23.6.2016
Comienza el camino hacia la paz definitiva; paz con justicia social, sin la cual la primera es una ilusión. Ojalá que ahora se pueda avanzar a lo largo de esta ruta erizada de peligros y acechanzas de todo tipo. Porque son todavía muchos los que en Colombia, y en Estados Unidos (recordar las 7 bases concedidas por Uribe a las tropas del Pentágono) no quieren la paz, para quienes la guerra es un redituable negocio. Confío en que el pueblo colombiano logrará prevalecer sobre las minorías reaccionarias que viven del conflicto armado.


Y corresponde rendir este pequeño homenaje a dos figuras gigantescas, que fueron las que se empeñaron en la búsqueda de la paz cuando nadie la creía posible: Hugo Chávez y Piedad Córdoba. Esto que hoy se ha logrado se le debe en gran medida a que ellos descubrieron ese camino de la paz, a su incansable labor, contra viento y marea, enfrentando todo tipo de amenazas y presiones. Salud Piedad, un gran abrazo para tí !!!, y un postrero reconocimiento al comandante Hugo Chávez, porque este logro es una conquista histórica de muchos, pero sobre todo de ustedes dos, que creyeron que la paz era posible cuando casi nadie lo creía.
16.6.2016

¡Hola!  Comparto una entrevista que me hiciera la televisión cubana hace algunas semanas. Próximamente habrá una versión en Youtube con mejor definición. Mientras, les dejo esta.



http://www.cubatv.icrt.cu/video/5ac569b033e611e6b86e005056010940/entrevista-exclusiva-atilio-boron/



10.6.2016

Hoy se cumplen seis meses de gobierno de Mauricio Macri. Comparto una breve reflexión sobre el tema. 

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"Pocas veces se ha visto un gobierno que de forma tan rotunda ratificara la verdad contenida en algunas tesis medulares de la teoría política. Una, formulada por Agustín de Nipona en el siglo IV cuando se preguntaba:  “Sin justicia ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?” En línea con este razonamiento Tomás Moro, ya en los albores del siglo XVI decía en su célebre Utopía que al contemplar a las florecientes repúblicas de su tiempo no veía otra cosa que “una gran cuadrilla de gentes ricas y aprovechadas que a la sombra y en nombre de la república trafican en su propio provecho.” A mediados del siglo XIX Marx y Engels confirmarían la veracidad de aquellas premonitorias observaciones escribiendo que el “Estado es el comité que administra los asuntos comunes de la clase burguesa.” 



En un continente infestado por la presencia de una derecha cada vez más inescrupulosa y voraz la gestión de Cambiemos al frente de la Casa Rosada sobresale por la radicalidad de su proyecto reaccionario. Un breve balance de sus primeros seis meses demuestra que su preocupación excluyente fue ejecutar una acelerada transferencia de ingresos y riquezas a favor de las clases dominantes, exacerbar la expoliación de trabajadores y consumidores, blindar mediáticamente al nuevo elenco gobernante (para que sus delitos, transgresiones, incompatibilidades y conflictos de intereses sean ocultados ante los ojos de  la opinión pública) y arrojar por la borda cualquier pretensión de autodeterminación nacional, atando la Argentina al carro del imperio y asumiendo con estúpido regocijo un nuevo status semicolonial. Pocas veces se ha visto un gobierno con tan poca sensibilidad social, incapaz de comprender que los brutales ajustes en las tarifas de los servicios públicos no tienen la menor posibilidad de ser abonados por los usuarios. Un gobierno de prepotentes oligarcas corporativos sin ningún contacto con la vida real, las privaciones, los sacrificios y los sufrimientos de la enorme mayoría de la población. Minoría opulenta y autoritaria que en los últimos años multiplicó de modo obsceno su riqueza y que, ya en el poder del Estado, se ensaña vengativamente con el resto de la sociedad a la cual culpan de haber sido el soporte material del “populismo” y a la cual, en ejemplar escarmiento, confiscan ahora sus miserables ingresos por la vía de las tarifas, y en poco tiempo arroja a la pobreza a más de un millón de personas. Un gobierno como este, que desprecia los más elementales preceptos de la justicia social y la equidad sería considerado por Agustín y Tomás (santificados a regañadientes por una Iglesia históricamente aliada al poder social) como una conspiración de ladrones. Y por Marx y Engels como una confabulación de los ricos para saquear a la sociedad en nombre de la república y la democracia, aún a riesgo de incendiar el país. ¿Suena exagerado? No, es apenas una sobria descripción del tipo de gobierno que hay en la Argentina. No estamos inventando nada. Simplemente haciendo una radiografía política, penosamente verdadera. Y la verdad siempre es revolucionaria."


