supuesto experto en cuestiones de desarrollo que, como contratista de la USAID, introdujo ilegalmente tecnologías informáticas en Cuba. Gross había sido recomendado para hacer esa tarea por el Comité Judío Americano y enviado a la Isla con el aparente propósito de ayudar a la comunidad judía cubana a conectarse a Internet.
El reclutamiento y envío del grupo de jóvenes a Cuba es tan sólo uno de los múltiples programas clandestinos que la Casa Blanca utiliza para promover el “cambio de régimen” -un eufemismo utilizado para evitar hablar de “subversión constitucional” o “sedición”- en Cuba y que se lleva a cabo en más de un centenar de  países bajo el paraguas de organizaciones de pantalla como la USAID, la NED (el Fondo Nacional para la Democracia) y un sinnúmero de ONGs o instituciones de diverso tipo, presuntamente interesadas en  la promoción de los derechos humanos, el  cuidado del medio ambiente y el desarrollo. Al igual que en el caso de Gross, la USAID apeló a la tercerización para encubrir su involucramiento en esta operación y contrató a una firma internacional basada en Washington, Creative Associates, que opera en 85 países ofreciendo asesoría y asistencia a programas de desarrollo. Seguramente que de pura casualidad es la misma compañía que, haciendo honor a su nombre, intentó crear una red de mensajes de texto con el nombre de “ZunZuneo”, que intentaba ser una suerte de “Twitter cubano” para favorecer actividades ilegales en la Isla. Para ejecutar la actual misión encomendada por la USAID la citada empresa subcontrató a su vez los servicios de Fernando Murillo, el jefe de una ONG de derechos humanos de Costa Rica, la FOGI (Fundación Operación Gaya Internacional)  quien dirigió el ilegal operativo. De este modo los jóvenes cubanos no tenían como saber que quien estaba detrás de esta iniciativa era el gobierno de los Estados Unidos, que desde el 1º de Enero de 1959 ha hostigado y agredido sin pausa a Cuba. La larga mano del imperio actuaba a través de una compleja cadena de mediaciones que la invisibilizaban por completo.


Es sumamente aleccionador que un programa de este tipo, claramente inamistoso e injerencista, comenzara poco después de la asunción de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos y cuando el nuevo mandatario asegurara a tus colegas de la región presentes en la Vª Cumbre de las Américas (Trinidad-Tobago, Abril 17-19, 2009)  que promovería un “nuevo comienzo” en las relaciones cubano-estadounidenses luego de décadas de hostilidades. Es bien sabido que sus promesas se esfumaron como una niebla matinal, no sólo en relación a Cuba. Así lo comprueban iniciativas clandestinas como la que estamos comentando, las reiteradas y multimillonarias multas aplicadas a empresas extranjeras por el imperdonable delito de comerciar con la Isla y su indiferencia, agravada por tratarse de un Premio Nobel de la Paz, ante el clamor universal que exige la inmediata libertad de los tres héroes cubanos encarcelados en un proceso viciado de irreparable nulidad por luchar en contra del terrorismo. Pero no sólo las promesas de campaña se esfumaron en relación a Cuba; también sucedió lo mismo cuando, para poner apenas un par de ejemplos, elevó el presupuesto militar de Estados Unidos por encima de la barrera aparentemente infranqueable del billón de dólares (cuando se toman en cuenta todos los componentes del gasto militar, incluyendo mercenarios, actividades tercerizadas, obras de reconstrucción de lo que el Pentágono destruye y el presupuesto de la ex VET, Administración Nacional de Veteranos, elevada en 1989 a la categoría de Departamento del Poder Ejecutivo Federal). O cuando el Huffington Post confirma, con datos de la Oficina de Periodismo Investigativo, que el pacífico presidente afroamericano lleva exterminados más de 2.400 personas solamente con sus drones, superando ampliamente el record de su no galardonado predecesor.[2]  De estas inconsistencias se pueden inferir dos conclusiones: una, que Obama miente y su discurso no guarda relación alguna con sus políticas concretas o, dos, que el ocupante de la Casa Blanca tiene escaso control sobre lo que hace la maquinaria gubernamental norteamericana que respondería a lo que algunos politólogos de ese país llaman “el gobierno secreto”, no electo, permanente de Estados Unidos y que un ex presidente, Dwight Eisenhower denominara “el complejo militar-industrial”.  En cualquier caso la inferencia no podría ser más deplorable. [3]

Consultada por AP un portavoz de la USAID dijo que esa agencia y la administración de Obama “están comprometidas a apoyar el deseo del pueblo cubano para determinar libremente su futuro. La USAID trabaja con grupos de jóvenes independientes en Cuba en proyectos de servicios comunitarios, salud pública, las artes y otros … consistentes con programas de democracia en todo el mundo.” En línea con este predicamento Murillo llega a Cuba en Abril del 2010 y se instala en Santa Clara, donde toma contacto con un grupo de jóvenes artistas interesados en música electrónica y la producción de videos. Pero para actuar se necesitaba una cobertura, lo más inocente e inofensiva posible: la FOGI la encontró en la realización de un taller sobre métodos de prevención del VIH, lo cual era, según sus organizadores, la “excusa perfecta”.  El cable de la AP afirma que en un informe de seis páginas elevado a Creative Associates Murillo sólo menciona al HIV  una sola vez para decir que fue “la excusa perfecta para el tratamiento del tema de fondo”. Más adelante ese informe revela la existencia de otro objetivo: “la generación de una red de voluntarios para la transformación social”.


Tres contingentes de jóvenes fueron a Cuba con este propósito, reclutados en Venezuela, Perú y Costa Rica. Los supuestos turistas recibieron instrucciones de reportarse cada 48 horas y un rudimentario código de seguridad para alertar sobre las condiciones en que se desenvolvía su labor. Si sospechaban que la contrainteligencia cubana estaba tras sus pasos debían enviar un mensaje diciendo “me duele la cabeza”, con lo cual la misión debía ser temporalmente suspendida. “Me intoxiqué y tuve que ir al hospital” significaba que el grupo fue detenido e interrogado y que seguirían en la Isla pero sólo como turistas,  y así sucesivamente. En ningún momento  estos “turistas”,  y mucho menos el jefe del operativo, Murillo, dieron a conocer la responsabilidad de la USAID en la organización y financiamiento del proyecto.  Los jóvenes participantes recibían de la FOGI una compensación de 5.41 dólares la hora, aproximadamente la mitad del salario mínimo vigente en Estados Unidos.  Fueron enviados para hacer labores de espionaje y conspiración para promover el derrocamiento del gobierno cubano y de ningún modo podían aducir ignorancia de ello. El costo de la operación habida cuenta de lo que se abonaba por su trabajo a los falsos turistas era irrisorio, y si llegaban a ser apresados Washington podía lavarse las manos pues no eran nacionales de Estados Unidos quienes desenvolvieron esas actividades. Es más, su arresto habría creado un irritante entredicho entre Cuba y tres países latinoamericanos.