5.6.2016
Comparto esta reflexión sobre la Argentina actual, la semi-democracia o el semi-autoritarismo y la semi-colonia

"Involuciones"

(Por Atilio A. Boron) Con el cambio de gobierno la Argentina ha experimentado un doble tránsito involutivo. Por un lado, desde una democracia capitalista -con todas las insalvables limitaciones que el capitalismo impone a la democracia, sobre todo en la periferia del sistema- a un régimen semi-autoritario o, para decirlo con palabras un poco más amables, a una democracia de baja intensidad; por el otro, una transición desde un estado soberano a otro de carácter semi-colonial, presto a obedecer los mandatos emanados de Washington alineándose incondicionalmente con la política exterior de Estados Unidos.
En relación a la primera involución los gestos y las decisiones políticas adoptadas por la Casa Rosada han sido de una elocuencia ejemplar y sería ocioso enumerarlos en su totalidad. Baste en cambio señalar apenas los más importantes: la autocrática pretensión de designar por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del Poder Ejecutivo a dos jueces de la Corte Suprema; la aplicación de una brutal terapia de shock para “sincerar” la economía argentina, eufemismo acuñado para ocultar el saqueo del “tarifazo”, la caída del salario real, el aumento del desempleo, la disparada inflacionaria y el vertiginoso crecimiento de la pobreza; la escandalosa transferencia de ingresos realizada en los primeros meses del gobierno, calculada en poco más de 20.000 millones de dólares producto de la eliminación de las retenciones (impuesto a las exportaciones) del agronegocio, la minería y los hidrocarburos. En el terreno político se registra un debilitamiento del impulso democrático cuando se toman decisiones trascendentales sin un previo debate público y en función de criterios supuestamente técnicos. Un gobierno que se impuso en el balotaje con un exiguo 51.4 % de los votos y que actúa como si su legitimidad de origen reposara sobre un mandato popular conferido por el 70 % o más de los electores, sin reparar que se yergue sobre un país partido en dos y que la búsqueda del diálogo y el consenso tantas veces pregonado por los personeros de Cambiemos durante la campaña electoral es un imperativo categórico que fue velozmente archivado una vez que Mauricio Macri llegara a la Casa Rosada. El caso de los desorbitados aumentos en los precios de los servicios esenciales como el agua, la electricidad, el gas y el transporte impuestos sin las necesarias audiencias públicas previas que establece la legislación argentina ilustra con elocuencia lo que venimos diciendo. Es cierto que, en algunos casos, ante el descontento popular y los límites impuestos por fuerzas políticas de la oposición el gobierno se avino a revisar sus propuestas. Pero sus intenciones originales eran otras, y si aceptó la negociación democrática lo hizo a regañadientes y porque no tenía otra alternativa. Por otra parte, la misma composición del elenco gobernante con una significativa presencia de CEOs de grandes transnacionales echa luz sobre el carácter oligárquico del gobierno, que se ve ratificado no sólo por el origen social de los supuestos representantes de la voluntad popular encumbrados en las alturas del aparato estatal sino fundamentalmente por las políticas que promueven que, al menos hasta el momento, sólo han beneficiado a las clases dominantes y perjudicado a todas las demás. Involución autoritaria que se confirma también cuando se nota la asfixiante uniformidad comunicacional (salvo muy contadas excepciones) que hoy sufre la Argentina debido al DNU 267 de Macri que derogó parcialmente la Ley de Medios –manotazo presidencial lamentablemente convalidado después por la Cámara de Diputados- cuyo objetivo era precisamente la democratización de la esfera pública. Por eso episodios tan graves como los que revelaron los Panamá Papers, y que comprometen la propia figura presidencial, han sido meticulosamente blindados ante los ojos de la población por un sistema de medios cuya misión parece ser manipular o confundir a la opinión pública en lugar de informarla. La voluntad de imponer el “pensamiento único” amparado por el oficialismo se manifestó en la eliminación de la grilla de los canales de cable de la señal noticiosa internacional de TeleSUR, condenando a los argentinos a escuchar tan sólo lo que el imperio considera apropiado, coartando de raíz cualquier posibilidad de contraponer hechos e interpretaciones alternativas. Por comparación al pluralismo de voces y opiniones que hasta hace pocos meses existía en la Argentina, que sin dudas no era el ideal por el aplastante predominio que aún así conservaban los medios hegemónicos, la situación actual no puede sino calificarse como un lamentable retroceso que empobrece la conciencia de la ciudadanía y carcome la vitalidad de la democracia porque ésta adquiere una existencia meramente espectral cuando lo que predomina en el sistema de medios es una sofocante oligarquía comunicacional. En esta tendencia se inscribe la más reciente decisión del gobierno nacional derogando parcialmente, también por un DNU, un decreto del Presidente Raúl Alfonsín del año 1984 que consagraba el control civil de las fuerzas armadas. Según el mismo era el Ministerio de Defensa quien entendía y resolvía todo lo relativo a los ascensos, traslados, designaciones, premios y otras cuestiones relativas al funcionamiento de las instituciones militares. La supremacía civil sobre las fuerzas armadas es una de las señas distintivas de la democracia y lo que, hasta ahora, distinguía a la Argentina del resto de los países de la región. Lo que hace el DNU de Macri es debilitar esa supremacía y alentar la autonomía corporativa de los uniformados, lo que acercaría la Argentina a la triste situación imperante en países como Brasil y Chile, en donde las iniciativas de verdad, justicia y castigo a los responsables de los crímenes perpetrados por las dictaduras se estrellaron contra el veto del establecimiento militar.