Una vez hecha pública la noticia la vocera del Departamento de Estado, Jean Psaki, alabó la decisión del gobierno de Estados Unidos de enviar jóvenes latinoamericanos a Cuba en un programa para promover el cambio de régimen en la Isla. Dijo textualmente que  “Hay programas en el mundo orientados a desarrollar una sociedad civil más vibrante y capaz, consistente con los programas mundiales de promoción de la democracia. Y obviamente este programa estaba en línea con eso” (¡es sabido lo que Estados Unidos quiere decir con “democracia”!).  Por su parte el presidente Barack Obama también salió a defender ese programa –inmoral, clandestino e ilegal- y reconoció que tenía un doble propósito: fortalecer a la “sociedad civil” cubana (otro conveniente eufemismo para no llamar a las cosas por su nombre: sedición) e instruir  a los jóvenes cubanos sobre los riesgos  del HIV.  Es un escándalo que el presidente de un país que se ha arrogado la condición de líder en la lucha por la libertad, la justicia y los derechos humanos haga la apología de una actividad delictiva, que tuvo que ser ocultada ante la ciudadanía que con sus impuestos financia a la USAID para promover el desarrollo y no proyectos sediciosos en terceros países.  Ni Psaki ni Obama pueden desconocer que la legislación de Estados Unidos considera como un crimen federal cualquier acto que “organice, ayude o intente organizar una sociedad, grupo o conjunto de personas que enseñan, promueven o alientan el derrocamiento o destrucción del gobierno.” Es más, el Código Penal estadounidense aclara que “el término ‘organiza’ u ‘organizar’ … incluye el reclutamiento de nuevos miembros, la formación de nuevas unidades, y el reagrupamiento o expansión de las unidades existentes”, y que la penalidad que corresponde aplicar en estos casos es de hasta 20 años de prisión. (U.S. Code § 2385 › Title 18 › Part I › Chapter 115 › § 2385), y el castigo se endurece cuando quien incurre en esas actividades es un extranjero.  La liviandad con la cual Obama se refirió a esta operación clandestina, caracterizada como un crimen en Estados Unidos, contrasta con la fuerte reacción que se manifestó en algunos de los más importantes miembros del Congreso, sobresaliendo entre ellos el senador demócrata Patrick Leahy, titular de la comisión de apropiaciones, quien condenó con duros términos la maniobra. “Es peor que irresponsable” porque, según Leahy, “nunca se debería sacrificar el suministro de programas sanitarios o cívicos en favor de objetivos de espionaje”. 

Bastaría con imaginar cual sería la reacción Washington si se descubriera que un grupo de jóvenes iraníes, iraquíes y afganos ingresaran como turistas y recorrieran universidades  alertando sobre los peligros del HIV y reclutando jóvenes para motivarlos y organizarlos con vistas a derrocar el orden constitucional vigente en Estados Unidos para calibrar la gravedad de lo acontecido en Cuba. Sin embargo, el infame doble rasero del gobierno estadounidense hace que lo que en casa se considere un crimen merecedor de durísimas condenas sea una actividad virtuosa cuando se practica en el exterior. Una muestra más de la descomposición moral de un imperio en decadencia, que no cesa de conspirar para perpetuar a cualquier costo la subordinación de los países que luchan por su dignidad, su emancipación, su libertad.

*  Una versión resumida de esta nota fue publicada en Página/12 (Buenos Aires)  en su edición del Domingo 10 de Agosto del 2014 con el título “La sedición interminable”.





[3] Hemos examinado in extenso este tema en Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del imperio. La violación de los derechos humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009)

6 de Agosto, 2014.

El hongo atómico luego del bombardeo a Hiroshima
En un día como hoy, pero hace 69 años, se cometía un acto de una barbarie inusitada por su mortal eficacia y su descomunal escala destructiva: la ciudad japonesa de Hiroshima era literalmente barrida de la faz de la tierra por una bomba atómica arrojada por el Enola Gay, un bombardero B-29 de los Estados Unidos. En apenas un instante unas 80.000 personas de las 350.000 que vivían en esa ciudad fueron calcinadas y reducidas a cenizas al ser impactadas por un vendaval radioactivo de más de 2.000 grados de temperatura. Al cabo de unos pocos años se sumarían entre 50 y 80 mil nuevas víctimas, aparte de quienes sobrevivieron con terribles quemaduras y lesiones de todo tipo y los nacidos con insanables deformaciones que les marcarían toda su vida. En un alarde de sadismo sin precedentes el presidente Harry Truman ordenaría un segundo bombardeo atómico, esta vez sobre Nagasaki, otra ciudad indefensa al igual que la anterior, exterminando otras  73.000 personas en menos de un segundo. El recuento total de las víctimas que murieron a causa de los dos bombardeos –tanto los que perecieron en el acto como quienes fallecieron con posterioridad- llegaba, en el año 2008, a poco más de 400.000 personas. El relato oficial estadounidense es que el bombardeo atómico precipitó la rendición incondicional de Japón y puso fin a la Segunda Guerra Mundial, ahorrando así miles de vidas de soldados norteamericanos. Pero la historia es diferente.

Hiroshima arrasada, aún en llamas días después
En realidad este brutal genocidio fue un cruel escarmiento porque política y militarmente Japón ya estaba derrotado y su capitulación final era cuestión de días. Derrotado en el Pacífico por Estados Unidos, las tropas soviéticas estaban prestas para invadir a Japón desde Manchuria y sus defensas serían rebasadas con facilitad. Su suerte estaba echada.  Pero esa certidumbre no contaba porque lo que Washington buscaba, aún al precio de perpetrar un horrendo crimen de guerra, era demostrar al mundo quien era la nueva potencia hegemónica del planeta y quien, gracias a su monopolio nuclear, estaba llamada a establecer un “orden mundial” (en realidad, un escandaloso desorden) congruente con sus intereses, y a cualquier precio. Los bombardeos atómicos sobre las dos ciudades japonesas fue una suerte de sacrificio iniciático de la nueva era, concebido para enviar un potente  mensaje para propios (principalmente sus aliados británicos y franceses) y ajenos, como sus ocasionales adversarios alemanes y japoneses, pero sobre todo para la Unión Soviética toda vez que la inesperada llegada del Ejército Rojo a Berlín contenía funestos desafíos para el nuevo orden imperial de la posguerra. Si para que este mensaje fuera comprendido era preciso aniquilar a centenares de miles de personas indefensas se procedería sin remordimiento alguno, como lo proclamarían orgullosamente hasta el final de sus  miserables  vidas los tripulantes del B-29 que destruyó Hiroshima. Afortunadamente el monopolio nuclear en manos de Washington duró apenas unos años, y el chantaje atómico quedó neutralizado por el “equilibrio del terror”. Pero la pesadilla desatada con semejantes actos de barbarie habría de perdurar para siempre.

El 13 de Septiembre de 1945, el NYT tranquiliza a sus lectores

La prensa del establishment acompañó las mentiras oficiales justificatorias de la barbarie cometida aquel 6 de Agosto. Un artículo del New York Times, publicado el 13 de Septiembre de 1945, decía en su título que no había rastros de radioactividad en Hiroshima. Obedecía ciega e irresponsablemente a la censura impuesta por el Pentágono que prohibía hablar de radiación y decía, en cambio, que las víctimas japonesas murieron por el estallido de la bomba. Fue la primera gran mentira de las muchas que hubo sobre el tema. Sin ir más lejos hoy se acusa a Irán de estar empeñado en la fabricación de armamento nuclear mientras se oculta la denuncia hecha por un científico israelí, Mordechai Vanunu, cuando en 1986 reveló al mundo que con la ayuda de Estados Unidos su país estaba construyendo un arsenal de más de 100 ojivas nucleares, más letales que las arrojadas sobre las dos ciudades del Japón. Wanunu fue secuestrado en Roma, condenado por un tribunal en Jerusalén a una pena de 18 años de cárcel acusado de traición y espionaje. Pese a haber cumplido su sentencia (con 11 años y medios en celda de confinamiento solitario) y sin haber nuevos cargos en su contra las autoridades israelíes se rehúsan a otorgarle un pasaporte y le impiden salir de Israel.  ¿Su crimen? Alertar al mundo sobre la posibilidad de que un horror como el de Hiroshima y Nagasaki pueda desatarse en Oriente Medio. Por supuesto, la prensa "seria" ha decretado la muerte civil de Wanunu hace muchos años.   

Como bien recuerda Noam Chomsky, con el fulminante asesinato en masa de varios centenares de miles de personas se cierra una época y da comienzo a otra, más ominosa. Según el lingüista “si alguna especie de extraterrestres fueran a compilar una historia del Homo Sapiens ellos podrían dividir el calendario en dos eras: AAN (antes de las armas nucleares) y DAN (después de las armas nucleares). Esta última se abrió el 6 de Agosto de 1945, el primer día de la cuenta regresiva de lo que podría ser el inglorioso final de esta extraña especie, cuya inteligencia le permitió descubrir los medios efectivos para su propia destrucción pero -como lo sugiere la evidencia- no la capacidad intelectual y moral para controlar sus peores instintos.” Todavía hay esperanzas, pero no deja de ser preocupante el silencio con que ha transcurrido este nuevo aniversario de la atrocidad perpetrada en Hiroshima, sobre todo a la luz de la que en estos días hemos visto en Gaza por un estado 
que dispone de un formidable arsenal atómico y cuyos gobernantes han dado sobradas pruebas de una espeluznante inescrupulosidad moral.

5.8.2014

lea, adhiera y difunda. La población de Gaza necesita que obliguemos a Israel a parar el genocidio.
Fraternal abrazo,

A. Boron






La Paz, Estado Plurinacional de Bolivia
4 de agosto de 2014


EN DEFENSA DE PALESTINA


La Red En Defensa de la Humanidad (REDH), ante los trágicos sucesos que está viviendo el hermano pueblo palestino en Gaza, cumple con su deber de manifestar lo siguiente:

Declaramos nuestra adhesión a las palabras del compañero Evo Morales, fundador de la Red En Defensa de la Humanidad y Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, por las que se declara a Israel como Estado terrorista.

Manifestamos nuestra absoluta repulsa al genocidio que sufre el pueblo palestino a manos de un Estado fundado sobre el despojo y la ocupación colonial de los territorios palestinos.

Reconocemos y expresamos nuestra solidaridad con la heroica lucha del pueblo palestino y de sus organizaciones de resistencia, especialmente en Gaza, contra el intento de Israel de exterminarlo y arrebatarle los jirones que quedan de lo que fue su patria.

Condenamos el rol imperialista de Estados Unidos que alimenta y apoya política, financiera y militarmente a Israel ante la insólita inacción del Consejo de Seguridad de la ONU, cuyas resoluciones sobre la cuestión Palestina son violadas sistemática e impunemente por Washington. Unos Estados Unidos que muestran la hipocresía y el cinismo con el que han venido actuando a lo largo de su historia, amenazando con sanciones e intervenciones a pueblos de América Latina, África y Eurasia que defienden su soberanía al mismo tiempo que respalda la acción de Israel.

Denunciamos la complicidad con estos hechos, por omisión en algunos casos, de los gobiernos de la Unión Europea, así como la subordinación incondicional de los oligopolios mediáticos a los dictados de Washington. ¡Basta ya de llamar guerra al genocidio perpetrado por uno de los ejércitos mejor armados del mundo contra un pueblo cuyos recursos defensivos son infinitamente inferiores en número y calidad!

Animamos a sumarse a la campaña por el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones al Estado terrorista de Israel, siendo hora de la solidaridad activa y creativa, más allá de comunicados de condena. Hemos fallado a las más de 1600 personas asesinadas en Palestina en las últimas semanas, así como a las más de 9000 heridas desde que comenzó la operación terrorista llamada hipócritamente “Margen Protector”.

Exigimos el fin del apartheid y el genocidio, así como de los muros y asentamientos ilegales. Demandamos a los gobiernos del mundo que exijan a Israel el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que lo obligan a retirarse de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental, retornar a las fronteras anteriores a la “Guerra de los Seis Días” (1967) y asegurar el retorno de los refugiados palestinos, tal cual fuera establecido por la Resolución del Consejo de Seguridad Nº 242 del 22 de noviembre de 1967, resolución incumplida hasta el día de hoy por el Estado de Israel.

Nos pronunciamos por una verdadera solución política del conflicto en Palestina sobre la base del diálogo, la negociación y la existencia de dos Estados con iguales derechos y fronteras delimitadas y reconocidas internacionalmente, solución que pasa por el inmediato levantamiento del bloqueo a Gaza y la liberación de todos los presos políticos palestinos. Saludamos la postura solidaria de los gobiernos del ALBA, Mercosur y otros gobiernos del Sur contra la bárbara conducta de Israel en Gaza.

Haciendo nuestras las palabras del revolucionario Nelson Mandela: “sabemos demasiado bien que nuestra libertad será incompleta sin la libertad de Palestina”, afirmamos que Israel ha perdido moral y políticamente esta batalla frente al valiente pueblo palestino y merece la condena creciente de los pueblos del mundo a un Estado “canalla” que viola la legalidad internacional. La indoblegable resistencia palestina tendrá su recompensa más temprano que tarde en la sonrisa de sus niñas y niños en una patria libre.
¡Contra el terrorismo israelí y el imperialismo estadounidense, en defensa del derecho de autodeterminación de Palestina y de todos los pueblos del mundo!