La segunda involución es la que se produjo cuando el gobierno abandonó cualquier pretensión de autonomía en materia de política exterior haciendo suya la agenda, las prioridades (¡y los conflictos!) de los Estados Unidos. La Argentina ya intentó probar las virtudes de la sumisión neocolonial en los nefastos años noventas, durante la presidencia de Carlos S. Menem y así nos fue. Sin recibir nada a cambio, ningún beneficio especial como recompensa a tanta obsecuencia oficial, se pagó un precio atroz por tanta obsecuencia: 106 personas perdieron la vida en los dos atentados en contra de la Embajada de Israel y la AMIA, en represalia por la participación argentina en la Primera Guerra del Golfo. ¿Por qué la historia habría de ser diferente esta vez? La vociferante ofensiva en contra de una política exterior latinoamericanista -la única sensata en un sistema internacional atravesado por amenazantes turbulencias- que se expresa en la deserción del macrismo frente a proyectos como los de la UNASUR y la CELAC nada bueno presagia para el tan cacareado como enigmático “regreso al mundo” de la Argentina. Precisamente, una inserción fecunda en él sólo será posible desde una postura de autonomía -por supuesto que siempre relativa- que preserve los intereses nacionales y no desde una condición de sumiso peón en un peligroso tablero mundial cuyas fichas el emperador mueve a su antojo, y solamente atendiendo a sus propios intereses y no a los de sus serviles vasallos. En las últimas semanas esta actitud ha sido atemperada, por razones oportunistas, debido a que la postulación de la actual canciller Susana Malcorra a la Secretaría General de la ONU requiere un cierto consenso entre los países del área y otros del Tercer Mundo, algo imposible de lograr si con tono desafiante se exaltan las virtudes del alineamiento automático con Estados Unidos. Pese a la mayor cautela en la retórica primermundista las incorrectas decisiones de fondo del gobierno de Macri siguen en pie. La adhesión a la Alianza del Pacífico sólo puede traer renovadas dificultades para la Argentina, lo mismo que el eventual ingreso al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés), habida cuenta de que ambas iniciativas fueron diseñadas por Washington con un claro propósito geopolítico: contener y, de ser posible, revertir la creciente gravitación de China en la economía y la escena internacionales. Pero el gigante asiático es uno de los dos principales socios comerciales y financieros de la Argentina, por lo cual asociar este país a acuerdos concebidos con tal objetivo difícilmente puede servir para mejorar los vínculos entre Beijing y Buenos Aires. Tampoco servirá para robustecer las relaciones con Rusia, un importante foco de poder en el cambiante sistema internacional. Por otra parte, a nadie se le escapa que el TPP, que es el proyecto más ambicioso, ha despertado crecientes resistencias en buena parte del mundo. Y que la Alianza del Pacífico es una inverosímil creación estadounidense que congrega a cuatro países: México, Colombia, Perú y Chile que mantienen tenues vínculos comerciales entre sí, con lo cual sus motivaciones geopolíticas “anti-chinas” afloran con inusitada transparencia y no han pasado desapercibidas para los gobernantes de la China. Países, además, en donde dos de ellos, México y Colombia, han sido devastados por el narcotráfico que ha infestado todos los estamentos de la vida estatal. No parece una buena opción para la Argentina subirse a un vehículo tripulado por semejantes actores. Pese a estos antecedentes, subsiste en el gobierno la ilusoria y suicida creencia de que con la sumisión al imperio este país se verá favorecido por una lluvia de inversiones externas. El abandono de una política exterior independiente -que por serlo ha generado la permanente animosidad de los Estados Unidos desde la época del Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826- sólo puede traer nuevos infortunios a la Argentina. Para los muchos y muy diversos enemigos que Washington tiene en los cinco continentes el nuevo e indefenso aliado sudamericano será un blanco fácil de atacar, mientras que la burguesía imperial jamás estará dispuesta a recompensar a su voluntario peón con la magnanimidad que el ocupante de la Casa Rosada imagina. No lo hizo con México ni con los otros integrantes de la Alianza del Pacífico, y menos lo hará con la lejana e impredecible Argentina. Para concluir, este doble tránsito hacia el semi-autoritarismo y la semi-colonia nada bueno augura para el futuro de este país.