Firmas iniciales:
Evo Morales, Bolivia; Adolfo Pérez Esquivel, Argentina; Pablo González Casanova, México; Eduardo Galeano, Uruguay; Roberto Fernández Retamar, Cuba; Federico Mayor Zaragoza, España; Silvio Rodríguez, Cuba; Luis Arce Catacora, Bolivia; Gianni Vattimo, Italia; Gabriela Rivadeneira, Ecuador; Istvan Meszaros, Hungría/Reino Unido; Samir Amin, Egipto; Alfonso Sastre, País Vasco; Nardi Suxo, Bolivia; Enrique Dussel, México; Marta Harnecker, Chile; Carmen Bohorquez, Venezuela; Cesar Navarro, Bolivia; Miguel Barnet , Cuba; Franz Hinkelammert, Alemania; Héctor Arce Zaconeta, Bolivia; Piedad Cordoba, Colombia; Reverendo Raúl Suarez, Cuba; Martin Almada, Paraguay; Fernando Rendón, Colombia; Graziella Pogolloti, Cuba; Sacha Llorenti, Bolivia; Ana Esther Ceceña, México; Luis Britto, Venezuela; Rafael Cancel Miranda, Puerto Rico; Atilio Boron, Argentina; Theotonio Dos Santos, Brasil ; Alfredo Rada, Bolivia; Piedad Cordoba, Colombia, Farruco Sesto, Venezuela; Ángel Guerra, Cabrera, Cuba/ Mexico, Juan Carlos Trujillo, Bolivia; Mel Zelaya; Honduras; Hildebrando Pérez Grande, Perú; Patricia Villegas, Colombia/Venezuela; Maria Nela Prada, Bolivia; Stella Calloni, Argentina; Omar González, Cuba;; Hugo Moldiz, Bolivia;  Pascual Serrano, España;; Raúl Pérez Torres, Ecuador; Obispo Raúl Vera, México; Joao Pedro Stedile, Brasil; Boaventura de Sousa Santos, Portugal; Rodrigo Álvarez Cambras, Cuba; Socorro Gomes, Brasil; Katu Arkonada, País Vasco/Bolivia;
ESTO ES GENOCIDIO, CRIMEN DE GUERRA, TERRORISMO DE ESTADO, LIMPIEZA ÉTNICA: miralo con tus propios ojos y sacá tus conclusiones. Israel está aplicando contra Gaza la misma metodología con que HITLER aniquiló a los judíos en el gueto de Varsovia. Demolieron ese barrio en una hora, con gente adentro que NO TENIA DONDE IR porque en Gaza ya no hay lugares seguros. Todo está a tiro de cañón o de los misiles israelíes, que el Premio Nobel de la Paz 2009, Barack Obama, sigue suministrando sin pausa al gobierno neonazi de Israel. Confieso que en mi vida vi nada igual, salvo las fotografías del gueto de Varsovia, pero no los vídeos que estoy viendo ahora difundidos a todo el mundo en tiempo real gracias, en buena medida, a TeleSUR. Tampoco hay un registro similar acerca de los bombardeos en Vietnam. ¡Un horror!, magnificado ante el silencio cómplice de gran parte de la dirigencia política mundial y la intelectualidad que, como hicieron ante los crímenes de Hitler en los años treinta, ahora también miran para otro lado y escandalizan al mundo por su indiferencia ante este CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.

http://www.lanacion.com.ar/1714672-un-video-muestra-como-un-barrio-de-gaza-es-reducido-a-ruinas-por-las-bombas-de-israel
No puedo entender como es posible que quienes en la Argentina (y en el extranjero, en algunos casos) se horrorizaron, con razón, ante los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires, y siguen manifestando su condena y exigiendo justicia, ahora se les haya endurecido el corazón de tal manera que permanezcan indiferentes ante las atrocidades, muchísimo más graves, que el Estado de Israel está perpetrando en la Franja de Gaza. 


El sepulcral silencio de esa gente, y de los medios y las instituciones que antes hablaban, acusaban y denunciaban a los gritos lo ocurrido en la Argentina resuena con fuerza atronadora, revelando una duplicidad moral imperdonable y, espero, inolvidable. No deberá haber olvido ni perdón para quienes actúan de este modo, autoproclamados fiscales de la república, siempre dispuestos a denunciar los "atropellos" a los derechos humanos y las libertades en Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Venezuela pero llamados a un escandaloso silencio ante la barbarie desatada por Israel en Gaza que, según el Estatuto de Roma, configura un imprescriptible crimen de guerra: "genocidio."
29.7.2014

Hola todxs: pego a continuación una nota publicada por Página/12 el día de hoy, que actualiza un artículo escrito días pasados y que fuera publicado por varios medios digitales, pero no en este periódico.
Espero les sirva como insumo para facilitar una mejor comprensión de la tragedia en curso en estas horas.

Un barrio de Gaza, antes del bombardeo

El mismo distrito, después del bombardeo

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Página/12
Martes, 29 de julio de 2014 | 17:44

29.7.2014

 Por Atilio A. Boron

¿Qué está sucediendo en Gaza? El gobierno de Israel, un estado que somete a un injusto, cruel e inhumano bloqueo a un diminuto territorio palestino a orillas del Mediterráneo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar por el asesinato de tres jóvenes colonos judíos presuntamente perpetrado por Hamas. Sin pruebas mínimamente convincentes y en medio de una sospechosa operación policial, Jerusalén acusó a esa organización de lo ocurrido con el propósito –como lo reconociera días atrás un apologista de Israel dentro de EE.UU., Zbigniew Brzezinski– de “agitar a la opinión pública en Israel para que justifique su ataque a Gaza”. Y eso fue lo que ocurrió: niños, ancianos, mujeres y hombres caen bajo el fuego de su metralla. Para Netanyahu y su gavilla en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, Ibérico Saint Jean, dijo que “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos”. El gobierno israelí invirtió esa secuencia y comenzó por la población civil, gente cuyo único crimen era vivir en Gaza, y cometió un delito al aplicar una penalidad colectiva para un crimen perpetrado por algunos individuos. Después de este brutal y aleccionador escarmiento invadieron Gaza para aniquilar a los terroristas y sus colaboradores. Israel sabe que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas podía ocasionarle daños de alguna significación. Sus amenazas de destruir al Estado de Israel son bravuconadas que no se corresponden ni remotamente con su poder efectivo de fuego. Pero son muy útiles en la guerra psicológica: sirven para aterrorizar a la población israelí y así obtener su consentimiento para el genocidio y la ocupación de los territorios palestinos. Y también para que Estados Unidos y los países europeos aporten todo tipo de armamentos y amparen políticamente al régimen. Justamente en estos días Israel solicitó a Washington la entrega de 225 millones de dólares adicionales para financiar la producción de componentes de su escudo antimisiles, conocido como “Cúpula de Hierro”. El secretario de Defensa de EE.UU. remitió un mensaje al Senado y a la Cámara de Representantes urgiendo la rápida aprobación de la petición israelí. Si fuese aprobada la ayuda de EE.UU. para estos propósitos ascendería, sólo en 2014, a 500 millones de dólares. La ayuda militar, de cualquier fuente, que recibe Hamas es cero. La desproporción de fuerzas es tan flagrante que hablar de una “guerra” es una broma macabra. Lo dijo Marco Aurelio García, asesor especial de la presidenta Dilma Rousseff: “Lo que estamos viendo en Medio Oriente, por el amor de Dios, es un genocidio, es una masacre”.
Y es así porque Gaza no tiene ejército, no se le ha permitido que lo tenga. Israel tiene uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que le proporcionan Washington y las viejas potencias coloniales europeas. Gaza tampoco tiene una aviación para vigilar su espacio aéreo o una flota que custodie su mar y sus playas. Los drones y helicópteros israelíes sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Las nuevas tecnologías bélicas le han permitido “perfeccionar” lo que hizo Hitler en Guernica. En su furia asesina han bombardeado casas, escuelas, hospitales, recintos de la ONU. Sus poderosos aliados (cómplices de sus crímenes) convalidan cualquier atrocidad. Ya lo hicieron antes, y no sólo con Israel, y lo harán cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia juega a favor de este plan genocida: callaron desvergonzadamente durante la Shoá perpetrada por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódica y periódicamente se está consumando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso: un genocidio. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional estableció en 1998 que “se entenderá por ‘genocidio’ cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. El gobierno israelí incurre en los tres componentes de la definición. El problema para el Estado de Israel, al menos en su actual conformación, es que rara vez el genocidio ha sido un camino hacia la victoria. Hitler asesinó a seis millones de judíos en los hornos crematorios y terminó aplastado por sus enemigos. ¿Por qué pensar que este genocidio tendrá un resultado diferente? Es tal vez por eso que en la entrevista ya mencionada Brzezinski afirmó que con sus políticas Netanyahu “está aislando a Israel y poniendo en peligro su futuro en el largo plazo”.
Destrucción de la mezquita de Al-Tawfeek