25.5.2016

Hola todas y todos:

Les cuento que me espera un fin de semana intenso por demás. Este Viernes, en horario vespertino, 20 horas, estaré ofreciendo una conferencia sobre la problemática geopolítica contenida en el Plan Belgrano que el gobierno de Mauricio Macri ha elaborado para la integración física del Norte argentino. El evento tendrá lugar en la sala de exhibiciones cinematográficas de la Universidad Nacional de La Rioja.


Y ya que ando por la zona, el Domingo y Lunes próximos ofreceré otras dos conferencia en San Juan, como puede verse en las siguientes imágenes.
El Domingo,


Y el Lunes, con lo que reste de mí:




En todos los casos, la entrada es libre y gratuita. Los espero.


19 de Mayo, 2016

La escena en un aula de la Flacso, Santiago de Chile, Agosto de 1967. Los alumnos de las dos maestrías que se dictaban en aquel momento, una en Sociología y otra en Ciencia Política, esperan con entusiasmo la llegada de un nuevo profesor de economía: un joven exiliado brasileño, con impecables antecedentes de izquierda, que por primera vez dictaría un curso a nivel de posgrado. El Director de la institución hace la presentación de rigor y poco después el profesor pasa a explicar su programa, cosa que hace en un buen “portuñol” y con marcado acento brasileño que servía para matizar la aridez de su discurso. El contenido y la bibliografía son rigurosamente marxistas, sin la menor fisura por la cual pudiera deslizarse alguna otra vertiente de pensamiento económico.

Cuando terminó su exposición un pesado silencio descendió sobre la sala. Yo era uno de los estudiantes y me llamó la atención el hermetismo teórico del programa. Había ya hecho un curso de Economía Política en la Argentina, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, con la inolvidable Rosa Cusminsky, que luego del golpe de 1976 logró exiliarse en México y continuar con su labor docente en la UNAM. En el curso dictado por Rosa, una marxista “convicta y confesa”, como se declarara José Carlos Mariátegui, estudiamos por supuesto a Marx (algunos pasajes de El Capital, leímos con fruición Salario, Precio y Ganancia, ojemos el Anti-Duhring) pero también vimos a John M. Keynes, Joseph Schumpeter, Joan Robinson, Arthur Pigou y John K. Galbraith. Rompí el silencio y, con mucho tacto, le pregunté al novel profesor si no iríamos a estudiar también la obra de algunos de estos autores que la buena de Rosa nos había hecho leer, en mi caso cuando aún no había cumplido dieciocho años. La respuesta me dejó helado, pues indignado, se volvió hacia mí y me dijo, con un tono amenazante y agitando con fuerza su dedo índice de la mano derecha: “Mire jovencito: si usted quiere perder el tiempo estudiando esa basura burguesa no tiene nada que hacer en mi curso.” Intimidados por la violencia verbal del profesor nadie tuvo la osadía de abrir la boca. Este comenzó a dictar su materia y yo ni siquiera me molesté en tomar notas, cosa que hago habitualmente.