Afortunadamente, dentro de Israel hay sectores que reprueban con durísimos términos la conducta seguida en Gaza: un grupo denominado “Judíos contra el genocidio”, el Partido Comunista de Israel junto con el Frente Democrático por la Paz y la (Hadash) han condenado los crímenes perpetrados en Gaza y plantean, además, la legitimidad de la resistencia de cualquier territorio ocupado. Pero hay otros que predican la aniquilación de los palestinos, como Ayelet Shaked, la diputada que instó a las fuerzas de ocupación a matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Y desde el gobierno israelí se trabaja para fomentar la deshumanización del “otro” árabe. Los grandes medios de comunicación y las escuelas enseñan a los niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos, degradados a la condición de una raza despreciable. Para involucrarlos en el esfuerzo bélico se los invita a que escriban mensajes de muerte en los misiles que lanzan sus fuerzas armadas. Otros niños serán los que caerán muertos por esos proyectiles amorosamente dedicados por sus contrapartes israelíes.
Este comportamiento es un escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Lévi-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. La traición a los grandes ideales que el judaísmo aportó a la humanidad no será gratuita. Con su criminal cobardía, con sus delitos de lesa humanidad, con sus prácticas propias del “terrorismo de Estado”, con la violación de la legalidad internacional (desacatando la resolución Nº 242, de noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad exige que Israel se retire de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967), las autoridades israelíes están infligiendo un durísimo golpe a la sustentabilidad a largo plazo del estado de Israel. Su aislamiento en la Asamblea General de la ONU es patético, ejemplificado por su sistemático y solitario acompañamiento a los Estados Unidos en las votaciones sobre el bloqueo impuesto a Cuba. Incluso sus más incondicionales amigos, como Mario Vargas Llosa, no ahorran críticas: después de visitar Gaza en 2005 dijo en el diario español El País: “Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí ... lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz”.

Parece poco probable que la infernal maquinaria bélica israelí pueda hacer un alto y reflexionar sobre el significado de esta traición a los ideales del humanismo judío. Un enfermizo racismo se ha apoderado de los círculos dominantes en la sociedad israelí que le inhibe reaccionar ante las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza o ante la construcción de un ignominioso muro en Cisjordania, o ante la perpetuación y profundización de las políticas de usurpación y despojo colonial. Los horrores padecidos bajo el nazismo parecerían ser suficientes para justificar lo que es a todas luces injustificable e imperdonable. ¿Será así? Pero, en caso afirmativo, la cuestión es: ¿por cuánto tiempo? Pregunta pertinente si se recuerda el dictum de John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. cuando dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”, una frase repetida hasta el cansancio por otro criminal de guerra, Henry Kissinger. Sería bueno que las autoridades israelíes, que dan por descontado un apoyo indefinido de Washington a sus políticas, meditaran sobre este asunto.

“Si yo me callo, gritarían las piedras de los pueblos de América Latina que están dispuestos a ser libres de todo colonialismo después de 500 años de coloniaje.” (Hugo Chávez, entrevista radiofónica, 10 de noviembre de 2007)


En el día de hoy, 28 de Julio, Chávez habría cumplido 60 años. Prematuramente hemos sido privados de uno de los "imprescindibles" en la dura y larga batalla por la Segunda y Definitiva Independencia de Nuestra América. Más allá de la discusión que subsiste al interior del campo antiimperialista –no siempre lo suficientemente sabio como para distinguir con claridad amigos de enemigos- lo cierto es que Chávez marca un antes y un después en la historia de América Latina y el Caribe. Si Fidel fue el gran estratega de tantas batallas libradas contra el imperialismo y el colonialismo, en Nuestra América como en África y Asia, Chávez fue su eximio mariscal de campo a la hora de encarar, en Mar del Plata, en Noviembre del 2005, la batalla decisiva que hundiría el más ambicioso y largamente acariciado proyecto del imperialismo norteamericano en el hemisferio para todo el siglo XXI: el ALCA.
Nutrido por las enseñanzas de Simón Bolívar y por su amigo y maestro cubano (Fidel fue para Chávez lo que Simón Rodríguez fuera para Bolívar); por su inagotable voracidad intelectual que lo hacía estudiar y leer día y noche; y por las lecciones extraídas de sus luchas contra la oligarquía y el imperialismo, el bolivariano fue completando su formación política hasta convertirse, también él, en el gran estratega de la resistencia y la ofensiva antiimperialista en Nuestra América. La UNASUR y la CELAC tienen el sello indeleble de Chávez, como también lo tienen el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe, TeleSUR –amén de los por ahora frustrados Petrosur y el Gasoducto del Sur- y tantas otras iniciativas continentales surgidas de su patriótico latinoamericanismo. Al principio aquellas  fueron descalificadas por muchos políticos e intelectuales de la región como producto de una incontenible megalomanía de Chávez, o de su exaltada “imaginación tropical”. Pero a poco andar, con el fragor de la lucha de clases y la guerra mediática, económica, política y cultural desatada por el imperialismo para reconquistar el control de nuestros países y regresarlos a la condición semicolonial existente en vísperas de la Revolución Cubana aquellos proyectos se revelaron  como las únicas alternativas realistas ante las pretensiones de dominio de Washington. Chávez logró con su prédica y con sus acciones que se hiciera carne en este continente la idea de que la unidad de los países latinoamericanos y caribeños era condición ineludible, inexorable, de su supervivencia como entidades independientes. Que de persistir en la desunión astutamente azuzada por el imperialismo nuestro destino no sería otro que el de ser devorados por él, perdiendo no sólo nuestras riquezas sino nuestra independencia, nuestros valores, nuestra lengua, nuestra cultura. Todo, incluyendo nuestra dignidad.
A esta clarividencia político-estratégica Chávez sumaba una fuerza de voluntad excepcional, una sobrehumana capacidad de trabajo y un carisma y simpatías personales que lo tornaban un interlocutor irresistible y un protagonista político de primer orden. Tenía todo lo necesario para llevar exitosamente a la práctica un proyecto de unidad latinoamericana y caribeña, y por eso nuestros enemigos: el imperialismo y sus aliados, percibieron con claro instinto de clase el peligro que entrañaba su protagonismo continental. Por si lo anterior fuera poco fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano -y en gran medida internacional- la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado.
Por eso pusieron en marcha un plan para acabar con Chávez, como antes lo hicieron con el Che, con Jaime Roldós, con Omar Torrijos, con Juan José Torres, con los generales democráticos chilenos Carlos Prats y René Schneider, con Patrice Lumumba en el Congo y con tantísimos otros líderes políticos que tuvieron la osadía de desafiar los designios del imperialismo. Más pronto que tarde sabremos la verdad de las causas de su muerte. Ya aparecerán nuevas revelaciones de los documentos secretos del gobierno de Estados Unidos en donde los detalles de tan perversa operación salgan a la luz del sol. Pero si acabaron con su vida no pudieron hacerlo con su ejemplo y su legado, que se fortalecen día a día. Ocurrirá con él lo que con el Che: su muerte, lejos de borrarlo de la escena política agigantará su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos. Por una de esas paradojas que la historia reserva sólo para los grandes, su muerte lo ha convertido en un personaje inmortal.