Al terminar la clase me marché y nunca más regresé a su curso. Tuve suerte, porque en aquellos años Chile era la Atenas latinoamericana y completé mi formación económica de la mano de dos formidables maestros: Celso Furtado y Osvaldo Sunkel que dictaban sendos cursos en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile que, como era previsible, fueron muy superiores al que dictara mi censor. Este inició una notable carrera académica y política y debo reconocer que durante el gobierno de Salvador Allende fue un estrecho colaborador de su Ministro de Economía, Pedro Vúskovic. Se también que la pasó muy mal con el golpe de Pinochet y que a duras penas logró salir de Chile. Al igual que yo fue a Estados Unidos y obtuvo un doctorado en Economía en la prestigiosa Universidad de Cornell. Luego de eso pasó un tiempo en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y tras catorce años de exilio regresó a Brasil, donde de la mano de su mentor y protector en Chile, Fernando Henrique Cardoso, llegó a ser diputado federal, senador, alcalde y gobernador de Sao Paulo y dos veces candidato a presidente, siendo derrotado una vez por Lula en el 2002 y otra vez por Dilma en el 2010. En su campaña presidencial del 2002 sus diatribas e infamias en contra de Hugo Chávez Frías adquirieron una lamentable notoriedad, y su inquina en contra de todo lo que tenga que ver con Chávez y el chavismo, con el bolivarianismo y la revolución, persiste hasta el día de hoy, alimentada por su visceral odio al PT y a todo lo que se le parezca, culpable de su frustración política.



Su adhesión a la derechizada socialdemocracia brasileña y su calculada conversión al neoliberalismo como una ruta de ascenso para llegar, a como diere lugar, a la presidencia del Brasil acentuó aún más los rasgos de extrema intolerancia y dogmatismo que exhibiera en su juventud. Hoy representa la versión más radical y tal vez más sofisticada -porque es una persona inteligente y dueña de una sólida formación intelectual- de la derecha brasileña. Su insaciable ambición de poder, esa que según Hobbes sólo cesa con la muerte, no sólo lo hizo arrojar por la borda aquello en lo que creía con fanático celo a finales de los sesentas sino que lo llevó a convalidar el escandaloso asalto al gobierno de Brasil de la mano de una pandilla de corruptos que merecerían estar en la cárcel de por vida. Pero con el ardor propio de los conversos a él no le importa nada y aceptó desempeñar un muy importante cargo en el gobierno de Michel Temer, posicionándose para intentar, por tercera vez, llegar a la presidencia del Brasil y así saciar su irreprimible obsesión. Este es el personaje que en la nota que hoy publica el diario La Nación (Buenos Aires) prometió “limpiar de ideología la política exterior” del Brasil. Les presento a José Serra, mi profesor que no fue y hoy Canciller del gobierno golpista de Brasil.

MÁS DE 600 INTELECTUALES Y ARTISTAS DEL MUNDO CONTRA EL GOLPE EN BRASIL



Declaración: LA HUMANIDAD CONTRA EL GOLPE EN BRASIL

Los abajo firmantes, intelectuales, artistas, escritores e investigadores del mundo entero, miembros de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad (REDH) denunciamos el golpe en curso en Brasil y nos solidarizamos con la presidenta Dilma Rousseff, elegida por 54 millones de brasileros hace sólo un año y medio.

No se trata de un “juicio político” tradicional, como pretende presentarlo el grupo Globo. Michel Temer, la cara visible del golpe, ya expresó sus intenciones: hacer ingresar a la banca privada a la esfera pública y “focalizar” la política social al 5% más pobre del país, lo que significaría excluir del Bolsa Familia a 36 millones de personas. Además, Temer se propone avanzar hacia acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea “con o sin el Mercosur”. En definitiva: un gobierno para la élite de su país, alejado de las mayorías, bajo la expectativa de derribar para siempre la experiencia del Partido de los Trabajadores en el gobierno.

Temer pretende ser el “nuevo Macri” de Brasil, tomando como ejemplo al nuevo gobierno argentino, que avanza en un desmantelamiento estatal pocas veces visto en el hermano país. No es de extrañar, entonces, que haya sido la cancillería de este país suramericano la que más haya apoyado la intentona golpista, en un vergonzoso comunicado público que respalda a "las instituciones" de Brasil. Por todo lo expresado, y por sus vínculos con el gran capital, consideramos ilegitimo e ilegal al espurio presidente de facto Michel Temer, corrupto comprobado, quien responde a los más oscuros intereses de la oligarquía rapaz.

Hacemos un llamado a UNASUR para que se aplique el Protocolo sobre Compromiso con la Democracia aprobado por todos los países de la organización, que podría detener la ruptura del hilo democrático en Brasil. Asimismo, exigimos a los presidentes y gobiernos del mundo no reconocer a Temer, y reclamar la restitución de la presidenta legítimamente electa Dilma Rousseff o la convocatoria inmediata a elecciones presidenciales -como ha reclamado la propia presidenta- para que sea el pueblo brasileño quien se exprese por la vía democrática y no se imponga un golpe de estado por un congreso cuestionado y corrupto.

Nao vai ter golpe!


Enviar adhesiones a: contraogolpenobrasil@gmail.com

Secretaría Ejecutiva REDH
Carmen Bohórquez (Coordinadora General de la REDH)
Marilia Guimaraes (REDH Brasil)
Atilio Borón (REDH Argentina)
Juan Manuel Karg (REDH Argentina)
Omar González (REDH Cuba)
Ariana López (REDH Cuba)
Nayar López Castellanos (REDH México)
Alicia Jrapko (REDH EEUU)
Hugo Moldiz (REDH Bolivia)
Katu Arkonada (REDH País Vasco/Bolivia)
Ángel Guerra (REDH Cuba/México)
Fredy Ñañez (REDH Venezuela)
Roger Landa (REDH (REDH Venezuela)
David Comssiong (REDH Barbados)
Luciano Vasapollo (REDH Italia)

Primeras firmas:

Alessandra Riccio (Italia); Alfredo Vera Arrata (Ecuador); Ali Rodríguez Araque (Venezuela); Antonio Gaztambide-Géigel (Puerto Rico); Arantxa Tirado (España/México); Armand Mattelart (Bélgica); Arnold August (Canadá); Arturo Corcuera (Perú); Berth Carvalho (Brasil); Beto Almeida (Brasil); Bill Hackwell (EEUU); Bill Martinez (EEUU); Bruno Portuguez (Perú); Camille Chalmers (Haití); Carlos Aznarez (Argentina); Carlos Fazio (México); Carlos Fernández Liria (España); Cecilia Roth (Argentina); Chiqui Vicioso (República Dominicana); Cindy Sheehan (EEUU); Claudio Katz (Argentina); Daniel Cholakian (Argentina); Daniel Viglietti (Uruguay); Dick Emanuelsson (Honduras); Diego de la Texera Barnés (Puerto Rico); Domenico Losurdo (Italia); Edmundo Aray (Venezuela); Enrique Dussel (México); Enrique Ubieta (Cuba); Farruco Sesto (Venezuela); Fernando Buen Abad (México/Argentina); Fernando Moraes (Brasil); Fernando Rendón (Colombia); Francois Houtart (Bélgica); Frei Betto (Brasil); Gabo Sequeira (Argentina); Gastón Pauls (Argentina); Gyle McLaughin (EEUU); Gilberto López y Rivas (México); Gisela Alonso Domínguez (Cuba); Guido López Gavilan (Cuba); Hildebrando Pérez Grande (Perú); Horacio López (Argentina); Ignacio Ramonet (Francia); Isabel Monal (Cuba); Ismael Clark Arxer (Cuba); Itsván Mészáros (Hungría); Iván Padilla Bravo (Venezuela); James Cockcroft (Canadá); James Early (EEUU); Javier Biardieu (Venezuela); Joao Pedro Stedile (Brasil); John Kirk (Canadá); John Saxe Fernández (México); José Pertierra (EEUU); Julio Escalona (Venezuela); Katiuska Blanco (Cuba); Keith Ellis (Canadá / Jamaica); Leonardo Boff (Brasil); Leonardo Sbaraglia (Argentina); Lilia Ghanem (Líbano); Manuel Santos Iñurrieta (Argentina); Marco Tulio Restrepo Guzman (Ecuador); Martha Harnecker (Chile); Martín Almada (Paraguay); Michael Lebowitz (Canadá); Michael Parenti (EEUU); Michele Mattelart (Francia); Miguel Angel Conreras Natera (Venezuela); Miguel d´Escoto Brockmannn (Nicaragua); Miguel Urbano (Portugal); Mireille Fanon Mendes (Francia); Mónica Bruckmann (Perú/Brasil); Montserrat Ponsa (España); Nils Castro (Panamá); Osvaldo León (Ecuador); Pablo Guayasamín (Ecuador); Pablo Echarri (Argentina); Pablo Guadamarra (Cuba); Pablo Imen (Argentina); Paula Klachko (Argentina); Pedro Calzadilla (Venezuela); Pedro Véliz Martinez (Cuba); Peera Songkunnatham (Tailandia); Pepe Regato (Ecuador); Piero Gleijeses (EEUU); Poli Délano (Chile); Rafael Cancel Miranda (Puerto Rico); Ramón Pedregal Casanova (España); Raúl Perez Torres (Ecuador); Rita Cortese (Argentina); Salim Lamrani (Francia); Sandra Russo (Argentina); Silvio Rodríguez (Cuba); FrStella Calloni (Argentina); Stephen Kimber (Canadá); Theotonio Dos Santos (Brasil); Vicente Battista (Argentina); Victor Heredia (Argentina); William Blum (EEUU); Winston Orrillo (Perú); Yamandú Acosta (Uruguay)