28.7.2014

ACLARACIÓN: Sólo en el día de hoy pude acceder al original del artículo de Eric Hobsbawm que forma parte de un dossier especial publicado por la  London Review of Books  en Enero del 2009. Se trata de un material muy interesante que reúne las opiniones de muy destacados intelectuales sobre el ataque israelí a Gaza que tuvo lugar en Diciembre del 2008. El texto que me habían enviado algunos amigos no era una copia fiel de ese original, y había un párrafo que por faltarles algunas palabras -algo no inusual cuando se envían algunos textos por correo electrónico, sobre todo si no se lo hace con el formato pdf - dieron lugar a que un pasaje del texto de unos cuatro o cinco renglones fuera muy poco inteligible. Eso ha sido corregido y, además, estoy pegando a continuación el texto original. He resaltado en amarillo esa parte del escrito de Hobsbawm para despejar todas las dudas al respecto y lo mismo hice en la traducción al castellano que sigue a continuación. Agradezco a los amigos que me llamaron la atención sobre ese pasaje, lo que confirma una vez más que la batalla de ideas es un proyecto eminentemente colectivo. 
(Los interesados en leer todos los artículos del dossier pueden hacerlo en el siguiente enlace: 
http://www.lrb.co.uk/v31/n02/gaza-writers/responses-to-the-war-in-gaza )


LONDON REVIEW OF BOOKS
 

Eric Hobsbawm

For three weeks barbarism has been on show before a universal public, which has watched, judged and with few exceptions rejected Israel’s use of armed terror against the one and a half million inhabitants blockaded since 2006 in the Gaza Strip. Never have the official justifications for invasion been more patently refuted by the combination of camera and arithmetic; or the newspeak of ‘military targets’ by the images of bloodstained children and burning schools. Thirteen dead on one side, 1360 on the other: it isn’t hard to work out which side is the victim. There is not much more to be said about Israel’s appalling operation in Gaza.
Except for those of us who are Jews. In a long and insecure history as a people in diaspora, our natural reaction to public events has inevitably included the question: ‘Is it good or bad for the Jews?’ In this instance the answer is unequivocally: ‘Bad for the Jews’.
It is patently bad for the five and a half million Jews who live in Israel and the occupied territories of 1967, whose security is jeopardised by the military actions that Israeli governments take in Gaza and in Lebanon; actions which demonstrate their inability to achieve their declared aims and which perpetuate and intensify Israel’s isolation in a hostile Middle East. Since genocide or the mass expulsion of Palestinians from what remains of their native land is no more on the practical agenda than the destruction of the state of Israel, only negotiated coexistence on equal terms between the two groups can provide a stable future. Each new military adventure, like the ones in Gaza and Lebanon, will make such a solution more difficult and will strengthen the hand of the Israeli right wing and the West Bank settlers who do not want it in the first place.
Like the war in Lebanon in 2006, Gaza has darkened the outlook for the future of Israel. It has also darkened the outlook for the nine million Jews who live in the diaspora. Let me not beat about the bush: criticism of Israel does not imply anti-semitism, but the actions of the government of Israel occasion shame among Jews and, more than anything else, they give rise to anti-semitism today. Since 1945 the Jews, inside and outside Israel, have enormously benefited from the bad conscience of a Western world that had refused Jewish immigration in the 1930s before committing or failing to resist genocide. How much of that bad conscience, which virtually eliminated anti-semitism in the West for sixty years and produced a golden era for its diaspora, is left today?
Israel in action in Gaza is not the victim people of history, nor even the ‘brave little Israel’ of 1948-67 mythology, a David defeating all its surrounding Goliaths. Israel is losing goodwill as rapidly as the US did under George W. Bush, and for similar reasons: nationalist blindness and the megalomania of military power. What is good for Israel and what is good for the Jews as a people are evidently linked, but, until there is a just answer to the Palestinian question, they are not and cannot be identical. And it is essential for Jews to say so.
Eric Hobsbawm’s most recent book is Globalisation, Democracy and Terrorism.



27.7.2014

¡Hola! Comparto una breve pero incisiva reflexión del gran historiador marxista y judío Eric Hobsbawm a propósito de los anteriores ataques de Israel a Gaza y al Líbano. Sus palabras conservan una notable actualidad frente al genocidio actualmente en curso, otra vez, en Gaza. A continuación la versión en español (publicada por El Ciudadano, de Chile (http://www.elciudadano.cl/2014/07/25/109731/a-proposito-de-gaza-por-eric-hobsbawm/) pero a la cual le he hecho algunas correcciones que me parecían necesarias. Espero que quede bien claro lo que dice Hobsbawm: que la crítica al estado de Israel no significa antisemitismo, latiguillo con el cual la derecha racista de Israel pretende descalificar las críticas que se les formula a sus criminales políticas.



“Durante tres semanas la barbarie ha sido mostrada ante un público universal, que ha observado, juzgado y, con pocas excepciones, rechazado el uso del terror militar por parte Israel contra un millón y medio de habitantes bloqueados desde 2006 en la Franja de Gaza. Nunca antes las justificaciones oficiales de la invasión han quedado tan claramente refutadas como ahora, con la combinación de cámaras y aritmética; ni el lenguaje de las “objetivos militares” con las imágenes de niños ensangrentados y de escuelas incendiadas. Trece muertos de un lado, 1.360 de otro: no es difícil establecer dónde está la víctima. No hay mucho más que decir acerca de la terrible operación de Israel en Gaza.

Excepto para aquellos de nosotros que somos judíos. En una larga e insegura historia como pueblo en la diáspora, nuestra reacción natural ante eventos públicos ha incluido inevitablemente la pregunta: “¿Es bueno o malo para los judíos?” En este caso, la respuesta es inequívoca: “Malo para los judíos”.

Es claramente malo para los cinco millones y medio de judíos que viven en Israel y los territorios ocupados desde 1967, cuya seguridad se ve amenazada por las acciones militares que los gobiernos israelíes tomen en Gaza y en Líbano, acciones que demuestran su incapacidad para lograr sus objetivos declarados y que perpetúan e intensifican el aislamiento de Israel en un Oriente Medio hostil. Dado que ni el genocidio o la expulsión masiva de palestinos de lo que queda de su tierra natal así como la destrucción del estado de Israel están en la agenda práctica de ambas partes en conflicto, sólo una coexistencia negociada en igualdad de condiciones entre los dos grupos puede proporcionar un futuro estable. Cada nueva aventura militar, como las de Gaza y el Líbano, hará que esa solución sea más difícil y fortalecerá al ala derecha israelí y a los colonos de la Ribera Occidental, que encabezan el rechazo a la solución negociada.

Al igual que la guerra del Líbano en 2006, Gaza ha oscurecido las perspectivas de futuro para Israel. También ha oscurecido las perspectivas de los nueve millones de judíos que viven en la diáspora. Permítanme que no me ande con rodeos: la crítica de Israel no implica antisemitismo, pero las acciones del gobierno de Israel causan vergüenza entre los judíos y, sobre todo, estimulan el antisemitismo de nuestros días. Desde 1945, los judíos, dentro y fuera de Israel, se han beneficiado enormemente de la mala conciencia de un mundo occidental, que había rechazado la inmigración judía en la década de 1930, unos años antes de que permitiera o no se opusiera al genocidio. ¿Cuánta de esa mala conciencia, que prácticamente eliminó el antisemitismo en Occidente durante sesenta años y produjo una época dorada para su diáspora, queda en pie al día de hoy?

La acción de Israel en Gaza no es la de un pueblo que es una víctima de la historia, ni siquiera es el “pequeño valiente” Israel de la mitología de 1948-67, con un David derrotando a todos los Goliaths de su entorno. Israel está perdiendo la buena voluntad tan rápidamente como los EE.UU. de George W. Bush, y por razones similares: la ceguera nacionalista y la megalomanía del poder militar. Lo que es bueno para Israel y lo que es bueno para los judíos como pueblo son cosas que están evidentemente vinculadas, pero mientras no haya una respuesta justa a la cuestión de Palestina no son y no pueden ser idénticas. Y es esencial para los judíos que se diga.”
26 de Julio, 2014

En un día como hoy, pero del año 1953, se producía el asalto al Cuartel Moncada, en la ciudad oriental de Santiago, Cuba. Un total de 135 jóvenes, organizados en tres columnas lideradas por Fidel Castro (27 años), Raúl Castro (22 años) y Abel Santamaría (26 años)...

Fidel, en una foto increíblemente premonitaria, tomada en prisión debajo de un cuadro de José Martí

El Oriente informa de la captura del hermano menor de Fidel, Raúl. 

Abel Santamaría Cuadrado, atrozmente torturado y asesinado por el ejército de Batista una vez hecho prisionero

 ... llevarían a cabo esa acción que terminaría siendo desbaratada por el ejército de Batista, pero que pese a ello marcaría el comienzo del proceso revolucionario que culminaría el 1º de Enero de 1959 con el triunfo del Movimiento 26 de Julio. Fidel y Raúl salvaron milagrosamente sus vidas, no así Abel, quien fue hecho prisionero, torturado salvajemente y asesinado en el cuartel. Con su valentía estos tres jóvenes abrieron las páginas de un nuevo capítulo en la historia de Nuestra América, un continente que después del Moncada y el triunfo de la Revolución Cubana nunca más volvería a ser lo que por tanto tiempo fuera.

A continuación, agrego un extracto de un texto que escribiera como presentación a una nueva edición del alegato en defensa propia presentado por Fidel ante los jueces, una obra maestra de la filosofía política y que luego fuera publicada bajo el título La Historia me Absolverá. No dejen de leer ese discurso, pronunciado por Fidel de corrido, sin tener una hoja ante su vista, ningún escrito, ¡nada! Recomiendo muy especialmente la edición completa del mismo, precedida por un extenso estudio introductorio a cargo de los historiadores cubanos Pedro Álvarez Tabío y Guillermo Alonso Fiel y que fuera publicada en Buenos Aires por Ediciones Luxemburg.  



Prólogo a la historia me absolverá
La premonición de la Historia
Atilio
A. Boron  •
Buenos Aires

Suele decirse que hay textos, libros o discursos que son hacedores de la historia. La metáfora es expresiva pero, a la vez, engañosa. Lo primero, porque hace justicia a la extraordinaria importancia que un escrito puede excepcionalmente adquirir en el desencadenamiento de grandes procesos históricos. Pero también engañosa porque en su formulación inicial oculta un hecho decisivo: son hombres y mujeres quienes realmente hacen la historia. Las 95 tesis que el monje Martín Lutero clavara en las puertas de la Catedral de Wittenberg en 1517 no hubieran pasado de ser una disputa conventual, un intrascendente berrinche del monje agustino si no fuera porque tuvieron la capacidad de captar la sensibilidad de su tiempo. Fue sólo cuando las ideas del clérigo –aquel “rayo del pensamiento”, apelando a la expresión utilizada por el joven Marx a propósito de este asunto– tomaron contacto con el suelo popular que se convirtieron en poderosos instrumentos de transformación social. Algo parecido puede decirse de El Contrato Social, de Jean-Jacques Rousseau que, por supuesto, no “produjo” la Revolución Francesa ni ocasionó las guerras de la independencia de las colonias españolas en las Américas. Pero al igual que en el caso anterior, el escrito del ginebrino sintetizó, de algún modo, las aspiraciones de una época y permitió imaginar los contornos de la nueva sociedad que se estaba gestando en el vientre de la vieja. Lo mismo vale en relación a otro texto extraordinario, el Manifiesto Comunista escrito por aquellos dos geniales jóvenes alemanes a comienzos de 1848 y que con el correr de los años habría de convertirse en el heraldo de una nueva etapa histórica. Otro tanto puede decirse, por último, de El Estado y la Revolución, escrito por Lenin en medio de los fragores de la primera revolución socialista de la historia. No fueron los libros, o los panfletos, sino la articulación entre estos y las luchas de los pueblos los que movieron la historia.

La coyuntura del ‘53

La historia me absolverá pertenece a este mismo ilustre género. Se trata de un alegato extraordinario, un texto impresionante, sin duda uno de los más importantes de la historia latinoamericana, tanto por su contenido como por las condiciones bajo las cuales se produjo. Como es bien sabido, el 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes que constituían la oposición revolucionaria a la dictadura de Fulgencio Batista –avalada y sostenida militar y financieramente por el gobierno de Estados Unidos– se propuso tomar por asalto los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, y Moncada, de Santiago de Cuba. Esta radical decisión fue precipitada por la acelerada descomposición del régimen político batistiano y la capitulación de la oposición legal al mismo. Por ese entonces Fidel militaba en el Partido del Pueblo Cubano (PPC), una organización de vaga inspiración socialdemócrata, fundada por un honesto político cubano, el senador Eduardo Chibás, en 1947, como un desprendimiento del por entonces gobernante Partido Auténtico. La corrupción generalizada y la total capitulación de la dirigencia política, económica y social provocó el espectacular suicidio de Chibás en 1951, transmitido literalmente “en vivo” al final de una de sus periódicas, y muy populares, alocuciones radiofónicas. Fidel permaneció en el partido y al año siguiente fue designado como candidato a diputado para las elecciones previstas para junio de 1952. Pero el 10 de marzo se produjo el golpe de estado del coronel Fulgencio Batista, y el proceso electoral fue abortado.

Fidel había reiteradamente manifestado su disconformidad con la línea vacilante del PPC y la paralizante inoperancia de la oposición legal ante un régimen que, en plena Guerra Fría y alentado por sus mentores de EE.UU., se limitaba a la denuncia y a las protestas en el ámbito del Congreso. Sin embargo, su exigencia de que el partido adoptase una estrategia de oposición extraparlamentaria –apelando con esto a la mejor tradición revolucionaria cubana– había sido desoída. La pusilánime respuesta que el PPC ofreció ante el golpe de estado batistiano y su descarada violación de la Constitución de 1940, influida, según Fidel, “por las corrientes socialistas del mundo actual”, y cuyos contenidos progresistas reflejaban un momento de auge de la lucha de clases en Cuba, precipitaron la ruptura de Fidel con la dirección del PPC y su pasaje a la clandestinidad (p. 101).