Ver lista completa de más de 600 adhesiones en:


(Por Atilio A. Boron) Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción) la mayoría de los cuales llegó al Congreso producto de una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”. Tales eminentes naderías pudieron destituir provisoriamente a quien llegara al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un poder judicial igualmente sospechado por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil. Pero es un poder del estado herméticamente sellado a cualquier clase de contraloría democrática o popular, profundamente oligárquico en su cosmovisión y visceralmente opuesto a cualquier alternativa política que se proponga construir un país más justo e igualitario. Para colmo, al igual que los legisladores, esos jueces y fiscales han venido siendo entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus pares estadounidenses en cursos supuestamente técnicos pero que, como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos. El tercer protagonista de esta gigantesca estafa a la soberanía popular son los principales medios de comunicación del Brasil, cuya vocación golpista y ethos profundamente reaccionario son ampliamente conocidos porque han militado desde siempre en contra de cualquier proyecto de cambio en uno de los países más injustos del planeta.



Al separar a Dilma Rousseff de su cargo (por un plazo máximo de 180 días en el cual el Senado deberá decidir por una mayoría de dos tercios si la acusación en contra de la presidenta se ratifica o no) el interinato presidencial recayó sobre oscuro y mediocre político, un ex aliado del PT convertido en un conspicuo conspirador y, finalmente, infame traidor: Michel Temer. Desgraciadamente, todo hace suponer que en poco tiempo más el Senado convertirá la suspensión temporal en destitución definitiva de la presidenta porque en la votación que la apartó de su cargo los conspiradores obtuvieron 55 votos, uno más de los exigidos para destituirla.Y eso será así pese a que, como Dilma lo reconociera al ser notificada de la decisión senatorial, pudo haber cometido errores pero jamás crímenes. Su límpido historial en esa materia resplandece cuando se lo contrasta con los prontuarios delictivos de sus censores, torvos personajes prefigurados en la Ópera del Malandro de Chico Buarque cuando se burlaba del “malandro oficial, el candidato a a malandro federal, y el malandro con contrato, con corbata y capital”. Ese malandraje hoy gobierna Brasil.



La confabulación de la derecha brasileña contó con el apoyo de Washington  -¡imaginen como habría reaccionado la Casa Blanca si algo semejante se hubiera tramado en contra de alguno de sus peones en la región!  En su momento Barack Obama envió como embajadora en Brasil a Liliana Ayalde, una experta en promover “golpes blandos” porque antes de asumir su cargo en Brasilia, en el cual se sigue desempeñando, seguramente que de pura casualidad había sido embajadora en Paraguay, en vísperas del derrocamiento “institucional” de Fernando Lugo.  Pero el imperio no es omnipotente, y para viabilizar la conspiración reaccionaria en Brasil suscitó la complicidad de varios gobiernos de la región, como el argentino, que definió el ataque que sus amigos brasileños estaban perpetrando en contra de la democracia como un rutinario ejercicio parlamentario y nada más.
En suma, lo ocurrido en Brasil es un durísimo ataque encaminado no sólo a destituir a Dilma sino también a derrocar a un partido, el PT, que no pudo ser derrotado en las urnas, y a abrir las puertas para un procesamiento del ex presidente Lula da Silva que impida su postulación en la próxima elección  presidencial. En otros términos, el mensaje que los “malandros” enviaron al pueblo brasileño fue rotundo: ¡no se les vuelva a ocurrir votar a al PT o a una fuerza política como el PT!, porque aunque ustedes prevalezcan en las urnas nosotros lo hacemos en el congreso, la judicatura y en los medios, y nuestro poderío combinado puede mucho más que sus millones de votos.
Grave retroceso para toda América Latina, que se suma al ya experimentado en la Argentina y que obliga a repensar que fue lo que ocurrió, o preguntarnos, en línea con el célebre consejo de Simón Rodríguez, dónde fue que erramos y por qué no inventamos, o inventamos mal. En tiempos oscuros como los que estamos viviendo: guerra frontal contra el gobierno bolivariano en Venezuela, insidiosas campañas de prensa en contra de Evo y Correa, retroceso político en Argentina, conspiración fraudulenta en el Brasil, en tiempos como esos, decíamos, lo peor que podría ocurrir sería que rehusáramos a realizar una profunda autocrítica que impidiera recaer en los mismos desaciertos.


En el caso del Brasil uno de ellos, tal vez el más grave, fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular que comenzó en los primeros tramos del gobierno de Lula y que, años después, dejaría a Dilma indefensa ante el ataque del malandraje político. El otro, íntimamente vinculado al anterior, fue creer que se podía cambiar Brasil sólo desde los despachos oficiales y sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Si las tentativas golpistas ensayadas en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010) fueron repelidas fue porque en esos países no se cayó en la ilusión institucionalista que, desgraciadamente, se apoderó del gobierno y del PT desde sus primeros años. Tercer error: haber desalentado el debate y la crítica al interior del partido y del gobierno, apañando en cambio un consignismo facilista que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que, como se comprobó ahora, el daño fuera irreparable. Por algo Maquiavelo decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adularlos y, por eso mismo, absolutamente incapacitados para alertar de los peligros y acechanzas que aguardaban a lo largo del camino.  Ojalá que los traumáticos eventos que se produjeron en Brasil en estos días nos sirvan para aprender estas lecciones.



Este próximo Martes 10 de Mayo Frei Betto estará en la ciudad de Santiago del Estero, donde pronunciará dos conferencias públicas. Me solicitaron los organizadores de su visita que lo acompañe en ambos eventos, lo que será un gran honor para mí porque Betto ha sido y es un personaje central en la renovación del pensamiento de la izquierda en América Latina. Su libro Fidel y la Religión fue el punto de partida de nuevos planteamientos a la vez teóricos y políticos, y toda su obra posterior profundizó la brecha abierta luego de su histórica conversación con Fidel sobre estos asuntos. Dado que llegaré un día antes los amigos santiagüeños organizaron un conversatorio que brindaré el lunes 9 sobre el complejo escenario político latinoamericano. En las imágenes que acompañan este posteo está toda la información. Será un placer saludarles en Santiago los próximos días.

La Habana, 29 Abril 2016


Un viaje de vértigo a la isla para participar del seminario organizado por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre “Continuidad y cambio en las relaciones internacionales”. De paso, ofrecer tres conferencias en el Instituto de Filosofía, la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y la Casa de las Américas, aparte de conversar con amigos y camaradas sobre los desafíos que enfrenta la continuidad de la Revolución Cubana en el enrarecido y amenazante ambiente internacional. Como siempre, Cuba pega en el alma y conmueve por el cariño de su gente, su solidaridad militante, su genuino internacionalismo socialista y su abnegación para ser fieles al legado martiano y sostener el proyecto revolucionario contra viento y marea. 


Pero el de ayer, 28 de Abril, fue un día muy especial, cargado de profundas emociones. Había sido invitado por el Director de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, a dar una conferencia sobre el proyecto de recolonización imperial en América Latina. No sabía yo que esta institución conmemoraba precisamente ayer 57 años de su fundación, que tuvo lugar cuando aún no se cumplían cuatro meses desde el triunfo de la revolución y que marcaría la trascendencia que Fidel le otorgaba, ya en esos pasos iniciales a la batalla cultural. Su primera directora fue la heroína del asalto al Moncada, Haydée Santamaría y a poco andar Casa se convertiría en un baluarte de la revalorización y difusión de la cultura latinoamericana y caribeña, tareas que ha continuado desempeñando de manera ininterrumpida hasta el presente. Estar en esa casa emblemática de la Revolución Cubana y su gran proyecto cultural, conversando con el público sobre temas candentes de Nuestra América y en presencia de uno de los más grandes poetas y ensayistas de habla hispana, Fernández Retamar, fue una experiencia inolvidable que quería compartir con todos mis amigos. En próximos posteos informaré sobre lo que hice en estos cuatro días de intensa actividad en la tierra de Martí y Fidel.
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