Fue a partir de esos momentos cuando, bajo la dirección de Fidel, el grupo de jóvenes revolucionarios adoptó una estrategia insurreccional. Esta tenía como momento inicial la captura de un sitio emblemático de la dictadura para, a partir de ahí, precipitar la sublevación popular en una ciudad o una región. Dada la densa y prolongada tradición de lucha y rebeldía popular que desde la época de la colonia caracterizaban a la provincia de Oriente, cuna de las guerras de la independencia y el lugar donde, junto con Máximo Gómez, Martí desembarcara en 1895 para librar la que sería su última batalla por la liberación de Cuba, los revolucionarios decidieron atacar los mencionados cuarteles en el año en que se cumplía el centenario del nacimiento de José Martí. El ataque se llevó a cabo el 26 de julio y debido a circunstancias que el mismo Fidel explica en su alegato terminó en una derrota de las fuerzas insurgentes. Sesenta de los 135 integrantes del comando revolucionario cayeron, en su mayoría luego de que cesara el combate, víctimas de salvajes torturas y fusilamientos a mansalva. Fidel y un puñado de sus hombres lograron replegarse a la montaña, pero el 1º de agosto fueron arrestados por una patrulla del ejército cubano. Luego de permanecer más de dos meses en confinamiento solitario y bajo durísimas condiciones carcelarias, el 16 de octubre comienza un proceso legal en su contra y en el cual, dada la absoluta falta de garantías, el joven abogado de 27 años decide asumir su propia defensa.

Martí, Gramsci y la “batalla de ideas”

... Por empezar, el juicio no se llevó a cabo en ningún edificio del poder judicial de Santiago, sino en una pequeña sala de la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil de esa ciudad. Para ello, nada mejor que reproducir textualmente lo que una periodista que pudo estar presente en el juicio, Marta Rojas, escribió en aquella jornada:

El acusado doctor Fidel Castro no ha hecho ni un alto en su informe, a veces alza la voz, y él mismo se contiene; en instantes se inclina sobre la mesita que tiene de frente y casi habla en secreto. A medida que habla, improvisando siempre, hay más silencio en el recinto, no se escucha ningún otro sonido más que su voz pausada, como si conversara con todos, mira fijo al tribunal que lo atiende con gusto [...] los soldados están apiñados en la puerta y no disimulan su atención. A veces posa su vista en el retrato de Florence Nigthingale que preside el saloncito de las enfermeras y parece que conversa con ella. No tiene ni un papel, ni un libro con él [...] Todas las personas que lo han escuchado comentan su talento. Improvisó la pieza completa y la coloreó con pensamientos ajenos (de juristas), con trozos de alegatos y sobre todo con las palabras textuales de José Martí. Su postura [...] ha despertado verdadera admiración para con el revolucionario.
Haydée Santamaría y Melba Hernández, dos heroínas de la revolución
El excepcional alegato de Fidel –no improvisado sino profundamente meditado y sopesado, pero que fluía de su pensamiento con la frescura de las ideas que son dichas por primera vez– pronto trascendió las paredes de la Escuela de Enfermeras. Pese a la férrea censura de prensa, el pueblo cubano había comenzado a conocer los pormenores del asalto al Moncada. En principio, gracias a la irrefrenable indiscreción desatada, especialmente entre los asistentes de origen popular al singular proceso judicial, por la elocuencia y la contundencia argumentativa de Fidel que hizo que su alegato corriera como un reguero de pólvora por Santiago; y poco después, debido a la distribución clandestina del discurso, tarea a la que se entregaron con heroísmo y eficacia Haydée Santamaría y Melba Hernández, una vez cumplidas sus condenas. Remito al lector a la “Introducción” de Pedro Alvarez Tabío y Guillermo Alonso Fiel, con la que se abre la presente edición del alegato de Fidel, para un detallado conocimiento de las ingeniosas estrategias desarrolladas por este para re-escribir lo que había sido escrito y perdido, logrando la verdadera proeza de hacerlo en su celda y enviarlo extramuros burlando la vigilancia de sus carceleros. El 26 de julio no sólo tenía un líder de excepcional estatura política e intelectual; también disponía de una organización que estaba a su misma altura y que hizo posible “rearmar” La historia me absolverá a partir de cientos de pequeños fragmentos hábilmente remitidos desde la cárcel.
Para Fidel era evidente que no podían ahorrarse esfuerzos a la hora de librar lo que, utilizando un lenguaje de nuestros días, podríamos llamar la “batalla de ideas”. Esta era necesaria para contrarrestar los efectos negativos que, para el curso de la revolución, se desprendían de la derrota militar del 26 de julio. En un mensaje que hace llegar a sus compañeros desde su cárcel en la Isla de Pinos les dice que “no se puede abandonar un momento la propaganda, porque es el alma de toda la lucha”. En una síntesis magistral dice que “lo que fue sedimentado con sangre debe ser edificado con ideas”, advirtiendo además que en su alegato “está contenido el programa de la ideología nuestra, sin la cual no es posible pensar en nada grande”. De ahí su importancia decisiva. Citando a Martí, diría en su alegato que “un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército” (pp. 41-42). La derrota militar obligaba pues a emprender una nueva batalla, esta vez saliendo a disputar con “las armas de la crítica” en el terreno de las ideas y el sentido común, requisito indispensable para la construcción de una nueva hegemonía. En este sentido puede decirse que Fidel aplica en la vida práctica de la lucha revolucionaria las recomendaciones formuladas, poco más de veinte años antes y también desde la cárcel, por el fundador del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci: la conquista de la hegemonía es condición necesaria para el triunfo de la revolución. “La crítica de las armas” es infecunda si no va acompañada por “las armas de la crítica”. Martí y Gramsci constituyen el fundamento moral y político de la estrategia de Fidel.
Los resultados quedarán a la vista cuando, forzado por el clima de opinión crecientemente adverso generado por la extraordinaria divulgación del alegato, el tirano no tuvo más opción que la de amnistiar a Fidel, a su hermano Raúl y otros 18 participantes del asalto al Moncada. Su liberación se produciría el 15 de mayo de 1955 y la llegada de Fidel a la estación ferroviaria de La Habana se convirtió en una manifestación multitudinaria, cuyas proporciones sobrepasaron todo lo que los jóvenes revolucionarios esperaban. La concientización y movilización del pueblo cubano instalaban el proceso revolucionario en una nueva meseta, pero exigían un cambio radical de estrategia. El exilio de Fidel en México, a partir de julio de ese mismo año, y la fundación del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y el encuentro con el Che serían los hitos de una historia destinada a culminar victoriosamente el 1º de enero de 1959.


Y, a continuación, los párrafos finales del célebre discurso de Fidel:

"Termino mi defensa, no lo haré como hacen 
siempre todos los letrados, pidiendo la libertad del 
defendido; no puedo pedirla cuando mis compañeros 
están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa 
prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte, 
es inconcebible que los hombres honrados estén 
muertos o presos en una república donde está de 
presidente un criminal y un ladrón.

A los señores magistrados, mi sincera gratitud 
por haberme permitido expresarme libremente, 
sin mezquinas coacciones; no os guardo rencor, 
reconozco que en ciertos aspectos habéis sido 
humanos y sé que el presidente de este tribunal, 
hombre de limpia vida, no puede disimular su 
repugnancia por el estado de cosas reinantes que 
lo obliga a dictar un fallo injusto. Queda todavía 
a la Audiencia un problema más grave; ahí están 
las causas iniciadas por los setenta asesinatos, es 
decir, la mayor masacre que hemos conocido; los 
culpables siguen libres con un arma en la mano que 
es amenaza perenne para la vida de los ciudadanos; si 
no cae sobre ellos todo el peso de la ley, por cobardía 
o porque se lo impidan, y no renuncian en pleno 
todos los magistrados, me apiado de vuestras honras 
y compadezco la mancha sin precedentes que caerá 
sobre el Poder Judicial.

En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no 
la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de 
ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como 
no temo la furia del tirano miserable que arrancó la 
vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no 
importa, la Historia me absolverá."
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